Los comentarios han sido respondidos por PM. Los que no tenían cuenta están al final del capítulo.
Gracias por esos 492 comentarios. Casi 500, de verdad MUCHAS GRACIAS, DE VERDAD.
Traducción autorizada por FanofBellaandEdward
Disclaimer: Harry Potter es propiedad de J. K. Rowling, Bloomsbury Publishing, Scholastic Inc. y AOL/Time Warner Inc. La historia pertenece a Melissa, yo traduzco por mero entretenimiento.
Resumen: Después de que Draco se divorciara de Daphne, Scorpius se encuentra en la búsqueda de un segundo papá, ya que Draco le contó que sólo le gustaban los hombres. Luego conoce a Harry y está empeñado en conseguirle como segundo papá. ¿Lo logrará?
Traductor: DarkPotterMalfoy
Beta: FanFiker-FanFinal
ATENCIÓN: se busca persona amable y cariñosa, que quiera hacerme una portada para este fic :)
Capítulo 32
20 de enero (consulta del medimago)
—Espere, ¿puedo quedarme… embarazado?—dijo Harry débilmente, sin creerse lo que había dicho el medimago. Simplemente no era posible. Incluso en el mundo mágico no podía ser posible para los hombres quedarse embarazado. Eso era demasiado… raro. Anormal. Extraño.
Rowland se reclinó en su silla con un suspiro. Siempre era un momento difícil el explicar a un hombre que podía quedar encinto. Por no decir incómodo.
—Las pociones de embarazo para los hombres fue creada hace ciento cincuenta años, cuando una pareja homosexual quería tener hijos desesperadamente, pero estaba prohibido adoptar y fue un maestro en pociones el que completó la poción para ellos, la cual le daría al hombre una matriz para poder gestar al bebé.
»El útero sólo se quedará en su cuerpo durante la gestación; tan pronto como el niño nazca, será expulsado también.
—¿Cómo se da a luz?—preguntó Draco, interesado—. ¿Es posible un parto natural o es necesaria una cesárea?
—Salvo en situaciones dificultosas, un parto natural puede pasar sin problemas—respondió Rowland—. Tan pronto como empiezan las contracciones, el cuerpo masculino producirá cambios para poder dar a luz; el canal anal funcionará temporalmente como el de parto. Debido a este cambio, los nacimientos de hombres progresan más rápido que los de las mujeres.
Draco asintió, pensativo.
Rowland estudió a los dos hombres que estaban delante de él. Malfoy tenía la mirada extasiada y llena de esperanza, mientras que Potter, por otra parte, parecía que estaba a punto de desmayarse. Era evidente que sólo uno de ellos estaba feliz por la noticia.
—Creo que tienen que hablar—dijo Rowland, serio, y se puso de pie para darles privacidad.
De pronto, Harry se levantó, sorprendiendo tanto a su pareja como al sanador.
—Estamos bien, gracias. Nos vamos a casa, ahora—murmuró, sus ojos estaban oscuros.
—Harry, ¿no crees que necesitamos…?—empezó Draco.
Harry se giró hacia él.
—Nos vamos a casa ahora, Draco—dijo él con los dientes apretados.
Draco frunció el ceño, pero se puso de pie.
—Gracias—asintió con la cabeza a Rowland.
El medimago le devolvió el saludo con una mirada pensativa en su rostro. Se preguntó cuánto tiempo pasaría antes de que volviesen para la prueba de embarazo de Potter.
—Harry, ¿estás…?—lo miró Draco, inseguro, cuando se dirigían a la chimenea.
—Estoy bien—respondió Harry, cortante. Estaba en shock. En cualquier momento despertaría de ese sueño (o pesadilla), y todo estaría bien. No sería capaz de quedarse embarazado y cuando le comentase a Draco sobre su sueño, ambos tendrían unas risas al respecto. Discretamente se pellizcó el brazo. Joder, dolía. Estaba despierto: lo que significaba que era capaz de albergar niños en su interior.
Se mordió el labio y entró rígidamente en la chimenea, Draco uniéndose a él. Era vagamente consciente de la mirada preocupada que Draco le lanzó antes de nombrar su destino. Reflexionó sobre ello. Le habían dado una poción que le había creado un útero y como consecuencia podía quedarse embarazado. Eso era preocupante y era bastante increíble. Si la poción era tan normal, entonces, ¿por qué no se había encontrado con ningún hombre embarazado antes?
