Los comentarios han sido respondidos por PM. Los que no tenían cuenta están al final del capítulo.

Gracias por esos 569 comentarios.


Traducción autorizada por FanofBellaandEdward

Disclaimer: Harry Potter es propiedad de J. K. Rowling, Bloomsbury Publishing, Scholastic Inc. y AOL/Time Warner Inc. La historia pertenece a Melissa, yo traduzco por mero entretenimiento.

Resumen: Después de que Draco se divorciara de Daphne, Scorpius se encuentra en la búsqueda de un segundo papá, ya que Draco le contó que sólo le gustaban los hombres. Luego conoce a Harry y está empeñado en conseguirle como segundo papá. ¿Lo logrará?

Traductor: DarkPotterMalfoy

Beta: FanFiker-FanFinal.


Notas de traductor 1. Siento mucho el retraso en subir el capítulo, pero he pasado dos semanas con trabajos y exámenes. De verdad, lo siento. El capítulo estaba listo desde el domingo y pensaba que había actualizado, pero viendo que no me llegaban comentarios, me he dado cuenta de que no.

Notas de traductor 2. Siento tener qué decir esto: voy a retrasarme en las actualizaciones. Estoy en la recta final del curso y me estoy jugando pasar limpio el año que viene. Intentaré volver a actualizar los días que correspondían, pero ahora mismo no puedo prometer nada. De verdad, perdonadme por mi falta de compromiso. Sin más dilación, os dejo con el capítulo.


Este capítulo va dedicado a Acatha-27, por el maratón de comentarios que me ha dejado.


Capítulo 34

4 de febrero

—Han tenido suerte de que su embarazo haya sido descubierto en una fase temprana—dijo Rowland con calma, dirigiéndose a su escritorio; cogió una hoja de papel y empezó a escribir algo en ella—. Aquí tienen la lista con las pociones que tendrá que tomar a partir de ahora hasta el octavo mes. Puede encontrarlas en cualquier botica. También necesito que vuelva en dos semanas para asegurarme de que el feto se ha asentado completamente en el vientre y no fuera de él.

Draco lo miró, alarmado. ¿Podrían perder al bebé por ello?

Rowland continuó apresuradamente:

—Aunque eso sólo ocurre cuando no se toman las pociones necesarias que son necesarias en la etapa del embarazo. Si empieza mañana con las pociones no tendrá que preocuparse por la revisión de dentro de dos semanas.

Mecánicamente Harry aceptó el papel doblado y se lo metió en el bolsillo. Sin asimilar aún los recientes acontecimientos, le estrechó la mano a Rowland y siguió a un emocionado Draco fuera de la oficina. Vagamente se dio cuenta de que Draco le había cogido la mano, llevándolo a través de la red flu.

Eran casi las cuatro, pero Draco se acordó de que Severus le había dicho que estaría de regreso con los chicos a las seis, con lo que tenía dos horas para hablar con Harry sobre el bebé.

Llevó a su silenciosa pareja hacia el sofá y lo sentó suavemente. Repasando la lista de pociones, pensó que podía pedirle a Severus que las fabricase.

—Harry, ahora sí que tenemos que hablar—comenzó, serio. Esta vez no desistiría, dejando que Harry se escapase a algún lugar remoto de la mansión. Hablarían de la situación y lo harían ahora, sin excusas.

Harry suspiró, reclinándose contra el respaldo del sofá.

—¿Qué vamos a hacer ahora?—murmuró con los ojos en blanco mirando al techo.

Draco dudó. Era evidente que Harry no estaba contento con el hecho de estar embarazado y siendo honesto, lo confundía. Siempre pensó que Harry era el tipo de hombre familiar que le encantaría tener muchos hijos. Ahora tenían la oportunidad de tener uno propio. ¿No estaba Harry feliz por ello?

—Hm, pensé que podíamos quedarnos con el bebé—murmuró, su felicidad esfumándose lentamente ante la fría pregunta de Harry.

Los ojos verdes lo miraron con sorpresa.

—¿Quedárnoslo?—repitió Harry, débil—. ¿Hablas en serio?

—Sí, ¿por qué no? Es nuestro—respondió Draco con la voz cada vez más fuerte. ¿Por qué estaba mal querer quedarse con el bebé? Era algo de ambos, algo creado por amor. La forma en la que se había quedado embarazado Harry no le importaba, lo único importante era la llegada de un hijo de ambos.

—Draco, sólo llevamos unos meses juntos, ¿no crees que es demasiado pronto para tener un hijo?—suspiró Harry, pasándose la mano por el pelo a causa de la frustración.

Draco tragó saliva; habían sido las mismas palabras que Severus le había dicho unos días atrás ante la posibilidad de que Harry estuviese embarazado. ¿Cuándo había decidido Harry ponerse del lado de Severus? Él no sabía que Severus le había dicho lo mismo a Draco, pero aún así cayó en el hecho de que a Harry no le hacía gracia la idea.

—Si hubiésemos sido unos desconocidos cuando empezamos esta relación, entonces sí, probablemente habría sido muy pronto—comenzó Draco suavemente. Si mantenía la calma, explicándole a Harry su punto de vista sobre el embarazo, entonces seguramente Harry se daría cuenta de que el bebé era algo bueno—. Pero Harry, nos conocemos desde que tenemos once años. De acuerdo, no nos llevábamos bien en ese momento, pero nos conocemos muy bien. Y tenemos dos hijos. No es como si no supiésemos nada sobre paternidad.

—Pero éste sería uno nuestro y es algo totalmente diferente—respondió Harry con los dientes apretados.

—Entonces, ¿qué es lo que quieres hacer?—preguntó Draco en voz baja, temiendo la respuesta. No estaba seguro de querer escucharla. ¿Y si era algo que prefería no oír?

Harry dejó que sus manos cayesen sobre el sofá de nuevo con un suave "plof", haciendo un sonido sordo.

—No lo sé, Draco. Tengo que pensar en ello—lo miró, suplicante—. ¿Podemos hablar más tarde? Quiero despejarme un poco.

Draco suspiró, recostándose en el sofá.

