El Rey, La Nube Escarlata, El Caballero Carmesí y La Araña.
Advertencia: Historia de un Rey [El Rey] se desarrolla en un semi-universo alternativo y relata sucesos diferentes al manga, aunque también incluye algunos; la personalidad de Natsu y de casi todos los de FT son diferentes. Contenido explicito (if you know what i mean), muertes de personajes y muchas cosas más.
Reviews: ¡Waaa~! ¡Que felicidad! ¡203 comentarios! T-T ¡En serio, en serio, en serio! ¡Que asombroso! Cuando inicié esta historia, que ahora es un proyecto que ocupa una parte de mi vida, no pensé que tan lejos llegaría. O cuanto me tardaría, ya son más de dos años y estoy sorprendido del apoyo que tengo de varios lectores. Algunos ya desaparecieron, cuentas que fueron borradas o usuarios de los cuales ya no he recibido noticias. Sinceramente espero que cada uno esté bien, o mínimamente saludables.
Aclaraciones: Este capítulo trata sobre el viaje del clon de Natsu (Dos-kun) y Lucy; un viaje lleno de aventuras y alguna que otra cosita más. Ufff esto está intenso.
Disclaimer: Todo personaje de FT pertenece a Mashima [¡Quien la está cagando en grande!]. Las situaciones en que actúan así como el cambio de personalidades salió de mi loca imaginación.
¡Nos leemos al final del capítulo!
"Pensamientos"
—Diálogos
-aclaraciones-
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Dos, el clon de Natsu, tiene una misión por realizar: capturar a Jellal Fernández y Trinity Seven. En su camino salva a Lucy Heartphilia y ésta decide volverse su alumna. Por planes de Natsu, la extraña pareja combate a las huestes de Eisenwald. Dos ya venció al Maestro de Gremio y ahora Lucy combate contra una oponente inesperada. Además, otras circunstancias rodean a las compañeras de la rubia.
EL REY XVI: Hija de White Rabbit II
Lucy fulminó con la mirada a la albina que tendría como oponente, y como no iba a verla de esa manera sí esa mujer se interponía entre el tiempo de calidad que Dos le prometió. Apretó los puños y después de unos segundos liberó un resoplido cansino; se calmó. —Bien —pronunció con voz suave; el chocolate de sus ojos comenzó a hervir de expectación. Nada mejor que un merecido premio después de la ardua labor—. Voy a castigarte por irrumpir el tiempo con mi maestro.
Ángel, el centro de atención, se mostró desconcertada y luego de comprender que estaba arruinando la vida de alguien, sonrió ampliamente. —Ven, Rubia, te enseñaré lo que es el dolor —hizo a un lado los pensamientos sobre Erick y enfocó su mente en su oponente—. Deja que juegue un poco contigo.
En menos de un parpadeó, el látigo de Lucy hendió el aire y, si no fuera por la rápida intervención de Geminis convertido en Tauro, la mejilla derecha de Ángel hubiera sido besada violentamente. En cambio, una silla de madera fue hecha astillas y la rubia chasqueó la lengua, por el contrario, esto fue suficiente para hacer comprender a albina que lo mejor era no subestimarla. —Gem, lucha con esa forma. Yo cubriré la retaguardia —dijo. Pero, en el pensamiento planificaba aparentar que llevaba las cosas fáciles, hacer que la chica se confiará y después asestarle el golpe de gracia—. Ella no puede ganarnos.
Lucy desenvainó la espada corta y volvió a ondear el látigo. Ella sabía de las habilidades de los otros Espíritus Celestiales así que no le sorprendía que Tauro la estuviera atacando, esquivó el hachazo y antes de que la espada lamiera la piel del toro tuvo que retroceder para poder esquivar el ataque de la albina. Procurando mantener la distancia del espíritu que podía copiar la apariencia. Géminis lanzó un gemido temeroso y por un momento perdió su forma. Lucy giró y dio un par de volteretas; donde antes estuvo, todo quedó agujereado. Astillas y concreto volaron al recibir la metralla cortesía de Ángel.
La integrante de Oración Seis chasqueó la lengua, casi la tenía. —Idiota, quien te dio permiso para que dejarás de atacar —no le importaba que los pequeños tuvieran miedo. Con el índice y medio de ambas manos siguió disparando «BalasCelestiales» contra la rubia—. ¡Persíguela!
A medida que la batalla entre las magas avanzaba, el edificio caía a pedazos debido al daño intenso. Los grandes cuadros que antes adornaban las paredes ahora sólo eran simples pedazos de basuras; las cortinas moradas y delicadas se volvieron harapos; las mesas y sillas se convirtieron en leña; los vasos y la barra estaban irreconocibles. Lo que en otrora fue un gremio animado, dentro de unos minutos sólo sería escombros y basura.
Lucy comprendió que la fortaleza de su oponente era el trabajo en equipo y los ataques a larga distancia. "Es débil a corta distancia" concluyó. Lanzó un par de latigazos que fueron esquivados, su intención era cerrar la distancia pero el fuerte viento (provocado por Escorpio) y el terreno fangoso (cortesía del choque de Acuario y Escorpio) se lo impedían. Estaba en desventaja ya que Ángel tenía los pies bien afianzados en el campo y la ayuda de la copia de Tauro. "Si me toca una vez estoy perdida —siguió moviéndose con tal de esquivar las balas y los golpes del toro—. Sólo necesito un par de segundos, pero no hay modo de conseguirlos".
Ángel masculló varias maldiciones mientras, también, esquivaba los latigazos y objetos que la rubia usaba para intentar golpearla. —¡Escorpio, apúrate! ¡Gran imbécil! ¡Tanto te cuesta vencer a tu mujer! —La albina dobló el cuerpo a la mitad y luego giró en el aire, cayó sobre una mesa y volvió a saltar. Ángel era sumamente habilidosa y no paró de atacar mientras contorsionaba el cuerpo en ángulos que cualquier acróbata envidiaría. Ella podía utilizar otros ataques del atributo Celestial pero prefería mantener sus cartas ocultas; tejiendo lentamente una red de engaños y falsas impresiones—. ¡Maldita, quédate quieta!
Lucy se movía velozmente y con gracia con tal de esquivar cada golpe; giraba a la derecha o se apoyaba en las paredes y luego atacaba, o giraba la izquierda o cubría detrás de escombros. Paso a paso, cerraba la distancia y se internaba en una pelea cuerpo a cuerpo. Uso un par de hechizos sencillos y le dio la vuelta a la situación: una estela de humo escondió sus acciones y las balas rocosas alejaron la atención de Sorano. La rubia encaró al copia formas, mandó todo su instinto asesino y consiguió la oportunidad que deseaba. Géminis convertido en Tauro se amilanó y esa fue su perdición.
Los pequeños espíritus celestes quedaron estupefactos, la rubia adquirió la presencia de un monstruo cruel y aterrador, haciendo que fuera incapaz de moverse.—Te tengo~ —escuchó el Espíritu Celestial justo antes de que una espada le perforara la frente; obligándolo a deshacer la transformación, justo antes de que alguno pudiera escapar, Lucy los tomó del cuello y, mostró algo increíble e inaudito, nunca antes visto: cerró la Puerta—. Bien, con esto, las cosas son más fáciles.
Sorano, una de los Seis Generales y maga estelar, abrió los ojos totalmente sorprendida. "¡Imposible, ella cerró una puerta!". Como maga del mismo tipo sabia el funcionamiento de los contratos y por ende, también conocía la fuerza necesaria para romper un vínculo entre mundos. Algo inhumano. "Vaya, ésta valdrá la pena". De todas las peleas que había tenido, ningún oponente había tenido tanto potencial; aunque ella no era ninguna tonta para permitir alargar el encuentro y disminuir sus posibilidades de victoria.
Lucy se abalanzó contra la albina, creyendo que la victoria ya era suya. "¡Te tengo!". Estaba apostando gran parte de su poder en este golpe; y estaba tan confiada de ganar, tanto así que pudo imaginar cómo salía volando la albina por el golpe entre los pechos. Justo a un par de pasos de poder atacarla, la albina sonrió ampliamente. El instinto de Lucy la llevó a cubrirse con ambos brazos y piernas e intentó, tan siquiera, embestirla…
Sorano salió de la sorpresa; afianzó las piernas e inhaló fuerte. El poder se amasó dentro de la boca del estómago, y luego ascendió por la garganta hasta salir expulsado como metralla. —¡Aliento Celestial! —Era una técnica mágica basada en el Aliento del Dragón Venenoso de Erick, aunque no podía compararse al original pero todavía tenía el poder para causar suficiente daño, y más si era a quemarropa. El torrente fue de un color dorado y celeste, el cual arrasó con lo que quedaba del bar y empotró a la rubia contra la pared, que después fue destruida. El ataque menguó hasta desaparecer y la albina clavó la rodilla derecha en el lodo, respiraba agotada, una técnica que jugaba con el ambiente requería bastante poder—. ¡Joder! ¡Te gané perra!
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Al mismo tiempo que las Magas Estelares, con cuerpos celestiales, luchaban; dos Espíritus Celestiales se enfrentaban ferozmente. De una estela dorada surgió, como si saliera de una fuente, Acuario 'La Sirena'. Su cabello celeste ondeó como una ola salvaje que choca contra el arrecife; sus pechos bambolearon como dos globos de agua hasta recuperar su firmeza y gloria divina. Su expresión maternal al ver a Lucy cambió cuando vio la situación en que se encontraba la hija de su mejor amiga. «No dejaré que nadie la dañe. Te lo juro Layla, Lucy vivirá hasta que su cabello sea blanco» recordó la promesa hecha en el lecho mortuorio y apretó los dientes. Un par de segundos después, su mirada se oscureció como la caverna más profunda del océano.
Del otro lado, surgió con toda su gloria y fanfarria Scorpius 'El Escorpión'. Con los brazos cruzados y una mirada desinteresada debajo de las gafas de sol, amagó un intento de sonrisa. "Lo que me faltaba" pensó con molestia. Suavizó la expresión y optó por lo más sensato que se le ocurrió en ese momento. —Vamos Acuario, hazte a un lado. Haré las cosas sencillas y sin dolor.
La simplicidad de las palabras bastó para sellar el resultado de ésta batalla así como de la que venían teniendo desde hace días. La pareja, que estuvo a un paso de las campanas nupciales, llevaba días en la ambigüedad de una relación sin rumbo. En un fútil intentó de regresar al primer flechazo pero ahora sólo estaban dando vueltas en un círculo vicioso del perdón y engaño.
—Vaya, que amable de tu parte —dijo. Levantó los brazos y juntó todo la humedad del ambiente hasta dejar seco el lugar; luego liberó el agua en un poderoso torrente que fue contrarrestado por el tornado de arena del hombre. Durante varios minutos los ataques chocaron y fango salía volando por todas partes. Ninguno de los dos cedía y el ataque mágico se prolongó hasta volverse un ciclón frenético que afectaba casi toda la sala. "Ni siquiera te acuerdas de lo importante que es Lucy". Ese pensamiento se sumó a todo lo que él le había hecho; esas ocasiones donde él se mostraba frío y distante, cuando ignoraba los detallitos… cuando…—. ¡Bastardo arrogante!
