Los comentarios han sido respondidos por PM. Los que no tenían cuenta están al final del capítulo.

Gracias por esos 509 comentarios.


Traducción autorizada por FanofBellaandEdward

Disclaimer: Harry Potter es propiedad de J. K. Rowling, Bloomsbury Publishing, Scholastic Inc. y AOL/Time Warner Inc. La historia pertenece a Melissa, yo traduzco por mero entretenimiento.

Resumen: Después de que Draco se divorciara de Daphne, Scorpius se encuentra en la búsqueda de un segundo papá, ya que Draco le contó que sólo le gustaban los hombres. Luego conoce a Harry y está empeñado en conseguirle como segundo papá. ¿Lo logrará?

Traductor: DarkPotterMalfoy

Beta: FanFiker-FanFinal


Capítulo 33

28 de enero

Harry se despertó con la sensación de que su pelo era acariciado. Parpadeó, pero todo estaba borroso, por lo que extendió su mano, palpando en su mesita de noche. Encontró sus gafas en el centro y se las puso, siendo capaz finalmente de ver que Draco lo miraba intensamente.

Él parpadeó.

—Hm, ¿tengo algo en la cara?—preguntó, incierto.

Draco parpadeó también, sacudiendo la cabeza.

—No, no tienes nada. Estaba viéndote dormir—respondió distraídamente.

Harry lo miró fijamente.

—Hm, vale—murmuró un poco confundido y avergonzado.

—Dime, ¿cuándo te gustaría hacerte la prueba?—murmuró Draco, acariciándole de nuevo, pero esta vez la mano.

Harry suspiró y se frotó la frente.

—Supongo que tan pronto como sea posible. ¿Quién va a pedir la cita?

Draco se encogió de hombros.

—Yo puedo hacerlo; no me importa.

—Vale—asintió con la cabeza Harry y respiró profundo—. ¿Dónde se van a quedar Teddy y Scorpius cuando vayamos a San Mungo?

Draco frunció el ceño.

—¿No vamos a llevarlos con nosotros? Quiero decir, me siento un poco culpable por dejarlos siempre en casa.

Harry frunció los labios.

—Preferiría que no. Quiero decir, si estoy embarazado—tragó saliva con dificultad—, entonces quiero esperar unos meses antes de decírselo. Siempre puede salir mal y no quiero confundirlos diciendo que estoy embarazado y luego que no va a haber bebé.

—Las posibilidades de que algo salga mal son muy escasas si tomamos precauciones—le aseguró Draco.

—Sin embargo, también tengo que preparar a Teddy. Le dije que los hombres no pueden quedarse embarazados, así que he de informarle primero de ese hecho, antes de decirle la posible noticia—murmuró Harry.

—¿Cómo crees que va a reaccionar?—preguntó Draco, curioso.

Harry negó con la cabeza.

—No lo sé—frunció el ceño—. Nunca ha pedido un hermano o hermana, así que no estoy seguro de cómo se siente acerca de ese tema. Aún así, no vamos a adelantar acontecimientos, Draco, siempre hay una posibilidad de que no lo esté.

—Lo dudo—murmuró Draco, manso.

—¿Cuándo va a llegar Snape?—cambió rápidamente de tema Harry.

Los ojos grises fueron hasta el techo, como si leyese allí el tiempo.

—Creo que son más o menos las nueve; no estoy seguro.

Harry cogió su varita, murmurando.

Tempus—el hechizo mostró que eran las ocho menos siete minutos.

Él suspiró.

—No hay necesidad de dormirse otra vez. Voy a darme una ducha—dijo, sacando las piernas de la cama.

—Voy a darme una contigo—sonrió Draco.

Harry giró la cabeza, alzando una ceja.

—¿Y por qué crees que tienes derecho a venir conmigo?—preguntó divertido.

El rubio se encogió de hombros.

—Ya hemos tenido sexo, ¿qué hay de malo en ducharnos juntos?—le guiñó un ojo.

