-Los personajes son masculinos.

-AU Human.

...

El ambiente de la pastelería como todos los demás siempre ha sido el mismo, la decoración fantasiosa inspirada en la reina de las nieves, los comensales degustando sus únicas creaciones, un sinfín de deliciosos aromas, el frío del helado y las maravillosas sonrisas de sus clientes. Pero para él únicamente se trata de encantar a las personas con los postres.

Templar chocolate requiere de suma concentración ya que llegar a la temperatura correcta es un factor importante —además de que es un gran perfeccionista—. Continúa moviendo con la espátula el líquido hasta que finalmente vierte en un bol, el chocolate listo. Sonríe victorioso ante tal logro, ahora empezara a crear aquella torre de aros que por mucho tiempo ha tenido en mente. Cierra sus ojos y visualiza la torre terminada, los demás reposteros saben que no deben interrumpir a el Chef Antarcticite cuando está realizando una creación nueva, nuevamente abre sus ojos determinado a comenzar su escultura.

Seguidamente de realizar algunos aros alguien interrumpe su momento de inspiración.

—C-chef Antarcticite —habla nervioso ante el gesto molesto del superior, todos guardan silencio ante la inesperada aparición del novato.

—¿Que necesitas? —deja de lado sus herramientas para poder observar al culpable de su desconcentración.

—E-este alguien ordeno las "Esferas de sabor" —termina por decir, todos los reposteros se asombran ante la mención del postre. Aquel postre requiere de mayor técnica y precisión, es el mayor orgullo del Chef.

—Así que se trata de eso — Antarcticite medita un segundo, una sonrisa se plasma en su rostro—. ¿De quién se tratará esta vez?

El albino se pone en acción y empieza a cocinar "Las esferas de sabor" aquel postre es su mayor éxito, son estas esferas de helado de varias capas lo que lo llevo a la cima. Este postre posee muchas versiones para distintos tipos de paladar como sabores dulces, amargos y picantes, aunque existe un último, una combinación de los tres con extra acidez —el favorito de Antarc— el cual no muchos se atreven a probarlo. Sin embargo, en esta ocasión alguien ha decidido ordenarlo. El joven admira a la persona que ha decidido escoger este sabor inusual, cree que se trata de algún crítico —pues recientemente abrió este establecimiento—. Finalmente, después de los últimos detalles al emplatar se encuentra enfrente de él las "Esferas de sabor". Tan pronto como termina un mesero se acerca hacia Antarcticite con el propósito de llevar la copa al cliente, este último negando dado que el Chef ha decido llevar el postre.

El establecimiento invade un ambiente de felicidad, las preciadas sonrisas de las personas al tener en sus manos un postre de los más inusual, causa gozo en el joven. Justo ahora se dirige al cliente que ha ordenado el sabor inusual de las esferas, extra acidez, procurando mantener un aspecto de lo más presentable ante el futuro crítico.

—Señor, aquí está su pedido "Esferas de sabor" —comunica al cliente colocando la copa en la superficie.

Por un instante se atonto al ver el atractivo mesero, pero rápidamente volvió en sí. —Sí, ¡Gracias, estoy ansioso por probarlo! —habla animado observando el postre helado—. E-este, no necesito nada más por ahora, gracias —explica sintiéndose cohibido ante la mirada atenta del albino.

—De acuerdo señor.

Antarcticite se retira dirigiéndose hasta la esquina más cercana —quiere observar la impresión del crítico—.

Las "Esferas de sabor" el orgullo del Chef, el postre que lo llevó a la cima en este momento lo probarael presente crítico, la presentación tan minimalista; tres esferas de helado acompañado de la salsa de extra acidez, tal perfección hace provocar que un suspiro brote de sus labios.

El joven de cabellos menta parece observar detenidamente el postre contemplando más de cerca todos aquellos detalles para seguidamente comerlo en el menor tiempo del que le tomo al Chef prepararlo.

—¡Ah! ¡Estuvo bueno! —exclama con una sonrisa, dejando a Antarc boquiabierto, esa no era la impresión que esperaba.

—¡Hey, tú mesero! —Antarc se acercó al chico— Puedes llevártelo ya me lo termine y también pediré algo más... —observa el menú—, helado de té matcha y pastel de helado de Banana Split, un pedazo grande, si puedes —un suspiro sale de sus labios seguidamente de una risita genuina.

—Sí, señor —toma el plato vacío y se retira.