Escorpio suspiró cansado; maldiciendo internamente a su dueña. Hace varios días que discutió con Acuario y tuvo que irse de la casa que compartían; la intención era darle tiempo a la mujer de asimilar lo sucedido y así después, buscar el perdón de la fémina. Todo iba bien; se topaban 'casualmente' y, de nuevo, a medida que los días pasaban le mandaba rosas y cartas. Reavivando la llama. Él sentía que en cualquier momento solucionaba todo, y hubiera sido así de no ser por Ángel. "¡Qué mierda!". La mirada furibunda le decía todo lo que necesitaba saber. —Okey, okey. Cálmate Acuario. No quiero hacerte daño —fue su segundo intento de 'calmar las aguas' que llevaba implícito un deje de menosprecio.
El agua alrededor de Acuario empezó a burbujear, muestra clara del ánimo de la mujer. Cruzó sus brazos debajo de sus pechos y dejó salir todo el aire que había contenido. El amor que alguna vez tuvo comenzó, lentamente, a evaporarse. La Sirena comprimió el agua hasta formar pequeños chorros y luego los disparó en una rápida secuencia. Escorpio respondió de la misma manera y en cuestión de segundos, en pleno aire chocaban balas de agua contra las de arena. El sonido se volvió atronador e inundó el recinto, ahogando los quejidos de los heridos. Las balas que erraban el objetivo, terminaban destruyendo las paredes del edificio o en el mejor de los casos, acertaban a aquellos magos que estaban inconscientes o a punto de morir.
Los ojos oscuros de Acuario buscaban cualquier apertura y así poder causar daño; no necesitaba moverse con tal de controlar el agua, todo era mental, el líquido vital sólo era una extensión de su cuerpo. Las «Balas de Agua» se alargaron hasta formar «Cuchillas de Agua» y salieron zumbando, atravesando todo como si fuera mantequilla. El hombre saltó y esquivó todos los ataques; corrió por las paredes y mandó su propia versión de la afrenta… y todo resultaba inútil. Eran elementos que se anulaban entre sí; y lo peor de todo, ¡podían pelear eternamente! El fango se secaba en el aire hasta volverse arena; el agua se apartaba y volvía al poder de Acuario.
Escorpio chasqueó la lengua, él todavía mantenía una actitud despreocupada y altiva, inconscientemente menospreciándola. Mientras la peleaba avanzaba, hizo una retrospectiva de la relación con su pareja. La vio una mañana de primavera, el día en que sucedía El Ciclo Astral de los Doce. Estaba inclinado, haciendo la reverencia, mientras esperaban a que el Rey Espiritual lo envistiera como el Nuevo Guardián de Escorpio -y sustituir así a su viejo padre- cuando una risita, como el rumor de un arroyo, interrumpió su concentración. La miró a su lado. Fue un flechazo y no cualquiera; fue tan intenso que él se puso de pie y echó a perder toda la ceremonia… Un corte en la mejilla lo sacó de sus recuerdos.
—¡No me subestimes! —rugió Acuario y aumentó la intensidad de sus ataques. Inexplicablemente, ella también recordaba el camino que los llevó hasta este punto… o el quid de la cuestión. ¡El bendito acto de entregarse en cuerpo y alma! ¡De unirse y engendrar una nueva vida! Eso era lo que Acuario le negó a Escorpión, y no era porque ella no quisiera. La razón era mucho más intrincada de lo que parecía; "No es mi culpa, que mi cuerpo no te acepte" pensó mientras el corazón se le hacía un puño. El cuerpo de las sirenas era complicado a la hora de hacer el amor, por ponerlo en otras palabras, era un instinto arraigado por miles de generaciones. ¡Las sirenas sólo aceptaban a los hombres más fuertes! Y Escorpio no calificaba como tal. Ella no tuvo el valor para decírselo y herir el orgullo del hombre, intentó compensarlo de otro modo. "Pero no fue suficiente".
Escorpio empezó a ser presionado y recibió varios cortes y golpes en los brazos y piernas; las palabras de Sorano calaron profundamente en su mente. "Sí, es mi mujer —recordó muchos momentos íntimos—. Sí, es ella la que ha incumplido con su deber". Con pensamientos totalmente distintos, retomó la batalla y volteó la situación. —Ya es hora de que aprendas cuál es tu lugar.
"No sabes cuánto me gustas" pensó Acuario; se mordió el labio y por un instante estuvo dispuesta a perdonarlo. Aceptar todo lo que él hacía y esperar pacientemente a que algún día su cuerpo también lo aceptara. Pero toda esa convicción se fue a la mierda junto con las palabras del hombre. ¡Orgullosa e indomable; ella era la representación del Océano! ¡Brava e impredecible! ¡Destructora de vidas! —¡Yo soy Acliria Uarphir Iorez! —El vendaval de poder estalló en la sala, justo unos segundos después de que Lucy saliera despedida del lugar.
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Volviendo con Lucy y Ángel…
Lucy estaba enterrada entre un montón de escombros, fuera del edificio que caía a pedazos. Incapaz de moverse, sólo podía ver el cielo azul y el andar lento de las nubes. Por varios minutos se perdió entre el flujo del tiempo, meditando cosas sin importancia. "Que idiota fui —pensó con amargura—. Es obvio que tenía otros ataques. Tonta, tonta, tonta, que tonta fui. El Maestro estará decepcionado, le prometí capturar este lugar y ahora ni siquiera me puedo mover". Finalmente, escuchó los pasos de la albina y se puso de pie. Pensar en Natsu le daba fuerzas para seguir adelante; después de todo, para el hombre más fuerte ella tenía que ser la mujer más fuerte. Aunque le costará la vida.
Las dos mujeres no estaban en buenas condiciones. Ángel tenía el vestido roto en varias partes, tanto así que podía verse un poco de sus pechos y de las bragas, las medias estaban lodosas e irrecuperables y tenía cortes en algunas partes del cuerpo. Lucy, en cambio, tenía la playera destrozada y prefirió quitársela quedando con el sostén negro y el pantalón roto en varias partes. El viento sopló cálidamente y susurros llenaron el ambiente.
Las mujeres se miraron durante un tiempo largo y a la vez corto, concentrándose únicamente en lo que iba a suceder; alejando de sus mentes las explosiones que sucedían entre los Espíritus. "Será una pelea a puño limpio —palpó entre sus dedos las otras llaves que tenía y lamentó no poder usarlas. Las resguardó en una bolsita—. ¡Qué mierda!". Sin el poder suficiente para otro ataque tan llamativo, y suponiendo que Lucy se encontraba en las mismas condiciones, la pelea se decidiría de mane poco refinada.
Lucy, por otro lado, aún no se recuperaba por completo de la pelea contra la Rubia pecho plano y estar invocando tantos Espiritas Celestiales no ayudaba. Sonrió en su interior; así como la albina, todavía le quedaba una carta por jugar y ahora sólo esperaba la oportunidad adecuada. En el exterior, mostró una mueca hosco y contrita.
—Eres fuerte —admitió Sorano con una sonrisa mordaz—. Pero no lo suficiente.
—Tú también —replicó Lucy.
El combate hizo que crearan un breve lazo de entendimiento. Breve y corto.
—Lástima que deba matarte —añadió la albina.
Lucy sonrió ante la provocación. —Ganaré —declaró—. Y me disculparé con el maestro por la demora.
Sorano no vio vacilación en esa declaración. —Perderás. Y a ese que llamas maestro, lo mataré también.
Lucy quedó estupefacta ante semejante declaración, y después de unos segundos, soltó una gran risotada, desconcertando a su rival. —Idiota, el Maestro es invencible —se limpió las lagrimillas y la miró como se mira a una persona de pocas luces—. Él está en otra liga; bien puede ser considerado un monstruo. No hay manera de que alguien como tu pueda tocarlo… a menos que él lo permita. ¡Lo tengo! ¡Te entregaré como trofeo al maestro!
Ángel apretó los dientes. No le gustaba nada esa mirada y mucho menos esas palabras; esas palabras que implicaban esclavitud reavivaron el odio de su infancia. Los recuerdos de esos días de niñez encerrada en una celda oscura, donde apenas si se filtraba la luz y era obligada a trabajos forzados. Donde los golpes llovían sin motivos y la comida apenas si era mejor que la mierda, donde perdió la virginidad de una manera indecorosa. —¡Maldita, te voy a matar! —Su voz adquirió una frialdad casi palpable—. Pero antes te sacaré la mierda a golpes.
Lucy sonrió para sus adentros. —No te preocupes; sé que serás feliz a su lado. Te volverás la sirviente y esclava del Maestro; él te tratara bien-
El discurso de convencimiento fue cortado abruptamente; y por segunda vez, la rubia se vio contra las cuerdas. Los ataques llovían casi de cualquier dirección. Sorano se entrenó para superar su debilidad y Erik la ayudó a desarrollar un modo de combate peculiar; sus puños revestidos de magia pesaban el doble de lo normal y eso lo resentía Lucy. Con movimientos cortos y rápidos acertó varias veces a su rival, pero la rubia no era cualquier cosa.
Por otro lado, la alumna de Natsu, apretó los dientes y alejó el dolor de su mente. Interpuso el brazo derecho y envió un golpe con la intención de rebanarla. —¡Maldita! —La espada corta que le quedaba salió volando y recibió una contra que la hizo retroceder unos metros; Lucy aprovechó la oportunidad y mientras retrocedía usó el látigo pero Ángel no pensaba darle ventaja. La rubia recibió un golpe en el costado derecho pero acertó una bofetada, la tomó del pelo y le intentó dar un rodillazo. Ángel dobló el cuerpo y esquivó, luego giró y tiró una patada. Lucy interpuso el brazo y sintió como crecían fisuras en sus huesos; con el látigo logró acertar otro golpe.
Ángel volvió a girar en el aire y cayó bien parada, se limpió la sangre que le escurría del labio partido y fulminó con la mirada a la rubia. —¡Perra! —Masculló con vilipendio; y, otra vez se enfrascaron en una pelea de patadas y puñetazos. Las mujeres danzaban un baile violento y sin igual; con toda la intención de hacer trizas al oponente. Si Lucy pateaba, Sorano se defendía; si la albina lanzaba un puñetazo, la rubia esquivaba. Se cabecearon y en algún momento dado, parecían bestias salvajes buscando la dominancia del territorio.
Sorano paró con las dos manos un rodillazo y devolvió una patada ascendente; Lucy interpuso el brazo izquierdo y mientras se ladeaba lanzó una patada al costado derecho. Ángel la cabeceó en la boca del estómago y recibió una cachetada; sin previo aviso, le quitó el sostén a la rubia. Las mujeres se separaron, ambas respiraban con dificultad. —No tienes vergüenza —masculló la albina.