Harry abrió la boca para protestar, pero la cerró, sabiéndose derrotado, dándose cuenta de que no tenía un argumento válido.

—Bien, puedes unirte a mí—sonrió débilmente.

Draco sonrió, siguiendo a su amante como si fuese su sombra. Siempre había querido tener sexo en la ducha.


Una mujer pelirroja estaba de pie en el borde de un gran campo de quidditch, dando golpes con el pie con impaciencia mientras miraba a su alrededor. Ginny resopló, apartándose el pelo de la cara. Harry llegaba tarde, muy tarde. ¿Dónde demonios estaba?

Buscó en su bolso, abriendo la carta de nuevo, releyéndola, aunque se sabía el contenido de la misma de memoria.

Querida Ginny:

Por supuesto que me gustaría jugar una pachanga contigo. Sería realmente divertido volar de nuevo con vosotras después de tantos años.

¿Qué te parece el 28 de enero en el mencionado campo de quidditch? ¿Sobre las 9 de la mañana?

Tengo muchas ganas de volver a verte.

Con amor,

Harry.

Suspiró, frustrada, doblando la carta y metiéndosela en el boso. Ya eran las diez y diez. Le daría una hora más antes de ir a la Mansión Malfoy; hizo un gesto de desagrado, para preguntarle por qué no se había presentado.

Sólo esperaba que fuese Harry el que le diese la bienvenida y no ese bastardo baboso.


Tan pronto como Snape llegó a la mansión, hizo pasar a los dos chicos a la sala de estudio, gritándoles que tuviesen sus libros preparados y que mantuviesen la boca cerrada. Era evidente que Snape odiaba los lunes.

Harry se sentó en su escritorio en la habitación que compartía con Draco, estudiando un nuevo libro sobre medimagia. Estaba anotando algunos términos médicos que tenía que recordar cuando escuchó abrirse la puerta.

Se dio la vuelta, viendo a Draco de pie en la puerta, apoyado en ella, con los brazos cruzados.

—Acabo de llamar a Rowland por flu—comenzó con calma Draco—; ha dicho que podremos ir a visitarlo la semana que viene, ya que ésta tiene muchas citas.

Harry suspiró, dando unos golpecitos con la punta de su pluma sobre el escritorio de madera. Una semana más viviendo con la incertidumbre; supuso que sería peor.

—Vale, entonces—murmuró en voz baja—. ¿A qué hora es la cita?

—Sobre las tres de la tarde—respondió Draco.

Harry asintió con la cabeza, queriendo volver a sus libros, cuando de pronto se escuchó el timbre de la puerta.

Se miraron el uno al otro, confundidos.

—¿Esperas visita?—preguntó Harry, curioso.

Draco negó con la cabeza, frunciendo el ceño.

—No, ¿y tú?

Harry negó con la cabeza, mordiéndose el labio.

Un elfo doméstico apareció en la habitación, pareciendo bastante molesto.

—Amo Draco, una bruja pelirroja está en la puerta. La misma que la última vez; pero no se quiere marchar—le dijo a su amo, retorciéndose las manos.

Harry levantó una ceja.

—¿Por qué está Ginny aquí?—se preguntó.

—¿La has invitado?—preguntó Draco, brusco.

Harry lo miró, molesto.

—No, si lo hubiese hecho, te lo hubiese dicho.

—Vamos a ver qué es lo que quiere ahora—murmuró Draco suspirando, dirigiéndose escaleras abajo, Harry yendo tras él.


Ginny estaba de pie en la puerta con aspecto irritado porque otro elfo bloqueaba su camino. Ella se cruzó de brazos, dando golpes con el pie. Su bolso estaba tirado en el suelo.

—Ginny, ¿qué haces aquí?—preguntó Harry, confundido, antes de que Draco pudiese abrir la boca.

Ella suspiró, frunciendo el ceño.

—Una pregunta mejor sería: ¿por qué no estás en el campo de quidditch al que accediste encontrarte conmigo hoy a las nueve de la mañana?—le recordó.

