Los comentarios han sido respondidos por PM. Los que no tenían cuenta están al final del capítulo.
Gracias por esos 367 comentarios.
Traducción autorizada por FanofBellaandEdward
Disclaimer: Harry Potter es propiedad de J. K. Rowling, Bloomsbury Publishing, Scholastic Inc. y AOL/Time Warner Inc. La historia pertenece a Melissa, yo traduzco por mero entretenimiento.
Resumen: Después de que Draco se divorciara de Daphne, Scorpius se encuentra en la búsqueda de un segundo papá, ya que Draco le contó que sólo le gustaban los hombres. Luego conoce a Harry y está empeñado en conseguirle como segundo papá. ¿Lo logrará?
Traductor: DarkPotterMalfoy
Beta: FanFiker-FanFinal
Advertencia importantísima. No voy a publicar en vacaciones de Navidad, necesito un pequeño descanso para recargar las pilas. Así que el último día que publicaré será el 23/12/1012 y volveré a hacerlo el 13/01/2013. Gracias por vuestra comprensión.
Capítulo 26
Harry no sabía qué hacer para deshacerse rápido de las esposas. Se moriría de vergüenza si Draco las veía, y se estremeció al pensar lo que le pasaría por la cabeza al rubio al verlas. Salió de allí cuando estuvo seguro de que no había nadie en el pasillo y subió corriendo las escaleras hasta su habitación, cerrando rápidamente la puerta. Sus ojos miraron alrededor de toda la estancia, intentando buscar el sitio perfecto para esconder su "regalo".
Casi gritó de asombro cuando escuchó la voz de Draco muy cerca:
—¿Harry? ¿Dónde estás? Daphne ha cogido a Scorpius y se lo ha llevado.
Casi balbuceó, y metió la caja con las esposas debajo de la cama, empujándola más al fondo para asegurarse de que Draco no se diese cuenta.
Se dio la vuelta rápidamente cuando la puerta se abrió y el rubio apareció en el umbral.
—Harry, ¿qué estás haciendo aquí?—arqueó una ceja Draco.
—Estaba buscando un documento…—respondió lentamente el moreno.
Draco lo miró fijamente.
—¿Qué tipo de documento?
—Es sólo algo que tenía que leer—hizo un gesto despreocupado Harry con la mano y salió de la habitación, su brazo rozando el de Draco.
Draco frunció el ceño, pero siguió escaleras abajo a Harry.
—¿Cuánto tiempo va a estar fuera Daphne con Scorpius?—preguntó curioso el moreno.
Draco se encogió de hombros.
—Hasta la cena, que es…—miró su reloj—. En tres horas.
Harry asintió con la cabeza y se dejó caer en el sofá de la sala de estar, Teddy uniéndosele pronto, acurrucándose a su lado.
—¿Qué te dijo la señora, papá?—le preguntó el pequeño, curioso.
Draco se sentó al otro lado de Harry y sonrió.
—Sí, es algo que yo también quiero saber. Vosotros dos no parece que os hayáis peleado, ya que parecéis estar bien.
Harry puso los ojos en blanco.
—No, no nos peleamos. Sólo quería asegurarse de que no jugaba contigo en esta relación.
Draco resopló.
—Como si tu naturaleza Gryffindor permitiese hacer eso.
—Te dije que casi me colocan en Slytherin—murmuró Harry, sonriendo cuando sintió que el rubio lo estaba mirando fijamente.
Teddy lo miró sorprendido.
—¿En serio, papá? Entonces, ¿cómo es que fuiste un Gryffindor?
—Porque Draco fue un idiota conmigo y había decidido no compartir habitación con un imbécil como él—sonrió Harry.
—Escúchame, tú te negaste cuando te ofrecí mi amistad—intervino Draco, sintiéndose insultado, aún un poco sorprendido al escuchar que el gran Harry Potter, el chico de la luz, podría haber sido colocado en Slytherin. Se preguntó cómo hubiesen sido las cosas si el moreno hubiese aceptado su amistad y hubiese estado en su misma casa.
—Como he dicho con anterioridad, eras un idiota. ¿Cómo esperabas que aceptase tu amistad siendo como eras? Alto, poderoso y arrogante —preguntó Harry, divertido.
—Era un mocoso arrogante a veces, ¿verdad? —murmuró el rubio.
—¿A veces?—bufó el moreno y gimió cuando Draco le golpeó en el muslo.
—Papá, ¿a qué hora vamos a ir a ver mañana a la abuela?—le preguntó Teddy, curioso.
—Estaba pensando en irnos a las 9.00. Ella está ansiosa por volver a verte —sonrió Potter.
—¡Yo también quiero verla! La echo de menos —sonrió emocionado Teddy.
