Los comentarios han sido respondidos por PM. Los que no tenían cuenta están al final del capítulo.
Gracias por esos 439 comentarios.
Traducción autorizada por FanofBellaandEdward
Disclaimer: Harry Potter es propiedad de J. K. Rowling, Bloomsbury Publishing, Scholastic Inc. y AOL/Time Warner Inc. La historia pertenece a Melissa, yo traduzco por mero entretenimiento.
Resumen: Después de que Draco se divorciara de Daphne, Scorpius se encuentra en la búsqueda de un segundo papá, ya que Draco le contó que sólo le gustaban los hombres. Luego conoce a Harry y está empeñado en conseguirle como segundo papá. ¿Lo logrará?
Traductor: DarkPotterMalfoy
Beta: FanFiker-FanFinal
Notas de traductor: en este capítulo, encontraréis dos pistas para averiguar quién es el asesino. ¿Sabréis encontrarlas?
Capítulo 30
6 de enero
Cuando Draco se despertó, se dio cuenta de que estaba en el borde de su cama, con su hijo tumbado a su lado. Tenía la cara enterrada en la almohada, sus pequeñas manos apretando las sábanas con fuerza.
Draco negó exasperado con la cabeza, pero sonrió con cariño. Scorpius había tenido siempre un sueño inquieto.
Se alisó el cabello rubio alborotado y le dio a Scorpius un suave beso en la frente antes de salir cuidadosamente de la cama, teniendo cuidado de no molestar a su hijo.
En silencio, se vistió y se dirigió escaleras abajo.
Cuando llegó al comedor, lo que vio le hizo detenerse.
Una deslumbrante Daphne estaba luchando para desatar una carta de una lechuza marrón, mientras que ella le picoteaba las manos.
—¡Maldita lechuza de mierda!—siseó, respirando pesadamente. Algunos mechones de su pelo se habían salido de su moño, cayendo delante de sus ojos.
—Es bueno que Blaise no pueda verte ahora—dijo Draco a la ligera, sorprendiendo a Daphne que saltó y frunció el ceño—. Siempre te tomaría el pelo con el hecho de que hayas perdido contra una simple lechuza.
—Vete a la mierda—murmuró ella, molesta.
—Lo siento, no estoy interesado—sonrió Draco.
—Gilipollas, si piensas que puedes obtener mejores resultados, trata de conseguir esa carta por tu cuenta—espetó ella y se acercó a su silla, cruzó los brazos y bufó.
Draco puso los ojos en blanco, pero se acercó al animal. Lo estaba mirando, al parecer, preocupado.
Extendió la mano y el ave ofreció su pata inmediatamente.
—Oh, por el amor de Dios—murmuró Daphne, irritada.
En el momento en el que Draco tuvo la carta en la mano, la lechuza voló rápidamente a través de la ventana abierta. Un elfo doméstico apareció para cerrarla antes de irse de nuevo.
Draco frunció el ceño cuando no vio ningún nombre en la carta. Cuidadoso, ejecutó algunos hechizos de detección en ella. No sería la primera vez que recibía cartas con intención de hacerle daño.
Cuando los hechizos no revelaron nada, la abrió. Algo cayó del pergamino y aterrizó sobre la mesa.
Draco la cogió y para su sorpresa e incredulidad era una foto de Harry, desplomado contra la pared. El Harry de la foto con los ojos cerrados, apenas se movió.
El miedo se apoderó de su corazón y Draco leyó la carta, temblando de miedo y furia.
¿Echas de menos a tu amante, Malfoy?
Si lo quieres de vuelta, nos encontraremos en el camino abandonado del bosque cerca tu casa.
Lleva a alguien contigo y Potter pagará las consecuencias.
Harry estaba vivo. Estaba vivo y lo traería de regreso.
Daphne le miró preocupado. ¿Qué decía la carta que hizo que Draco estuviera tan pálido?
—Draco, cielo, ¿estás bien?—preguntó.
Cuando él la miró, ella se sorprendió al ver sus extraños ojos brillantes y llameantes.
