Los comentarios han sido respondidos por PM. Los que no tenían cuenta están al final del capítulo.
Gracias por esos 334 comentarios.
Traducción autorizada por FanofBellaandEdward
Disclaimer: Harry Potter es propiedad de J. K. Rowling, Bloomsbury Publishing, Scholastic Inc. y AOL/Time Warner Inc. La historia pertenece a Melissa, yo traduzco por mero entretenimiento.
Resumen: Después de que Draco se divorciara de Daphne, Scorpius se encuentra en la búsqueda de un segundo papá, ya que Draco le contó que sólo le gustaban los hombres. Luego conoce a Harry y está empeñado en conseguirle como segundo papá. ¿Lo logrará?
Traductor: DarkPotterMalfoy
Beta: FanFiker-FanFinal
Notas del traductor: Siento la demora, pero tenía un examen de 16 temas en la Universidad, lo siento mucho.
Capítulo 24
A la mañana siguiente, Draco miraba cómo Harry dormía; meditaba la petición de la Weasley. Él no quería encontrarse con ella, pero tampoco quería que Harry fuera solo. El hecho de que su compañía pudiera enfadar a la bruja, era el motivo de que Draco decidiera ir con Harry. Por supuesto, eso no fue lo que le dijo a Harry, el moreno pensó que no quería que fuera solo; algo cierto, en parte.
Distraídamente, comenzó a acariciar el rebelde pelo negro que le hacía cosquillas en su mandíbula. Las sábanas estaban alrededor de sus caderas, dejando su pecho al descubierto. Pues bien, en el pecho desnudo de Draco, Harry estaba durmiendo con una camiseta y unos calzoncillos. Aunque si dependiese de Draco, pronto estaría durmiendo semidesnudo también —o completamente desnudo—.
Mirando el estómago de Harry, recordó de pronto la pregunta de Scorpius. Pensó que Harry se vería hermoso gestando un bebé —su bebé—, y se preguntó cómo iba a sacar el tema. ¿Sería demasiado pronto si le compraba esa camisa de maternidad? Después de todo, no llevaban juntos ni dos meses.
Draco suspiró y hundió su cara en el cuello de Harry. Siempre podría comprarle esa camisa para comprobar su reacción. Sonrió y se preguntó cuánto se indignaría Harry.
Habían decidido reunirse con Ginny hoy. Draco pensó que quedar con ella más adelante, sólo prolongaría su sufrimiento. Los muchachos se quedarían con Severus, ya que Draco quería mantener a la Weasley lo más lejos posible de Teddy y Scorpius. Teddy no le preocupaba, ya que él había dejado bien claro lo que pensaba de ella, pero no quería darle la oportunidad de hundir sus garras en su hijo.
Cuando sintió unos ojos fijos en él, salió de sus cavilaciones. Bajó la vista y se encontró con unos claros ojos verde esmeralda.
—¿Te importaría relajar tu mano antes de que arranques mi pelo?—preguntó Harry, sonriendo débilmente.
Draco parpadeó y aflojó el agarre, el cual se había apoderado del pelo negro con fuerza.
—Lo siento —murmuró.
—No pasa nada —sonrió Harry y compartió un dulce beso con Draco.
—¿Has dormido bien? —preguntó Draco, se sentó y se apoyó contra el cabezal.
Harry se sentó también, se estiró como un gato y bostezó. Dirigió una mano a tientas hacia la mesita de noche y cogió sus gafas. Parpadeó cuando la habitación se volvió nítida y suspiró.
—He dormido bien, pero parece como si tuvieras algo en mente —respondió y se apoyó contra la cabecera de la cama también, mirando a Draco inquisitivamente.
Draco se encogió de hombros, el suyo rozando el de Harry.
—Nada especial. Sólo me preguntaba cuán cabreada se pondrá ella cuando vea que te estoy acompañando —sonrió.
Harry puso los ojos en blanco.
—Te comportarás, Draco —le advirtió.
—Lo haré, si ella lo hace —respondió Draco sombríamente.
Harry suspiró, pero no respondió.
—Dime, ¿qué es lo que le has comprado a Scorpius exactamente?—preguntó Draco indiferente, temiendo la respuesta.
La sonrisa de Harry confirmó sus peores temores.
—Oh, nada especial —tatareó Harry y estiró las piernas.
—¿En serio? Entonces, ¿por qué tengo la sensación de que este regalo será malo para mí? —Draco levantó una ceja.
—No lo sé, ¿tal vez, porque eres un paranoico?—se rió entre dientes Harry.
Draco resopló y se cruzó de brazos.
De repente un elfo doméstico apareció en la habitación, mirando a su amo solemnemente, echado sobre la cama. Parte de una sábana actuaba como ropa.
—Los jóvenes amos han enviado a Linsky. Los jóvenes amos están despiertos y quieren verlos —dijo con calma, el elfo doméstico.
—Diles que vengan —se rió entre dientes Draco.
Por un momento, Linsky pareció sorprendido de escuchar a Draco reír y sus enormes ojos verdes se posaron en Harry antes de retirarse.
—Sí, amo Draco, Linsky los enviará —con un suave "¡plop!", el elfo desapareció. Un minuto más tarde, Scorpius y Teddy saltaron sobre la cama y se acurrucaron entre los dos hombres; Scorpius al lado de su padre y Teddy al lado del suyo.
—Buenos días, chicos —sonrió Harry y les dio un beso en la frente.
—¡Buenos días, papá, papi!—trinó Scorpius.
—Buenos días, papá, Draco —bostezó Teddy.
—Chicos, papá y yo hemos quedado con alguien hoy, así que tío Sev vendrá para cuidaros —les dijo Draco.
Teddy miró con recelo mientras Scorpius hizo un mohín.
—¿Por qué no podemos ir nosotros también? —le preguntó con ojos suplicantes.
Antes de que ninguno de los dos pudiese responder, Teddy le susurró algo al oído de Scorpius, y el muchacho asintió.
—Bueno, yo no quiero ir —negó con la cabeza Scorpius.
—¿Qué le has dicho? —preguntó confundido Harry.
—Que vuestra reunión sería aburrida sin juguetes con los que jugar —contestó Teddy, encogiéndose de hombros.
—¿Cuándo va a venir el tío Sev? —preguntó Scorpius, saltando sobre la cama.
Draco lo cogió de su cintura, lo que hizo que su hijo se riera.
—Estará aquí a las 10.30.
Eran las 9.00. Decidieron darse una ducha (pero Harry cerró la puerta en las narices de Draco cuando quiso entrar a hurtadillas), antes de irse a desayunar y esperar a Snape.
Mientras Harry estaba abajo con los niños, Draco estaba en el piso de arriba buscando su reloj. O estaba en el estudio o en la habitación que ahora compartía con Harry. Ya había buscado en el estudio, pero no lo había hallado. Eso dejaba como única opción, la habitación.