—¿Después? No podemos ignorarlo para siempre, Harry.

—Sé que no puedo. Sólo te estoy pidiendo un poco de tiempo para que yo pueda pensar en ello—respondió Harry de nuevo con calma—. Poder llevar bebés en mi interior no es algo con lo que he estado soñando toda mi vida. Es sólo… algo difícil de digerir.

—Pero vas a tomarte esas pociones, ¿verdad?—preguntó Draco en busca de consuelo. Sería tan fácil para Harry no tomarlas, teniendo graves consecuencias, pero ¿Harry querría hacer frente a eso?

No. Harry nunca haría algo que pudiese poner la vida de su hijo en peligro. No querría perderlo, ¿verdad?

Lo terrible de todo ello era que Draco ni siquiera podía estar seguro. Estaba emocionado ante la perspectiva de otro hijo, pero Harry obviamente tenía otras ideas. La última palabra la tenía él para decidir qué hacer con el bebé. Después de todo era él el que lo llevaba. Lo único que podía hacer era esperar a que Harry se diese cuenta de que ese bebé era lo mejor que a ambos les podía haber pasado. Le enfermaba saber que su felicidad estaba completamente en manos de Harry.

Con una decisión, Harry podía romper su corazón.

El moreno salió de la habitación y Draco se quedó, preguntándose si su relación iba a sobrevivir si decidía no tener al bebé.


El moreno se dirigió a su habitación. Tal vez no era el mejor lugar para esconderse con sus pensamientos, pero no podía decidirse a buscar un lugar más aislado.

Estaba muerto de cansancio. Se dejó caer en la cama y se quedó mirando el techo. No había nada que negar. No había manera de poder seguir pensando que no estaba embarazado. ¿Qué debería hacer ahora? La ventaja de mantener al niño vivo no pesaba tanto como perderlo.

No podía pensar en lo negativo de mantener al bebé. Estaba el hecho de que Draco y él no llevaban mucho tiempo juntos. Claro que se conocían desde los once años, pero eso no contaba en realidad. Hasta hace unos meses, había querido maldecir a Draco. ¿Y si él y Draco se separaban en unos años? Sin el bebé podría desaparecer de la vida de Draco y no tener que volver a verlo más. Pero con el niño había un montón de problemas como el derecho a visita. Nunca cortaría lazos con Draco por completo si tenían un hijo juntos.

De acuerdo, tal vez no era algo muy saludable pensar en una posible ruptura. Era feliz con Draco ahora, no había ninguna razón para pensar que en unos años sería diferente.

Aún estaba ese asesino suelto. Ese hombre era la razón por la que llevaba un niño ahora. Harry dudaba del motivo por el cual el hombre quería que fuese feliz. Así que si seguía con el bebé, estaría jugando con los movimientos del asesino. Era algo que no quería pensar.

Sin embargo, también era justo pensar en los aspectos positivos del embarazo. Aunque no se le ocurrían demasiados. Cuando era joven había soñado con tener uno propio. Sin embargo se imaginó tener un hijo propio, gestado por su esposa, no por él. ¿Era normal que un hombre estuviese embarazado? ¿Por qué él era el único que lo veía de ese modo? ¿Por qué Draco no podía pensar más racionalmente?

Harry suspiró y se sentó, apoyándose contra la pared. En realidad se sentía culpable al recordar lo feliz que estaba Draco con la noticia. Había tenido miedo de que Draco se disgustase con él al saber que podría estar embarazado y aunque sintió alivio al no verlo disgustado, sino todo lo contrario, eso no significaba que todo estuviese bien.

No quería tener al bebé sólo para hacer feliz a Draco. ¿De qué serviría? En el peor de los casos, se resentiría de su propio hijo y era algo que no quería. Ningún niño merecía ser rechazado por su propio padre.

Hablando de padres, de repente se preguntó cómo habrían reaccionado los suyos al saber que estaba embarazado. ¿Estarían contentos de tener un hijo? ¿O lo odiarían, viéndolo como un bicho raro? ¿Lo habrían aceptado, incluso a Draco? En momentos como ese, deseaba haber conocido a sus padres, o que por lo menos Sirius y Remus aún estuviesen con vida.

Sirius probablemente lo hubiese matado por elegir a Draco. O simplemente lo hubiese castrado.

Una seca risa escapó de la garganta de Harry. Podía imaginar la sorpresa en la cara de Sirius cuando le dijese que estaba embarazado de Draco. Probablemente su padrino se hubiese desmayado.

Harry gimió, dejando que su cabeza golpease la pared. Recordar a su familia le ponía de buen humor, pero eso no le ayudaba con su problema actual.

Esto se estaba poniendo peor. ¿Cómo se suponía que iba a tomar una decisión ahora? Lo que decidiese hacer, afectaría a su vida, no podía decidirlo esa noche.

Sus ojos verde esmeralda miraron a través del cuarto, observándolo todo. Se detuvieron en una vasija de piedra de forma redonda y se agrandaron: un pensadero. Aún contenía los recuerdos de sus padres.

Sí, eso era lo que iba a hacer esa noche. Se olvidaría del embarazo y simplemente vería alguno de los recuerdos de sus padres, sería bueno para distraerlo.

Se puso de pie, caminando hacia la vasija. Después de que las vacaciones hubiesen terminado, había cogido el pensadero, colocándolo en su habitación. Se había sentido mucho mejor al tener los recuerdos de su familia cerca de él.

Harry respiró hondo, hundiendo la cabeza dentro de la vasija y los recuerdos giraron a su alrededor, esperando a ser elegidos. En realidad, no miraba ninguno, escogió una memoria al azar.

Sus pies tocaron el suelo de madera y miró a su alrededor, encontrándose en una sala de estar acogedora. Había una alfombra roja situada en frente de la chimenea y las llamas se reflejaban en las ventanas. Sólo había una puerta que daba al pasillo. Un sofá colocado contra la pared y dos sillones frente a él, los tres de color rojo. Una estantería estaba de pie al lado del reloj de su abuelo. Mirándolo, se dio cuenta de que era tarde, pero no pudo distinguir qué hora era.

