Capítulo 35
Los días siguientes a la marcha de Ginny, Harry estuvo pensando en un regalo de San Valentín para Draco. Podría ir y preguntarle, pero quería hacer algo más que eso. Pero ¿qué podía añadir a su regalo? Tenía que ser algo que pudiese conseguir antes del día de San Valentín, que ya estaba a la vuelta de la esquina.
Suspiró, mirando por la ventana y golpeando el lápiz contra el papel. Tenía otra rosa en esta ocasión, de color rosa, junto a un poema sobre el amor y el aprecio.
Sonrió al pensar en su pequeño regalo. No sabía cuánto tiempo seguiría Draco con las rosas y los poemas, pero no se quejaba.
Sacudiendo la cabeza, tiró el lápiz al suelo con frustración y se pasó las manos por el pelo con saña. Merlín, odiaba hacer regalos. Tenía siempre el mismo problema: cada vez que había una fiesta nunca sabía qué regalarle a alguien. Ahora tenía una parte del regalo, pero quería añadir algo más a él, algo más especial. Pero ¿cómo iba a hacerlo?
Un golpe en la puerta lo distrajo y alzó la cabeza de la mesa, donde la había tenido apoyada.
—¿Sí?
La puerta se abrió para mostrar a Teddy con unos tejanos azul oscuros y un suéter negro. Hoy su pelo era de un rubio oscuro desordenado y sus ojos azul cerúleo.
—Papá, ¿quieres venir a volar conmigo?
Harry parpadeó y sonrió. Ir a volar sonaba excelente en ese momento y siempre le aclaraba la mente, provocando, tal vez, que le viniese una idea después de la sesión.
—Claro, ve a buscar tu escoba.
Teddy sonrió, emocionado y corrió a su habitación, ansioso por poder pasar tiempo con su padre.
Once minutos más tarde, estaban de pie en el gran jardín, ambos vestidos con gruesos abrigos, bufandas y guantes, sosteniendo sus escobas con fuerza.
—Muy bien, Teddy, ¿estás preparado?—sonrió Harry, agarrando con fuerza su escoba.
Teddy asintió, emocionado e inmediatamente saltó sobre su escoba y se elevó, con Harry siguiéndole y riéndose.
Por un breve momento Harry se preguntó de dónde había sacado Teddy su talento para volar, ya que no podía recordar a Remus hablando sobre quidditch y Tonks había sido demasiado torpe como para subirse a una, pero esos pensamientos se desvanecieron rápidamente cuando sintió el viento frío golpear su cara, sintiendo que se le congelaba.
—¿Ya te ha comunicado su decisión?—preguntó Severus, sus oscuros ojos miraban a su ahijado caminar por la oficina.
Draco suspiró y dejó de caminar, apoyándose en la pared junto al escritorio.
—No, la última vez que hablamos del tema fue cuando descubrimos que estaba embarazado. Me dijo que necesitaba tiempo para pensar en ello—respondió, incómodo.
Cada día que pasaba sin escuchar la decisión de Harry con respecto al bebé, le hacía estar más y más ansioso. ¿Y si no quería quedarse con él? ¿Qué debía hacer entonces? ¿Podría ocultar la decepción? ¿Acabaría resintiéndose con Harry por no tenerlo? ¿Tendrían una oportunidad como pareja después del aborto?
—¿Se toma las pociones?—continuó Severus. No sabía cómo consolar a su ahijado. Por una parte consideraba a Draco increíblemente estúpido por querer un hijo tan pronto en esa relación y por otro sabía cuánto quería a los niños. Era algo que no muchas personas sabían y Severus dudaba de que Potter supiese cuánto le gustaban a Draco. Severus no podía entender el motivo de que Draco estuviese encantado con tener otro hijo, cuando tenía a dos corriendo por allí, causando estragos. Pero ¿quién era él para decir nada de los deseos de Draco? A pesar de ese particular deseo, podría arruinar su felicidad y, tal vez, incluso su relación con Potter.
Draco asintió.
—Sí, todas las mañanas. Siempre estoy ahí y se las toma sin quejarse.
Severus alzó una ceja. ¿Se las tomaba sin quejarse? Bueno, es un comienzo. Podía recordar cómo Pomfrey se quejaba todo el tiempo cuando el chico se negaba a tomar medicinas.