"El maestro del hielo" no sabe que pensar en estos instantes un cliente ha devorado en un segundo las esferas de helado que no muchos se animan a probar y eso no es todo, el joven no se sintió del todo satisfecho con aquel postre que incluso ordenó dos postres más, específicamente una porción grande de pastel. Parece que esta vez se ha equivocado al pensar que era un crítico, solo es un cliente común, su ropa colorida y su actitud infantil no concuerdan con un tipo serio.

Ríe por debajo ante tales hechos, ese chico sí que tiene apetito. Luego de haber servido el helado y un trozo grande del pastel, el Chef se dirige de nuevo al chico menta —lo ha llamado así Antarc—.

—Señor, aquí está su pedido, helado de té matcha y pastel de helado de Banana Split, un trozo grande.

—Muchas gracias, te daré unas propinas extras más tarde por tu generosidad —expresa con una amable sonrisa, el Chef solo asiente es raro que no lo reconozcan.

Antarc observa desde lejos como el chico menta devora los postres en un pestañeo preguntándose cómo no le daña el frió el cerebro. El joven se enorgullece al saber cómo los clientes disfrutan los postres que con tanto esmero prepara, puede verlo en el chico menta.

—Señor ¿puedo retirar sus platos? —anuncia repentinamente, sobresaltando al contrario.

—Ah, sí. Toma tus propinas extras, te las has ganado —cree que el servicio al cliente es bueno.

—Eh, sí gracias —las guarda en su bolsillo.

—Bueno iré a pagar al mostrador, hasta pronto —se despide guardando sus manos en sus bolsillos yendo al mostrador.

—Espere —el chico menta se detiene mirando confundido al albino—. ¿Qué le pareció las "Esferas de sabor" combinado con extra acidez? No suelen pedirlo seguido en la tienda —explica serio.

—¿Enserio? ¡Estaba delicioso! Aunque realmente solo lo pedí al azar después de todo soy un gran fanático de los postres —habla risueño frotando su estómago.

—Entiendo, gracias por visitar la tienda —se reverencia al joven, el contrario se despide y se aleja al mostrador.

El Chef observa en silencio como el chico menta sale del establecimiento, una pequeña sonrisa se dibuja en sus labios, aquella era la impresión que esperaba. Suspira, por hoy ha terminado su turno como mesero. Camina dirigiéndose a la cocina a terminar la torre de aros de chocolate.

Un gusto, queridos lectores, recientemente he visitado la nueva pastelería-heladería "Antarcticite". Debo decir que el interior del lugar me ha fascinado ¡un estilo único, inspirado en la reina de las nieves!

El Chef Antarcticite si hace renombre a su título "El maestro del hielo", con una gran variedad de postres helados. Tuve la oportunidad de probar las famosas "Esferas de sabor" específicamente la versión combinada con extra acidez, realmente han sido deliciosas, todas esas capas fueron una explosión de sabores y texturas que nunca imaginé que podía existir.

La extra acidez realmente ayuda a contrastar todos los sabores, por lo tanto, puedes disfrutar completamente del postre sin perderte ningún detalle. No se cómo no es tan popular como las otras versiones. Recomendado al 100%. También ordene dos postres helados más como suele ser usual en mí—.

Sumamente deliciosos, increíbles, grandiosos, algo más me falta por decir para explicar lo genial que fue la experiencia en "Antarcticite". ¡Incluso el servicio al cliente es bueno! Y eso es importante.

En fin, volveré a esta pastelería-heladería con mucho mas apetito, definitivamente se volverá de mis favoritos.

Phos.

Termina por leer, quitando los antejos de su rostro e inclinándose hacia atrás en su asiento, sonríe satisfecho ante tal reseña. Después de haber investigado un poco más en la red, descubrió que Phos es uno de los críticos gastronómicos más influyentes de Japón, caracterizado por recomendar los mejores restaurantes y tiendas, su sinceridad al público y por nombrarse a sí mismo un fanático de los postres. Sin embargo, no existen fotografías de él, parece que prefiere el anonimato.

Todo está yendo de maravilla ahora que se ha instalado en Japón, ha encontrado un agradable departamento, su pastelería es todo un éxito y además está seguro que gracias a la reseña de Phos más personas querrán ordenar las "Esferas de sabor", una pequeña risita sale de sus labios.

Pero ahora que lo piensa un segundo ¿Cuándo llego un crítico al establecimiento?

Intenta recordar cuantas personas ordenaron las esferas de helado en la semana, si no mal recuerda fueron tres personas: dos clientes y el chico menta. No recuerda el rostro de las otras personas, pero está seguro que no fue el chico infantil. No importa en realidad, solo agradece que por fin la versión combinada con extra acidez es finalmente reconocida todo gracias a la reseña.

