Los comentarios han sido respondidos por PM. Los que no tenían cuenta están al final del capítulo

Gracias por esos 237 comentarios.


Traducción autorizada por FanofBellaandEdward

Disclaimer: Harry Potter es propiedad de J. K. Rowling, Bloomsbury Publishing, Scholastic Inc. y AOL/Time Warner Inc. La historia pertenece a Melissa, yo traduzco por mero entretenimiento.

Resumen: Después de que Draco se divorciara de Daphne, Scorpius se encuentra en la búsqueda de un segundo papá, ya que Draco le contó que sólo le gustaban los hombres. Luego conoce a Harry y está empeñado en conseguirle como segundo papá. ¿Lo logrará?

Traductor: DarkPotterMalfoy

Beta: FanFiker-FanFinal


Capítulo 19

Sus ojos negros miraron a Scorpius con dureza y crispación para luego posarse en Teddy, quien miraba con ligera diversión al chico rubio.

—Scorpius Malfoy, ¿qué rayos estás haciendo? Estate quieto, pareces idiota—lo fulminó con la mirada Snape.

Teddy apretó los labios para esconder una sonrisa. Tenía una ligera idea de lo que le estaba pasando al chico rubio. El mocoso probablemente había comido muchos dulces, lo que le había provocado un subidón de azúcar. Se preguntó cuántos caramelos se habría comido Scorpius, pero decidió que no quería saberlo; debían de haber sido un montón, ya que el chico se retorcía y parecía inquieto.

—Lo siento, tío Sev. No sé lo que pasa; no puedo estarme quieto—.Scorpius puso mala cara y con las manos golpeó sobre la mesa.

Los ojos oscuros se entrecerraron al recordar en su mente a un joven Draco comportándose exactamente igual.

—Scorpius, ¿has comido, por casualidad, dulces?

El labio de Scorpius tembló, pero asintió. No había querido comer muchos, pero una vez había empezado, estaban tan buenos que no había podido parar y había guardado sólo los justos… Le quedaba un poco más de la cuarta parte de la cantidad original:

—Lo siento, tío Sev.

Snape suspiró y se pellizcó en la nariz, tratando de mantener su ira bajo control. No serviría de nada enfadarse con el niño; como cualquier infante, no había podido resistir la tentación de los dulces y probablemente había comido una gran cantidad. Además lo llevaba en la sangre; su padre tenía una afición al dulce muy severa.

—No puedo entender por qué tu padre te permite comer tanto azúcar cuando sabe lo que hace contigo—dijo molesto.

Scorpius se mordió el labio y bajó la mirada; por el nerviosismo sus piernas no paraban de moverse.

Snape entrecerró los ojos.

—¿Sabe tu padre que has comido tanto dulce, Scorpius?

—Puede—respondió dócilmente el muchacho.

Snape apretó los dientes y se recordó a sí mismo que maldecir a un niño de seis años, no era una buena idea. No importaba lo tentador que sonaba.

—¿Por qué no lo detuviste antes de que ingiriese tanto azúcar?—le espetó a Teddy.

Teddy levantó las manos en señal de rendición:

—¿Cómo iba a saber que ha comido tantos dulces? No dormimos en la misma habitación—contestó él, inocentemente.

Uno de los ojos de Snape sufrió un tic.

—Me recuerdas mucho a tu padre—gruñó.

Teddy lo miró confundido.

—¿A mi verdadero padre o a Prongslet?

—A ambos— dijo Snape apretando los dientes.

Teddy sonrió como si fuera un cumplido.

—No era un cumplido, mocoso insolente—gruñó Snape.

Teddy se encogió de hombros, con un movimiento desafiante. Obviamente, eso era sospechoso viniendo del hijo de un merodeador y del ahijado de hijo de otro merodeador. Sólo alguien que tuviera en sus venas sangre Gryffindor o fuese familiar de un merodeador se atrevería a encogerse de hombros cuando Snape decía algo.

Snape requirió de toda la paciencia necesaria para no estrangular al niño. Respiró hondo varias veces, y con sus manos agarró la mesa, dejando marcas en ellas.