Draco suspiró.
—Es una lástima que no pueda ir contigo. Me hubiera encantado poder conocer a mi tía mejor—murmuró, decepcionado. Nunca había tenido problemas con sus parientes de la familia Black, pero desde que su madre se negó a dejarle ver a su tía Andrómeda (había estado con su tía Bellatrix muchas veces, pero se sintió aliviado cuando ella murió. Ella debió de haber sido la bruja más loca que el mundo jamás haya conocido, y Draco todavía temblaba al recordar esos ojos llenos de locura) y su primo Sirius había estado en Azkaban, nunca había conocido a ningún pariente de su madre. Teddy, en realidad, era su familia más cercana, además de Andrómeda.
—Ten paciencia—le tranquilizó Harry—. Se acostumbrará, pero ahora sólo necesita un poco de tiempo. Ella no rompería el lazo después de todo.
—¿Cómo reaccionó la Weasley?—preguntó interesado Draco. Harry había recibido una carta de ella en la que le deseaba feliz Navidad y feliz Año Nuevo, pero ella no había pedido otra cita, por lo que Draco estaba contento. No creía que poder soportar que sus vacaciones fuesen arruinadas viendo esa cara tan fea. Además, si la veía de nuevo coquetear con Harry una vez más, su mano se deslizaría accidentalmente y la hechizaría. No iba a ser su culpa, claro que no.
—A la abuela no le gusta—contestó Teddy y sonaba satisfecho—. Dijo que no se podía confiar en una chica que usaba una falda que podía tener la función de cinturón o algo así.
—¡Teddy! Pensaba que no habías escuchado eso—dijo Harry un poco pálido. Juraría que él estaba dormido cuando había tenido esa particular conversación con Andrómeda. Eso había sido unos meses antes de que Harry hubiese descubierto que ella le engañaba. Estaba agradecido de que Andrómeda nunca le dijese "te avisé", cuando le comentó que lo habían dejado.
Teddy se encogió de hombros.
—Me desperté porque uno de los gatos de la abuela intentaba meterse entre mis sábanas.
Draco decidió que ya le caía bien su tía, a pesar de no haberla conocido nunca. Era evidente que sabía calar a la gente. Ese rasgo tuvo que haber venido de la familia Black, aparentemente.
Teddy puso mala cara y se cruzó de brazos.
—Yo siempre cierro mi puerta, pero ¡ese gato se las arregla para abrirla!—exclamó. Los gatos de la abuela no eran mágicos pero tampoco eran normales. Él juraría que podían abrir las puertas y los paquetes de su comida. Los gatos eran criaturas muy astutas. Los que decían que los simios eran las criaturas más inteligentes del planeta después de los humanos, obviamente nunca habían estudiado a un gato. El pequeño Lupin estaba dispuesto a apostar que los gatos eran incluso más inteligentes que los monos.
—¿Dónde está Dagda?—miró a su alrededor Harry, en busca de la bola de pelo.
—Está durmiendo en mi cama. Está cansado de intentar cazar ratones—se rió cuando recordó lo furioso que estaba su gato, ya que le había colgado un ratón de juguete delante de su cara, pero lo mantuvo fuera de su alcance por un tiempo.
—¿Y Marfil?
—Esa maldita criatura se ha acomodado en el cuello de mi hijo y no se baja—frunció Draco el ceño—. Espero que se ahogue en el lago—añadió sombríamente.
—Eso no está bien, Draco. A él le gusta su nueva mascota—le regañó divertido Harry.
—Eres cruel; no eres más que pura maldad—negó con la cabeza Draco.
Harry sólo sonrió como respuesta.
Ya que era el comienzo de un nuevo año, los elfos domésticos se habían asegurado de hacer comida suficiente como para alimentar a un pequeño ejército. Draco había invitado a su padrino, pero Severus se había reído y se había negado a pasar otro día festivo con la "maligna descendencia" de James Potter. Draco estaba seguro de que a Severus empezaría a caerle bien Harry. Era sólo cuestión de tiempo.
Daphne decidió permanecer durante tres días más para poder pasar tiempo con su hijo. Habían pasado un bonito día en el parque y Scorpius les contó emocionado todas las cosas que había hecho con su madre.
Daphne, por su parte, sólo tomó una copa de champán mientras en silencio escuchaba la charla de su hijo y mantenía un ojo sobre Potter y Draco. Cada vez que Draco pensaba que nadie los estaba mirando, tocaba a Potter en los lugares menos apropiados y Daphne estuvo tentada muchas veces de decirles que no estaban solos y que debían hacerlo cuando estuvieran en su propio dormitorio. Pero al final no lo hizo, sólo porque lo chantajearía más tarde.
