Los comentarios han sido respondidos por PM. Los que no tenían cuenta están al final del capítulo.
Gracias por esos 380 comentarios.
Traducción autorizada por FanofBellaandEdward
Disclaimer: Harry Potter es propiedad de J. K. Rowling, Bloomsbury Publishing, Scholastic Inc. y AOL/Time Warner Inc. La historia pertenece a Melissa, yo traduzco por mero entretenimiento.
Resumen: Después de que Draco se divorciara de Daphne, Scorpius se encuentra en la búsqueda de un segundo papá, ya que Draco le contó que sólo le gustaban los hombres. Luego conoce a Harry y está empeñado en conseguirle como segundo papá. ¿Lo logrará?
Traductor: DarkPotterMalfoy
Beta: FanFiker-FanFinal
Advertencia importantísima. No voy a publicar en vacaciones de Navidad, necesito un pequeño descanso para recargar las pilas. Así que el último día que publicaré será el 23/12/1012 y volveré a hacerlo el 13/01/2013. Gracias por vuestra comprensión.
Buff... ¡380 comentarios! Antes del día 23, es decir el domingo, ¿llegaremos a los 400? Sería un bonito regalo de navidad :)
Capítulo 27
Andrómeda abrió la puerta con una sonrisa.
—Harry, Teddy, ¡qué alegría veros de nuevo!—los abrazó a ambos antes de anunciarlos en la casa.
Harry guardó su chaqueta y el abrigo de Teddy en el armario y se animó cuando el olor a café y a tortitas llegó hasta sus fosas nasales.
—¿El desayuno?
Andrómeda asintió.
—Pensé que te gustaría hacerlo aquí, ya que estoy segura de que no has comido nada aún—le lanzó ella una mirada mordaz.
Harry se sonrojó y se rascó la parte de atrás de su cabeza.
—Puede que haya dormido un poco—admitió tímidamente.
La mujer negó con la cabeza divertida, sus hebras de plata reluciendo a la luz del fuego de la chimenea.
—Abuela, ¿hay bastante chocolate?—le preguntó Teddy, sonriendo.
Le revolvió el pelo.
—Por supuesto que hay bastante —se echó a reír ella.
Teddy la abrazó rápidamente y casi inmediatamente inició su camino hacia la cocina donde las tortitas estaban esperando.
—¿Estás bien, querido?—preguntó Andrómeda y estudió el rostro de Harry.
—Por supuesto que lo estoy—le aseguró el moreno—. ¿Por qué no iba a estarlo?
—Bueno, has dejado tu trabajo, estás saliendo con el hijo de mi querida hermana y estoy segura de que estás ansioso por capturar a ese asesino—aclaró, manteniendo la voz baja para no alertar a Teddy.
Harry suspiró y se frotó el cuello.
—Estoy estudiando para mi siguiente trabajo, Draco es increíble una vez llegas a conocerlo —molesto, pero increíble—. Y Snape me está ayudando a intentar crear un antídoto para poder ayudar a las víctimas. En realidad, Andrómeda, estoy bien.
Le tocó la mejilla y negó con la cabeza.
—Sólo trata de no meterte en problemas. Mi hija te hará la vida miserable si algo te pasa y abandonas a mi nieto—sonrió débilmente ella.
Harry se rió.
—Estoy seguro de que Tonks no será la única en hacer mi vida miserable si hago algo estúpido—contestó, pensando en sus padres, Sirius y Remus.
La conversación finalizó cuando Teddy gritó desde la cocina.
—¡Abuela, papá, vamos! ¡Las tortitas se están enfriando!
Andrómeda pareció congelarse. Harry, que había dado un paso hacia la cocina, se dio la vuelta para mirarla.
—¡En un minuto estamos ahí, cariño!—gritó el moreno. Se mordió el labio y estiró el brazo para tocar a Andrómeda. Para su alivio, ella no se apartó—. ¿Andrómeda?—dijo, vacilante.
—¿Cuánto tiempo te ha estado llamando papá?—le preguntó susurrando.
Él suspiró, debería de haber sabido que iba a molestarla. A ella no le gustó que Teddy le hubiese llamado papá cuando aún era un niño, pero esperaba que ahora lo hubiese superado.
