El Rey, La Nube Escarlata, El Caballero Carmesí y La Araña.
Advertencia: Semi-universo-alterno; personajes con personalidades y actitudes diferentes al canon; personajes de mi invención. Muertes; lenguaje sucio; contenido explicito -sexo-.
Disclaimer: Fairy Tail pertenece a Hiro Mashima. Escribo sin lucro alguno. El concepto de 'Rey de Espadas' es de mi invención.
Reviews: Al final del capítulo, los que no pude responder por mensaje privado.
"Pensamientos"
—Diálogos.
«Técnica, titulo»
-aclaraciones-
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EL REY XIV: Oberon's Forest IV
-El Bosque de Oberón-
Y la luz del Astro Celestial empezó a aparecer por el horizonte, trayendo consigo la promesa de un día nuevo, lleno de bendiciones. Pero para Malva la situación no era la misma, ciertamente la ciudad estaba intacta y ni una sola pieza estaba fuera de lugar, excepto por las calles vacías y carentes de vida. La mayoría de los sobrevivientes, por no decir todos, se encontraban en la plaza. Tanto magos y no-magos estaban cabizbajos, apaleados, lamentándose y llorando. Algunos se negaban a creer que los que yacían en medio de la plaza estuvieran muertos. «Arca del Tiempo» fue tan poderosa que los cuerpos mutilados, destrozados y en mal estado, volvieron en el tiempo y quedaron en un estado de apacible sueño.
La bella pelinegra, de facciones tranquilas y serenas, se acercó hasta una esquina del panteón temporal. Suspiró con pesadez. —Vieja Oba —musitó al ver a la maestra de Lamia Scale durmiendo apaciblemente—. Lo siento —susurró, ella percibió que la Vieja fungió como escudo y detuvo el ataque de Lullaby, no podía evitar sentirse culpable por las muertes de esta escaramuza, pero le molestaba más haber perdido a una gran mujer. "Tú muerte no quedará impune, castigaré a los responsables". Después de una breve plegaria, pero sincera, se retiró del lugar.
Mientras se preparaba para poner las cosas en orden, Mikumo brevemente recordó la información que tenía a la mano: Oración Seis empleó a Eisenwald, apoyados por un gremio legal, para perpetrar el ataque. Todos los cabos concordaban con esta teoría, definitivamente debían tener ayuda interna para conocer bien las debilidades de Malva. "Eisenwald ya fue destruido —esbozó una diminuta sonrisa al recordar al pelirrosa y la seguridad que emanaba cuando afirmó que él ya había destruido al gremio oscuro— sólo hace falta desenmascarar al gremio traidor y formar al equipo para destruir a Oración Seis". Mikumo activó su «Voz Carismática» y «Encanto Luminoso» para llamar la atención de todos los que estaban en la plaza central de Malva, de pie en el borde de la fuente, comenzó a recitar un discurso para disuadir a las masas…
Cuando ella empleó magia, él dejó que su poder los cubriera y así no resultaron afectados. Natsu y compañía observaban desde lejos a la «Primera Diosa de Ishgar» y actual «Maestra de Mermeid Heel» recitar el discurso para calmar los ánimos de los corazones vengativos. Natsu desaprobaba eso, pero también comprendía el trasfondo de la situación, ella no podía permitirse el lujo de que los no-magos comenzarán a quejarse contra los magos y así darle motivos al Reino para imponer más reglas sobre los gremios. "Sólo bastaría con aplastar al Rey". Negó. Era mejor evitar problemas, ya tenía suficientes rastreando a Ikaruga y Jellal como para empezar una guerra civil que a la larga sólo lo perjudicaría. Se palmeó el rostro y liberó un suspiro largo y profundo.
—¡Yo seré la primera! —decía Mirajane con sus manos en la cadera.
—¡Ja. Claro que no, él me prefiere a mí! —rebatió la pelinegra, Ultear, poniendo sus brazos debajo de sus pechos y así los enfatizó un poco.
—¡Eso es mentira, estoy segura que prefiere mi joven cuerpo! —Meredy no se quedó atrás en la pelea de quien sería la primera en compartir cama con el joven maestro. Las tres discutían como niñas por su dulce favorito.
Erza conocía bien su lugar en la familia Dragneel así que no se metía en el debate, después de todo, era Natsu quien tenía la última palabra, y si él la llamaba, ella acudiría tan rápida como el viento y con gusto abriría cualquier hoyo que Natsu eligiera. Cabeceó un par de veces para afirmar ese pensamiento, con una sonrisita y levemente excitada. "Después de todo, él se enamoró de mi antes que ustedes" esas palabras las guardó en su corazón, porque ciertamente habían otras que las complementaban muy bien: «Si, pero tú lo rechazaste». Suspiró dolida, si no fuera por ese mísero error, ella sería la mandamás y no una fulana cualquiera… pero tuvo que admitir que su situación actual también era buena.
Natsu cortó la discusión sobre quien sería la primera cuando acunó su quijada en el cuello de la albina y sus brazos se posaron sobre el abdomen de su señora. Aspiró la fragancia femenina. Vainilla, sudor, excitación, deseo. "Podría tomarla aquí —pensó profundamente— y ella no se quejaría. No". —No deberían pelear por algo que tiene una solución sencilla —besó la mejilla de Mirajane y después les sonrió al resto—. Vamos, que mañana tengo otra reunión.
Cargó en sus brazos a la Strauss, y detrás del resto aparecieron clones que también se las llevaron en brazos. Así era Natsu, amaba a Mirajane más que a nadie, y amó a Erza más que a ninguna, pero trataba a cada mujer de una manera especial y única. Siempre se aseguraba de hacerlas comprender ese hecho, y Ultear y Meredy no eran la excepción. La pelinegra y la pelirrosa se mostraron brevemente sorprendidas y después soltaron una risita suave. Abrazaron y besaron a su respectiva pareja. Erza también hizo lo propio.
Y cuando el sol apenas iluminaba por completo Malva, los Dragneel se escondían en la penumbra de una recamara para entregarse mutuamente, en un festival de pasión, deseo, necesidad, lujuria y afecto. Porque de alguna manera, el libido de Natsu fue transmitido a cada mujer que lo acompañaba y las hacía arder de sobremanera. Cuando las ropas fueron desgarradas las cuatro fueron alineadas al borde de la cama y luego penetradas desde atrás, gimieron y gritaron como posesas, una y otra vez, y luego otra hasta que él estuviera satisfecho.
Paulatinamente cambiaron de posición y ellas compitieron para ver quien lo cabalgaba mejor. Donde venció Mirajane sobre Ultear, ésta quiso la revancha y propuso competir por ver quién era la más lasciva. La maga del tiempo se impuso sobre las demás al emplear su fetiche por el Natsuniño. Meredy, contagiada por el entusiasmo de las demás demostró ser capaz de aguantar mucho más tiempo con él que cualquier otra, el margen fue de cinco minutos más que Erza. Natsu como forma de consolar a su pelirroja les demostró a las demás la grandiosa boca-vagina que poseía Titania.
Pasaron algunas horas desde que empezó la faena y Natsu decidió que ya era momento de un breve descanso. En menos de diez minutos se bañó. Sin consultarles, ya que ellas no estaban en condiciones de decir algo coherente, salió de la habitación y fue en busca de comida. Con la magia de re-equip le fue fácil cambiar de ropa, ahora llevaba un pantalón holgado, sandalias y una playera blanca. Se encaminó por un pasillo largo adornado por pinturas y jarrones, bajó las gradas y llegó al restaurante del hotel. Las mesas estaban dispuestas de manera uniforme, con manteles y servilletas. El ajetreo del medio día le indicó que las cosas eran completamente normales en Malva.
En el momento en que uno de los meseros se dio cuenta de su presencia le brindó un trato de acuerdo a su posición. Natsu recibió de buen grado el detalle; desde que liberó la tercer espada resultaba tan natural comportarse como parte de la realeza y su aura imponente no dejaba lugar a una réplica por parte de cualquier débil de mente. Se limitó a pedir ensaladas, carne, jugos y postres para veinte personas. Mientras esperaba, caviló la situación.
"Fue un golpe de suerte que se sintiera atraída por mi" pensó. Sin duda alguna, la «Maestra de Mermeid Heel» sería una gran adquisición para su familia. No por nada era la maga más fuerte del continente, estaba seguro de que ella no mostró todo su poder en la pelea contra Lullaby. Y eso sólo lo animaba a pelear lo más pronto posible. "Realmente quiero pelear". Pero debía contenerse, por el bien de encontrar a Siegran e Ikaruga, no podía permitirse luchar con todo su poder. Se obligó a reencausar sus pensamientos a la pelinegra, y formular los beneficios que obtendría. Una alianza entre los gremios, la inevitable implicación de la kunoichi y la chica de chongos, ellas eran de una belleza excepcional y sin duda fuertes. "Tendré que entrenar con Erza para mejorar mi habilidad". Shigure lo había retado con el único objetivo de apropiarse de su Youtou y no podía darse el lujo de subestimarla, también sabía que ella tenía varias de las Youtou.
—Aquí está su orden Maestro de Fairy Tail —el restaurante del hotel empleaba artefactos mágicos y eso disminuía el tiempo de cocción sin afectar el sabor. Eran capaces de cumplir con órdenes extravagantes sin demorar demasiado.
Salió de sus pensamientos cuando algunos carritos ya estaban dispuestos para ser trasladados a su habitación, y el camarero sólo esperaba órdenes. Con amabilidad rechazó el servicio e indicó que él los subiría. Cuatro clones se hicieron cargo de la labor y se encaminaron al segundo piso mientras él pagaba. Aunque ahora los clones estaban a un nivel mucho más alto. Podría decir que eran una extensión de su cuerpo y pensamiento. Antes podía emplear un máximo de cuatro y mantenerlos a una distancia de cien kilómetros, pero con la misión de Dos, su manejo se redujo a tres clones y dos kilómetros de distancia. Ahora, se sentía capaz de crear más de cuatro y el sustento de Dos no sería ningún problema. "Aun no comprendo por completo esta magia". Debía hacer más experimentos. Pero antes volvería con las damas que lo esperaban con ansía.
¡Qué vida la de Natsu, es el maestro del gremio más fuerte; tiene a las mujeres más bellas del reino listas y dispuestas a entregársele en cuerpo y alma; y aún tiene otras mujeres bellas y hermosas que lo desean! Y a dos mesas divisó a una de esas mujeres. "Jenny Raelight —sonrió con picardía mientras daba órdenes a los clones—. Váyanse y quédense con ellas, que hoy quiero domar una yegua alada". El resto del día y toda la noche la pasó cumpliendo su cometido.
[Nestor In al habla. Ajem. Aquí debería estar una limonada súper cargada de limones, pero. Sí, sí, lo sé, otra vez salgó con los famosos pero, en fin. Pero era muy extenso y no quiero aburrirlos, así que la historia con Jenny es el primer capítulo de Las doncellas de un Rey]
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Malva - 8:00 AM
Mientras Natsu era usado como dakimakura [almohada de cuerpo completo], otros no tenían una vida tan llena de pasiones, llena de mujeres amorosas, llena de libertinaje; no, la mayoría tiene responsabilidades que cumplir, trabajar para alimentar a la familia, dirigir caravanas de comercio, navegar barcos mercantes, patrullar la ciudad y tratar de mantener las cosas en orden; y Ferion Balgots era uno de esos tantos. Él es el alcaide de Malva, responsable de todo lo que acontezca e informante, de lo que estime conveniente, al Reino de Fiore. Aún no sabía cómo, pero los del Reino se enteraron de lo sucedido y la cosa pintaba color de hormiga.
El hombre de mediana edad, vestido con ropas lujosas, corría presuroso. Detrás de él, iban unos veinte guardias, su escolta resultaba lenta para estos casos. "Espero llegar a tiempo" rezó en su interior. Hace unos minutos recibió un mensaje, por circunstancias extrañas el dichoso mensaje se demoró más de la cuenta, solicitando que hiciera los preparativos para recibir a Erias E. Fiore el «Quinto príncipe» y su hermana gemela Naof E. Fiore la «Sexta princesa».
Ferion había escuchado rumores sobre los gemelos; y si de algo estaba seguro, era no querer incurrir en la real ira de los E. Fiore. Cierto, su ciudad está bajo la protección del Consejo de Era, como quedó demostrado hace dos días, pero el «Reino de E. Fiore» contaba con armas anti-magos; espadachines; bestias peligrosas; armas de oricalco y diamantino. En fin, su deber, por este momento, era entretenerlos mientras su asistente se ocupaba de preparar todo para acoger a la realeza.
—Gracias a Ishgar —resolló al ver que todavía no llegaban. Estaba sudoroso y respiraba con pesadez cuando, a lo lejos, divisó una estela de humo. A medida que los carromatos se acercaban supo que eran de la realeza; brillaban como oro y estaban adornados por piedras preciosas. Además, otra señal eran los caballeros montando en bestias poderosas y portando el estandarte real flanqueando la caravana.
Minutos después un hombre de cabello verde, bien parecido y de constitución delgada, con la piel morena, bajó del carromato más lujoso. En su traje de realeza predominaba el blanco y el rojo; una capa dorada y una corona delgada con incrustaciones de rubíes, formaban su real conjunto. Detrás de él bajó la princesa: su cabello verde estaba atado en una trenza gruesa que le colgaba por el hombro izquierdo; llevaba un vestido largo, con un corsé que le acentuaba los pechos y la cintura, tan acampanado que no se le veían los pies. Unos guantes negros hasta el codo y varias joyas adornando su cuello, muñecas, orejas y cabello. Hermosa y toda una dama de la alta cuna.
De los otros carromatos bajaron sirvientes, doncellas y demás. La realeza venía con toda la intención de estar cómodos; Ferión apostaba que también habría cocineros, sastres, lavanderas y demás. Se adelantó e hizo una reverencia pronunciada. —Sus Altezas, bienvenidos sean a Malva, Ciudad de Flores y alegría.
—¿Hermano, no recuerdo que alguien de la familia haya estado en este cuchitril? —La princesa ignoró el saludo cortes—. ¿Crees que hay algo decente para pasar el rato?
Erias negó rotundamente. —Entre esta —dudó un segundo en como referirse a Malva— aldea no hay nada digno de nosotros. Incluso, llegué a pensar que estaría en ruinas. No sé porque padre se molestó en enviarnos; los asuntos de la plebe le quedan mejor a Reyhon y no a nosotros.
Ferión Balgots suspiró, tendría una tarea sumamente difícil. La zalamería debería funcionarle si quería conservar su puesto. —Mi Señor, Erias E. Fiore; permítame… —De esa manera, Ferion inició con un recorrido corto y muy tortuoso, los hermanos se quejaban por todo, que mucho polvo, que muchas especies no-humanas, que ni una banca digno de ellos. Que cuando comenzaría la reunión de los magos, o como ellos los llamaban: «Bastardos con suerte». Que, que, que… una infinidad de quejas y berrinches. A Ferión se le pasó por la mente darle una buena tunda a este par de príncipes caprichosos, pero no estaba tan loco.
