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Traducción autorizada por FanofBellaandEdward
Disclaimer: Harry Potter es propiedad de J. K. Rowling, Bloomsbury Publishing, Scholastic Inc. y AOL/Time Warner Inc. La historia pertenece a Melissa, yo traduzco por mero entretenimiento.
Resumen: Después de que Draco se divorciara de Daphne, Scorpius se encuentra en la búsqueda de un segundo papá, ya que Draco le contó que sólo le gustaban los hombres. Luego conoce a Harry y está empeñado en conseguirle como segundo papá. ¿Lo logrará?
Traductor: DarkPotterMalfoy
Beta: FanFiker-FanFinal
Capítulo 23
Frustrado, irritado, presa del pánico… Eran pocas las palabras que podían describir el estado en el que se encontraba ahora Draco. Faltaban sólo tres semanas para Navidad y todavía no había encontrado el regalo adecuado para Harry. Tenía los regalos de Severus, de su hijo e incluso el de Teddy, pero su mente se quedaba en blanco cuando trataba de pensar en un buen regalo para Harry. Tenía que ser algo especial, pero no extravagante, porque entonces Harry seguramente se quejaría. Tenía que transmitir sus sentimientos por Harry perfectamente, sin asustarlo.
Draco suspiró frustrado y dio un golpe sobre la mesa, lo que le hizo empezar a maldecir sosteniendo su dolorosa mano.
"Nota mental: no golpear con la mano sobre el duro escritorio"
Su mirada se fue hacia los regalos que estaban en una pila, abarrotados en una de sus estanterías. Por suerte para él, Scorpius nunca entraba ahí; decía que era demasiado aburrido, lo que hacía de esa habitación un lugar perfecto para ocultar sus regalos. Durante unos segundos sus ojos se detuvieron en el paquete más pequeño envuelto en papel plateado, atado con un lazo azul. Contenía un collar de plata con un colgante de un dragón pequeño. Ese regalo en especial, era para su madre. Estuvo dudando durante mucho tiempo en si debía comprarle un regalo a su madre o no, pero al final decidió hacerlo. Ella todavía era su madre y la quería, a pesar de que había cometido errores confiando en su padre y dejándolo ir demasiado lejos. Le mandaría el regalo un par de días antes de Navidad.
Sus dedos comenzaron a tamborilear en la mesa, mientras su mente estaba ocupada tratando de pensar en algo que regalarle a Harry. ¡Si al menos Harry hubiese sido específico con lo que quería! Pero no, tenía que decirle que no hacía falta que le comprase nada.
—Idiota obstinado —murmuró Draco sombríamente. No le quedaba mucho tiempo y se estaba poniendo nervioso.
Levantó la vista cuando escuchó a Scorpius y a Teddy corriendo junto a su habitación con Severus detrás de ellos, gritando:
—¡Si no os calmáis inmediatamente, os arrepentiréis!
—Lo sentimos, señor —se disculpó Teddy.
De pronto, una idea pasó por la mente de Draco y miró pensativamente hacia la puerta cerrada. ¿Por qué no había caído antes? Era simple.
Draco sonrió y se levantó. Si Harry no quería cooperar con él, sólo tenía que encontrar a alguien que pudiese ayudarlo.
Harry salió de la tienda con una sonrisa en su rostro. Había comprado el regalo de Scorpius hoy y no podía esperar para ver la reacción del pequeño —o de Draco dado el caso—.
Revisó mentalmente su lista de regalos; había comprado los de Scorpius y Teddy. Algo también para a Andrómeda y George. Ahora tenía que encontrar algo para Draco y para Snape. Harry frunció el ceño y colocó la caja cerca de su pecho. Honestamente no tenía idea alguna de qué comprarle a Draco o Snape. ¿Algo relacionado con pociones para Snape? Después de todo, era de lo que el hombre vivía. Pero ¿qué podía comprarle? ¿Un libro? ¿O ingredientes? ¿Y a Draco? ¿Qué quería Draco? Se mordió el labio y al ponerse a caminar casi se choca con alguien. Quería comprar algo especial a Draco, pero la pregunta era: ¿qué comprarle a alguien que es lo suficientemente rico cómo para tener todo lo que quiere?
Harry suspiró, y su aliento salió en forma de vaho. Tal vez debería llevarse a Scorpius de compras con él y que le ayudase a elegir el regalo de Draco. ¿Quién sabe? Tal vez el niño podría ayudarle.