Su hijo le había contado de buena gana todo acerca de Harry Potter y la forma en que era un buen papá y que él no podía esperar a que su padre pusiese un bebé dentro del vientre de su papi. Sólo su educación de sangre pura hizo que Daphne sofocase la risa. Ya podía imaginar a Potter embarazado y se molestó al darse cuenta de que en realidad se vería bastante guapo con un vientre redondo. Se aseguraría de recordar a Draco que una vez que estuviese Potter embarazado, ella sería la madrina. Aunque sólo fuese para enseñarle al niño cómo molestar a sus padres. Daphne sonrió ante la idea. Sí, a ella le encantaría ser madrina.
A las 22.00 horas, decidieron mandar a los niños a la cama porque habían cabeceado con frecuencia y habían empezado a bostezar poco después de haberse terminado el postre.
Después de besar a los tres adultos (Teddy fue tímido al principio al darle un beso a Daphne, pero ella le había dicho que podía llamarla tía Daphne y que no tenía por qué ser tímido para darle un beso), ella tomó a cada niño por su mano y los condujo escaleras arriba hacia su habitación. Se había dado cuenta de lo mucho que Potter había estado bebiendo y no creía que se hubiese aguantado de pie si tuviese que llevarlos a la habitación.
Harry estaba seguro de que nunca en su vida había bebido tanto como entonces. Cada vez que miraba a Daphne, se acordaba de la caja con esposas colocada debajo de su cama y su rostro se calentaba ante el pensamiento. Trataba de ahogar los recuerdos de las esposas con el champán que los elfos domésticos no paraban de traer a la mesa, pero tuvo que admitir que emborracharse no fue una buena idea. Por supuesto, en el momento en que por fin se había dado cuenta de eso, ya estaba un poco ido. No lo suficiente como para perder el conocimiento, pero lo suficiente para relajarse y sentirse con la lengua suelta. En el momento en que ella llevó a los niños a la cama, él ya estaba encima de Draco, besando su cuello y frotando las manos sobre su pecho. Draco nunca le había parecido tan atractivo como ahora y Harry, vagamente, se preguntó cuánto tiempo necesitarían para llegar arriba y quitarse las ropas.
Draco estaba ligeramente achispado. A pesar de haber sido criado en muchas fiestas y reuniones con alcohol, ya que la familia Malfoy era muy rica y famosa, nunca le había gustado la idea de emborracharse y no tener un control completo sobre su cuerpo. Le gustaba saber lo que estaba haciendo y sólo se permitía unas copas de champán antes de beber agua.
Pero si había algo que le gustaba del alcohol, era el efecto que tenía sobre Harry. Descubrió que le volvía muy seductor y sensible, dos cosas que no se oponían. Se había asegurado de que Harry bebiese agua, ya que no tenía ningún deseo de ver a su pareja desmayada por el alcohol. Se preguntó si Harry siempre bebía mucho o sólo se reservaba para ocasiones especiales como la de ahora. Gracias a Merlín que había mantenido sus manos fuera de Draco hasta que los chicos fueron llevados a sus camas, no quería que los niños lo presenciaran.
—Hm, Draco, ¿sabes lo que quiero hacer en este momento?—susurró Harry seductoramente al oído, haciendo temblar a Draco. Su voz no tenía el más mínimo indicio de insulto, pero Draco agarró el vaso de Harry y lo puso sobre la mesa junto a él. Harry había tenido suficiente por esta noche.
Puso sus brazos alrededor de la cintura de Harry y lo llevó a su pecho.
—No, ¿qué quieres hacer?—ronroneó y besó los párpados de Harry.
—Quiero ir a nuestra habitación ahora y —se abrazó a su cuello Harry, dejando un rastro de besos desde su barbilla hasta su clavícula—, quiero que me folles—respiró y sus ojos verdes brillaron a la luz de las velas.
Entonces, como cualquier persona sana de veintiséis años de edad, Draco se sintió muy tentado a decir sí a esa propuesta en particular, especialmente cuando Harry lo dijo con ojos seductores y sus caderas ondulando encima suyo. Sin embargo, no quería que Harry se arrepintiese al día siguiente cuando estuviese sobrio de nuevo. No creía que él le agradeciese que se aprovechase de su estado de ligera embriaguez, aunque era difícil decir que no.
Draco se mordió el labio y gimió suavemente. La única que vez que Harry daba el primer paso para follar, tenía que ser cuando estaba borracho.
—Harry, no creo que sea una buena idea—suspiró, con sus manos masajeando la espalda de Harry.
—No, es una muy buena idea—sonrió Harry y jugueteó con los botones de la camisa azul de Draco—. Es una idea muy buena, me vas a follar en el colchón—le mordisqueó la oreja a Draco y el rubio gimió, ya que sus orejas eran muy sensibles.