—Es sólo que… quería hacerlo, ya que Scorpius me llama papá—explicó el moreno, avergonzado—. Él sabe que no soy su verdadero padre, pero soy la única figura paterna que tiene. No pensé que dolería que me llamara papá. Le hace feliz, ¿por qué quitarle eso?
Al principio ella no dijo nada, se limitó a mirarlo, antes de mirar en dirección a la cocina donde su nieto estaba comiendo. Ella suspiró.
—Bueno, ¿quién soy yo para quitarle su felicidad? Simplemente no quiero que se olvide de sus verdaderos padres—jugueteó ella con sus mangas.
—No lo hará. Le he dado un álbum de fotos de sus padres y adora mirarlas, me pide que les cuente historias sobre ellos—sonrió el moreno, y luego se acordó que tenía un recuerdo que ver. Juró que los vería pronto, era curioso en cuanto a qué tipo de recuerdos le había dado Snape.
—Entonces, eso es bueno—sonrió aliviada y luego dio una palmada—. En fin, es hora de desayunar.
—¿Aún tratas de engordarme?—se echó a reír Harry al ver la cantidad de tortitas y chocolate esperando en la mesa.
—Sigues estando muy delgado, así que sí, estoy tratando de engordarte un poco más. Deseo que me ayudes en esa parte—se echó a reír ella y le dio un manotazo en el brazo.
—¿Qué puedo decir? Soy terco—se rió Harry y se sentó en la silla, siseó y se levantó de nuevo antes de murmurar un hechizo cojín. Con cautela, se sentó de nuevo y respiró aliviado cuando el dolor en su espalda no estalló de nuevo.
Levantó la mirada y enrojeció al ver la sospechosa mirada en la cara de la abuela de Teddy.
—¿Pasa algo, Harry?—preguntó y levantó una ceja.
Teddy contestó por su padre.
—Anoche se cayó de culo, por lo que probablemente le duele al sentarse.
Andrómeda parpadeó y probablemente llegó a una conclusión porque se aclaró la garganta y dijo:
—Entiendo; pues bien, ¿necesitas una poción para aliviar el dolor, querido?
El moreno negó con la cabeza, con la cara enrojecida sin saber si reír o avergonzarse más porque ella hubiese imaginado lo que probablemente había pasado exactamente anoche.
—No, gracias, estoy bien.
—Bueno, si lo estás, entonces vamos a comer. Todavía tengo algunos regalos que deben abrirse —le guiñó un ojo a los que consideraba sus nietos.
El pequeño Lupin sonrió y comenzó a comer emocionado. El joven Potter hizo lo mismo un minuto más tarde, aún maldiciéndose a sí mismo por emborracharse anoche. Nunca más se embriagaría.
Daphne miró a Draco con una sonrisa en su cara cuando éste entró en el comedor. Su hijo, actualmente, estaba arriba dándose un baño.
—¿Te divertiste anoche, Draco?—le preguntó dulcemente y escondió su sonrisa detrás de su taza de té.
Draco entrecerró los ojos y se sentó frente a ella.
—Eres una maldita pervertida, Daphne. ¿Esposas? ¿En serio? ¿Qué será lo próximo? ¿Un vibrador?
Los ojos de Daphne brillaron y se inclinó un poco hacia delante
—¿Crees que Potter estaría interesado en eso?
Un croissant le fue lanzado en respuesta y se rió.
—No te atreverás, Daphne — Draco frunció el ceño.
—Ah, por favor, Draco. No puedes decir que no disfrutaste de mi pequeño regalo a Potter—sonrió.
—Estoy sorprendido de que Harry lo haya guardado en vez de deshacerse de ellas—murmuró y bebió café—. Parecía bastante avergonzado por ello cuando se despertó esta mañana.
—Potter no se desharía de un regalo. Eso no sería cortés y los Gryffindor son siempre educados—ella se echó a reír.
Draco negó con la cabeza, diciéndose a sí mismo que era demasiado pronto para discutir. Todavía estaba tratando de despertarse como era debido. Una buena taza de café debería ayudarlo.
Acababa de tomar un sorbo cuando un elfo doméstico apareció a su lado.