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Mientras los E. Fiore se paseaban por la ciudad, Natsu salía de la habitación de Jenny y se llevaba una sorpresa. Al pie de la puerta, y de rodillas, estaba Wendy. La niña tenía un gran sonrojo en el rostro y soltaba grandes bocanadas de vapor. Su mirada estaba empañada, le recordó a Cana cuando ella bebía más de la cuenta. "No es posible" pensó. Olisqueó el aire y supo que la niña no había tomado ni una gota de licor. Por un momento no supo si sonreír o…
—Na-Natsu-san… yo… yo —la mente de Wendy era un revoltijo de ideas. Hace poco más de media hora que Charle y Robaul la dejaron en el comedor para atender algunos asuntos gremiales; y ella aprovechó para deleitarse con más postres. En fin, cuando regresaba a su habitación y pasaba por el pasillo del segundo piso notó un aroma extraño, después de breves segundos reconoció el aroma de Natsu y de las mujeres que lo acompañaban. Decidió seguir su camino, pero nuevamente el olor de Natsu salía de otra habitación en el tercer piso, sólo que ahora tenía el aroma de Jenny. Se quedó quieta, cavilando la extrañeza de los sucesos; era imposible que alguien se dividiera en dos. Lentamente un sentimiento raro e inusual invadió su cuerpo, después, sus piernas perdieron fuerza. Sin que lo supiera, se excitó.
Ella es la «Dragón Slayer del Cielo» hija de Grandeney la «Dragona del Cielo»; aunque no pasó mucho tiempo bajo la tutela de la dragona pero si lo suficiente como para ser considerada una DS al igual que Natsu. Debido al poco tiempo, ella desconocía muchas cosas sobre su magia. Entre ellas, la edad en que su cuerpo comenzaba a estar listo para procrear y el instinto innato que la hacía reconocer al macho dominante. Y Natsu desprendía virilidad a borbotones, convirtiéndolo automáticamente en la pareja ideal de la pequeña. Sólo hacía falta un par de cosas para completar el acuerdo de mutuo entendimiento. Y así traer al mundo, en un futuro distante, a los «Reyes Dragones del Cielo».
La niñita resoplaba a medida que acercaba la nariz a su entrepierna, y por fin Natsu decidió sonreír. Una sonrisa hambrienta. La niña aspiró fuertemente y su cuerpo sufrió un espasmo, además de que el piso se llenó de un líquido que él conocía. Se agachó hasta tenerla cara a cara, y antes de poder besarla ella ya estaba inconsciente. Negó con una sonrisa. "Las cosas se ponían interesantes". La levantó y guiándose por su nariz, la llevó de vuelta al cuarto piso. La habitación era simple, con un vistazo supo que en el lugar sólo dormían Wendy y Charle, además la pequeña albina no estaba. "Mejor así".
Depositó a Wendy sobre la cama. Y se quedó ensimismado viéndola respirar; los pecho, casi escasos, subían y bajaban a un ritmo tentador. "Tal vez sea un par de años menor que Meredy —pensó en Meredy y luego en Levy— aunque las mujeres se desarrollan de manera distinta". Los labios entreabiertos de la pequeña eran apetecibles, como una dulce cereza. Estaba por probarlos, cuando…
—¡Quieto ahí!
Natsu quedó a centímetros del rostro durmiente de Wendy. —¿Igneel, que quieres? —Un «Natsu-san» escapó de los dulces labios, y sólo se contuvo por la voz de alarma de su padre.
—¡Ella es tu hermana!
Se alejó bruscamente de la niña. —¿Mi hermana? —Cerró los ojos y se trasladó a su paisaje interior; el gran dragón estaba en una pradera de lava—. Estás loco, no recuerdo haber tenido hermanas… bueno, ahora que lo pienso bien, sí, creo que tuve varias hermanas. ¡Pero todas ellas eran pelirrosas!.
Igneel reposaba sobre sus patas traseras y con los brazos cruzados, tenía una mirada severa. —No, no estoy loco —con la mirada pidió silencio—. Ella es hija de Grandy, mi delta, por lo tanto, también es mi hija y tú hermana.
Natsu se mostró confundido. —¿Delta?
Igneel resopló indignado. —Mocoso, me avergüenzas. ¿Acaso no recuerdas lo que es una delta?
—No, si fuera algo importante lo recordaría. Además, tienes la manía de no enseñarme las cosas importantes, recuerdas el incidente del enamoramiento de un dragón.
Igneel se rascó la mejilla derecha, cómo si recordará y concluyera que el chico tiene razón.—Oye bien, que no lo volveré a repetir. Mi delta es la cuarta dragona que está vinculada a mi vida, algo como el matrimonio entre los humanos sólo que mucho más sagrado. Además de Grandeeney las otras son: Daenarys mi alpha, Aeryn mi betha, Hydra mi charlie y Catelyn mi épsilon.
Igneel sonrió con añoranza, rememorando viejos tiempos. Tiempos donde surcaba los cielos, donde sus garras rasgaban la tierra y su hocico consumía ríos enteros, tiempos en que jugueteaba y perseguía a una de sus compañeras; las extrañaba de sobremanera. Pero tenía un trabajo, ser el «Rey Dragón» tenía sus pros y contras, y no podía volver hasta completar su tarea. En ningún momento le dijo toda la verdad a Natsu, su deber estaba oculto y así seguiría por mucho tiempo. Aunque haya perdido el sentido del tiempo, ni siquiera podía calcular cuántos años habían pasado desde que buscó a Natsu y destruyó la prisión.
Natsu tenía la boca abierta, se quedó sin palabras. Era imposible que el dragón estuviera casado, y nada menos que con cinco dragonas. Porque definitivamente tenían que ser dragonas para poder engendrar… "Y ahora que lo pienso, Igneel no tiene una herramienta para trabajar o —vio la cola moviéndose ligeramente—. ¡No, no puede ser. Su cola es su…!" Solo de recordar las veces en que se subió a la cola del dragón y las otras tantas en que tuvo la genial idea de comer carne de dragón le dieron ganas de quitarse la vida.
—Mocoso de mierda —masculló el dragón—. No mancilles el honor de un dragón con tus rituales humanos. El apareamiento de un dragón no es lo mismo que el de los humanos.
Natsu olvidó que cuando entraba a su mundo interno no había forma de mantener en privado los pensamientos; pero igual suspiró de alivio. —Ya veo… —estuvieron en silencio hasta que Natsu asimiló la información y recordó el porque estaba frente a Igneel—. Un momento, eso no la convierte en mi hermana, sólo es otra DS.
—Puede ser, pero mientras sea hija de Grandy no aceptaré que tu época de celo la afecte.
Otra dato importante fue revelado. —¿Época de celo? ¡Tú, ya lo ves. Siempre se te olvida decir lo importante!
—Ya, ya. No lloriquees por cualquier cosa —suspiró avergonzado. Otra vez se le pasaba por alto algo semejante—. Sí, es la única respuesta que se me ocurrió a tanta gana de andar copulando con cuanta hembra se te cruce en el camino. Supongo que llegaste a la edad en que sólo quieres tener crías para asegurar la descendencia. Aunque, aún no veo que las hayas dejado preñadas…
Natsu otra vez estaba boquiabierto. No, no era un idiota… bueno, sólo un poco. Todo este tiempo sólo seguía su instinto, y no estaba pensando en las consecuencias de sus actos o prefería no pensar. —Hijos… —musitó en voz muy baja haciéndose a la idea de que dentro de poco tiempo habrían niñitos correteando a su lado: pelirrojos, albinos, pelinegros, pelirrosas, rubios, pelicelestes…
Igneel dio un coletazo a escasos centímetros de Natsu captando la atención del pelirrosa.
—No tocarás a tu hermana, ¿entendido?
—Sí —respondió con desganó—. Pero, ella es humana, ustedes son dragones, técnicamente no llevamos la misma sangre. Y ahora que recuerdo, hace siglos que me acosté con varias de mis hermanas y no pasó nada malo, más bien todo fue buenísimo.
Igneel bufó molesto, Natsu era cabezón y terco, cuando ponía los ojos en algo, no había nadie que lo hiciera desistir. Algo parecido le había dicho Grandeneey hace algunos siglos: «Eres testarudo. Te lanzas de cabeza sin analizar las cosas». Meditó esas palabras un instante, y falto poco para que diera con un nuevo problema: cuando la dragona reconoce al macho, no hay poder divino que le diga lo contrario. Y Wendy ya lo había hecho.
—Ustedes son dragones…
—Ajá, creo que eso está más que claro.
—Cierto, pero no es eso a lo que quiero llegar. Tienes cinco compañeras, y has mencionado la época de celo, entonces… ¿tienes hijos dragón?
Igneel entrecerró los ojos ante el cambio súbito de tema. —Sí, tengo trece hijos. Siete machos y cinco hembras —prosiguió—. Andan repartidos por el mundo. Aunque no sé qué pasó con ellos después de estar encerrado aquí. Claro, los dragones somos seres que vivimos mucho tiempo, es probable que dentro de algunas décadas los encuentre o decida buscarlos, aunque primero deba salir de aquí —Y cumplir con cierta promesa—. El más viejo tenía 526 años, y la más joven 137.
Natsu escuchó en silencio. Y ahora más que nunca, estaba dispuesto a encontrar la forma de sacar a Igneel de su interior. Si algo había aprendido de Makarov, era que la familia es importante. —No te preocupes viejo, encontraré la manera para que salgas de mi mente y no andes interrumpiendo mi diversión.
Igneel volvió a resoplar. —¿Acaso no entiendes? No. Toques. A. Tu. Hermana.
—Está bien, está bien. No la tocaré… a menos que ella quiera.
—Túúú.
Antes de que el dragón liberara su aliento, Natsu se despidió. —Tengo una reunión dentro de poco —con toda su fuerza de voluntad, cerró su mente. Rompiendo, momentáneamente, la conexión que compartía con el dragón. Él era Natsu, y no le gustaba que le negaran algo y menos si se trataba de una mujer que despedía un aroma tentador y provocador; pero había dado su palabra; así que hizo lo posible por no tocarla más de la cuenta.
—Natsu-san~ —ella murmuró entre sueños llamándolo con una voz tan tierna y necesitada que se le puso tiesa de sólo pensar en saciar esa necesidad.
Con el índice derecho acarició los labios entreabiertos, con delicadeza y suavidad. —Aquí estoy —susurró antes de que sus labios se encontraran, fue breve y tranquilo. Y con ese suave beso, el destino los había unido. Por el rabillo del ojo notó un pezón y no desaprovechó la oportunidad, lo apretó vehemente entre su pulgar e índice arrancándole un gemido dulce y cautivador. En silencio prometió que, a su debido tiempo, la tomaría.
—Ah~.
Salió sin hacer ningún ruido, si se quedaba más tiempo estaba seguro de que las fuerzas le fallarían y corrompería tan dulce tesoro. Aunque la conversación pareciera que se extendió por bastante tiempo, lo cierto era que apenas pasaron unos minutos en el mundo real. Regresó a su habitación y deshizo los clones. Sonrió ante la escena: Meredy descansaba al lado de Ultear, con las piernas entrelazadas y sus bocas casi pegadas. Mirajane estaba bañada, literalmente, en semen; aunque la sonrisa indicaba que eso no la molestaba. Erza, en cambio, estaba boca abajo en el suelo; la pelirroja también estaba fuera de juego.
«Sucuropendra» surgió y con mucho cuidado tomó a cada chica hasta colocarlas en la cama. —Hijos —las miró profundamente, como si quisiera ver lo que hay en su interior—. Es posible que mis hijos estén creciendo. —Estuvo varios minutos observándolas detenidamente, intentando averiguar si lo abultado de sus vientres de debía a su semilla en el interior o a los frutos del amor.
Un sentimiento reconfortante invadió su cuerpo. Las dudas se despejaron de su mente. "Quiero una familia, y entre más grande mejor. Pero antes tengo que eliminar a cualquiera que pueda hacerles daño. Reyes, dioses, humanos, orejas largas, todo… incluso dragones" sus ojos ardieron con el deseo de proteger a su estirpe. No era ningún idiota cuando se trataba de guerra, y en el pasado sufrió traiciones de seres mucho más cercano que un padre adoptivo.
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Malva 11:00 AM
Una hora después, él ya estaba entrando en el lugar de la reunión; bien bañado y vestido. Llevaba un pantalón negro, sandalias y camisa negra con estampado de flores de fuego y el logo del gremio en la espalda. Además, tenía una cadena de oro rojo con eslabones en forma de lágrimas de la cual colgaban las llaves de Virgo y Libra. Un sable ornamentado le colgaba de la cintura.
Su oído tan superior al de cualquier humano captó la conversación que ya había empezado y no le gustó nada los invitados especiales. Makarov fue bastante enfático en lo concerniente a «no meterse con la realeza ya que traería demasiados problemas para el gremio». Y talvez por esta ocasión seguiría el consejo del viejo. Soltó un suspiró cansino. "Recuerda Natsu, primero es lo primero. Jellal, Siegran e Ikaruga, después vencer a Mikumo y así apropiarme de las sirenas. No lo olvides, no busques más problemas".
Empujó las puertas de roble y entró; inevitablemente se volvió el centro de atención de lugar. La distribución de la sala era diferente: dos sillas reales estaban dispuestas en el centro sobre una plataforma. Mientras los maestros estaban sentados al frente, como si esperaran un veredicto. De la reunión anterior, había seis sillas vacías. Antes de que avanzara cinco metros ya estaba rodeado por guardias reales; cada guardia tenía armadura blanca de cuerpo completo y cascos que les cubrían el rostro, por lo menos había veinte soldados y cada uno hizo ademan de desenvainar la espada.
Cada maestro palideció, esta era la situación más complicada: la aparición tardía de Natsu y lo irrespetuoso de la situación. ¡Nadie debía presentarse tarde ante la realeza! Los maestros, no voltearon a verlo, eso sólo complicaría más la situación pero rogaron que lo siguiente en suceder fuera algo divinamente poderoso como para no incurrir en la ira de los E. Fiore.
Mikumo permanecía atenta a los movimientos del pelirrosa. "¿Atacará o no?... Fufufufu~ una decisión muy sabia".
—Identifícate —Arcadios, como el comandante de la Guardia Real su deber era mantener bajo resguardo a los príncipes, y no más ver al pelirrosa supo que ese chico era peligroso.
Natsu sonrió. El que lo interrogaba parecía fuerte y talvez la pelea fuese entretenida. "Más adelante". —Soy Natsu Dragneel, Cuarto Maestro de Fairy Tail. Así que ya puedes dejar pasarme, mi lugar está entre esas sillas.