—Lamentarás haberlo hecho cuando te despiertes mañana sobrio, Harry—trató de convencerlo.
Harry soltó una risita.
—No estoy borracho. Y créeme, no lamentaré mañana que hayamos follado. Te lo prometo, Draco—él llevo su cuerpo más cerca al de Draco para poder inclinarse, era más alto—. Por favor, Draco, por favor, fóllame.
Antes de que Draco pudiera contestar, Harry apretó los labios contra él y lo besó apasionadamente, casi agresivo cuando adentró su lengua en su boca, girando alrededor de la suya. Draco probó el amargo sabor del burbujeante champán y el propio sabor de Harry. Gimió y obligó a Harry abrir las piernas, trayendo sus muslos hacia sí, deslizando su pierna cada vez más y más arriba hasta que la empujó contra la ingle de Harry. Deslizó su mano entre sus cuerpos y tomó la palpitante erección de Harry, apretándola suavemente, haciendo que el otro hombre gimiese y jadease.
Draco jadeó sorpresivamente cuando una cálida mano cogió su erección y comenzó a apretarla.
Los ojos verdes lo miraron triunfalmente.
—Parece que no soy el único con un problema. Puedo hacerlo mejor—le guiñó un ojo y se lamió los labios.
Draco gimió y dejó caer la cabeza sobre el hombro de Harry. Estimado Merlín, Harry Potter había pasado a ser su perdición, era una maldita ironía.
Una suave y discreta tos le hizo mirar hacia arriba y sintió sus mejillas enrojecer al ver a Daphne en la puerta sonriendo con un brillo de conocimiento en sus ojos.
—Estoy cansada, así que me voy a la cama. Me parece que vas a estar muy ocupado, así que asegúrate de no olvidar los hechizos silenciadores, ¿de acuerdo, Draco?—sonrió ella y tuvo la audacia de hacer la vista gorda con la mirada.
—¡Daphne, tú!—gruñó, pero ella se rió y se marchó. Su ex-mujer podía ser tan molesta a veces.
—Draco, yo también quiero ir a la cama—sonrió Harry y lo cogió de la mano. Mientras que Draco había sido distraído por Daphne, Harry había logrado deshacerse de todos los molestos botones de la camisa de Draco y no podía esperar para poder tocarlo y besarlo de nuevo. Él tuvo el suficiente estado de ánimo como para poder esperar hasta que estuvieran en el dormitorio.
Draco, entendiendo mal las palabras de Harry, sonrió, pensando que el alcohol había acabado de hacer su efecto y quería irse a dormir. Trató de convencerse de que dormir ahora era una buena idea, a pesar de que su mitad interior no parecía estar de acuerdo con él.
—Por supuesto, Harry, vamos a la cama—se rió entre dientes y dejó que Harry lo sacase de la sala, riendo suavemente cuando Harry tiró de su mano con impaciencia hacia las escaleras.
Cuando por fin llegaron al cuarto, Harry cerró la puerta y trató de encontrar su varita. Después de cinco minutos de búsqueda se dio cuenta de que la había dejado caer en algún lugar de la habitación cuando estuvo ahí por la tarde.
—Draco, ¿quieres lanzar un hechizo silenciador?—preguntó Harry, quitándose el jersey por la cabeza.
Draco frunció el ceño, sin saber por qué necesitaban un hechizo silenciador cuando se iban a dormir, pero se encogió de hombros y lo lanzó, poniendo su varita en la mesita de noche, cuando lo hizo.
También comenzó a desvestirse hasta que se quedó en calzoncillos. Harry se dio la vuelta para mirarlo de frente y sus ojos brillaron cuando vio su pecho desnudo.
—¿No te vas a poner el pijama?—preguntó Draco y se acurrucó en la cama, con las sábanas abiertas para que Harry se uniese a él.
Harry negó con la cabeza sonriendo.
—No, no lo necesito—sonrió y se metió entre las sábanas, sentándose en el regazo de Draco.
Draco se asustó cuando Harry sacudió sus caderas junto a las suyas y su parte inferior del cuerpo respondió con entusiasmo. Draco maldijo a su traidor cuerpo.
—Harry, ¿no habías dicho que querías dormir?—dio a entender, tratando de mantener su cuerpo bajo control. Fue un intento inútil, ¿qué otra cosa había esperado teniendo a Harry medio desnudo encima de él?
—Nunca dije que quisiese dormir—sonrió el moreno y se juntó los dos pechos, estremeciéndose ante el cálido contacto—. Dije que quería ir a la cama. ¿Y que se hace en la cama?
—Eh… ¿dormir?—dijo Draco sin convicción.