—Amo Draco, una bruja está en la puerta. Ella dice que quiere ver a Harry Potter—dijo el elfo, retorciéndose nerviosamente las manos, no quería sentir la ira de su amo.
Draco frunció el ceño.
—¿Se ha presentado?
—Dice que es Ginny Weasley, amo—le respondió el elfo.
Los ojos grises se oscurecieron ante ese nombre y se puso de pie. ¿Cómo se atrevía a venir a su casa? ¿No le era suficiente el tener esas ridículas reuniones con su novio?
Daphne también se levantó, sintiendo curiosidad porque Ginny Weasley estuviera en la mansión. Recordaba vagamente que ella y Potter habían sido noticia hacía cinco años, pero habían roto, aunque los periódicos no sabían la verdadera razón. La razón oficial fue que se habían descuidado el uno al otro, pero todos sabían que era una respuesta poco elaborada.
—¿Por qué viene Weasley a buscar a Potter aquí? Pensé que habían roto—preguntó ella, después de que Draco fuera hacia el pasillo.
—Lo hicieron, pero esa puta estúpida decidió que necesitaba otra oportunidad y ha estado en contacto con Harry durante las últimas semanas. Y, por supuesto, Harry piensa que es sólo por una amistad—bufó Draco y sacó su varita.
Él abrió la puerta y miró a la mujer pelirroja de pie en su porche.
—¿Qué es lo que quieres, Weasley?—preguntó con frialdad y se quedó de pie en medio de la puerta, evitando que intentara entrar.
Ginny le miró. Llevaba un vestido corto que apenas llegaba a la mitad de sus muslos con una chaqueta negra ajustada.
—Quiero ver a Harry y saber si quiere pasar un rato conmigo de nuevo.
—Él no está aquí—le informó Draco secamente.
—Oh, ¿ya te ha dejado?—se burló ella.
—No, está en la tienda, comprando más lubricante ya que nos quedamos sin él. La nata no sirve, ya sabes lo que quiero decir—sonrió el rubio. No había manera alguna de que le permitiese saber dónde estaba Harry. No dudaba de que sabía donde vivía su tía y no quería darle la oportunidad de estar a solas con su pareja de nuevo.
Ginny entornó los ojos y apretó los puños.
—Como si Harry fuese a hacerlo contigo—espetó ella.
—Confía en mí, Weasley, tu precioso Potter está follando con Draco. Yo lo sé. Me mantuvieron despierta. Realmente, Potter es un escandaloso—sonrió Daphne y apareció junto a Draco.
—¡Ja! ¡Estás mintiendo! ¡Harry no hace eso!—replicó triunfalmente Ginny.
—El hecho de que no lo hiciera contigo es perfectamente comprensible, Weasley—respondió Draco secamente—. Ahora te enseñaré las pruebas, pero no soy precisamente un fan de los mirones. Si no desapareces en este instante, te maldeciré de tal manera que incluso el mejor sanador no será capaz de curarte—le advirtió.
Ella alzó la barbilla.
—Te reto a hacerlo. Me pregunto cuánto tiempo le tomaría a los Aurores poder arrestarte si lo haces—se burló ella.
Draco sonrió misteriosamente y la apuntó con su varita en la cara.
—Créeme cuando te digo que no serán capaces de arrestarme de nuevo. El apellido Malfoy sigue siendo más poderoso que el tuyo, Weasley, y me pregunto cuánto tiempo me tomaría desacreditarte por completo ante tu familia en público. Sospecho que la prensa haría su agosto cuando descubriese el motivo por el cual Harry rompió contigo y me pregunto cómo vas a explicárselo a tus padres. Vete a casa, Weasley.
Su rostro se había puesto rojo, haciendo juego con su pelo.
—Esto no ha terminado, Malfoy—siseó, pero se dio la vuelta y se alejó, desapareciendo al instante cuando pasó por las barreras. Tendría que formar un nuevo plan para conseguir a Harry. Tal vez era el momento de que ella lo llevase a un nivel completamente distinto.
Draco suspiró y cerró la puerta.
—¿Crees que se mantendrá alejada?—le preguntó su ex-mujer con una ceja levantada.