Lucy alzó los hombros y sus pechos se balancearon en un ritmo atrayente y casi vulgar. —No importa —no tenía tiempo para preocuparse por esas cosas, su mente se encontraba buscando afanosamente cualquier abertura. "¡Idiota, mantén la calma!". Su Maestro, Dos, le dijo que ante cualquier situación, sin importar cuán difícil sea, es importante la calma y serenidad. Que sólo así podría ver la salida. "¡Bingo!". Lucypateó una tabla y desestabilizó a la albina, el momento fue aprovechado y le devolvió los golpes; con la palma abierta le pegó entre los pechos y le sacó el aire y luego le dio uno en la mandíbula pero no vio venir una patada que le acertó en el mentón.
Las dos mujeres salieron despedidas en direcciones opuestas y chocaron contra la pared o contra los árboles. Por varios minutos se quedaron reposando y tratando de recuperar el aliento; Lucy recostada en el árbol le devolvía la mirada a Sorano. Se volvieron a poner de pie y corrieron en la misma dirección; justo cuando el aire silbaba con violencia y a un instante de volver a chocar, una ola de viento azotó todo el lugar acompañado de un gran estruendo. —¡Maestro! —Exclamó Lucy totalmente preocupada. Ángel aprovechó la ocasión para asestar tres golpes y definir la pelea. La rubia chocó con fuerza contra el árbol opuesto y quedó tendida. Por milagro no quedó inconsciente. Le tomó un instante calmar su mente y prepararse para lo peor. "Lo siento maestro". Comenzó a murmurar el hechizo más fuerte de su arsenal, y la batalla se redujo a un todo o nada.
La albina ignoró por completo el suceso singular de la onda de choque y se preparó para asesinar a su rival; se acercó al árbol a paso solemne, levantó el brazo derecho hasta el cielo, juntó la poca energía que le quedaba y dejó caer, justo como un verdugo, la espada dorada y llena de estrellas en miniatura. —¡Es el fin! ¡Corte Celestial!
Lucy ni siquiera cerró los ojos, sólo sonrió y se preparó para recibir el golpe certero. "Pero te vas conmigo". La determinación brilló en sus ojos, y terminó de recitar el hechizo que estaba preparando. Su intención era recibir el golpe y después atacar. Apostaba por no morir instantáneamente y sacar un doble knock-out.
Justo antes de que todo terminara, una violenta ola de intención asesina golpeó todo el lugar. El sentimiento era asqueroso y repulsivo, tan terrorífico que cualquiera temblaría ante tanta maldad; la sensación no se podía describir en palabras, era como sí toda la vida huyera aterrada del lugar y la muerte misma hiciera acto de presencia. Sorano nunca antes sintió algo así, desprevenida, el miedo se apoderó de su cuerpo rompiendo su concentración. Tuvo una visión de la muerte detrás de su espalda, tocándole la nuca con los dedos huesudos; las manos esqueléticas se apoderaron de sus pechos y pellizcaron sus pezones. El ataque falló.
Para Lucy, la sensación fue totalmente distinta; sí, sintió miedo pero también fascinación. Su corazón latió desbocado y supo instintivamente que el ente de semejante poder no era más que su maestro. "¡Gracias Maestro!". —¡Urano Metria! —Casi al instante, un rayo similar a un cañonazo surgió de los puños entrelazados de Lucy. Un surco quedó en el suelo, y gran parte del edifico de Eisenwald quedó borrado, volviendo un caos el interior. La pelea terminó con la victoria de Lucy; ella intentó ponerse de pie pero cayó totalmente exhausta. "Gané" pensó antes de sumirse en la inconsciencia.
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De vuelta con Acuario y Escorpio…
Las gafas de sol estaban partidas en varios trozos y Escorpio no estaba mejor que digamos. La camisa había desaparecido y el cabello lo tenía maltrecho como un estropajo; su rostro mostraba una expresión furibunda, nunca le paso por la mente que sería superado por la mujer y que, a pesar de darlo todo, estaba contra la pared.
—¡Suficiente de esto! —Exclamó el medio pelirrojo y medio albino; incapaz de pensar con coherencia, soltó lo que se le vino a la mente—. ¡Es tu maldita culpa! ¡Por eso busque a otras mujeres! ¡Discapacitada!
Los ataques menguaron de intensidad y poder hasta convertirse en briza. Lo que él acaba de decir la lastimó severamente; después de todo no era su culpa que él-fuera-un-maldito-débil-sin-potencial. Su mente se volvió un caos de odio y desprecio, todo dirigido a él. "¡Suficiente!". Sí, lo amaba y todo pero no más. No, no era la primera vez que era engañada, lo peor fue encontrarlos en su casa y en su cama. ¡Oh, no! Él no se va a salir con la suya. ¡No más! Apretó los dientes y lo fulminó con la mirada.
La Sirena nadó en el aire, ayudada por su propia magia y cerró la distancia, le propinó tremenda bofetada. —¡Imbécil! —Las lágrimas se acumularon en sus ojos y le dio otra cachetada, y otra, y una más—. ¡Eres un burro!
Escorpio quedó en shock, no es esperaba una reacción tan… femenina. Fue a la tercera cachetada que salió del estupor y la fulminó con un golpe del dorso de la mano que ella no vio venir. —¡Perra! —Vociferó. Y en su mente les dio la razón a sus amigos, aquellos que le decían que era mejor demostrarle a Acuario quien llevaba los pantalones—. ¡Nunca más te atrevas a golpearme! —Con la cola le pegó en el centro del estómago y la mandó a volar.
Acuario, mientras surcaba el aire, soltó las lágrimas que tanto estaba conteniendo. Maldijo en su interior sentirse tan débil por un golpe insignificante. Chocó contra los restos y se desplomó como una marioneta sin hilos. Le dolía sentirse débil y desprotegida. Pero sobre todo, le dolió más las palabras que él pronunció, palabras que la hirieron a pesar de que ella nunca dijo nada con tal de no herirlo. Justo en ese momento, la malicia acarició su piel y reconfortó su corazón. Su ritmo cardiaco corrió como nunca antes y sus mejillas se tiñeron de un rosa pastel. Su instinto, la causa de todos sus problemas, le dijo a gritos que, quien fuera el causante, era el indicado para procrear y dejar fuerte descendencia.
Por otro lado, con el Espíritu de cabello rojo y blanco sucedió todo lo contrario. La oleada de maldad materializada en un instinto asesino espectral y terrorífico lo aterró a un nivel indescriptible. Sus peores miedos se materializaron en su mente causando que le temblaran las piernas y cayera postrado. Escorpio sudó copiosamente y perdió el color del cuerpo; la ira que sentía hasta hace un segundo, se esfumó como perro apaleado. A pesar de que sólo fue un instante, ese terror quedó marcado por siempre en la mente del Espíritu.
Los dos Espíritus se quedaron en silencio durante varios minutos, asimilando lo sucedido. Uno aterrado y la otra excitada, emocionada y asustada por sentir algo semejante. Ni siquiera le dieron importancia al impacto que arrasó con lo que quedaba del lugar. Finalmente, después de lo que pareció una eternidad, alguien interrumpió la escena.
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Dos, el clon de Natsu, congeló a Van Hohenhaim usando «Crysalis», una magia antigua y poderosa, pospuso la muerte del anciano y lo almacenó en la «Caja del Tesoro». Después de calmarse por completo, desapareció de la zona devastada y fue en busca de Lucy. Tenía plena confianza en el poder de la rubia desde que la vio pelear contra Mavis, así que no se preocupaba tanto por ella.
"¿Tal vez no se ha recuperado?". Un pensamiento pesimista cruzó su mente pero rápidamente lo desechó. Después de algunos minutos, gracias a eso se dio cuenta cuan alejado estuvo de todo el conflicto, llegó hasta la edificación o lo que quedaba en pie. Se coló por una ventana y sondeó la zona. Destrucción, muertos por doquier, fango y más destrucción. —¿Quién eres? —Cuestionó con voz simple y tranquila, ocultando su frustración por no encontrar a la rubia en el lugar. No reconocía para nada al tipo de cabello rojo-blanco y por la apariencia del tipo sacó conclusiones erróneas—. ¿Dónde está Lucy? ¿Qué le hiciste?
Al no recibir respuesta, Dos, por segunda vez, azotó el lugar. No era necesario que moviera un dedo con tal de oprimir a los débiles de mente y esta vez no fue la excepción; antes de que volviera a preguntar, el Espíritu Celestial desapareció dejando escapar un chillido inadecuado. En menos de un parpadeó, la zona donde hace apenas un segundo estuvo Escorpio, desapareció y le siguió un gran estruendo. «Sucuropendra» relucía radiante con su color sanguinolento y forma grotesca. La intención de matar se expandió y después regresó a él. El clon suspiró decepcionado, admitiendo que se le había escapado.
—Maldición, otra vez me precipite —volteó a la derecha, justo al lugar donde estaba la presencia que captó su interés. Decidió cambiar de enfoque, si ser malo no funcionaba, talvez ser gentil trajera mejores resultados, aunque ya había encontrado el paradero de su alumna; su decisión no era influencia por el hecho de que la presencia era femenina. No, definitivamente no era eso. Sacudió la cabeza y recompuso una sonrisa radiante. A paso sereno y despreocupado se acercó—. ¿Has visto a una rubia por aquí cerca? ¿Conoces a Lucy?
Acuario no más escuchó la voz del desconocido quiso conocerlo, y cuando la segunda vez que la malicia estremeció su alma, cuerpo y corazón, estuvo segura de quien era él. —Mi destinado —pronunció con voz queda, se tapó la boca, como si temiera que las palabras se le escaparan y no volvieran. Las lágrimas se evaporaron y ni siquiera le importó que Escorpio estuvo a punto de morir. El hombre tenía un singular color de cabello que le recordó a cierta mujer con cara de póker; lucía una sonrisa radiante como el sol; tenía una presencia que exudaba masculinidad con cada paso y una voz tan jodidamente candente que sintió su sangre hervir—. No puede ser. —Y cuando él la tocó, justo donde recibió el golpe en la mejilla, casi se queda inconsciente. El toque era gentil y suave, justo como se debe acariciar los pétalos de una rosa.
Él usó dos hechizos básicos de sanación, y en el momento en que la tocó, los escombros donde estaba la mujer de cabello celeste y largo, con un bikini como prenda para cubrir los grandes melones, desaparecieron en el aire. Una cola hermosa de escamas celestes quedó expuesta a los rayos tenues del sol; las escamas brillaban como joyas preciosas cada vez que ella movía la cola de arriba para abajo. Emocionada. Similar a una cachorra.
Dos quedó boquiabierto. Sabía de las sirenas por cuentos y leyendas, cosas de un pasado distante, pero ahora que volvía a ver una, recordó tiempos memorables con las hermosas y peligrosas mujeres marinas. —¿En serio? —Pronunció aun incrédulo; acercó los dedos hasta las escamas y sintió la textura suave y resbalosa. Pasó la mano—. Vaya, que linda.