Se asustó cuando un hombre de pelo oscuro entró de repente en la estancia, sentándose en un sillón. Harry estaba mirando a James Potter.

Los ojos marrones de su padre miraban hacia la puerta e impaciente, daba golpes con el pie.

—¡Lily, vamos! ¡Date prisa!—resopló, cruzándose de brazos.

—¡Eres un maldito impaciente, James! Merlín, ni que tuvieses que esperar años—una mujer de pelo rojo resopló, mirando a su marido cuando entró en la sala de estar.

Harry no podía pensar en nada más que en que ella era preciosa. Su largo pelo rojo y llameante (mucho más brillante que el pelo anaranjado de los Weasley), caía sobre su espalda en sueltos rizos. Sus grandes ojos verde esmeralda se suavizaron al mirar a su marido y una sonrisa se impuso en su hermoso rostro.

Cruzó la habitación rápidamente, sentándose en el regazo de James y Harry deseó fervientemente que no empezaran a besarse. Era algo que no quería ver de sus padres.

—Bueno, hoy he ido a ver a Poppy—empezó Lily.

James puso sus brazos alrededor de su cintura, mirándola ansioso.

—¿Y qué te ha dicho?

Lily puso su cabeza sobre la frente de James, sonriendo aún más.

—Ha dicho que es mejor que me cuides de ahora en adelante, papá.

James sonrió y abrazó a su esposa con fuerza, besándola apasionadamente. Colocó su mano sobre el estómago de su esposa, mirándola asombrado.

—¿Quieres decir que vamos a tener un bebé?—preguntó sin aliento.

Lily asintió con la cabeza, besándolo de nuevo.

—¡Sí, estoy de poco más de dos meses!—ella le dijo, emocionada.

—¡Vamos a celebrarlo!—declaró James, poniéndose de pie y su esposa siguiéndolo, sonriendo todo el camino.

El recuerdo finalizó allí y Harry no pudo evitar preguntarse en el fondo de su mente, cómo Snape había conseguido ese recuerdo en particular.

Se tragó el nudo alojado en su garganta. Sus padres parecían felices al saber que Lily estaba embarazada de él. Parecían que no podían ser más felices en ese momento.

Tragando, eligió otro recuerdo.

Esta vez estaba en algún lugar de un jardín, el sol cayendo sobre él. Sus padres estaban sentados en la hierba; su madre apoyada en el pecho de su padre, mientras él acariciaba su crecido estómago.

A ellos se unieron unos jóvenes Sirius y Remus. Los ojos de Harry se agrandaron al verlos tan jóvenes. La guerra había hecho algo más que limitarse a quitarle la vida de sus amigos; literalmente, los había envejecido.

Sirius se inclinó para hablar con el vientre de Lily.

—¿Y cómo está mi ahijado hoy?—susurró, colocando sus manos sobre el protuberante estómago.

Lily se echó reír, una risa tan suave que hizo que inconscientemente Harry se relajase. Su madre tenía una risa muy agradable.

—Lo está haciendo muy bien, Sirius. Es nocturno como su padre—hizo una mueca—. Me ha mantenido despierta toda la noche con sus patadas.

—¡Sí, eso significa que podremos hacer de él un perfecto merodeador cuando nazca!—sonrió Sirius, pero se cubrió la cabeza cuando fue golpeado por Remus.

—No tiene por qué estar dando tumbos en Hogwarts por la noche, idiota. Se metería en problemas—le regañó Remus.

Sirius frunció el ceño.

—Sólo espera. Hará que su padrino esté orgulloso.

James soltó una risita.

—No tendrá que hacer mucho para conseguirlo.

—¿Qué quieres decir con eso?—preguntó Sirius, sintiéndose insultado.

James abrió la boca para responder, pero la cerró, mirando bruscamente al estómago de Lily.

—Maldita sea, no para de dar guerra—dijo, sorprendido.

Lily puso los ojos en blanco.

—¿En serio?

—Ah, y además de convertirlo en un merodeador, también me divertiré, convirtiéndolo en un mujeriego—se rió Sirius con su risa perruna, frotándose las manos con alegría—. Los trucos que puedo enseñarle… Quiero decir, incluso con la mirada de James, conseguirá más mujeres si sigue mis consejos.

Remus y Lily lo golpearon de nuevo, mientras que James se sentía insultado.

—Hey, ¡soy más atractivo que tú!

—¿Quién dice que va a ser un mujeriego?—dijo de pronto Remus y el pequeño grupo se centró en él. Levantó las manos, defensivamente—. ¿Qué? Puede que sea gay, ya sabes.

James, parpadeó.

—Bueno, si es gay, supongo que estará bien. Vamos a tener que cambiar nuestros consejos un poco, creo—se echó a reír.

Sirius puso mala cara, pero también se rió. Lily, sin embargo, tenía un brillo extraño en sus ojos.

Remus la miró con recelo.

—Hm, Lily, ¿por qué tienes esa mirada?

—¿Te imaginas lo bonito que sería si esperase a su propio hijo?—gritó de repente Lily, aplaudiendo, sorprendiendo a los hombres!—. Oh, ¡la de cosas que podríamos planear! Sería muy divertido ir a comprar ropa de maternidad para el bebé y lo demás. ¡Podría darle consejos!

—Hm, tierra llamando a Lily, ¿quién dice que nuestro hijo será el que lo lleve?—le preguntó James, cauteloso—. ¿Y por qué asumir automáticamente que va a ser gay y ser el pasivo?

Sirius miraba a la mujer, que estaba en estado de shock, mientras que Remus no estaba seguro de si sentirse divertido o perturbado.

Lily agitó su mano con desdén.

—Si sale cómo yo, querrá llevar a sus propios hijos. ¿Te imaginas lo bonito que sería ver a nuestros nietos?—tenía una mirada soñadora en sus ojos—. ¡No puedo esperar a que pase!

—Lily, aún tiene que nacer— señaló débilmente James—. ¿No crees que es demasiado pronto para pensar sobre futuros nietos?

—Nunca es demasiado pronto—insistió Lily.