Lo encontró tirado sobre la mesa, al lado de un montón de libros. Metiendo su reloj en el bolsillo, no pudo resistirse a echar un vistazo a los libros y se sorprendió al ver que trataban sobre sanación. Draco frunció el ceño y cogió un libro, colocándolo a un lado cuando un trozo de papel cayó del libro sobre el suelo alfombrado. Draco maldijo y se agachó para recogerlo. Arqueó una ceja cuando desplegó el papel y vio que era una oferta de trabajo para medimagia.
—Así que Harry se ha decidido por medimagia, ¿eh? —murmuró Draco y puso de nuevo el anuncio en el libro, y colocándolo donde estaba anteriormente.
Al menos había elegido algo seguro como su próximo trabajo, lo que era un alivio para Draco.
Mientras Harry miraba divertido cómo Scorpius trataba de beber y dibujar al mismo tiempo, Teddy le observaba atentamente, reflexionando sobre algo.
Pasado un rato, a Harry se le hacía difícil hacer caso omiso a la mirada y se giró hacia Teddy, que estaba sentado a su lado en el sofá. Hoy, el pelo de Teddy era pelirrojo y tenía los ojos azul verdosos.
—¿Pasa algo, Teddy? —preguntó curioso Harry.
—¿Cómo es que no vas a trabajar?—le preguntó Teddy, ladeando la cabeza. Lo había estado pensando desde hacía un tiempo. Al principio no se había dado cuenta de que su padre se estaba quedando un largo tiempo en la mansión. Pero habían pasado más de dos semanas y nunca había visto a su padre dejarla a excepción de las reuniones o por las compras. ¿Por qué no iba a trabajar otra vez? ¿Estaba teniendo unas vacaciones largas?
Harry se congeló; su mente trataba de decidir si debía mentir o simplemente decirle la verdad. Miró a su ahijado y se mordió el labio. Finalmente, tomó una decisión y suspiró.
—Renuncié a mi trabajo hace unas semanas, Teddy.
—Oh —asintió Teddy—. ¿Por qué?
—Porque mi jefe quería saber algo que dañaría a otra persona —respondió, tratando de mantener su respuesta tan vaga como le fuera posible. Teddy no tenía que saberlo todo.
—Entonces, ¿te vas a quedar en casa para siempre?—le preguntó, curioso.
Harry negó con la cabeza.
—No, voy a estudiar para convertirme en medimago.
—¿Vas a trabajar en un hospital?
Harry se rió entre dientes.
—No antes de tener el título.
Teddy sonrió y cogió de nuevo el libro que había puesto sobre la mesa de café que estaba enfrente.
—Es mejor que estés de vuelta pronto, Potter. No tengo ningún deseo de cuidar a los niños todo el día —la voz gruñona de Snape sonó desde la puerta.
Harry se dio la vuelta para mirarlo y sonrió.
—No, estaremos de vuelta sobre las tres.
—Será mejor que lo estés—respondió fríamente Snape.
Harry asintió con la cabeza y se levantó. Les revolvió el pelo a los chicos y les sonrió.
—Nos vemos más tarde, chicos.
—Adiós, papi —se despidió con una sonrisa Scorpius.
Teddy sonrió y también se despidió agitando la mano.
Draco suspiró mientras se abrían paso a través de las protecciones para aparecerse.
—Así que has decidido ser medimago —le dijo.
Harry lo miró sorprendido.
—¿Cómo lo sabes?
Draco mostró su reloj.
—Estaba buscando mi reloj y estaba al lado de un montón de libros. Hablaban sobre sanación y encontré el anuncio.
—Bueno, pensé que si no puedo ayudar a la gente atrapando delincuentes, por lo menos puedo ayudarlos curándolos—sonrió débilmente Harry.
Draco se rió entre dientes.
—Por lo menos, no pondrás tu vida en peligro en el proceso.
Harry sólo puso los ojos en blanco, no dignificándolo con una respuesta. Se agarró al brazo de Draco y se aparecieron en un callejón lateral del Callejón Diagon.
—¿Dónde hemos quedado con ella?—preguntó con un suspiro de resignación Draco.
—En un pequeño café a sólo un par de metros de la tienda de George—respondió Harry, temblando por el frío aire.
Draco frunció el ceño cuando vio el temblor de Harry, lo cogió de la mano y la entrelazó con la suya.
Harry sintió cómo se ruborizada por la acción; era plenamente consciente de que la gente los estaba mirando. Podía sentir sus ojos dirigidos a sus manos entrelazadas y la gente cercana tenía el ceño fruncido en su cara.
—Nos están mirando—murmuró Harry, incómodo. Incluso después de todos esos años, todavía no estaba acostumbrado a la atención y probablemente nunca lo estaría. Temía los periódicos de mañana. Ahora que el público lo había visto de la mano de Draco, no dejarían de hablar de él. No estaba seguro de cómo sentirse acerca de eso.
—¿Y? Simplemente deja que miren. No tenemos motivo alguno para avergonzarnos—murmuró molesto Draco.
Harry se mordió el labio inferior y dirigió su mirada hacia el suelo, esperando llegar rápidamente a la cafetería.
Draco frunció el ceño cuando vio la mirada incierta en el rostro de Harry y se sintió un poco herido por ello. ¿Por qué a Harry le preocupaba lo que pensaran de él? Ellos estaban juntos, y Harry era feliz con él. No debía dejar que la opinión de la gente le afectase tanto.
Decidió mostrarle a la gente que no le importaba su opinión. Tiró de la mano de Harry y lo llevó delante de una tienda de ropa.
Harry lo miró, confuso.
—Draco, ¿por qué paramos aquí? Aún no estamos en la cafetería. Además, hace frío —se quejó.
—Harry, ¿te avergüenzas de mí?—quiso saber Draco.
Harry respiró lentamente, su aliento formando pequeñas nubes blancas.
—No —murmuró, después de vacilar un poco.
—Eso era todo lo que necesitaba saber —respiró Draco, antes de acercarse y sorprender a Harry con un apasionado beso.
Varias personas se quedaron sin aliento y Harry quería alejarlo, pero una mano en su espalda lo detuvo y lo atrajo aún más cerca. Una lengua empujaba contra su boca insistente y en contra de su voluntad, se rindió con un gemido y abrió la boca para Draco, dejando que su lengua entrase. Se estremeció cuando sintió la fría mano de Draco moviéndose debajo de su suéter y chaqueta, descansando sobre su caliente piel. Draco estaba siendo rudo con su beso y pronto Harry estaba jadeando en busca de aire, pero todavía no estaba dispuesto a dejar de lado esos labios increíbles. Sus manos se deslizaron alrededor del cuello de Draco y acercó más su cabeza para poder besarlo mejor. Draco sonrió en el beso y gimió suavemente cuando la lengua de Harry se juntó con la de él para jugar.
Finalmente, la necesidad de aire los forzó a separarse. Ambas bocas estaban hinchadas, rojas y jadeaban, con un intenso rubor en sus mejillas.
Los ojos verde esmeralda lo miraban aturdido, parpadeando.
