Estoy respondiendo los comentarios vía PM, actualizo ahora porque no sé si esta tarde podré hacerlo. Los que no tenían cuenta están al final del capítulo.
Gracias por esos 648 comentarios. Estamos más cerca de los 700!
Traducción autorizada por FanofBellaandEdward
Disclaimer: Harry Potter es propiedad de J. K. Rowling, Bloomsbury Publishing, Scholastic Inc. y AOL/Time Warner Inc. La historia pertenece a Melissa, yo traduzco por mero entretenimiento.
Resumen: Después de que Draco se divorciara de Daphne, Scorpius se encuentra en la búsqueda de un segundo papá, ya que Draco le contó que sólo le gustaban los hombres. Luego conoce a Harry y está empeñado en conseguirle como segundo papá. ¿Lo logrará?
Traductor: DarkPotterMalfoy
Beta: FanFiker-FanFinal
Capítulo 38
8 de abril, por la noche.
Draco alzó la mirada cuando la puerta se abrió y Harry entró en su habitación con aspecto cansado. Se irguió en la cama y colocó el libro que estaba leyendo sobre la mesita de noche.
—¿Harry? —preguntó cuando su pareja se dejó caer en la cama con un suspiro.
—Le he dicho a Teddy que estoy embarazado —respondió Harry suavemente, quitándose las gafas y frotándose los ojos.
—Ah —Draco hizo una pausa—, ¿cómo ha reaccionado?
Harry se mordió el labio.
—Realmente no lo sé. No dijo nada sobre el tema, pero tampoco se ha enfadado —se encogió de hombros—. Siendo sincero, no sé qué piensa sobre tener un nuevo hermano.
—¿Quieres que hable con él y le pregunte qué siente respecto al bebé? —se ofreció Draco, haciendo círculos en el estómago de Harry con su mano.
El moreno se encogió de hombros, sentándose y apoyándose contra la cabeza, acomodando la almohada para ponerla detrás de su espalda.
—Vamos a esperar un poco más, tal vez esté sorprendido por la noticia y viene a nosotros más adelante.
—Puede —murmuró Draco.
—Bueno, supongo que deberíamos decírselo a Scorpius mañana. No sería justo que él no lo supiese —rió débilmente Harry.
—Estará encantado, te lo puedo asegurar —respondió su pareja secamente, besando su cuello.
Harry resopló.
—No me cabe la menor duda; no después de todas esos dibujos que hizo de mí embarazado.
Draco sonrió.
—Tal vez tenga sangre de adivino —bromeó, moviendo su cuerpo para estar entre las piernas de Harry.
Harry miró al techo sorprendido.
—¿Los Malfoy tienen sangre de vidente en la familia? —preguntó fascinado.
Draco hizo una pausa mientras exploraba la barriga de Harry, mirándolo pensativamente.
—No lo sé. Creo que hace generaciones hubo un vidente en la familia, pero no sé si era uno verdadero o un charlatán —se encogió de hombros y subió más la camisa de Harry para revelar su estómago.
Sólo entonces Harry se dio cuenta de su posición. Parpadeó y miró el pelo rubio, que le ocultaba la cara de su pareja.
—¿Qué estás haciendo? —preguntó secamente cuando sintió los labios y los dedos deslizarse por el centro de su vientre. Le hacía un poco de cosquillas y los movió un poco, colocando sus manos sobre los cálidos y fuertes hombros.
—Adorando tu vientre —respondió distraído.
—¡Aún no tengo! —protestó, sentándose con la espalda recta, apartando a Draco en el proceso—. Sólo estoy de tres meses. Es demasiado pronto para que se empiece a notar.
El rubio puso los ojos en blanco, sentándose también, cruzando las piernas y poniendo sus manos sobre la barriga de Harry.
—No es demasiado pronto; a Daphne se le notaba, no era muy grande, pero ahí estaba —insistió, moviendo sus manos hacia arriba y hacia abajo sobre la desnuda piel.
—Dios, eres molesto —murmuró Harry, sacudiendo la cabeza, tratando de defenderse de las persistentes manos—. ¿Por qué tienes obsesión con esa parte de mi cuerpo?
—Porque ahí está mi hijo —respondió, seco. De golpe, un brillo apareció en sus ojos y Harry supo que tenía que tener cuidado—. Pero si otras partes de tu cuerpo se sienten desatendidas, estoy seguro de que puedo complacerlas —sonrió, colocando a su pareja de espaldas sobre la cama.
—Qué romántico —resopló y cruzó las manos alrededor del cuello de Draco, temblando al sentir el caliente aliento golpeando su cuello. Una mano acunaba su creciente erección, haciéndole gemir.
—Romántico o no, no puedes negar que me deseas —respondió Draco, altivo, y luego procedió a mostrar a Harry exactamente lo mucho que apreciaba su cuerpo.
