Los comentarios han sido respondidos por PM. Los que no tenían cuenta están al final del capítulo.

Gracias por esos 405 comentarios.


Traducción autorizada por FanofBellaandEdward

Disclaimer: Harry Potter es propiedad de J. K. Rowling, Bloomsbury Publishing, Scholastic Inc. y AOL/Time Warner Inc. La historia pertenece a Melissa, yo traduzco por mero entretenimiento.

Resumen: Después de que Draco se divorciara de Daphne, Scorpius se encuentra en la búsqueda de un segundo papá, ya que Draco le contó que sólo le gustaban los hombres. Luego conoce a Harry y está empeñado en conseguirle como segundo papá. ¿Lo logrará?

Traductor: DarkPotterMalfoy

Beta: FanFiker-FanFinal


Advertencia importantísima. No voy a publicar en vacaciones de Navidad, necesito un pequeño descanso para recargar las pilas. Así que el último día que publicaré será el 24/12/1012 y volveré a hacerlo el 13/01/2013. Gracias por vuestra comprensión.


Capítulo 28

Daphne miró aturdida a nada en particular. Todos a su alrededor aún estaban entrando en pánico a causa de la explosión, la mayoría de ellos intentaban apagar el fuego.

Sabía que tenía que aparecerse en el Ministerio y buscar algunos aurores para avisarles sobre el secuestro de Potter, pero por algún motivo sentía las piernas como gelatina y no podía levantarse.

Potter no estaba, Joder, ¿cómo iba a explicárselo a Draco?

Ella se sobresaltó cuando sintió algo caliente y húmedo golpeándola en la mano y se dio cuenta de que había empezado a llorar.

—Lo siento, chicos, pero no puedo encontrar a vuestro padre—susurró ella y cerró de dolor los ojos cuando los sollozos se hicieron más fuertes. Abrazó con fuerza a los niños y juró que encontraría a Potter. Se consideraba una amiga de Potter y nadie dañaba a sus amigos.

El fuego empezó a quemar sus ojos. Al estúpido más le valía que Potter estuviese con vida cuando lo encontrasen, de lo contrario, los aurores ni siquiera podrían encontrar a alguien a quien culpar.

Sin embargo, su mente daba vueltas a causa del estado de shock, todavía no podía creer que hubiesen secuestrado a Potter. Cerró los ojos al pensar en Draco. Ahora estaba en Gales, creyendo que ella y él habían tenido un gran día de compras. ¿Cómo reaccionaría cuando escuchase lo que le había pasado a él?

Se estremeció cuando vio imágenes de la furia de Draco cuando escuchase las noticias. Voldemort parecería un conejito de peluche en comparación al enfurecido Draco. Había una razón por la que nadie, salvo los necios, se atrevían a desafiar a los Malfoy.

Lo primero era lo primero. Tenía que llevar a los chicos a casa y advertir a los aurores en caso de que el secuestrador decidiese aparecer de nuevo.

Ella sacudió suavemente a los pequeños y esperó hasta que la miraron con los ojos llenos de lágrimas.

—Chicos, voy a llevaros a casa y luego iré a avisar a los aurores para que puedan buscar a vuestro padre, ¿vale?—explicó Daphne suavemente y limpió el rastro de lágrimas de sus caras.

—¿Papi va a volver?—preguntó Scorpius, hipando.

Ella respiró profundamente.

—Te juro que haré todo lo posible por traerlo.

Scorpius asintió, pero Teddy apenas la miró. Ella estaba preocupada de que estuviese en shock, y no tenía ni idea de qué hacer continuación.

Con cuidado, los puso de pie y se levantó. Colocó a su hijo sobre su cadera y abrazó a Teddy contra su estómago y cerró los ojos, concentrándose en su destino.

Unos segundos más tarde, el pequeño grupo llegó a las puertas de la Mansión Malfoy. Rápidamente corrió hacia la casa, asegurándose de que Teddy fuera capaz de seguirla sin tropezarse.

Tan pronto como entraron, ella se dirigió hacia la sala de estar.

—De acuerdo, chicos, sentaos aquí. Tengo que hacer una llamada, ¿vale?—dijo, agitada.

El pequeño Malfoy asintió con la cabeza y se acurrucó como una bola sobre el sofá aún sollozando. Teddy se sentó, rígido, mirando a la nada en particular. Sus ojos todavía estaban vagos.

—¡Pinksky!—llamó y un elfo doméstico apareció inmediatamente e hizo una reverencia.