Draco entrecerró los ojos, mirando a Harry. ¿Le había mentido cuando había dicho que no la había invitado?

Harry frunció el ceño.

—¿De qué hablas, Ginny? Yo no he hablado contigo en las últimas semanas. Nunca he estado de acuerdo en quedar para un partido.

—Sí, lo hiciste—suspiró Ginny, impaciente, cogiendo su bolso.

—Por favor, déjala entrar—le dijo Harry a un elfo doméstico, después de mirar a su amo, quien asintió a pesar del descontento que se mostraba claramente en su cara. El elfo doméstico desapareció.

Inmediatamente Ginny entró en el gran recibidor, cerrando la puerta tras ella. Se colocó unos cuantos mechones sueltos detrás de la oreja, sacando la carta de su bolso, entregándosela a Harry.

—Mira, aquí está todo escrito.

Frunciendo el entrecejo, Harry abrió la carta y la leyó.

Draco, que había leído la carta por encima del hombro de Harry, entrecerró los ojos.

—Pensaba que habías dicho que no la habías invitado—susurró en su oído.

Harry negó con la cabeza, pasándose la mano por el pelo.

—No lo he hecho. No sé quién la ha enviado, pero Ginny, nunca he escrito esta carta—dijo, devolviéndole la carta.

—Harry, ¿hablas en serio? ¿Me estás diciendo que ni siquiera has leído mi carta?—se burló, entrecerrando los ojos hacia Draco. ¿Él era el responsable de esto?

—¿Qué carta?—Harry comenzó a sentirse muy confundido. ¿De qué demonios estaba hablando Ginny? No había recibido una carta suya en meses.

—La carta te la envié hace una semana, cuando te pregunté si querías volver a quedar para volar—explicó Ginny, ahora confundida también. ¿Harry nunca había leído la carta? Si no lo había hecho, entonces, ¿quién le había respondido y mandado?

El moreno negó con la cabeza lentamente.

—Lo siento, Ginny; pero no he leído una carta tuya. No sé quién la ha escrito, pero definitivamente yo no he sido.

—¡Pero es tu letra!—dijo Ginny, frustrada.

Él se encogió de hombros.

—He de admitir que se parece mucho a la mía, pero estoy seguro de no haberla escrito nunca. De eso me acuerdo.

Ginny paseó su mirada de Harry a la carta y de ésta a Harry. Estaba muy confundida. Harry afirmaba que nunca había leído o le había enviado una carta. ¿Cómo es que nunca la recibió? ¿Quién…? Se dio cuenta, mirando a Draco con vehemencia, el cual levantó una ceja.

—¡Tú, has sido tú, idiota!—siseó ella.

—Weasley, estás haciendo el ridículo. ¿Por qué diablos iba yo a leer tu carta y contestarte?—dijo hipotéticamente Draco, arrastrando las palabras—. Si alguna vez leyese una carta escrita por ti, la echaría al fuego antes de perder mi tiempo en darte una respuesta.

Harry, molesto, chasqueó la lengua a Draco en advertencia.

Las mejillas de Ginny se hincharon, enrojeciendo espectacularmente.

—Entonces, ¿quién coño ha escrito esto?—espetó, cogiendo la carta y mostrándola en el aire.

¡Plaf!

Ambos hombres parpadearon, quedándose boquiabiertos cuando un globo de agua golpeó a Ginny en el lado derecho de su cara, explotando ante el contacto, empapándola de algo que no era agua.

Harry arrugó la nariz ante el asqueroso olor, algo parecido a huevos podridos mezclado con olor de perro mojado, que le llegó a la nariz, tosiendo, colocándose la manga para amortiguarlo.

—Ginny, ¿estás bien?—preguntó, sorprendido.

Ginny farfulló, cayéndole gotas al suelo. Palideció cuando el olor penetró en su nariz, sintiendo náuseas.