Acuario boqueó como pez fuera del agua, sin ser capaz de decir algo coherente. "¡Dijo que soy linda!". El encanto del hombre era tal que le hizo olvidar todo lo referente a su otrora novio y llenó su cabeza de pensamientos solo de ella y él, juntos, juntitos, sólo los dos. Sintió el toque… ¡Un toque! Algo tan simple pero espectacular, tan, tan, tan difícil de poner en palabras. Fue en ese instante que su cuerpo decidió entregarse al hombre que acariciaba suavemente su cola. Su parte inferior empezó a brillar, algo que sólo sabía por relatos de su madre. "¡No, no, no, no!" Entró en pánico y sin mediar palabra alguna, desapareció. Ni siquiera un 'adiós' o 'gracias' dijo. Ni preguntó de dónde o como conocía a Lucy.
Él se llevó las manos a la cabellera, se despeinó un poco y dejó salir un par de maldiciones. Sin importar si era bueno o malo, la gente tendía a desaparecer, pero lo más molesto fue que la sirena peliceleste desapareciera. Ella captó su interés de varias maneras. Suspiró. —Será mejor encontrar a Lucy, apresurarme a destruir todo esto —echó un vistazo rápido por el lugar— aunque no es que quede mucho por terminar.
Varios minutos después, encontró a la rubia. Apoyada contra la base de un árbol, el viento sopló y los bucles dorados revolotearon por doquier; la vista tan pacifica le hizo pensar lo peor y nada ayudaba verla semidesnuda. Lo primero que se le vino a la mente fue que algún maldito bastardo la tocó, prometió darle una muerte lenta y dolorosa al responsable. Pero después de un segundo vistazo comprendió que ella sólo estaba durmiendo. Respiró aliviado, toda la preocupación se fue de un soplo. —Luce, vamos, despierta —empezó a aplicar hechizos de sanación de un suave color dorado. Los cortes y magullones lentamente desaparecieron, pero el estrés mental no desaparecería fácilmente—. Vaya, sí que tuviste una pelea difícil.
El viento cambió de dirección y las hojas se arremolinaron por doquier; a lo lejos se escuchaba los sonidos de los animales que volvían al bosque. Pero eso no le importaba, él quedó hipnotizado por el suave sube-baja de los grandes pechos desnudos de su alumna; los botones eran de un suave rosa y la piel de alrededor de un crema tentador. El ritmo era provocador e incitante, como si lo invitaran a que las tocara. Obedeció. —¡Wow! ¡Asombroso! —Se relamió los labios y apretó el pecho derecho; lo masajeó hasta sentir como el pezón saltaba de alegría ante sus caricias. Ya con un poco de valor, tomó el izquierdo y en cuestión de segundos la chica soltó un «Ah~» dulce y adictivo.
Hubiera seguido con las caricias si no hubiera sido por el estruendo de una pared al caer. —¡Que lata! —masculló; usó la magia de Ultear y las ropas de Lucy se volvieron a integrar. Meditó un momento su siguiente movimiento, debatiéndose entre tomar todo lo de valor o simplemente borrar todo rastro de un solo golpe. Consideró que ya no había nadie cerca que pudiera hacerles daño, así que se echó a Lucy al hombro, justo como un saco de papas y avanzó tranquilamente al meollo del asunto—. Fiuu~ que lujo de piernas —dijo mientras daba un vistazo a la escultural figura de su futura amante—. Vaya, vaya. Supongo que tendré algo de diversión.
Ya estando en la zona de guerra, él sacó a relucir «Sucuropendra» y rápidamente se afianzó de todo lo que tenía algo de valor. Cerró los ojos y controló las extremidades color sangre como sí se tratara de manos con ojos; las extensiones de su cuerpo se movían entre los escombros y almacenaban todo dentro de la sombra; anillos, cadenas, brazaletes, armas y armaduras, pinturas y alfombras, bebidas y alimentos. De paso, terminó con la vida de los convalecientes. En menos de diez minutos terminó con la labor de saqueo. Él representaba la gula de Natsu, y cumpliría fielmente su papel. —Lo devoraré todo —sonrió como sólo un villano sabe hacerlo y salió del lugar.
Afuera, el sol alumbraba con gran intensidad; los sonidos de guerra y batalla hace tiempo que murieron y ahora sólo había quietud y serenidad. Desenvainó su nueva adquisición y la blandió con total naturalidad; la zona donde antes estuvo una gran mansión, donde antes se escucharon voces alegres y peleas esporádicas, donde muchos pusieron sus sueños, un lugar lleno de recuerdos e historias incontables, fue borrado de la historia y del mundo. El estruendo fue avasallador y la nube de polvo y tierra no se quedó atrás.
Él se sentó y dejó que la chica reposara entre sus brazos; observó con total atención el resultado de la batalla, como si esperara a que lo inesperado sucediera. Ya no había sonido alguno, las aves se largaron junto con los animales más pequeños; las bestias peligrosas observaban desde una zona segura. En esa serenidad, Dos se abstrajo y su oído captó un quejido finísimo, a la distancia, lleno de dolor y cansancio. —Así que todavía quedaba alguien…
Ajeno a la inspección minuciosa del pelirrosa, Lucy despertó. Todo el tiempo en que estuvo dormida, se sintió gratamente aliviada, un calor reconfortante alivió su dolor y cansancio. E instintivamente buscó esa comodidad que su alma anhelaba. Abrió los ojos y quedó más que satisfecha: el hombre del cual se enamoró la estaba cargando, brindándole un calor muy reconfortante. Olvidó donde estaba o que estaba haciendo; su mundo se volvió él. Lo miró profundamente, analizando cada centímetro de piel, y asintió para sí misma. "Definitivamente. No hay duda alguna. Él es el hombre indicado; aquel que complementara mi vida. Mi señor amado". —Maestro —susurró con voz cálida y anhelante—. Mi maestro.
Él bajó la vista y se encontró con que ella quería besarlo. ¿Se negó? Claro que no. Unieron sus labios en medio del festival de destrucción, muerte y sangre, lo único que quedaba del gremio ambicioso de Eisenwald. Al principio, el beso fue suave, pero luego aumentó en intensidad. Eran como dos amantes que se encontraban después de mucho tiempo separados. La compatibilidad era inexplicablemente alta. Se pusieron de pie.
—Mm~ Ah~ —Ella gimió cuando Dos le agarró el trasero y le chupó la lengua. Sus piernas flaquearon y no le quedó de otra que aferrarse a él; se dejó amoldar por las expertas manos del pelirrosa—. Mm~ Ah~ Maestro~.
Se separaron y se volvieron a juntar; sus lenguas comenzaron una danza imperiosa donde él marcaba el ritmo y ella se acoplaba al deseo de su pareja. —Natsu; llámame Natsu —le besó el cuello y dejó su huella. Un pétalo rojo. Y luego otro y otro, hasta que estuvo seguro de que cualquiera que la viera supiera que ella ya tenía dueño.
—Natsu~ —canturreó y acarició la melena rosa; mientras él la seguía marcando—. Natsu~, te amo~.
Dos sonrió internamente, no le importaba que fuera llamado 'Natsu', después de todo eran una sólo existencia. Dejó de pensar en nimiedades y sólo disfruto del dulce sabor de la rubia. Tenía la excitación a flor de piel, lo suficiente como para tomarla entre el barro y hacerla gemir y gritar. Enseñarle quien era él y quien sería ella. Su amante, novia, mujer, esposa y saco. Pero se detuvo, la miró a los ojos y vio la inexperiencia; el leve temor a lo desconocido y la impaciencia del ahora. Si algo tenía Natsu, y que compartían los clones, era velar por el bienestar de las mujeres que significaban algo en su vida. Y ante todo, Dos, quería hacer de la primera vez con Lucy algo especial.
—Dios sabe cuánto mataría por hacerte mía en este momento —la besó otra vez, sólo que éste apenas si duro unos segundos—. Pero hay algo por hacer. Debo atar todos los cabos.
Ella se mordió el labio; la erección pulsando contra su abdomen era prueba verídica de lo que él decía era cierto. Y él no era el único ansioso, sin necesidad de mirar debajo del jeans podía decir que tenía las pantaletas por completo húmedas. —Espero~ —respondió en un ronroneó—. Pero, me muero de ganas.
—No será mucho —agregó. Emprendieron el camino, siguiendo los leves quejidos. El suelo brillaba tenuemente, justo como si hubiera sido bañado con miles de diminutas estrellas. No quedaba nada en pie, ni árbol, ni roca, todo estaba al ras del suelo y brilloso. Lucy le explicó todo lo referente a la batalla y los que la ayudaron en semejante situación; gracias a eso supo cómo se llamaba la mujer madura de cabello celeste y lo que le aguardaba al final del camino.
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Sorano Auguria, conocida como Ángel, estaba semi-inconsciente, debatiéndose entre el dolor y el deseo de vivir. Se arrastró fuera del sendero y se refugió entre varias rocas a quince metros de donde estaba, completamente desnuda y con magullones por doquier; con el brazo derecho fracturado y el izquierdo con fisuras. Cada movimiento le dolía infinitamente, pero su voluntad era mucho mayor que cualquier cosa. "¡Esa perra!". Perjuró en lo más profundo de su corazón que se volvería más fuerte y la buscaría para tener la revancha. Qué la haría sufrir… que… que… la oscuridad se volvió a apoderar de su mente… su ultimo pensamiento fue el chico de cabello castaño y sonrisa lobuna. "Erick".
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—Vaya, dejé en mal estado el regalo del Maestro. ¡Lo siento mucho!
Dos asintió un par de veces y aceptó de buena gana el regalo. —Gracias, la intención es lo que cuenta —se agachó y dio un vistazo rápido—. Todavía sigue con vida, así que puede ser sanada. Buen trabajo.
Lucy sonrió ante el cumplido y se quedó sorprendida ante el gran repertorio de magia de Natsu. Sanación, ataque, defensa y transporte. ¿Acaso había algo que él no pudiera hacer? Sospechaba que no, él terminó a curar a la mujer dejándola en un estado aceptable. Dos procedió a conjurar un gran hechizo y «Crysalis» encerró a la albina en un gran bloque de hielo. Era necesario este proceso ya que «Caja del Tesoro» sólo almacenaba cosas inanimadas.
—¿Merezco un premio? —Inquirió la rubia cuando él estaba de pie; lo rodeó con los brazos y lo miró expectante, dejando que él sintiera la dureza de sus pezones—. ¿Uno bien grande~?
—La siguiente ciudad no queda lejos —dijo, intentando poner tierra entre él y el grupo de Laxus—. Pero eso ya no importa, es hora de recompensarte.
Ella lo quería, él también la necesitaba. ¿Acaso importaba el lugar o el momento? ¿Qué Laxus apareciera de la nada? ¿Qué su técnica de clones quedara al descubierto? ¿Qué fuera tachado de voyerista? Mandó todo al diablo y la besó con ferocidad, desatando todo lo que había reprimido.