Draco echó un vistazo alrededor y vio que algunas personas los miraban escandalizadas y se llevaban a sus hijos lejos, tapándoles los ojos. Pero la mayoría les sonreía, algunos sonrojándose y había incluso unos pocos chicos que silbaban y guiñaban un ojo con los pulgares arriba. Draco sonrió con aire de suficiencia y apoyó su frente contra la de Harry.
Harry suspiró suavemente.
—¿Alguna razón particular por la que has decidido hacer eso? Probablemente saldrá mañana en todos los periódicos.
—Probablemente, y me importa un bledo—respondió Draco con desdén—. No debo preocuparme por ser besado en público.
—Tú destruirás los howlers—mumuró Harry.
Draco sonrió, victorioso.
—Por supuesto —se rió entre dientes.
—Vámonos. Hace demasiado frío aquí afuera—se quejó Harry, pero no se opuso cuando Draco puso su brazo alrededor de su hombro. La gente los había visto besarse, un brazo alrededor de su hombro no era nada en comparación al beso que le había dado.
Unos minutos después, llegaron a la cafetería y se apresuraron a entrar, ansiosos de entrar en calor. Draco escaneó la multitud y para su consternación, Ginny Weasley ya estaba sentada en un rincón, escondida. Sólo su pelirrojo pelo se podía ver.
—Está sentada allí—murmuró Draco al oído de Harry, señalando discretamente hacia la esquina.
Harry miró hacia esa dirección y asintió con la cabeza antes de respirar profundamente y rezando a Merlín para que esa reunión no acabase en un derramamiento de sangre.
Llevó a Draco hacia la mesa y sonrió débilmente a Ginny.
Ginny levantó la mirada, cuando una sombra se puso sobre la mesa y miró hacia arriba, sonriendo. Pero su sonrisa se congeló cuando vio que Harry no estaba solo en esta ocasión. Había traído a Malfoy con él. Malfoy estaba ligeramente detrás de Harry, con la mano apoyada en la cadera del moreno. Los ojos de Ginny se estrecharon un poco cuando vio el gesto. Esto no era parte de su plan. Necesitaba a Harry solo, ¡no que trajese a su novio con él! Ella respiró calmada y profundamente. Estaba molesta, tendría que ser amable con Malfoy, después de todo, le había dicho a Harry que estaría dispuesta a pedirle disculpas a esa serpiente asquerosa.
Se puso de pie y trató de mantener la sonrisa en su cara; sentía sus mejillas como si estuvieran a punto de acalambrarse.
—Harry, veo que has traído a Malfoy contigo—dijo ella, sorprendida.
Harry se rascó la cabeza y se sonrojó un poco.
—Sí, lo siento, no te lo he dicho, pero ha sido algo de último minuto—dijo tímidamente.
—No, está bien, no pasa nada—sonrió tensa Ginny y volvió a sentarse.
Tan pronto como los dos hombres tomaron sus asientos —Draco se sentó delante de Ginny para que ella no hiciese nada sospechoso debajo de la mesa—, una camarera de cabello rubio y con una mecha púrpura apareció en su mesa: masticaba chicle y con cara de aburrimiento, les preguntó:
—¿Qué puedo hacer por vosotros?
—Una cerveza de mantequilla, por favor—dijo Ginny, escondiendo debajo de la mesa sus manos, para que Harry no viese sus manos en forma de puños.
—Un chocolate caliente para mí, por favor—respondió Harry, sonriendo.
La camarera parpadeó cuando vio que la sonrisa iba dirigida para ella y un rubor apareció en su rostro antes de aclararse la garganta y se dirigió hacia Draco.
—¿Y para usted, señor?
—Un latte macchiato—dijo Draco, entrecerrando los ojos un poco, pero decidió dejar marchar a la camarera. Sí, ella se había sonrojado, pero había seguido siendo profesional y no había empezado a coquetear con Harry. Decidió que le caía bien esa camarera.
—¿Cómo estás, Harry…Malfoy?—preguntó Ginny, agregando el apellido con los dientes apretados.
—Espléndidamente, gracias por preguntar —sonrió Malfoy y casualmente puso su brazo alrededor de los hombros de Harry.
Sus manos se apretaron con más fuerza.
—Estoy bien, Ginny, ¿y tú?—preguntó cortésmente Harry y se apoyó, inconscientemente, en el brazo de Draco.
Ginny tragó al ver lo relajado que parecía Harry en el brazo de Malfoy. Había contado con que Harry tuviese dudas de su relación con él. Pero por la forma en que se apoyaba contra él le mostraba que Harry no sentía inseguridades y que no le importaba si alguien los veía juntos.
—Estoy bien; he estado ocupada entrenando con las Arpías de Holyhead—respondió sonriendo Ginny.
—Ah, es cierto, ahora eres la capitana —preguntó Harry interesado—. ¿Crees que serás capaz de ganar la Copa el año que viene?
Con eso, Ginny comenzó una explicación de sus tácticas y por qué ella pensaba que su equipo tendría oportunidades de ganar.
Hizo caso omiso de la mirada intensa que Malfoy le estaba dirigiendo. Podría haber ganado la batalla, pero no iba a ganar la guerra. Al final, ella conseguiría a Harry.
En ese momento, Harry se excusó para ir al baño, y tan pronto como se fue, Ginny y Draco comenzaron a mirarse el uno al otro, dejando libre su odio y ahora que su objeto de afecto se había ido.
—Escúchame Malfoy, si crees que vas a poder quedarte con Harry, entonces estás muy equivocado —siseó Ginny.
—Sabía que tenías un motivo oculto cuando le preguntaste sobre su amistad. Eres patética, comadrejilla—escupió Draco, sus ojos grises ardían—. ¿De verdad aún crees que tendrás una oportunidad con Harry después de haberle sido infiel?
—Sí, aún la tengo, de hecho, tengo una mejor que tú—respondió Ginny, cruzando sus brazos frente a su pecho, que se apretaban contra su ajustado top.
—¿Oh, realmente lo crees? Dime, comadrejilla, ¿quién está con Harry ahora?—dijo Draco con aire de suficiencia.
—Harry está confuso. Finalmente verá que no es gay y que debemos estar juntos—insistió Ginny—. Lo conozco mejor que tú, Malfoy. Lo conozco desde que tenía once años y he tenido una relación con él de casi cinco años. Sólo habéis comenzado a ser amigos hace unos meses y ¿cuánto lleváis cómo pareja? ¿Un mes? ¿De verdad crees tener lo necesario para poder satisfacer a Harry? Él amaba el sexo conmigo—le escupió la última frase, sintiéndose petulante cuando lo vio hacer una mueca.
Por supuesto, Draco sabía que Harry había tenido sexo con Ginny, pero no quería pensar en ello.
—Estoy seguro de que lo conozco mejor de lo que crees. Tal vez no hemos sido amigos en Hogwarts, pero pasamos más tiempo prestándonos atención de lo que hicieron nuestros propios amigos. Y ahora lo tengo yo, zorra —se burló Draco—. Y cuando un Malfoy tiene algo no dejamos que escape. Yo no soy el que lo engañó como una puta, Weasley.