—Sin embargo, ¿aún se niega a darte una respuesta decente?—se burló.
Draco frunció el ceño.
—Sólo necesita un poco más de tiempo. No es algo que se pueda decidir en un día—murmuró, cruzándose de brazos.
Severus suspiró y se frotó la nariz. Sentía un dolor de cabeza aumentando.
—¿Todavía quieres que le siga haciendo las pociones?
—¡Por supuesto! ¿Por qué no seguir haciéndolas?— Draco lo miró.
Severus sabía el motivo, pero prefirió callar.
Draco entrecerró los ojos, pero se giró para mirar por la ventana y se quedó helado cuando vio a Harry volando alto en el aire con Teddy. Volaban en círculos y zigzagueando a través del aire.
Draco se sorprendió al ver a su novio volando. ¿Cómo ha podido hacer eso? ¡Estaba embarazado, por Merlín! ¡Las personas embarazadas lo tenían prohibido! La altura podría causar un aborto involuntario.
Furioso, se dio la vuelta.
—¡Será idiota!—siseó, saliendo del a habitación.
Severus alzó una ceja y se levantó para mirar por la ventana. Cuando vio a Potter volando, suspiró y sacudió la cabeza. Sabía que Potter podía ser bastante estúpido, pero ¿tanto? El chico había alcanzado un nuevo nivel de idiotez extrema.
—¡Potter, baja aquí ahora mismo!—gritó Draco, furioso, deteniéndose en el jardín.
Harry se asustó y lo miró. Teddy se sorprendió mucho y casi pierde el control de su escoba.
—¿Papá?—le preguntó, nervioso; nunca había visto a Draco tan enfadado. ¿Por qué estaba tan enfadado con su padre?
—Bajemos, Teddy. Veamos qué le molesta a Draco—murmuró Harry frunciendo el ceño.
Volaron hacia tierra firme y aterrizaron con cuidado. Harry miró a su pareja con cautela, preguntándose cuál era el problema.
—Tenemos que hablar—susurró, cogiendo del brazo a Harry con dureza y tirando de él—. Teddy, ve a jugar con Scorpius—ordenó al muchacho, que estaba helado.
—Pero…—dijo Teddy, vacilante, preguntándose si debía ayudar a su padre.
Harry le hizo un gesto.
—Teddy, ve, sólo vamos a hablar—le aseguró y el chico asintió lentamente, no muy seguro de dejar a su padre a solas con un furioso Draco.
Draco siguió arrastrando a Harry por toda la casa, hasta que llegaron a la habitación que compartían. Lo empujó dentro y cerró la puerta, lanzando un hechizo silenciador en ella. Sus hijos no necesitaban escuchar esto.
—¿Qué pasa ahora?—preguntó Harry, impaciente, colocando la escoba contra la pared.
—¿Qué pasa? ¿Te atreves a preguntar qué mierda pasa?—rió Draco con aspereza, pasando la mano por el pelo en señal de frustración, revolviéndolo.
Harry frunció el ceño y sus manos comenzaron a jugar con las mangas por la incertidumbre. Draco nunca se revolvía el pelo. Las únicas veces que permitía a Harry hacer eso, era cuando tenían sexo. Tenía que haber hecho algo mal si estaba estropeándose el pelo de esa manera.
—¿Draco?—preguntó con cautela, desviando un poco la mirada de los grises ojos que estaban fijos y llenos de furia, puestos en él.
—Estabas volando—siseó entre dientes.
—Bueno, sí, Teddy quería volar y me pidió ir con él—respondió Harry, confundido, apoyándose en su escritorio.
—En serio, Harry, ¿no ves el problema?—preguntó Draco con incredulidad.
Negando con la cabeza lentamente, Harry se mordió el labio.
—No, así que, ¿por qué no te explicas mejor para que pueda entenderte?
—Joder, Harry, ¡estás embarazado!—apretó los puños Draco, con ganas de atacarle—. ¡No puedes volar ahora!
—¿Por qué no?—protestó—. ¿Qué tiene que ver que esté embarazado con que no vuele?
—Volar durante el embarazo puede provocar un aborto involuntario, ¡idiota!—espetó Draco—. ¿Cómo diablos no has podido saberlo?