—Probablemente no, pero no veremos su cara de nuevo al menos por un par de semanas—sonrió Draco—. Después de eso se me ocurrirá algo.
—No le diremos a Potter que ha estado aquí, ¿verdad?—sonrió Daphne.
—¿De qué estás hablando? No recuerdo que nadie haya venido. Algunas veces mi memoria se borra—respondió el rubio, indiferente.
Daphne se rió.
—Mamá, ¿quieres ver mis dibujos de papá y papi?—sonó desde la escalera la voz de Scorpius.
Su madre aplaudió y sonrió.
—Por supuesto que quiero. Déjame echarles un visto, mi pequeño artista.
El pequeño Malfoy sonrió y luego procedió durante más de una hora en enseñarle a su madre todos los dibujos que había hecho de su nueva familia. Su padre estaba sorprendido por la gran cantidad de dibujos —y la técnica de trabajo en sí mismo—. Parecía que su hijo era realmente un artista en ciernes.
Después de recibir abrazos múltiples y prometiendo visitarla más a menudo, Harry y Teddy hicieron su camino de regreso a casa. El punto de aparición desde la casa de Andrómeda estaba a una milla, por lo que padre e hijo tuvieron que caminar un poco.
Teddy se había adueñado de la mano de Harry con fuerza y caminaba junto a él, manteniendo su nuevo libro sobre hombre lobos con fuerza sobre su pecho. Su abuela le había dicho que era hora de que aprendiese más sobre su padre y le había dado ese libro; uno fiable y no lleno de prejuicios y mentiras; libros así sobre licántropos eran bastante difíciles de encontrar.
—Me he divertido mucho hoy con la abuela—sonrió el hijo de la metamorfomaga.
Harry se rió entre dientes.
—Me alegra escuchar eso.
Al chico le encantaban esos momentos en los que su padre y él estaban solos. Había llegado a aceptar a Draco e incluso a Scorpius, pero aún así le era difícil compartirlo con los demás. Sin embargo, se las arreglaba, porque vio cómo su padre ahora era feliz al tener a Draco. Tenía que admitir que el rubio era mejor de lo que nunca había sido la pelirroja.
—De acuerdo, cariño, cógete fuerte, vamos a aparecernos—sonrió Harry y abrazó a Teddy fuertemente contra su pecho.
El chico apretó sus cerrados ojos, no le gustaba la aparición. Le mareaba.
Se apresuraron en su camino por el sendero, respirando con alivio cuando entraron en la caliente casa. Un elfo doméstico apareció para hacerse cargo de sus abrigos y mientras, Harry se dirigió hacia la sala de estar, donde supuestamente los demás estarían allí y Teddy subió las escaleras para guardar su libro.
Harry levantó una ceja cuando entró en la sala y vio a Draco, de pie cerca del fuego con el ceño fruncido en su rostro, leyendo una carta.
—¿Qué le pasa?—preguntó Harry, curioso.
Daphne alzó la vista de su revista.
—Ha recibido una carta de uno de sus socios. No sé qué quieren.
—¡Papi!—gritó Scorpius y corrió hacia Harry, extendiendo sus brazos.
El moreno se rió entre dientes y colocó al pequeño en su cadera, dándole un beso en la frente.
—Hey, jovencito, ¿me has echado de menos?
El pequeño asintió con entusiasmo y abrazó a Harry con fuerza alrededor del cuello.
—¡Te he echado mucho de menos, papi! Le he enseñado a mamá los dibujos sobre ti y papá—le dijo con orgullo.
—¿En serio?—sonrió Harry y se llevó al chico al sofá más cercano. Se sentó pero Scorpius no lo soltó y él se resignó, colocando al chico en su regazo.
—Mamá dice que soy muy bueno dibujando—sonrió emocionado.
—Lo sé, eres muy bueno—le elogió Harry.
Scorpius, al escuchar un cumplido viniendo de su padre, sonrió. Miró a su alrededor cuando se dio cuenta de que no estaba su hermano mayor.
—¿Dónde está Teddy?—le preguntó curioso.
—Está guardando un libro. Pronto estará aquí—respondió y, de hecho, medio minuto más tarde, apareció, caminando hacia el sofá y sentándose al lado de Harry.