—No, idiota, me refería a esta otra cosa—sonrió Harry y le dio un rápido beso en la boca, moviendo sus caderas de nuevo.
Draco respiró hondo, se disculpó con su parte inferior de su cuerpo, agarrando las caderas de Harry y girándolo, dejando a Harry acostado sobre su espalda.
—Hn, sabía que ibas a verlo desde mi perspectiva—ronroneó y se lamió los labios.
Draco se estremeció al imaginar esa acción; maldijo su perfecta educación, pero suspiró.
—Harry, vamos a dormir. No es buena idea tener sexo contigo en este momento.
Harry entrecerró los ojos.
—¿Por qué no? ¿No soy lo suficientemente bueno, ya te has saciado?—exigió saber y Draco se estremeció cuando los dedos de Harry se clavaron en sus brazos.
—No, Harry, no seas estúpido. No es que no seas lo suficientemente bueno, es que no quiero hacerlo cuando estás borracho. No quiero que te arrepientas de esto por la mañana—explicó pacientemente Draco.
Harry puso mala cara, el labio inferior sobresalía, tentando a Draco a chuparlo.
—Pero ya te he dicho que no me arrepentiré de nada—le recordó.
—Eso lo dices ahora, pero estoy seguro de que dirás otra cosa mañana—le dio un suave beso en los labios, retrocediendo antes de que Harry pudiese hacer el beso más profundo—. Buenas noches, Harry—le susurró y apagó las luces.
Escuchó a Harry resoplar y el movimiento de las sábanas cuando el moreno se dio la vuelta.
Draco suspiró suavemente y se pellizcó la nariz, pero no cedió. Harry se lo agradecería más tarde, cuando estuviese de nuevo sobrio. Descruzó las piernas y se estremeció cuando su mano rozó su erección. Genial, ahora él también tenía un problema. No había nada más que hacer que tratar de dormir y hacer caso omiso a su erección.
Acababa de cerrar los ojos cuando sintió que Harry le cogió la mano y la llevaba hasta la cabecera. Antes de que pudiera preguntarle lo que estaba de haciendo, de repente, sintió algo frío, pero de alguna manera, algo circular y mullido alrededor de sus muñecas y cerrándose ante ellas. Inmediatamente sus ojos se abrieron, aunque no vieron nada más que oscuridad.
—Harry, ¿qué has hecho?—preguntó y se enorgulleció de que su pregunta sonase tranquila.
Prácticamente podía sentir a Harry sonreír abiertamente cuando se acomodó en sus caderas. Veía los contornos de ese cuerpo a través de la débil luz de la luna que lograba filtrarse a través de las cerradas cortinas.
Harry no creía que le volviese a agradecer a Daphne por darle esas esposas como regalo. Parece que iban a tener un buen uso después de todo.
—Te he esposado a la cama—sonrió satisfecho Harry.
—¿Cómo las has conseguido y por qué lo has hecho?—preguntó Draco y trató de zafarse, silbando cuando el metal apretaba sus muñecas. No estaban lo suficientemente apretadas como para hacerle sangrar; la pelusa de alrededor lo impedía, pero se le clavaban en la piel cuando tiraba fuerte.
—Daphne me las dio, diciendo que se lo agradecería cuando las usase —explicó riéndose el moreno entre dientes y sus dedos pasaron suavemente sobre el pecho de Draco, deleitándose en la forma en que hacía temblar al otro hombre.
—¿Ella te las dio?—resopló indignado el rubio. En ese momento la odiaba. En serio. ¿Qué había pensado cuando las compró?
Sin embargo, una voz disimulada en la parte de atrás de su cabeza se elevó, hay que admitir que es bastante excitante estar esposado a la cama con Harry encima.
Odiaba a esa voz en este momento también.
—Hmhm—susurró Harry y lamió desde el pómulo de Draco hasta su clavícula.
Draco abrió la boca para protestar, pero fue interrumpido cuando sintió la húmeda y caliente boca de Harry alrededor de su pezón y empezó a chuparlo, mientras su otra mano acariciaba el otro.
Harry no se detuvo hasta que su asalto a sus dos pezones se volvieron dos bolitas duras color rojo oscuro y se quedó jadeando por más. A la mierda la honestidad —si Harry quería ser follado, follado sería, al cuerno con las consecuencias—. Harry se arrepentiría de su tomadura de pelo.
Harry sonrió cuando sintió la erección de Draco rozar su entrada y movió sus caderas, riéndose sin aliento cuando Draco gimió.
—¿En serio quieres que me detenga, Draco?—pidió, y le chupó el lóbulo de la oreja mientras su mano bajó furtivamente para coger la palpitante erección del rubio. Empezó a acariciarla y apretaba en la punta cada vez que subía. Sintió a Draco temblar y sus labios rozaron los del otro.