9 de abril
A la mañana siguiente, en el desayuno, el estómago de Harry se llenó de mariposas revoloteando. Sabía que no había razón para estar nervioso porque Scorpius había expresado su deseo de tener otro hermano, pero no podía evitarlo. ¿Puede que fuese demasiado pronto para contarle la noticia al niño después de decirle lo del compromiso?
Harry dio golpes con el pie en el suelo de madera, impaciente, girando la cuchara en el cuenco de cereales, esperando escuchar las ligeras pisadas que anunciaban la llegada del niño.
Una mano detuvo su movimiento y miró sorprendido, justo en los divertidos ojos grises.
—¿Por qué estás tan nervioso? Scorpius saltará de alegría ante la noticia —dijo Draco, seco.
Harry, sonriendo, se mordió el labio.
—¿Los Malfoy tienen permitido saltar de alegría? —preguntó, pícaro.
Ese comentario le valió un golpe en el muslo y la elevación de los ojos al techo. Se rió, inclinándose para darle un suave beso a Draco en la mejilla, previamente afeitada.
Se enderezó cuando escuchó unos pasos ligeros acercarse al comedor. Teddy no era, así que supuso que estaría durmiendo a pierna suelta.
La puerta se abrió y Scorpius entró, aún con el pijama blanco, con los pies desnudos y con el pelo revuelto de haber dormido. Tambaleándose hacia la mesa, sus pequeñas manos frotaron los ojos legañosos. Se subió a la silla, dejándose caer en el cojín con un suspiro, parpadeando adormilado ante su plato en el que apareció un gofre con nata montada, cortesía del elfo de la cocina.
—Buenos días, papá —murmuró, tapando su bostezo tras su mano.
—Buenos días, Scorpius —sonrió Draco, dando un sorbo a su café.
—Buenos días, hijo —saludó Harry, cruzando las piernas. Puso la cuchara en el recipiente y empezó a jugar con el anillo de compromiso. Dios, ¿cómo se suponía que iba a contárselo? Con Teddy había sido fácil; incómodo, pero fácil, porque Teddy ya tenía una ligera idea de lo que estaba pasando; pero a Scorpius lo tomaría por sorpresa.
Scorpius le había dado tres mordiscos a su gofre caliente cuando Draco decidió que era el momento.
—Scorpius, tu padre y yo tenemos que decirte algo —empezó, pero fue detenido por una patada en la espinilla, haciéndole fruncir el ceño hacia Harry, quien le devolvió la mirada.
Confundido, Scorpius los miró a los dos.
—¿Qué es, papá? —esperó curioso, colocando su gofre hacia abajo, su pequeña nariz manchada de nata.
Harry puso los ojos en blanco y se inclinó para limpiarle la nariz al niño con una servilleta, haciendo sonreír tímidamente a Scorpius.
—¿No puede esperar hasta que haya desayunado y esté totalmente despierto? —espetó irritado, queriendo esperar un poco más.
—¿Por qué habríamos de hacerlo? Estás despierto, ¿verdad, Scorpius? —sonrió Draco, guiñándole un ojo a su hijo, quien le devolvió la sonrisa.
—Estoy despierto, papá —explicó, sus pequeñas piernas iban hacia delante y hacia atrás, más nervioso que nunca.
Su papi suspiró, pasándose las manos por el pelo, entremezclándolo más.
—De acuerdo —se quejó—. Díselo, ya que estas tan ansioso.
Su padre sonrió y se volvió hacia él, con sus ojos grises brillando de alegría.
—¿Te acuerdas de los dibujos de papi teniendo un bebé? —empezó.
Scorpius asintió con la cabeza confundido, y pensando qué tenían que ver los dibujos con la noticia que estaba esperando.
—Bueno, en el vientre de papi —Draco señaló el estómago de Harry—, ahora hay un pequeño bebé. Tendrás un hermanito o hermanita en seis meses, hijo.
Scorpius abrió la boca en forma de «O». No podía quitar los ojos de la barriga de su papi.
—Papi, ¿es verdad que hay un bebé ahí? —preguntó sorprendido, sin atreverse a creérselo.
Harry asintió con la cabeza, y una suave sonrisa iluminaba su rostro.
—Sí, hijo, en mi vientre hay un bebé —respondió, divertido.
Los grises ojos se abrieron más y Scorpius chilló, aplaudiendo y saltando de su silla para correr hacia su papi. Harry se volvió hacia él y lo colocó en su regazo. Inmediatamente colocó sus manos sobre el vientre de su padre, frunciendo las cejas cuando no sintió nada.
—Pero, papi, no puedo notar nada —se quejó, apretando las manos con más fuerza contra el estómago de Harry.
Harry se rió, sus verdes ojos brillaban.
—Scorpius, es normal. El bebé tiene que crecer un poco más antes de poder sentir las patadas —explicó, acariciándole el rubio pelo.
El niño puso mala cara, apartando sus manos.
—¿Y cuándo podré notarlo? —preguntó, ladeando su cabeza hacia la derecha.
—Creo que dentro de un mes podrás hacerlo —respondió Draco, colocándose detrás de Harry, poniendo sus manos sobre sus hombros y mirando hacia abajo.