—Siento lástima por el pequeño—murmuró Sirius a Remus, el cual no podía estar más de acuerdo. Pobre chico, no tendría posibilidad alguna contra Lily.

Harry salió del recuerdo en estado de shock. Salió del pensadero, tambaleándose hacia su cama. Mirar el recuerdo lo dejó temblando. Aún no sabía cómo Snape había conseguido esos recuerdos en particular, ya que no había estado en ellos, pero apartó esa idea de su cabeza.

Sus padres habrían sido felices con la elección de su pareja, al menos con la parte de ser gay. Harry no estaba seguro de que hubiesen aprobado a Draco, pero se consoló ante la idea de no ser odiado por ser gay.

A pesar de que no pudo evitar estremecerse al pensar en la mirada de su madre cuando estaba discutiendo sobre sus nietos, tal vez era bueno para él que ella no estuviese allí para verlo embarazado. Tenía la sensación de que no iba a sobrevivir a ello.

Curiosamente algo se le había removido en el interior al ver a sus padres tan contentos con el embarazo. Habían estado muy contentos de tenerlo, esperando pacientemente que naciese. ¿Había sido planeado o un accidente? Fuese lo que fuese, no les había importado, ya que eran felices mientras su madre lo gestaba. Habían tenido toda la razón al tener miedo de tener un hijo, viviendo en una guerra y con Voldemort pudiendo haber atacado en cualquier momento. Pero eso no les había impedido tenerlo y ser felices con él.

Con las piernas aún temblándole, se puso de pie y miró por la ventana. Incluso en los tiempos de guerra, le habían dado la bienvenida a un niño con los brazos abiertos, a sabiendas de que algo desastroso podría pasarle a ellos. Habían tenido el suficiente valor para ello.

—¿Qué debo hacer?—murmuró Harry, sus verdes ojos mirando al jardín sin fin, aún cubierto de nieve.

Sin darse cuenta, había colocado la mano sobre su estómago, pensando en sus opciones.


Esa noche, durante la cena, Draco se había dado cuenta de lo tranquilo y pensativo que Harry estaba. Se había comido su cena como si fuese un robot, escuchando la conversación de los niños, ofreciéndoles sonrisas y palabras de aliento para que siguiesen hablando. Sus ojos habían estado vacíos todo el tiempo. Podría haber estado hablado con los chicos, pero su mente estaba en otro lugar.

Draco no hubiese querido otra cosa que discutir sobre el embarazo cuando se habían ido a la cama, pero sabía, por instinto, que presionar a Harry para que hablase funcionaría en su contra. El moreno se retraería más dentro de su caparazón y se aferraría, tercamente, a la idea de que un embarazo ahora era la cosa más estúpida que podía hacer. Si no discutía o lo presionaba, podía haber una posibilidad de que Harry quisiese quedarse con él.

Mientras Harry se había ocupado de los chicos, Draco había cogido a Severus para hablar con él sobre las pociones.

Severus sacudió la cabeza, mirándolo con desaprobación, pero asegurándole a su ahijado que haría las pociones para Harry. Aunque sólo fuese para que el moreno no se envenenase.

Los grises ojos siguieron a Harry mientras salía del cuarto de baño, vestido con una camiseta de manga larga y unos pantalones cortos. Por un breve instante, Draco pudo ver el desnudo estómago de Harry, imaginando cómo se vería el moreno con un prominente estómago, con su hijo.

La imagen que apareció en su mente hizo que se ruborizase.

Harry se metió en la cama, pero frunció el ceño cuando vio la cara enrojecida de Draco. Extendió la mano, tocándole la frente suavemente, comprobando su temperatura.

—¿Estás bien? ¿Estás enfermo?—preguntó Harry, preocupado.

Draco lo estiró hacia su pecho, atrapando a su pareja entre sus brazos. Lo besó en los labios suavemente.

—No, no lo estoy; no te preocupes—murmuró discretamente, moviendo su mano hasta cubrir el estómago de Harry.

Harry se dio cuenta de la posición peculiar de la mano, pero no dijo ni hizo nada para disuadirle de ello.

—Buenas noches, Harry—susurró Draco.

Dio un beso rápido contra su clavícula.

—Buenas noches, Draco—murmuró Harry, quedando casi al instante dormido.

Draco se quedó despierto más tiempo, acariciando el pelo de Harry, mirando como su rostro era iluminado por la luna.

—Si sólo te dieses cuenta de lo mucho que me encantaría tener un hijo contigo—susurró Draco, triste y cerró los ojos al fin, tratando de dormir un poco.

Nunca sintió la mano de Harry apretando la suya, la cual estaba contra el estómago del moreno.


5 de febrero

A la mañana siguiente Draco encontró a Harry jugando con las piezas junto a Scorpius, mientras escuchaba a Teddy leer un cuento.

Una vez más Draco contuvo el impulso de preguntarle a Harry sobre el bebé y se dirigió a la cocina, donde se encontró con una bandeja llena de frascos en el mostrador de la cocina. Frunciendo el ceño, leyó la carta que yacía a su lado.

Draco,

He hecho las pociones de Potter. Este lote dura dos meses. Si necesitas más, infórmame con tiempo.

Severus.

Aunque Draco le estaba agradecido por hacer las pociones, no le gustaba la idea de no tener que necesitar más. Severus estaba dándole a entender que sólo utilizarían ese lote de pociones en caso de que Harry no quisiese quedarse con el bebé.

Draco suspiró, guardándose la carta en el bolsillo. Tenía que demostrar a Severus su error. Pero primero tenía que hacer que Harry se tomase la poción.

Regresó a la sala de estar.

—Harry, es hora de la poción—dijo, neutral, esperaba que su voz hubiese sonado así.

Teddy y Scorpius lo miraron preocupado.

—Papi, ¿estás enfermo?—preguntó Scorpius, retorciéndose las manos espasmódicamente.

Harry negó con la cabeza, sonriendo al levantarse.

—No, no lo estoy. Las pociones son vitaminas que tengo que tomar—explicó, dirigiéndose a la cocina, donde se bebió la poción con una mueca.

Draco estaba realmente sorprendido de que el moreno no diese guerra con las pociones.