—Vete a la mierda, no, ¡no te atrevas a parar ahora!—dijo entre dientes y empujó sus caderas.
—No iba a hacerlo—susurró seductoramente y lentamente metió sus dedos por la cintura del calzoncillo de Draco, bajándolos y tirándolos al suelo.
Se puso de pie y pudo sentir el ardor en los ojos de Draco cuando le vio quitarse su última pieza de ropa. Se quitó los calzoncillos y se colocó de nuevo encima de Draco, gimiendo cuando sus erecciones desnudas se rozaron.
—Merlín, Harry, te quiero ahora—gimió el rubio y echó la cabeza hacia atrás, moviendo sus caderas, deseando desesperadamente estar dentro de Harry de nuevo.
Harry lo besó de nuevo, profundizando en él cuando sintió que Draco empujaba contra él. Sus lenguas se encontraron y comenzaron a girar una alrededor de la otra, turnándose para lamer a la otra. Se separaron jadeantes, cuando la respiración se convirtió en un problema.
—¿Dónde está el lubricante?—susurró, y sus manos frotaban el musculoso estómago de Draco.
Malfoy parpadeó ante esa pregunta y su cerebro, empapado de lujuria, trató de recordar dónde había puesto esa maldita botella.
—En el primer cajón de tu mesita de noche—murmuró y Harry se inclinó sobre él para poder llegar a la mesita.
Luchó con todas sus fuerzas, desesperadamente queriendo tocar a Harry y con sus manos recorrer el bronceado cuerpo sobre él, pero tuvo que conformarse con chupar y morder el pezón de Harry.
Potter gimió con fuerza cuando sintió la succión de su pezón y por un momento vaciló, atrapado ante la sensación de lujuria y deseo. Su mano buscó frenéticamente la mesita de noche y rápidamente la sacó del cajón. Cogió de la barbilla al rubio y lo volvió a besar mientras sus manos se perdían ante la tapa del bote. Finalmente se las arregló para abrirlo y roció una abundante cantidad en su mano antes de expandirla sobre la polla de Draco.
El rubio siseó cuando el frío gel tocó su caliente polla, pero estaba distraído, pues Harry succionaba su labio inferior.
—Ha…Harry…tienes que ponerlos en la mano...quítame las esposas, así yo… yo podré prepararte—jadeó y gimió de nuevo cuando sintió que Harry le daba a su polla un duro apretón.
—No es necesario—le dijo Harry, y antes de que Draco pudiese preguntarle qué quería decir, el moreno se levantó, abrió sus nalgas y lentamente se deslizó hacia abajo ante la longitud de Draco, haciendo una mueca cuando su entrada se abrió bruscamente. Sabía que tenía que haber dejado a Draco que lo preparase, pero no quería esperar más. Dejó escapar el aliento en un siseo y obligó a sus músculos a relajarse. Poco después había tomado todo de Draco en él, y ahora estaba sentado completamente en su regazo. Sus piernas y brazos temblaban ante el esfuerzo que supuso quedarse quieto, dejando que su cuerpo se adaptase a la polla en su interior.
Sujetó a Draco cuando trató de moverse.
—Aún no—dijo entre dientes, cogiéndole de la cintura.
Draco, quien estaba teniendo grandes problemas con no mover sus caderas, se mordió el labio.
—¿Estás bien?—le preguntó, preocupado. No había pensado que Harry lo hiciera sin preparación y se estremeció al pensar en lo mucho que tenía que dolerle. No quería presumir, pero él no la tenía precisamente pequeña.
—Estoy bien—le aseguró, sus respiración agitada—. Sólo tengo que ajustarme un poco más.
El rubio asintió, preocupado por haber lastimado a Harry; pero el moreno se habría detenido si le dolía demasiado, ¿no?
Apenas dos minutos después, Harry empezó a moverse lentamente hacia arriba, hasta que la punta de la polla de Draco estaba a punto de salir antes de deslizarse hacia abajo de nuevo, gimiendo mientras lo hacía.
Draco jadeó y sus caderas empezaron a moverse de nuevo, las levantó cuando el moreno bajaba.
—Merlín, Harry, eres tan caliente—siseó, mientras abría y cerraba los puños.
Harry gimió y se apoyó en el pecho de Draco antes de alzarse de nuevo, pero esta vez bajó con fuerza, gritando cuando Draco golpeó en ese lugar.
—Por favor, Harry, suelta mis manos, quiero tocarte—gimió Draco.
Harry negó con la cabeza, con su pelo negro pegado a la sudorosa frente.
—No, uh, las esposas no se van fuera hasta que yo lo diga.