—¿Un mes? Pero eso es mucho tiempo —gimió, haciendo un puchero.
Su padre se rió entre dientes.
—No es mucho tiempo. Pero te diré una cosa: cuando papi sienta las patadas del bebé, irá a ti de inmediato para que también las sientas, ¿te parece? —propuso.
Scorpius asintió con entusiasmo, su ánimo volvió. Podía esperar un mes si eso significaba que su padre iba a dejarle sentir al bebé.
—Para asegurarme de que no tengas que esperar mucho tiempo, te puedo decir que en dos semanas podrás ver al bebé —le dijo su padre, frotándole los hombros a Harry, haciendo que el moreno se apoyase en él.
Scorpius parpadeó.
—Pero papá, has dicho que el bebe no llegará hasta dentro de seis meses. No puedo verlo ahora, es demasiado pequeño. Tú lo has dicho —señaló.
Harry se rió.
—Tienes razón, Scorpius, el bebé es demasiado pequeño para que nazca ahora, pero lo que tu padre dice es que en dos semanas vendrá una agradable chica que proyectará una imagen por encima de mi vientre y mostrará como es el bebé ahora —explicó—. Por lo que podremos ver a tu hermanito o hermanita en vez de esperar seis meses.
—Ooooh —Scorpius asintió y abrazó a Harry, colocando la cabeza en el pecho de éste, escuchando los reconfortantes latidos de su corazón. Lo miró de nuevo y una pregunta apareció en su cabeza—. Papi, ¿cómo ha llegado el bebé a la barriga? —preguntó curioso. Su madre le había dicho que los bebés estaban ahí, pero ella nunca le había explicado cómo habían llegado al vientre.
Ambos se pusieron muy rojos, confundiendo al chiquillo.
—Hn, el bebé llegó al vientre de papi porque…—Draco vaciló, mordiéndose el labio.
Scorpius decidió ayudar a su padre.
—¿Es porque te vas a casar con él? —preguntó inocentemente, pensando cuando su madre le dijo que los padres primero tenían que casarse para tener un bebé.
Harry parecía aliviado.
—Sí, es por eso. Ya que nos vamos a casar, un pequeño niño o niña decidió que era el momento de colocarse en mi barriga —mintió con la esperanza de que esa explicación aplacase al niño hasta mucho, mucho más tarde, cuando estuviese listo para "la charla".
Scorpius asintió con la cabeza, comprendiendo, y puso su cabeza de nuevo en el pecho de su padre, confortado por el latido del corazón del moreno.
No podía esperar hasta que pudiese ver a su hermanito o hermanita.
Tan pronto como el desayuno hubo terminado, el pequeño Malfoy fue hacia arriba, ya que su hermano no había bajado a desayunar. Pasó la mano por la blanca y fría barandilla, tarareando emocionado. Aún era escéptico referente al otro hermano que vendría en seis meses. Ahora tenía finalmente la familia que siempre había querido.
Con una gran sonrisa en su cara, se paró delante de la puerta cerrada de la habitación de Teddy y llamó con fuerza. Colocó sus manos a la espada, cuando la puerta se abrió a los quince segundos, mostrando un soñoliento y molesto Teddy con el pelo oscuro, el cual lo miraba con los ojos entrecerrados.
—¿Qué quieres? —gruñó.
Scorpius sólo le sonrió, deslizándose hacia la habitación ante los extendidos brazos de Teddy. Saltó hacia la deshecha cama, dejándose caer en ella, aún sonriendo a su hermano, que había cerrado la puerta y estaba de pie con los brazos cruzados.
—Repito: ¿qué quieres? —preguntó Teddy molesto, apoyado contra la cerrada puerta. Aún estaba enfadado por el nuevo aumento de la familia y Scorpius había entrado en su habitación sin ser invitado. Eso no ayudaba a su estado de ánimo.
—Teddy, Teddy —habló Scorpius, aplaudiendo—, ¿sabías lo que hay en el vientre de papi?
Teddy se tensó y bajó los brazos, mirando hacia otra dirección. Sin reconocérselo al niño sentado en su cama, fue hacia su armario y se comenzó a cambiar de ropa, preguntándose qué iba a ponerse hoy. Trato de mantener su mente enfocada en la tarea de elegir la ropa en vez de pensar en el bebé; pero era bastante difícil cuando un niño emocionado saltaba y balbuceaba detrás de él.
—¡Teddy, papi tiene un bebé en su vientre! —exclamó—. Tendremos un hermanito o hermanita. Es genial, ¿verdad, Teddy? —continuó hablando, incluso cuando Teddy pasaba de él—. Papi me dijo que vendría a mí cuando el bebé empiece a moverse, ¡así podré sentirlo también! —aplaudió de nuevo, haciendo crispar los nervios de Teddy.