—Como Scorpius ha considerado prudente consumir una gran cantidad de azúcar, creo que sería una gran elección si pasamos el día de hoy en los jardines, estudiando diversas plantas para la utilización de pociones.

Teddy, se dio cuenta de que sería una buena idea tener una actitud discreta, sólo asintió con la cabeza y cogió su mochila.

—Sí, señor.

—De acuerdo, tío Sev —Scorpius asintió y saltó de la silla, todavía inquieto y retorciéndose.

—Seguidme.


Draco alzó una ceja y bajó la taza de café cuando vio a su hijo inquieto y revoltoso en los jardines. Severus estaba de pie cerca de una planta que se utilizaba para las pociones curativas y Teddy escuchaba atentamente.

¿Por qué mi hijo está saltando?

Cuando los dos niños se quedaron solos durante cinco minutos, Draco se dirigió a los jardines, acercándose a su padrino.

—Severus, ¿por qué mi hijo está nervioso e inquieto como un niño con la capacidad de atención baja?—le preguntó despreocupado.

Severus frunció el ceño.

—Tu hijo decidió que era conveniente consumir una gran cantidad de esa sustancia repugnante llamada caramelos.

Draco parpadeó.

—Así que tiene una subida de azúcar—confirmó él, secamente y negó con la cabeza—. Me pregunto cuándo se habrá comido los dulces. Esta mañana no lo he visto comer.

El hombre lo miró y resopló.

—Sigue los pasos de su padre, probablemente los ha escondido en su habitación.

Draco sonrió.

—Es un niño inteligente, ¿verdad?—se agachó rápidamente para evitar la reacción de Severus, que trató de golpearle en la cabeza—. Bueno, te dejo de nuevo con tu lección—se rió y regresó a la mansión. Decidió repasar los documentos que le esperaban en el estudio. Hizo una mueca: la verdad, no tenía ganas de eso.


Con ligera desconfianza, Harry miró a través de El Profeta. Sí, buscaba ofertas de empleo, pero también quería comprobar que en el periódico no hubiera noticia alguna de su relación con Draco. Realmente no estaba preparado para hacer frente a la bazofia que imprimiesen sobre ambos.

Siendo honesto, tenía la sospecha de que Ginny le habría delatado frente al periódico por lo furiosa que estaba anoche. ¿Y qué mejor venganza que revelar su nueva relación —una con un hombre; nada más y nada menos que con Draco Malfoy— y disfrutar de los estragos que causaría? Pero no había nada publicado y Harry estaba confundido. ¿Significaba que Ginny no estaba enfadada? No lo sabía.

Harry suspiró y se frotó los ojos. Le dio un sorbo a su té y sus ojos se perdieron aún más en las páginas de empleo. Quería un trabajo en el que pudiese ayudar a la gente, como lo había hecho cuando había sido Auror. Ayudar a la gente era algo que se le daba bien, algo como su segunda naturaleza para él.

Estuvo tentado a llamar a un anuncio interesante que encontró. Se enderezó en la silla y leyó atentamente el anuncio: era interesante. Se ajustaba a lo que andaba buscando. Eso, y que no se pondría en peligro, algo que Draco y los chicos apreciarían.

Arrancó cuidadosamente el anuncio del periódico y lo guardó en un cajón de su escritorio. Lo pensaría más detenidamente, pero había una gran probabilidad de haber encontrado un nuevo trabajo después de haber finalizado el cursillo.

Harry sonrió y se estiró. No había noticias de su relación y tal vez había encontrado un nuevo trabajo. Comenzaba a ser un buen día.

Un estruendo en la planta baja interrumpió sus pensamientos.

Harry suspiró y decidió comprobar qué había sucedido.

Vio que había un jarrón roto, una mesa hecha pedazos y un Scorpius que parecía a punto de llorar.

Las ropas de Snape estaban casi rasgadas y su cara a punto de ponerse roja de rabia.

—¿En qué demonios estabas pensando, mocoso insolente? ¿Qué ha podido pasar por tu cabeza cuando has decidido hacer esto?—dijo enfadado.

—Yo… lo siento, tío… tío Sev—gimió Scorpius; grandes lágrimas corrían por sus mejillas.