Distraído, salió de la chimenea tropezando un poco. Sin mirar a Snape, quien lo miraba con una ceja levantada, se dirigió escaleras arriba a su habitación. Cayó en la cama y se quedó mirando el blanco techo. Puso su mano sobre su abdomen y de repente la apartó como estuviese ardiendo. Simplemente no había manera de que pudiese tener un vientre.
Harry exhaló a través de su pesada nariz. No estaba listo para tener un bebé. Joder, sólo llevaba saliendo con Draco unos meses; no podía estar embarazado ya, era demasiado pronto. Un bebé podría arruinar su relación con Draco y no quería eso.
El pánico comenzó a apoderarse de su pecho. ¿Y si Draco no quería saber nada más de él ahora que sabía que tenía un vientre? No era normal que los hombres tuviesen vientres; ni siquiera en el mundo mágico. Ahora… se sentía como un bicho raro.
Sus ojos comenzaron a escocerle y se llevó las manos contra ellos tratando de deshacerse de las lágrimas e intentó calmarse; respirando lentamente. Inhalar, exhalar. Probablemente era un error. Inhalar, exhalar. El medimago había leído mal los resultados o habían cambiado su expediente accidentalmente con el de otra persona.
Harry asintió con la cabeza lentamente. Probablemente era eso: se habían confundido de expediente. No había nada malo en él; no le habían inyectado una poción de embarazo; no tenía un útero: era normal. Bueno, lo más normal dentro de su rareza.
Lentamente se sentó y se cruzó de piernas apoyado contra la pared. Cogió uno de los libros sobre medimagia que estaba en su mesita de noche y empezó a leer el capítulo sobre sanar huesos rotos. Aunque los resultados no se hubiesen mezclado, eso no significaba que algo estuviese mal. No estaba seguro de cuánto tiempo duraría la matriz si no se quedaba embarazado, pero ¿seguro que el útero desaparecería si no cumplía su función? Sólo tenía que esperar a que el órgano no deseado desapareciese y todo estaría bien de nuevo. Si no pensaba en ello, sería como si nunca hubiese sucedido.
Ignoró la pequeña voz en su cabeza que le decía que sólo estaba huyendo de sus problemas.
Draco suspiró y vio cómo Harry salió de la sala con preocupación. No esperaba una reacción tan apática tras conocer la noticia de que podía quedarse embarazado. Había esperado algo como ira, incredulidad, tal vez incluso alegría; tal vez era ser demasiado optimista con ésta última opción.
—¿Dónde están Teddy y Scorpius?—preguntó Draco, quitándose el abrigo y sentándose en el sofá.
—Ellos están en su habitación. Draco, ¿qué ha pasado?—preguntó Severus, sus dedos tamborileando sobre el brazo del sofá.
—Bueno, tenemos los resultados de su análisis de sangre—hizo una pausa por un momento—. Le han inyectado una poción de embarazo.
Severus parpadeó.
—Una poción de embarazo, lo que significa…—no era algo que hubiese esperado escuchar.
—Sí, somos capaces de tener hijos—terminó la frase y se echó para atrás.
—Draco, ¿por qué le darías a Potter una poción semejante?—preguntó Severus con la voz controlada y se pellizcó la nariz. ¿Su ahijado se había vuelto loco?
—¡Yo no le he dado esa poción!—protestó Draco.
—¿Estás diciendo que el secuestrador lo hizo?—preguntó Severus, escéptico. No entendía el motivo del secuestrar para inyectarle una poción de ese calibre en Potter, cuando pudo haberlo matado. ¿Qué es lo que piensa hacer el secuestrador?
—No te estoy mintiendo, Severus. No le he dado a Harry esa poción—repitió Draco. Se sentía incómodo al pensar en el hecho de que Harry tuviese esa poción en él a causa del secuestrador y se preguntó cuál era el propósito de esto.
—Bueno, es demasiado pronto para que los dos tengáis hijos—dijo Severus, brusco—. ¿Cómo ha reaccionado Potter?
Draco suspiró.
—No lo sé, en realidad; simplemente se sentó allí cuando el medimago nos dio la noticia.
Severus se inclinó hacia él.
—¿Cómo te sientes al respecto?—preguntó, cuidadosamente. Para ser honesto, no le gustaba la forma en que se habían iluminado los ojos de Draco cuando había mencionado la poción. Seguramente su ahijado entendería que era demasiado pronto para tener un hijo juntos. Llevaban saliendo desde hacía unos meses; el embarazo sólo causaría un desastre.