Tal y como creyó, el fin de semana estuvo repleto de personas ordenando las "Esferas de sabor", toda la tarde estuvo cocinando como un loco, pero todo eso valió la pena, las sonrisas de los clientes lo valían.

Después de un arduo trabajo por fin tomo un descanso, el aire acondicionado del establecimiento ayudaba a refrescarse un poco. Las famosas esferas de helado son todo un éxito, pero como toda moda en algún momento su popularidad se olvidaría. Tomando esto en cuenta Antarcticite creo un nuevo plan la nueva "Torre de aros" haría su debut en algunos pocos días, estaba seguro —como con la mayoría de sus postres— tendrá una gran aprobación entre los clientes.

Mientras bebe su té helado se percata que el chico menta ha entrado al establecimiento y toma asiento. Observa a los alrededores y nota que algunos meseros están ocupados con sus entregas, suspira, el tendrá que atenderlo —no había sido mesero desde la última vez—.

—Buenas tardes señor ¿Qué desea ordenar? —pregunta al recién llegado.

—¡Hola de nuevo! Una tarta de melocotón y tiramisú, por favor —expresa amigable.

—Sí, señor —con un poco de gracia se atreve a preguntar— ¿Una porción grande, señor?

Ríe inocente ante la pregunta —¡Claro!

El Chef solo asiente dirigiéndose a la cocina. Nunca había conocido a alguien que comiera demasiado además de él, por alguna extraña razón sonríe ante la llegada del chico menta. Al entrar a la cocina algunos reposteros se extrañan ante el comportamiento del Chef en llevar personalmente la orden al recién llegado.

—Señor, aquí está su pedido. Tarta de melocotón y tiramisú, ambas porciones grandes.

—Muchas gracias —observa embelesado los postres enfrente de él, el albino asiente retirándose.

Aun en su descanso, observa como el chico menta devora en un segundo los postres —cree que es el único cliente que come más rápido que todos—. Parece que el chico no ha cambiado mucho desde la última vez que lo vio, sigue siendo un chico animado vestido con ropa colorida, mirándolo bien se percata que su camiseta tiene un estampado de helados. Intenta no reírse, es algo gracioso, aunque realmente le queda bien —recuerda haberse nombrado un gran fanático de los postres—.

—Señor ¿puedo retirar sus platos?

—Si, por favor —luego de haber retirado los platos, da un gran suspiro—. ¡Ah! ¡Estuvo delicioso! —frotando su estómago observa a los alrededores—. Parece que la pastelería esta algo llena, ¿algo nuevo?

—No en realidad, las "Esferas de sabor" combinado con extra acidez se volvieron últimamente populares.

—Comprendo, bueno es algo genial ¡Son demasiado deliciosas! Esas esferas de helado. Merecía algo de reconocimiento esa versión —babea al recordar aquel postre.

—Así es.

—De acuerdo, ¡oh por cierto! Como pude olvidarlo, quiero algo para llevar. Todavía siento un vacío —expresa con pesar frotando su estómago.

El rostro perplejo del contrario no pasa desapercibido para el joven el cual solo asiente tranquilamente. Sabia que su gran apetito causaba demasiada conmoción en las personas.

—Sí, quiero una orden de macarons.

Volviendo a sí mismo el Chef responde. —C-claro ¿Cuál gusta llevar?

—Todos, por favor —ríe inocente, sorprendiendo al albino.

—¿Se refiere a los treinta sabores? —Antarcticite era famoso por la gran cantidad de sabores inusuales en helados, pasteles y por supuesto macarons.

—Sí, los treinta sabores —el joven asiente, tenía la ilusión desde hace mucho tiempo probar todos los sabores que existían.

—De acuerdo, señor. En el mostrador le harán entrega su orden —intenta retirarse, pero olvido un hecho importante—. ¿A nombre de quién?

—Phosphophyllite.

Posteriormente de haberse ido el chico menta del establecimiento, el joven Chef se tambaleo un segundo tomando asiento. Su rostro estupefacto era lo único que había en él: ¿Cómo no se dio cuenta antes?

El chico menta era Phos.

Eso explica muchas cosas como que el ordenó aquel día las "Esferas de sabor" además de su gran apetito. Ríe, desconcertando a los demás, se comportó como un idiota al juzgar un libro por su portada. Al ver que lo veían preocupado intenta carraspear.

—¿Así que eras tú? —murmura para sí mismo.

Ha pasado algunos días y como creyó la popularidad de las esferas de helado disminuyo, pero por supuesto Antarc contaba con un nuevo plan. Hoy era el debut de la nueva "Torre de aros" una combinación de capas de bizcocho y helado decorado por aros de chocolate templado, alcanzando una altitud de veinte centímetros. El Chef se sentía orgulloso y emocionado ante su nueva creación. Y esperaba que todos lo disfrutaran tanto como él y eso incluía a Phos.