Harry dudó si debía comprarle algo a Ginny también, pero después de imaginar la reacción de Draco, decidió enviarle una tarjeta navideña y nada más. No quería discutir en Navidad por algo tan trivial como un regalo.
Entró en una librería y ojeó a través de los estantes, con la esperanza de encontrar más información sobre su posible trabajo. Antes de decidirse por él, quería leer más para poder decidir si sería lo suficientemente interesante.
Había encontrado sólo tres libros interesantes cuando escuchó que lo llamaban. Parpadeó y se dio la vuelta para ver a William Burns caminando hacia él con una sonrisa en su rostro. Él había sido compañero suyo, habían trabajado juntos un par de veces en algunos casos y había quedado impresionado con la eficiente manera de trabajar que tenía William.
—Hola, William—sonrió Harry y alzó una ceja al ver la cara seria de William.
—Hola, Harry. Estoy sorprendido de verte aquí —sonrió él, pero parecía tenso. Se dio cuenta de los títulos de los libros. Él parpadeó—. ¿Medicinas y curas mágicas? No sabía que estabas interesado en medicina.
Harry se movió, incómodo.
—Sí, pensaba en dedicarme a otra cosa y solicitar medimagia—murmuró y apretó con más fuerza los libros.
—Estoy seguro de que serás bueno en ello—sonrió William.
—Eso espero —sonrió Harry débilmente.
—¿Ya has solicitado el puesto?
—No, primero leeré estos libros y tal vez lo solicite.
William asintió.
Harry estudió su postura tensa y frunció el ceño.
—¿Pasa algo, William?
Él suspiró y se pasó una mano por el castaño pelo y sus ojos marrones le miraban interesado; colocó una bolsa en el suelo.
—Mira, sé que ya no eres un auror y Kingsley pediría mi cabeza si sabe lo que estoy haciendo ahora, pero pensé que te gustaría saberlo. Otras dos víctimas han muerto esta semana.
Harry se tensó.
—Lo bueno es que no hay nuevas víctimas, lo que significa que el asesino ha parado. Pero, por supuesto, esto significa que estamos de más mierda hasta el cuello. Aunque hay una cosa que tal vez nos ayude en la investigación —William se inclinó y sacó un frasco con un líquido oscuro en su interior. Se lo enseñó a Harry—. Unos días atrás, una mujer se acercó a nosotros con esto. Ella dijo que había estado hablando con un hombre que esperaba su consumición, pero cuando volvió del baño el chico había desaparecido. Cuando quiso dar un trago de su bebida, se acordó del asesino y pensó que sería mejor analizar su bebida —hizo una seña al vial—. Por cierto, estaba envenenado. Ella se llevó la bebida a su casa y logró extraer el veneno de la bebida y nos lo trajo.
—Espera, ¿me estás diciendo que esto es una botella llena de ese veneno?—preguntó Harry interesado y sorprendido.
William asintió.
—Sí. Sorprendente, ¿verdad? Nunca pensé que el asesino cometería un desliz. Supongo que tuvimos suerte de que haya metido la pata en este momento.
—¿Podría esa mujer dar una descripción de la persona?—contra todo pronóstico, Harry se interesó de nuevo por el caso. Después de renunciar a su trabajo, no pensaba que de ninguna manera tuviera más información sobre el asesino.
—Sólo un poco. El pub donde lo conoció era un poco oscuro, así que sus facciones no eran muy claras. Dijo que era una persona corriente, no muy grande y tampoco demasiado pequeña. Tenía el pelo rubio oscuro y era esbelto. No pudo precisar más.
—Es una lástima, hubiera sido más fácil si hubiera dado una descripción mejor. De esa manera se podría haber advertido a la gente —respondió Harry decepcionado. Había mucha gente con esa descripción.
—En realidad, ¿puedo pedirte un favor?—preguntó incierto William.
Harry lo miró sorprendido.
—Sí, claro.
—He oído que conoces a un maestro de pociones decente que ha descubierto tres posibles ingredientes, ¿crees que podría descubrir algo más si tuviera más veneno?—le preguntó William, nervioso.
Harry parpadeó, pensando en Snape. Le había costado pedirle al hombre que le ayudase la primera vez, se preguntó si Snape lo mataría por preguntarle una segunda. Oh, bueno, si Snape intentaba algo, estaba seguro de que Draco lo rescataría.