—Ese cabrón va a devolverme a Harry. Me tengo que ir ahora—respondió Draco rápidamente—. Quédate con los chicos, por favor—se dio la vuelta y salió del comedor.
Daphne le siguió.
—Espera, Draco, ¿no vas a llevar a alguien contigo?—preguntó, su mente confundida en estado de shock al enterarse de la noticia. El secuestrador estaba ofreciendo a Potter. ¿Por qué no exige algo a cambio?—. Quién sabe, probablemente sea una trampa.
—Me da igual, voy a traer a Harry de regreso, eso es lo que importa—espetó, cogiendo su chaqueta—. Me ha prohibido que lleve a alguien conmigo; si estoy solo tengo la oportunidad de matar a ese hijo de puta—agregó, sombrío.
—¡Pero no tiene ningún sentido!—dijo estridente—. Él no pide nada y sin embargo te deja libre a Potter después de tres días. ¿Quién haría algo como eso? Es peligroso, Draco. ¿Qué pasa si esa persona intenta matarte? ¿Y si es una trampa?
—Puedo defenderme bien—respondió Draco, molesto—. Tan pronto como tenga a Harry, te mandaré un mensaje.
—Espera, no…—ella intentó protestar, pero Draco había abandonado la mansión. Maldijo en voz alta—. Maldita sea, Malfoy, ¡será mejor que vuelvas sano y salvo!—siseó y se dirigió a la sala de estar, sentándose en el sofá. Se cruzó de brazos y empezó a dar golpecitos con el pie, haciendo un ruido que sonaba como clac-clac.
Merlín, odiaba esperar.
En el momento en el que Draco estuvo fuera de la puerta, salió disparado, la adrenalina corriendo por sus venas, instándolo a ir más allá.
Muy pronto. Estaba tan cerca de volver a tener a Harry. No le importaba que fuese una trampa, no le importaba que fuese peligroso (y no era algo que él pensara que fuera a decir), lo único que le importaba era tener a Harry en sus brazos, de vuelta en casa con sus niños.
Sus piernas empezaron a sufrir calambres, sus pulmones estaban ardiendo, pero no se detuvo. Podía soportar eso, no tenía importancia; lo único que importaba era su pareja, que le esperaba.
Harry se despertó aturdido, confundido al escuchar a los pájaros cantar y el frío viento, severo, pasándole a través de la ropa, haciéndole temblar violentamente.
¿Dónde estaba ahora?
—Finalmente te has despertado—la voz aún fría de su secuestrador sonaba divertida, sonó a su lado.
Harry se tensó.
—No te preocupes, no voy a matarte aquí—escuchó el movimiento de la ropa.
Una vez más, Harry maldijo su falta de visión y la falta de su varita. Era irritante para él no ser capaz de poder ver al hombre.
—Le he enviado a tu pareja una carta esta mañana, diciéndole dónde encontrarnos—continuó el hombre.
Harry se puso rígido: Draco. No tenía que venir, estaría en más peligro que Harry y el moreno no sería capaz de salvarlo. La adrenalina comenzó a inundar su cuerpo y empezó a luchar duramente: el pánico gestándose en la parte posterior de su cabeza, pero lo rechazó.
El pánico no ayudaba ahora.
La punta de una varita posicionándose contra su garganta le hizo quedarse quieto.
—Bien, Potter, has sido un buen chico, no la cagues ahora—el hombre le advirtió—. No estoy pensando en matar a Malfoy, eso sería una pérdida de hechizos y energía.
—¿Te importa si desperdicio una maldición especial sobre ti?—una voz fría y dura hizo que el corazón de Harry saltase y el temor inundó su cuerpo ante la seguridad de aquella persona.
Draco había llegado.
Cuando Draco llegó al comienzo del sendero, tal como especificaba la carta, disminuyó la velocidad, apretando su varita con fuerza y mirando a su alrededor con cuidado mientras se adentraba en el sendero.
Cada célula de su cuerpo sólo quería seguir corriendo, pero su instinto de supervivencia le advirtió que tuviera cuidado.
Si quería salvar a Harry, de nada serviría salir herido o muerto.