—Harry…

El moreno lo interrumpió.

—Draco, no. Ahora no—dijo con firmeza, volviendo con los niños.

Se dirigió a su despacho a firmar documentos de algunos conocidos de Europa. Después de firmar tres, sellándolos antes de ponerlos a un lado, sus ojos miraron el calendario colgado en la pared de enfrente. Parpadeó al darse cuenta de que casi era el día de San Valentín.

—Hm—suspiró, echándose hacia atrás en su silla y sus dedos tocando el escritorio. ¿Qué iba regalarle a Harry?

Sus ojos se fueron al cerrado cajón de la derecha. Bueno, tenía un regalo… Pero ¿era demasiado pronto? Por otra parte, Harry ya estaba embarazado… Sólo sería hacer lo correcto.

Draco se removió en su silla, mirando pensativamente el cajón. ¿Se arriesgaría al rechazo? ¿Podría hacerlo?


9 de febrero

Cuando Harry se despertó esa mañana, se encontró con una rosa amarilla colocada en su almohada. Confundido, se apoyó en un codo y la cogió. El dulce aroma llegó a su nariz, haciéndole sonreír suavemente.

Se dio la vuelta para darle un beso a Draco, pero el otro lado de la cama estaba vacía. Se incorporó, notando un papel doblado, esperando en su mesita de noche.

Con curiosidad lo abrió y leyó.

Tú eres… mi amigo,

Mi compañero,

En las buenas y en las malas,

Feliz y triste estés,

A mi lado estás,

A mi lado caminas,

Estás allí para escucharme,

Para hablar,

Con felicidad,

Con una sonrisa,

Con dolor y lágrimas,

¡Sé que estarás ahí por muchos años!

Gracias por darme la oportunidad, Harry. ¡Me aseguraré de que nunca te arrepientas!

Con todo mi amor,

Draco.

A través de su mirada borrosa, Harry sonrió, trazando las palabras con cuidado. Era una cosa muy bonita que Draco le había hecho.

Antes de entrar en el cuarto de baño, con cuidado guardó la carta en una caja y puso la flor en un jarrón. Con una última mirada tierna, se fue a darse una ducha.


Al día siguiente Harry se encontró una rosa blanca colocada entre sus libros junto con otra carta. Al abrirla, encontró un pequeño poema.

La rosa roja susurra pasión,

La rosa blanca emana amor,

La rosa roja es un halcón,

Y la rosa blanca es una paloma.

Las rosas blancas significas pureza e inocencia, así es como yo te describiría. Eres la persona más inocente y pura que jamás he conocido y estoy agradecido de que permitas quedarme contigo cada día.

Con todo mi amor,

Draco.

Tragando con dificultad, Harry la colocó junto a la amarilla, parpadeando para alejar las pocas lágrimas que se habían formado en sus ojos.

Se dio la vuelta y fue en busca de Draco. Era apropiado darle las gracias por el poema y la rosa, después de todo.


11 de febrero

Harry estaba dando un paseo por el jardín, disfrutando del silencio y la belleza de éste, aún cubierto de blanca y pura nieve cuando fue violentamente interrumpido por algo brillante en el aire. Lentamente se acercó a ella y jadeó suavemente cuando una rosa color violácea apareció frente a él con una nota adjunta.

Harry sonrió, emocionado, y extendió la mano, cogiendo la flor y quitando la carta con cuidado. Con el dulce olor de la flor, leyó la carta con una tierna sonrisa.

Esta vez no es un poema, sólo mi confesión. Esta flor representa el amor a primera vista y casualmente el encanto. Puede que no me haya enamorado de ti de inmediato, pero yo sabía desde el momento que nos conocimos a los once años que eras especial y no sólo porque eras el maldito Niño-Que-Vivió. Lamentablemente me llevó tiempo darme cuenta de qué es exactamente lo que me llamó tanto la atención. Supongo que tengo que agradecerle a mi hijo por abrirme los ojos correctamente.

Eres un mago, pero no tienes que usar la magia para hechizarme. Tu personalidad y apariencia era todo lo que necesitaba y no puedo esperar para saber más de ti.

Te quiero, Harry, y te doy las gracias por alegrarme la vida.

Con todo mi amor,

Draco.

Harry presionó la carta contra su pecho y unas cuantas lágrimas cayeron sobre la rosa. Se rió débilmente, sacudiendo la cabeza. ¿Quién diría que Draco era tan romántico?

Aún no sabía el motivo de que Draco le enviase esas rosas y el rubio no quería decírselo, alegando ser el preludio de algo más grande. Al principio Harry no había entendido por qué iba a recibir un regalo hasta que vio la fecha. Faltaban pocos días para San Valentín y el moreno había sido presa del pánico al no saber qué regalarle a Draco. Había estado pensando cuál sería el regalo más adecuado, pero no se le ocurrió nada. Sabía que Draco no esperaba un regalo de él, pero se sentiría culpable si no le regalaba nada.

El regalo tenía que mostrar que Harry le quería. ¿Qué clase de regalo podía ser?

Además, también había estado pensando en el bebé. Había estado dudando entre tenerlo o no. Por una parte sabía que era mala idea quedárselo mientras que el asesino estuviese suelto, esperando su oportunidad, pero por otra parte, no quería matar a su propio hijo. Si abortase, sentiría que él lo había matado. El pensarlo le hizo sentirse incómodo.

Además, había visto a Draco mirar su estómago con una mirada tierna y había sentido su mano acariciando su estómago por la noche. Draco pensaría que no se iba a dar cuenta, pero Harry lo hizo y por alguna razón, su corazón bombeaba con fuerza.

El hecho de que Draco fuese muy feliz con el embarazo, hizo que Harry pensase más en su decisión. Si tenía que ser sincero, tenía que admitir que la mera idea de llevar a su hijo tenía cierto atractivo. Aún no había tomado una decisión.

Poco a poco regresó a casa, con la carta y la rosa en su pecho.

Cuando entró en el pasillo, sin embargo, sintió el ambiente tenso. Frunció el ceño, colocando la carta y la rosa en una pequeña mesa contra la pared, acercándose aún más.