Harry sonrió.
—Sí, claro, puedo preguntarle.
William suspiró aliviado.
—Gracias, Harry. Siento haberte molestado con esto aquí, pero no sé dónde vives ahora. Por supuesto, si no quieres ayudarnos, lo entiendo perfectamente.
Harry mostró su preocupación.
—No seas estúpido. Estoy bastante ansioso por tener a ese hijo de puta bajo llave.
—Creo que todos lo estamos, Harry —suspiró William y le entregó el frasco.
—Te informaré inmediatamente si se descubre algo más.
—Gracias. Te veré más tarde y bueno, feliz Navidad por adelantado, Harry—sonrió y William se despidió con la mano.
Harry se rió entre dientes.
—Feliz Navidad por adelantado para ti también.
Él pagó sus libros y luego salió de la tienda. De repente se detuvo frente a la boticaria. Ahora tenía un frasco lleno de veneno. Eso significaba más pociones para que Snape experimentase. Snape le había dado tres posibilidades, ¿y si él pudiese hacer un antídoto si tenía el veneno y los tres ingredientes?
Harry se mordió el labio inferior e inmediatamente corrió hacia un callejón oscuro para aparecerse en la solariega casa de Snape. Probablemente estaba arriesgando mucho, ya que había ido a su casa sin avisarle previamente, pero se ocuparía de su ira cuando llegase allí. Era demasiado importante como para esperar un par de días. Se concentró en la visión del jardín delantero de su antiguo profesor y se apareció.
Severus frunció el ceño cuando sus barreras fueron penetradas. Puso el libro a un lado y se levantó. ¿Quién venía a visitarlo? No tenía ganas de ver a Draco. Además, Draco no iba a visitarlo de manera inesperada.
Su mirada se volvió furiosa cuando escuchó un golpeteó frenético y asaltaron su puerta. La abrió de golpe y le miró.
—¿Qué quieres? —se sorprendió al ver a Potter de pie en el porche, parecía nervioso.
—¡Necesito tu ayuda! —dijo urgentemente Potter.
Severus arqueó una ceja y se cruzó de brazos.
—¿Por qué necesitas mi ayuda ahora, Potter?
—¿Crees que podrías encontrar un antídoto para el veneno, si tuvieses más de éste y los tres ingredientes raros? —le preguntó apresuradamente.
Severus lo miró fijamente.
—Potter, sé que tu capacidad de comprensión es limitada, pero el simple hecho de que tuviese más veneno, no sería capaz de crear un antídoto porque los ingredientes son muy raros y muy caros—gruñó.
—Pero ¡tengo más veneno!—siseó Potter y le enseñó el frasco de vidrio con el veneno dentro de él.
—¿Cómo lo has conseguido? ¿Metiéndote en problemas de nuevo?—preguntó Snape y cogió el frasco, levantándolo en el aire, estudiándolo.
Potter suspiró, molesto.
—No, no me he metido en problemas, un antiguo compañero de trabajo me lo ha dado.
—Podría hacer algo más con esto, pero como ves, no tengo los ingredientes—respondió Severus sarcástico y miró al chico frente a él: no le importaba que estuviese lejos de ser un niño y tuviese veintiséis años.
—¡Pero puedo pagarlos!—sugirió, sus ojos brillaban de emoción—. Tengo las bóvedas de los Potter y de los Black. Tiene que haber suficiente dinero para comprarlos.
Severus lo miró y lo agarró del brazo, metiéndolo dentro de la casa. Cerró la puerta y se pellizcó la nariz.
—Potter, cuando dejaste tu trabajo, fue con el propósito de no involucrarte en ese peligroso caso. ¿Eres realmente tan estúpido? ¿O simplemente terco? —resopló—. ¿Por qué gastar tu dinero en algo en lo que ni siquiera estás trabajando?—preguntó confundido Severus.
—Sólo quiero que ese hijo de puta esté bajo llave. Además, tú eres la única persona que podría ser capaz de crear un antídoto —respondió, con su rostro serio.
—Vaya, debes de estar realmente desesperado si estás dispuesto a halagarme —se burló Snape.
—¿Vas ayudarme o no? —le preguntó molesto Potter.
—¿Cómo vas a conseguir los ingredientes? No se venden aquí —señaló Snape.