La cara de Ginny se puso roja, haciendo juego con su pelo.
—Disfruta de tu tiempo con Harry, hurón, ya que tus días con él están contados—siseó ella.
—Oh, estoy muy preocupado —se burló Draco.
—Tú…
—Ginny, ¿por qué tienes la cara tan roja? —de pronto, la voz de Harry sonó detrás de ellos, confundido.
Los dos inmediatamente se tensaron y sonrieron.
—Es que hace un poco de calor aquí, Harry —le tranquilizó Ginny.
Harry frunció el entrecejo y se volvió a sentar.
—¿Estás segura de que no estás enferma?
—Eso sería demasiado misericordioso para mí—murmuró Draco en voz baja.
Ginny entrecerró sus ojos marrones hacia él por un momento, antes de relajarse de nuevo.
—No, no te preocupes, no estoy enferma.
—Eso es bueno, no queremos que te pierdas el próximo partido, claro—se rió entre dientes y tomó un sorbo de su chocolate, ahora frío.
—No, no me lo perdería—sonrió dulcemente ella.
Se quedaron hasta las 14.00, antes de que Harry y Draco decidieran volver a casa y aliviar a Snape de sus deberes de niñera.
—Nos veremos de nuevo, Ginny—sonrió Harry.
Ginny sonrió y le dio un rápido abrazo, a lo que Harry respondió sorprendido. Ella sonrió por encima del hombro de Harry a Draco que estaba mirándola y trato de matarla con la mirada. Por desgracia, no funcionó.
—Te veré de nuevo, Harry—asintió Ginny y lo liberó— Oh, pero si no lo hacemos antes de que comience el nuevo año, Feliz Navidad —le guiñó el ojo.
Harry se rió entre dientes.
—Feliz Navidad a ti también, Ginny.
Draco suspiró aliviado cuando se dirigieron hacia fuera. Tomó una profunda bocanada de aire fresco, aliviado de poder respirar aire limpio y fresco en vez de ese desagradable perfume floral.
—Oye, ¿te importaría si visitamos un momento la tienda de George?—preguntó Harry y miró a Draco con curiosidad.
Draco se encogió de hombros.
—No me importa, pero quiero ir a otra tienda. ¿Dónde nos encontramos?
Harry se mordió el labio y miró hacia el cielo tratando de pensar un punto de encuentro.
—¿Qué te parece en el callejón donde nos hemos aparecido?
—Me parece bien—asintió Draco y cogió la barbilla de Harry para darle un suave beso.
Harry sonrió en el beso y miró con ternura a Draco antes de irse a la tienda de George.
Draco negó con la cabeza sonriendo y se dirigió a la tienda de ropa que había visitado con su hijo y Teddy.
Cuando entró en la tienda, dudó un momento antes de ir resueltamente a la sección de maternidad. Harry probablemente lo mataría cuando recibiese su regalo, pero este era la única manera de medir la reacción de Harry ante un posible embarazo. Se dio cuenta de que era pronto pensar en más niños por ahora, pero estaba bastante seguro de que lo llevaría Harry en su vientre. Miró las diferentes camisas y seleccionó una verde esmeralda que se utilizaba llegado el cuarto mes. Sonrió y se fue a comprarlo.
La mujer le sonrió cuando ella le quitó el precio de la etiqueta.
—¿Es para su esposa?
—No, en realidad, estoy saliendo con un hombre. Quiero ver lo que piensa de un niño, enseñándole la camisa—Draco asintió con la cabeza.
Dobló la cabeza y la puso en una bolsa antes de aceptar los nueve galeones y los ocho sickles.
—Ah, dele una indirecta—ella se echó a reír—. Bueno, estoy segura de que lo convencerá—ella le guiñó un ojo.
—Eso espero—sonrió Draco y cogió la bolsa.
Ella sonrió y se despidió con la mano.
Draco silbó nuevamente y se dirigió al callejón donde habían acordado reunirse de nuevo con Harry. Se apoyó en la pared y parecía aburrido de ver a la gente pasar muy animada, hablando y riendo a carcajadas.
Harry llegó cinco minutos más tarde que él, luciendo una sonrisa en su rostro y una bolsa en su mano.
Para sorpresa de Draco, Harry le dio un rápido beso en la boca.
—¿Nos vamos a casa ahora?—preguntó con una sonrisa.
—Por supuesto—sonrió Draco y se aparecieron los dos al borde de la propiedad señorial de los Malfoy.
Sólo entonces, Harry, se dio cuenta de la bolsa que llevaba Draco.
—¿Qué hay en la bolsa?
Draco sonrió misteriosamente.
—Lo sabrás en un par de semanas.
Harry hizo un mohín.
Cuando llegaron a casa, fueron recibidos por los ojos frustrados de Snape que tenía pintura roja en todo su pantalón con Teddy de pie en una esquina, su boca con ligeros espasmos, mientras que Scorpius temblaba y miraba hacia el suelo.
Harry se quedó boquiabierto.
—¿Qué ha pasado aquí?—preguntó sorprendido y dejó caer la bolsa de pociones de broma en el suelo.
Snape alzó la mirada y miró a Harry acaloradamente.
—Vuestros hijos decidieron pintar. Aunque Teddy parecía capaz de hacerlo sin derramar nada, el mocoso rubio decidió que era hora de que mis pantalones tuvieran un cambio de imagen y derramó pintura roja sobre ellos—gruñó.
—Yo… lo siento tío Sev, no fui mi intención—dijo temblando Scorpius—. Sólo quería coger mi bote, pero… pero mi bote con la pintura cayó.
Draco sonrió.
—Bueno, podrías poner un poco de color en tu armario.
Snape se burló de él y se puso de pie, mirando disgustado sus pantalones pintados.
—Tengo algunos pantalones que te quedarían bien, si deseas cambiar de ropa—siguió sonriendo Draco.
—Insolente, mocoso idiota, impertinente—le gruñó Snape, iniciando su camino hacia arriba.
—Mira eso, Severus es bueno en la aliteración—dijo Draco, sonriendo alegremente.
Harry resopló y sacudió la cabeza antes de acercarse a Scorpius y lo alzó.
—Hey, no te preocupes, tío Sev no está enfadado contigo. Sabe que no lo has hecho adrede.
De repente, Teddy rió entre dientes.
—No, pero ha sido divertido.
—Que no te oiga decir eso —le guiñó un ojo Draco.
—¿El qué no tengo que escuchar?—preguntó Snape, frunciendo el ceño desde la puerta, ahora con pantalones grises.
—Nada—aseguró Harry mientras los otros tres ocupantes de la sala se reían.
Al día siguiente, todos los periódicos informaban de la relación de Harry con Draco. Había especulaciones sobre cuánto tiempo llevaban y cómo se habían encontrado de nuevo. Sin embargo, ninguno de los periódicos consiguió una exclusiva con Harry o Draco. Aunque eso no impidió a la prensa escribir varios artículos sobre ellos, llenos de rumores y medias verdades. Por una vez en su vida, a Harry no le importaba lo que la gente pensara de él. Si tenían problemas con la elección de su pareja, que se aguantasen. Esa afirmación había sido recompensada con una extensa sesión de morreos que los habían llevado a encerrarse en su cuarto durante varias horas.