—¿Qué? ¿Por qué volar va a causar algo así?—preguntó Harry con sorpresa. No esperaba escuchar eso. ¿Al volar realmente podría haber herido a su bebé? La culpa se le instauró, no quería hacerle daño, sólo había querido pasar un poco de tiempo con Teddy. Volar sonaba tan inofensivo.
—¡Por la altura!—respondió, frustrado—. ¿Me estás diciendo que nunca pensaste en esa posibilidad?
—No, Draco, lo siento, realmente no lo sabía—respondió con un hilo de voz. Si lo hubiese sabido antes, le habría dicho que no a Teddy y hubiesen hecho otra cosa.
Draco buscó en su cara alguna señal de que estuviese mintiendo, pero se relajó cuando vio que su novio le decía la verdad.
En realidad, ni siquiera sabía que poder volar podría hacerle perder el bebé. No lo había hecho a propósito.
Se acercó a Harry y lo abrazó, con su cabeza apoyada en el hombro del moreno, frotándole la espalda.
—Bueno, ahora lo sabes. Merlín, ¡no vuelvas a asustarme de esa forma!—le regañó.
Se sorprendió cuando sintió a Harry golpearle y se estremeció; maldita sea, Harry sabía cómo dar un puñetazo. Se echó hacia atrás lo suficiente como para poder mirar a la cara al hombre de pelo oscuro, pero sin dejarlo ir.
Harry lo miraba, enfadado y frunciendo el ceño.
—¡Podrías habérmelo dicho antes! ¡Cómo iba a saber que estas cosas son malas para el bebé si no me las dices?—le regañó, y volvió a pegarle en el hombro.
Draco lo cogió por los puños, impidiéndole que le golpease de nuevo. No quería más moratones.
—Porque pensaba que lo sabías; que era malditamente obvio—puso los ojos en blanco.
—¡Pues no! ¿Y tienes que gritar como un loco? ¡Has asustado mucho a Teddy!—Harry, brusco, luchaba por liberarse.
—Le pediré perdón más tarde—suspiró, besando la frente de Harry—. Siento haberte gritado, pero estaba preocupado.
—Dios, eres un idiota—la voz de Harry sonaba amortiguada debido a que su cara estaba presionada contra el pecho de Draco.
—La estupidez puede ser contagiosa—soltando una risita el rubio, riendo más fuerte cuando Harry lo golpeó de nuevo.
Sus labios se encontraron el uno al otro y sus lenguas se deslizaron acariciándose la una a la otra. Draco sonrió al escuchar los gemidos y sus manos se dirigieron debajo la gruesa capa de Harry, por debajo del suéter para acariciar su espalda.
Harry se arqueó ante el tacto y colocó sus brazos alrededor del cuello de Draco, acercándolo más.
Justo cuando Draco estaba a punto de abrir la chaqueta, Harry se apartó, jadeando un poco.
—Ve a disculparte con Teddy—ordenó, separándose de Draco.
Draco hizo un mohín.
—¿No puede esperar hasta dentro de media hora? Porque tengo otra idea en la que podemos gastar nuestro tiempo—respondió sugestivamente, empujando con fuerza sus caderas contra las de Harry, indicándole exactamente cuánto lo necesitaba.
Harry negó con la cabeza.
—No, discúlpate con Teddy o vas a pasar mucho tiempo antes de volver a hacerlo—amenazó, deslizándose para salir de las apretadas garras.
Los grises ojos se estrecharon.
—Está bien, le pediré disculpas. Pero cuando vuelva, será mejor que ese increíble culo esté en la cama—resopló y se dio la vuelta, saliendo de la habitación.
Harry se rió y negó con la cabeza. Merlín, tenía un novio pervertido. Ah, bueno, no podía rechazar ahora una petición de esa manera, ¿verdad?
Sonrió, quitándose la chaqueta y el resto de la ropa. Se metió en la cama, apoyándose en su brazo derecho, esperando a que Draco regresara.
Era tarde por la noche cuando Harry estaba metiendo a Scorpius en la cama, cuando surgió la idea del complemento para el regalo. Y tenía que agradecérselo a Scorpius.
Harry estaba apoyado de espaldas contra el cabezal con el niño acurrucado contra él, feliz por escuchar a su padre leyéndole.
Era una historia sobre una familia: una madre, un padre y una niña. La madre estaba embarazada y la niña hacía todo lo posible por ayudarla. En un momento determinado, Harry llegó a la parte en la que estaban montando el cuarto del bebé. Quería leer más después de haber descrito el nido, pero fue interrumpido por Scorpius.