Potter se quedó inmóvil y un rubor apareció en sus mejillas.
—No has pensado en eso, ¿verdad? —dijo con petulancia Snape.
Potter lo miró.
—¡Lo habría tenido en cuenta eventualmente, pero no en este momento!—murmuró.
Severus resopló y sacudió la cabeza.
—¿Sabes dónde podemos encontrar esos ingredientes?
Severus lo miró y suspiró. Draco lo odiaría por esto.
—Sí, lo sé. No eres un maestro de pociones si no sabes dónde encontrar ciertos… ingredientes.
Potter ignoró la pequeña pausa cuando él habló y respondió:
—Bueno, entonces, ¿dónde puedo encontrarlos?
Severus suspiró y se frotó la sien. Sentía que se aproximaba una migraña.
—Sugiero que hablemos de esto mañana—cuando vio que Potter estaba preparado para protestar, continuó—. Estoy seguro de que Draco te estará esperando en casa. Si vas a hacerle esperar más tiempo, mandará un equipo de búsqueda.
Potter se echó a reír, pero se detuvo abruptamente cuando Severus permaneció estoico.
—Espera, ¿en serio lo haría?—preguntó incrédulo.
—Estamos hablando de un Malfoy, Potter, son increíblemente posesivos. Me sorprende que te deje salir solo—bufó Severus.
Potter sonrió débilmente.
—No sabe dónde has ido, ¿verdad? —suspiró y sacudió la cabeza Severus.
—Bueno, no me he metido en problemas. Creo que me voy a ir a casa ahora —dijo apresuradamente y se dio la vuelta. Antes de irse, se giró para mirar a Severus—. Entonces, ¿hablaremos sobre los ingredientes mañana?—le dijo dudosos.
—Iré a la casa a las 10.00 —respondió Severus secamente—. ¿Y ahora qué, Potter?—suspiró por enésima vez esa noche.
—Gracias por ayudarme—murmuró antes de salir por la puerta y aparecerse traspasando las barreras.
Severus parpadeó y soltó un bufido. Potter nunca dejaría de sorprenderlo. Colocó el frasco en un cajón y se recostó en su silla, cogiendo su libro.
Draco encontró a Teddy sentado en la sala, leyendo un libro mientras Scorpius miraba los dibujos.
—Teddy, ¿puedo hacerte una pregunta?—Draco se sentó al lado del chico.
Teddy lo miró sorprendido.
—Claro.
—¿Sabes lo que puedo comprarle a tu padre? He utilizado mi cerebro tratando de encontrar algo, pero no lo he hecho —suspiró frustrado Draco.
Teddy parpadeó y cerró el libro.
—Papá nunca sabe lo que quiere como regalo—contestó.
—¿Por qué no?
Teddy se encogió de hombros.
—No lo sé, pero la abuela dice que tiene que ver con algo sobre su familia cuando era pequeño.
—Hm—suspiró Draco.
—Tal vez puedas encontrar algo cuando vayas de compras —sugirió Teddy.
—Tal vez. Vendrás conmigo mañana—dijo Draco con firmeza.
—Eh, pero ¿y si papá pregunta a dónde vamos?—le preguntó inseguro Teddy.
—Ya se me ocurrirá algo—prometió Draco y le revolvió el pelo distraídamente a Teddy.
—¿Draco? ¿Teddy? ¿Scorpius?—de pronto, la voz de Harry gritó desde el pasillo.
—Estamos en la sala de estar—gritó de nuevo Draco.
Harry apareció en el umbral, sosteniendo algunas bolsas en una mano y una caja contra su pecho.
Draco entrecerró los ojos cuando vio algunos agujeros en la caja.
—¿Qué hay en la caja, Harry?—preguntó indiferente.
Una sonrisa apareció en el rostro de Harry.
—Nada especial. No te preocupes por eso. Voy a esconder las bolsas —respondió y subió las escaleras.
—Eso es exactamente lo que me preocupa—murmuró Draco sombríamente.
Al día siguiente, Harry levantó la vista sorprendido al ver a Draco, Scorpius y Teddy vestidos con sus abrigos y bufandas.
—¿A dónde vais?—preguntó sorprendido Harry.
—Me llevo a Teddy y a Scorpius de compras —sonrió Draco y le dio un beso—. Es hora de que aprendan lo que es de verdad ir de compras—le guiñó un ojo.