Una semana más tarde, Draco, recibió una carta de su ex mujer, donde ella le pedía ver a su hijo la primera semana de enero.
Harry había leído la carta y también se había encogido de hombros. Cuando Draco le preguntó si le molestaría si Daphne iba a visitarlos y a ver a su hijo, sólo respondió secamente.
—¿Por qué iba a hacerlo? Scorpius es su hijo; claro que puede venir a verlo.
Draco le sonrió y escribió una respuesta donde dijo que era bienvenida.
Finalmente, llegó Navidad. Harry había hablado con Andrómeda y ella había aceptado que él y Teddy fueran a visitarlos después de Año Nuevo. Le preguntó si Draco podía ir, pero se mostró renuente. Había una desagradable historia entre ella y Narcissa; ella se lo había contado y no estaba segura de querer llevarse bien con el hijo de Narcissa. Harry cedió después de que ella prometiese darle una oportunidad a Draco en el futuro.
Habían invitado a Snape a cenar en la casa. Eran las 9.00 de la noche. Habían tomado una maravillosa cena hecha por los elfos domésticos y ahora estaban sentados en la sala de estar, listos para abrir sus regalos, mientras que el árbol de Navidad parpadeaba alegremente en el fondo.
Draco decidió darle la camisa a Harry más tarde en privado, no quería que Scorpius se sobreexcitase.
Mientras tanto, Harry estaba nervioso sobre uno de sus propios regalos para Draco. Lo había escondido en su habitación, no quería llamar una atención indeseada antes de la fecha, pero esperaba que le gustase.
—¿Abrimos los regalos ahora?—le preguntó impaciente Scorpius.
Draco se rió entre dientes y Snape bufó.
—Sí, mocoso, ve a buscar tus regalos.
Scorpius gritó de alegría y corrió hacia el árbol, cogiendo rápidamente los regalos de debajo de él, llevándolos a los demás y acumulándolos en el suelo.
Se repartieron los regalos y los adultos observaban cómo los chicos hacían trizas el papel de sus regalos. Los dos sonrieron ampliamente al ver lo que tenían.
Por parte de su padre, Scorpius, había recibido dulces (lo que hizo que Snape mirase con el ceño fruncido a Draco, que le sonreía con descaro), suministros de dibujo de Harry, un kit de pociones para niños, de Snape, y Teddy le había comprado tres libros de dragones y unicornios. Al verlos, Scorpius levantó la mirada sorprendido; Teddy se sonrojó y se encogió de hombros.
Teddy, por parte de su padre, le había regalado varios libros; entradas para un parque de atracciones por parte de Draco; una bolsa de caramelos y dibujos de animales mágicos hechos por Scorpius y Snape le había regalado un libro de encantamientos.
—Creo que tienes talento para ello; tu padre era bueno —explicó brusco Snape.
—Gracias —murmuró Teddy en voz baja.
—Hm —gruñó Snape.
El siguiente en abrir regalos, fue Snape. Por parte de su ahijado recibió más ingredientes de pociones, los cuales eran caros y no podía permitirse comprar todos ellos de una vez; de Scorpius y Teddy dibujos de plantas utilizadas en pociones y Snape sonrió ante la sorpresa, felicitando a los dos chicos por haber dibujado las plantas. Se sorprendió al recibir un regalo de Harry, que consistía en libros raros de pociones que eran de siglos pasados.
Snape lo miró boquiabierto, sabiendo que debió de haberle costado mucho.
Harry se encogió de hombros y no lo miró a los ojos.
—No sabía qué comprar y pensé que eran un regalo seguro.
—Estas ediciones deben haberte costado mucho—murmuró Snape, acariciando los libros.
—No te preocupes por eso —respondió Harry sonriendo. Snape le había dicho, antes en privado, que uno de sus contactos había ido a la selva para recoger el veneno de Akeyra y el otro estaba recogiendo la piedra y el veneno de pulpo. Los ingredientes llegarían a mediados de enero.
Draco se echó a reír cuando recibió botellas de su marca favorita de champú por parte de Harry, quien le sonrió.
—¿Quieres decir que huelo mal?—le preguntó, riendo.
—No, pero me he dado cuenta de que una persona vanidosa como tú, agradecería los productos de belleza —se burló de él Harry.
Draco negó con la cabeza, pero continuó abriendo sus regalos. De su padrino, recibió un libro de pociones y otro de Aritmancia; una materia que le había gustado cuando estuvo en Hogwarts. Los chicos lo sorprendieron dándole una foto de ellos dos y Harry.
—¿Cómo lo has…—le miró.
—Hemos tenido un poco de ayuda de George con la toma de la foto—sonrió Harry—. Ha sido idea de los chicos.
—Ahora tienes una foto de la familia —dio una palmada Scorpius.
—Sí, ahora tengo una foto de la familia—la aceptó sonriendo. En la foto, Harry tenía a Scorpius en su cadera y un brazo en torno a Teddy que estaba ligeramente por delante de él. En realidad, ahora formaban una familia.
Solo quedaba Harry por abrir sus regalos. Negó con la cabeza sonriendo al ver el regalo de Scopius y Teddy. Le habían regalado un pase de dos años para todos los partidos de quidditch.
—¿Cómo habéis conseguido este pase?—preguntó curioso.
—Draco nos ha ayudado un poco —admitió Teddy—. ¿Te gusta, papá?
—Sí, claro que me gusta, gracias Teddy, Scorpius —respondió y les dio un abrazo a los dos.
Sus ojos se agrandaron cuando vio un regalo de Snape. Era bastante pesado y tenía forma redonda, como si fuera un recipiente.
Cuando lo abrió, vio, confundido, que era un pensadero. Miró a Snape inquisitivamente.
Snape se negó a mirarlo a los ojos mientras le explicaba:
—Viendo que no tuviste mucho tiempo con el chucho callejero y el lobo, me di cuenta de que no tuvieron tiempo para hablarte de tus padres, a pesar de que odiaba a tu padre, a tu padrino y al lobo, me gustaba tu madre y he recopilado todos los recuerdos que tenía de ellos. Los buenos y los malos —agregó.
Harry se quedó sin habla. Claro, él tenía un álbum llenos de fotos de sus padres, de Sirius y Remus, pero no mostraba mucho de ellos. En realidad no los conocía y nunca había tenido la oportunidad de conocerlos. Es decir, hasta ahora. Ahora tenía recuerdos reales de los mismos, los podría ver cuando quisiera. Y tenía que darle las gracias a Snape, quien tenía razones para odiar a su padre, a su padrino y a Remus.
Harry parpadeó, había algo en sus ojos que sospechosamente parecían lágrimas.
—Gracias —le susurró.
—No hay de qué —murmuró Snape, aparentemente interesado en el montón de papel desmenuzado.