—¿Qué puedo hacer por usted, ama Daphne?—exclamó el elfo.

—Quiero que vigiles a los niños mientras hago una llamada. Asegúrate de que estén cómodos—espetó y no esperó al movimiento afirmativo de su cabeza antes de ir al estudio de Draco.

Rápidamente dejó caer su capa sobre el escritorio y cogió polvos flu. Ella acababa de lanzarlos sobre el fuego y quiso llamar al Ministerio, antes de darse cuenta de que no podía dejar a los niños solos, sin ningún tipo de protección, aparte de la de los elfos. Tampoco quería llevarlos al Ministerio. Joder, ¿qué podía hacer?

—Ah—sus ojos se abrieron cuando pensó en su antiguo profesor. Claro, ¿por qué no había caído antes? Sólo esperaba que tuviese tiempo para echar un ojo a los niños. Se agachó, apoyada sobre sus rodillas en el suelo de dura madera, respiró hondo, metió la cabeza en el fuego verde y llamó:

—¡Mansión Snape!

Tres segundos más tarde, tuvo una visión de un escritorio y unas cuantas estanterías.

—¿Profesor Snape?—llamó, insegura.

Un minuto más tarde, unos pasos entraron en la habitación y el antiguo jefe de su Casa se inclinó sobre sus rodillas mirándola con una ceja levantada.

—Señora Zabini, ¿a qué debo este placer?—arrastró las palabras, pero frunció el ceño cuando vio el borde de los ojos de ella de color rojo.

—Señor, sé que está ocupado, pero realmente necesito su ayuda. ¿Podría usted venir a casa y cuidar a los niños por mí? Tengo que ir al Ministerio y advertir a los aurores—se apresuró a decir.

—Cálmate, ¿por qué tienes que avisarles?

—Alguien ha secuestrado a Potter cuando estábamos en el Callejón—se mordió el labio—. He intentado buscarlo, pero el que se lo ha llevado ha eliminado todo rastro. ¡Ni siquiera pude encontrar un rastro de magia!

Por primera vez desde que lo conocía, Daphne vio cómo a Snape se le ensanchaban los ojos y abría la boca. Sin embargo, él, pasados dos segundos, recobró la compostura.

—Voy enseguida, señorita Zabini—le advirtió y se metió apresuradamente en medio del fuego.

Se puso de pie y se unió a Snape, que parecía distraído.

—¿Pudiste ver al secuestrador?—preguntó, con su cuerpo tenso

Ella negó con la cabeza.

—No, no me di cuenta hasta que Teddy empezó a gritar—ella bajó la mirada avergonzada. Si tan sólo hubiera prestado más atención a Potter o si no lo hubiese llevado consigo, podría estar aquí aún.

—¿Dónde está Draco?—preguntó Snape y salió fuera de la estancia.

—Está en Gales, ayudando a un socio con un problema—contestó.

—¡Qué oportuno!—murmuró Snape—. ¿Dónde están los chicos?

—Están esperándome en la sala de estar—Daphne volvió a mirar a la chimenea—. Señor, ¿le importa si me voy ahora al Ministerio?

—Deberías haber ido—gruñó Snape.

Su rostro enrojeció y se apresuró hacia la chimenea, lanzando inmediatamente otra pizca de polvos flu y con un grito de "Ministerio" se esfumó en un destello verde.

Severus negó con la cabeza y se dirigió escaleras abajo. ¿Cómo podría haber sido posible secuestrar a Potter en pleno día? ¿Y cómo sabía esa persona dónde estaría? ¿Lo había estado siguiendo sin que ninguno de ellos lo supiese? Parecía tan…

Apretó los dientes y entró en la sala de estar. ¿Cómo demonios iba a explicárselo a Draco?

Vio a los muchachos sentados en el sofá. Un elfo doméstico les había colocado una manta alrededor de ellos y, sin tocar, dos tazas de chocolate caliente estaban sobre la mesa.

Suspiró y se frotó los ojos. ¿Cómo debería consolarlos?

—¿Tío Sev?—la débil voz de Scorpius le trajo de sus pensamientos y miró al pequeño.

—Scorpius—murmuró y se sentó entre los dos niños. El rubio inmediatamente se inclinó hacia su lado, enterrando a cara en su costado.

Él puso su brazo alrededor de los hombros del pequeño que se movían a causa de sus silenciosos sollozos.

—¿Volverá papi?