Harry puso los ojos en blanco.
—Claro, Draco. Chicos, divertíos—les sonrió.
—Lo haremos, papi —dijo Scorpius y abrazó a Harry.
Harry le devolvió el abrazo.
—No los canses, Draco—soltó una risita.
Draco resopló.
—No lo haré—sonrió y besó de nuevo a Harry.
Después de su último beso, Draco desapareció con los dos niños en el Callejón Diagon.
Harry acababa de terminarse su segunda taza de café y se había dado una ducha cuando Snape llegó puntual.
—Buenos días—le dio la bienvenida Harry.
—Buenos días, Potter —sintió secamente Snape. Miró a su alrededor con una ceja levantada—. ¿Dónde están Draco y los mocosos?
Harry se encogió de hombros.
—Se han ido de compras.
—Hn. Bien, ¿todavía quieres gastar tu dinero en raros y costosos ingredientes de pociones?—preguntó Snape, haciendo hincapié en la palabra costoso.
Harry asintió con determinación.
—Por supuesto; ¿de qué otra forma vas a coger a ese cabrón?
Snape se sentó en la mesa y le indicó a Harry que lo hiciera también.
Harry, un poco molesto de que Snape le ordenase que se sentara, se puso otra taza de café y después de vacilar unos segundos, le puso otra taza de café a Snape.
Snape levantó una ceja, pero aceptó la taza.
—Entonces, ¿dónde empezamos a buscar los ingredientes?—preguntó curioso Harry.
—Bueno, tengo algunos contactos que quedan de la guerra que me pueden proporcionar lo que necesitamos—respondió con calma Snape.
—Por lo tanto, necesitamos el veneno de una serpiente, una piedra y el veneno de un pulpo —resumió Harry.
—Más o menos, pero sí —se burló Snape.
—Vale, ¿cuánto crees que va a costar? —preguntó Harry, decidido a mantener esta reunión lejos del alcance del pacífico Draco.
Snape tamborileó los dedos sobre la mesa; un fuerte sonido se escuchaba en la silenciosa cocina. Los elfos domésticos estaban en otra parte de la casa, probablemente, con sus tareas de limpieza de las habitaciones.
—Bueno, el veneno de anillo de pulpo azul será el más barato. Novecientos cincuenta y tres galeones por un litro del mismo—comenzó Snape.
Harry casi se atraganta con el café cuando escuchó el precio.
—¿Novecientos cincuenta y tres galeones por un litro? ¿Eso es barato?—gritó.
Snape levantó una ceja.
—Pensé que me entendiste cuando te dije que era caro.
—Bueno, sí, pero no esperaba que fuera tan caro—exclamó Harry y se pasó una mano por el pelo.
—Nadie te obliga a comprarlos, Potter—dijo Snape apretando los dientes.
—Lo sé, de acuerdo, yo es que sólo… ¿no puedo estar sorprendido? —resopló Harry—. Continúa.
Snape resopló y sacudió la cabeza.
—Le Roche de la Morte tiene un valor de mil galeones, más o menos. Por último, el veneno de Akeyra tiene un valor en el mercado negro de dos mil quinientos galeones, pero contactaré con algunas personas para estar seguro.
Harry palideció ante los mencionados precios. De acuerdo, no esperaba que fueran tan caros. Sin embargo, lo quería en Azkaban y quería evitar más muertes causadas por él. Si compraba los ingredientes, Snape probablemente sería capaz de crear un antídoto. ¿Cuánto eran unos pocos miles de galeones cuando podía salvar a la gente?
—Está bien, comunícate con esas personas. Las compraré —murmuró Harry.
Snape lo miró con ojos indescifrables.
—¿Estás seguro, Potter? No estamos hablando de un par de galeones.
—Lo sé —espetó Harry—. Pero tampoco quiero que muera más gente. Si tienes esos ingredientes, hay una gran posibilidad de que seas capaz de crear un antídoto. Así que unos pocos de miles de galeones valen la pena si pueden salvar vidas inocentes.
Por un momento se hizo el silencio, mientras que los dos ocupantes quedaron mirándose el uno al otro.
Snape fue quien rompió el silencio.
—Hay momentos en que ayudar a la gente es considerado como la mejor cosa que puedes hacer, pero también hay momentos que es sólo una estupidez.