—¿Qué es eso, papi?—le preguntó curioso Scorpius, mirando pensativamente con la cabeza ladeada.
—Es un pensadero. Es un lugar donde el tío Sev ha puesto en él los recuerdos de mis padres y sus amigos —explicó Harry, con voz áspera.
—¿Estás contento con él?—preguntándose por qué los ojos de su padre parecían sospechosamente húmedos.
Con cuidado, Harry colocó el pensadero en un armario de la pared y le puso hechizos de protección alrededor. De ninguna manera iba a perder los últimos recuerdos que tenía de sus padres y sus amigos.
—Sí, cielo, estoy muy contento con él.
Draco sonrió suavemente.
—Todavía tienes que abrir mi regalo, Harry.
—¿Me ha llegado un regalo?—preguntó Harry sorprendido y cogió el paquete más pequeño.
Draco resopló.
—Por supuesto que sí. Te dije que te compraría uno, ¿no?—pensó brevemente en el otro regalo que había comprado y que había escondido en su estudio, y que ahora tendría que esperar un tiempo antes de dárselo a Harry.
Harry se quedó sin aliento al ver lo que había en el paquete: una delicada cadena de plata con unas pequeñas gotas en forma de esmeralda y un pequeño león de oro entrelazado con un dragón plateado y de cristal azul que lanzaba fuego. El moreno lo acarició con cuidado.
—¡Es muy bonito!—exclamó Scorpius.
Teddy asintió con la cabeza; Draco tenía un buen gusto.
—Guau, esto es demasiado, Draco. Debe de haberte costado mucho—susurró Harry.
—Viniendo de ti, Potter, eso no significa mucho. Así que cállate, acéptalo y dale las gracias a Draco —gruñó Snape.
Harry se volvió hacia Draco y lo abrazó.
—Gracias, es muy bonito—le susurró al oído.
Draco lo abrazó de nuevo.
—Te lo mereces—murmuró de nuevo y le dio un suave beso en los labios. Ayudó a Harry a poner la cadena alrededor de su muñeca, el fuego atractivo del león y el dragón le hacía brillar.
—Oh, ¡es cierto! Tengo un regalo más para vosotros, chicos—sonrió Harry y se puso de pie.
Le oyeron subir las escaleras.
Teddy y Scorpius compartieron una mirada emocionada, mientras Draco notaba una sensación extraña en su estómago.
Harry volvió unos minutos más tarde, con una gran caja flotando en el aire. Dirigió su varita al suelo, delante de los dos chicos.
—Vamos, abridlo—los animó.
Juntos, arrancaron el papel de la caja e idénticos jadeos se escucharon cuando cada uno cogió el regalo. Teddy sostenía un gatito de pelo negro y patas blancas y enormes ojos dorados. El gato parpadeó al ver al muchacho y le tendió una pata para acariciar la mejilla de Teddy, haciendo que el chico se riese en voz baja.
Scorpius sostenía un hurón cachorro, su piel blanca brillaba a través del fuego.
Draco se tensó cuando vio el hurón blanco.
—Scorpius, tienes que tener mucho cuidado con este hurón. El vendedor me ha dicho que no muerde ni hace daño, pero sólo para estar seguro, ten cuidado, ¿vale? Cuídalo bien —sonrió Harry.
—¡Lo haré, papi! ¡Gracias!—chilló Scorpius y abrazó al pequeño hurón con cuidado.
—Gracias, papá—sonrió tímidamente Teddy, sus ojos ámbar brillaban de alegría.
Harry le revolvió el pelo.
—Estoy feliz de que te guste el gatito, Teddy—sonrió.
—Así que eso fue lo que les compraste—dijo Draco en una tensa, pero controlada voz.
Snape resopló cuando recordó el incidente en el cuarto año de Draco.
—Sí, ¿no son bonitos?—susurró a los dos cachorros.
—Eres muy afortunado de que le guste, porque yo lo hubiera hechizado malamente —siseó Draco entre dientes.
—¿Qué te pasa, Draco?—le preguntó Teddy, sin entender por qué el hombre parecía molesto con el hurón.
Alegremente, Harry les contó la historia de Draco siendo un hurón. No pasó mucho tiempo antes de que los dos muchachos se rieran incontrolablemente.
Draco negó con la cabeza y puso mala cara.
—Sí, sí, reíros a mi costa.
—No te preocupes, Draco, lo haré más tarde—susurró Harry, burlón, al oído de Draco.
Draco lo miró y vio algo en los ojos verde esmeralda que le hizo desear que Snape se marchara pronto, y que los chicos se fueran a dormir.
Una hora más tarde, Snape decidió que era hora de irse a su casa y se fue, sorprendiendo a los chicos alborotándoles el pelo en su marcha.
—Parece que incluso Snape tiene espíritu navideño—observó divertido Harry.
Después de enseñarles a los niños dónde podían poner el gato y el hurón por las noches (en una habitación separada de sus habitaciones; llenas de comida, un capazo y juguetes), los chicos ya estaban metidos en la cama con su beso correspondiente.
El agotamiento rápidamente se apoderó de sus cuerpos y ambos se quedaron dormidos, soñando con sus regalos y sus nuevas mascotas.
Harry había decidido tomar una ducha rápida, pensando que iba a calmar el repentino ataque de nervios.
Vamos, no es nada que no hayas hecho antes, se animó, mientas frotaba su cuerpo con furia. La única diferencia es que esta vez es con un hombre.
Draco entró en la habitación y se quitó la camisa y los pantalones, colocándolos en la silla. Había sido una noche agotadora, pero satisfactoria. Cuando quiso acostarse, su mano rozó una caja. Bajó la mirada, sorprendido, y la cogió.
Para Draco, decía.
Curiosamente, la abrió y contuvo la respiración al ver lo que había en su interior. Lo sacó y se lo quedó mirando: un bote de lubricante. La caja cayó al suelo.
Miró hacia la puerta cuando esta se abrió.
Harry lo observó, vestido sólo con una camiseta y bóxers. Se mordió el labio y cerró la puerta detrás de él, murmurando un hechizo de silencio y privacidad. Una vez hecho esto, se volvió para mirar a Draco.
—Dime, ¿qué piensas de tu último regalo?—le preguntó nervioso.
—¿Quieres decir con esto lo que yo creo que quieres decir?—balbuceó Draco y se maldijo por tartamudear. Nunca antes había tenido problemas al hablar con los hombres con los que había estado a punto de tener relaciones sexuales.
—Si estás pensando en el hecho de que estoy preparado para tener sexo contigo, entonces has pensado bien—sonrió débilmente Harry.
—¿Estás realmente preparado para ello? Quiero decir, no quiero presionarte ni nada—Draco se apresuró a asegurarle.
Harry sonrió, un poco más seguro de sí mismo, y se acercó a Draco, deteniéndose ante él para mirarle a los ojos.
—Sí, estoy listo. No hubiera comprado ese lubricante si no lo estuviera, quiero decir.
—¿Y quién fue a la tienda y lo compró?—preguntó divertido Draco.