Draco apartó la mirada ante la intensidad de la de su padrino.
—No podemos hacer nada al respecto, ¿no? Quiero decir, la poción ya ha trabajado y ha hecho un útero.
—Draco—dijo Severus, advirtiéndole.
—¡De acuerdo!—No me importaría, ya sabes, si Harry se quedase embarazado—murmuró Draco con su rostro empezando a arder.
—Draco, ¿estás loco?—espetó Severus—. ¡No es posible que contemples la posibilidad de un embarazo ahora!
—¿Por qué no?—espetó de nuevo Draco.
—Es demasiado pronto. Recientemente habéis comenzado a salir; no tienes un fuerte lazo para dar la bienvenida a un embarazo—dijo Severus, mordaz. Amaba a su ahijado, sí, pero estaba teniendo un comportamiento propio de él ahora. Si no le hacía entrar en razón, haría una elección de la cual se arrepentiría más tarde.
—¿Tú qué sabes?—gruñó Draco, ofendido—. Él y yo compartimos un lazo fuerte; un embarazo lo fortalecería.
—Draco, no estás siendo racional—suspiró Severus, sus ojos oscuros taladrando a los grises—. Además del simple hecho de que llevas saliendo con él poco tiempo, ¿alguna vez has pensado en que sería una terrible idea que Potter se quedase embarazado con ese asesino suelto?
Draco abrió la boca para discutir, pero tuvo que cerrarla a regañadientes cuando se dio cuenta de que Severus tenía razón. Que Harry tuviese un bebé con el asesino libre sería peligroso. Un embarazo drenaba más el cuerpo de un hombre que el de una mujer, ya que su cuerpo necesitaba más energía para sostener un útero para llevar a cabo el embarazo. No sería capaz de defenderse por sí mismo si el asesino lo encontraba de nuevo.
—Me alegro de que por fin hayas recuperado el sentido común—murmuró Severus, cuando se dio cuenta de que Draco estaba de acuerdo con él.
—Bueno, está bien, tal vez es una mala idea el que Harry se quede embarazado ahora, pero ¿qué podemos hacer al respecto si la poción ha hecho su efecto? Ya tiene un útero. No hay forma de poder quitárselo—suspiró Draco.
Severus se frotó los ojos murmurando algo sobre mocosos estúpidos e imbéciles que nunca usan su cerebro.
—Por Merlín, a partir de ahora usa protección. No es tan difícil—gruñó.
Draco abrió la boca para discutir, cuando de repente palideció: se acababa de dar cuenta de que era demasiado tarde para utilizar protección. El secuestrador le había inyectado la poción hacía dos semanas y habían tenido relaciones sexuales un par de días después. ¿Podría ser que…?
—¿Draco?—frunció el ceño Severus cuando el rostro pálido de Draco.
Draco se pasó la lengua por los labios.
—Yo, hm, no creo que vayamos a necesitar protección—susurró.
—¿Qué? ¿Vas a guardarla en tus pantalones durante quién sabe cuánto tiempo?—bufó Severus—. Sería excelente.
—No, ¡no lo entiendes!—dijo Draco entre dientes—. Tuvimos sexo días después de encontrarlo. La poción ya estaba haciendo su efecto en ese momento.
Severus se puso rígido.
—¿Me estás diciendo que hay una posibilidad de que en este momento, Potter esté embarazado?—preguntó con voz débil. Estaba seguro de haber entendido mal a su ahijado. La idea de que Potter estuviese embarazado…
Draco asintió dócilmente.
—Bueno, sí, hay una alta probabilidad.
Entonces sucedió algo que Draco jamás pensó que ocurriría en su vida: Severus se desmayó.
Draco parpadeó.
—¿Severus? ¿Estás bien?—preguntó inseguro, y suavemente sacudió el hombro de Severus: no hubo respuesta—. ¿Se ha desmayado al escuchar que Harry tal vez pudiera estar embarazado?—reflexionó. Miró hacia las escaleras preocupado.
Tengo que hablar con Harry, decidió.
Lentamente subió las escaleras y se preguntó por qué se sentía tan nervioso de repente. Esto no debería ser difícil, conocía a Harry desde los once años y ahora estaba con él. Debería ser capaz de hablar de esto.