—¡No! ¡No lo estoy! ¿Quién diablos ha hecho esto?—replicó enfadada y sus ojos furiosos se posaron en un pequeño chico rubio y de ojos grises que estaba de pie en las escaleras, con la cabeza inclinada hacia la derecha.

—Lo siento, señorita—se disculpó con voz inocente, sus grandes ojos parpadeando—. Se me ha escapado de las manos.

Ambos hombres se dieron la vuelta y Draco sonrió al ver a su hijo. Ah, la inocente mirada "yo-no-lo-he-hecho-y-jamás-podrás-demostrar-que-soy-el-culpable". Podía engañar a cualquier extraño, menos cuando era un Malfoy. Draco vio cómo su hijo no sentía en absoluto haberle lanzado el globo. La pregunta era: ¿por qué lo había tirado? Scorpius jamás había conocido a la comadreja junior, ni lo zorra que era, ni el malgasto de aire que hacía.

—Scorpius, ¿no deberías estar en clase? ¿De dónde has sacado el globo?—preguntó Harry, frunciendo el ceño y con las manos en sus caderas.

—Tío Sev dice que Teddy y yo hagamos un descanso—respondió Scorpius, sonriendo feliz—. El globo es un regalo de tío George.

Ginny estaba furiosa; ¡su propio hermano le había proporcionado al mocoso Malfoy uno de sus juguetes! ¿En qué estaba pensando? La furia y la confusión luchaban la una contra la otra: ¿quién era tío Sev?

—Merlín, Scorpius, ¿qué pusiste en ese globo?—una aguda voz se unió a ellos y Teddy apareció de detrás de la esquina, tapándose la nariz con un pañuelo.

—Sí, es algo que a mí me gustaría saber—sonrió Draco.

Scorpius sonrió.

—Tío Sev me mostró una imagen de una poción de olor y me enseñó cómo hacerla. Dice que lo hice bien—dijo, orgulloso

—¿Snape os está enseñando ese tipo de cosas?—preguntó Harry, sin saber si debía reír o enfadarse.

—¿Snape?—exclamó Ginny, estridente. Ella palideció. ¿Snape? ¿El profesor Snape al que todos los estudiantes de Hogwarts le tenían miedo? ¿El bastardo que les había traicionado? ¿Aún estaba vivo? ¿Cómo era posible? Harry le había dicho que le había visto morir en la Casa de los Gritos. Había sido envenenado por la serpiente de Voldemort; nadie sobrevivía al ataque de ese ser. ¿Por qué no había muerto?

Harry hizo una mueca, volviéndose lentamente para mirar a Ginny. Cierto, se había olvidado de que Ginny no sabía nada de que Snape estuviese con vida. Se rascó el cuello con nerviosismo.

—Sí, es una historia muy larga, Ginny; pero en resumen es que Snape sobrevivió al ataque de Nagini mediante un antídoto. Se ha estado escondiendo todos estos años en su casa hasta que lo encontré con la ayuda de Draco para pedirle que me ayudase en un caso que estaba trabajando—se apresuró a explicar.

Ella lo miró, sorprendida.

—Harry, ¿por qué Snape? Quiero decir; ¡nos traicionó!—parecía herida.

—No es tan sencillo—suspiró, mirándola—. No todo es blanco y negro. Snape tenía sus razones para hacer lo que hizo.

—¿Qué razones pudo tener?—gritó, frustrada.

—Escucha, Ginny, sé que no confías en él, pero no es como si tuvieses que encontrarte con él—la tranquilizó Harry—. Está aquí para enseñar a los niños.

—Pero…—se interrumpió, sorprendida y herida de que Harry le hubiese ocultado algo tan importante para ella.

—¿Por qué no te vas a casa, Ginny? Date un baño relajante, podemos hablar más tarde—murmuró Harry, suave y con cuidado la guió hacia la puerta, sin ver cómo Teddy y Draco sonreían.

En un momento de lucidez se dio la vuelta, saliendo por la puerta.

—Ginny.

Se detuvo abruptamente cuando Harry la llamó por su nombre, dándose la vuelta con optimismo.