Phos, un nombre que hacia ruido en su cabeza. Aquel critico de cabellos mentas que causo una gran impresión en el joven por su gran apetito y reseña, esta vez lo sorprendería aún más.

Ahora frente a él se encontraba la torre de aros en mayor escala, si quería sorprender a Phos y demás clientes necesitaba algo de impacto. Una torre de un metro y medio causaría una gran conmoción además de tener la oportunidad de ser los primeros en probar el nuevo producto.

Alrededor de Antarcticite los demás reposteros contemplaban la extravagante torre de chocolate. El Chef dio un paso enfrente mirando a todos los presentes.

—Sé que todos estamos encantados con la nueva "Torre de aros" —observa la figura—, todos contribuyamos para que esto sucedería así que los felicito a todos. Sin más preámbulos, es hora de abrir Antarcticite —termina por decir sonriendo.

—Todos a sus puestos —habla el segundo al mando, asintiendo el Chef.

Todos se dirigieron a sus puestos mientras que el joven se asomaba por la ventana observando la gran fila fuera del establecimiento —la publicidad dio sus frutos—. Las puertas se abrieron dando paso a las personas, sus ojos grises intentaban buscar a Phosphophyllite, aunque era difícil buscarlo entre la multitud.

El albino terminaba por arreglarse su filipina procurando mantener un buen aspecto ya que iba a dar algunas palabras. La ovación no tardó en llegar al presenciar la extravagante torre junto con el Chef Antarcticite. Algunos cámaras apuntan al recién llegado, enfrente de la multitud comienza a hablar.

—Muchas gracias por haber venido —sonríe amablemente—. Tengo el honor de presentarles a ustedes la nueva "Torre de aros" constituido por capas de bizcocho sabor vainilla y el nuevo sabor de helado, sakura.

Los aplausos y aclamaciones se hicieron presente en el ambiente. Mientras tomaban algunas fotografías visualiza a lo lejos a Phos el cual le sonreía amigablemente. Luego de haber concluido aquella presentación los empleados cortaban algunas rebanadas y distribuían a los clientes, logrando tener la oportunidad de probar por primera vez el nuevo producto. Antarc podía observar como las personas quedaban encantados con el nuevo postre, teniendo una gran aprobación.

Mientras camina lleva en sus manos una gran rebanada de bizcocho, dirigiéndose en dirección al crítico. El objetivo del Chef era impresionar a Phos con su nueva creación —tenía la manía de obsesionarse con cualquier critico—, aunque no esperaba que viniera acompañado, un pelirrojo conversaba con él.

—Buenas tardes —habla cortésmente. Ambos voltean al joven.

—¡Hola! —observa su nombre en la filipina—, Antarcticite. Felicidades por el nuevo postre.

—Muchas gracias, parece que no tiene una porción de la "Torre de aros", permíteme ofrecerle una porción grande, justo como prefiere —termina por decir haciendo entrega del postre, sobresaltando al chico menta por su extraña consideración.

—Gracias, en realidad este sería mi segunda rebanada —ríe nervioso, el pelirrojo que disfrutaba del bizcocho solo hace rodar sus ojos —su amigo puede ser demasiado glotón—.

—Ya veo, no te preocupes, si gustas podemos ofrecerte una porción más.

Por la forma seria en que lo dijo Cinnabar intentaba no reírse mientras que el rostro de su amigo se enrojecía en cada instante —en otras palabras, lo llamo un tragón—.

—P-por ahora estoy bien —aseguro avergonzado.

—De acuerdo.

Después de haberse retirado el joven Chef, Cinnabar estalla de risa.

—Phosphophyllite, eres todo un gordo, hasta ese Chef lo sabe.

—¡Cállate, Cinna! —exclama sonrojado.

Trata de minorar su risa, pero le es imposible Phos come sin vergüenza alguna aquella rebanada de bizcocho, limpia sus lágrimas comenzando a hablar. —Y bien, ¿qué te pareció?

—La nueva "Torre de aros" una combinación de capas de bizcocho y helado cubierta por aros de chocolate templado de distintos tamaños —lleva una mano a su barbilla pensativo—. ¡Es tan genial! ¡El bizcocho estaba esponjoso y húmedo! ¡El helado, ah, le hace justicia al sakura! ¡Los aros de chocolate, se derriten en mi boca! ¡Que perfección! Dime Cinnabar ¡¿Por qué todo lo que crea es arte?!