—Ah~ Mm~ Nat~su —gimió la mujer cuando él liberó sus labios. Enroscó sus piernas alrededor de la cintura y se volvieron a besar; ella movió las caderas, rozando su intimidad contra el bulto viril—. Mm~ Nn~ Mm~.
Dos liberó un sonido gutural y dejó que sus manos volvieran a explorar el par de pechos que tanto lo habían tentado. Definitivamente nunca se cansaría de manosearla: eran como un par de enormes malvaviscos. A pesar de que tenía a Mirajane, Lissana, Cana, Erza y a Ultear, ni una era parecida entre sí. Amasó las tetas y las masajeó hasta que su corazón estuvo satisfecho, en ningún momento dejó de besarla y ella tampoco se quedó atrás con el intercambio pasional. "Tiene algo —pensó fugazmente—. Su sabor, su piel, su olor, su cabello, todo me recuerda a alguien". Incapaz de hilvanar el pensamiento correcto, la liberó del beso. Y se regodeó con la hermosa vista: mejillas sonrojadas, mirada deseosa, respiración errática y gemidos anhelantes.
—Nat~suu~, Nat~suu~ —un escalofrió excitante recorrió su cuerpo cuando lo miró a los ojos. La mirada quemaba con un deseo insano; lujuria, amor y necesidad. Cerró los ojos y esperó a que él la volviera a besar; que las manos callosas volvieran a reclamar sus pechos; que el bulto entre los pantalones saliera triunfante y reclamara lo que se había ganado a pulso. Que…*PAMM* Abrió los ojos—. ¡Maestro!
Sin mediar palabra o aviso alguno, justo como un ladrón en la noche; el clon se tambaleó. "¡No puede ser! ¡Algo le pasó al real!" La vista se le oscureció; perdió el control de su cuerpo y su mente cayó en las tinieblas. Apenas si sintió el suelo en su espalda y como un último esfuerzo, reunió las fuerzas necesarias para no desaparecer en el olvido. Todo se volvió un remolino de tormento y odio, sed de sangre y necesidad de extinguir la vida… Y de ahí no supo de sí hasta mucho después. Dejando a Lucy en un gran aprieto.
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Blue Rose - 07:55 AM
Blue Rose es la última ciudad, propiamente dicho, al oeste del Reino de Fiore. Una muralla de diez metros de alto rodeaba toda la ciudad y la protegía de los monstruos y cualquier gran peligro que acechara los alrededores. Blue Rose hace honor a su nombre, es decir, una ciudad llena de rosas azules. En los balcones, en las orillas del camino, en los jardines y en los arbustos; todo es de un color zafiro y de estupendo aroma. Hasta en el río flotan las hermosas flores y las aguas se asemejan a los profundos mares; incluso el color azul predomina en los peces.
-Casi dos días después-
Pasó más de un día para que Natsu, el real, recuperara la consciencia y un poco más para que Dos volviera a la normalidad. Natsu no permitió que su clon se saliera de control y empezara un derramamiento de sangre por doquier. Además, la sincronización de recuerdos y poder llevó mucho tiempo debido a la distancia y otras cosas que Natsu estuvo comprobando.
Dos abrió los ojos lentamente, primero con pereza y después con cierto toque de curiosidad. El techo era blanco con motivos florales y la sensación de su espalda era mullida y confortable. Vio a su alrededor y no encontró mucho que destacar: un mueble a la par de la cama, un ropero y una gran ventana. "Una habitación sencilla, alquilada al último momento". Se incorporó y sonrió al verla. Bañada por la luz de la mañana, Lucy estaba en un sillón y dormía plácidamente apenas cubierta por una sábana. A simple vista se notaba que ella estuvo velando por él todo el tiempo, y que al final el cansancio la había vencido. "No la culpo. ¿Cuánto tiempo habrá pasado?".
Se incorporó y le acarició la mejilla derecha; luego jugó un rato con un mechón de cabello rubio y para terminar, le besó la frente, justo antes de que la puerta se abriera de improvisto. Antes de que Dos fuera consciente de su visitante, fue tacleado y cayó sobre la cama. Encima tenía a una mujer de cabello castaño y rostro precioso; con un cuerpo escultural y un par de delicatesen bamboleándose con sinuosa vanidad. ¡Cana Alberona, la bebedora más famosa de Fairy Tail!
—Darling~ —La morocha llegó a la pequeña ciudad hace apenas un día, y después de localizar a Natsu se llevó el susto de su vida. Lucy, cohibida al principio, relató lo sucedido y una llamada rápida a Mirajane bastó para que su corazón volviera a latir y el de la rubia también—. Me asustaste.
Dos sonrió sinceramente y recibió de buen agrado el beso. —Perdona por preocuparte —le limpió las lagrimillas y la volvió a besar, sólo que esta vez en la frente—. Cana, jamás caeré.
Ella sonrió ampliamente, con las mejillas sonrojadas y un toque de orgullo en los ojos. Los ojos no mentían, y los de él reflejaban seguridad y poder. Un poder que iba más allá de lo conocido, algo que la excitaba. Él era suyo, y lo mejor de todo, ella era suya. —Es una promesa —declaró.
—Por supuesto —se besaron y luego de unos segundos, él se sentó con ella a horcajadas. En esa exquisita posición, acarició el suave y flexible trasero, arrancando gemidos incitantes. Ella lo abrazó y lo llevó contra sus pechos; él tomó el pezón izquierdo -aún con el bikini puesto- y jugó con la deliciosa carne; era un sabor que añoraba desde hace tiempo—. ¡Qué delicia!
Cana cerró los ojos y se mordió el labio inferior; la hábil lengua estaba haciendo estragos con sus pechos y los dedos incitaban su intimidad. —Ah~ Joder~ Qué~ Mmm~ Ahh~ —lo liberó y buscó los labios. Se besaron con fervor y pasión contenida, con una necesidad impaciente que los llevaba hasta el borde de la locura. Pero ella tenía cosas que hacer y él también. Lo detuvo—. Nat~su.
Dos apretó los dientes cuando la mano juguetona acarició su virilidad. Ella aprovechó para decirle algunas palabras al oído y él maldijo lo mala que estaba siendo. —Está bien —aceptó no muy convencido—. Pero tenlo por seguro, no podrás caminar después de esta noche.
Ella sonrió como una gatita y le lamió la mejilla derecha, luego le mordió el labio y lo hizo gruñir de frustración. Se desembarazaron. —No esperaba menos —dijo antes de cambiar de tema—. ¿Qué quieres de desayuno?
El pelirrosa resopló y pensó que lo mejor sería tomar una ducha de agua fría y esperar pacientemente lo que Cana estaba preparando. —Algo con bastante grasa y carne; cerveza y algo de fruta —volteó a ver a Lucy. Sonrió—. Que sea para tres.
—Okey~ —se relamió los labios—. Mm~. No seas tan brusco.
Se besaron por última vez, y realizaron un toqueteo breve. Ella interpuso los brazos, y muy a su pesar, detuvo el ataque insistente del hombre. Ella sonrió coqueta, y un brillo travieso se reflejaba en sus ojos. —Después me uniré a la diversión.
—Ni siquiera se me ocurrió que te la perderías —le dio un último beso y se fue a la ducha. Ya adentro, se quitó la ropa y prendió la regadera, el agua fría relajó su mente y cuerpo. Selló sus sentidos e ignoró la conversación en la otra habitación.
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Cana esperó unos cuantos minutos y cuando estuvo segura que Dos ya se estaba bañando, se sentó en el borde de la cama, cruzó sus piernas y puso sus brazos debajo de sus pechos. —Vamos, ya deja de fingir. Sé que estás despierta.
Las mejillas de Lucy estaban teñidas de un suave rosa. Entreabrió los ojos y soltó la respiración que estaba conteniendo. Se tapó el rostro con las manos, intentado ocultar la vergüenza y la excitación del momento. "Así que ese es el modo en que se comporta una mujer del maestro —conocía a Cana desde hace un día y al morocha se había mostrado de mente abierta y le dio la bienvenida al sequito Dragneel. Tanto así que incluso le había dicho que la llamará Hermana—. ¡Es tan asertiva!".
—Ya, ya. Debes calmarte. Respira. Bien, eso es. ¿Mejor?
—Sí —Lucy intercalaba su mirada, llena de nerviosismo, entre la morocha y la puerta donde se metió el pelirrosa—. ¿Ahora?
Cana se relamió los labios. El tiempo que pasó esperando a que Dos despertara lo aprovechó para interrogar a la rubia y formar cierto lazo de amistad femenina y de paso aprobarla como hermana. Sonrió. —Ya todo está listo. Haz como te dije y ya, para antes del mediodía, estarás con una sonrisa boba y con la mente en las nubes —el rostro explotó en varias tonalidades de rojo. Cana se carcajeó y le dio un par de consejos más al oído—. Disfrútalo, volveré al rato. Chao~. No te exijas mucho~.
Lucy se quedó avergonzada cuestionándose internamente a donde se había ido todo su valor y picardía que demostró en el bosque. Su mente era un manojo de nervios y antes de que se perdiera en escenarios fantasiosos e interminables, suspiró pesadamente y dio el primer paso para volverse (en palabras de Cana) «Mujer totalmente feliz». Se desabrochó la blusa de seda roja y quedó con el sostén negro de encaje; luego se quitó la falda y las medias. Con un tremendo sonrojo y usando solamente lencería erótica, se cubrió con una toalla y avanzó a través de la puerta del baño. Excitada y avergonzada, una mezcla rara de ver.
—¡Per- permítame lavar su-su-su espalda!
Dos estaba de pie restregándose el cabello y con espuma por casi todo el cuerpo cuando alguien entró en la estancia; sonrió debajo de toda la espuma ante el evidente nerviosismo de la rubia. El agua salió de la regadera, dejándolo tenuemente húmedo y sin espuma. Encaró a la mujer con una sonrisa en el rostro; permitiendo una vista completa de toda su gloria. —Niña mala.
—¡Gran Maestro!
Él soltó una risotada ante la alusión clara de su virilidad. —Esa sí que no la había escuchado —dijo; y la rubia tuvo la decencia de sonrojarse un poco más. La belleza avergonzada, ocultando levemente su voluptuosa figura, lo excitó de sobremanera pero recordó las palabras de Cana. Se sentó en el taburete y le dio la espalda—. Bien, adelante.
Ella tragó sonoramente, incapaz de pensar en otra cosa que no fuera en la grandiosidad de su maestro y los estragos que le haría a su cuerpo, volvió a tragar y estuvo segura que disfrutaría cada momento. Después de un leve carraspeo, ella regresó a la tierra. —Vamos Luce, no me hagas esperar.