Severus respiró profundo. Lo que había que hacer era asegurarle a Scorpius que Potter iba a volver. Pero iba en contra de sus creencias el decir la verdad. En ese momento no sabía si regresaría o si el secuestrador había decidido matarlo. Tal vez si Potter tenía su varita, entonces… Miró hacia la mesa y vio con horror la varita de Harry sobre ella, burlándose de ellos.

Potter no la tenía, era tan vulnerable como un muggle.

—¿Tío Sev?—repitió Scorpius, en voz baja.

—No te voy a mentir, Scorpius—murmuró Severus—. No sé si tú papi va a volver.

—No, no, no, él tiene que regresar. Papi volverá, no nos dejará—sollozó el pequeño Malfoy.

Severus hizo todo lo posible para consolar al niño, pero en ese momento no podía hacer más que abrazarlo. Puso su atención en Teddy que estaba sentado tranquilo a su lado.

Le ponía nervioso cuando vio que sus vidriosos ojos miraban a nada en particular.

—Teddy—murmuró.

No hubo respuesta.

—Teddy—repitió más fuerte.

Finalmente el niño se movió.

—Me voy arriba—dijo el niño en voz baja y se levantó.

—Teddy, yo quiero que te quedes aquí—dijo Severus, serio. No le gustaba la tranquilidad del niño. Si la desaparición de Potter había dañado a Scorpius, para Teddy tendría que ser diez veces peor, el cual había sido criado con amor y lo tenía como una figura paterna.

Teddy negó con la cabeza y se dirigió hacia la puerta.

—Me voy arriba—repitió monótono, y se marchó.

Severus maldijo en voz baja.

Asegúrate de que vuelves con vida, Potter, pensó sombríamente. De lo contrario te buscaré donde quiera que estés y arrastraré tu lastimado culo de nuevo.


Daphne regresó tres horas más tarde, completamente agotada.

—¿Qué te han dicho?—preguntó Severus en voz baja. Por el tipo de respiración, se dio cuenta de que el pequeño Malfoy se había quedado dormido. Imaginó que el niño podría necesitar un descanso.

Daphne se dejó caer en el sillón con un suspiro.

—Hay un grupo que lleva media hora buscándolo. Antes de eso tuve que pasar una hora contando lo sucedido hasta que finalmente me creyeron. Aparentemente, como soy una ex-Slytherin podría ser sospechosa—se burló—. Malditos aurores de mierda. ¿Por qué les iba a hablar sobre Potter si yo lo hubiese secuestrado?—resopló.

Severus no dijo nada.

—De todos modos—continuó—, por fin los he podido convencer y han empezado a buscarlo.

Ella dejó caer la cabeza sobre el respaldo.

—Honestamente, no sé qué va a pasar ahora. Si Potter no regresa…—su voz se desvaneció.

—Todo lo que podemos hacer ahora es tener esperanza en que la estúpida suerte de Potter aún funcione—gruñó Severus.

Daphne frunció el ceño.

—¿Dónde está Teddy?

—Se fue arriba—respondió el ex-profesor.

—Voy a ver cómo está, cómo lo está llevando—murmuró, y salió de la habitación.

Poco a poco fue subiendo. Abrió la puerta de su cuarto y su corazón se paró cuando vio que Teddy no estaba en la estancia. Merlín, no, ¿había salido en busca de su padre?

Cogió su varita, la puso en su palma y susurró:

—Localízame a Teddy Lupin.

Su varita empezó a girar, pero casi de inmediato se detuvo y señaló otra habitación un poco más lejos en el pasillo. Lentamente se acercó a ella y abrió la puerta. Su corazón se encogió ante la escena.

Teddy estaba acurrucado en la cama, en posición fetal, apretando la almohada contra su pecho. Estaba mirando a la pared, las lágrimas corrían por sus mejillas y su cuerpo temblaba ante sus sollozos.

Vacilando, ella se acercó y se sentó lentamente.

—¿Teddy?—murmuró y puso una mano sobre su espalda.

—Quiero a mi padre de vuelta—susurró compungido.

—Lo sé, cariño, lo sé—murmuró y tiró de él con sus brazos.

Por un instante, él luchó contra su agarre, pero cuando se dio cuenta de que ella no cesaba, se dejó caer contra Daphne, enterrando la cara en su hombro.

Se quedaron así durante horas, el pequeño Lupin se había quedado dormido ahí, su cálida respiración hacia cosquillas en su cuello.

Ella sabía que debía comer algo, pero no tenía hambre y dudaba de que los chicos también tuviesen.

A las 20.15 escuchó el sonido que más temía: el ruido de la red flu.

Draco estaba en casa.