Apretando sus manos alrededor del jersey verde, el pequeño Lupin intentó controlar su respiración para evitar mandar al chico rubio a freír espárragos. ¿Ese mocoso no podía tener la boca cerrada más de dos minutos? ¿Por qué estaba aquí? ¿No debería estar molestando a su padre?
—¿Qué piensas tú, Teddy? ¿Piensas que tendremos un hermano o una hermana? —preguntó el rubio, mirando al techo con el ceño fruncido, estropeando su frente. El gesto no duró mucho antes de que fuese reemplazado con otra sonrisa deslumbrante—. No importa, ¿verdad? ¡Podré jugar con él! ¡Va a ser muy divertido!
Eso era lo máximo que Teddy podía aguantar. Había tratado ser paciente, pero no había podido hacerlo mucho mientras el otro chillaba y parloteaba. Se dio la vuelta un instante y miró a Scorpius, que finalmente vio su mal humor y se calló de inmediato, jugueteando con las mangas de su pijama nerviosamente y manteniendo su cuerpo inmóvil. Se mordió el labio inferior, bajó la mirada, contemplando las sábanas blancas.
—¿Por qué crees que va a ser divertido tener un hermano? ¡No hay nada de divertido en ello! —siseó, el jersey cayó sobre el alfombrado piso cuando sus manos se convirtieron en puños en sus costados.
Scorpius tragó saliva, atreviéndose a mirar al niño enfurecido, sintiéndose como un cuervo ante un cazador,
—¿Por qué no iba a serlo? —preguntó—. Podremos jugar con él o con ella. Cuanta más gente mejor.
—¿Aún crees que será agradable cuando el bebé se lleve toda la atención de tu padre? —preguntó sarcásticamente, sus ojos verdes cambiaron a un verde intenso.
—Papá y papi también nos prestarán atención —explicó, su voz no sonó muy alta. No entendía por qué estaba Teddy tan enfadado con la idea de tener otro compañero de juegos. ¿Por qué pensaría que sus padres no tendrían tiempo para ellos? Aún seguirían siendo sus hijos y el niño estaba seguro de que sus padres estarían orgullosos y si ayudaban a cuidar de él o ella. ¿Teddy no quería otro hermano o hermana?
Teddy resopló y Scorpius se sorprendió al escuchar lo inesperado.
—Sí, claro que sí. Sigue soñando, idiota —murmuró, entrecerrando los ojos.
Sabía lo que pasaba con los niños cuyos padres tenían otro bebé. El bebé tendría toda la atención y los padres estarían demasiado cansados como para prestarles atención a sus dos hijos. Lo había visto con uno de sus amigos. Uno de ellos, Jamie, llegó hace un año enfadado a clase y no decía el porqué. Durante el patio, Teddy lo acorraló, preguntándole que le pasaba. Resultó que su nueva madre había tenido un bebé y ahora pasaba la mayor parte del tiempo con él en vez de presarle atención a Jamie. El chico se quejó de que sus padres no tenían tiempo para jugar con él, ya que siempre estaban cansados por tener que cuidar a su hermana y que casi todas las noches lloraba desagradablemente fuerte. Jamie le había dicho que era feliz con su padre cuando éste estaba soltero ya que siempre recibía toda la atención que quería y necesitaba.
Teddy resopló por dentro, asqueado. Había pensado que había tenido suerte hasta ayer. ¿Por qué su padre había decidido quedarse con el bebé? No lo entendía. Su padre siempre había sido racional, ¿no debería haberse dado cuenta de que era demasiado pronto para tenerlo? Draco hacía poco que le había pedido que se casara con él. Ahora estaban esperando un bebé. Todo estaba pasando demasiado rápido. Su padre tenía que haber esperado más tiempo para todo. El repentino matrimonio, eso podía aceptarlo, pero ¿el bebé? Era demasiado para él.
Scorpius entrecerró sus ojos al escuchar el insulto e hincó las mejillas, enfadado.
—¡No soy idiota! —gritó, cerrando los puños y con las mejillas sonrojadas.
—Sí, lo eres —espetó Teddy, dándose la vuelta, obviando al chico que estaba temblando. Eso fue hasta que sintió unos puños golpear su espalda.
—¡No soy un idiota! ¡Toma eso! —gritó, lágrimas se formaron en sus ojos por la ira, nublando su visión. Nadie en su vida le había llamado idiota ni una sola vez. Era un niño brillante e inteligente; tío Sev y su padre siempre se lo decían. Él no era un idiota—. ¡El idiota eres tú! —se echó hacia atrás, con ganas de lastimar al chico mayor con la misma intensidad que él lo había herido. Gritó de dolor cuando sintió las manos aferradas a los brazos fuertemente y le dio un empujón con fuerza.
—Deja de pegarme —gruñó Teddy, sintiendo la ira invadiendo su cuerpo y haciendo que sus piernas temblasen.
Scorpius lo miró, y de repente su pie cogió impulso y golpeó a Teddy fuertemente en la pierna. Le vio sisear ante el dolor y vaciló un poco.