Las palabras que ocultaban un deje de necesidad alejaron su temor a lo desconocido y decidió que aplicaría todas las técnicas que Cana le inculcó en las últimas horas. ¡Llevar la teoría a la práctica y hacerlo sentir bien! Antes de, se llevó las manos a la espalda y desabrochó el sostén: las grandes tetas rebotaron en el aire, como si celebraran su libertad y después quedaron con una firmeza que desafiaba la gravedad. Gloriosas, esplendidas y a punto de ser mancilladas. —Perdón por la demora —dijo, se untó los pechos con jabón líquido y lentamente los usó para tallar la espalda del hombre. Arriba y abajo, de izquierda a derecha, tan lento, asegurándose de que cada centímetro de piel quedara limpio—. Mm~ Ah~
Natsu sonrió con gran elocuencia mientras sentía como le volvía la erección; hacía mucho que no lo hacía. Y Cana lo había dejado al borde, haciéndole más fácil el camino a Lucy. Cerró los ojos y se concentró únicamente en la sensación gloriosa: una suavidad extrema, con un toque de dureza, flexible y tentador. A medida que los segundos pasaban, la rubia lanzó varios gemiditos. No podía verla, pero apostaba a que tenía el rostro rojo y la intimidad goteándole ansiosamente, que entre los muslos le escurría un líquido viscoso y estaba seguir que no era jabón. Tomó las manos de Lucy, con dedos delgados y suaves, y las guio hasta su miembro.
—¡Oh! —la respuesta fue instintiva: un gruñido cavernoso lleno de necesidad y placer invadió el baño. Los dedos se deslizaron y acariciaron todo lo que podían, era como si hubieran sido hechos para darle placer—. ¡Joder!
Lucy sonrió internamente y se pegó bien a la espalda del hombre; poco a poco estaba llenándose de confianza y eso facilitaba las cosas para ambos. Sus manos y dedos se deslizaron con suavidad por el pedazo de carne, sus uñas delinearon cada centímetro de piel. "Está caliente y pulsa con ansía —se relamió los labios, un gesto inconsciente pero sincero—. Suave y tranquilo, arriba y abajo, los testículos y el glande, acariciar la uretra". Ella cerró los ojos y dejó que sus manos le dieran una imagen mental de lo que estaba haciendo, dejó que sus oídos captaran la esencia de la felicidad masculina y que su tacto percibiera la fuerza de la vida. "¡Que pesados y llenos de esperma!".
Él arqueó la espalda y jadeó como animal salvaje. En lo más profundo de su mente felicitó a Cana; definitivamente era la única que pudo haber educado (corrompido) a la rubia hasta este punto. Definitivamente la recompensaría por el gran trabajo. —¡OHH LUCY! —Abrió los ojos con gran sorpresa al verla frente a frente, ella lo besó con pasión y en ningún momento dejó de acariciar su virilidad—. ¡Jaaa!
«Bésalo profundamente, haz que memorice tu sabor y después vuélvelo adicto».Recordó lo que le había dicho Cana. Ella obtuvo el dominio en esta ocasión y dio rienda suelta a su excitación y curiosidad; sus lenguas se enfrascaron en un abrazo intenso y casi perpetuo, cuando se separaron, un fino hilillo unía sus bocas. —Nat~su —musitó, besó la barbilla y descendió lentamente con su lengua saboreando todo a su paso; sus hábiles manos seguían dedicándose por completo a la virilidad—. Nat~su.
«Llámalo, llámalo con tu corazón y él anhelara tu llamada».Llegó a los pezones y decidió que probaría el tentempié antes del plato principal. Estuvo por unos minutos intercalando entre uno y otro hasta que Dos, con voz necesitada, le ordenó que siguiera. Que finiquitara lo que dejó pendiente en el bosque. Ella sonrió. —Será todo un placer —se relamió los labios con un hambre insólita e internamente supuso que la vara de carne la saciaría por completo.
El hombre volvió a gruñir, estaba por completo a su merced, y por extraño que pareciera, esto no le importaba. Ella le sostuvo la mirada mientras se posicionaba entre sus piernas, los labios de un rosa suave estaban ligeramente colorados y brillosos; deseosos y anhelantes. Ella abrió la boca y sacó la lengua; lentamente se fue acercando hasta besarlo con profundidad. La lengua se enrolló rápidamente alrededor del glande y después de probarlo concienzudamente, profundizó más la felación.
Él estaba contra las cuerdas, ella no le daba tregua: los dedos delgados y suaves acariciándole las bolas lo incitaban a eyacular con gran ferocidad. No sabía dónde poner las manos, ya que si tocaba la cabellera rubia estaba cien por ciento seguro de que follaría la nueva boca-vagina y terminaría con el juego de Lucy. A duras penas se contuvo cuando se llevó las manos a la melena rosa.
—¿Ashí? —Farfulló cuando se sacó la vara de carne de la boca, un instante después estaba lamiendo el resto de virilidad: primero los testículos y después ascendiendo por el camino venoso, mientras repetía el proceso dejó algunos chupones—. ¿Le gushta~?
El pelirrosa apretó los dientes. "¡Es malditamente talentosa para chupármela!" pensó, completamente extasiado. La lengua se concentró en la uretra y sólo en esa parte, lamiendo con gran fervor mientras las delicadas manos no dejaban de masturbarlo. La miró de reojo y pudo ver la ansía que la chica tenía; hasta pudo notar unos corazones en las irises chocolate. Y también sintió la necesidad de saciarla. El remolino de fuego, que tenía en el vientre bajo, aumentó en intensidad y con ambas manos afianzó la melena rubia. ¡Al carajo el autocontrol! No le dio tiempo a reaccionar, esto era lo que ella quería después de todo, se puso de pie mientras empujaba su pene hasta el fondo y después lo sacó; repitió el proceso durante un tiempo indefinido has vaciar su semilla en la garganta de la mujer. Corrección, su nueva mujer. —¡No desperdicies nada!
Lucy, instintivamente o porque Cana ya le había dicho sobre lo impetuoso que él llegaba a ser, aflojó la mandíbula y se aferró a las piernas del hombre. Su mirada adquirió un matiz nebuloso, justo como si estuviera perdiendo la mente o como si estuviera drogada. Tragó y tragó y siguió tragando todo lo que él le daba; después de varios minutos o segundos abrió la boca y jugó con el semen hasta tragarlo sonoramente y soltar un gran gemido de gusto y satisfacción. La morocha le había enseñado bien. En la mirada, aparte de la lujuria, tenía un tinte de orgullo. ¡Hizo que él se corriera con su primera mamada!
—Ahhh~ —"Cana tenía razón, puedo hacerme adicta al maestro~". Su amor se profundizó un poco más; él la miraba con deseo, un deseo insano que la hizo temblar de placer y anticipación. Además, la erección no había bajado, por el contrario, lucía más gloriosa e intimidante—. Ah~… Ah~… Nat~suuu~.
Él le tendió la mano y ella la aceptó; se miraron a los ojos durante un largo tiempo. Dos pudo discernir muchas cosas, haciendo a un lado la lujuria y la pasión, había amor; un amor tan profundo que lo asustó. ¿Cómo podía amarlo de esa manera si apenas llevaban poco tiempo juntos? Entonces, gracias a la «Memoria Compartida», una revelación tuvo lugar, un recuerdo tan antiguo y escondido que fugazmente llegó a pensar que era una mentira. Pero todo era tan obvio. ¡La hija de Eralisse! Definitivamente eso explicaba la sensación de dejavu que estaba alrededor de la rubia. "Hasta-"
"¡Ni lo pienses! —el grito resonó en la mente del clon. Era Natsu, el real, quien estaba disfrutando su tiempo con Jenny y observaba distraídamente la situación del clon y Lucy—. Sí, sin duda alguna es la hija de Eralisse, eso explica la presencia similar y el parecido casi idéntico salvo por pequeños detalles. Pero que importa".
Dos estaba por refutar, decirle que era necesario pensarlo mejor antes de caer directo en alguna trampa mortal, pero el distinguible tono perverso no dejaba espacio para apelar. "No importa, ya me las arreglaré si algo sale mal. Además, tomar a la hija de mi gran amor y peor enemiga. ¡Qué excitante!— antes de cortar por completo la comunicación y dedicarse de lleno a Jenny, soltó un par de palabras más—: Sólo no permitas que lastime a Cana". Dos asintió interiormente y respondió con una sonrisa ante la expresión de desconcierto de Lucy.
—¡Niña mala! Te demostrare quien es el maestro en todo esto —declaró. La besó, un beso sin delicadeza, exigente y sin preocuparse por el sabor del semen. Total, era suyo y ella también. En este beso le demostró cuan inexperta era y cuanto le faltaba para dar la talla.
Lucy gimió mudamente cuando él agarró con fuerza su trasero; le masajeó sus nalgas con las manos callosas y ella sólo chilló mudamente con cada apretón. Dos no se conformó y decidió pasar a la ofensiva, con todo su arsenal. Él era un pro en todo lo referente a hacer el amor; mientras ella, sólo una novata con el orgullo inflado. ¡Era la hora de la lección!
Sin dejar de besarla de manera lujuriosa, la arrinconó contra la pared y la obligó a que rodeara su cintura con las piernas, cosa que Lucy aceptó felizmente. En esa posición, empezó a embestirla sin penetrarla, asegurándose de rozar el clítoris con toda la envergadura de su virilidad. El resultado fue instantáneo, ella se retorció pero él no la dejó escapar. La llevó al orgasmo en un par de ocasiones dejando las pantys totalmente húmedas y la mente hecha un desastre. El clon detuvo el besuqueo y el movimiento rítmico de su cadera; se enorgulleció ante la vista erótica de la rubia.
—Lucy, niña mala, todavía te hace falta aprender mucho para poder enfrentarme —su tono de voz era sensual y cautivador; le dio un par de minutos para que ella se recuperara y siguió con el juego.
Lucy que tenía la mente embotada por tanto placer ni siquiera escuchó lo que le decían ni se dio cuenta cuando él la sentó en el taburete e intercambió los papeles. Lentamente estaba siendo sumergida en un océano de placer y ella no estaba dando pelea, sólo anhelaba ser ahogada por completo y ver más allá del final. —¡Ah~! —gimió por enésima vez, e inconscientemente se preguntó si así serian todos los días del resto de su vida. "Esto es taannn"—. ¡Mmm~! ¡Nnn~! ¡Ahh~!
Las manos del pelirrosa se deslizaban sobre el vientre plano, creando caminos invisibles, trazando delgadas líneas húmedas y espumosas. Él besó la oreja y mordió ligeramente el lóbulo, chupó esa delicada zona y recitó palabras dulces que ocultaban la perversidad. —Lucy, mi dulce luz. Rubia como el oro y dorada como el amanecer, con una piel tan dulce como la miel. Mmm~ que delicia —Lucy se retorció ante las manos expertas y prodigiosas, por cada segundo que pasaba estaba más cerca de volverse loca. Era una tortura lenta e inmisericorde—. Ahora que recuerdo, no te he enseñado nada aun. ¿Verdad?
El carmín en el rostro de Lucy se intensificó, cerró los ojos y dejó que sus gemidos fluyeran y se volvieran música para Natsu. Apoyó todo su peso sobre el hombre y le permitió hacer lo que quisiera con su cuerpo.