Llamó a la cerrada puerta y esperó a escuchar un contenido "adelante" antes de entrar. Encontró a Harry sentado en la cama contra la pared leyendo un grueso libro. Harry le miro sorprendido, sus ojos centrándose en Draco.
—Draco, ¿pasa algo malo?—preguntó, curioso, y marcó la página que estaba leyendo antes de cerrar el libro.
Draco se dirigió a la cama y se sentó en ella, colocándose hacia atrás apoyando su espalda contra la pared.
—Tenemos que hablar—suspiró Draco, cogiendo la mano de Harry,
El moreno frunció el ceño.
—Hm, vale, ¿qué pasa?
Draco lo miró fijamente.
—En serio, Harry, ¿necesitas preguntarme de qué tenemos que hablar?—le preguntó, incrédulo.
Los verdes ojos parpadearon.
—Sí, te lo pregunto—respondió lentamente.
—Tienes un nuevo órgano en tu cuerpo, ¿te suena?—preguntó Draco, alzando una ceja.
Inmediatamente, los verdes ojos se oscurecieron y parecían tristes.
—¿Qué pasa con eso?
Frunciendo el ceño, Draco respondió.
—Harry, lo que pasa… ¿no crees que tienes que hacerte una prueba de embarazo?—preguntó, vacilante.
—¿Por qué tengo que hacérmela?—preguntó Harry, agudo, y se sentó recto, apartando la mano cogida de Draco en el proceso.
—Debido a que tuviste relaciones sexuales después de haber ingerido la poción, lo que significa que hay una alta posibilidad de que en este momento estés embarazado—respondió Draco, impaciente—. Y si es así, inmediatamente tenemos que saberlo para hacer los preparativos.
—No es necesario hacer la jodida prueba, porque no estoy embarazado—dijo Harry, poniendo los ojos en blanco y jadeando. En realidad, no estaba de humor para tener esa conversación con Draco ahora. El rubio estaba preocupado por nada, pues no estaba embarazado. No podía ser. Sí, habían tenido sexo un par de veces después del secuestro, pero no era posible quedarse embarazado tan rápido. Había parejas a las que les llevaba meses; a veces incluso años. No había manera de que estuviese embarazado después de un par de sesiones de sexo.
—¿Cómo sabes si no lo estás? ¿Te has hecho la prueba?—preguntó Draco. Era posible que Harry se hubiese hecho la prueba: estaba estudiando para ser medimago. Se veían obligados a saber cómo usar los hechizos de prueba de embarazo.
Harry negó con la cabeza, molesto.
—No, no me la he hecho. Simplemente lo sé, ¿vale? Vamos a dejar el tema; no estoy embarazado.
La irritación explotó en el pecho de Draco. ¿Por qué Harry era tan condenadamente terco con respecto a la prueba?
—No lo sabes con certeza. Tienes que hacerte el examen, sólo para estar seguros—contestó con los dientes apretados.
—Ya te he dicho que no lo estoy. Es una tontería hacer la prueba—se mordió el labio Harry.
—¿Cómo puedes decir que hacerte la prueba es una tontería? Ese tipo de pociones son muy potentes, Harry, no es necesario tener relaciones sexuales varias veces para quedarte embarazado. Dos de tres veces, en la mayoría de los casos, es suficiente—explicó Draco, tratando de razonar con Harry.
—¿Por qué no puedes dejarlo de una puta vez?—dijo Harry, brusco; sus verdes ojos ardían y salió de la cama y se puso de pie—. Metete esto en tu dura cabeza: no estoy embarazado.
Draco también se puso de pie, mirando a Harry.
—Por favor, Harry, hazte la maldita prueba ya—repitió y extendió la mano para tocar el brazo de Harry, pero él dio un paso atrás.
—No—siseó.
—¡Estás actuando como un niño!—siseó Draco.
Los ojos verdes se encendieron y Harry fue a replicar, pero fue detenido por un suave golpe en la puerta.
—¿Papá? ¿Estás bien?—la voz de Teddy sonaba preocupada.
Harry respiró temblorosamente, pasándose la mano por su revuelto pelo y negó con la cabeza.
—Sí, estoy bien; puedes entrar.