—¿Sí, Harry?—preguntó, arrugando la nariz ante el terrible olor. Merlín, ese día no había ido como había esperado.

—Por favor, no le menciones a nadie que Snape está vivo. El hombre no merece que le causen más problemas—habló en voz baja.

Quería protestar realmente, quería ver a Snape en Azkaban por todas las cosas que hizo; pero no podía hacerlo al ver cuán sincera era la mirada de Harry. Encerrar a Snape no sería satisfactorio si perdía a Harry en el proceso.

Ella suspiró, asintiendo.

—Te lo prometo.

—Gracias—sonrió Harry, suavemente—. Que tengas un buen viaje de regreso a casa.

Harry se dio la vuelta para cerrar la puerta; pero no pudo ver a Malfoy enseñándole el dedo medio con una sonrisa burlona.


La furia se instaló en su cara de nuevo. Si no podía sacar beneficio de Snape, iba a hacerle algo peor a Malfoy. Había estado actuando bien durante un largo período de tiempo, pero el momento de jugar había finalizado. Ella conseguiría a Harry, no importaba lo que tuviese que hacer, ni lo sucio que tuviese que jugar.

Ella sonrió, apareciéndose en su casa. Tendría que hacer un poco de investigación antes de dar comienzo a su plan.


Mientras papi estaba hablando con su padre, Scorpius siguió a su hermano mayor de regreso al pasillo, escondido al alcance de la vista y del oído de sus padres.

—¿Lo hice bueno, Teddy?—preguntó Scorpius, esperanzado.

Teddy resistió la tentación de corregir gramaticalmente a Scorpius y en su lugar le revolvió un poco el rubio pelo.

—Lo has hecho muy bien, Scorpius: gracias—sonrió. Siempre recordaría la cara que se le había quedado a Ginny cuando le había dado el globo. Le hubiese gustado poder haber hecho una foto de ello.

Scorpius sonrió, sintiéndose extático al saber que su hermano mayor estaba orgulloso de él. Empezó a saltar junto a Teddy, el cual estaba caminando de vuelta a su improvisada aula.


4 de febrero

Era el día de la cita con el medimago y Harry estaba nervioso, lo estuvo a lo largo de toda la mañana. Había tratado de estudiar un poco más, pero tuvo que dejarlo al darse cuenta de que no había manera de poder concentrarse en la lectura. Así que había reorganizado toda su habitación y la de los chicos, tratando de quemar esa nerviosa energía.

Trató de tranquilizarse todo el tiempo, diciéndose que no había de qué preocuparse, que no había manera de que pudiese estar embarazado. Pero una persistente voz en la parte posterior de su cabeza argumentó que dos personas, ambas muy diestras en pociones, aseguraban que hacían efecto rápidamente, habiendo una alta probabilidad de que llevase un bebé en su interior en estos momentos.

Harry realmente hizo todo lo posible por ignorar esa voz.

Draco veía a Harry paseando por la habitación, meneando la cabeza. Se preguntó si tendría que sedar a Harry cuando llegase el momento de ir a la cita.

Él mismo también estaba nervioso, pero con un toque de esperanza, la misma que se obtiene cuando estás esperando algo agradable. Estaba casi cien por cien seguro que Harry llevaba en su interior a su hijo, no pudiendo esperar al escuchar que sus sospechas fuesen confirmadas. Sólo esperaba que Harry se sintiese tan feliz como él, al enterarse de la noticia.

Le había hablado a Severus sobre la cita, después de obtener un análisis detallado de su padrino; el hombre se las había arreglado para mantener a los chicos alejados durante todo el día con la excusa de que iban a estudiar las plantas en el bosque.

Draco se preguntó cómo iban a reaccionar los chicos cuando se enterasen de que Harry lo estaba. Su hijo se pondría loco de felicidad, pensó con ironía. En cuanto a Teddy, no estaba seguro.