—Eres un torturador—dijo entre dientes Draco.
—No parecía desagradarte—sonrió antes de inclinarse y sus bocas se encontraron en un descuidado beso. Todo su cuerpo estaba tenso y se estaba haciendo más difícil moverse hacia arriba y hacia abajo. Mientras su lengua buscaba la de Draco, cogió su erección y comenzó a masturbarse.
Draco miró a su amante hacerlo con ojos hambrientos y alzó las caderas con impaciencia, obligándose a meterse más profundo en el cuerpo de Harry, incluso sin las manos, se las arregló para encontrar la próstata del moreno con cada golpe y siguió embistiendo contra ella, haciendo que Harry gimiese y gritase.
Finalmente, su cuerpo no pudo soportar la doble estimulación y Harry echó la cabeza hacia atrás, con la espalda arqueada y se corrió con un grito:
—¡Draco!—su semen salpicó el estómago y el pecho del rubio.
Ver a Harry correrse y sentir que su cuerpo se apretaba alrededor de su polla resultó ser demasiado para él y eyaculó con un gritó, echando la cabeza hacia atrás contra las almohadas, todo su cuerpo se arqueaba mientras llenaba a Harry con su semen.
Harry se dejó caer sobre el pecho de Draco y buscó a tientas las esposas, llegando a abrirlas. Sin importar donde cayeron, las dejó en el suelo. Estaba demasiado cansado como para guardarlas correctamente.
—Eso ha sido increíble, Harry—suspiró el rubio satisfecho y llevó sus rígidos brazos alrededor de la espalda de Harry. Sus brazos se estremecieron cuando la sangre volvió a circular de nuevo a través de sus muñecas, pero no le prestó atención a eso.
—Hn, tú también has estado increíble—murmuró Harry, su cabeza apoyada en el hombro de Draco.
—Tal vez deberías emborracharte más a menudo—sugirió Draco son una sonrisa y se movió un poco, sin liberar de su agarre a Harry.
—Cállate—murmuró, pero sonrió. Sabía que tenía que levantarse y limpiarle, pero se sentía demasiado cansado como para mover un músculo y además estaba bastante cómodo acostado sobre Draco. Decidió quedarse donde estaba, sin importarle que Draco aún estuviese en él.
Compartieron un ardiente beso antes de quedarse dormidos el uno en los brazos del otro, no sólo estaban conectados por sus brazos, si no por otras partes de su cuerpo también.
Cuando Harry se despertó a la mañana siguiente a las 8.30, maldijo al elfo doméstico que pensó que era una gran idea abrir las cortinas, dejando que la luz entrase en la habitación y haciendo que su dolor de cabeza empeorase. Ahora recordaba por qué no solía beber mucho. Odiaba el dolor de cabeza que tenía a la mañana siguiente.
Trató de incorporarse, pero unos brazos alrededor de su cintura le impedían hacerlo y todo su rostro se puso rojo cuando se dio cuenta de que aún podía sentir a Draco en su interior. Harry gimió y dejó caer la cabeza hacia atrás en vez de hacerlo sobre el pecho de Draco cuando los recuerdos de anoche inundaron su cerebro. No sólo había bebido demasiado, había seducido a Draco y ¡había usado las malditas esposas! Harry podía sentir su cara arder de vergüenza al recordar la parte de las esposas. Merlín, ¿qué pensaría ahora Draco de él?
Se tensó cuando sintió una mano fresca acariciando su espalda.
—¿Te arrepientes de lo que hiciste anoche?—preguntó Draco en voz baja, pero Harry podía detectar un tono tenso en su voz. Draco obviamente pensó que Harry se arrepentiría de tener sexo con él.
Harry recordó que hacía una semana cuando Draco le había preguntado exactamente lo mismo después de haberlo hecho por primera vez y sonrió. ¿Se arrepentía de haber tenido sexo la noche anterior? No. ¿Se arrepentía de hacerlo bajo los efectos del alcohol? Un poco, pero no había estado lo suficientemente borracho si se acordaba de todo. ¿Se arrepentía de haber usado las esposas? Claro que sí, ya que Draco probablemente se burlaría de él.
Levantó la cabeza y besó suavemente a Draco en la boca, apartando su pelo rubio de la cara.
—No, no me arrepiento de nada. Aparte de la bebida—añadió en el último momento—. Lamento esa parte.
Draco sonrió y lo besó en la nariz.
—No lo sé. Me has mostrado un lado interesante en ti. Nunca pensé que eras tan pervertido hasta el punto de usar esposas. Qué va a ser lo próximo, ¿azotes? Porque yo no tendría ningún problema en azotar un travieso culo.