Arcadios hizo una reverencia a modo de disculpa, y con una señal de mano los soldados volvieron a su posición. Apenas si Natsu estaba por sentarse cuando Goldmine lo obligó a inclinar la cabeza en una reverencia de sumisión. El maestro de Cuatro Cerberus actuó justo a tiempo ya que la expresión fría de Naof ocultaba el desprecio que sentía. ¡Era inconcebible que la realeza no recibiera el respeto que merecía!
—Perdone la demora de Natsu, el jovenzuelo estaba recuperándose de las heridas que sufrió en la batalla. Seguramente se despertó tarde. —Natsu miró brevemente al Maestro de Cuatro Cerberus, breve pero suficiente para indicarle que no le gustó lo que hizo, aunque la acción de Goldmine calmó el ánimo de los príncipes.
—Sí, perdonen mi demora.
Naof lo vio fijamente y calculó el nivel de Natsu. "Insolente y fuerte —frunció el ceño—. Es probable que él sea el Rey de Espadas. Lo mejor sería decirle a Hisui pero ya que ella está durmiendo, asignaré a Cosmos para que lo vigile". Con un ademán aceptó la disculpa poco sincera. —Continua.
—Como usted ordene —Goldimine agradeció internamente salir del embrollo—. Cómo les decía, Malva se encuentra en perfectas condiciones…
Durante el tiempo que duró la discusión, él mantuvo el recato y el decoro: justo lo que se esperaba de su posición. Además, renunció al derecho sobre las propiedades y bienes de Einsenwald en favor de los E. Fiore: con el único propósito de resarcir los daños, casi inexistentes, en Malva, Blue Rose y Hargeon. La sonrisa del pelirrosa era afable, tan tranquila que podía ser el presagio antes de la tormenta. Cabe decir, que para el alivio general, el instinto asesino no se hizo presente; pero no podían evitar pensar que algo malo estaba por ocurrir.
También se decidió que era necesario limpiar la casa. Incluso, se habló de las medidas para combatir a la Alianza Baram aunque al final no se llegó a nada concreto. Ya que del modo más educado posible, Naof ocultó su intención de no molestar a los gremios oscuros debido al equilibrio necesario entre el bien y el mal.
Como manera de demostrar que la realeza se preocupaba por el pueblo, Erias dictó que en los próximos días se erigiría un monumento a los caídos. Y que se resarciría a las familias de los difuntos con el valor de los bienes incautados a los gremios responsables. Además, por votación se eligió a Jura Nekis, actual «Décimo Mago Santo», como «Maestro de Lamia Scale». A la difunta Obaba Laejar se le concedió el título de «Venerable Santa» por su larga trayectoria en pro del bien y su muerte honorable. Natsu Dragneel fue condecorado con una medalla ambarina por su destacable participación en la refriega. Cuando todos se dispusieron a regresar, el horizonte ya estaba pintado de naranja y rojo.
"Estúpidos niñatos —pensó Natsu mientras miraba cómo los primeros en irse eran los de la realeza, con una gran fanfarria, trompetas y demás—. No gastaran ni un centavo de las arcas reales, todo saldrá de Eisenwald y Twilight Ogre. Tsk. Pero, ¿Quién sabe cuándo se obtendrá ese dinero? Tontos, lo que perdí hoy lo recuperare mañana… y con intereses".
Natsu se encaminó fuera del salón, sólo que antes de partir prefirió visitar la «Campanella». Sin ningún motivo en particular más que el de admirar las montañas de hielo que encerraban el lado sur de Malva. Desde un lugar tan alto podía ver las calles alumbradas y la gente paseando a la luz de la luna y las estrellas. Una luna llena gobernaba la bóveda oscura, hermosa y sin igual. Estuvo así durante algunos minutos hasta que su oreja tembló al captar sonidos de pasos, cascabeles y el inconfundible aroma de mujer. Jazmín, lavanda y rosa. Un tap, tap, tap, tap siguió hasta que una voz alegre lo saludó.
—Yay, Natsu —Renka Ma apareció por la trampilla; saltó para abrazarlo y Natsu la atrapó en el aire. Ella llevaba un vestido chino, gracias al cual se podía apreciar sus piernas largas y torneadas, parte de sus pechos y su cintura de avispa, además tenía un cascabel en la gargantilla y otros al final de sus chongos—. ¿Pensé que correría sangre? —Le dijo después de terminar el beso; y nada más que eso le había dicho Mikumo. Ella se relamió los labios de una manera coqueta; se le acercó al oído y le susurró unas palabras.
—Por supuesto —quiso acariciarla más pero la mujer ya estaba lejos de sus brazos. "Supongo que es la magia de la kunoichi".
A un par de metros, Shigure tenía a Renka sobre el hombro como si fuera un costal. La kunoichi estaba enfundada en un kimono oscuro hasta medio muslo; medias hasta por encima de las rodillas; sandalias de madera y el cabello negro atado en una coleta alta. Después aparecieron Mikumo y Chikage, ambas hermanas vestían de la misma forma: traje de sacerdotisa en un vivo color sangre, el collar de cuentas negras y sandalias de madera. Las tres mujeres eran bellas sin duda alguna, y la pequeña lo sería dentro de algunos años.
Volvió a sonreír y regresó al tema. —Lo hubiera hecho, pero Mikumo me hubiese detenido, además, sólo despertaría al gigante. No, a un gigante se le debe matar cuando está durmiendo, sin darle oportunidad a que mueva un dedo —les dio la espalda y señaló la ciudad—. Además, la paz es mejor; los niños pueden crecer en ese ambiente y puedes dormir sin preocuparte sobre si volverás a ver a tus seres queridos al día siguiente. "Y eso ya lo hice hace mucho tiempo, no tuve buenos resultado. Un solo hombre, sin importar lo fuerte que sea, caerá y no habrá nadie para levantarlo. Primero juntaré un ejército; puede que mis hermanos dragones me echen una mano".
"No, no es temor. Es sabiduría" pensó la sacerdotisa pelinegra. —Sí, te hubiese detenido —a pesar del aire gélido, su cuerpo se llenó de un calor reconfortante, tardó un par de segundo en darse cuenta que el calor lo emitía Natsu. Sonrió ligeramente cuando de la sombra del hombre surgió una mesa y varias sillas; también pastelitos y té, las chicas aceptaron gustosas el gesto.
—¿Sin acompañantes? —Shigure ladeó la cabeza confundida ya que en todo momento en que vio al pelirrosa siempre andaba alguna chica con él o en las cercanías—. Están deliciosos. —Añadió mientras degustaba de los pastelillos de limón y el té negro.
Renka se lamió la crema de los labios. —Si te unes a Mermeid, siempre estarías bien acompañado —terció. Ella quería abrazar a Natsu otra vez pero Shigure la tenía agarrada por la muñeca—. De mujeres hermosas, poderosas y más que dispuestas a entretenerte.
—El gremio no acepta hombres —antes de que Natsu respondiera, Chikage aplastó las expectativas con su voz monótona.
—Deberías cambiar las reglas —añadió él—. Creo que son muy anticuadas. ¿Mikumo, no te parece que ya es tiempo de cambiarlas?
Mikumo sonrió. —Reglas son reglas. Están hechas para que el fuerte las rompa.
Shigure miró a su maestra. —Estoy segura que el dicho no es así.
—Maa, maa. Shigure, ya sabes cómo es Mikumo cuando está en busca de casarse —la chica de chongos susurró al oído de su compañera. Las tres pelinegras mayores se conocían desde hace años, el lazo de amistad era tan duradero que cuando Mikumo se volvió la nueva maestra su relación no cambio y aún bromeaban, se molestaban, jugaban y muchas cosas más que sólo ellas conocían—. Siempre quisquillosa a la hora de elegir, aunque esta vez sí que ha escogido bien.
Chikage disfrutaba en silencio los pastelillos de limón, de fresa, de mora y de manjar; también escuchaba atentamente la plática de las chicas y la intervención del hombre. "No sé si mi hermana tiene buen gusto para los hombres o no —clavó su mirada en él y vio el aura que se filtraba: oscura con matices dorados; muerte y amor—, pero él es definitivamente fuerte y pobre de aquel que se haga su enemigo. Todas se han dado cuenta y se sienten atraídas, hasta Shigure que confunde atracción con ganas de pelear". Soltó un suspiro; a pesar de su edad tenía una mente madura y algo precoz.
Natsu sonrió. —Entonces, si derroto a Mikumo, ¿puedo llevarme el paquete?
Renka sonrió con complicidad. —Por supuesto, debes vencer a esa treintañera y tendre…
Mikumo torció una sonrisa ante la mención de su edad, y en un parpadeó ya había noqueado a la chica de chongos. La pelinegra mayor permaneció como si nada hubiera sucedido. —Vaya, vaya, quien iba a creer que Renka estaba tan cansada que se dormiría en cualquier momento —añadió y nadie se atrevió a llevarle la contraria. La hermana levantó a la durmiente y se la echó al hombre como si no pesara nada—. Si, bien. En que estábamos…
—En qué te apetecía que hiciéramos un trio con Shigure, hasta que llegará la madrugada. Que les encantaría beber mi leche…
Un segundo después tenía el kunai de Shigure contra el cuello, y ella tenía la punta de una espada contra la yugular y otra en la espalda apuntando al corazón.
—Es bueno —musitó con asombro la niña, aunque tenía las mejillas coloradas ante la descripción tan grafica de que lo que él haría con su hermana en la noche marital.
Los ojos negros de la hermana mayor centellearon. "Es lo mínimo que se esperaría del hombre que se volverá mi marido".
—Vaya, señorita Shigure, si tanto quiere mi atención no me molestaría concertar una cita en un buen hotel, claro, después de una gran cena y un paseo bajo el manto de las estrellas. Aunque, en estas circunstancias, no es que me queje.
La kunoichi estaba ligeramente sorprendida, nunca antes alguien pudo detener su ataque furtivo, y mucho menos devolver el golpe. —Eres bueno, pero no tientes tu suerte.
Mikumo llamó a su compañera y esta apareció nuevamente sentada.
—Mikumo, quiero pelear contra él —en sus ojos brillaba el fuego por querer medir fuerzas—. ¿Cuándo será el duelo?
—En un mes —terció Natsu, y cuando vio la mirada de Mikumo añadió—: Pero contra Mikumo, en medio año. Aunque, si la suerte está de mi lado, será en dos o tres meses.
Shigure asintió entre complacida y molesta, tendría tiempo para preparase y a la vez eran demasiados días. Mikumo chasqueó, ella si estaba molesta. —Es demasiado tiempo, no crees que puedo ayudarte con ese asunto que te quita tiempo.
Natsu lo pensó. —No, es un asunto personal —al ver el desconcierto en las chicas, prosiguió—. Estoy cazando a unos magos; ellos mataron a parte de mi familia, no descansaré hasta que cobre venganza y debe ser con mis propias manos. Pero que les parece un breve calentamiento.
Las dos pelinegras asintieron con una leve sonrisita. La hora del té se convirtió en entrenamiento; Renka era una experta en combate cuerpo a cuerpo, algo que resulto provocador debido a los roces lascivos que se dieron mutuamente; Shigure en armas no parecía tener igual, talvez fuera mejor que Erza; además, la niña era demasiado talentosa para alguien de su edad y fue difícil pelear con ella debido al tamaño. Con Mikumo intercambiaron un par de golpes que hicieron temblar «La Torre» y parte de la ciudad así que no pelearon con todo.
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Malva 10:00 PM
Natsu regresó al hotel unas horas antes de medianoche; se paró frente a la puerta de su habitación y sin abrir se percató que las chicas ya dormían plácidamente. "No quiero molestarlas —se dijo—. Talvez Jenny todavía este despierta". Subió al tercer piso y tocó suavemente; notó que la mirilla se abrió y tuvo que esperar un par de minutos hasta que la puerta se abrió. La rubia estaba somnolienta, con el cabello suelto y usando un camisón rojo, corto y translucido: debajo tenía una ropa interior tan provocadora que para Natsu fue imposible resistirse.
Jenny sonrió internamente cuando Natsu la besó; luego lo rodeó con los brazos mientras suspiraba cuando las hábiles manos toqueteaban su cuerpo hasta apretar vehemente sus nalgas. El beso estaba lleno de ansía y pasión, de deseo y necesidad, de amor y lujuria desenfrenada; un beso posesivo que la llenaba de un sentimiento de pertenencia. Se separaron y luego se volvieron a unir mientras se abrían paso por la habitación; un hilillo de saliva unía sus bocas cuando se volvieron a separar.
—Mm~ empiezan a gustarme tus besos de buenas noches.
—Jen~ la noche es joven. Espero que hayas descansado bien —luego añadió—. Cada vez te veo más hermosa y radiante.
—Conmigo no funcionan los cumplidos —dijo, aunque tenía una sonrisita—. Ni los regalos. —Añadió cuando Natsu depositó una cajita en sus manos, adentro estaba un collar delgado con unas esferas rojas a cada tres eslabones—. ¿Cómo?
—Noté que lo viste en un escaparate —aunque ella apenas si le dedicó unos segundos al collar—. Así que pensé que te gustaría.
—Por supuesto que me gusta, ¿me lo pones?
—Claro.
Ella se corrió el cabello rubio y dejó al descubierto su cuello mientras se sentaba en el taburete y quedaba frente al espejo. Natsu aprovechó la ocasión para darle besos suaves, mientras le colocaba el collar. También le deslizó el camisón e hizo a un lado el sostén; el reflejo en el espejo era sumamente erótico. Natsu le estrujaba las tetas; le estiraba los pezones; le amasaba los orbes de carne y repetía el tratamiento.
—Mm~ ahh~ sí~, sigue así~ nn~ ohh que bueno —ladeó la cabeza—. Bésame~.
Natsu la complació y unieron sus bocas; sus lenguas se encontraron y danzaron alegremente como una pareja de jóvenes enamorados. Ella se retorció entre sus brazos y supo que ya la había llevado al clímax. —Jen~ —le dio una expresión seria—. ¿Arriba o abajo?
Ella sonrió seductoramente y se apoyó contra la pared; agitó el trasero de un lado a otro al mismo tiempo en que con una de sus manos abría su intimidad. —Acaso importa, lo haremos de ambas formas. Pero ahora, quiero que me des duro contra el muro —se relamió los labios cuando vio la virilidad erguida del pelirrosa—. No importa cuántas veces lo vea, siempre me sorprende.
Natsu agarró su virilidad con una mano mientras con la otra tocaba la intimidad de la rubia. —Qué ansiosa estás.
—Mm~
Eres el culpable.
Sonrió con soberbia y cómo no hacerlo si tenía a semejante mujerona ansiosa y deseosa de polla. —Ya no tendrás que esperar más —alineó la punta y disfrutó de la sensación carnosa apretándolo con aprehensión—. OOHH.