Se tensó cuando escuchó a un hombre decir:
—...no la cagues ahora.
Caminó fuera del sendero, entre los grandes robles. Se escondió detrás de uno bastante grande y miró a su alrededor. Su corazón se detuvo unos segundos cuando vio a Harry sentado en el suelo: atado, con los ojos vendados y amordazado. Alguien, cuyo rostro estaba oculto debajo de una oscura capa, tenía su varita presionada contra la garganta de Harry.
El hombre encapuchado continuó:
—No estoy pensando en matar a Malfoy, eso sería una pérdida de hechizos y energía.
Draco salió de detrás del árbol.
—¿Te importa si desperdicio una maldición especial sobre ti?—preguntó frío y miró retador al hombre que se volvió hacia él, con el rostro todavía oculto.
—Ah, así que has venido solo. Eres más listo de lo que pensaba—se burló el hombre.
—Eres más estúpido de lo que pensé, si crees que vas a salirte con la tuya—gruñó Draco y con un movimiento rápido el árbol de detrás del hombre se había incendiado.
El hombre maldijo y sin prestar atención a Harry, quien había comenzado de nuevo a luchar contra las cuerdas, saltó a un lado, fuera del alcance del fuego.
—Eso no ha sido muy agradable, Malfoy—se burló el hombre y, esta vez, Draco fue el que tuvo que esquivar un hechizo morado.
Draco maldijo cuando el hechizo agujereó su túnica, si le hubiese dado en el cuerpo…
Mientras tanto, Harry había empezado a luchar más, era difícil tratar de liberarse mientras tenía los ojos vendados y trató de concentrase en la pelea que estaba sucediendo a su alrededor. Su corazón dejó de latir cada vez que escuchaba una maldición de Draco y esperaba que él no saliese herido de gravedad.
—Deberías ser más amable con la persona que te devuelve tu pareja —finalmente, Draco pudo escuchar el disgusto en la voz del hombre. Le había molestado escuchar su voz divertida y burlona y se sentía como una pequeña victoria al conseguir molestar al hombre.
Durante la pelea, había adquirido algunos cortes pequeños, contusiones y unas pocas quemaduras porque parte de su atención estaba en Harry. Quería hacer daño a ese hijo de puta, en verdad, matarlo, pero temía herir a Harry. ¿Y si su hechizo o maldición le golpeaba en lugar de al hombre? No era como si tuviese una clara oportunidad: el desconocido hombre se colocaba constantemente detrás de Harry, por lo que le era difícil a Draco golpearle gravemente.
Draco apretó los dientes, tratando de lanzar un hechizo que diera en el blanco.
Gotas de sudor se deslizaban por el rostro de Harry. Todavía estaba luchando con las cuerdas y se las había arreglado para aflojar el nudo, pero su cabeza empezó a sentirse muy ligera a causa de no haber ingerido comida por un largo período.
Sacudió la cabeza con dureza, porque no quería perder la consciencia ahora. Se tensó cuando el sonido de la pelea cesó y sólo escuchaba una respiración dificultosa a unos metros de él: detrás de él.
—Realmente, ¿dónde están tus modales, Malfoy? Esperaba un encuentro más civilizado—dijo el hombre, burlón.
Draco apretó con más fuerza su varita y apuntó al pecho del hombre. Sería arriesgado, pero valía la pena intentarlo. Si utilizaba esa maldición ahora, el hombre no sería capaz de moverse.
—Sectum…
—Ah, ah, ah, no usarás ese hechizo, si no quieres que tu juguete salga herido—murmuró sombríamente y apuntó con su varita a la cabeza de Harry—. Vamos Malfoy, hazlo. ¿Cuánto tiempo crees que te llevaría decir el hechizo antes de que pueda matarle?
Draco apretó la mandíbula con la mirada furiosa. Estaba atrapado. Podría decir el hechizo rápidamente, pero entonces no obtendría el efecto deseado ya que los hechizos de ese calibre requieren mucha atención.
Sin embargo, no tenía de qué preocuparse.