Draco gruñó cuando salió de la chimenea. Había empezado a llover por la tarde y no tenía ganas de aparecerse con esa feroz tormenta. Se quitó el polvo y la suciedad de su traje y colocó la maleta sobre su escritorio.

Sólo quería encontrar a Harry y besarlo hasta el amanecer. Se preguntó cuánto tiempo haría falta para convencer a los niños a que se fuesen a dormir pronto.

Bajó y vio que salía luz por la rendija de la puerta de la sala de estar.

Abrió la puerta y se sorprendió al ver a su hijo durmiendo recostado sobre… Severus.

—Severus, ¿qué haces aquí? Los chicos no tenían clase hoy, ¿verdad?—preguntó Draco, confundido—. ¿Dónde está Harry?—añadió después de mirar a su alrededor. Por lo general, Harry siempre estaba con uno de los peques.

Frunció el ceño cuando se dio cuenta de que Severus estaba tenso.

—Draco, creo que es necesario que te sientes—le dijo.

—¿Por qué tengo que hacerlo? Sólo quiero saber que estás haciendo aquí y dónde está Harry—Draco frunció el ceño.

—¡Draco, siéntate ahora mismo!—gritó Severus.

Draco lo miró sorprendido e inmediatamente se sentó. Severus nunca perdía la paciencia con él a menos que fuera algo serio. Una sensación de frío comenzó calarle el cuerpo.

—Severus, ¿dónde está Harry?—preguntó de nuevo.

—Creo que es mejor si la señorita Zabini te lo cuenta—murmuró.

Como si de una señal se tratase, ella apareció por la puerta, con aspecto pálido y cansado.

—Daphne, ¿qué pasa? ¿Dónde está Harry?—le repitió la pregunta, ahora estaba empezando a entrar un poco en pánico. Algo no andaba bien.

Daphne suspiró y miró a Severus.

—Señor, creo que es mejor si lleva a Scorpius a su cama. Teddy está en su habitación.

Severus asintió con la cabeza y con cuidado cogió al pequeño. El rubio se revolvió por un momento antes de quedarse quieto en sus brazos.

Después de una última mirada a Draco —¿de lástima?—, desapareció en el pasillo, cerrando la puerta detrás de él.

—¡Daphne! ¿Qué diablos está pasando aquí?—dijo Draco, con voz temblorosa.

Ella tragó saliva y respiró hondo.

—Potter, los niños y yo fuimos de compras al Callejón Diagon—empezó.

—Lo sé—dijo Draco, impaciente.

Ella le lanzó una mirada severa.

—Un par de horas después, cuando estábamos yendo a la tienda de chucherías, un edificio explotó.

Draco sintió una sacudida pasar a través de él.

—¿Los chicos están bien? ¿Qué ha pasado con Harry?—preguntó rápidamente.

Ella prosiguió sin contestar a sus preguntas.

—Potter y yo protegíamos a los niños para que no sufriesen ningún daño.

Draco respiró con alivio, pero frunció el ceño. Si todo el mundo estaba bien, entonces, ¿dónde diablos estaba Harry?

—Él y yo decidimos aparecernos, ya que el fuego se estaba propagando. Cuando caminábamos por un callejón, de repente escuché a Teddy gritar—su respiración se agitó y miró al suelo—. Cuando me di la vuelta alguien…alguien había cogido a Potter y… y se apareció con él.

Draco se quedó quieto, sin mover un músculo. Su mente no comprendía lo que Daphne le estaba contando. No, no era cierto, Harry no había sido secuestrado. Esto sólo era una terrible broma; en cualquier momento Harry pasaría esa puerta y se reiría de él, antes de burlarse. En cualquier momento iba a aparecer. Tenía que hacerlo.

—Lo siento mucho, Draco—susurró y ella lo miró con los ojos llenos de lágrimas—. Fui tras ellos, pero…pero no pude encontrarlos. He ido a los aurores, están buscándolo ahora, lo siento…

Draco se llevó las manos a la cara y lanzó un grito. Gritó hasta que sintió su garganta arder y aún así, seguía haciéndolo. Sólo paró cuando sintió que iba a desfallecer. Dio la bienvenida a la oscuridad y se dejó caer en ella.

Su Harry se había ido y no había estado ahí para salvarlo.


A muchos kilómetros de distancia, Harry se despertó gimiendo. Hizo una mueca cuando el dolor atravesó su cuerpo. Luchó y se dio cuenta de que sus manos estaban atadas a la espalda con las piernas juntas. Algo tenía metido en la boca, dándole ganas de vomitar, y haciendo que sus ojos lagrimeasen. Al principio pensó que todo estaba oscuro en el lugar, pero luego cayó que alguien le había vendado los ojos.