Jenny arqueó toda la espalda y dejó que un grito extasiado hablará por ella cuando fue penetrada por completo; el agarró su cadera y comenzó el acto salvaje y pasional. Sus pechos se presionaron contra el muro mientras su interior recibía con alegría la virilidad del dragón. —Ah~ Sí~ Ahí~ Mm~ Nn~ ¡Natsu~! ¡Natsu~! ¡Natsu~!
Natsu la levantó y la llevó frente al espejo. —Mira esa cara pervertida que haces —le susurró mientras la seguía penetrando—. Ves, dime cuanto lo disfrutas.
En el espejo se miraba la expresión más clara de satisfacción: Jenny estaba abierta de piernas mientras su intimidad era apuñalada continuamente; su rostro estaba distorsionado en el placer más puro que podía conocer una mujer con su lengua de fuera y sus ojos casi blancos; y sus pechos se movían al ritmo de los embistes. Ella se vino dos veces antes de que Natsu la fertilizara. —¡Me gusta~! ¡Me encanta~! ¡Tanto~, tanto~, muchísimo! ¡Me encantassss~!
Después de media hora, Jenny ya estaba sudorosa y con las nalgas de un tenue rojo. Respiraba con dificultad y era inevitable que sus pechos no se balancearan con cada suspiro. Mientras dejaba que ella se recuperara, Natsu terminó a bañarse; él estuvo entrenado con las Sirenas y follando con Jenny y sudó bastante.
—Monstruo libidinoso —replicó la mujer al ver la vara de carne de doce pulgadas aún erguida y lista para la acción. Ella se dio la vuelta y quedó con los pechos contra las sabanas mientras abría sus nalgas—. Y, ¿qué harás ahora?
Natsu le mordió la oreja derecha con suavidad. —Ahora, estoy por montar a una yegua indómita, con la esperanza que dentro de poco me dé un par de potros fuertes y saludables.
Ella se rió entre diente. —Para que una yegua dé buenos potros, necesita de un buen semental —su mordacidad dio efecto en el momento en que él le agarró la cintura y la empalaba de una estocada—. ¡Ah~ querido~o!
Natsu arremetió con fuerza, una y otra vez. Saliendo y entrando sin detenerse; tocando la entrada uterina con cada embiste. Haciendo que en cuestión de segundos el rostro coqueto demudara a una expresión erótica y lujuriosa. Se inclinó sobre ella y cambió a un modo más brusco y animal.
—Ah~ Más~ Así Oh~ Sí~ sí~ sí~ Ah~ Ah~.
Jenny tenía las mejillas coloradas mientras su intimidad era azotada. No supo cómo, pero se dio cuenta que su útero comenzó a abrirse lentamente en busca de darle más acceso al hombre. Ella se dio cuenta que en cuestión de minutos tendría un orgasmo fuerte y atroz que dejaría su mente en blanco. Apretó los dientes cuando el glande se coló hasta el fondo y su útero se cerraba para no dejarlo salir, como si lo invitara a permanecer para siempre adentro. —Uguh~ Ahh~ Préñame~ —vocifero al tiempo en que chorro tras chorro llenaron su interior—. Ugh~ Ah~ Ah~ AH~.
La cama chirrió al compás de los gemidos y el intenso choque de carne contra carne; ella buscó los labios del hombre y se fundieron en un beso erótico, las lenguas se enfrascaron en una lucha sin fin. Natsu apretó los grandes melones de la mujer, hasta que sus dedos se hundían en la carne. Arremetió sin control, hasta volver a inundar la sala creadora de vida, su espesa semilla llenó hasta el tope la intimidad de la rubia. Y a pesar de eso, siguieron haciendo el amor.
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Malva 10:00 AM
A la mañana siguiente…
En la puerta sur de Malva, Mirajane estaba sentada sobre varias maletas, tenía el ceño fruncido. Ultear y Meredy partieron hace media hora en dirección contraria, debían reportarse ante el Maestro Hades, cosa que a Natsu no le hacía ni pizca de gracia y lo que a él no le gustaba, tampoco le gustaba a ella. Compartían el lecho con el mismo hombre y eso las convertía en hermanas, aunque no llevaran la misma sangre y como tal, como hermana mayor, debía protegerlas. Miró a su lado y sonrió tenuemente, Erza estaba de pie con los ojos cerrados pero el oído atento.
Erza le puso a Natsu en bandeja de oro, no al niño que creía que podía comerse al mundo él solito, no, la pelirroja le dio al hombre que podía comerse al mundo él solo. Fuerte, inteligente, astuto, sagaz, manipulador, varonil e incomparable. "Sí, todo fue gracias a Erza. Aunque yo lo convertí en hombre —soltó una risita suave al recordar la primera vez que lo hicieron: el lecho lleno de flores y hojas; la torpeza de la inexperiencia; los besos toscos que después se volvieron delicados; el delicioso dolor de volverse mujer; la primera sensación hirviente en su interior cuando él se vino adentro; y mucho más—. Y él me convirtió en mujer". De un salto se puso de pie, y se encaminó a recibirlo.
—Vaya —silbó de asombro—. ¿Usaremos esto para transporte?
Natsu infló el pecho, lleno de orgullo. —Por supuesto, ya me canse de viajar en trenes. Quiero disfrutar de un recorrido lento, además, tengo que ir por Vivi y Lili que están al sur.
—Haciendo un encargo, ¿verdad?
—Sí —se rascó la nuca, en un gesto ambiguo—. Dentro de unos días, te explicaré todo. Mi relación con ellas, y la verdad de mi pasado. —Tomó la mano delicada entre las suyas, la besó con un gesto tierno—. Mirajane, ten un poco más de paciencia, prometo que te diré todo lo que sé y también, lo que no sé.
Mirajane se ruborizó, los gestos afectivos de Natsu eran difíciles de predecir, espontáneos, sencillos, sofisticados, bien pensados, bruscos, suaves, posesivos y un sinfín más. Infló las mejillas. —Hmph. Eso espero.
Natsu la besó. —Te he dado mi palabra, mi corazón y mi vida. Eres la única mujer que tiene poder sobre mí —volvió a besarla. Él renovó la promesa que hicieron hace muchos días, cuando los dos se unieron en cuerpo y alma.
Con esas palabras se dirigieron dentro del carromato, por fuera el vehículo parecía una simple carreta con una carpa blanca y unos fierros para que el viento no la levante. En cambio, por dentro la cosa es muy distinta: espacio suficiente para una mesa pequeña, una estufa, lavamanos, estantes y una cómoda cama.
—Er-chan, hazte cargo del viaje. Sigue hacia el sur, y en algún momento nos encontraremos con Vivi —le entregó las riendas a la pelirroja y ella aceptó su puesto, al frente del carromato—. Ve al trote, no tengo prisa.
—Como desees —respondió ella mientras se inclinaba. Natsu la atajó antes de retirarse y la besó con pasión; cuando se separaron ella ya estaba sonrojada y con la vista nublada.
—Lo que yo deseo es a mi putita pelirroja sirviéndome como sólo ella sabe, pero eso será para más tarde.
Ella gimió indefensa cuando él le apretó las nalgas. —Estoy dispuesta en cualquier momento.
—Lo sé, lo sé. En fin, será más tarde. Ahora, haz lo que te pedí.
—Muy bien.
Natsu entró después de Mirajane.
"Son impresionantes —pensó Erza mientras acariciaba el cuello del lobo. La montura estaba formada por tres lobos huargos, mucho más grande que cualquier caballo: el pelaje era grueso y de color negro. El lobo que la pelirroja acariciaba mostró los dientes y movió la cola—. De seguro que le costaron una fortuna". Cinco minutos después ya estaban dejando atrás Malva, regalando una estela de polvo por donde pasaban. "Pensé que quería disfrutar el viaje, algo lento, pero estos lobos tienen las patas fuertes". Le fue difícil agarrarlo el truco a los lobos, pero después de unos minutos se acostumbró y cumplió la orden de Natsu.
Mientras tanto, adentro del carromato, Mirajane tenía en su regazo la cabeza de Natsu. Acarició la cabellera rosa, delicadamente, con un amor tan inmenso. Cualquiera que hubiera conocido a Mirajane diría que demostrar tanto amor es imposible, que alguien tan marimacho nunca mostraría un lado femenino, pero eso había cambiado. La mujer besó la frente.
—Dime, ¿Quién es la nueva adquisición de mi amado? ¿Cómo se llama la mujer a la que le daré el derecho de compartir nuestra cama?
Natsu suspiró reconfortado. —Jenny Realight de Blue Pegasus; Mikumo Kushinada, Renka Ma y Shigure Kosaka de Mermeid Heel —se incorporó un poco para poder besarla—. Mirajane, siempre te lo he dicho y no miento, eres la mujer más importante en mi vida. Pídelo y lo cumpliré, no importa que tan descabellado sea tu deseo, yo lo haré realidad. Mi promesa contigo tiene más peso que cualquier otra.
Ella suspiró entre contenta y triste. Sí, Natsu le daba su lugar como su señora y al mismo tiempo le entregaba la vida como si no fuera nada. Ella era mujer, y mujer de Natsu, como tal, comprendía lo que implicaba una relación con él, sin importar si sólo era sexo o algo más. —No creo que lo sepas Natsu, pero cuando tocas a una mujer, sin importar quien fuera o cuál fuese tu intención, ella estará atada a ti —puso un dedo en los labios del hombre, callándolo—. Eres como una enfermedad incurable que sólo la muerte puede solucionar. Y, creo que lo mismo pasa contigo. No sé si es porque eres un Dragón Slayer, pero pienso que eres capaz de amar a muchas y amarlas por igual; ya lo demostraste con Erza, no importó las circunstancias, la volviste tuya y antes de eso, estuviste a punto de morir por ella. ¿Si te niego a cualquiera, cuanto tiempo vivirías?
Los ojos de Natsu no tenían ni un ápice de duda. —No lo sé Mira, pero de algo estoy seguro, quiero pasar toda mi vida contigo, sin importar cuanto dure.
Ella se acostó sobre la cama, y extendió los brazos. —Ya que es así, entonces usaré el poder que me has dado: Te quiero vivo, te quiero como no lo hará nadie más, te quiero dar hijos, quiero que formemos una familia, pero sobre todo lo demás, quiero que seas feliz.
La devoción de Mirajane reconfortó el corazón sombrío de Natsu haciéndolo sonreír. Aceptó la oferta. —Tenlo por seguro Mira, nuestros hijos serán conocidos como Dragones Demonio —se quitó la ropa, mientras ella lo admiraba.
—O Demonios Dragón —sonrió, tocó los abdominales del hombre dejando que sus uñas dejaran finas marcas por el cuerpo tonificado de su marido.
—Claro, suena bien —una sonrisa orgullosa se apoderó de su rostro—. Serán los más fuertes. Nadie podrá detenerlos, a menos que sea yo.
La colmó de besos: mejillas, orejas, mentón y labios, cuello, clavícula y pechos. Ella gimió, como tantas veces que él la tocaba, un simple beso la volvía loca. Ella se unió al cortejo amoroso, dejando que sus labios pronunciaran palabras atrayentes, palabras que lo encendían más de la cuenta. Sus uñas marcaban todo lo que podía y borraban todo rastro de cualquier mujer, aunque había dicho que lo compartiría no significaba que eso no la molestara.
—Así que una enfermedad mortal, ¿eh? —Tenía el glande presionando contra los labios externos, rozando toda la feminidad de su mujer.
—Sí —sonrió coquetamente—. Por eso necesito mi dosis de Natsu, que tu gran jeringa la inyecte en lo profundo de mi ser, eso es lo recomendado por muchas.
La mujer arqueó la espalda cuando Natsu entró, otra vez, en su vientre; y así sería por mucho tiempo más. Sus piernas se aferraron en torno a la cadera del hombre, incitándolo y asegurándose de que nada se desperdiciara.
Mientras la pareja hacia el amor, Erza a lo lejos divisó una figura, a medida que se acercaba se dio cuenta de quién era. Cabello negro, traje de sirvienta, expresión imperturbable y sumamente bella. "Lilianne —pudo percibir el estremecimiento de los lobos cuando ella los vio, después les dio la espalda y se mantuvo a un paso veloz mientras Erza la seguía—. Esa mujer es indescifrable, conoce a Natsu desde antes que se uniera al gremio y es igual de fuerte que él".
Medio abrió la carpa, para informar y… prefirió aminorar la marcha. "Qué envidia —pensó—. Yo aquí atenazándome del frío y ella recibiendo todo su calor".
Unos minutos después los lobos se detuvieron, lentamente, hasta que los ejes del carromato se pararon por completo.
—¿Mi Amo y Señor? —inquirió la sirvienta con una expresión muda. Los lobos mostraron los dientes, pero con una simple mirada (talvez de duda) metieron el rabo entre las patas y agacharon la cabeza en señal de sumisión.
"Vaya panda de perros cobardes, aunque quien los culparía. Ella es más peligrosa que una manada de lobos salvajes"
—En los brazos de Mirajane.
—Entiendo —pronunció con una voz monótona, carente de sentimientos. Se quedó viéndola fijamente, y con voz queda murmuró—: Caderas anchas, pechos grandes, piernas esbeltas, aura mágica aceptable. Sí, es perfecta para darle hijos fuertes a mi Amo y Señor.
Alegremente para Erza, Natsu salió algunos minutos después de que el transporte se detuviera. Y para su sorpresa, por primera vez pudo ver que la expresión de la pelinegra se transformaba de una fría a una cálida, con una sonrisa hermosa y unos ojos que brillaban férreamente. La mujer clavó una rodilla al suelo, mientras bajaba la cabeza en una expresión de sometimiento absoluto.
—Mi Amo y Señor, Allister Dorian Driver, su sirvienta ha cumplido con su misión. Una de las Youtou fue localizada con éxito, además, Vivianne monta guardia. Si es tan amable, por favor, seguidme.
Natsu se mostró ligeramente desubicado al ver, nuevamente, de rodillas a Lilianne; "Tendré que arreglar esto más tarde". —Esperaremos a que Mirajane salga, después iré. Y haz el favor de ponerte de pie.
—Como usted ordene.
Minutos después ya estaban abriéndose paso en un bosque oscuro. Afuera todavía estaba el sol en el firmamento, pero en este lugar no entraba ningún rayo de luz, era como si el mismísimo bosque no quisiera mostrar el terror que guardaba dentro. Lilianne guiaba la expedición; Natsu llevaba de la mano a Mirajane, siempre advirtiéndole donde sobresalían las raíces y las ramas bajas. Y a Erza la dejó cuidando el carromato.
—Demasiado oscuro —musitó Mirajane, a pesar de lo tétrico de la situación, la mano de Natsu le transmitía tanta seguridad que ella podía seguir caminando en la oscuridad por mucho tiempo más. Y a medida que avanzaban, la oscuridad se volvió insondable.