Harry apenas pudo contener un grito de alivio cuando por fin logró liberar sus manos. Tiró de la cuerda y se quitó la venda de los ojos. Hizo una mueca cuando la luz le golpeó en los ojos, que ahora eran más sensibles a causa de haber estado cegado por tanto tiempo, y los entrecerró, sintiéndose aliviado cuando vio que Draco estaba casi ileso y de pie frente a él.
Draco no se había fijado en él después de haberse liberado él mismo, y el rubio tenía toda la atención sobre el secuestrador.
Analizó rápidamente la situación: Draco todavía estaba vivo, herido y con la respiración apenas agitada, Harry llegó a la conclusión de que su secuestrador estaba de pie detrás de él, probablemente un poco a su derecha. Sabía que no podía hacer mucho, ya que no tenía su varita (se preguntó si Daphne o uno de sus hijos la había recogido), de modo que no podía ser de mucha ayuda con magia.
Hay una solución para cada problema. Lentamente, Harry movió su mano izquierda que estaba oculta de la vista del secuestrador y buscó en el suelo algo que pudiera ayudarlo.
Su mano se cerró en tornó algo duro y afilado. Eso tendría que hacer.
—¿Sabes? Me estoy cansando de esto—suspiró el hombre y de repente señaló con su varita a Draco que se quedó helado—. He sido muy amable contigo, pero como no quieres dejarme marchar, tengo que enseñarte lo que pasa cuando te pones en mi camino. Cru…
Draco se apartó del alcance de la maldición, pero él tenía que hacerlo. Sus ojos se abrieron cuando Harry se levantó de repente y arrojó una piedra del tamaño de su mano al secuestrador.
La cabeza del hombre se balanceó duramente cuando la roca le golpeó la cabeza y gimió y sus rodillas se flexionaron, su varita colgando cerca de su cadera.
Esta era la oportunidad de Draco.
—¡Petrificus Totalus!—espetó, pero justo cuando el hechizo estaba a punto de golpearle, fue capaz de aparecerse lejos, pero no antes de que Draco pudiera vislumbrar el claro y rubio cabello.
Un segundo más tarde, sólo él y Harry se quedaron en el espacio abierto.
Harry gimió y se cogió la cabeza. Se había movido demasiado rápido y el mundo estaba girando a su alrededor.
—¡Harry!—corrió hacia él y lo abrazo con fuerza contra su pecho, enterrando su rostro en el cabello de Harry—. Merlín, ¡estoy tan feliz de que hayas vuelto!—le susurró a Harry y le besó la frente, la nariz, las mejillas y los labios—. ¡No vuelvas a asustarme así de nuevo! ¡Creí que te había perdido!
Harry se aferraba débilmente al caliente y duro cuerpo de delante de él, tratando de permanecer consciente a pesar de que cada vez era más difícil.
—Estoy contento de estar de vuelta, también—murmuró y se estremeció cuando sintió que algo húmedo golpear sus mejillas.
Unos segundos más tarde, se dio cuenta de que Draco estaba llorando.
Harry le levantó la cabeza y le cogió la cara con sus manos, mirándole directamente a los ojos.
—Chis, estoy de vuelta. No me voy a ir—le susurró y beso a Draco suavemente en sus labios, relajándose ante el familiar toque y no pudo contener las lágrimas que escaparon de sus ojos al ver a Draco de nuevo.
—¿Estás bien? No te duele nada, ¿verdad? ¿Qué te ha hecho?—preguntó Draco frenético, con las manos sobre el cuerpo de Harry, buscando signos de lesiones y para asegurarse de que Harry estuviera de una pieza en sus brazos, que estaba de nuevo con él.
—Estoy bien, no me duele mucho. Me ató y me vendó los ojos y… ¿Cuánto tiempo he estado fuera?—preguntó Harry, dándose cuenta de que no tenía ni idea de cuánto tiempo había estado secuestrado.
—Casi cuatro días. Scorpius y Teddy estaban que se morían de la preocupación. Ni se te ocurra hacernos esto de nuevo, ¿me oyes?—ordenó Draco, mezclando su preocupación e ira.