Draco resopló y sacudió la cabeza con incredulidad; no podía creer que Harry estuviese siendo tan condenadamente terco sobre el tema. Había pensado que Harry entendería la gravedad de la situación. El embarazo no era algo que debía tomarse a la ligera (especialmente en la actual situación de Harry). El idiota se negaba a hacerse la prueba. No sabía cómo convencerlo; petrificándolo y arrastrándolo a San Mungo, quizá (probablemente le costaría la confianza de Harry si trataba de hacerlo y no quería arriesgarse); no tenía más ideas.
—¿Estás enfermo?—preguntó Teddy después de cerrar la puerta.
Harry negó con la cabeza.
—No, todo está bien. No te preocupes—sonrió y se rió entre dientes cuando el joven se acercó a abrazarlo.
—Bueno, voy a ver si Severus está bien—murmuró Draco y salió de la habitación.
Teddy lo miró confundido, con los brazos alrededor de la cintura de Harry,
—¿Te has peleado con Draco?
Harry inclinó la cabeza hacia su derecha.
—No; ha puesto mala cara porque no ha podido conseguir algo. Pronto estará bien—respondió, neutral.
Severus parpadeó cuando su ahijado irrumpió en la habitación, furioso.
—¿Qué ha pasado?—le preguntó frunciendo el ceño.
—¡Harry es un maldito terco!—espetó Draco—. No quiere hacerse la maldita prueba de embarazo, alegando que no lo está. ¿Cómo diablos puede saberlo?
Severus suspiró y se apretó el puente de la nariz. En realidad no era el más adecuado para dar consejos sobre una pelea de pareja.
—Sólo dale un poco de tiempo. Eventualmente se dará cuenta de que está actuando como un idiota y se la hará—murmuró, su mente todavía estaba aturdida y conmocionada al escuchar la noticia
Manteniendo el silencio, Draco negó con la cabeza.
El ambiente en la Mansión Malfoy estuvo tenso los siguientes días. Harry guardó distancias con Draco, ya que no quería ser molestado de nuevo sobre la prueba de embarazo. Draco por su parte, se vio afectado por la negativa de Harry y estaba enfadado al mismo tiempo. Al ser tan terco como su pareja, se negaba ser el primero en dar el paso para hablar con Harry; sería como admitir la derrota y él no estaba dispuesto a dejar el tema.
Hicieron todo lo posible para actuar con normalidad frente a los niños, porque no querían preocuparlos, pero tan pronto como no estaban a la vista, Harry se escapaba a alguna habitación de la casa, leyendo libros de medimagia. Había sacado algo bueno de su pelea con Draco y por eso su estudio estaba progresando rápidamente.
Mientras tanto, Ginny había decidido dar un paso más. Por desgracia para ella, no había contado con la curiosidad natural de un niño de nueve años que le tiene resentimiento.
Teddy se había despertado el primero y se había dirigido a la lechucería para poder ver a las hermosas criaturas dormir o comer. Siempre había amado a las lechuzas; las encontraba fascinantes.
Tan pronto como cerró la puerta y se hubo dado la vuelta, vio a una lechuza, sentada en el alféizar de la ventana, llevando una carta.
La curiosidad pudo más que Teddy y se abrió paso hacia la lechuza, liberándola de su carga. La lechuza ululó suavemente en respuesta y mordisqueó la golosina; no se marchó, obviamente esperando una respuesta.
Su padre le había enseñado a no leer las cartas que no iban dirigidas a él, ya que era muy irrespetuoso, pero tan pronto como reconoció la familiar letra, frunció el ceño y casi rompió la carta, deteniéndose sólo porque quería saber lo que Ginny quería de su padre ahora. Estuvo a gusto aquellas semanas sin su presencia.
Abrió la carta y comenzó a leerla.
Querido Harry:
Ha pasado mucho tiempo desde la última vez que nos vimos y me preguntaba si querías volver a quedar. Tal vez podríamos ir al campo de quidditch, donde mi equipo va a hacer una pequeña pachanga; sería divertido volver a volar contigo.
Por favor, envíame carta con la respuesta. Puedes elegir el día y hora. La lechuza esperará tu respuesta.
Tengo muchas ganas de volver a verte.
Con amor,
Ginny
Los azules ojos se estrecharon y frunció el ceño aún más. ¿Por qué no podía entender que no era bienvenida en su vida nunca más? ¿Era estúpida o se lo hacía?
Teddy negó con la cabeza, pues bien, sólo tendría que hacerle saber que no quería quedar con ella.