—¿Quieres aprender?
Ella abrió las piernas mientras asentía vigorosamente. —Sí~ —respondió con voz trémula y cargada de anticipación. «Cuando veas la ocasión precisa, dile que quieres ser su mujer. Después de todo, quieres eso, ¿verdad?»—. Por favor~… Ah~… Enséñame a ser tu mujer ideal
Dos asintió gratamente satisfecho. —Primera lección.
Lucy chilló y se estremeció y gritó de excitación cuando los dedos del pelirrosa rozaron su braga y por ende su intimidad; la tocaron con fuerza y se hundieron, luego volvió a retorcerse en el momento en que su clítoris fue apretado con vehemencia. Lentamente, pero a un ritmo constante, los dedos se hundían y salían bañados por el néctar femenino llevándola al éxtasis junto con las declaraciones de amor.
—Segunda lección —dijo con un tono pervertido. Desde su posición tenía una vista esplendida y perfecta de los montes de carne que tanto lo habían tentado en el camino y que se estaban volviendo su adicción. Los palpó y sintió el gran peso que llevaba en los hombros la rubia—. Pobrecita, déjame echarte una mano. —Mientras hablaba los levantó y dejó que rebotaran un par de veces; tenían una gran firmeza. Acto seguido, los apretó y acarició y moldeó hasta concentrarse únicamente en los botones rosa.
La rubia se retorció como un flan y después se quedó resollando y gimiendo ligeramente. Lucy temblaba de gozo y júbilo, el hombre que salía en revistas como uno de los más apuestos de todo Fiore y que había admirado desde que quiso convertirse en maga, la estaba acariciando y tocando mientras le decía palabras bonitas al oído, preparándola para una vida distinta.
El éxito de una relación con tantas mujeres dependía del carisma, el amor, la atención y el arte de decir lo indicado en el momento preciso, obviamente también debía ser excelente en la cama. Él sabía que debía cuidarlas y amarlas, quererlas y demostrarles con acciones todo lo que decía así que siempre era ingenioso con sus acciones. Los segundos se fueron como agua entre las manos y la rubia, otra vez, estalló de placer.
—¡AAAAAAAHHHHHHHHH~~~~! —A Lucy se le fue la voz y los pulmones se le quedaron sin aire. A un paso de la dulce muerte, suplicó por aire—: Por favor… bésame…
Si había algún hombre capaz de resistir semejante súplica de una chica semidesnuda y con la mirada delirante, ese hombre no era Natsu. La miró a los ojos y a pesar de que las dudas todavía persistían, sació la súplica que ella le hizo. La besó con voracidad, exigencia, lujuria y deseo en una intensidad mucho mayor a los besos anteriores. Se separaban cada vez que necesitaba aire y al instante se volvían a besar. Él era implacable y no dejó de jugar con la intimidad de la rubia, ahora era un toque directo; él sentía como sus dedos eran apretados casi como si se los fueran a arrancar, pero no se detuvo. Entró y salió, rozó ligeramente la barrera de la castidad y siguió con el proceso.
—¡Natsu! —Ella ya no gemía, ahora eran alaridos entre resoplidos—. ¡Te amo~! ¡Mucho~! ¡Muchísimo~! ¡Ah~! ¡Mm~! ¡AAAHHH~~~! ¡TE AMO~~~~!
Natsu concluyó que ya era suficiente de preámbulos, la tomó entre los brazos y salió del baño mientras ella todavía convulsionaba. Él estaba empapado y la rubia escurría, en un sentido literal. Sobre la cama mullida y con sábanas blancas, el clon la tendió y esperó un par de minutos a que ella se recuperara. Todo esto era una especie de reminiscencia de un pasado ya distante: una rubia semejante, diciéndole las mismas palabras, y prometiéndole muchas cosas. Los dos empapados bajo la luz de la luna, aún recordaba el aroma de su cuerpo, el calor de su intimidad, el sabor de sus labios y el verde intenso de sus ojos. Incluso recordaba a la perfección los nenúfares danzando a su alrededor mientras se entregaban en cuerpo y alma formando un vínculo irrompible. Algo que sucedió hace mucho, mucho tiempo.
"Y aquí está la prueba de cuan eterno fue nuestro lazo —pensó con ironía—. Tú hija pero no mía; seguiste tu vida a pesar de todo y formaste una familia". —Jaa. Que lamentable —la excitación se evaporó y fue reemplazada por un sentimiento sombrío y repugnante. Ahora más que nunca se manifestaba lo que mantenía reprimido, lo que las chicas sellaban con besos y caricias—. Debería…
Lucy entreabrió los ojos y le sonrió amorosamente, abrió las piernas y con una de sus manos extendió su intimidad mientras con la otra le hacia una invitación silenciosa. La mujer era incapaz de percibir el cambio sutil en la atmosfera, ella estaba en su propio mundo rosa lleno de fantasías de un amor puro y honesto. El aroma que exudaba fue suficiente afrodisiaco para que la erección del pelirrosa volviera con fuerzas renovadas: desde donde estaba podía observar con absoluta claridad lo brillante y húmeda que estaba, además de lo rosado de los labios femeninos y el escaso vello dorado que relucía como una corona. —Te amo mucho~ —dijo mientras el pelirrosa se cernía sobre ella y lo recibía con los brazos abiertos—. Vuélveme tuya.
Lo que Lucy ignoró fue el golpe que se dio el clon a sí mismo. "¡Grandísimo idiota, todo lo que importa es el presente! ¡El ahora y lo que voy a hacer!". Con una resolución distinta a la anterior, se subió a la cama y mientras disfrutaba de la excitante escena, colocó su virilidad cerca de la feminidad. —Desde ahora —cualquiera hubiese respondido con un 'También te amo' pero esas palabras no mostraban la sinceridad adecuada— y para siempre eres mía.
Lucy arqueó la espalda y gritó como una vanshe mientras se corría como nunca antes. Ni siquiera sintió dolor, sólo placer en su punto más alto. —¡NAAATTTTSSUUUUUU~! —En esta ocasión, definitivamente, tenía la apariencia de una viciada: los ojos nublados y a punto de ponerlos en blanco, una sonrisa de oreja a oreja mientras temblaba de éxtasis—. ¡Siempre~! ¡Por siempre~!
El pelirrosa apretó los dientes ante el agarre tan feroz del momento, era como si quisiera arrancársela. ¡Una sensación tan fantástica! ¡Tan deliciosa! La húmeda cavidad, resbalosa, caliente y apretada lo recibía con alegría. Sin duda alguna, estaba en la gloria. —¡Joder! —Con la primera metida quedó comprobado la alta compatibilidad que tenían, y al darse cuenta que no importaba si era brusco o no, decidió tomarla con más espíritu. Mientras se la sacaba se percató que ella no quería soltarlo—. ¡Niña mala! ¿Tanto te gusta mi pija?
La rubia ni respondió, simplemente estaba embargada por la sensación caliente que le daba nueva forma a su intimidad. Se aferró a las sábanas y dejó que su mente se desvaneciera en el mar de sensaciones maravillosas del momento. —¡Ah~! ¡Ah~! ¡Ah~! ¡Ah~! ¡Ah~! ¡Ah~!
Dos se la sacaba lentamente y luego se la volvía a meter de un solo embiste y con gran fuerza; afianzó su posición agarrándola por la cintura y siguió con el movimiento rítmico que se sabía de memoria. La habitación se llenó de los dulces gemidos de la hija de Eralisse acompañados por los gruñidos casi animales del pelirrosa; el intenso 'slap', 'slap', 'slap' armonizado con el chirrido de la cama crearon una sinfonía erótica y lujuriosa. El aroma a sexo salvaje y desenfrenado impregnó la estancia y lentamente se coló al exterior hasta atestar el pasillo.
Dos se vió absorto por el hipnótico movimiento de los pechos acompasados por sus fuertes embestidas; abrió bien grande la boca y probó lo que desde hace tiempo deseaba. Suaves y con un sabor tan dulce y único que sintió la necesidad de chupar con más fuerza. Tenía todo el pezón derecho entre los dientes y la lengua, mordiéndolo ligeramente, chupando, sorbiendo y deleitándose con tantas sensaciones. —¡Chica sucia! —Dos disfrutó de cada pliegue aferrándose locamente—. ¡Joder! ¡Qué buena!
Lucy lo abrazó y lo presionó más contra su pecho izquierdo, que ahora yacía entre las fauces del dragón. — ¡Natsu~! ¡Natsu~! ¡Natsu~! ¡Oh, sí! ¡Ahí! ¡Más! —Lo rodeó con ambas piernas y le aruñó la espalda mientras él aumentaba la velocidad, la fuerza y la magnitud de cada estocada. Una capa de sudor cubría todo su cuerpo, al igual que el del pelirrosa, se aferró más a él y respondió el coito con su propio movimiento de cadera. Ahora la estaba golpeando más profundo—. ¡Qué rico~~~oooo!
Dos abandonó los grandes pechos y se concentró en el rítmico mete-saca del cual ya había alcanzado la maestría. —¡LUCY! —Dos vociferó como un dragón, la estancia retumbó por el tremendo sonido y soltó su carga dentro de su nueva mujer—. ¡LUCYYYYY!
—¡NATSUUUUU! —Lucy también vociferó, sólo que en menor magnitud, justo cuando sintió como su útero era llenado con una sustancia caliente; disparo tras disparo, tras disparo. Buscó sus labios y sus lenguas danzaron en un beso fogoso y caliente que sólo contenía un deseo carnal insaciable—. ¡AHHHH~~~! ¡SÍÍÍÍ~~~!
La virilidad salió y dejó escapar un 'plop' bastante audible, segundos después el semen se escurrió entre los muslos junto con retazos carmesíes, prueba de la pureza entregada. Ella estaba extenuada, con la respiración entrecortada y temblando ligeramente cada dos segundos. Resollaba y gemía como la mujer más dichosa del mundo. Ni siquiera hablaba, ella estaba por completo concentrada en el mar de sensaciones en el cual, él, la sumergió.
Dos soltó una gran bocanada de vapor, a pesar de que ya se había corrido dos veces, esto sólo había comenzado. —Dos minutos son suficientes —en su voz se notaba la perversión. La lujuria y el deseo los tenía a flor de piel, y esta recamara no era el bosque, así que no había necesidad de contenerse. Con la erección a toda potencia y la seguridad de que ella aguantaría la refriega, le dio la vuelta. "¡La hija de Eralisse!" pensó con satisfacción. La dejó en cuatro, aunque más bien era con el trasero alzado y la cara enterrada en el colchón, y la volvió a embestir mientras ella todavía temblaba.