El pequeño Malfoy le dio un entusiasta abrazo y Teddy se tensó de nuevo, pero le devolvió el abrazo.
—Te he extrañado, Teddy—dijo.
—¿Qué has hecho hoy?—le preguntó el metamorfomago, no siendo capaz de decir lo mismo. El no había echado de menos a ese mocoso que se aferraba tanto.
Inmediatamente, Scorpius comenzó a informarle acerca de lo que había hecho ese día, deteniéndose apenas para tomar un respiro
—Malditos idiotas—murmuró Draco y arrugó la carta.
Harry se giró para mirarlo.
—¿Qué te pasa, Draco?
Draco suspiró, se acercó y se inclinó para darle a Harry un suave beso.
—Bienvenido de nuevo—murmuró.
—Hn. ¿Qué hay en la carta?—preguntó Harry, y su mano automáticamente se juntó con la de Draco para entrelazar sus dedos.
Draco frotó distraídamente con su pulgar la mano de Harry.
—Uno de mis socios de Gales tiene un problema y necesita verme inmediatamente para encontrar una solución—suspiró y se frotó la cara. Peter Heningway su socio, era abogado, pero estaba teniendo problemas con uno de sus clientes que también era cliente de Malfoy.
—¿Cuándo te marchas?—frunció el ceño Harry.
—Es frustrante, pero tengo que verlo mañana. No sé si seré capaz de volver, pero con un poco de suerte estaré aquí a las diez—respondió Draco, besando la mano de su pareja—. Lo siento, Daphne, no volveré a verte después de mañana por la mañana.
Daphne agitó la mano.
—No seas estúpido, no importa. No sabías que iba a tener problemas con un socio. Además, vamos a vernos pronto. Hey, Potter, ¿qué opinas tú, los chicos y yo… de ir de compras mañana?—sugirió, sonriendo.
—¿Estás planeando algo sospechoso?—preguntó Harry, serio.
Ella se rió.
—No, sólo quiero ir de compras y siempre es más divertido cuando hay alguien más conmigo—respondió y le guiñó un ojo.
—Me parece bien, aunque no soy partidario de las compras—le advirtió.
—Me preocuparía si lo fueras, Potter—sonrió ella.
Scorpius dio una palmada y rebotó en el regazo de Harry.
—¿También podremos ir a la tienda de chuches?—le preguntó, emocionado.
—Sí, claro que podemos ir, pero estás comiendo demasiados dulces, Scorpius—advirtió Daphne a su hijo.
Scorpius puso mala cara, pero siguió sonriendo. Además, él sabía que iba a salirse con la suya con la cantidad de chuches. Su madre nunca había sido capaz de decirle que no cuando ponía mala cara.
Al día siguiente, Harry fue brevemente despertado por Draco para darle un beso de despedida.
—Te veré esta noche, Harry—susurró Draco y le dio otro beso en los labios.
—Hn, te voy a echar de menos—murmuró soñoliento Harry; ni siquiera había abierto los ojos.
Draco sonrió con ternura y le acarició el oscuro cabello.
—Yo también lo haré—después de un último beso, bajó las escaleras, deteniéndose brevemente en su despacho para coger un maletín. Esperaba poder arreglarlo sin demasiados problemas y ser capaz de llegar pronto a casa.
Cinco horas más tarde, Harry se preguntaba cómo demonios había podido ser tan estúpido como para aceptar la solicitud de Daphne para ir de compras. Esa mujer no era humana, no había parado ni una vez para descansar. Los había llevado a la librería, a muchas tiendas de ropa y ahora iban en dirección a la tienda de chucherías.
Teddy caminaba en su derecha, sujetándolo por su mano y el pequeño Scorpius estaba saltando en la otra, mientras que cogía la de su madre también.
—Después de esta tienda, ¿podemos conseguir finalmente algo de comer? Me muero de hambre y mis pies están cansados—gimió Harry.
Ella resopló.
—Realmente, no tienes condiciones físicas, Potter. Simplemente estás yendo de compras, no haciendo una maratón.
—Discrepo sobre eso—murmuró Harry internamente, preguntándose por qué las mujeres estaban tan obsesionadas con visitar numerosas tiendas, para acabar comprando en una sola.