—Papá, ¿qué es un nido?—preguntó con los ojos muy abiertos.
Harry parpadeó, pero sonrió.
—El nido es un lugar donde permanece el bebé cuando nace. En ese cuarto están la cama, la ropa, los juguetes y todo lo que necesita el bebé.
—Oh—Scorpius miró a Draco, quien levantó una ceja.
—¿Algo más, Scorpius?
—Entonces, ¿papá y tú vais a hacer uno cuando llegue un bebé?—preguntó Scorpius, curioso, aún con la idea de tener un hermano.
—Hm, supongo que lo haremos, sí—sonrió Harry suavemente antes de volver a la historia. Estaba leyendo pero con la mente puesta en otra lado, pensando en lo que Scorpius le había dicho. Un cuarto para el bebé: sería el regalo perfecto para Draco.
Decidió que miraría algunas revistas y muebles para el cuarto. Si las pedía anónimamente, el público no sabría de su embarazado tan pronto. Harry era lo suficientemente realista como para saber que no podría estar en casa durante todo el embarazo, pero quería ocultarlo lo máximo posible.
Después de todo, prefería guardar su vida privada.
Al día siguiente Harry recibió otra rosa, la cual era de color naranja y cuando leyó el poema adjunto a la rosa, se le instauró un rubor en la cara durante toda la mañana. Draco, claro está, no pudo dejar de burlarse de él sobre ello cada vez que lo veía.
Una vez que Harry se había asegurado de que Draco estaba ocupado con trabajo y los chicos estaban en sus clases con Snape, se las arregló para conseguir varias revistas sobre cuartos de bebé en una de las habitaciones que había estado curioseando unas semanas atrás. Harry solo pudo asumir que pertenecieron a Daphne cuando estuvo embarazada de Scorpius.
Harry podría haberle pedido ayuda a ella para el nido, después de todo lo que había hecho por ellos, pero no sabía cómo contactar con Daphne y tampoco quería que supiese lo del embarazo tan pronto. A pesar de conocerla, ella quizá le contara a Draco los planes, sólo para burlarse de él.
Harry negó con la cabeza y continuó mirando las revistas, seleccionando los muebles que le gustaban. Pasadas dos horas, en las cuales nadie lo interrumpió, por fin había encontrado el nido perfecto. Ahora todo lo que tenía que hacer era pedirlo y especificar que fuese de manera rápida. Eso no debía suponer un problema ya que en la revista decían que los entregaban en veinticuatro horas.
Después de pensarlo un poco, decidió recoger él mismo los muebles. No podía arriesgarse a que Draco lo supiese antes de que estuviese listo como regalo.
Así que, tres horas más tarde, usó un Glamour, alterando su apariencia. Ahora tenía el pelo castaño claro con los ojos marrón oscuro y su cicatriz, por suerte, estaba oculta bajo el pelo.
Se las arregló para escabullirse de la casa sin que nadie lo supiera, a sabiendas de que iba a ser regañado por su pareja y sus dos hijos por salir solo y sin avisar a nadie. Pero si se las ingeniaba para volver lo más pronto posible, entonces nadie se daría cuenta de que se había marchado.
Cuando Draco entró en el dormitorio una hora y media más tarde, se encontró a Harry sentado en la cama con las piernas cruzadas y Draco se apoyó en la pared mientras escuchaba la charla de Scorpius y Teddy.
Sonrió y se unió a su pequeña familia en la cama. Harry lo miró, dedicándole una suave sonrisa antes de volver a prestarles atención a los chicos.
Draco sonrió, pasando un brazo por la espalda de Harry, frotándola suavemente.
Podría acostumbrarse a esa escena familiar.
Catorce de febrero
Cuando Harry se despertó ese día tan señalado, se encontró una rosa roja en la almohada. Se desperezó lentamente, disfrutando de la sensación de tener los músculos estirados después de dormir en la misma posición durante toda la noche, a causa de haber dormido acurrucado en los brazos de Draco.
Riendo entre dientes, cogió la rosa e inhaló profundamente y sus ojos brillaron ante el dulce aroma de la flor.
Colocó la flor con todas las demás y se puso de pie, dirigiéndose al baño para tomar una ducha relajante antes de salir e ir en busca de su amante, preguntándose cuándo sería el momento perfecto para enseñarle el regalo a Draco.