—Hey, hey, ¿qué ha pasado aquí?—preguntó Harry y se dirigió a Scorpius. Se agachó y alzó la cabeza de Scorpius para poder mirar sus ojos—. ¿Me puedes decir que ha pasado, Scorpius?

El chico rubio se llevó las manos a la cara y se escondió tras ellas, negando con la cabeza.

—¿Por qué no te vas? Voy a limpiar esto —sugirió Harry. Tal vez Scorpius estaría dispuesto a contarle lo ocurrido si Snape no estaba.

Snape se burló.

—Me parece bien—se giró para irse, pero se detuvo de nuevo.

—Hum, ¿podrías decirme dónde está Teddy?

—Probablemente en su habitación—diciendo eso, el hombre desapareció tras la esquina.

Harry frunció el ceño, pero cogió su varita y murmuró un Reparo; el jarrón y la mesa se arreglaron.

Mientras tanto, Scorpius seguía sollozando, su pequeño cuerpo temblaba a causa de sus sollozos.

Harry suspiró y lo alzó, sus dos piernas se cerraron alrededor de su cintura. Scorpius enterró la cara en el cuello de Harry y él se estremeció un poco al sentir las lágrimas caer sobre su piel.

Se dirigió a la sala de estar y se sentó en el sofá, con Scorpius aun aferrado a él.

—Hey, cariño, ¿qué ha pasado?—preguntó en voz baja y comenzó a frotarle suavemente la espalda.

Scorpius negó con la cabeza.

—No, te vas a enfadar—gimió.

—No me voy a enfadar, lo prometo—susurró Harry.

Scorpius agarró la camisa de Harry con fuerza y dijo:

—Ti… tío Sev dijo que… la clase había acabado ho… hoy y yo… fui a mi cua… cuarto de juegos para jugar con algunos juguetes y yo…yo pensé que sería divertido si jugaba con los juguetes de tío George, pero cuando lo hice, hubo… hubo una fuerte explosión y… y el jarrón y la mesa se rompieron sin querer—lloró él.

—Ya ha pasado, hijo, sé que no tenías intención de romperlas. No podías saber qué iban a hacer los juguetes de tío George—Harry lo tranquilizó.

—Pe… pero tío Sev está enfadado conmigo.

—Estoy seguro de que te ha perdonado —murmuró Harry—. Shh, ahora, vamos. Nadie está enfadado contigo —empezó a mecer a Scorpius.

Poco a poco, los sollozos de Scorpius pararon e incluso un rato después, el llanto cesó. Harry sólo detuvo el movimiento de balanceo cuando sintió la respiración de Scorpius más regular. Cuando miró hacia abajo, vio que el chico había llorado hasta quedarse dormido.

Con cuidado, se puso de pie y afirmó su agarre sobre Scorpius para evitar que cayese.

Cuando llegó a la escalera, fue detenido por Draco.

—Harry, ¿sabes por qué Severus está tan furioso que ha decidido aparecerse a través de las habitaciones?—dijo, y se cruzó de brazos y enarcó una ceja.

—¿No has escuchado la explosión?—preguntó Harry sorprendido.

Draco negó con la cabeza:

—No, estaba en mi estudio, mirando algunos documentos.

Harry lo miró fijamente:

—¿Tú trabajas?—preguntó sorprendido Harry.

Los ojos grises se entrecerraron y resopló:

—Sí, trabajo. ¿Qué crees que hago durante todo el día?

—Leer, pasar tiempo con tu hijo… no sé. Es que pensaba que eras demasiado rico para trabajar— Harry se encogió de hombros cómo pudo, ya que tenía un niño dormido en sus brazos.

—Eres demasiado rico, pero tú trabajas, ¿no?—preguntó Draco y cerró los ojos—. No has respondido a mi pregunta: ¿por qué estaba tan furioso Severus?

Harry suspiró y desplazó un poco a Scorpius.