—Así que, ¿vas a contactar con ellos?—preguntó irritado Harry.
Snape frunció el ceño.
—Sí, mocoso idiota, lo haré. Sólo espero que sepas lo que estás haciendo.
Harry se encogió de hombros.
—¿Qué puede salir mal con el intento de encontrar un antídoto?
—¿Contigo, Potter? Cualquier cosa es posible —resopló Snape.
Harry lo miró, sintiéndose insultado, pero decidió que no valía el esfuerzo contestarle.
—Bien, ¿qué opinas de esto?—Draco alzó una camisa verde, enseñándosela a Teddy,
Teddy ladeó la cabeza hacia la derecha.
—Es una bonita camisa —se encogió de hombros.
—Pero no lo suficientemente buena para Harry —Draco frunció el ceño y volvió a colgar la camisa.
—No es eso, es sólo que papá no está acostumbrado a recibir regalos —se mordió el labio Teddy.
—Bueno, tendrá que acostumbrarse a ellos, ya que ahora está conmigo—dijo Draco con determinación.
De repente, la voz de Scorpius se escuchó un par de filas de ropa más alejadas.
—Papá, Teddy, venid a ver.
Se encontraron de pie a Scorpius frente a… ropa de maternidad. Su pequeña mano se aferraba a una camisa azul.
—¿Papi llevará esto cuando tenga el bebé en su vientre?—le preguntó Scorpius inocentemente.
Varias madres gestantes rieron cuando escucharon la inocente pregunta de Scorpius, prorrumpieron en un dulce "ooooh".
Draco se sonrojó un poco, cogió la mano de Scorpius y se lo llevó lejos.
—Scorpius, sabes que no tienes permitido irte de mi lado en público—le regañó.
—Pero no me he ido muy lejos —protestó Scorpius—. Y todavía no me has respondido, papá. ¿Papi usará esa camisa cuando tenga el bebé en su vientre?
Draco se aclaró la garganta, llevándose a los niños fuera de la tienda.
—No lo sé, cariño, tal vez.
Teddy frunció el ceño y siguió a los dos Malfoy a través de Callejón Diagon. Allí estaban otra vez. Una vez más Scorpius estaba hablando de la posibilidad de que su padre se quedase embarazado. Pero su padre le había dicho que los hombres no podían quedarse, ya que no contaba con los órganos necesarios. Y eso era bueno —el hecho de que su padre no pudiera gestar bebés—. No necesitaba otra persona con la que luchar por la atención de su padre. Dos personas eran suficientes; eso excluía a Ginny.
Draco se detuvo bruscamente delante de una joyería.
—¿Qué opinas de esto?
—Hay cosas bonitas aquí —murmuró Teddy, hipnotizado por la brillante y resplandeciente joyería.
Draco sonrió y los cogió de las manos.
—Creo que voy a encontrar algo aquí para Harry.
Y de hecho, cuando salió de la tienda, Draco tenía una bolsa con dos regalos en la misma. Aunque uno de ellos sería usado más tarde.
Cuando llegaron a casa, Draco mandó a los dos muchachos a tomar un baño de agua caliente. Escondió los regalos en su estudio y se dirigió a la habitación de Harry.
Llamó a la puerta y entró en la habitación, viendo a Harry sentado en su cama, con el ceño fruncido y una carta en sus manos.
Draco se sentó junto a él, deslizando su brazo alrededor de sus hombros y le dio un beso en la mejilla.
—Te he echado de menos —murmuró y hundió su cara en el cuello de Harry, respirando su aroma.
Harry le acarició el pelo y le dio un beso en la sien.
—Te has ido sólo por un par de horas.
—Aun así, te he echado de menos—suspiró Draco—. He mandado a los niños a tomar un baño para que entrasen en calor. ¿Qué estás leyendo?
—Ginny me ha mandado otra carta.
Draco se tensó y exhaló lentamente.
—Quiere verme de nuevo —podía sentir la mirada de Harry—. Dime, ¿quieres venir conmigo?
Draco suspiró y cerró los ojos. Maldita perra persistente.
Notas de traductor: La semana que viene un gran capítulo, de casi 10.000 palabras y un acontecimiento extraordinario.
Gracias por leer y comentar.
Respuesta a anónimos:
-Luciana: Seguro que continuará diciéndoselo, sólo para ver que es mentira xD. Me alegra que te guste, un abrazo.