—¡Sííí~~~ííí! —La expresión de la rubia era la muestra más verídica de satisfacción, placer y lujuria en una sola. Tenía la lengua de fuera y los ojos vidriosos, derramaba lágrimas de felicidad absoluta. Apretaba los dientes y después gemía con una gran alegría al ritmo de cada penetración. El pelirrosa parecía tener la fuerza de mil hombres y ella lo aceptaba con gusto y suplicaba por más—. Por favor…
—Por favor, ¿qué? —gracias a la claridad podía ver que las nalgas de la mujer ya estaban coloradas, y no podía estar más feliz por eso. Alzó la mano derecha, y dio rienda suelta a una parte de su lado sádico—. ¡¿Qué?!
—¡JIII! —Lucy soltó un sonido ininteligible al recibir su primera nalgada, y luego volvió a gruñir como animal en celo—. ¡MÁÁÁÁSSS~~~!
El clon sonrió, mientras volvía golpear su pelvis contra la de ella. Sacó las doce pulgadas de carne, exceptuando el glande, y le dio unos segundos de disconformidad.
—Por favor —chilló ella al quedarse vacía—. Por favooooooorrrrrr.
El pelirrosa también estaba necesitado de volver a entrar en ella y recuperar esa comodidad exquisita de la cual se había hecho adicto. De un solo golpe, sin previo aviso, mientras ella lo pedía, se la dejó ir tan fuerte que los testículos golpearon a la mujer. Penetró la entrada uterina y la clavó contra la cama, ni siquiera escuchó un grito y tuvieron que pasar varios segundos hasta percatarse que ella ya estaba inconsciente, no le dio importancia y siguió con el coito que ahora era una violación.
—¡OHHHHHH! ¡Qué buena!
•·.·´¯`·.·•
-Tiempo después-
Eran casi las diez de la mañana y el ajetreo de Blue Rose estaba aumentando cada minuto; en una cafetería a la orilla de la calle principal, estaba Cana Alberona. La chica castaña tomó una de las cartas que estaba tendida en la mesa y la miró detenidamente. —Ya es hora —aguardó todas las cartas en su estuche, pagó el licuado y el pastel consumido—. Ya me estaba aburriendo de esta soledad.
La hermosa mujer, con un cuerpo que cualquier modelo envidiaría, se estiró para destensar los músculos. Emprendió el camino en busca de su marido, su señor y su hombre, su felicidad y vida. Sin notarlo, empezó a exudar un aura erótica que atraía todas las miradas de los peatones, todos los hombres volteaban y la miraban con cierta lascivia, mientras que las mujeres la miraban con envidia. —Fufufufufu~ —Cana soltó una leve sonrisa mientras imaginaba lo que le esperaba en cierta habitación de cierta posada—. Ya no puedo esperar~… ya no puedo esperar~…
Dobló la esquina y se perfiló hasta la posada que estaban rentando. El susodicho edificio estaba dominado por colores azules e índigos, armonizando como el del mar profundo. Tres pisos con grandes ventanales y balcones; macetas celestes y flores violetas. Un lugar lejos del bullicio del centro y cerca de la tranquilidad de los suburbios. La mujer subió las gradas de la entrada y abrió las puertas gemelas. —Creo que tres horas ya son suficientes —pero para ella era un tiempo efímero cuando la pasaba con Natsu— para una novata.
La morocha entró al lugar y de inmediato las miradas se volvieron a concentrar en ella. La gerente advirtió de la presencia, y antes de que la morocha se dirigiera al tercer piso, la llamó. —Disculpe Señorita Dragneel —su tono de voz notaba cierto nerviosismo. Y como no, después de todo, Cana portaba la marca del gremio que podía llegar a ser una bendición o una tragedia—. Podría regalarme un par de minutos.
Cuando Cana llegó a la posada, hace un par de días, optó por dejar los gastos a su nombre, sólo que con una pequeña modificación. En vez de usar su apellido de soltera, prefirió usar el de Natsu, después de todo, tarde o temprano, se casarían. —¿Dígame?
La gerente, una mujer casi cerca de los treinta, sonrió algo incomoda. Tenía el cabello de un verde oscuro y corto; una figura como un reloj de arena y un traje holgado. Se acercó a Cana, con una mirada decidida. —Hay un pequeño inconveniente —le dijo unas cuantas palabras al oído— y eso ha pasado.
Cana se rascó la parte posterior de la cabellera y sonrió a modo de disculpa. —Vaya, vaya. Así que eso pasó. Bien —asintió varias veces y lanzó una mirada suspicaz a la gerente. Ella se sonrojó ante el repentino escrutinio y prefirió mirar a otro lado para ocultar su vergüenza—. Entiendo, entiendo. Está bien, puedo solucionar eso.
Se despidió de la dependiente y empezó a subir por los escalones, cuando apenas llevaba cinco, se dio la vuelta y lanzó un guiño a la mujer un poco mayor que ella. —Si quieres unirte a la fiesta, sólo toca la puerta. Él puede con muchas —después de eso, se retiró satisfecha al obtener un sonrojo intenso en la otra mujer y en otras más que escucharon el comentario—. ¡La tiene como la de un mamut!
Después de varios escalones más, pudo escuchar los gemidos y alaridos de la pareja en plena época primaveral, y eso que apenas estaba llegando al segundo piso y la habitación se encontraba en el tercero. Negó con diversión y no culpó al personal femenino, después de todo, eran sonidos cautivadores y excitantes, sonidos llenos de un éxtasis femenino sin igual. Fue cuestión de minutos llegar hasta el pasillo del tercer piso y asintió comprensivamente mientras su sangre comenzaba a calentarse. —Esto puede terminar como un baño de sangre —susurró.
Desde hace hora y media que un grupo de hombres, entre los veinte a cuarenta años, arribó al tercer piso a espiar lo que sucedía. Y desde hace diez minutos que planifican como tomar a la rubia y empezar ellos su propia fiesta.
"Estúpidos, idiotas e imbéciles". La mirada de Cana refulgió, estaba furiosa al escuchar todas las pestes que tiraban contra el pelirrosa. Suspiró y sacó a relucir el mazo de cartas que siempre usaba como armas, las barajó en pleno aire y escogió las necesarias. Sin previo aviso o grito de guerra, vertió maná y las cartas brillaron intensamente, llenando el pasillo y llamando la atención del grupito. El brillo fue cegador y después no quedó nadie más excepto por la guapa mujer. Tomó las cartas que había empleado y las rompió en incontables pedazos. —Espero que les sirva de lección —dijo con frialdad antes de tirar todo a la basura. Entre los fragmentos se podía vislumbrar rostros atormentados… que nunca más verían la luz de otro día.
Recompuso una sonrisa y empujó ligeramente la puerta para después inhalar el fuerte aroma a sexo, tembló extasiada. —Que delicia —ronroneó mientras entraba al recinto. Todo el lugar estaba atestado de una atmosfera pesada y cargada de lujuria y pasiones carnales. Se quitó el sostén, después el pantalón y luego se unió a la pareja—. No hay nada mejor que hacerlo con mi hombre.
—Te deshiciste de las molestias —mencionó mientras acariciaba la melena rubia, que subía y bajaba, en medio de su entrepierna—. Gracias.
Cana negó, ahora comprendía porque Natsu no se había deshecho de los estorbos. —Sí que eres malo —canturreó, se sentó a horcajadas del pelirrosa y precedió a besarlo, siendo cuidadosa de no interferir con lo que hacía Lucy—. Me encanta cuando eres malo.
Lucy, ajena a la conversación, siguió deleitándose. El pelirrosa había usado a la multitud como un adicional al ritual de apareamiento; le dijo a la rubia que estaba siendo observada y, a pesar de las leves protestas, ella se excitó más de la cuenta. La hija de Eralisse despertó un nuevo fetiche, algo lujurioso y sin igual. ¡A la chica le encantaba sentirse observada!
—¡No! —Protestó Lucy cuando el pelirrosa dio por terminada con la felación y procedió a penetrar a la bebedora más famosa de Fairy Tail—. ¡Mou~!
Cana arqueó la espalda y lanzó un grito agudo, llenó de amor y calor. En esa posición pudo ver que no había asegurado la puerta ni colocado algún sello para evitar intromisiones, sonrió con lujuria y le restó importancia a algo tan insignificante. Total, el pelirrosa podía con muchas mujeres.
•·.·´¯`·.·•
Abajo, en la recepción de la posada, la dueña y gerente del lugar suspiró cansada. Tenía las pantaletas mojadas y lanzaba respiros entrecortados. "Y el tonto de mi esposo no está cerca —pensó mientras apretaba sus muslos y sentía la calidez invadiendo su entrepierna. Después miró que las empleadas, cinco en total, estaban casi en las mismas condiciones—. Veremos si realmente es cierto lo que dicen de él".
—Sonia, hoy cerraremos temprano.
La susodicha asintió y de reojo vio desaparecer a la dueña entre los escalones que conducían a los demás pisos. Las otras trabajadoras intercambiaron miradas entre sí, antes de decidirse. Sonia cumplió con la orden. "Supongo que a esto se refieren como 'Oportunidades que aparecen sólo una vez en la vida'. Vaya". Sonia, de cabello negro y complexión delgada, tez tostada y una exquisita figura, siguió a su jefa.
FIN DEL CAPITULO
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¡Ajem! ¡Perdón! ¡Realmente lo siento!
Creo que esta vez exagere con la demora, en mi defensa, expondré lo siguiente.
No tenía mucho tiempo para escribir, me dedique a los cursos de la Uni, el nuevo trabajo, leer manga y varios libros. Y lo de escribir lo dejé por un lado, algunos días escribía algunos párrafos y en otras ocasiones, nada de nada. Pero siempre, he estado pensando que rumbo debe tomar la historia y al final, lo que había escrito días antes lo terminaba revisando, borrando y volviendo a escribir. No sé porque se me hizo difícil terminar este capítulo, debe ser por lo sucedido recientemente en FT.
En fin, dejando de lado mi poca y casi nula actividad escribiendo, quiero desahogarme un poco.
¡Puto Mashima, la estás cagando!
Ahora, con eso dicho, ¿qué opinas?
(1) Acuario ya apareció en escena y tal parece que oculta un par de secretos con respecto a su especie. ¿Qué será? ¿Cómo actuará ella cuando se vuelva a encontrar con el joven maestro?
(2) La pelea de Lucy y Sorano fue tremenda, ahora Ángel se encuentra en las manos del pelirrosa y además, hubo algo que la albina no pudo utilizar durante el combate. ¿Qué es?
(3) ¿Cómo reaccionará Erick a todo lo sucedido?
(4) Al fin se descubrió la relación entre Lucy y White Rabbit, algo que Natsu aceptó de buena manera. Y la relación maestro-alumna dio un gran giro y ahora es de ardientes amantes. ¿Qué le depara el futuro a esta singular mujer?
(5) ¿Te quedaste con ganas de mirar la orgía?
(6) ¿Te gustó el capítulo?
Antes de decir adiós, quiero agradecer encarecidamente a los usuarios que se unieron al lado rojo de Fairy Tail FanFiction ya sea agregando ésta historia a favoritos o follows.
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(Rueguen que no sean muchos meses)