Termina por decir babeando por el postre agitando al pelirrojo ya que lo tomaba por los hombros. Suspira su compañero, sabía que Phos era un verdadero amante de la comida y no se extrañaba de su raro comportamiento.

—Tienes razón, estaba delicioso —su amigo asentía dándole la razón—. Después publicaremos la reseña.

—¡Si, editor!

—Oye, por cierto ¿acaso conoces al Chef? Parecen cercanos —expresa lanzándole una mirada de sospecha.

—B-bueno al principio lo confundí con un mesero guapo, hasta que tú me dijiste que era el Chef principal. Él sabe que prefiero rebanadas grandes de pastel —explica riendo nervioso llevando una mano detrás de su cabeza.

—Solo tú podrías ser tan tonto —niega varias veces su cabeza— ¿Y él te conoce?

—Ni idea.

El rostro ingenuo y tonto de Phos provoca en Cinnabar desesperación. ¿Por qué trabaja con alguien como él? Intenta mantener la calma y continúa hablando.

—Yo creo que si te conoce, solo míralo te observa desde hace rato —mira como el albino intenta pasar desapercibido.

—¿Enserio? ¿Será que le gusto? —Phos desea voltear a ver, pero él no suele ser muy disimulado.

—Ni intentes voltearte —regaña antes de que intente hacerlo, rodando sus ojos explica— No, parece ser de esos obsesionados con los críticos, intenta conversar con él después ¿sí?, tal vez te revele algo.

—Está bien.

Luego de haber estado observando por unos minutos a Phosphophyllite el joven es interrumpido por un llamado de la cocina. Posteriormente de haber terminado con su deber, toma asiento en las barras tomando un descanso después de su arduo trabajo. Mira a los alrededores parecía que el evento estaba saliendo bien, aliviándolo de gran manera, todo el esfuerzo valió la pena. La aprobación de los clientes es mayor de la que esperaba, sonríe satisfecho ante tal hecho. Pero personalmente la opinión de Phos es la que más importancia tiene para él.

¿Le habrá gustado el postre? ¿Qué opinará de la torre? ¿Querrá otra rebanada? ¿Por fin se enteró de quien soy en realidad? Piensa mientras mueve su bebida.

De un momento a otro observa como Phos se dirige a él con una sonrisa en su rostro, por un momento se siente nervioso, pero él es todo un profesional, puede con esto.

—Parece que el evento está saliendo bien ¿no? —expresa tomando asiento a lado suyo.

—Si.

—Es de esperarse a quien no le gusta comer gratis y más si es un postre —una risita sale de sus labios.

—¿Es de su agrado su estadía? —se atreve a preguntar como su anfitrión es importante la comodidad del crítico.

—Sí, pero ¿Por qué me tienes tanta consideración?

—Bueno, usted es el crítico Phos ¿no es así? —explica serio.

Phos ríe llevando una mano a su estómago, desconcertado al albino. —¿Qué te hace creer que soy ese tal Phos? Bueno me llamo parecido ¡pero no es el caso! Chef Antarcticite no me parezco en nada a alguien así.

Todavía riéndose el repostero siente un poco de vergüenza al escucharlo, pero está seguro de que se trata de él, las piezas encajan.

—Estoy seguro de que eres él —cruza sus brazos, encontrándose con los ojos mentas. —Vi tu reseña, nadie más que tu come más de dos postres.

Phos abre sus ojos en sorpresa, recargándose hacia atrás en su asiento con una sonrisa maliciosa. —Si fuera yo, ¿me tratarías diferente?

Antarc se sobresalta al escuchar eso ¿Acaso lo ha tratado distinto desde que se enteró que él era un crítico? Recuerda cuando lo conoció, antes lo veía como el chico menta que comía mas de dos postres ahora lo ve como una persona con una importante opinión. Realmente ha cambiado su forma de tratar con él.

—Claro que no, pido disculpas si lo incomodé —rápidamente se reverencia.

—B-bueno no te preocupes —se estremece ante su repentina acción—, está todo olvidado.

—De acuerdo —sonríe aliviado, bebiendo su té helado.

Un silencio se hace presente, no uno incomodo sino uno ameno. Antarc disfruta del líquido intentando relajarse —ha estado muy estresado últimamente—. Parece que se ha obsesionado demasiado con el crítico hasta tal punto de acosarlo. Suspira, no hay porque pensar demasiados las cosas solo tiene que olvidarse de aquello y disfrutar del evento. Phosphophyllite le sonríe reconfortándolo de alguna forma.

No volvería a hablar más sobre el tema.

—Pero sí tienes razón, soy Phos.

Escupe la bebida sorprendiendo a las pocas personas a su alrededor.