—Ya llegamos.
Por un momento pensó que se había perdido, pero la voz de Natsu la sacó de su ensoñación y se dio cuenta que a menos de cuatro palmos estaban varias antorchas, a medida que sus ojos se volvían a acostumbrar a la luz pudo notar que no eran antorchas. Sí, emitían luz pero no calor. Además, en el centro iluminado estaban varios montículos rodeando una cúpula de oscuridad.
—Mi Amo y Señor —Vivianne tenía una rodilla en el suelo y la cabeza gacha, en su voz se notaba el respeto y el cariño por el pelirrosa.
"Tsk. Otra". —Io, Vivi. ¿Qué tal van las cosas por aquí?... Ponte de pie.
—Como usted ordene…
Mientras la pelirrosa explicaba algunas cosas, Mirajane se acercó al centro y pudo apreciar mejor la escena. Percibió que los encapuchados ya no irradiaban vida y que sólo eran estatuas adorando la oscuridad; mientras que del centro unas cadenas negras giraban y giraban hasta formar un domo pequeño para contener fuera lo que fuese que estuviera adentro. Avanzó al ver que en la oscuridad aparecían rostros expresando un sufrimiento atroz, las apariciones eran tan rápidas que no pudo contar cuantas eran.
Antes de que su mano alcance a rozar la superficie, Natsu la abrazó desde atrás. El temor y fascinación por la muerte, así como apareció, desapareció. —Mira, no debes ir. No podrás resistir y no quiero que te hagas daño. Eres importante.
—¿Qué es este lugar? ¿Y por qué me siento atraída?
—Es la manifestación del poder de una de mis espadas, y te atrae porque irradias vida. Todo es debido a que la despertaron de la manera incorrecta, mira esos montículos, esos fueron los magos que la despertaron y sus vidas fueron consumidas con tal de alimentarla. Además, Vivi la está conteniendo para que no siga produciendo más bestias. Amor, quiero que permanezcas aquí mientras entró. Tranquila, no me pasara nada.
Después de cerciorar que la albina estaba bien; Natsu le pidió (aunque ella tomara todo como una orden) a la pelirrosa que abriera un espacio. Ella era la que controlaba las cadenas, con el único propósito de que nada más saliera. Sin el menor atisbo de duda, Natsu se dejó engullir por la muerte. Al primer paso ya estaba rodeado de almas en pena, él las miró con desinterés y siguió su camino. Caminó y caminó y siguió caminando hasta que perdió la noción del tiempo. "Sin duda alguna, se trata de Hyakki Yagyö —finalmente hundió la mano y agarró la oscuridad hasta que esta tomo forma, toda la maldad se comenzó a comprimir, y en su mano ya estaba una katana de hoja negra, mango negro y funda negra— el poder de un ejército".
"La espada que le di a mi hermano —recuerdos de él y Nelliem lo invadieron, sonriendo, entrenando, jugando, corriendo por el castillo imperial, escondiéndose por largas horas, leyendo libros antiquísimos—. Sólo hay una forma de haberla obtenido…" la espada maldita fue almacenada en su sombra, sombra cortesía de Igneel.
La Youtou: Hyakki Yagiö [Espada de la Calamidad: Gran desfile de los cien demonios] era propiedad de Eliazar Nelliem Driver, hermano gemelo de Allister Dorian Driver. Esta espada, así como todas las demás, es inofensiva sino ha sido activada, convocada o despertada. Oración Seis se la entregó a Eisenwald, y después de muchos esfuerzos y las vidas de muchos lacayos, la despertaron. La habilidad especial consiste en producir grandes cantidades de cien razas distintas. El sacrificio fue bien recompensando ya que generaron el ejército que azotó a Malva, aunque solo fueron capaces de convocar ogros, goblins, hombres cocodrilo, hombres oso, hobgoblins, gorros rojos y escorpiones gigantes. ¡Aún faltaron noventa y tres razas!
Tiempo después, en un silencio completo, regresaron al carromato. Ya no era el mismo bosque, ya no estaba dominado por la oscuridad, algunos rayos del ocaso se abrían paso y arrancaban destellos hermosos de las hojas rojas. Otoño. El viento silbaba, y dentro de algunos días, los animales volverían a cantar entre tantas ramas.
Mirajane no pronunció palabra alguna. "Dentro de unos días" le había prometido Natsu, y aunque el tiempo no era especifico, esperaría. El trayecto a Fairy Tail fue de lo más tranquilo, cabe decir que Natsu estuvo todo el tiempo con Mirajane. Compartieron tiempo de pareja, no todo era hacer el amor para ellos.
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Fairy Tail 09:30 AM
Natsu se agachó y extendió los brazos, segundos después abrazó a Minerva y a Happy. Giraron un par de veces, bajó la atenta mirada del gremio. Ahí, en las puertas grandes de madera estaban casi todos: algunos tenían vendas, huesos rotos y moretones pero nada fatal. Con un vistazo determinó que nadie de los que habían ido estaba ausente. Pero no más enfocó su mirada en Lissana y Levy, lo demás dejo de importarle. "Esplendorosas" pensó. Lissana llevaba un vestido blanco hasta las rodillas, con un escote ligero, y un sombrero veraniego. En cambio, Levy lucía una falda naranja, atada con un cinturón negro y dorado, blusa blanca con bolitas negras, algunas pulseras, y una diadema con una margarita al lado izquierdo.
—Buen trabajo —felicitó a Levy, mientras mantenía en su nuca a Minerva y Happy sobre la niña. Se inclinó levemente y la mujer se puso de puntillas para besarlo. Todos los demás alternaron la mirada entre la sonriente Mirajane y el beso cálido, estaban con la boca abierta de la impresión, sin saber si iba a correr sangre o algo mejor. No faltó alguien que maldijera a los dioses y envidiara el éxito de Natsu con las mujeres.
Después de Levy siguió Lissana, ya para ese momento más de alguno lloraba sangre mientras otros silbaban de asombro.
—Ajem —Makarov interrumpió la escena que amenazaba con volverse rosa—. Mocoso, bienvenido seas. Antes de que se pongan cariñosos, ¿Por qué no entramos y comemos algo, mientras explicas lo que sucedió?
—Eres aburrido, abuelo —tomó de la mano a Levy y avanzó tranquilamente. Ya adentro, el antiguo maestro dio algunas órdenes y en muy poco tiempo estaban cuatro mesas dispuestas con sendos platos deliciosos. Las jarras espumeantes empezaron a desfilar por las mesas y cuando ya casi todos tenían una, gritaron a viva voz mientras alzaban las jarras.
—¡VIVA FAIRY TAIL! ¡VIVA EL CUARTO! ¡VIVA LA FAMILIA!
La algarabía dio inicio, y no se hizo esperar el relato de los que combatieron en Hargeon contra las huestes de Eisenwald. Cada quien se expresaba de manera vivida de la forma en que pelearon, en más de alguna ocasión salía a relucir la destreza de Levy, cosa que hizo sonrojar a la peliceleste. (Aunque por debajo de la mesa, y sin que nadie lo notara, su muslo derecho estaba siendo acariciado por Natsu).
Después, Mirajane se hizo cargo de que todos supieran la grandeza de su marido. Ella contó la batalla en Malva tal cual y como sucedió, sin olvidar ni un detalle y sin exageración alguna. Todos escucharon atentamente y quedaron sorprendidos, aunque algunos no creyeron todo lo que Mirajane pronunció. El resto de la tarde transcurrió en un ambiente festivo, donde empezaron la típicas peleas de borrachos y competencias bobas. Bajo la atenta mirada de los pocos que aún seguían conscientes, Natsu se llevó a Levy hasta la enfermería. Y Mirajane se encargó de que no hubiera miradas indiscretas.
El último miembro del gremio se retiró casi a medianoche, ya para ese momento Natsu, Minerva, Mirajane, Lissana y Happy estaban en la casa Strauss descansando o haciéndolo. Levy en cambió dormía plácidamente en los brazos de un clon estando aún en la enfermería. Horas después, dicho clon se hizo cargo de la limpieza y reparación del lugar. Cosa sumamente fácil al emplear Arca del Tiempo para restaurar todo a la normalidad.
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[Hola, nuevamente el autor entra a molestar. Aquí debería ir un sexytime intenso, pero, si, sí, lo sé, se me está haciendo costumbre… en fin, como no quería hacer la lectura muy larga y aburrida lo puse como el segundo capítulo de Las doncellas de un Rey. ¡Enserio! El capítulo tiene más de 18k palabras y tanto lemon lo llevaría por las 30k palabras, así que esperen en mi historia alterna llena de sex~o]
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Magnolia 07: 25 PM
Dos días después de haber regresado de Malva, en la residencia Strauss estaban los Dragneel, exceptuando a Ultear y Meredy.
Natsu espero a que todos terminaran a cenar, para convocar la reunión y terminar de una vez por todas con algunas mentiras. Se había tardado más de la cuenta por esperar a Cana, pero eso sólo era una excusa, su demora se debía al temor de ser repudiado. Después de todo, asesinó a tantas personas sin discriminar edad o sexo, y aunque estuvo preso por varios siglos aún no ha pagado por sus pecados. "No, no es momento de andar pensando en eso —suspiró cansado mientras esperaba a que todas se reunieran—. ¿Qué digo? ¿Cómo empiezo? ¿Desde el principio o el final? ¿Les digo lo de las incontables muertes que cause? ¿Me odiaran o me seguirán amando?".
Un par de destellos dorados sucedieron mientras él seguía meditando. Vivianne se situó a la derecha, mientras Lilianne tomaba el lado izquierdo. Finalmente Lissana tomó asiento al lado de Cana; quedando todas al frente de Natsu.
—¿Y bien? —preguntó Mirajane, con un gesto neutro, aunque por dentro estaba feliz de que ese «te explicare dentro de unos días» por fin había llegado. Ella estaba en medio, a su derecha están Lissana y luego Levy, mientras a su izquierda se mantiene Cana y por ultimo Erza. Todas ocupaban un sofá semicircular de cuero negro, sofá que en ocasiones es empleado como asidero por cualquiera de las chicas cuando hacen el amor.
—Maa~ yo quiero algo de amor —se quejó Cana. Ella regresó hace algunas horas de Blue Rose con todo el botín de Eisenwald y según ella, todavía no había recibido la recompensa adecuada para tan ardua labor. Cierto, Natsu había dicho que renunciaba a los tesoros y los entregaría a los E. Fiore, pero no había dicho cuándo, ni donde, ni que iba a entregar—. ¿Y qué pasa con esta atmosfera lúgubre?
—Natsu tiene algo importante que decirnos —terció Lissana, antes de que Mirajane regañara a su nueva hermana—. ¿Esperaremos a Ultear y Meredy?
Natsu negó. "El tiempo que he compartido con ellas no es nada si lo comparo con ustedes. Además, aún están bajo el poder de Grimorie y no quiero arriesgarme —su desconfianza está fundamentada en la traición que recibió de su primer gran amor—. Pero, es mejor no decir ciertas cosas" pensó. —Coincidir con ellas es difícil, y ya no quiero darle más vueltas al asunto. Cuando las vea, les diré lo mismo que a ustedes. Así que, por el momento escuchen, no importa cuán inverosímil suene. Lo que estoy por decirles es verdad.
La seriedad de Natsu provoco que Happy dejara de revoletear y reposara en el regazo de Lissana. Incluso, la somnolienta Minerva despertó por completo y se acomodó en el regazo de Mirajane. Cana dio un largo trago antes de prestar atención, aunque en su mirada se notaba el deseo que tenía. Levy, por su parte, cerró el libro que estaba leyendo y se enfocó en él. Erza igual, hizo a un lado la novela erótica y se limpió la sangre de la nariz, en su mirada se notaba que tenía nuevas ideas para poner en práctica.
Natsu se rascó la cabellera, y después de un largo suspiro, se puso de pie. Recorrió a zancadas la estancia y se volvió a sentar, nuevamente se rascó la cabellera y antes de que ellas se impacientaran más, por fin inició su relato —Bien. Esto no lo recuerdo perfectamente, hay partes que aún están borrosas, así que Vivi y Lili, cuando crean conveniente, intervendrán.
Las dos mujeres asintieron.
—Enton…
—¿Y si mejor me lo cuentas en la cama, con tu cuerpo sobre el mío? Apuesto, que todas preferiríamos eso.
Natsu negó. —Dios sabe cuánto me agrada la idea, pero no. Cuando lo hacemos, ustedes se olvidan de quienes son. —Ante la verdad no les quedó de otra más que sonrojarse y asentir disimuladamente—. Ni modo —terció antes de que alguien más lo interrumpiera—. Hace más de mil años el mundo estaba dividido en tres grandes facciones. El Imperio Kou liderado por los Ren, el Imperio Elfico comandado por los Tiff y el Imperio Driver dominado por los Driver. Este último, ocupó todo este continente y parte de Arakitashia. Bajo la alianza de los tres imperios, todo fue paz, prosperidad y tranquilidad para el mundo…
—No —interrumpió Levy—. En lo que leí se habla sobre un mal que se cernió sobre el mundo y me atrevo a decir, que ese mal destruyó gran parte de estas tierras.
—Cierto, muy cierto. Pero la humanidad de ese entonces no dista mucho de la de ahora; la paz nunca es absoluta ni duradera, en esos tiempos, muy de vez en cuando, sucedían revueltas de los reinos vasallos, revueltas incitadas por personas con ansias de poder. En fin, yo nací en esa época de paz —con la mano evitó interrupciones—. Sí, nací hace más de mil años. Yo fui Allister Dorian Driver último regente del Imperio Driver.
Aunque su tiempo como tal fue breve, bien dicen que tarde o temprano todo se paga. Se tomó un vaso de agua mientras dejaba que las mujeres asimilaran la noticia, incluso Cana dejó la botella a un lado y miró a las demás en busca de una confirmación.
—Todo lo que dice Natsu-sama es verdad —confirmaron a coro las sirvientas—. Él es el último con vida de la dinastía Driver.
Natsu las miró fijamente y ellas le devolvieron la mirada. Todas tenían diferentes expresiones, desde la incredulidad (Lissana), asombro (Happy y Minerva), interés (Levy), deseo (Erza y Cana) y la expresión de Mirajane mostraba preocupación. Ella mantenía los ojos cerrados y el oído atento, como si escuchara las dudas del corazón de Natsu. "Sin duda alguna es la mujer perfecta. Pero aún no he dicho lo peor. ¿Me seguirá amando?"
—¿Emperador? —Los ojos azules de Lissana tenían un tinte de escepticismo—. ¿Y tu nombre, el de Natsu Dragneel?
—Bueno, eso es parte de mi historia. Ya lo contaré más adelante.