La ira estalló en su totalidad y antes de que Teddy se diese cuenta, sintió chispas en sus manos y al rato siguiente vio a Scorpius llorando de dolor. Parpadeó, apartando sus manos y mirando al chico fijamente que ahora lloraba fuertemente y se cogía los brazos. Comenzó a oler mal, y Teddy lo reconoció como el olor a carne quemada. Abriendo los ojos, se dio cuenta de que su magia había quemado los brazos a Scorpius como respuesta a su enfado.
—¡Les voy a decir que me has hecho daño! —gritó Scorpius y salió corriendo de la habitación, pisando con fuerza las escaleras.
—Mierda —maldijo, mordiéndose el labio, sabiendo que estaba en serios problemas. Se dejó caer en el suelo, apoyándose contra el armario, poniendo sus brazos alrededor de sus piernas y ocultando el rostro entre sus flexionadas rodillas. Sintió que sus ojos le picaban a causa de las lágrimas, escociéndole y se tragó el nudo que se formó en su garganta. Su padre se enfadaría. Se daría cuenta de que el bebé sería mejor que él. ¿Por qué no había podido controlarse? Nunca había reaccionado tan mal; su magia nunca había reaccionado de esa manera.
Ayer mismo se juró que sería el hijo perfecto y ya la había fastidiado. Se estremeció, acurrucándose en forma de ovillo. La había cagado. Su padre estaría enfadado con él y era todo por su culpa.
Ahogó un sollozo, quedándose sentado en el suelo, esperando con miedo las pisadas que sin duda irían hacia él para castigarlo.
—¿Qué planes tienes para hoy? —preguntó Draco cuando su hijo desapareció escaleras arriba.
El moreno se encogió de hombros.
—Estaba pensando en estudiar un poco más. No falta mucho antes de que pueda hacer el examen — amplió su sonrisa.
Draco frunció el ceño.
—No vas a ejercer de medimago estando embarazado —advirtió—. El bebé tomará fuerzas de ti y no hay forma de que arriesgues tu salud y la de nuestro hijo.
Potter puso los ojos en blanco.
—Por supuesto que voy a esperar hasta después de que nazca: no soy estúpido —entrecerró los ojos, advirtiendo a Draco cuando éste abrió la boca para responder—. Ten cuidado con lo que vas a decir a continuación.
Draco sonrió nerviosamente, decidiendo que era lo mejor para su salud y su vida sexual, si mantenía la boca cerrada. Se puso de pie, se acercó a su prometido, inclinándose para darle un beso.
—Bueno, por desgracia tengo que leer unos documentos. Ah, qué horror —suspiró, melodramático.
Harry se rió, devolviéndole el beso.
—Pobre de ti —dijo indiferente.
—Claro que pobre de mí. Ahora, ten piedad de mí y dame una excusa para no hacerlo —pidió Draco sin bromear. Sabía que no tenía que hacer mucho, además de mantener el control sobre sus trabajadores en las diferentes empresas repartidas por el mundo, firmando los documentos apropiados, pero era demasiado aburrido y había días que se preguntaba por qué no dejaba la dirección de sus empresas a otra persona. Era especialmente molesto ahora que tenía un amante muy sexy que pedía a gritos ser molestado cada mañana, a mediodía y por la noche. No podía evitarlo: cualquier Malfoy tenía ojo para la perfección.
—¿Y por qué iba a hacer eso? —Pregunto divertido, sus ojos verdes brillando también—. No puedo ser responsable de que tu trabajo empeore, ¿no? Sé buen chico y ve a hacer tu trabajo.
—Si tengo que sufrir con mi aburrido trabajo, tu culo lo hará esta noche —murmuró Draco sombrío, con el ceño fruncido hacia Harry.
Harry se rió y negó con la cabeza, no se impresionó por la amenaza.
Ambos estaban sumergidos en una burbuja, cuando la puerta se abrió de golpe y un chico rubio lloroso se pegó a Harry, el cual puso sus brazos alrededor del chico, desconcertado.
—Scorpius, ¿qué pasa? —preguntó preocupado cuando Scorpius siguió llorando sin decir nada.
El niño rubio se limitó a sacudir la cabeza, hundiendo su cabeza contra el estómago de Harry.
Harry miró impotente a Draco quien frunció el ceño y se colocó de rodillas para estar a la altura de su hijo. Comenzó a acariciar la espalda temblorosa y murmuró:
—Scorpius, ¿qué ha pasado? ¿Te has hecho daño? —miró el cuerpo de Scorpius, y desde su posición no podía ver rastro de rasguño o herida visible. Si se hubiese caído por las escaleras, no habría sido capaz de correr hasta ahí y conseguir el consuelo de Harry.
—Scorpius, dinos qué ha pasado —susurró suavemente Harry, acariciando su suave pelo y escuchó al niño sollozar. Unos cerrados puños se acercaron al jersey de Harry, al hacerlo, el moreno pudo ver unas manchas negras bajo sus mangas rojas. Una gran mancha negra en cada manga. Frunció el ceño, cogiéndole de los brazos suavemente y lo llevó a la luz para examinarlos mejor. Abrió la boca, sorprendido, al ver que su piel brillaba por el líquido rojo bajo sus mangas.