Se sobresalta que de la nada lo diga, ¿no habían acordado que se olvidaría la situación? Después de haber limpiado su pequeño desastre se reincorpora y le hace frente al chico.

—¡Lo sabía! —exclama victorioso.

—Sí, aunque no tiene nada de especial —explica con simpleza, para Phos su profesión no era algo del otro mundo tan solo disfruta de gran manera la comida.

—No me gusta el trato especial que me dan cuando revelo mi identidad —revela observando sus orbes grises, manteniendo un gesto serio—. Solo soy un cliente más, pero eso no significa que ¡no me guste la comida gratis! —habla con hervor, haciendo que el albino haga una mueca por su entusiasmo.

—Ya veo —asiente, parece que él es siempre así, piensa el joven. Una ligera sonrisa aparece en sus labios.

Phos sonríe mostrando sus blanquecinos dientes. A lo lejos observa como Cinnabar parece llamarle.

—Mi amigo me llama, parece que es hora de irme —da un suspiro, ambos se levantan de sus asientos —. ¡Bueno! Chef Antarcticite fue un gusto haberlo conocido —extiendesu mano hacia el contrario.

—Fue un placer, Phosphophyllite —termina por decir estrechando su mano.

—¡Adiós! —le guiña un ojo dirigiéndose a la salida, agitando su mano. Antarc sonríe ante los gestos animados del joven perdiendo rastro de aquellos amigos.

Finalmente, Phos se ha ido. Nuevamente toma asiento y bebe en silencio su té, observa por un instante el asiento a su lado y siente la ausencia del chico menta. Realmente Antarcticite quería seguir conversando con Phosphophyllite sobre postres y comida y ¿Por qué no? También deseaba conocer más sobre él. Un ligero sonrojo aparece en sus mejillas, parecía que solo quería estar con el después de todo ese era el plan originalmente, causarle una gran impresión y escuchar su opinión. Aunque ciertamente disfrutaba de la compañía de Phos, su animada aptitud y su pasión por los postres hacia que fuera agradable conversar con él.

Aun con sus mejillas levemente rojizas cree que en algún momento volvería a hablar con él —imaginaba que visitaría la tienda nuevamente—. Con eso en mente sonríe al pensar que se reencontrarían de nuevo además esperaría ansiosamente la reseña.

Dos días después del evento salió la reseña. Antarc se enorgulleció por lo escrito en ella, a Phosphophyllite le había gustado demasiado la "Torre de aros". Él lo describió como un postre dedicado a la creación de los aros. Constituido por un bizcocho de vainilla, un clásico, sí, pero que lo complementaba el exquisito nuevo sabor de helado, sakura. Además, le fascinó la dedicación que el Chef Antarcticite le dio a los aros de chocolate templado que decoraban la torre mostrando su gran técnica y habilidad. También se sorprendió por lo extravagante que era esa torre de un metro y medio del evento.

El albino se sentía dichoso al haber causado esa impresión en Phos. Por alguna extraña razón sentía su pecho doler en ciertas ocasiones, aunque no le daba demasiada importancia.

Como era de esperarse la pastelería estuvo repleta de personas ordenando la nueva "Torre de aros", el joven Chef se sentía satisfecho de haber logrado nuevamente una gran aceptación —aunque la reseña también ayudaba en ese aspecto—. En repetidas ocasiones Antarcticite salía un momento de la cocina e intentaba buscar dentro de la pastelería a Phos. Pensaba en él en ocasiones y no podía evitar sentirse ansioso.

En este instante se encuentra en su descanso disfrutando del aire acondicionado mientras masajeaba sus hombros intentando librarse de aquella tensión en ellos —ha sido una agotadora tarde—. Es entonces que suena la campana e inconscientemente voltea su rostro para saber de quien se trataba.

Y ahí estaba el tan esperado chico menta, con una sonrisa en su rostro, con sus ropas coloridas y por supuesto con apetito —podía notarlo, suspiraba demasiado al entrar al establecimiento—.

Toma asiento el recién llegado esperando ser atendido. Por fin había llegado Phosphophyllite, no pierde más tiempo y toma el primer delantal que encontró y se acerca a él.

—Buenas tardes señor, ¿qué desea ordenar?

Una vez más el Chef se acerca a él cómo mesero, ríe ligeramente desconcertando al joven. —Antarcticite solo llámame Phos, somos amigos ahora —sus orbes grises se abren, son amigos, de nuevo siente ese dolor en su pecho—. Quiero la "Torre de aros", por favor.

—Por supuesto, Phos.