—Entonces, oí bien. ¿Verdad? Estás diciendo que eres más viejo que el abuelo… Aunque te conservas bien para ser tan viejo. Y que fuiste emperador de no-se-que-reino.
—Un abuelo sexy, ¿eh? —Natsu sonrió por la referencia de Cana—. Y fue el Imperio Driver.
Los ojos de Levy brillaron expectantes, para nadie era secreto que ella valoraba el conocimiento nuevo sobre cualquier cosa. Y tener a un sabio milenario como amante era algo que no desaprovecharía. —¿Cuál es la magia que permite vivir tanto? ¿Cuán poderosa era la magia de ese tiempo? ¡Espera, espera, espera! ¿Fuiste Emperador, entonces como administrabas el Imperio? ¿La arquitectura? ¿El comercio? ¿Cómo era todo eso hace mil años?
—Maa, maa. Cálmate Levy, ya habrá tiempo para eso —Lissana impidió que Levy se pusiera de pie y la peliazul con un puchero volvió a tomar asiento.
Sin siquiera darse cuenta, Natsu se acabó el vaso de agua que Vivianne tan naturalmente le ofreció. El traje de sirvienta no era sólo un adorno, ella se fijaba en cualquier cosa que tuviera que ver con Su Amo y Señor y haría todo lo imposible con tal de mantenerlo satisfecho. Como si no fuera gran cosa, sirvió postres y té para las damas, dulces para la niña, pescado para el gato y volvió a llenar el vaso del pelirrosa; todo sin que se viera extraña o fuera de lugar.
—Aún falta, ¿verdad?
Natsu suspiró por enésima vez. —Si Mira, aún hace falta mucho. Bien, prosigo. Sí, nací hace mil años y como tal tuve familia. Mi padre fue el emperador, Gid Lucione Driver, numero doscientos catorce y mi madre, Sephie Michaela Driver, fue la emperatriz numero doscientos setenta y ocho. Tuve catorce hermanas menores y seis hermanas mayores; varones solamente fuimos mi gemelo, Eliazar Neliem Driver, y yo —un sabor amargo inundó su boca al recordar el rostro ensangrentado de su hermano, rápidamente apartó ese recuerdo y siguió—. Como nacimos con sangre imperial tuvimos una vida llena de lujos y nunca nos faltó nada, si queríamos algo sólo lo pedíamos.
Natsu hizo otra pausa, permitiendo que las chicas comprendieran la magnitud de su procedencia y que asimilaran todo lo que estaba diciendo. Con la vista comprendió que ninguna de ellas lo repudiaba, le temía o lo consideraba una amenaza. La expresión de Minerva le sacó una sonrisa, era como si dijera: «Waa~ mi papi es un emperador, entonces yo soy una princesa». Happy, en cambio, babeaba imaginándose un imperio lleno de muchos peces. Pero, la mujer que más le preocupaba mantenía una mirada insondable; sus ojos azul eran tan profundos como un océano y no podía ver a través de ellos.
Retomó el relato y les contó desde donde podía recordar: su infancia como Allister Dorian Driver; las personalidades y nombres de sus hermanas; cómo fueron sus padres, la hermosa y comprensiva Sephie y el estricto y divertido Gid; las tediosas clases de ciencia, de astronomía, de algebra que en lo personal prefería cambiar por las de magia, alquimia y armas; los días lluviosos, los calurosos, los ventosos; los entrenamientos con Nelliem, con Gid, ocasionalmente contra alguna de sus hermanas; los fantásticos vuelos a lomos de grifos… en fin, les habló de una vida distante y llena de maravillas, algo fantasioso y que ahora se consideraba un mito.
Durante toda la conversación, las mujeres preguntaron abiertamente cosas sobre su vida anterior. Natsu pudo notar que ellas tenían sentimientos encontrados, tristeza y felicidad. Por un lado, estaban tristes ya que frente a ellas estaba un Natsu que a la vez no era el Natsu que ellas habían conocido, él vivió otra vida y compartió muchas primeras veces con otras mujeres que no fueron ellas. Y a la vez felices por tenerlo; por poder encontrarse con él.
"Que no daría por ser capaz de leer lo que piensan —negó— pero eso sólo puede traer problemas en el futuro". —En conclusión, desde el día que nací, al igual que mis hermanas, fui educado para gobernar, hecho para superar a cualquiera e incluso a los de mi sangre. Sin miedo a nada… Como tal, desarrolle una personalidad torcida e inhumana. Engreído y soberbio. A mis ojos todos los que no pertenecían a la realeza eran simples hormigas y los demás, eran obstáculos a superar.
Para ese momento, Happy ya estaba rendido y hecho una bola azul en el regazo de Lissana; en cambio Minerva daba bostezos largos y profundos, en ocasiones se frotaba los ojos para espantar el sueño, pero al final también sucumbió y usaba los pechos de Mirajane como una almohada. Por lo demás, las mujeres aún se mostraban atentas y ocasionalmente soltaban lindos bostezos.
—Es mejor que vayamos a dormir, aún hace falta mucho que responder. ¿Por qué he vivido por más de mil años? ¿Por qué fui el último Emperador? ¿Por qué me llamo Natsu Dragneel? ¿Por qué hasta ahora estoy hablando? Y aún hay muchas más que surgirán —Faltaban las más escabrosas, esas que podían causar repudio y asco. Y la posibilidad de perderlas le dio miedo, antes de darse cuenta la lengua se le fue de más—. ¿Pero, me seguirán amando?
—Si —respondieron al unísono sin pensarlo un segundo, ni siquiera se sintieron ofendidas de que Natsu dudara del amor que le profesaban. Ni la inseguridad en las palabras de Natsu. La respuesta salió tan natural como si se tratara de respirar.
Una amplia sonrisa se apoderó de su rostro. Todo temor fue borrado con una sola palabra pronunciada por siete voces diferentes. Mirajane lo puso de pie y lo besó. —Tonto —le dijo—. No subestimes el amor de una mujer.
—No es justo —se quejó Cana—. Es mi turno de ser premiada, después de todo hice un buen trabajo trasladando todo lo que obtuviste destruyendo a Eisenwald.
—Si hablamos de méritos, entonces nosotras siempre seriamos las primeras de la lista —objetó Virgo con su voz pasiva—. ¿Verdad, Natsu-sama?
Natsu se rascó la mejilla mientras se quedaba sin salida. La noche aún era joven y eso significaba que ellas tenían tiempo suficiente para demostrarle cuanto lo amaban. Las hermanas Strauss dejaron en otra habitación a Minerva y Happy y así evitaron futuros traumas; cuando regresaron a la sala, miraron a Natsu nuevamente sentado en el sofá plenamente ocupado: la mano derecha estaba debajo de la falda de Virgo, mientras ella mantenía los ojos cerrados y un tenue rubor en las mejillas; la mano izquierda estaba debajo de la falda de Libra; el cuello lo tenía hacia atrás para poder besar a Levy; y Erza y Cana estaban dándole una felación.
—Mira-nee, al ritmo que vamos, ya no quedara espacio para nosotras.
Mirajane sonrió de lado. —Ja. ¿Es que ellas no saben que las anfitrionas se sirven primero?
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01:30 AM
Esa noche, Natsu miraba el techo oscuro de la habitación; estaba sentado en el piso mientras era acompañado por Virgo y Libra. Ambas mujeres tenían la cabeza apoyada en los hombros de Natsu. En otro lado de la habitación, Mirajane y Lissana Strauss dormían profundamente rodeando a un clon, al igual que Cana, Erza y Levy.
—En algún sitio habitaba un sueño pequeño, nadie supo quién lo había soñado —la dulce voz de Virgo rompió el silencio—. Era realmente pequeño; el sueño pequeño pensó y pensó, hasta que un día tuvo una idea.
—Puedo hacer que todos permanezcan dentro de mí y ellos construirán mi mundo —Libra se unió a la pelirrosa—. La primera Alicia era de gran espíritu y con su espada un día al fin llegó a otro confín.
Los ojos de Natsu se tornaron carmesíes y dejó escapar un suspiro aletargado.
—Derramando sangre ajena sin ninguna inquietud consiguió crear un río rojo carmesí.
—Pero esta Alicia, tal como a un criminal, fue encerrada en la oscuridad de un bosque sin piedad. Los caminos de ese boque sinfín eran un misterio que nadie pudo descubrir.
Natsu derramó dos gruesas lágrimas. —La canción maldita de las cuatro Alicias y White Rabbit.
—Natsu-sama, desea que paremos.
—No, sigan, la canción es de mi gusto. Los primeros versos son de White Rabbit y los segundos versos son míos; los que siguen son de Zeref y los demás no se de quien son.
—Tampoco nosotras sabemos quiénes son las otras Alicias, el dios In se ha hecho cargo de mantenerlos como secretos bien guardados.
Las mujeres volvieron a cantar el resto de la melodía mientras Natsu recordaba viejos tiempos. Tiempos que compartió con la hermosa Eralissë Fariel Tiff su White Rabbit. La rubia pechugona que estaba destinada a ser su primera esposa, aunque eso ya cambió. "Dentro de poco le pediré matrimonio a Mira" pensó.
A la mañana siguiente creó varios clones; uno para que se encargará del entrenamiento de Minerva, otro que gestionará las actividades y papeleo acumulado del gremio; uno más para entretener a Cana mientras él, el original, se hacía cargo de las remodelaciones de Oberon's Forest para que quedará a su gusto. Ya por la tarde, casi cuando el sol se ocultaba, se volvían a reunir en la sala para seguir hablando del pasado de Natsu.
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Al siguiente día…
A pesar del otoño, el día era cálido y tranquilo. Perfecto para una expedición en el bosque tranquilo de Magnolia.
—¡Waa~! —exclamó Minerva antes de salir en persecución de un conejo blanco; la niña tenía pantalones negros, zapatos deportivos y blusa holgada, un atuendo perfecto para aventurarse en el bosque. Happy extendió las alas y siguió a la niña. Todos caminaban a través del bosque de Magnolia. Ese día Natsu preparó el desayuno, y después de un rapidin con Lissana emprendieron la marcha hasta Oberon´s Forest, aunque para ellas sería una sorpresa.
—¿No se perderá? —Levy estaba agarrada de la mano izquierda del hombre; la mujer lucía un vestido naranja tan pequeño que cuando se agachaba se le podía ver las bragas negras. Un bolso blanco con algunos libros y sus gafas adentro; un listón rojo en su melena azul y zapatillas cómodas completaban su atuendo.
Natsu negó. Hoy llevaba una playera roja pegada al cuerpo, pantalones holgados color azul, sandalias; la cadena roja en el cuello y el blasón del gremio en la espalda. —No te preocupes Levy. Ellos están en mi bosque y nada les pasará.
Mirajane siempre estaba a su derecha, y hoy no era la excepción, ese lugar le correspondía por derecho. Como siempre, ella estaba hermosa y radiante con su vestido campestre de color rojo, zapatos de tacón ancho y sombrero a juego. Quien la viera no se lo creería, después de todo, hace no mucho tiempo ella y la palabra femenina no combinaban; su estilo de doncella indomable, buscapleitos y salvaje ahora era cosa del pasado. Bien dicen, que cuando una mujer está enamorada cambia de gran manera. ¡Y vaya cambio el de Mirajane! —Tu bosque —en su voz no había duda, cualquier cosa que dijera Natsu, por muy disparatada que fuera, resultaba ser verdad—. Creo que tengo una idea de adónde vamos.
—¿A sí?
—Ajá.
A un par de metros detrás de ellos iba Erza. Hoy estaba distinta, no sólo eran sus ropas sino que también su comportamiento. Tenía las mejillas sonrojadas y su andar era algo errático; y a cada tres pasos soltaba un gemido. Esa mañana, antes de que siquiera desayunaran, Natsu la llevó hasta otro cuarto de la casa Strauss. Recordó las palabras del hombre y el tono condescendiente que empleó: «Me entregaste tu vida, tu cuerpo y alma. Eres mía y como tal, debes cumplir todas mis órdenes». Ella asintió. Él la arrinconó contra la pared y la besó con fiereza; le acarició los pechos sin delicadeza, y a pesar de la brusquedad, ella gimió dulcemente.
«Sí, soy tuya y haré lo que me pidas».
«Perfecto, entonces haz lo que te diga Vivi».
Y ahora tenía un traje de sirvienta, con el vestido azul hasta medio muslo, casi como minifalda; delantal blanco con la leyenda 'De Natsu' escrita a fuego; escote pronunciado; medias negras hasta el muslo; katyusha blanca y de guirnaldas; zapatos de tacón alto; todo el conjunto la hacía lucir sumamente erótica y sensual. En el interior, y lejos de la vista de cualquiera, su ropa interior es erótica, tan erótica que «Siempre estarás disponible para cuando Natsu-sama te quiera impregnar» idea que no le desagradaba del todo. "Así seré la primera en darle hijos" pensó con satisfacción.
Finalmente, la marcha la cerraban Cana y Lissana. Lissana llevaba de la mano a una somnolienta Cana, quien la noche anterior fue la única que recibió el cariño del pelirrosa. La albina tenía un vestido blanco, contrario al de su hermana, con un cinturón negro; zapatillas cómodas, y un sombrero veraniego. —Vamos, vamos. Que nos están dejando atrás.
—Déjame descansar un rato —se quejó la morocha. Hoy usaba calzas del color de un jaguar, y un bikini a juego. Su cabello negro se mecía libre al ritmo de su paso—. Preferiblemente en los brazos de mi hombre.
Cabe destacar que todas las mujeres, sin excepción alguna, lucían exquisitas alhajas: collares, pulseras, cadenas, pendientes, anillos, brazaletes; con incrustaciones de amatistas, rubíes, zafiros, madreperla, diamante negro. Todo parte de los tesoros imperiales. Después de charlas banales y coqueteos con Levy y Mira; el grupo llegó hasta la zona más espesa y oscura del bosque: su corazón. Ahí el follaje de cada árbol es tan espeso que hace casi imposible que la luz solar alumbre como es debido.
Antes de que se adentraran más, Minerva regresó con el conejo en los brazos. Estaba sucia y con arañazos en los brazos y algún rasguño en la cara, las rodillas las tenía lodosas pero su sonrisa era hermosa: una sonrisa de felicidad, no hay expresión más clara del buen cambio que dio Natsu a la vida de Minerva. Happy flotó hasta posarse en la cabeza del pelirrosa. La niña lo siguió sin miedo alguno.
La caminata se hizo extensa pero segura gracias a la luz que emanaba del puño alzado de Natsu. Finalmente, llegaron hasta un claro bien iluminado, con pasto verde y rodeado por árboles centinelas; en el centro se alzaba un árbol grueso y alto, con un vistazo se puede decir que el árbol esta chamuscado hasta la medula y que con cualquier soplo la ceniza volaría, pero eso no sucedería.