—¿Cómo te has quemado a ti mismo? —preguntó tranquilamente, colocando al niño en su regazo.
Draco lo miró alarmado, examinando los brazos él mismo antes de cortar las mangas y tirarlas por encima de Harry en dirección al suelo, sacó su varita, conjurando agua fría, haciendo que el chico gritase cuando el agua fría toco sus heridas.
—Lo siento, pero tengo que limpiar la herida, cielo —murmuró, convocando un bote de bálsamo curativo, y extendiéndola sobre las heridas, que tenían ampollas, haciendo que gritase más fuerte.
El moreno empezó a frotarle la espalda de manera suave, tratando de distraer al niño.
—Scorpius, dime qué ha pasado —ordenó suavemente.
Scorpius sollozó, todo su cuerpo temblaba, pero se dio la vuelta para mirar a su padre con los ojos llenos de lágrimas.
—Teddy está enfadado porque estoy feliz de que tengas un bebé en la barriga —sollozó, con miedo al recodar lo que había pasado en el dormitorio. Aún no podía creer que su hermano estuviese enfadado con él. ¿Por qué le había hecho daño?
Ambos hombres se pusieron tensos, mirándose el uno al otro.
—¿Ha sido Teddy el que te ha hecho eso? —preguntó Harry con la voz controlada.
El chico se estremeció y asintió con la cabeza, enterrando su rostro en el pecho del moreno.
Potter cerró los ojos y respiró profundamente, tratando de evitar que sus manos se apretasen alrededor de Scorpius.
Había pensado que Teddy había progresado con Scorpius. No había habido muchas peleas y siempre era cortés e incluso jugaba con el chico ocasionalmente. ¿Por qué se había desmoronado todo de golpe? Asumió que Teddy había perdido el control de su magia y Scorpius había acabado quemado al estar expuesto. Lo que era más preocupante es que Teddy jamás había perdido el control de su magia antes. ¿Qué había pasado por la cabeza de ese chico? ¿Estaba enfadado porque iba a recibir otro hermano? ¿Por qué no se lo había dicho? ¿Por qué estaba tan molesto? No era como si fuese a dejar de quererlo porqué naciese el bebé. ¿No lo había convencido de eso?
Sin embargo eso no era excusa para hacerle daño Scorpius.
—¿Harry? —Draco lo miró, y con los ojos estaba preguntando si debería ir a hablar con el chico.
Harry negó con la cabeza, poniéndose de pie, sentando a Scorpius dónde él estaba sentado. El chico rubio hipó, frotándose los ojos, cansado por todo lo que había pasado.
—Voy a hablar con Teddy —murmuró Harry, suspirando.
Draco se puso de pie, colocando a Scorpius en su cadera y frotándole la espalda.
—Puedo hablar con él —sugirió—. No quiero que te estreses —agregó preocupado.
—Voy a estar bien, sólo voy a hablar con él —le aseguró y salió de la habitación dejando a Draco que consolara a su hijo, que había empezado a sollozar de nuevo, pero ahora más aplacado.
Subiendo por las grandes escaleras, Harry trató de calmarse. Estaba enfadado porque Teddy había dañado al chico, pero no iba a gritar al niño y hacerlo más miserable. No se merecía eso. Aun así tendría unas palabras con su ahijado, ya que herir a otras personas no era aceptable, no importaba cuán enfadado o molesto estuviese.
Respiró hondo y abrió la puerta lentamente. Miró a su alrededor, localizando a Teddy hecho una bola contra el armario abierto, ocultando su rostro entre sus rodillas.
Suspiró, cerrando la puerta y caminó hacia el chico tembloroso. Llegó frente a él, y Harry cruzó los brazos y volvió a suspirar.
—Teddy, ¿por qué le has hecho daño a Scorpius? —preguntó con el tono de voz controlado.
Tendría que haber sido imposible, pero Teddy logró acurrucarse aún más, negándose a mirar –y estaba seguro– la cara de decepción de su padre.
—Teddy, respóndeme —dijo Harry alzó un poco la voz, sorprendido de que su ahijado no le hubiese mirado aún y de que no se hubiese defendido.
Teddy sacudió la cabeza, tratando de ocultar sus sollozos. Le temblaba todo el cuerpo y tenía miedo de mirar a su padre. Lo había decepcionado, lo había escuchado en su voz. Y no sabía qué era peor, que su padre estuviese enfadado o decepcionado con él.
—¡Teddy, respóndeme ahora! —repitió con dureza, sus paciencia estaba desapareciendo. Sólo quería saber la razón del asunto, pero el chico estaba haciendo que le costase controlar su paciencia e ira.
«Estas malditas hormonas —pensó con amargura—. Al menos las náuseas han desaparecido».