Con una ligera sonrisa se dirige a la cocina buscando el postre. Dentro de su mente no puede evitar recordar a Phosphophyllite llamándolo su amigo, una extraña sensación aparece en él. Mientras emplata no puede evitar reír al saber que aquella pequeña torre no es nada para el chico menta, ¡hasta podría pedir otro postre!

—Aquí está tu pedido, Phos —hace entrega del plato.

—¡Gracias! —sus ojos se iluminan al ver el bizcocho, Antarc intenta retirarse, pero su llamado lo detiene—¿E-estás trabajando?

El joven se sorprende por un segundo ¿acaso quiere que este con él?

—No, justo ahora es mi descanso.

—B-bueno si no te importa ¿quieres sentarte aquí? —pregunta algo tímido.

Tiene unos veinte minutos de descanso, no sería mala idea sentarse con él además quiere hacerlo.

—Está bien —toma asiento enfrente de él, el chico menta sonríe.

Phosphophyllite comienza a cortar la pequeña torre, esta vez no comerá con rapidez pues hay alguien enfrente de él. Al primer bocado siente el esponjoso bizcocho de vainilla, el helado derretirse y los trozos crujientes y delgados del chocolate. Babea al probar tal creación ¡el Chef es todo un genio! Una risita escapa de los labios del albino, instantáneamente Phos se sonroja por su gesto.

—¡De verdad esta delicioso! —asegura al dar otro bocado—. ¿Quieres un poco?

—¿Estás seguro? También como demasiado —bromea divertido.

—¡Por supuesto! Esta clase de postres es para compartir —explica.

—De acuerdo, buscare un plato.

—¡No te preocupes, no es necesario! —llama a otro mesero— ¿Podrías traer otro cubierto? —asiente trayendo una cuchara nueva—. Gracias.

Phos le entrega el cubierto al albino, extrañado pregunta —Solo es una cuchara.

—Lo sé, ¡no seas tímido toma un pedazo! —acerca el postre situándolo en medio de los dos.

Titubeando y con un ligero sonrojo en sus mejillas el joven toma una porción de la torre. Phos sonríe ante su acción, el albino no podía evitar sentirse más avergonzado pues estaba compartiendo un postre con el chico menta.

—¿Cómo te sientes? —pregunta mirándolo atentamente.

Antarcticite no sabía a qué se refería, ¿se refería a como se sentía o hablaba sobre el postre? Si se refería a sus sentimientos en este momento le invadía la vergüenza y sentía como su corazón se aceleraba al compartir algo con él, pero claro que no iba decirle eso. Con referente al postre estaba tan delicioso como siempre, eso iba a responderle.

—Es igual de delicioso como siempre —responde intentando sonar tranquilo.

—Sí, pero no me refiero a eso. Es la primera vez que te sientas a comer en tu propia pastelería ¿verdad? —el albino se sorprende, es cierto, nunca lo había hecho.

—Tienes razón, parece que siempre estoy ocupado en la cocina.

—Y ¿qué opinas? —pregunta interesado.

Por como parece importarle supone que está viendo su faceta de crítico. Lo piensa un segundo, es tan diferente el otro lado de la cocina.

—Creo que entiendo cómo se sienten los clientes —explica—, darse el lujo de venir a la tienda después de un día agotador y que es mejor para un descanso, comer algo delicioso como un postre —ríe—. Además, es agradable la sensación de compartir este momento con alguien.

Termina por decir levemente sonrojado, Phos se alegra ante su respuesta ya que si comprende cómo se sienten sus clientes podría mejorar aún más —además también le agrada la sensación de compartir un postre con alguien y quien mejor que el mismísimo Chef—.

—Tienes razón, me alegra que pienses así. —el contrario asiente—. Pero ¡Antarc come más me lo estoy terminando yo solo! ¡No dijiste que comías mucho!

No pueden evitar reír juntos por lo dicho. El joven hace caso a su sugerencia tomando más porciones del postre. Mientras continuaban comiendo seguían conversando, conociéndose así más. Antarc reía en ocasiones al escuchar las anécdotas de Phosphophyllite por ejemplo cuando era pequeño ya tenía el gusto de comer demasiado, robaba todas las galletas que podía y las escondía en sus mejillas como una ardilla, era todo un niño travieso y gordito, aunque con el tiempo tuvo el privilegio de no engordar más a pesar de ser un glotón. Por otra parte, Phosphophyllite se maravillaba al escuchar la historia detrás de Antarcticite, desde que Antarc cocinaba en su pequeña cocina pastel y galletas hasta ingresar a una de las más prestigiosas universidades culinarias, era de admirar la evolución de este grandioso Chef. Para ambos el tiempo paso rápido y cuando menos se lo esperaron el descanso de Antarcticite termino.