Mientras Harry estaba ocupado dándose una ducha, Draco estaba en el comedor, disfrutando del desayuno. Los chicos estaban sentados a ambos lados de él, comiendo. Ambos estaban un poco adormilados, pero lo suficientemente despiertos como para no derramar la comida en su ropa o en la mesa.
—Papá, ¿tienes un regalo para papi?—preguntó Scorpius, sonriendo y pinchando los pequeños trozos de tortitas cubiertas de chocolate.
Teddy, curioso, esperaba escuchar la respuesta de Draco. Le había preguntado a su padre si tenía un regalo para Draco y éste se había sonrojado, sorprendiendo a Teddy, y había murmurado un rápido sí antes de que el niño pudiese preguntar algo más sobre ese día. El pequeño Lupin no podía dejar de pensar qué era lo que guardaba su padre. No quería sospechar de él y sabía que podía confiar en su padre y que no iba a mentirle, pero las últimas semanas Harry había estado bastante distraído. No era raro que Teddy le hiciese tres veces la misma pregunta a Harry hasta que respondiera. Los últimos días su padre había estado sonriendo discretamente, negándose a decirle a Teddy lo que estaba pensado cuando el muchacho le preguntaba en qué pensaba.
Si pasaba algo malo, su padre se lo diría, ¿no?
Draco sonrió, dando un sorbo a su café.
—Por supuesto que tengo un regalo para él.
Scorpius abrió los ojos y se inclinó sobre la mesa, tratando de acercarse a su padre.
—¿Quieres estar a solas con papá esta noche?—le susurró en tono conspiratorio.
Recordó una noche privada de su padre y su madre cuando fue el día de San Valentín, así que automáticamente había asumido que ahora su papá querría estar a solas también con su papi.
Draco parpadeó ante la atractiva idea de su hijo. Si estuviera a solas con Harry sin las distracciones de sus hijos, sería una noche perfecta…
—¿Te importaría dormir en casa del tío Sev?—sugirió, sonriendo. En cualquier otra situación se hubiese sentido un poco culpable por mandar a los chicos a casa de Severus, pero esa noche era de Harry y él.
Scorpius inmediatamente movió la cabeza, sonriendo, sabiendo que su padre haría feliz a su papi. Teddy estaba un poco más reticente, no muy seguro de dejar a su padre solo. Draco se quedaría con su padre, por lo que supuso que no habría problemas.
—Vale, ¿cuándo nos vamos?—preguntó en voz baja, preguntándose si al estricto profesor le importaría que durmiesen allí. Tenía la sensación de que a ese hombre no le gustaba mucho la compañía.
—Tan pronto como me comunique con Severus, te lo haré saber—sonrió Draco.
—¿Por qué te ríes así?—la voz de Harry sorprendió a todos.
Se dieron media vuelta y Harry se acercó a ellos, aún con el pelo mojado y goteando un poco.
—Oh, por nada—sonrió Draco, cogiendo por el cuello a Harry, tirando de él hacia abajo para besarlo en los labios—. Feliz día de San Valentín.
Harry se sonrojó y miró a los chicos que estaban riendo por lo bajo. Puso los ojos en blanco y se sentó.
—Feliz día de San Valentín para ti también—no podía dejar de sonreír.
—Feliz día de San Valentín, papi—sonrió Scorpius y se bajó de la silla y se fue tambaleándose hacia Harry, dándole un abrazo—. Yo y Teddy iremos a dormir a casa de tío Sev—le informó, excitado.
Harry miró hacia arriba, alzando una ceja.
—Oh, ¿es eso cierto?
—Sí, ¡ha sido idea de Scorpius!—culpó a su hijo sin pensárselo dos veces en caso de que Harry decidiese enfadarse por esa idea.
Teddy rió, colocando ambas manos alrededor de su taza de chocolate caliente.
Harry resopló y miró al radiante chico rubio.
—Bueno, es una buena idea, gracias, Scorpius—susurró y lo besó en la frente.
Draco se quedó boquiabierto e hizo un puchero. Bueno, no lo había visto venir.
Harry levantó la mirada y no pudo evitar estallar de risa al ver la cara contrariada de Draco al perder la oportunidad de compartir un beso.