Se arrodilló, agarrándole de los brazos suavemente, tirando de ellos para dejar al descubierto su rostro afligido, rojo y manchado por el silencioso llanto.
—Teddy —advirtió.
—Y-yo no quise —lloró, sus marrones ojos lo miraban asustado. Se puso de rodillas y quiso abrazar a su padre, pero para su horror, se apartó; su padre lo mantenía alejado con toda la longitud de su brazo, sus grandes manos cruzadas sobre los brazos. Harry sacudió la cabeza con firmeza, mirándolo con el ceño fruncido.
El labio inferior del pequeño tembló y nuevas lágrimas comenzaron a salir de sus ojos. Su padre nunca lo había apartado antes. ¿De verdad había sido tan malo que su padre no iba a quererlo más? No había querido hacer daño a Scorpius, cosa que acababa de suceder. Había sido culpa del joven Malfoy, si no hubiese estado parloteando del bebé, Teddy no habría perdido la cabeza con él. Pero ahora su padre estaba furioso con él y probablemente lo mandaría con su abuela; se desharía de él porque había sido un chico malo.
—Teddy, ¿por qué le has hecho daño? —repitió Harry, deseando una respuesta sincera. Había adivinado que su ahijado no había querido hacerle daño, pero aún era necesario saber la razón de su pérdida de control.
Teddy negó con la cabeza, cerrando los ojos.
—Lo siento, yo no quería. Lo siento —repetía e hipó. No quería que lo mandase con su abuela, quería quedarse con su padre y demostrarle que podía ser un buen hijo.
—Sé que lo sientes, pero ¿por qué te has enfadado con él? —preguntó el moreno, aún negándose a dejar que el niño se acercase a él. Necesitaba saber el motivo de la agresión antes de consolarlo. De lo contrario esos accidentes podrían suceder de nuevo.
—Él… él seguía parloteando. Resultaba molesto —susurró Teddy, tratando de ahogar sus llantos. Los niños grandes como él no lloraban cómo bebés—. Yo… yo lo llamé idiota y comenzó a pegarme y le sujeté los brazos, pero luego me dio una patada y me enfadé —dejó caer la cabeza hacia abajo—. Lo siento, no quería hacerle daño, ¡realmente no quería! ¡Lo siento!
Harry suspiró, cansado. Sabía que había algo que Teddy no le estaba contando. Incluso si Scorpius le había molestado y pegado; Teddy se había enfadado antes de eso, de lo contrario no habría sido tan malo.
—Scorpius ha dicho que te enfadaste con él cuando habló del bebé. ¿Por qué te enfadas con él? —preguntó. Un sentimiento de inquietud invadió su estómago, ¿Teddy no estaba feliz con la noticia del bebé? Había asumido que a Teddy no le importaba tener otro hermano, pero ¿desde cuándo había llegado a esa conclusión? Teddy no le había dicho nada sobre el bebé por temor. De hecho, no había dicho nada al respecto, ni después de que Harry lo tranquilizase y le dijese que siempre lo querría.
El chico miró hacia otro lado, aún con sus brazos inertes en las manos de Harry.
—No lo sé —susurró. No quería decirle a su padre lo que realmente pensaba del bebé. Sabía que heriría a su padre y no podía soportar la idea de enfadarlo y lastimarlo más.
—¿No sabes por qué te has enfadado? —dijo incrédulo. El chico sacudió la cabeza, negándose a mirarlo—. Teddy, ¿estás enfadado por lo del bebé? —le preguntó con cuidado.
Teddy sacudió la cabeza de nuevo, lloriqueando un poco.
—Sabes que puedes contármelo todo, lo sabes, ¿verdad?—murmuró el moreno.
Teddy tragó saliva y se arriesgó a darle una mirada rápida a la cara de su padre. No le reveló nada.
—¿Vas a mandarme con la abuela? —preguntó en voz baja, el miedo era notorio en su voz.
Harry lo miró sorprendido.
—¿Por qué haría eso?
—Porque me he portado mal —respondió avergonzado. Se sorprendió cuando de repente fue colocado contra un caliente pecho, con los brazos alrededor de su cuerpo y lo abrazó con fuerza.
—Eres tonto —suspiró, acariciándole el pelo—. Claro que no voy a mandarte con la abuela. Aún te quiero, siempre lo haré; pero tienes que prometerme que no le harás daño a Scorpius de nuevo. ¿Puedes prometerme eso?
Teddy asintió con la cabeza; haría cualquier cosa si eso significaba que su padre era feliz con él y que aún lo seguiría queriendo.
—Te lo prometo —murmuró, pasando sus brazos alrededor de la cintura de su padre.
—Bien, pero ahora tienes que pedirle perdón a Scorpius —dijo con firmeza y aún abrazándolo —. Hacer daño a alguien no es bueno y se merece una disculpa. Él también lo hará, él empezó a pegarte.
Teddy asintió feliz, aliviado de que su padre aún lo quisiese.