—Parece que mi descanso ya termino —habla al observar el reloj de la pared sintiéndose algo deprimido, su descanso no duro nada—. Tengo que volver al trabajo.

—Está bien, no te preocupes yo también tengo que irme —ambos se levantan de sus asientos.

—De acuerdo —era triste saber que tenía que irse—. Me gusto hablar contigo, Phos —sus palabras eran sinceras durante todo ese rato fue lindo conversar con él, le gusto hablar así con alguien.

—A mí también, Antarc —a lo largo de toda la conversación lo ha estado llamando por su apodo, era agradable escucharlo de él. A Phos también le gustó conversar con alguien con la misma pasión por los postres—. Creo que es hora de despedirnos.

—Sí, gracias por haber visitado la tienda —se reverencia y titubeando expresa—. Q-Que tengas una linda tarde, Phos.

—Lo mismo digo Antarc, ¡no te sobreesfuerces! —el albino asiente—. ¡Adiós!

Cada uno camina en direcciones opuestas dirigiéndose a sus respectivos lugares, el Chef a la cocina y el crítico al mostrador. Ambos concordaban que había sido una tarde maravillosa, era la primera vez que conversar juntos y no esperaban que fuera tan sensacional y placentero, nunca se habían sentido así con alguien, alguien con quien podrías hablar por horas y nunca aburrirte. De alguna forma ellos se complementaban Antarc es responsable y serio y Phos es todo lo contrario animado y divertido. Junto al latir de sus corazones y rostros ligeramente sonrojados no esperaban la hora de volver a conversar nuevamente en la pastelería.

Pero ¿por qué solo en la pastelería? Acaso no había otro lugar donde conversar además de solo verse unos minutos en el establecimiento y eso sin contar si el joven Chef tenía un descanso o si Phos podía venir a la tienda.

Al pensar en todo eso ambos rápidamente dan marcha en dirección contraria alejándose de donde se suponía que debían estar. Con sus mejillas rojas y con el estruendoso sonido de su corazón se encuentran cara a cara, era raro para ambos verse a ahí.

¿Quién creería que el "Maestro del hielo" estaría realmente como el hielo? Sin palabras y congelado, aunque tal vez su rostro rojizo y caliente ayudara a descongelarse. Y que hay de Phosphophyllite uno de los críticos más influyentes del país, critica y reseña restaurantes durante toda su vida y no sabe que decir en este instante y su corazón acelerado no ayuda mucho, no podía encontrar las palabras que necesitaba.

—P-phos —por fin ha decidido hablar, parece que realmente se descongeló—. ¿Por qué estás aquí?

—N-no lo sé, Antarc —en serio no sabía que hacia ahí— Y tú, ¿por qué estas aquí?

—Tampoco lo sé —un silencio se hacía presente, ambos continuan sonrojados.

No por nada Phosphophyllite regreso hacia él, no iba a irse sin decírselo, con todo el valor que poseía expresa. —Y-Yo ¡quería saber si estás libre en algún momento!

Antarc no puede creer sus palabras ¿Acaso también quería saber si estaba libre? También quería decirle lo mismo, pero le gano la palabra. Intenta volver a sí mismo, no el chico ruborizado sino el chico serio.

—A decir verdad, también quería preguntarte lo mismo —Phos abre sus ojos en sorpresa—. Termino a las ocho, ¿q-quieres ir a tomar un café? —termina por decir sonrojado, no duró nada el chico serio.

—¡Si! —exclama asintiendo demasiadas veces, en uno de sus bolsillos saca su teléfono— ¡Ten mi número!

Acepto la propuesta y ahora tiene su número, no esperaba tanto. —Bueno, la cafetería está cerca de aquí, podemos vernos ahí o encontrarnos aquí e ir juntos allá, como prefieras.

—¡Aquí nos encontramos! —habla seguro, quería caminar juntos hasta el lugar.

No puede evitar sonreír, también quería lo mismo. —De acuerdo, nos vemos a las ocho.

—¡Hasta las ocho! ¡Adiós, Antarc! —no podía evitar hablar fuerte, agitando su mano huye del lugar.

—Adiós, Phos —murmura, ya no podía escucharlo.

Antarcticite se queda inmóvil por unos instantes procesando lo que acaba de pasar ¡Irá con Phos a tomar un café! No sabe en qué momento su rostro enrojece y sus labios se curvan hacia arriba dibujando una sonrisa. Observa el reloj y decide volver inmediatamente a la cocina a terminar sus deberes, todavía quedan tres horas. Será difícil no pensar en aquello mientras cocine, pero al final y al cabo parece estar enamorado.