—Bien, esta es la sorpresa —anunció Natsu con una sonrisa de oreja a oreja. Las mujeres lo miraron con escepticismo ya que no había nada sorprendente en un árbol quemado.
Levy sopesó las palabras del hombre y recordó otras palabras que él le había dicho cuando eran niños. «Levy, este bosque será mío y aquí construiré mi casa». Claro que cumplió su palabra, sólo que la casa se hizo ceniza hace algunos meses… —Aquí estaba tu casa, justo en ese árbol… Y el bosque se ha recuperado por completo en muy poco tiempo, algo extraño a menos que hayas intervenido. Volviste a construir tu casa en este lugar, pero oculta.
Natsu la besó mientras giraban un par de veces, haciéndola sonreír. —Sí Levy, esa es la respuesta correcta. Pero déjame corregirte un error circunstancial: Ya no es mi casa ahora es nuestra casa —les sonrió cómo sólo él sabía hacerlo y ellas comprendieron que se refería a todas.
—¿Por qué oculta y en un lugar tan sombrío?
La mirada de Natsu se ensombreció. —Porque no quiero que vuelva a suceder lo mismo que hace mil años, Y las demás razones están en mi pasado. Vamos, adentro les terminaré a contar mi historia —Natsu apoyó la mano el centro del árbol y después se retiró, dejando que las mujeres presenciaran el espectáculo, breve pero mágico: desde la base surgieron líneas blancas, dividiéndose en varias direcciones, girando y volviéndose a encontrar hasta formar una puerta negra con flores blancas.
—Waaoo~ —la niña expresó su sorpresa de una forma tan infantil que enterneció a Natsu, además también sonrió para sí mismo al ver las expresiones de perplejidad y asombro en cada mujer.
—Vamos, que esto sólo ha comenzado —las chicas lo siguieron y segundos después se encontraron con algo totalmente distinto.
Cuando Lucius terminó la obra de construcción, el lugar alrededor de la mansión era yermo y sin vida. Pero ahora, gracias a las remodelaciones que hizo Natsu a través de Class Myrddin se puede apreciar un cambio radical: un claro primaveral de un aproximado de tres kilómetros cuadrados; rodeado por una arboleda espesa y tupida de pinos, cipreses, abedules, manzanos, naranjos, ceibas y varios más; y un camino blanco que serpentea hasta las cuatro edificaciones que superaran en tamaño a Fairy Hills.
Natsu se adelantó unos pasos y giró sobre los talones para encararlas. —Bienvenidas a Oberon's Forest; que desde ahora será la casa de los Dragneel.
Las fuegos pirotécnicos volaron y estallaron llenando el cielo de destellos rojos, azules, amarillos y verdes, aunque por ser de día no se vieron tan magníficas como él había planeado. —Oohh~ —Vivi y Lili aplaudieron al unísono, haciendo un pachi, pachi, pachi lento y tranquilo; ese ritmo, aunque sin intención, era más burlón que alegre.
El ánimo de Natsu cayó tres grados. —Vivi, Lili, cuando aplaudan deben hacerlo con más ánimo… y con verdadera sorpresa —un segundo después el aplauso se generalizó—. Mira~ —Natsu regresó con Mirajane y se escondió entre sus pechos, cosa que la hizo sonreír.
—Ya, ya, Natsu, cálmate.
Las sorpresas no terminaron ahí, no, apenas estaban poniendo un pie en el complejo residencial Oberon's Forest. El edificio principal, que es el del centro era la mansión de cuatro pisos, en forma de cruz y cuatrocientos metros cuadrados de construcción; la mansión se elevaba diez metros del suelo y estaba sobre una plataforma de piedra caliza y cemento; la pintura de la casa se asemejaba a las llamas ardientes del joven dragón con fondo negro.
Las mujeres alternaron la mirada entre él y la mansión de cuatro pisos, comprendieron que era mejor acostumbrarse a estar siempre sorprendidas cuando él les hablara sobre sorpresas. ¡Y que sorpresa! Quien iba a imaginarse que en pleno corazón de bosque estaría una mansión imponente y destinada para ellas que en el futuro albergaría a toda la estirpe Dragneel. Además, de que al lado izquierdo y derecho estaban otros dos edificios ligeramente más pequeños.
—Uno es un centro de entrenamiento y el otro un centro de relajación; además, atrás está una especie de biblioteca.
—¿Licorería?
—Adentro, a la derecha —Cana desapareció en casi un parpadeo—. Vaya, sí que tiene prisa.
Un par de minutos después, se oyó un grito de emoción. «Natsu, hazme un hijo».
—Yo quiero más de uno —musitó Levy antes de sonrojarse furiosamente
—Ohh~, tenlo por seguro Levy, tendremos muchos ya que esta casa no se llenará sola —para ciertas cosas Natsu resultaba ser muy perceptivo, y la expresión de Minerva no escapo de su mirada, la alzó y le sonrió—. No te preocupes, Minerva, tú y Happy también son mis hijos.
Después del momento empalagoso, arribaron a la entrada de la casa: el piso es de madera prensada de un dorado suave y en ocasiones oscuro. Los postes, dinteles y tendales son del blanco característico de las «Vigas de Adán» y en el resto de madera, donde no había pintura de fuego, predomina el negro del ébano. Un detalle curioso es que en los exteriores de la casa no hay ni una puerta.
—¡Wow! —Minerva estaba muy sorprendida, y era de esperarse, desde que su madre murió ella vivió en bosques oscuros, cavernas, bajo las escaleras y, sólo hasta que conoció a Natsu tuvo la dicha de volver a entrar en una casa decente. Pero nada comparado a su nuevo hogar: el piso lustroso hasta tal punto en que fue capaz de ver su reflejo; la madera blanca tenía líneas más blancas que formaban intrincados patrones; las gradas de jade negro ascendían en espiral hasta los pisos restantes.
El lugar exudaba belleza y elegancia. "Todo está al nivel del Maestro —Lilianne se permitió una ligera sonrisa— tal como fue antes, en el palacio imperial". Cada acabado era fino y de la más alta clase.
—¿Cuánto te costó todo esto? ¿A quién extorsionaste con tal de conseguir semejante palacio?
—Mira, dañas mi orgullo. Yo soy incapaz de extorsionar a alguien. Bueno, talvez sólo un poco. Pero te juró que la mansión fue un regalo, y los demás edificios los construí; aunque hubo algunas cosas que al final termine modificando.
Ella lo miró fijamente.
—Bueno, pague alrededor de cuatrocientos quintales de jewels. —Las chicas que estaban examinando los detalles de la casa giraron la cabeza como si fueran robots y lo perforaron con la mirada—. No, no, no. No asalte ningún banco. La mayor parte era de Eisenwald y lo demás fue de mi ahorro para emergencias. Jaja-
Antes de que siguieran, Cana surgió del lado izquierdo y no más lo vio, echó a correr y casi lo taclea para poder plantarle un enorme beso; en la mano derecha llevaba una botella de vino verde con un par de tragos menos. —Amor, enserio, hagámoslo —se quitó el sostén—. Aquí y ahora, quiero un hijo. Este vino es un elixir de dioses.
Lissana tapó los ojos de Happy, mientras Levy hacia lo mismo con Minerva.
Mirajane suspiró cansada y de un golpe dejó fuera de combate a la morocha. —Enserio, es que acaso no recuerda la regla de no hacer nada indebido frente a nuestros hijos.
Natsu sonrió, le gustaba ese nuestros hijos, sonaba tan especial que le dieron ganas de generalizar la petición de Cana, pero tenía algo por terminar. —Vamos, Mira. Mejor terminamos lo que deje inconcluso ayer.
El grupo entero se acomodó en la sala; en la estancia había dos sillones semicirculares de piel roja y exquisita al tacto, además de una mesita hecha de jade blanco. El lugar era suavemente iluminado por la lámpara en forma de búho incrustada en el techo.
Vivi repartió pastelitos mientras Lili llenaba las tazas de té. —Bien, ya les conté mis primeros diez años de vida como Allister, ¿por qué estoy vivo después de mil años? ¿Cuál es mi relación con Igneel? ¿Quién destruyó al Imperio Driver? Para responder es necesario que sepan lo que pasó antes.
»A los once años mate por primera vez como ceremonia de adultez… y disfrute hacerlo. Desde ese día, me entrené en la profesión de asesino; luchar, entrenar, estudiar, comer y dormir, esa se volvió mi rutina hasta antes de cumplir trece. Justo unos días antes discutí con mi hermano; yo siempre miraba a los demás como seres sin valor algo que disgustaba a Neliem y también a mi padre, él me castigo. Estuve varios días sin poder salir de mi habitación y una noche conocí a In Veliazar, quien estaba disfrazado.
El ambiente se volvió oscuro, Libra y Virgo emanaron hostilidad al no más escuchar ese nombre. Natsu tomó las manos de ambas chicas e hizo que se sentaron con él. El gesto fue suficiente para calmarlas.
—¿Quién es él? —Se rascó la cabellera—. Él es un dios, aunque en ese tiempo no lo sabía, tiene muchas habilidades y es demasiado fuerte. No importa como lo vea, aun si uso todo mi poder y todas mis habilidades no creo ser capaz de vencerlo. En fin, gracias a él decidí viajar por el mundo; en mi aventura conocí a muchas personas y forme incontables lazos. Vivi y Lili son prueba de ello.
Él narró su aventura recorriendo el mundo de hace mil años; contó las anécdotas y vivencias con las culturas de ese entonces: el Reino Enano oculto en la montaña; Fae Balgaen, la ciudad de las bestias oculta entre los árboles; Aporis, Menphis y Siropa que fueron las ciudades de los centauros; Estrella, Firian, Tunklai y Geola que fueron los reinos de los elfos, Fukai Mori la capital del imperio elfo; Aqua Hertia la ciudad de las sirenas y tritones; otras ciudades de los cuatro continentes. También les contó las peleas que inició por diversión; los lazos que formó; como creció la colección de sus espadas, que en ese entonces aun no estaban malditas; así como la adquisición de sus armaduras y escudos, masas, lanzas, arcos y un sinfín de armas más.
—De ese modo, recupere mi humanidad, fui más consciente de mi entorno y de los seres vivos que me rodeaban. Puedo decir, que gracias a ese viaje me volví humano. Y es ahí hasta donde recuerdo, lo demás son memorias borrosas e inconexas.
—Vaya —expresó Mirajane—. Todo lo que has contado es sorprendente y aunque sea difícil de creer, te creo y acepto quien eres. Pero aún hay cosas que no están claras. Tengo algu-
*Grrrr*
Natsu sonrió mientras Minerva agachaba la cabeza apenada. —Bueno, creo que es mejor que hagamos una pausa y cenemos. Además, tienen que explorar la casa y elegir la habitación que deseen.
Virgo y Libra se pusieron de pie. —Permítanos.
—Bien, mientras esperamos, tienen cosas que preguntar, así que empezaremos de derecha a izquierda.
Mirajane carraspeó y observó a todas en busca de un entendimiento mutuo. El pasado de Natsu era sorprendente pero nada fuera de lo común considerando que él siempre, desde que se unió a Fairy Tail, fue un buscapleitos que a la primera provocación se enfrascaba en una pelea y después actuaba como si nada hubiera pasado. No, para ellas no importaba que Natsu hubiera vivido tantos siglos antes que ellas. Lo más importante era otra cosa. —Has vivido por mucho tiempo y has hecho cosas sorprendentes, pero hay algo que no has mencionado —hizo una pausa de suspenso—. ¿Te casaste? ¿Tuviste hijos?
Natsu se secó la frente y respiró entre aliviado y preocupado ya que la pregunta implicaba muchas cosas. —No, no me casé pero estuve cerca de hacerlo —la añoranza no pasó desapercibida para las chicas—, y tampoco tuve hijo, o no que yo recuerde.
Lissana levantó la mano. —¿Cómo era ella? —Todas tenían la curiosidad de saber quién fue la mujer que estuvo cerca de casarse con Natsu.
Desde que Mirajane hizo la pregunta, sabía que era inevitable hablar de ella. Todo de ella lo había enamorado: su cabello rubio que en las noches de luna parecía plata liquida; su sonrisa blanca y perlada que siempre le mostraba cuando estaban juntos; los labios carmín que eran tan dulces y adictivos; los ojos rojos que lo miraban con afecto. Le cosquillearon las manos cuando recordó el tacto de la piel de porcelana de su musa; la sensación de cuando se derramaban los pechos entre sus dedos; también recordó lo rojas que se le ponían las orejas cuando la molestaba. "Sí, la ame tanto que destruí el Imperio por ella".
—Ella —enfocó su mirada en Mirajane y luego en Erza, después en Lissana, Cana y Levy—. Ella se llamaba Eralissë Fariel Tiff fue una mujer sorprendente y maravillosa; ella fue la mayor influencia para volverme más humano. —Natsu apretó los puños y su mirada se ensombreció—. No quiero hablar más de ella.
"Tiff —Levy recordó que Natsu había mencionado ese apellido y que era parte importante del mundo de hace mil años—. Vaya… aunque ahora que lo pienso, no es de sorprender considerando que él fue emperador". Antes de que formulara su pregunta, Natsu zanjó el tema y como si le hubieran leído la mente, Virgo y Libra anunciaron que la comida ya estaba servida.
La sensación ambigua que tenían las chicas fue borrada por la sorpresa de ver la sala. La estancia daba al jardín frontal, que para ese momento ya estaba oscuro, y el piso cerámico era de un uniforme blanco con motas negras; la mesa era de madera verde jade con ondulaciones de un verde más claro. En las patas y en los bordes hay diamantes amarillos incrustados en la madera, perlas nacaradas y más piedras preciosas; el acabado de la mesa era fino y majestuoso. Tenía dieciocho sillas y cada una hacia juego con la mesa. Todo el conjunto brillaba como acero bruñido, aunque el brillo también provenía del grifo azul y rojo incrustado en el techo.
Cana tenía la mandíbula desencajada y después de un trago largo de su elixir, habló. —Sabes, realmente eres de la realeza. Cada cosa que veo en esta mansión es hermosa y sin igual; todo tiene un aura de magnificencia y elegancia. ¿Acaso añoras tu vida como emperador?
Natsu tomó asiento y las chicas lo imitaron. —No Cana, no añoro mi vida como Emperador. Todo lo que ves son los tesoros que Vivi y Lili resguardaron por cientos de años; cierto, todo esto formó parte del Castillo Imperial y por derecho me pertenece. Pero no, no añoro mi pasado. Esa vida fue complicada.
Lastimosamente para Natsu, Virgo y Libra no concordaban con eso y sirvieron platos extremadamente lujosos. Carne de basilisco bañada en salsa arcoíris; ensalada de naparas con trozos de conejo cornudo; filete de pez gallo con vegetales asados; cidra azul y roja. Las chicas miraron fijamente a las sirvientas, reconociendo que ellas eran las rivales más difíciles para jugar el papel de esposas devotas: bellas, de buen cuerpo, sumisas y excelentes cocineras, aunque sólo hacía falta saber si podían con él en la cama. Las dos sirvientas ladearon la cabeza confundidas y segundos después sonrieron con suficiencia.