Harry se sonrojó y se frotó el cuello.
—Bueno, he usado un Glamour para comprarlo—murmuró.
Draco se rió y abrazó las caderas de Harry, escondiendo su cara en el musculoso estómago bronceado.
—Así que, ¿quieres hacerlo?—preguntó, mordiéndose el labio inferior.
—¿Realmente necesitas preguntarlo?—sacudió la cabeza con incredulidad y obligó a Harry a tumbarse en la cama—. No sabes lo feliz que estoy ahora, Harry—le susurró con un beso en la oreja a Harry.
Harry lo cogió por las muñecas, sujetándolo. Draco lo miró inquisitivamente.
—¿Me dolerá?—preguntó Harry débilmente, maldiciéndose por no sonar más fuerte. Qué era, ¿un cobarde?
Draco sonrió tranquilizador y liberó una de sus manos, usándola para acariciar el rostro de Harry.
—Al principio, probablemente te dolerá un poco, pero te prometo que haré que te guste, Harry —murmuró en voz baja.
Harry respiró profundamente y liberó a Draco.
—Confío en ti—murmuró.
Draco le quitó las gafas y Harry escuchó cómo las colocaba en la mesita de noche.
—Es bueno saberlo—murmuró Draco contra sus labios antes de besarlo suavemente. Se movió un poco, empujando las piernas de Harry para que quedasen abiertas y pudiese estar entre ellas.
Al principio, sólo se besaron suavemente; Draco tratando de que Harry se relajase. Estaba emocionado y feliz; se sentía maravillosamente bien. Había esperado todo el tiempo que Harry había querido, él no quería presionarlo y allí estaba Harry dispuesto a tener sexo con él. No podía quitar la sonrisa de su cara y los besos aumentaron ferozmente, sus manos deslizándose por debajo de la camiseta, acariciando la suave piel que encontró. Harry gimió suavemente en respuesta y envolvió sus brazos alrededor del cuello de Draco, atrayéndolo más cerca, lo besó de nuevo tan ferozmente como pudo, fuego contra fuego. Draco le haría sentir bien. Esencialmente, se trataba de la primera vez que Harry tendría relaciones sexuales con un hombre, y se le podía considerar virgen en ese campo y Draco no podía esperar a mostrarle cuán maravilloso y agradable sería hacerlo con un hombre.
Draco rompió el beso por un momento para poder quitarle la camisa a Harry y arrojarla en alguna parte de la habitación, sin importarle el lugar donde cayese, especialmente cuando Harry lo acercó para darle un apasionado beso.
Su lengua rozó sus labios y abrió la boca, lo que le permitió la entrada a Harry. Sus lenguas se encontraron; se acariciaron y se saborearon el uno al otro, emitiendo gemidos y lamentos a través de sus gargantas.
Draco se estremeció cuando sintió sus manos calientes deslizarse sobre su pecho desnudo; las manos de Harry dejaron una estela de fuego sobre su piel.
Harry alzó las piernas y las envolvió alrededor de las caderas de Draco, y ambas ingles se frotaron. Se quedaron sin aliento cuando sus erecciones se rozaron y comenzaron a mover sus caderas, con una tensión creciente en sus vientres.
Harry abrió los ojos y se sorprendió cuando se dio cuenta de que era capaz de ver a Draco con claridad. El pelo rubio de oro yacía pegado a la frente de Draco y el moreno se dio cuenta de que había empezado a sudar, debido a la tensión y al calor acumulado.
Gimió sin restricción cuando sintió unos labios calientes chupar y morder la suave piel de su cuello. Comenzó a jadear mientras sus manos acariciaban frenéticamente cada centímetro de suave piel de Draco que era capaz de tocar.
Harry gimió cuando una mano rozó su polla y Draco lo miró directamente a los ojos cuando, lentamente, le retiró la ropa interior al moreno. Harry alzó las piernas sobre la cama para que le fuese más fácil y su amante se la quitó lanzándola al suelo antes de prestar atención hacia su estómago, besando y mordiéndolo, marcándolo como su propiedad.
– –Dios, Draco ––gimió Harry, y una de sus manos se deslizó por el pelo rubio de Draco.
Draco sonrió cuando llegó a su premio; la dura polla de Harry, elevándose con orgullo frente a su cara.
Harry arqueó la espalda sobre la cama y grito sorprendido cuando sintió una caliente y húmeda boca rodeándolo. Gimió con fuerza y empujó sus caderas, haciendo un esfuerzo por meterse más profundo en la boca de Draco.
Draco, obligado ante la silenciosa petición relajó su garganta, tomando la mayor parte de la polla de Harry con su boca.
Cuando le pareció que Harry estaba demasiado distraído con la felación que le estaba haciendo, con sus manos buscó el bote de lubricante. Finalmente, lo abrió y se sirvió una generosa cantidad en sus dedos.
Levantó la cabeza y esperó a que Harry lo mirase a los ojos antes de decir:
—Te voy a preparar ahora, Harry; quiero que te relajes lo más que puedas, ¿vale?
Harry asintió nerviosamente y echó la cabeza hacia atrás con un grito cuando Draco comenzó a chupársela de nuevo.
Draco le levantó las caderas un poco, le abrió las piernas un poco más y con cuidado y lentamente presionó el primero contra el ano de Harry, el moreno se puso tenso ante la sensación y trató de forzar el dedo en su cuerpo.
Draco comenzó a chupársela lentamente, muy lentamente, Harry se relajó alrededor de sus dedo, lo que le permitió meterlo más adentro, extendiéndolo un poco.
Harry contuvo el aliento y sus músculos anales se tensaron cuando sintió que el primer dedo lo travesaba. Escocía. Sintió la tentación de quitar los dedos de Draco, pero entonces Draco comenzó a succionar con más fuerza y le recordó que relajase su cuerpo. Poco a poco el escozor fue desapareciendo y la intrusión de los dedos fue más adentro, se extendían, era una sensación extraña.
Pasado un tiempo de sólo mover un dedo hacia dentro y hacia fuera y tratando de relajar a Harry lo tanto como fuera posible, Draco insertó otro dedo. Esta vez, Harry tardó menos tiempo en relajarse y no pasó mucho tiempo antes de que Draco comenzase a hacer la tijera con los dedos, que profundizaban más en Harry. Metió los dedos profundamente en su cuerpo, buscando el lugar que haría que Harry sucumbiera.
Después de tres intentos, lo encontró, y Harry gimió, apretando los dedos, gritando mientras se corría en la boca de Draco. Podía sentir el semen deslizándose por su garganta y tragó, lo que desencadenó otro gritó de Harry, que se seguía corriendo. Draco lamió su polla, ahora suave en su boca, limpiándola antes de dejarla y volver a besar la boca de Harry con suavidad.
Harry jadeó y lo miró con ojos aturdidos.
Draco abrió la boca para encontrarse con la lengua de Harry, succionándola mientras insertaba su tercer dedo.
—Mierda —siseó Harry, que respiraba con dificultad.