Era prácticamente imposible, pero Harry se puso aún más rojo y golpeó a Draco en pecho fuertemente en represalia.
—¡Cállate! No estaba en mis cabales cuando las usé.
Draco se rió entre dientes.
—Lo que tú digas, Harry, lo que tú digas.
Harry resopló, pero no respondió. El aliento se quedó atrapado en su garganta cuando sus ojos vieron el reloj: 8.30. Tenía que estar con Andrómeda en poco más de media hora. Joder.
Harry salió disparado y salió a toda prisa de la cama, maldiciendo cuando el dolor en su espalda baja se intensificó, gracias a la noche anterior.
Draco hizo una mueca.
—Merlín, Harry, no salgas así de rápido nunca más. Al menos, no cuando esté dentro de ti.
—Lo siento, Draco, pero llego tarde. Realmente necesito estar listo para llevar a Teddy a ver a Andrómeda. Ella me matará si llego tarde—balbuceó y buscó su ropa.
Se lanzó un hechizo refrescante a sí mismo después de encontrar su varita cerca de la pared junto a la cama, no tenía tiempo para darse una ducha.
Draco se sentó y observó divertido cómo Harry trataba en vano de domar su salvaje pelo.
—No servirá de nada tratar de arreglarlo, Potter. Acéptalo, te vas a enfrentar a mi tía con un pelo de recién follado. Oh, espera, que se deja follar bien duro—sonrió Draco y se rió cuando Harry trató de golpearlo con la almohada.
—Cállate, imbécil—frunció el ceño Harry, pero las comisuras de su boca se alzaron.
—¿Necesitas una poción?—preguntó Draco.
—Estaré bien—le aseguró el moreno y se inclinó para darle un beso en la boca.
Ambos alzaron la mirada al escuchar que llamaban a la puerta.
—¿Papá?—la voz de Teddy sonó a través de la cerrada puerta.
—Pasa, Teddy.
La abrió. Llevaba un suéter gris con un gatito negro en él y pantalones vaqueros azules. Tenía el pelo negro con un brillo azul a través de él, y sus ojos marrón brillante miraban a su padre curioso.
—Papá, ¿nos vamos? Son las 8.45—le informó el pequeño. Miró a Draco, pero rápidamente desvió la mirada cuando vio que el rubio estaba medio desnudo.
—Estoy casi listo, Teddy. Sólo tengo que coger mi chaqueta y nos vamos—murmuró Harry y agarró su chaqueta marrón.
—Os veré a ambos más tarde—sonrió cálidamente el rubio y compartió otro beso con Harry.
Teddy se despidió con la mano antes de darse la vuelta para bajar por las escaleras.
Cuando llegaron al pasillo, Daphne se quedó esperando con Scorpius a su lado.
—Quería despedirse de ti antes de que te marcharas—explicó ella.
—Te veré más tarde, Scorpius —y se inclinó para abrazar al muchacho.
—Adiós, papi—dijo Scorpius y lo abrazó de nuevo.
Para su sorpresa, Scorpius también abrazó a Teddy, y por un momento el niño mayor se tensó antes de devolver el abrazo.
—¿Fue útil mi regalo anoche?—le preguntó ella a Harry, observando a los niños decir adiós.
Harry se puso rojo de nuevo y farfulló.
—No sé de qué me hablas—resopló.
Daphne resopló y se cruzó de brazos.
—No soy estúpida, ¿sabes? Prácticamente tienes cara de: "he estado follando y ha sido increíble".
—Dios, los Slytherins sois tan malditamente molestos—dijo entre dientes Harry y la miró. Cogió de la mano a Teddy—. Vámonos, Teddy, vámonos.
—Adiós, Potter, Qué tengas un buen día—sonrió dulcemente ella y se despidió—Ah, y no te olvides de pedir un cojín extra cuando te vayas a sentar—añadió riendo.
Harry se congeló cuando escuchó eso y contó hasta diez para no hechizar a la ex-Slytherin. Sabía que había una razón válida para odiarlos.
—Papá, ¿por qué vas a necesitar un cojín extra cuando te vayas a sentar?—preguntó Teddy de golpe, mirándolo con sus curiosos ojos marrones—. ¿Te caíste anoche de culo?
Esa maldita tenía suerte de que se marchaba un día después y que era la madre de Scorpius, de lo contrario la habría hechizado de gravedad.
—Algo así, Teddy—sonrió tenso Harry, preguntándose si tal vez podría maldecir a la mujer. Sería apropiado, ¿no?
Gracias por leer y comentar.
Respuesta a los anónimos.
-Paola: Ya lo normal hubiese sido Astoria, pero aquí es Daphne, pero lo que importa es la trama, con quien se haya casado Draco, tampoco es muy importante, xD. Un abrazo.