—Scorpius decidió jugar con algunos juguetes de George, pero no sabía que hacían, y provocó una explosión que rompió el jarrón y la mesa, pero ya está todo reparado —añadió cuando vio al otro hombre mirar hacia el mobiliario mencionado—. Snape no entendió el humor de la explosión y decidió que era inteligente enfadarse con un niño de seis años—puso los ojos en blanco—. Scorpius estaba completamente aterrado. Ese hombre, realmente, debe aprender a comportarse. ¿En qué estaba pensando al regañar a un niño de esa manera?—murmuró y sacudió la cabeza.

Draco lo miró divertido: Harry le recordaba a una madre preocupada, pero no iba a decírselo. No creía que a Harry le gustase ser comparado con una mujer.

—De todos modos, Scorpius se ha quedado dormido, voy a llevarlo a su habitación—explicó.

—Está bien. ¿Has encontrado algo en el periódico?—preguntó con curiosidad Draco.

—Puede, no estoy seguro—respondió Harry vacilante y luego se dirigió al dormitorio de Scorpius.

Draco lo miró confundido, pero se encogió de hombros. Se enteraría cuando Harry encontrase un trabajo.


Una mujer pelirroja se mordía el labio inferior mientras miraba una foto. Un dedo acarició un hombre de pelo negro de ojos verdes y una sonrisa tierna apareció en su rostro.

Ginny suspiró y miró por la ventana de su apartamento de Londres. Echaba terriblemente de menos a Harry. Se dio cuenta de lo estúpida que había sido al dejar que Harry se le escapase de las manos: se arrepentía. Lo tenía todo: era guapa, inteligente, y había sido la novia de Harry Potter. Y él era el hombre perfecto: inteligente, amable, guapo, fuerte, sexy y rico. Las chicas tenían celos de ella. Y ella lo había jodido por serle infiel. Honestamente, ¿por qué había hecho eso? Aun no lo sabía. Harry tampoco era malo en la cama.

Ginny negó con la cabeza. Todo era parte del pasado, ya no podía hacer nada. En lugar de derrochar energía en adivinar por qué había sido tan estúpida por serle infiel, podía enfocar su energía en encontrar la manera de ganarse a Harry.

Ella entrecerró los ojos al pensar en el problema: Draco Malfoy. ¿Cómo demonios se las había arreglado para quitarle a Harry? No lo sabía. Tal vez había utilizado algún hechizo sobre Harry o un filtro de amor. No importaba, conseguiría a Harry. Haría falta algo de tiempo, pero podía ser paciente si quería.

Por eso tampoco había alertado a la prensa de la nueva relación de Harry. Sí quería hacer las paces con él y tener una nueva oportunidad, era mejor no enfadarlo y si el periódico se enteraba de su relación, él sabría de inmediato quién había alertado a la prensa. Ella no estaba dispuesta a arriesgar su oportunidad con él. Se preguntó por qué no había hecha pública su relación con Malfoy si estaba tan seguro de ella, después de todo, no se había preocupado cuando la prensa se enteró de su relación con Ginny.

Ginny sonrió, tal vez lo podía usar a su favor. Mientras Harry no les dijese a las personas que le rodeaban que era el novio de Malfoy, ella todavía tenía una oportunidad. Todo era cuestión de planificarlo bien.

Ella necesitaba un plan para alejar a Harry de Draco y otro para enfrentar a los mocosos. Frunció el ceño cuando recordó a Teddy Lupin. No podía soportar al muchacho y estaba segura de que el sentimiento era mutuo. Nunca había conocido a un niño tan empalagoso como Teddy cuando estaba con Harry. Cualquier cosa que Teddy quería, Harry se lo conseguía porque tenía al moreno comiendo de su mano. Bueno, eso no podía ser. Ese niño tenía que aprender que él no era la persona más importante en la vida de Harry. Pero antes de poder hacerlo, tenía que hacer las paces con Harry.

Asintió, pensativa, y cogió un trozo de pergamino: comenzaría su plan escribiendo una carta. Una sonrisa alegre apareció en su rostro cuando empezó.

Ella le demostraría a Malfoy quien era la pareja más adecuada para Harry.


Gracias por leer y comentar.


Respuesta a los comentarios.

-Guest: Pues me alegra que te esté gustando. La verdad que si se lo están pasando bien. Un abrazo.