—Te prometo que tendré más cuidado a partir de ahora cuando salga fuera—murmuró Harry, besando a Draco de nuevo.
—No creas que te voy a dejar salir solo después de esto—gruñó—. ¿Estás seguro de que no te ha hecho daño?
Harry vaciló, sin saber si decirle a Draco sobre la poción que el hombre le había inyectado en su cuerpo. No era veneno, si hubiese sido así, lo habría sabido. Sin embargo la pregunta era: ¿qué le había inyectado ese hombre?
—¿Harry? ¿Qué te ha hecho ese hombre?—repitió su pregunta, sintiéndose más y más ansioso al ver la vacilación de Harry en sus ojos. ¿Qué le había hecho ese hijo de puta?
—Él… me ha inyectado algún tipo de poción —respondió vacilante.
Los ojos grises se abrieron horrorizados.
—Pero no era veneno, ¡estoy seguro de eso!—se apresuró a tranquilizarlo Harry—. Si lo fuera, habría sentido los efectos.
—Te voy a llevar al hospital—dijo sombrío Draco y se puso de pie y cogió a Harry—. No voy a arriesgarme. Si ese cabrón te ha inyectado algo, quiero saber qué es.
—Draco, puedo caminar solo—protestó Harry, sintiéndose un poco humillado.
—Harry, por favor—respondió con voz extrañamente suave y lo miró suplicante.
El moreno se mordió el labio, Harry puso su cabeza en el hombro de Draco, comprendiendo que el otro tenía necesidad de cuidarlo, a pesar de lo estúpido e ilógico que pudiera sonar para Harry.
Draco tuvo que caminar de regreso a la ruta principal, ya que algunas barreras de la mansión Malfoy se extendían hacia el lugar abierto.
—¿Cómo están los niños?—preguntó Harry, preocupado, pensando en lo mal que lo habría pasado Teddy.
—Están preocupados por ti, no creo que hayan comido mucho estos días. Creo que nadie lo hizo—añadió Draco en voz baja.
—Lo siento—murmuró Harry, agachando la mirada.
Draco bufó débilmente.
—¿Por qué estás pidiendo disculpas? No fue por tu culpa—murmuró, besando la sien de Harry. No se cansaba de tocarlo a hora que lo tenía en sus brazos—. Ni pienses que te voy a perder de vista nunca más.
Harry frunció el ceño, disgustado por el tono de posesividad, pero no se molestó en responder, sabiendo que sería inútil y para ser honesto, estaba demasiado aliviado y feliz de estar de nuevo con Draco. No quería arruinar su reencuentro con una pelea.
—Tenemos que decírselo a los chicos. Quiero verlos—dijo Harry.
Draco asintió
—Cuando te hayan revisado, voy a enviarle un mensaje a Daphne.
Harry frunció el ceño.
—¿Daphne? Pensaba que se había ido hace unos días.
—No lo hizo, decidió quedarse en casa mientras tú no estabas—Draco lo movió un poco, apretando su agarre—. Agárrate fuerte ahora, voy a aparecernos.
Harry tragó saliva y cerró los ojos. Maldita sea, odiaba la aparición.
Daphne se sobresaltó cuando un Patronus de plata brillante en forma de pantera apareció a través de la pared. Lo reconoció como el de Draco y lo alertó, su corazón latiendo fuerte y rápido, sintiendo que saltaba de su pecho.
—¡Daphne, tengo a Harry! Estoy con él ahora en San Mungo, pidiendo un examen médico. Estaré de regreso tan pronto como pueda.
Daphne se rió débilmente, con lágrimas brotando de sus ojos, goteando en el suelo de mármol. Sus rodillas se doblaron y cayó al suelo, aliviada.
Potter estaba a salvo. Estaba de vuelta.
Ella se llevó una mano a la boca y sonrió. Potter estuvo a la altura de su reputación: aún era difícil de matar.
—Mamá, ¿por qué estás en suelo? ¿Te encuentras mal? ¿Por qué lloras?—preguntó con miedo Scorpius, de pie en el umbral.