Cuando el reloj señalaba las tres menos cuarto, Draco fue a por Harry, el cual estaba reorganizando sus libros por orden alfabético; le dio unos golpecitos en el hombro.

La cabeza de Harry se giró rápidamente.

—Harry, es hora de irse—dijo Draco en voz baja.

Harry tragó saliva, asintiendo lentamente. Cuando se puso de pie, podía sentir sus piernas temblorosas y tuvo que respirar hondo un par de veces antes de estar seguro de poder caminar sin tropezar.

—De acuerdo, vamos—murmuró, manteniéndose cabizbajo mientras se dirigían hacía la chimenea. Sintió que Draco le cogía la mano, apretándola tranquilizadoramente cuando gritó su destino.


Llegaron a la oficina de Rowland demasiado rápido para el agrado de Harry. Si hubiese sido por él habría dado un rodeo o mejor aún, se hubiese quedado en casa.

Fue arrastrado casi por la mano de Draco, que tenía un extraño brillo en sus ojos; pero Harry no quería saber a qué se debía.

El medimago alzó la vista cuando la pareja entró en su oficina. Se puso de pie para darles la mano.

—Ah, buenas tardes, señores—le dio la bienvenida.

Ellos asintieron, sentándose en las sillas frente al escritorio.

—Buenas tardes—dijo Harry, suave, respirando lentamente.

—¿Qué puedo hacer por usted?—le preguntó Rowland con ojos penetrantes.

Harry volvió a tragar saliva, mirando los blancos azulejos del suelo cuando dijo con voz monótona:

—Necesito que me haga una prueba de embarazo.

Rowland se abstuvo de respirar: ¿no les había dicho que debían tener cuidado, usando protección cuando tuviesen relaciones sexuales? Ah, bueno, no importaba. Si Potter estaba embarazado, sería demasiado tarde para empezar a usar protección.

—Por favor, vaya a sentarse en la camilla y levántese la camiseta—le dio instrucciones Rowland, cogiendo su varita.

Con las piernas temblorosas, Harry se subió a la mesa, sintiendo el crujido del papel bajo su trasero y se levantó la camiseta, mostrando su estómago.

Draco se puso detrás de él, cogiendo su mano con fuerza mientras, frotándola con la de Harry con dulzura.

—Ahora voy a utilizar un hechizo que va a determinar si está o no embarazado—explicó Rowland, levantando su varita, apuntando hacia el expuesto estómago de Harry.

Harry asintió, débil, mirando fijamente la pared tras el medimago, no queriendo mirarlo a los ojos.

Testimonium praegnantis—murmuró Rowland, envolviendo el estómago de Harry en un color azul antes de volverse blanco y desaparecer en una nube de humo.

—¿Y?—preguntó Draco, tenso.

Rowlando trató de captar la mirada de Harry, pero rápidamente se dio cuenta de que era inútil, decidiendo decirle simplemente:

—Bueno, felicidades, señor Potter. Está a sólo unos días de completar el primer mes de embarazo.

Draco no pudo contener su radiante sonrisa, abrazando a Harry firmemente.

—¿Lo has escuchado, Harry? ¡Vamos a tener un bebé!—susurró, emocionado, al oído de Harry.

Sí, lo había escuchado bien. Sólo deseaba que no hubiera sido verdad. Era irreal. ¿Qué iba a hacer ahora?


Gracias por leer y comentar.


Respuesta a anónimos:

-Ricku: Yo creo que no tardo tanto en actualizar: una vez por semana. Sólo que el último mes y pico he estado incapacitado. Bueno, la historia va un poco lenta, pero yo no tengo la culpa, sólo soy el traductor. Estás en todo derecho en dejar de leer la historia. Un abrazo.

-Kasandra Potter: Severus tiene que hacer eso, ya que es el único con dos dedos de frente. Teddy aún está acostumbrándose a Scorpius y ahora, puede que tengan que añadirle otro hermano/a. Concuerdo con lo que dices y esperemos que eso no pase. Espero que hayas pasado unas buenas vacaciones de Pascua. Un abrazo.