—Lo sé, pero te prometo que mejorará—respiró en el oído de Harry, empezando a sentirse incómodo con la dureza que todavía estaba apresada en su ropa interior.
Harry se aferró a sus brazos y jadeó ásperamente y empezó a mover sus caderas, metiéndose él mismo los dedos de Draco.
Después de unos minutos, Harry lo cogió de su muñeca y lo detuvo. Draco lo miró con ojos ardientes.
Harry tragó saliva y dijo:
—Suficiente, puedes follarme ahora.
Los ojos grises brillaban y Harry lo ayudó a quitarse la ropa interior, mientras que Draco revestía su polla con una gran cantidad de lubricante.
Harry se sintió nervioso al ver el miembro de Draco y se preguntó si sería capaz de entrar en él, incluso lubricado.
Draco se aferró a sus caderas y se posicionó, Harry sintió que se empujaba contra su ano, haciéndole temblar ligeramente.
—¿Estás listo?—preguntó en voz baja, listo para retirarse si lo veía titubear.
No lo estaba. Harry asintió y lo cogió de los hombros con determinación.
—Adelante—le susurró.
Lentamente, Draco comenzó a empujar, sintiendo cómo el calor lo envolvía, haciendo que sus ojos brillasen de placer. Sus músculos internos se relajaron lentamente a su alrededor, lo que le permitió meterse completamente en el cuerpo de Harry. Una vez dentro de él por completo, su cabeza cayó sobre el hombro del moreno, y jadeó ásperamente, su cuerpo temblando por la presión que sentía al quedarse quieto. Cada nervio de su cuerpo le pedía que se moviera, que se follase el delicioso cuerpo de debajo de él, para marcarlo como suyo. Tendría que esperar para eso.
Harry gimió cuando sintió que Draco se metía aún más, haciendo que ardiese. Envolvió sus piernas alrededor de la cintura de Draco, dejando que profundizase aún más y apretó los puños. Se sintió agradecido cuando Draco dejó de moverse. Tuvo que acostumbrarse a esa sensación de plenitud. Draco estaba completamente enterrado en él, llenándole por completo. Sus pechos y caderas se presionaban entre sí, encajando perfectamente como si fueran piezas de un rompecabezas.
Después, Harry decidió que le gustaba bastante la sensación de sentirse lleno hasta el borde. Sí, era raro y se tomó un tiempo para relajarse, pero ahora sólo quería que Draco comenzase a moverse.
Le acarició el pálido cuello y movió sus caderas hacia arriba.
—Puedes moverte ahora —le susurró al oído de Draco.
Draco levantó la cabeza y sonrió. Una suave boca presionó la suya y ahogó un jadeo cuando sintió que Draco empezó a moverse.
—Oh, Draco—suspiró y su aliento salía con cada suave embestida.
Una mano soltó su cadera y cogió su mano, entrelazando los dedos.
Draco llevó su mano entrelazada junto a la cara de Harry. Sus embestidas eran lentas, pero profundas.
Al principio era suficiente para Harry, ya que le permitía acostumbrarse a la sensación, pero ahora quería sentir más. Quería sentir…que le pertenecía.
—Hn, ah, Draco, Dra…Draco, más fuerte—gimió.
—Hn —gruñó el rubio y aceleró, golpeándole las caderas, obligándose a meterse más profundo. A la siguiente embestida, lo hizo contra el lugar exacto, haciendo que el moreno gritase, cerrase sus ojos y arquease su espalda.
Draco sonrió pícaramente cuando escuchó el grito y comenzó sus embestidas para seguir golpeando ese dulce punto. Sintió cómo la polla de Harry se endurecía bajo su estómago y empezó a masturbarlo al mismo tiempo que lo embestía. Harry se estaba golpeando la cabeza violentamente contra la cama, con la cara enrojecida y el cuerpo deseoso, sus ojos verdes brillaban, mientras que constantemente soltaba gemidos y más gemidos, lo que animó a Draco a penetrarlo más fuerte.
Draco sintió los músculos de la pierna protestar, pero no le importaba. Estaba rodeado del delicioso y dulce cuerpo de Harry, y su amante le estaba pidiendo que se lo follase más duro.
—¡Oh, sí, sí, Draco!—jadeó Harry y se dio cuenta de que no podía mantener los ojos abiertos. Lo intentó, pero con cada embestida contra su próstata le obligaba a cerrar los ojos, mareado de placer. Sus cuerpos se movían frenéticamente entre sí, por lo que la cama golpeaba la pared y Harry vagamente estaba agradecido de haberse acordado de poner un hechizo silenciador.
—Joder, Harry, eres tan hermoso —gimió Draco. Lo volvió a hacer cuando sintió las uñas de Harry arañándole la parte posterior cuando le recorrió una descarga de placer.
Harry encontró la boca de Draco y lo besó torpemente. No iba a durar mucho tiempo; ya podía sentir sus músculos apretados, el ardiente fuego bajo su vientre y pequeños puntos blancos producidos por el placer aparecían tras sus cerrados párpados.
—Oh, mierda, voy a…voy a…—tartamudeó Harry.
—Entonces hazlo —le susurró al oído Draco.
Eso era todo lo que necesitaba. Harry gritó "¡Draco!" cuando se corrió, por segunda vez, su espalda arqueándose en la cama y todos sus músculos tensándose. Podía jurar que había perdido el conocimiento, incluso por unos segundos. Cuando él se corrió, Draco seguía embistiendo locamente, todo su cuerpo vibraba mientras lo penetraba.
De vez en cuando, drásticamente, los músculos internos alrededor de la polla de Draco le obligaron a correrse y enterró su cara en el cuello de Harry, mordiéndolo para ahogar un grito mientras expulsaba su esencia dentro del cuerpo hambriento de su compañero. El culo de Harry lo rodeaba deliciosamente hasta que Draco cayó a su lado, saliéndose de Harry con un suave chasquido, provocando en su compañero una mueca de dolor.
Draco lo tomó en sus brazos y lo besó sin prisa.
—¿Te ha gustado?—dijo agotado.
—Por supuesto que me ha encantado, Draco. ¿Qué puedo decirte?—preguntó Harry con una sonrisa cansada.
—Sólo asegúrame que no estás arrepentido—le susurró.
Harry se acurrucó contra él, su pierna enredada en las de Draco.
—No, no lo estoy. De hecho, me gustaría volver a hacerlo —sonrió con timidez.
—Bien —murmuró Draco—. Porque ahora me perteneces. Mío para acariciar, besar, sostener, para hacerte el amor y quererte. No te vas a ningún lado, Potter. No dejaré que lo hagas.
—No se me ocurriría alejarme de ti —sonrió con ternura y compartieron un dulce beso, antes de quedarse dormidos, totalmente agotados, pero satisfechos.
Gracias por leer y comentar.
Respuesta a los comentarios anónimos.
-Killy: ¿Poco profesional? He actualizado semanalmente, incluso cuando he sido intervenido quirurjicamente. Además, soy estudiante y si tengo exámenes es normal que estudie en vez de traducir, vamos, digo yo. Un abrazo.