Ella le hizo señas y lentamente se acercó, con aspecto preocupado, apretando su conejito contra su pecho. Ella lo abrazó contra el suyo, dándole un beso en la frente.
—Estoy llorando porque estoy feliz, cariño—le susurró al oído—. Papá acaba de enviar un mensaje. ¡Traerá a papi de vuelta!
Los ojos de Scorpius se abrieron de golpe y se quedó boquiabierto. La confusión, el miedo y la esperanza parpadeaban sobre su rostro y le temblaba el labio inferior.
—¿En serio?—susurró, sin atreverse a creer lo que escuchaba. ¿Era cierto? ¿Papá había encontrado a su papi? ¿Papi volvería a casa?
Su madre asintió con la cabeza con una sonrisa aligerando su rostro.
—Lo digo en serio, cielo. Tu papi va a volver a casa.
Scorpius gritó y echó los brazos alrededor del cuello de su madre, abrazándola con fuerza mientas él comenzaba a llorar de alivio.
—¡Papi va a volver!—repetía una y otra vez.
Ella sonrió ampliamente y asintió.
—¡Tengo que decírselo a Teddy!—gritó el rubio entusiasmado y salió corriendo de la habitación. Sus pies golpetearon fuerte contra el suelo mientras iba a ver al otro chico. Toda su cara estaba radiante y sonreía. ¡Papi iba a volver!
Teddy lo miró molesto cuando la puerta se abrió de golpe y una cosa rubia se abalanzó sobre él.
—Oh—gimió cuando la cosa se posó sobre su pecho, dificultándole la respiración—. ¿Cuál es tu problema?—le preguntó con dureza.
Scorpius lo miró y Teddy frunció el ceño cuando vio al rubio mirarlo feliz. Dos brazos pequeños se acercaron a su cuello y el rubio lo abrazó con fuerza.
—¡Papi va a volver!—gritó en voz alta.
Teddy lo miró fijamente, no entendiendo las palabras.
—¿Qué… qué… por qué…?
—¡Vamos, Teddy! ¡Tenemos que estar allí cuando papi regrese!—le insistió a Scorpius y tiró de su mano.
Teddy, aturdido, siguió a la planta baja al muchacho. No podía esperar. Su padre se había ido durante días, ¿cómo iba a volver de repente? ¿Y dónde estaba Draco?
Mirándole fijamente, Teddy se sentó en el sofá, con las manos sobre su regazo mientras Scorpius parloteaba acerca de las cosas que harían cuando él llegara. Haría fotos de él, iba a jugar con él e iba a cocinar para él (Daphne inmediatamente le prohibió acercarse a la cocina). Scorpius puso mala cara, pero cedió, estaba muy feliz de que su papi volviese para poder preocuparse por otra cosa. Y estaba orgulloso de su padre también. Después de todo, su papá había cumplido su promesa.
Daphne estaba un poco preocupada por la falta de reacción por parte de Teddy, pero pensó que era mucho para el niño. Tendría que ver a Potter para creer que estaba de vuelta.
¡Demonios, incluso a ella le costaba creerlo, y eso que Draco jamás habría mentido!
—Muy bien, vamos a examinar su sangre para cada poción que podamos pensar e inmediatamente nos permitirá saber qué le inyectó, señor Potter—Healer Rowland informó a Harry y Draco mientras miraba el archivo.
—Gracias—asintió Harry con la cabeza.
Estaba sentado en la mesa de reconocimiento y le habían hecho un escáner completo de su cuerpo. El análisis no había revelado nada especial, por lo que el sanador había extraído sangre para hacerle un par de pruebas.
Harry le había dicho lo que había experimentado cuando le había inyectado la poción, pero Rowland comentó que esa era la misma reacción a un montón de pociones.
Draco había estando rondando a su alrededor con inquietud y le había sostenido la mano todo el tiempo, no dejándola ir ni una vez.
Dos aurores, que habían estado en el hospital debido a un sospechoso que había sido traído, interrogaron a Harry sobre el secuestro. Les resultaba extraño que el secuestrador le dejase ir sin exigir un rescate o cualquier otra cosa, pero no había mucho que pudieran hacer al respecto. Con el tiempo se fueron, prometiendo que estarían ojo avizor por el secuestrador.