Joder, esto no era bueno. ¿Dónde diantres estaba? Pero lo más importante, ¿quién se lo había llevado? ¿Habría lastimado a los chicos y a Daphne?

La furia corría por sus venas e hizo que todo su cuerpo temblase. Si ese cabrón se había atrevido a hacer daño a sus hijos o a ella, lo mataría, las consecuencias serían nefastas.

Se tensó cuando oyó una puerta abrirse y alguien caminando. Los pasos resonaban en las paredes. Quienquiera que fuera se detuvo a unos pasos de él y escuchó una siniestra risa.

—Tendrías que mirarte ahora; el famoso Harry Potter, atado e indefenso completamente—se burló, y Harry se dio cuenta de que la profunda voz era de un hombre.

Harry lo miró, pero sabía que no tenía mucho efecto con los ojos vendados. Trató de reconocer la voz. ¿Era alguien que conocía? ¿Era alguien al azar o era…? Harry se tensó ante la idea que le pasó por la cabeza. ¿Era el asesino? ¿Lo habría envenenado?

—¿Sabes?, nunca pensé que serías tan fácil de capturar. Supongo que incluso tú eres inútil sin tu varita—se rió el hombre y Harry se echó hacia atrás tanto como pudo cuando sintió una mano tocar su mejilla. Gruñó a través de la mordaza.

—Tsk, esos modales, Potter—le acarició el hombre la mejilla, con dureza.

—Ahora, permíteme poner tu mente en reposo; no voy a matarte, mi plan sería inútil si lo hiciese ahora. Todo mi trabajo se iría al garete y no puedo hacer eso ahora… ¿verdad?—dijo con voz satisfactoria—. Permíteme examinarte un momento.

Harry sintió cómo lo tocaba a través de su cuerpo, a partir de su estómago, luego se extendió por el pecho y las extremidades. ¿Qué quería ese hombre?

—Hn—parecía decepcionado—. Es una vergüenza. Pensé que habrías seguido mi consejo y habrías formado una familia. Después de todo, eso es lo que querías, ¿no es así, Potter?

Harry se quedó helado. Formar una familia. Eran las mismas palabras que estaban escritas en la carta que recibió hacía unos meses. Estaba seguro de ello y frente a él estaba el asesino que andaba buscando

—Bueno, eso se puede evitar. Supongo que te vas a quedar conmigo un rato, Potter—suspiró él.

Escuchó que el hombre se alejaba antes de la brusca interrupción.

Harry agudizó el oído, un leve sonido le dijo que el hombre estaba buscando algo, en lo que él supuso, era una bolsa.

De repente, el hombre se quedó tan sólo a un par de centímetros de él y Harry trató de reptar por el suelo.

—Por el amor de Dios, Potter, ¡quédate quieto!—ordenó el hombre y lo cogió por el brazo.

Harry mordió la mordaza cuando sintió una punzante aguja incrustarse en su piel, buscando una vena. Algo frío entró en ella antes de que la quitase.

—Bien, maldita sea, supongo que me olvidé del sedante. Oh, bueno, lo sentirás todo. ¡Nos vemos en unos días, Potter!—se rió y cerró la puerta.

¿Qué le había inyectado ese hijo de puta? ¿El veneno?

De repente, todo su cuerpo empezó a arder. Gritó a través de la tela cuando la quemazón llegó a su estómago. Sus intestinos se retiraron y se juntaron a más no poder y el dolor era insoportable. ¿Iba a morir ahora?

Echó la cabeza hacia atrás y, forzando su salida, gritó fuertemente cuando el ardor se intensificó. Sentía como si alguien estuviera intentando sacar los intestinos fuera de su cuerpo.

Su mente sólo pudo soportar un destello más de la sensación, haciendo que el dolor le llevara a la inconsciencia, desplomándose en el suelo, su cuerpo rígido y tembloroso.

Una siniestra sonrisa apareció en el rostro del hombre que miraba a través de la pequeña ventana.

—Voy a vengarme, Potter—murmuró, con sus ojos brillando de locura—. Voy a destruir esa preciosa familia como tú has destruido la mía.

Se dio la vuelta y salió de la habitación. Volvería en dos días. Lo mejor era esperar hasta que la poción hiciera efecto.


Gracias por leer y comentar. ¡FELICES FIESTAS!