Se apresuró a volver a su habitación y se puso a escribir una respuesta. Veinte minutos más tarde, cogió la varita de prácticas que Severus le había dado y golpeó tres veces en el papel, susurrando: Transferre chirographum Harry Potter. Contuvo la respiración y en secreto cruzó los dedos, deseando que el hechizo funcionase. Después de un minuto su letra fue cambiando poco a poco hasta convertirse en la de su padre.
Suspiró aliviado, había usado ese hechizo sólo una vez en una de sus clases con Snape. El hombre quiso saber cuánto podía hacer y le había dado una varita de prácticas. El propósito del hechizo era cambiar su propia letra por la de otra persona, por lo que era perfecto para cosas ilegales. Cuando lo hubo conseguido al tercer intento, Snape le había hecho prometer que no volvería a hacerlo, ya que si bien no era un hechizo exactamente prohibido, no era uno que debía conocer.
Teddy odiaba romper sus promesas, pero creía que en este caso podría ser perdonado por ello. Estaba ayudando a su familia con esto, no usándolo con propósitos ilegales.
Una mirada al reloj le mostró que si quería que permaneciese en secreto, tenía que correr hasta la lechucería antes de que Draco o su padre lo viesen.
Media hora más tarde, estaba sentado inocentemente en la mesa disfrutando de su bocadillo de crema de cacao y sonriendo secretamente cuando se imaginase la reacción de Ginny cuando leyese la carta.
27 de enero
Una semana después de la pelea entre la pareja, Severus, que normalmente no se preocupaba por los sentimientos del uno al otro y sus problemas, supo que era el momento de intervenir antes de que las cosas pudiesen dar un giro hacia algo peor. Odiaba ver a su ahijado molesto y le había prometido a Narcisa estar ojo avizor con su hijo. Por lo tanto, por mucho que odiase hablar con el engendro del maldito James Potter, iba a hacerlo, para hacerle entrar en razón; al menos eso era lo que iba a intentar. Argumentaría que Potter, después de todo era un terco; algo que, admitió a regañadientes, posiblemente venía de Lily.
El sabía cómo iba a empezar: había recibido los últimos ingredientes y ahora preparaba cada uno de ellos. Tres calderos estaban calientes y bajo un hechizo de protección con cada ingrediente agregado a él. Habría que esperar dos días para saber si la poción haría efecto sobre el veneno. Después de eso sólo sería cuestión de hacer más antídoto y luego encontrar la forma de darlo a las víctimas sin exponerse. Potter estaría muy interesado en eso.
Esperó hasta que Teddy y Scorpius hubiesen salido de la sala antes de ir a buscar a Potter. Hoy en día era particularmente difícil encontrarlo, ya que consideraba necesario encerrarse en una habitación en una planta que nadie frecuentaba.
Después de buscar en las habitaciones más familiares, Severus se hartó de ello y usó un hechizo de rastreo para que le guiase hasta Potter. Lo encontró sentando en un sofá de un pequeño y acogedor cuarto del tercer piso del ala sur.
Potter parecía muy sorprendido de verlo y cerró su libro al ver a Severus entrar en la habitación y lo miró cauteloso.
—¿Qué puedo hacer por ti?—preguntó, irguiéndose.
Severus cerró la puerta, ya que era necesario que nadie les molestase; cruzó la habitación para apoyarse en el alféizar de la ventana y cruzó los brazos.
—He recibido los ingredientes y los he añadido a la poción. Dentro de unos días debería ser capaz de probarlos contra el veneno y hacer más de él—respondió neutral.
Potter parpadeó.
—Gracias, es una gran noticia.
—No hay que dármelas, mocoso—se burló Severus—. Sin embargo, hace poco cambié de opinión con respeto a vosotros, pero por desgracia sabía que tenía razón desde el principio.
—¿Qué quieres decir?—le preguntó Potter, entrecerrando los ojos, con la postura tensa y apretando el libro entre sus manos.
—Parece que aún eres un niño estúpido e idiota que no sabe tomar decisiones decentes—se burló Snape.
—¿Perdona?—gruñó Potter, sus ojos verde esmeralda brillando peligrosamente.
—¿Por qué diablos no te has hecho la prueba de embarazo todavía?
Potter palideció de nuevo.
—¿Lo sabes? ¿Draco te lo ha contado?—preguntó furioso.
—Sí, me lo dijo; responde a mi pregunta.
—Si estás aquí en su nombre, puedes volver por donde has venido—le dijo Potter fríamente y se levantó y caminó hacia la puerta.