Ginny estaba de pie en el pasillo, temblando y llorando en silencio mientras Draco la miraba con disgusto.

Harry inmediatamente se dirigió hacia ella. La cogió de la mano, quitándole algunas lágrimas.

—Ginny, ¿qué te pasa? ¿Ha pasado algo? ¿Por qué lloras?—le preguntó, preocupado.

—Tengo… tengo que decirte algo—gritó Ginny suavemente, hundiendo la cara en el pecho de Harry.

Harry frunció el ceño y miró a Draco, el cual miraba con vehemencia a la mujer de pelo rojizo.

—Vamos, Ginny, vamos a la sala de estar.

La condujo lentamente y la sentó en el sofá, colocándose a su lado.

Draco entró también, apoyado en la puerta con los brazos cruzados.

—¿Puede irse Malfoy?—le susurró Ginny con la voz rota.

—¿Por qué debo hacerlo cuando eres tú la que está molestando?—espetó Draco, enfadado.

Los ojos de Harry brillaron peligrosamente.

—Draco, sólo tienes que esperar en el pasillo. Te prometo que no será mucha la espera.

Draco lo miró con los ojos entrecerrados, pero se dio la vuelta bruscamente, saliendo de la estancia

—Dime que ha pasado, Ginny—repitió la pregunta Harry.

Temblando y sollozando, Ginny le dijo:

—Yo no quería tener que decirte esto, pero no quiero que a ti también te haga daño.

—¿Quién va a hacerme daño?—preguntó Harry, confundido.

—Malfoy—lloró más fuerte—. Él… Él me mandó una carta hace unos días, diciendo que quería hablar conmigo, pero cuando… cuando fui él… él…

—¿Qué?—tenía la sensación de miedo colocado en su estómago. ¿Draco le había hecho daño? ¿La había maldecido? Pero había algo que no cuadraba. Hace unos días. Si su memoria no fallaba, Draco no había salido de casa. ¿Por qué iba a quedar con Ginny?

—Él… él… me violó—susurró Ginny en un frase casi inaudible.

Harry se quedó helado, sus ojos verdes se entrecerraron, mirando la pared opuesta. ¿La violó? Era una acusación muy seria. Si Ginny lo denunciaba, el Ministerio encerraría a Draco en Azkaban sin pestañear. Draco estaba tratando de limpiar el apellido Malfoy, pero eso no significaba que la gente se hubiese olvidado del bando que cogieron en la guerra. Uno tenía que denunciar a Draco y éste no tendría una segunda oportunidad.

Harry se quedó mirando la cabeza inclinada de Ginny. Parecía tan sincera, pero Harry no podía creer que Draco hubiese hecho algo tan horrible como eso. No tenía ningún sentido. ¿Por qué iba a querer conocer a Ginny y después violarla? La odiaba y el moreno no podía mencionar su nombre sin que comenzase a escupir fuego por la boca. No era posible que la hubiera violado. Draco no era una persona terrible. ¿Sabía Ginny a lo que estaba jugando al decir esas cosas?

—¿Puedes probarlo?

Ginny se sobresaltó al escuchar la fría voz de Harry. Ella lo miró, sorprendida. ¿Por qué le pide tal cosa? ¿Por qué no la cree de inmediato? Tendría que estar consolándola, dejando a Malfoy y consiguiendo que lo encerrasen en la cárcel.

—Harry, ¡yo… yo juro que no estoy mintiendo!—sollozo, frotándose las manos nerviosamente.

Harry se recostó en el sofá, con los brazos cruzados, mirándola calculadoramente.

—Entonces no hay ningún problema con que me enseñes esa prueba.

—¿No me crees?—preguntó, sorprendida.

—Ginny, si deseas acusar a Draco de una violación, tienes que aportar pruebas. Al tribunal le gustaría verlas antes de hacer un juicio contra Draco—respondió Harry, impaciente.

Ginny miró a Harry con furia.

—¡De acuerdo! ¡Te daré el recuerdo!

—Bien, voy a por el pensadero—dijo con calma Harry y se levantó—. Quédate aquí, vuelvo en un minuto.

Harry salió de la sala, cerrando la puerta tras él. Se dio la vuelta para ver a Draco apoyado contra la pared.

—¿Qué te ha dicho?—preguntó Draco, intentando mantener la calma.

Harry alzó una ceja y fue hacia las escaleras.

—Dice que hace unos días la violaste.

—¿Qué?—lo miró, sorprendido, Draco—. ¿Cómo? ¿Qué? ¿Qué cojones? ¡Ni aunque fuese la última mujer del mundo, no la tocaría ni con un palo! ¡Tienes que creerme!

—No te preocupes, sé que no harías algo así—le aseguró Harry, caminando a su habitación, mientras Draco lo seguía—. No sé por qué te acusa de eso, pero esto es ir demasiado lejos. ¿Por qué hacer algo tan horrible?—sacudió la cabeza con asombro—. Ella sabe que jamás saldrías de Azkaban con vida si denunciara.

—¿Aún no te has dado cuenta, Harry?—se burló Draco—. Esa maldita perra te quiere para ella sola. Me lo dijo la última vez que no reunimos en ese pub. Cuando te fuiste al baño, me dijo que disfrutase del tiempo que tenía contigo—se cruzó de brazos—. Sin embargo, nunca pensé que llegaría tan lejos—frunció el ceño. Miró a Harry—. ¿Qué vas a hacer ahora?

—Ella me va a dar la prueba—sonrió Harry levemente y alzó el pensadero—. Tenemos que detenerla antes de que vaya a los tribunales. Si cree que me puede engañar, es evidente que no me conoce.

Draco lo detuvo cuando quiso salir de la habitación. Harry lo miró sorprendido.

Draco lo besó suavemente.

—Gracias por creer en mí y no en ella—susurró.

—Draco, eres mi pareja. Incluso si fueses un bastardo arrogante como en la escuela, nunca harías daño a una persona de esa manera—contestó Harry, aprontándole la mano—. Yo sé que la habrías hechizado.

Draco se rió secamente.