—¿Podemos irnos a casa ahora?—preguntó Draco, impaciente.
—Draco—le regañó Harry.
Rowland se rió entre dientes, sus ojos marrones miraban divertido a la pareja.
—Vamos, puede irse. Sólo manténgase alejado de los problemas a partir de ahora, señor Potter.
—Lo intentaré—replicó Harry con sequedad.
Salieron de la sala de reconocimiento y Harry se apoyó contra el costado de Draco con un suspiro.
—¿Cómo te encuentras?—preguntó Draco suavemente, frotando la palma de Harry tiernamente. El sanador no había encontrado a Harry dañado. Estaba deshidratado y débil por falta de alimentos en su cuerpo, pero Rowland les había asegurado que podría ser fácilmente resuelto con un poco de descanso y buena comida.
—Todavía me siento algo aturdido, pero por lo demás estoy bien. Sólo quiero ir a casa con nuestros hijos—respondió Harry con suavidad.
—He pensado lo mismo—susurró Draco y decidieron usar la red flu del hospital porque Harry no quería sentirse mal si ejecutaba otra aparición.
Cuando salió por la chimenea, tosiendo un poco de hollín, fueron atacados por una mancha rubia que gritaba en voz alta y lloraba al mismo tiempo.
—¡Papi, te he echado tanto de menos!—lloró Scorpius.
Las lágrimas comenzaron a acumularse en los ojos de Harry y se inclinó para abrazar al muchacho fuertemente.
—Dios, yo también, cielo—susurró Harry y disfrutó de la sensación de tener un niño que ahora era considerado como su hijo de nuevo en sus brazos.
—No nos dejes —gimió Scorpius, restregando la cara contra el hombro de Harry como un pequeño gatito.
—Te lo prometo—juró Harry, y entonces se encontró con unos llorosos ojos azules.
Teddy miraba a su padre en estado de shock. Su padre se veía muy pálido y tenía bolsas debajo de los ojos, pero sus ojos color esmeralda brillaban aún. Sus pómulos parecían más pronunciados y se veía cansado, pero estaba allí.Estaba de nuevo en casa, de vuelta con él.
—Teddy, hijo, ven aquí—dijo su padre en voz baja y abrió los brazos—. Te he echado de menos.
Un sollozo le atravesó el cuello y voló hacia Harry, aferrándose a él y no queriendo soltarse.
—Papá, papá, papá—repetía Teddy.
Harry se sentó en el suelo, sin importarle que sus pantalones se manchasen aún más y colocó a Teddy en su regazo, abrazándolo con fuerza y meciéndolo adelante y hacia atrás.
—Chis, estoy aquí, no me voy a ningún lado. Estoy aquí—murmuró una y otra vez con voz suave.
A Scorpius le temblaba un poco el labio, quería abrazar a su papi más, pero entendía que Teddy necesitaba tiempo con él. Tendría tiempo con él después, estaba seguro de ello. Su papi no se iba a ninguna parte ahora.
Se tambaleó hacia su padre, extendiendo los brazos. Draco se agachó y lo levantó, colocándolo en su cadera.
Scorpius le dio un beso en la mejilla.
—Gracias, papá —sonrió y lo abrazó.
Su padre le miró sorprendido.
—¿Por qué?
—Por traer a papi de nuevo.
Draco sonrió y miró la escena con ternura. Harry estaba de vuelta dónde pertenecía: con su familia.
Daphne sonrió. Al menos Potter estaba de vuelta, ya se preocuparían por el secuestrador después.
Gracias por leer y comentar.
Respuesta a los anónimos:
- Paola: Prefiero que leas la mía, así puedes compartir tu opinión conmigo. Lo del secuestrador… estoy atado de pies y manos.
- Potter perdida: La verdad que era una escena que se esperaba, ¿verdad?
- Kasandra Potter: Sí, más o menos es lo mismo, ¿no? Bueno, sí, lo he aprobado todo, si no mi madre me hubiese torturado a lo Bellatrix Lestrange.