Después de tener una fuerte discusión con Severus durante más de dos horas en la que Draco rogó y finalmente amenazó, el ex-profesor de pociones accedió a que los chicos pasaran allí una noche. Por supuesto que no podía decir que no cuando Draco le recordó que él sabía exactamente la cantidad de esfuerzo invertido en la recolecta de recuerdos de Harry y Severus no quería que Harry se enterase de cuánto se preocupaba por él.
Severus maldijo el día en que aceptó ser el padrino de ese mocoso.
Llevaron a los chicos a su casa a las cuatro de la tarde, después de jugar con ellos todo el día para así compensarles el tener que dormir fuera de casa.
Después de volver de la mansión de Snape, decidieron tener una temprana cena.
Estaban sentados en la mesa, disfrutando de sus copas de champán y de la deliciosa comida servida por los elfos domésticos y charlando sobre todo lo que les pasaba por la mente. Sin embargo, bajo la cháchara alegre, el nerviosismo se podía palpar. Ambos se preguntaban si sus regalos serían lo suficientemente buenos o si deberían haber escogido algo más para su novio.
Acababan de terminar el postre cuando Draco abrió la boca para empezar. Sin embargo, fue interrumpido por Harry, que de repente se puso de pie, con la mirada nerviosa en su rostro.
—Hm, quiero darte mi regalo ahora si no es un problema—se echó a reír nerviosamente, pasándose la mano por el pelo.
—No, no, en absoluto—sonrió tranquilizadoramente Draco.
—Bueno, hm, tienes que seguirme para tu regalo. Está en otra habitación—sonrió Harry y cogió de la mano a Draco, llevándolo fuera del comedor, escaleras arriba.
Draco alzó una ceja, pero lo siguió sin protestar, curioso en cuanto a lo que podría ser.
Siguieron caminando durante más de seis minutos, hasta que finalmente se detuvieron frente a una puerta blanca.
—Cierra los ojos y no te atrevas a mirar—ordenó Harry y después de darle una mirada perpleja, Draco lo hizo, confiando en que Harry lo guiaría.
Oyó la puerta y Harry tiró de su mano, adentrándolo en la habitación.
—¿Puedo abrirlos ya?
—No, aún no. Espera hasta que te lo diga—respondió.
Durante los siguientes dos minutos, sólo escuchó el débil sonido del roce de la ropa y frunció el entrecejo, preguntándose qué era exactamente lo que estaba haciendo Harry.
—De acuerdo, ahora—escuchó decir a Harry y parecía increíblemente nervioso. No se hubiese sorprendido si Draco hubiese empezado a temblar.
Los grises ojos se abrieron y cuando al fin tuvo visión, jadeó suavemente, una tierna y aturdida sonrisa apareciendo en su rostro.
Estaba de pie en medio de un cuarto para bebés. Había una diminuta cama blanca colocada contra la pared frente a la ventana, un armario blanco se encontraba en frente de la cama, las paredes estaban pintadas de un suave verde y en la cama había un pequeño oso de peluche con un corazón entre sus patas.
Harry estaba de pie delante de la cama, con la camiseta de premamá que Draco le había comprado hace un par de semanas. Estaba fuertemente sonrojado, pero también sonreía.
Lentamente Draco se acercó a él, deteniéndose a pocos centímetros de distancia de aquel hombre.
—¿De verdad quieres tener el bebé o estoy soñando?—preguntó Draco, atreviéndose a esperar un sí, que eso era verdad y sí, Harry quería quedarse con él.
La sonrisa de Harry se agrandó y cogió una de las manos de Draco con fuerza, dirigiéndola hacia su estómago antes de cogerlo del cuello para besarle apasionadamente.
—Sí, quiero tenerlo—le susurró contra sus labios—. Siento haber tardado tanto en darte una respuesta. Espero que puedas perdonarme.
—¡Claro que puedo perdonarte! Merlín, Harry, yo… Dios, ¡me has hecho el hombre más feliz del mundo!—exclamó y lo volvió a besar, cogiéndolo de la cintura con cuidado, atrayéndolo—. Estoy tan malditamente feliz en este momento—murmuró, dando una profunda bocanada antes de seguir besando a Harry, deteniéndose sólo cuando realmente necesitaba un poco de aire.
—Bien, porque no podía pensar en otra cosa como regalo para ti—rió tímidamente.
—Es el mejor regalo que he recibido—dijo Draco, acariciándole la mejilla.