—Además, dijo que la violaste hace unos días, lo cual es imposible ya que nunca has salido de casa—continuó Harry, mientras volvía a la sala de estar.

Entró en la habitación con Draco siguiéndole. Giinny se tensó cuando vio a Malfoy cerrar la puerta.

—¿Qué hace él aquí?—preguntó con la voz temblorosa. No podía dejar de maldecir interiormente. ¿Por qué Harry era tan difícil? Tendría que estar ayudándola ahora, aturdiendo a Malfoy y llevándolo al Ministerio.

—No le prestes atención a él. Por favor, deja caer el recuerdo en el pensadero—instruyó Harry, señalando el objeto sobre la mesa.

Mirando al suelo, cogió su varita y retiró el recuerdo de su mente, concentrándose en él fuertemente para que todo estuviese ahí.

Mientras Harry esperaba a que estuviera listo para poder empezar, ni él, ni Draco o Ginny notaron que la puerta se abría y dos pequeños se les unían.

Teddy frunció el ceño al ver a Ginny sentada en el sofá con los ojos hinchados y enrojecidos, y se preguntó qué estaba tramando ahora. No podía tirarle otra poción ya que sería obvio que habría sido adrede.

Junto a él, Scorpius ladeó la cabeza hacia la izquierda, confundido por la presencia de ella.

Quería abrir la boca para preguntarle a sus padres, pero fue silenciado por una mirada de advertencia y una mano de Teddy sobre su hombro. Su hermano mayor sabía qué hacer; se mantuvo en silencio, mirando el recuerdo con fascinación.

El Draco del recuerdo tenía el rostro contraído de un enfermo placer mientras obligaba a Ginny a quitarse la ropa, con la varita colocada en su garganta. La Ginny del recuerdo estaba sollozando y temblando, pero seguía las órdenes. El recuerdo finalizó en el momento en el que Draco empujaba a Ginny contra la cama antes de forzarla.

—¿Ves? ¿Satisfecho ahora?—se burló Ginny—. Ya tienes el recuerdo.

Harry miró a Draco. Pensó que Ginny no había sido capaz de lograr un recuerdo acusatorio claramente falso, pero se había equivocado. Nadie más que él y Draco eran capaces de decir que era falso. Y la razón por la que sería capaz de decir que era mentira, era porque Draco había estado con él todo el tiempo, ¿Cómo se suponía que iba a salvar a Draco?

—Papá no lleva ese feo color.

Harry y Draco se asustaron cuando escucharon la clara y alta voz de Scorpius tras ellos. Se dio la vuelta, mirando a los niños de pie delante de la cerrada puerta.

—¿Qué quieres decir, Scorpius?—preguntó Harry, confundido. ¿Cuánto había visto?

Teddy estaba mirando a Ginny y sabía que mentía. ¡Intentaba conseguir a su padre de nuevo! ¿Por qué no podía darse por vencida?

Scorpius, con el dedo meñique, señaló en el pensadero.

—Papá nunca lleva el color púrpura. Dice que le da un aspecto feo—repitió.

Harry lentamente se volvió hacia Ginny, la cual había enrojecido.

—¿Por qué me miras de esa manera?—le preguntó, nerviosa.

—Si Draco no usa ese color, entonces, ¿por qué lo lleva el de tu recuerdo?—preguntó Harry, cruzándose de brazos.

—¿Cómo voy a saberlo?—gritó Ginny de repente, haciendo saltar a los niños—. ¿Por qué no me crees, Harry? ¡Te he dado el recuerdo!

—Bueno, si el recuerdo es verdadero, entonces no habrá problema en decir esto de nuevo bajo los efectos del Veritaserum—respondió Harry con calma—. Vas a tener que hacerlo ante el tribunal durante el juicio.

Ginny palideció y se calmó. No había pensado en eso. Si la hacían bebérselo, no sería capaz de mentir. Sabrían que no había dicho la verdad. Había pensado que el plan era perfecto: Harry era un verdadero Gryffindor, y al serlo la habría creído al decirle que Malfoy la había violado. Después de todo, Harry sólo llevaba saliendo con Malfoy unos meses y con ella estuvo años. ¿Seguramente la habría creído antes que a él? Entonces, ¿por qué tenía la sensación de que todo se estaba derrumbando?

—Draco, haz el favor de llevarte a Teddy y Scorpius—dijo Harry en tono neutral—. Ginny y yo tenemos que hablar.

El rubio rápidamente cogió a los niños de la mano, llevándoselos fuera y cerrando la puerta tras él y lanzando un hechizo silenciador en caso de que Harry empezase a gritar.

—Draco, ¿Por qué salías en ese tipo de recuerdo?—le preguntó Teddy, estudiándolo—. Nunca le harías algo así a ella, ¿verdad?

Negó con la cabeza, guiando a los chicos a las escaleras.

—Por supuesto que nunca le haría algo así. No puedo ni mirarla y mucho menos tocarla. Sólo es otro sucio truco de ella para quitarme a tu padre.

Teddy se detuvo en medio de la escalera.

—Pero papá no la cree, ¿verdad?—preguntó, dudoso.

—No, gracias a Merlín. Finalmente se ha dado cuenta de quién es en realidad—sonrió Draco—. Me hubiera gustado quedarme allí y ver su cara cuando Harry se enfrente a ella.


—Ginny, ¿por qué has hecho algo así?—suspiró Harry, mirándola—. Y no te atrevas a decirme que estás diciendo la verdad. Además, Scorpius ha dicho que Draco jamás se pondría ese color y yo sé que él no ha salido de casa en días. Nunca te ha visitado.

Ginny se enfadó, apretando los puños.

—¡Porque te quiero! ¡Quiero que vuelvas! ¡Malfoy no te merece! ¡Todo lo que hizo fue herirte en la escuela!—abrió la boca con ira.

—Puede, pero decidí perdonarlo—sus ojos fríos verdes la miraban con desprecio, haciéndola temblar de miedo. Harry nunca la había mirado de esa manera antes—. Él no fue el que me engañó con seis hombres. Él no estaba conmigo por mi dinero y fama. El ve mi verdadero yo y no a Harry Potter, el héroe.