Ella abrió la boca para discutir, pero no tuvo la oportunidad de hacerlo. Una gran explosión demolió una casa a unos pocos metros de ellos. Ella y Harry cubrieron a los chicos rápidamente presionándolos contra la pared para protegerlos de los obstáculos que salían disparados.
Había gente gritando y corriendo por todas partes, presas del pánico, mientras que el humo empezaba a inundar la zona. El edificio junto el demolido había quedado atrapado en el fuego también y se extendía rápidamente a los otros.
—¡Daphne, tenemos que salir de aquí!—gritó y se cubrió la boca con la bufanda.
Ella asintió con la cabeza, con los ojos abiertos, asegurándose de que los dos niños estaban cubriéndose la nariz y la boca, y comenzaron a andar entre la multitud, en busca del punto de aparición. Daphne había puesto a Scorpius sobre su cadera y estaba tratando de calmarlo. Había escondido su cara en su cuello y estaba llorando por el susto, sin entender lo que estaba pasando ahora a su alrededor.
Teddy había cogido la mano de Harry y lo estaba arrastrando.
Llegaron a una zona más tranquila, cuando de pronto la mano de Harry fue separada de la de Teddy.
Teddy se dio la vuelta rápidamente, sólo para ver que su padre había sido golpeado con un hechizo.
—¡Papá!—gritó aterrorizado, pero antes de que pudiera dar un paso para ayudar a su padre, alguien escondido en una capa de invisibilidad cogió a su padre por la espalda y desapareció.
Un sonido silencioso se escuchó cuando la varita de Harry cayó al suelo y rodó hasta Teddy.
—¡Papá!—gritó de nuevo y quiso correr hacia el callejón donde su padre había desaparecido, pero lo cogieron por el brazo y fue llevado hasta un caliente pecho.
—¡No! ¡Déjame ir! ¡Se han llevado a mi padre! ¡Tengo que encontrarlo!—gritó y luchó.
—¡Teddy, no! ¡Escúchame! ¡Tienes que calmarte! Buscaremos a tu padre, pero no quiero que tú también desaparezcas. Tu padre no quiere que te hagan daño—dijo Daphne apresuradamente, mientras buscaba frenéticamente la zona.
¿Qué había pasado? ¿Habían secuestrado a Potter? ¿Pero, quién?
—¿Dónde está papi?—lloraba Scorpius, las lágrimas corrían por sus mejillas.
—Chis, Scorpius cariño, necesito que te calmes, ¿vale? Voy a buscar a papi—le murmuró y bajó la mirada al otro chico pegado a su estómago—. De acuerdo, Teddy, ¿podemos coger la varita de tu padre? No queremos perderla.
Teddy asintió con la cabeza en las nubes y se agachó para coger la varita de su padre. Casi se atragantó con la fuerza de sus sollozos. ¿Dónde estaba su padre? ¿Qué haría esa persona con él? ¿Esa persona… mataría a su padre?
Ese pensamiento hizo que un sollozo se abriese paso a través de su garganta y escondió su cara en el estómago de Daphne, sus manos agarrando con fuerza el largo abrigo.
Un brazo caliente se colocó alrededor de su hombro y lo guió lentamente hacia delante.
Ella respiró hondo, sabiendo que el pánico no la ayudaría ahora y miró por el callejón. No había señales de Potter o de la persona que se lo había llevado. Ese hijo de puta, probablemente, había sorprendido a Potter antes de que pudiera hacer algo. La respiración de Daphne escapó en un silbido, y cayó contra la pared, Scorpius y Teddy se aferraban a ella y lloraban con el corazón, presas del pánico por su padre. No se lo podía creer. Potter se había ido. Había sido secuestrado. Algo le decía que la explosión sólo había sido una distracción, ya que era demasiado coincidente que Potter hubiese sido secuestrado en el momento exacto en el que había ocurrido la explosión: habían caído en una trampa.
Potter se había ido y no había ni una sola pista sobre dónde esa persona se lo había llevado.
Su mente dejó de funcionar. ¿Cómo reaccionará Draco al respecto?
Gracias por leer y comentar.