Los verdes ojos esmeraldas brillaban de alegría y timidez y ninguno podía quitar las sonrisas de sus rostros.
—Ahora es el momento de darte mi regalo—murmuró Draco contra sus labios y luego soltó a Harry, retrocediendo ligeramente. Lentamente se agachó, hincando un rodilla en el suelo, dejando a Harry boquiabierto.
«No, no lo va a hacer… ¿Lo va a hacer de verdad…? ¿Realmente esto está pasando?»
—Nunca he hecho esto antes, pero supongo que hay una primera vez para todo, ¿no?—rió, nervioso, pero no le dio a Harry la oportunidad de responder. Sacó la cajita del bolsillo y la abrió, revelando un anillo de oro. Era muy simple; de oro con un pequeño diamante rojo y otro verde en la parte superior del mismo. Nada demasiado extravagante, sólo simple. Sencillo pero perfecto—. Harry, quiero volver a casa todos los días y que me recibas con nuestros hijos y el bebé, y estar esperándote a ti cuando vuelvas a casa. Quiero ser capaz de levantarte la moral cuando estés deprimido, besándote cada mañana antes de que tú o yo vayamos al trabajo y después desearte buenas noches. Quiero quererte como mereces ser querido y darte lo que siempre has querido. Cada día me haces feliz con sólo estar aquí y no quiero que te marches; no quiero separarme de ti. Hasta que esté listo nos limitaremos a estar comprometidos, pero quiero que todos sepan que un día, con suerte, serás mi marido. Harry James Potter, ¿me harías el honor de casarte conmigo y hacerme el hombre más feliz de este mundo?
Draco respiró hondo al finalizar su discurso y miró a Harry esperanzado. Hasta hacía unos minutos no sabía cómo proponérselo a Harry, pero al verlo en el cuarto del bebé, repleto de las cosas de su futura hijo o hija, las palabras le salieron solas, recién salidas de su corazón. Había puesto su alma, su cuerpo y su corazón a disposición del hombre que tenía enfrente y, con suerte, Harry aceptaría todo de él, dándose a sí mismo a cambio.
Cuando el silencio se prolongó más de un minuto, Draco sintió cómo su nerviosismo y su ansiedad aumentaban, pero no dejó su puesto.
Harry no sabía cómo reaccionar. En sus sueños jamás pensó que ese día llegaría, que Draco Malfoy le propusiera matrimonio. Parecía tan irreal. Algo que sólo pasaba en los cuentos de hadas, pero no se trataba de uno y Draco estaba arrodillado ante él, esperando su respuesta. Harry la pensó con cuidado. Por un lado, era pronto, ya que sólo llevaban juntos unos meses, pero por otro, no podía imaginar su vida sin Draco. Draco había pasado muchas más cosas con él en los pocos meses juntos que Ginny durante años.
Él era amable, paciente, apasionado, inteligente, increíble con los niños… La pareja perfecta. El marido perfecto.
Harry probablemente se arriesgaría a decir que sí, después de todo, no había garantías de que fuesen a hacerlo, pero estaba harto de pensarlo todo. Durante ese tiempo seguiría a su corazón en vez de a su cabeza. Durante ese tiempo iba a hacer algo que lo haría feliz, en vez de preocuparse por los sentimientos de otras personas.
Harry se arrodilló y abrazó a Draco y lo besó en la boca.
—Sí, me encantaría casarme contigo—exhaló, escapándosele algunas lágrimas.
Draco lo miró, sorprendido y luego su rostro se iluminó de felicidad, tanto que Harry tuvo que parpadear un poco para mirarle. Se sorprendió al ver unas lágrimas en las mejillas de Draco y las quitó.
—Tú, Harry Potter, acabas de hacerme el hombre más afortunado y feliz del mundo—murmuró, deslizando el anillo en su dedo, devolviéndole el beso.
—Podría decir lo mismo—sonrió, acercando su cuerpo al de su novio: su prometido. Se sintió mareado al pensar y sus besos se volvieron más entusiastas, apasionados, envolviendo a los dos en un feroz incendio, mostrándose su amor mutuo.
—Te quiero—jadeó Draco, cogiéndolo por la cintura, sus manos debajo de la camisa de premamá y acariciándole el estómago, donde su hijo estaba descansando. Rozó la piel suavemente haciendo que Harry se estremeciese.