—¡Pero no estaba contigo por tu dinero o fama! ¡Yo te veo de verdad!—protestó—. ¿Por qué no te das cuenta de que estamos hechos el uno para el otro? Sí, cometí errores en el pasado y te juro que me arrepiento de ellos. Te quiero con todo mi corazón, Harry y sólo quiero hacerte feliz. ¿No quieres tener más hijos?—preguntó, sabiendo muy bien que Harry era un hombre de familia y amaba a los niños.

—Claro que quiero tener hijos—respondió con calma, manteniendo un férreo control sobre su magia. Se moría de ganas de atacar con furia a la mujer, para hacerle daño y por hacerle daño a Draco. Apenas lo lograba. ¿Cómo se atrevía a afirmar que lo amaba al tratar de acusar a Draco de algo tan terrible? ¿Cómo se atrevía a decirle que quería hacerle feliz mientras ella había sido quién lo había engañado?

—Entonces, ¿por qué no vuelves conmigo?—preguntó Ginny, esperanzada—. ¡Te daré todos los hijos que quieras!

—No quiero tener hijos contigo—respondió con frialdad—. Quiero tenerlos con Draco.

Ginny rió ásperamente.

—Harry, seguro que te has dado cuenta de que eso es imposible.

—¿Alguna vez has escuchado hablar sobre las pociones de embarazo?—replicó Harry. Los ojos marrones se abrieron de sorpresa—. No me puedo creer que nunca te haya visto como eres realmente. Draco tenía razón en no confiar en ti. Te di una segunda oportunidad, creyendo que habías cambiado para mejor y ¿ahora me vienes con esas? Estás enferma. ¿Te das cuenta de que Draco no saldría de la cárcel si lo acusas falsamente ante el tribunal?—cerró los puños, todo su cuerpo temblando de rabia.

Ginny se burló, sus ojos marrones se volvieron fríos como el hielo, llenos de odio.

—¡Claro que lo sabía! ¡Era el maldito punto de toda esta mierda!—gritó, furiosa—. ¡Él no te merece! ¡Debería estar encerrado en Azkaban, al igual que sus padres!

Harry sacó su varita y la mantuvo cerca del pecho de ella, dejándola paralizada.

—Voy a darte la oportunidad de irte y no volver a meterte en mi vida—susurró peligrosamente—. No quiero ver tu cara nunca más, ni tampoco escucharte. Si denuncias ante el tribunal, vivirás para lamentarlo. Si intentas herir a mi familia de nuevo, haré de tu vida un infierno.

Por primera vez Ginny entendió finalmente el motivo de que cada mago oscuro pensase dos veces antes de atacar a Harry. Ella podía ver por qué Harry había sido capaz de matar a Voldemort. Tragó saliva, dispuesta a renunciar a su amor por el momento.

—Pero Harry, por favor…—suplicó, extendiendo los brazos.

—Un minuto, Weasley. Un minuto es lo que te voy dar para que salgas de esta casa y desaparezcas de mi vida antes de que te enseñe cuántos hechizos y maldiciones aprendí en mi carrera de auror—la advirtió.

Con el corazón roto, finalmente se dio cuenta de que nunca tendría una nueva oportunidad con Harry. Con la culpa pesándole, salió corriendo de la casa, anegada en lágrimas. Se apareció lejos, sin importarle el lugar.

Harry respiró profundo y bajó la varita y sentándose en el sillón. No podía creer lo que acababa de pasar. Ginny había intentado acusar a Draco de violación. Ella lo habría destruido. ¿Cómo podía haber hecho eso? ¿Por qué no había visto hasta ahora en lo que se había convertido? ¿Por qué era tan ingenuo?

Levantó la aturdida mirada cuando alguien se arrodilló delante de él.

Draco le cogió la cara, mirándolo con preocupación.

—¿Estás bien? ¿Te ha hecho daño?

Harry negó con la cabeza.

—No, le he dicho que se fuera de casa inmediatamente. Le he prohibido ponerse en contacto de nuevo—exhaló lentamente—. Siento mucho no haberte creído cuando me dijiste que no debía confiar en ella.

—No te preocupes por eso, no podías haber sabido que esto iba a pasar—susurró Draco—. Es una perra loca, nadie se hubiese esperado que intentase algo como esto y estoy feliz de que me hayas creído a mí y no a ella.

Harry colocó sus manos en sus mejillas, sonriendo débilmente.

—¿Qué clase de novio sería si no te creyese?—suspiró—. Fortalece las protecciones contra ella en caso que quiera volver a aparecerse aquí.

—Lo haré—prometió Draco.

—¿Se ha ido la señora?—preguntó Scorpius, preocupado.

Harry se sentó, erguido, haciéndoles señas a los niños.

—Sí, se ha ido; no nos molestará más.

Draco se sentó a su lado, colocando a Scorpius en su regazo y colocando a Teddy en el otro.

—¿Se ha ido para siempre?—preguntó con tranquilidad Teddy, sin poder creer que al fin se hubieran deshecho de ella.

Harry asintió con la cabeza y le dio un beso en la frente.

—Sí, para siempre. Nunca volverá.

Teddy suspiró aliviado, acurrucándose más junto a su padre.

En cuanto los dos chicos se acurrucaron contra él, sintiendo el abrazo de Draco y el tierno beso en su cuello, Harry supo finalmente qué podría regalarle a Draco para el día de San Valentín.


Gracias por leer y comentar.


Respuesta a los comentarios anónimos:


-Paola: Tienes que pensar que Harry lo está pasando mal. Un hombre que ha sido heterosexual, pensando que los embarazos masculinos no eran posibles, volviéndose gay y quedándose embarazado, ¡es para volver loco a cualquiera! A Harry le va a costar relajarse, y no, no es ser necio, es miedo a todo lo que le está pasando. Un abrazo.


-Kasandra Potter: Bueno, ¡a ver qué cara pone! A mí me da igual quién se quede embarazado, siempre y cuando esté bien redactado. Y con respecto al sexo del bebé, me da igual, mientras venga sano. xD. Un beso.