Un suave clic le dejó claro que no iba a irse pronto.
—¡Deja de evadir mi pregunta! ¿Por qué no te la has hecho ya?—repitió Severus, con voz suave pero fría.
Potter se dio la vuelta para mirarlo a la cara: la ira y la frustración eran visibles en su rostro.
—¡Porque no hay nada que probar! ¡No estoy embarazado, ¿vale?!
—Potter, he sido maestro de pociones muchos, muchos años y me atrevo a decir que soy el mejor del país y puedo asegurarte que esas pociones son extremadamente eficaces. No es necesario mucho tiempo para que te quedes embarazado una vez tu cuerpo ha creado la matriz—le informó Severus, impaciente.
Potter giró la cabeza, mordiendo el labio y por una vez, no obtuvo respuesta.
Esto hizo que Severus frunciera el ceño. Para Potter era normal actuar con condescendencia, ¿qué había cambiado?
—Potter, ¿por qué tienes tanto miedo a hacértela? ¿No sería más tranquilizador saber si estás esperando o no un hijo?—preguntó, suave.
—Es sólo que…—negó con la cabeza—. No importa, ¿vale? No voy a hacérmela: no estoy embarazado. No necesito que una prueba me lo diga.
Para Severus sonaba más como que Potter estaba tratando de convencerse a sí mismo. La pregunta era: ¿por qué iba a hacer eso? ¿Por qué iba a tener miedo de saberlo?
—¿Quieres perder a Draco?—preguntó de pronto Severus, haciendo que Harry se sorprendiese ante la extraña pregunta.
—¿Qué? ¡No! ¡Por supuesto que no!—protestó Potter.
—¿Le quieres?
Severus observó atentamente cómo un rubor aparecía en las mejillas enrojecidas de Potter, haciéndole desviar la mirada, avergonzado.
—Sí—murmuró casi inaudible.
—Si realmente le quieres y no quieres perderlo, puede que encuentres la valentía para hacerte la maldita prueba. Pensaba que los Gryffindors eran valientes. Actúa como uno, entonces—espetó Severus y se abrió paso hacia Potter, deteniéndose cuando se paró frente a él—. No se necesita mucho para poder hacer feliz a Draco en este momento; puedes hacerlo haciéndote el examen. No lo arruines, Potter.
Dicho esto, Severus salió de la habitación antes de que pudiese caer en la tentación de maldecir al mocoso. En estos momentos le vendría bien un whisky.
Harry se quedó de pie en la habitación con la cabeza inclinada y con temor instalándose en su estómago.
—Si realmente lo quiero, ¿eh?—murmuró y miró por la ventana hacia el lento ocaso que emanaba rayos dorados y rojos sobre el jardín trasero de la enorme mansión.
Draco alzó la mirada de los documentos que estaba leyendo cuando escuchó que la puerta de su estudio se abría lentamente.
Sorprendido miró a Harry, el cual estaba allí de pie con la cabeza inclinada y frotándose el brazo izquierdo.
—Hm, ¿tienes un minuto?—preguntó Harry con torpeza.
Draco asintió lentamente, no del todo seguro de cómo reaccionar después de una semana de miradas y frío silencio.
—Bueno, eh, he decidido—respiró, profundo—… hacerme la prueba.
Draco parpadeó, sin atreverse a creer lo que escuchaba.
—¿Vas a hacértela?—preguntó, incierto, tratando de no entusiasmarse demasiado por si había escuchado mal a su pareja.
Harry asintió con la cabeza bruscamente.
—Sí, será mejor saber a ciencia cierta que no esperamos ninguna sorpresa.
Draco, vacilante, se puso de pie, acercándose cuidadosamente a Harry. Una vez que estuvo frente a él, puso sus brazos alrededor lentamente, sintiéndolo tenso por unos segundos antes de relajarse en su abrazo; rodeando su cintura.
—Estoy feliz: gracias—susurró Draco y le dio un suave beso—. ¿Qué opinas de ir a San Mungo mañana para que te hagan el examen?—sugirió.
Harry suspiró, pero asintió con la cabeza.
—De acuerdo.
Como un acuerdo tácito, hicieron camino a su dormitorio metiéndose en la cama, para abrazarse el uno al otro, sabiendo que mañana todo podría cambiar drásticamente.
Pero, por ahora, querían disfrutar de la paz y la calma.
Gracias por leer y comentar.