Natsu tragó. "Espero no terminar mal parado en medio de esta guerra de mujeres". —Siéntense y coman con nosotros, son parte de mi familia.
—Desde mañana nos repartiremos las tareas domésticas —añadió Mirajane—. Todas estamos en igualdad.
—Gracias por la comida —Natsu probó lo primero que le sirvieron, e involuntariamente hizo lo que no debía—. Wow, que delicioso. Esto es estupendo.
Las chicas lo miraron seriamente, después probaron la comida e hicieron lo posible para no demostrar sus rostros de satisfacción al probar algo tan exquisito. "Sí, definitivamente tendré que aprender a cocinar" pensaron las chicas. Y la rivalidad entre ellas volvió a surgir. Comieron en silencio, deleitando el paladar con exquisiteces ya olvidadas.
—Natsu —Erza llamó la atención del hombre mientras se limpiaba la boca usando una servilleta—. En Malva vi que tienes una espada singular, y de regreso, Lilianne habló sobre una Youtou. Siempre me han gustado las espadas y armaduras, así que sé algunas cuantas cosas. Corrígeme si me equivoco, pero las tuyas son las infames Youtou.
Ese era el tema que Natsu había estado evitando ya que llevaría a explicar sobre su pasado sangriento. —Tienes razón, tengo en mi posición varias Youtou —las espadas comenzaron a surgir de su sombra: largas y cortas; orientales y occidentales; anchas y delgadas; y todas se quedaron flotando y soltando un sentimiento ominoso—. Originalmente no estaban malditas, pero a medida que derramaba sangre se llenaron de sentimientos oscuros; en total son ciento ochenta y nueve, las que tengo actualmente son ciento doce. Las demás aún están perdidas, selladas o en las manos de otros.
—¿Por qué están malditas? —Preguntó Lissana mientras Erza se dedicaba detenidamente a observar cada espada.
—Bueno…
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Natsu (clon) con una toalla rosa secaba el cabello negro de Minerva; Happy también se secaba el pelaje azul. Los tres terminaban de disfrutar los placeres del agua caliente quitándoles el cansancio; al clon le tocó gestionar el gremio durante todo el día.
—Bien, es hora de cepillarse los dientes.
—Sí~ —canturrearon Minerva y Happy, ambos con toallas cubriéndolos por completo—. Arriba~, abajo~. A un lado~ y luego al otro~.
Después del cepillado, los tres pasaron a la habitación que sería de Minerva y Happy. Natsu, desde ayer, se hizo cargo de comprar ropa para ambos infantes. Happy revoloteó antes de dejarse caer en el suave y mullido colchón de plumas.
Natsu se había dado cuenta de las expresiones falsas y verdaderas de Minerva; él logró percibir la reacción ante la mención de tener hijos propios y supuso que la niña estaba desarrollando sentimientos complejos. Como padre debía evitar futuros problemas. Para poder abrazarla tuvo que agacharse.
—Minerva oye bien: Eres Minerva Dragneel, mi hija preciada. No importa cuántos hijos tenga, tú siempre serás mi primer hija al igual que Happy es mi primer hijo. Los quiero y los seguiré queriendo por muchos, muchos años. Será el deber de ustedes dos cuidar de sus hermanos y quererlos; enseñarles cosas que sólo los hermanos pueden enseñar. ¿Entiendes?
Minerva soltó unas lágrimas de felicidad estando aun contra el pecho de su padre. Ella sintió la calidez de las palabras de Natsu y cualquier duda fue disipada; creía en Natsu ya que él fue quien la liberó de Jiemma. Le sonrió de vuelta mientras Natsu le limpiaba las lágrimas. —Entiendo. Cuidaré de todos y seré la mejor hermana mayor, estarás orgulloso de mí.
Natsu le revolvió el cabello al mismo tiempo que hacia ronronear a Happy. —Seguro que sí.
Al momento de dormir, Minerva se acurrucó contra el cuerpo del pelirrosa mientras Happy se acomodaba contra el suyo. "Esto se siente tan bien —pensó al comparar ese momento con toda su vida al lado de Jiemma; el colchón era suavecito y esponjoso, mientras el calor de Natsu la reconfortaba—. Sí, quiero seguir así por siempre. Seré la mejor hija que alguien pueda desear". Jaló el brazo de Natsu y lo uso como una manta. No pasó mucho tiempo antes de que cayera dormida con una sonrisa en el rostro infantil.
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Mientras tanto, en la sala, las chicas estaban sumamente sorprendidas. Definitivamente estaban sorprendidas, cualquier sorpresa anterior palidecía con la de ahora. El relato referente al Rey de Espadas era espantoso y macabro; tanta sangre derramada por una sola persona; tantas muertes sin razón; los cientos de futuros truncados por un individuo; las incontables vidas tomadas sin importar edad o sexo; el río de sangre. Y el creador de semejante masacre, el criminal, el monstruo, ese ser sin corazón estaba frente a ellas. La situación era rara, pero a la vez maravillosa.
Sí, Natsu les había contado la parte más oscura y sangrienta de su pasado. Su papel como el Rey de Espadas; las Youtos; la destrucción del Imperio Driver; el cómo asesino a su familia; las incontables muertes; su derrota a manos de White Rabbit y el encierro de mil años; la relación con Igneel y su posterior recuperación de la memoria. Y fue muy específico al asumir todo como actos propios y conscientes, ciertamente In Veliares Ghuister Provoke había tenido que ver, pero todo fue hecho con sus manos. Incluso, cuando Vivianne y Lilianne intentaron defenderlo, él las detuvo.
Mirajane liberó un suspiro largo y profundo mientras cerraba los ojos y así ordenar sus pensamientos. Después, los ojos celestes lo miraron con una seriedad abrumadora. —Mentiría si dijera que me esperaba algo semejante. Ni en mi más loca fantasía esperaría algo así —su pulso corría a mil por hora—. Lo dije antes y lo vuelvo a decir ahora, el pasado está en el pasado.
Lissana asintió. —Mi hermana tiene razón. No hay nada que se pueda hacer para cambiar algo que ya está hecho —sus manos estaban sobre su regazo mientras lo miraba directamente a los ojos—. Se necesita valor para aceptar lo que has hecho; ahora comprendo la pregunta que realizaste ayer y para mí, la respuesta sigue siendo la misma.
—Te amo y lo seguiré haciendo—terció Levy mientras las demás asentían—. Nos conocimos desde niños y ahora comprendo la razón de los cambios que has tenido; y en mi sentido de justicia, ya has pagado por lo que has hecho, aunque creo que estuviste bajo la influencia de ese dios.
—También pienso igual que Levy, dejando a un lado lo candente que es nuestra relación, te amo enormemente y ese amor no flaqueara por cualquier cosa. Sé que pasaste encerrado por mil años y para mí es castigo suficiente, considerando que solo tuviste a Manuela y Consuelo para acompañarte en la soledad —ella esbozó una sonrisa—. Y supongo que te arrepientes de lo que hiciste.
Erza carraspeó, pidiéndole permiso para hablar, algo que Natsu concedió con un asentimiento. —No es que no entienda la gravedad del asunto y tampoco apruebo lo que hiciste, pero entiendo que la cultura y las condiciones de hace mil años no son las mismas que las actuales —suspiró mientras jugaba con sus dedos. Estaba nerviosa ya que, según ella, estaba siendo demasiado irrespetuosa con su amo—. Desde mi punto de vista puedo decir que desarrollaste un doble sentido de la moral. El primero como Allister Dorian Driver, donde no te importaba asesinar a cuanto inocente se cruzara en tu camino ya que en ese tiempo era 'normal'; y el segundo como Natsu Dragneel, donde eres consciente de la delgada línea de la vida y la muerte.
—Entonces, ¿quién eres? —Mirajane se mostraba serena—. Sin importar la respuesta, mi primera declaración no ha cambiado. Te detendré.
Natsu se sorprendió. "Lo mismo que dijo Erali, ha dicho Mira. La misma promesa pero de diferentes personas". —Sí, me arrepiento de lo que hice —Natsu dio la mejor respuesta posible, aunque sólo él sabía si era sincero o no—. Desde que empecé a recuperar la memoria siempre sueño con aquellos que asesine, al principio me atormentaba pero poco a poco acepte quien soy.
Las chicas lo miraron ansiosamente y con algo de preocupación.
—Soy Natsu Dragneel, Cuarto Maestro de Fairy Tail. Y como tal, mi deseo es proteger a cada mago del gremio así como lo ha hecho el abuelo —falló con Gray pero se estaba haciendo cargo de la venganza—. Además, quiero formar mi familia con ustedes; tener hijos y darles un buen futuro.
Las chicas se avergonzaron ante la declaración pero le sonrieron tiernamente.
—Por eso, solo usare mi poder contra aquellos que sean una amenaza para ustedes. No me detendré ni me importara quien sea, que cargo ocupe o quien lo respalde; cualquiera que las haga sufrir recibirá mi ira.
—Eso está bien —convino Mirajane—. Yo también actuare así cuando alguien se atreva a hacerte daño.
Erza asintió. —Ese es el deber de la familia, protegerse los unos a los otros.
—Bueno~ —Cana recuperó su sonrisa juguetona—. ¿Me dirás cuál es la habitación que compartiremos? Después de todo, somos marido y mujer.
—¿Eh? Es injusto que quieras acapararlo para ti solita. Natsu es marido de todas.
Natsu se rascó la mejilla. —Liss tiene razón, aunque siempre hay solución para cualquier cosa.
—¿Entonces?
Natsu les dio una sonrisa hambrienta. —Pueden escoger cualquier habitación si quieren privacidad o compartir la misma habitación. Saben que siempre me gusta complacerlas.
—Quiero ver la biblioteca —dijo Levy mientras tomaba del brazo a un clon y desaparecían por un pasillo. Ella, aunque no lo admitiera, siempre que terminaban haciéndolo con otra compañera, inevitablemente comparaba el tamaño de sus pechos y se deprimía así que era preferible un poco de privacidad.
Cana en cambió era más liberal, pero por lo que quedaba de la noche quería hacer un recorrido por la mansión y encontrar el resto del tesoro de Natsu. —Yo quiero ver la bodega.
—No, está cerrada a cal y canto para ti. Confórmate con lo del bar.
—No es justo~. ¿Hay algún modo de convencerte?
Mientras la morocha y el clon negociaban, Mirajane agarró el brazo derecho y Lissana el izquierdo del Natsu original y se marcharon a la recamara principal. Las tres sirvientas tomaron a su respectivo clon y se fueron a otras habitaciones en el segundo piso.
FIN DEL CAPITULO
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Hola, antes de todo. Nuevamente me disculpo por la demora y tanta tardanza sin dar señales de vida; al principio de este capítulo todo fue a pedir de boca pero a medida que empezaba a desarrollar el pasado de Natsu se complicaron las cosas. Fue muy, muy difícil describir esa parte ya que me debatía en realizar un flashback o un relato, al final fue este último y aun así no quede satisfecho (siempre después de que releo lo que escribí me entran ganas de modificarlo) pero ni modo. En fin, a la larga termine metiendo ideas interesantes:
La introducción de los E. Fiore.
La explicación breve de Igneel sobre las compañeras y la implicación de los hijos de los dragones.
Wendy para el harén, aunque hace falta un poco.
Los huargos, en honor a Canción de Hielo y Fuego de George R.R. Martin.
Las Youtou. Esto se explica en el capítulo de Virgo y Libra, donde también entrare en más detalle de la mansión que al final se volvió un complejo residencial.
Bien, ya para despedirme quiero reiterar mis disculpas por la larga demora. En ocasiones no tenía ganas de escribir pero siempre visitaba los reviews y los leía desde el principio hasta el final y recuperaba las ganas de escribir, eso es lo que más me motiva a seguir. Así que ya saben, si tienen algo que decir que sea a través de los comentarios ya que cualquier idea para la historia es bienvenida.
Responderé unos reviews que no pude responder por MP:
Mariobluecrimson123: Gracias por comentar. No, no te equivocas. Mikumo le gusta la papaya tanto como la banana (sí es bisexual).
CodeBlack243: Gracias por comentar. Sí, fue complicado explicar la vida de Natsu, muy, muy difícil pero tiene pruebas fidedignas así que no hubo problema para que las chicas le creyeran. Eventualmente Natsu someterá a las chicas de Mermeid Heel, pero falta para eso. ¿Qué sucederá con las Youtou que tiene Shigure? Aún no lo sé, es probable que Natsu se las dejé a cambio de su lealtad y todo lo que eso implica (sometimiento en cuerpo y alma). Y me alegra saber qué Historia de un Rey es de tu agrado.
SalamanderDark: Que bien que te animaste a comentar. Sí, sé que es difícil encontrar las palabras. No, no me eches sal. Realmente quiero actualizar cada semana pero no me alcanza el tiempo pero tampoco quiero llegar al extremo de un año. Jajaja, lo que fume fueron bragas de pechugonas vírgenes; aunque así como está el mundo es muy difícil encontrarlas. ¡Sí, ya tiene su loli aunque tendrá que esperar un poquitín!
Daniel2610994: Jajajaja, los primeros dos fueron bastantes contradictorios para la personalidad de Natsu pero tenía que crecer mentalmente. Sí, este Natsu es el que más mola. Jajajaja, puede tener a cualquier mujer que desee y su señora no le hace bronca (T-T lastimá que no sea así en la realidad). Cierto, Chun Lii hubiera sido una adición exquisita pero lo pensé mucho y al final terminó muriendo fácilmente. Con respecto a las chicas de Kenichi, ah~ están tan buenotas que daría pena no hacer una historia con ellas. Y seguirán llegando más chicas súper hermosas.
¡Banzai! ¡Banzai! ¡185 Reviews!
¡Gracias, muchas gracias!
Antes de que se me olvide, quiero agradecer encarecidamente a los siguientes usuarios.
AidenDarkdragon: Viejo, enserio, muchas gracias por estar preguntado por mi ausencia. Y responderé por aquí: No, Siegran aún no ha muerto aunque querrá morirse cuando se entere de que Erza es un fiel onahole de Natsu. Jajajaja.
DjGuilox-018: Bro, gracias por seguir esta historia. Y por siempre dejar tu opinión.
Lcsalamandra: Viejo, que pasó con tus publicaciones. Me quedé en ascuas con eso de las nuevas historias.
Walkerxd: Ya te extrañaba y te daba por muerto, jajaja pero aún sigues vivito y coleando.
: Ese Nick es muy largo =D. Gracias por los comentarios súper cortos pero siempre presentes.
Y además agradezco los 156 que mantienen mi historia entre sus favoritas…
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