No supieron cómo lo lograron, pero de cierto modo llegaron a su propia habitación; tropezando con la cama, las manos recorriendo ambos cuerpos calientes, quitándose la ropa y tirándola al suelo.
Pronto sus besos fueron más apasionados, haciendo que los pantalones molestasen. Draco arrastró sus labios por el delicioso cuello de Harry, pasando por su bronceado pecho, prestando especial atención a sus pezones hasta que se pusieron duros y rojos por la succión que tuvieron que soportar.
Harry maulló y gimió, fomentado a Draco para hacer más, más y más; que no se detuviese, que siguiera, haciendo aumentar el calor, que le quemase.
Cuando Draco llegó a su estómago, no podía dejar de besarlo suavemente, colocando ambas manos sobre el lugar donde su hijo o hija estaba.
—Realmente me haces el hombre más feliz del mundo—murmuró contra la piel caliente y sudorosa, besándolo un poco más antes de abrir lentamente las piernas de Harry, notando lo bien que encajaba entre ellas.
—Ah, Draco, más, por favor—rogó Harry, con sus manos retorciendo las sábanas bajo su cuerpo, el cual temblaba de deseo por el hombre sobre él.
Mientras Draco estaba provocándole y distrayendo a su novio chupándole la dura polla con lentitud, se dispuso a preparar a Harry, adentrándose lentamente cada vez más, dilatándolo con los dedos hasta que supiese que estaba seguro de poder penetrarlo. Podía sentir a Harry relajarse en torno a él, metiendo los dedos más profundamente. Varios intentos después Draco acarició su próstata, por lo que el hombre bajo él gimió, ya que todos sus sentidos estaban sobrecargados por los diferentes tipos de sensaciones.
—Dr…Draco, quiero…quiero más, te necesito ahora—jadeó Harry, alzándose con los codos y miró a los ardientes ojos grises.
—¿Estás seguro?—preguntó Draco, preocupado porque no quería hacer daño a su futuro marido.
—Sí, sí, estoy seguro. Vamos, te necesito dentro de mí—rogó, estirando sus brazos para arrimar a Draco sobre él y besarlo desesperadamente.
Rápidamente Draco se esparció el lubricante por la polla hasta que estuvo bien lubricada y se posicionó en la entrada dilatada de Harry, una vez más, mirando a Harry para que le diese permiso.
Un guiño era todo lo que necesitaba y pronto empezó a adentrarse en él, dilatándolo aún más.
Las uñas pasaron por su espalda, dejando unas marcas rojas en su lugar, mientras que las bronceadas piernas se enrollaban alrededor de su cintura, acercándolo.
Finalmente, Draco se adentró por completo en el interior de Harry y se detuvo, temblando, y sus ojos casi se ponen blancos ante la maravillosa sensación de calor, de sentirse rodeado.
Un mordisco en la oreja le hizo enfocar su atención hacia Harry.
—Muévete, por favor—ordenó Harry, exhalando cuando sintió a Draco salir de él lentamente, torturándole un poco antes de adentrarse de nuevo en su interior, creando un ritmo maravilloso.
Esta vez no fue rápido, ni duro. Y eso estaba bien: era un acto sexual lleno de amor y ternura.
La felicidad brillaba en los ojos de ambos y siguieron besándose mientras se murmuraban palabras dulces en el oído del otro.
—Draco, te quiero tanto—susurró sin aliento, cerrando los ojos frente al huracán de placer que estaba recibiendo.
—Yo también te quiero—jadeó Draco y deslizó la mano entre sus unidos cuerpos para acariciar a Harry, dándole más placer.
Su otra mano se encontró con la de Harry y sus dedos se entrelazaron, sus bocas se encontraron de nuevo y sin ningún tipo de advertencia ambos explotaron, gritando en la boca del otro, tragándose sus gritos.
Sus cuerpos se sacudieron con fuerza por el orgasmo, dejándolos ciegos por un momento antes de volver a recuperar la vista.
Poco a poco y con cuidado, Draco salió de él, acostándose al lado de Harry y colocándolo entre sus brazos, con la cabeza bajo su barbilla. Su mano encontró el estómago de Harry y se acurrucó a su alrededor, sintiendo la mano de Harry sobre la suya. Después, ambos compartieron una tierna sonrisa antes de caer en un sueño reparador.