Scorpius había sido cauteloso cuando Teddy se había acercado a él para pedirle disculpas –cosa que era comprensible ya que su hermano le había quemado los brazos hacía apenas una hora–. Teddy se había negado a mirarlo a los ojos, pero había murmurado suave:
—Siento haberte hecho daño. No quería hacerlo.
Scorpius se disculpó también, ya que sabía que no tendría que haberle pegado a su hermano.
Después de sus respectivas disculpas, habían sido abrazados por su padres después de haber prometido que se llevarían bien.
22 de abril
Scorpius estuvo emocionado durante toda la mañana. Su padre le había dicho que hoy vendría la señora que iba a hacerle una foto a su hermana o hermano. ¡No podía esperar! Había estado saltando y moviendo sus piernas hacia delante y hacia atrás bajo su escritorio, tratando de concentrarse en la clase. Había sido difícil y Severus tuvo que golpear su escritorio varias veces para llamar su atención de nuevo. Tío Sev nunca había fruncido tanto el ceño como hoy, ¡pero no podía evitarlo! Estaba muy emocionado de poder ver al fin al bebé.
Ahora estaban esperando en la habitación de papi y su padre le había dicho que el examen sería más fácil si Harry estaba acostado. Su papi había protestado, pero tuvo que rendirse.
Scorpius miró a Teddy que estaba acurrucado sobre un gran almohadón leyendo un libro. Desde su pelea, ninguno de los dos había sacado el tema del bebé. A pesar de que Scorpius sólo quería hablar sobre el bebé, tenía miedo de que Teddy se enfadase y volviese a hacerle daño. Sus quemaduras se habían curado, pero aún no se había olvidado de la furiosa mirada en los ojos de Teddy. Aún se estremecía al recordar esa mirada.
—¿Tienes frío, Scorpius? —preguntó su papi, preocupado. El moreno estaba apoyado sobre varias almohadas en la cama, hojeando una revista. Su padre estaba apoyado contra la pared, masajeando las piernas de Harry, las cuales estaban sobre las suyas.
Scorpius negó con la cabeza.
—No, no tengo frío —dijo, abandonando sus pensamientos, para llegar a la cama al lado de su papi—. ¿Cuándo va venir la señora?
—Debería estar aquí en cualquier momento —sonrió Harry, acariciando su pelo brevemente.
Como si hubiese sido una señal, un elfo doméstico apareció en el dormitorio, haciendo una reverencia.
—Amo Draco, la señorita Lovegood está esperando en el vestíbulo.
Malfoy sonrió.
—Dile que suba.
El elfo doméstico, del cual Scorpius no recordaba su nombre porque había muchos de ellos en la casa, asintió con la cabeza, hizo una reverencia y volvió a desaparecer.
Unos minutos después la puerta se abrió y una mujer de pelo muy rubio entró en la habitación con una sonrisa soñadora.
—Hola, Harry. Espero que el bebé y tú estéis bien —dijo, acercándose a la cama, mientras miraba a su alrededor con interés.
Harry sonrió.
Luna parpadeó y de repente miró a Scorpius, quien se sonrojó ante la intensa atención.
—Y tú eres Scorpius —ella sonrió—: eres un chico muy guapo.
—Gracias, señorita —tartamudeó, sonrojándose.
—Me llamo Luna, cielo —se giró de nuevo, dirigiendo su soñadora mirada hacia Teddy—. Y tú eres Teddy.
Teddy asintió con cautela. No reconocía a esa extraña señora, aunque su padre parecía que sí. ¿Se conocían de antes?
—Bien, bien —ella sonrió feliz antes de dirigirse hacia Harry de nuevo —. ¿Listos para ver al bebé?
Harry asintió.
—Sí, Teddy, ven a sentarte aquí, así también puedes mirar —sonrió y palmeó un sitio su lado.
Teddy vaciló; no estaba interesado en ver al bebé, pero se acordó de la promesa de hacer feliz a su padre y se acercó a él, sentándose junto a él con cautela. Harry le sonrió emocionado y le cogió la mano. Draco se acercó un poco más a ellos, mirando a Luna con cautela. No confiaba aún en ella plenamente, ¿cómo se supone que iba a hacerlo cuando ella desviaba su atención a todo lo que se movía? No se relajaría hasta que hiciese el hechizo. Hizo una mueca cuando ese pensamiento cruzó su mente, cogiendo de la pierna a Harry.
Luna canturreaba y después de comprobar sus signos vitales, se puso de pie y apuntó con su varita hacia su estómago.
—Declaro natus —dijo claramente y una campana azul rodeó el estómago de Harry antes de alzarse lentamente en el aire y apareció una pantalla difusa, gris y si se fijaba la vista allí se podía ver algo que se movía. Otro movimiento de varita y de repente un latido se escuchó en la silenciosa estancia.
—¿Eso es… el corazón del bebé? —preguntó Harry, tragando nervioso. Nunca había pensado que escucharía algo tan hermoso. Luna asintió feliz y miró a la pantalla.
—Sí ese es el corazón del bebé. Está sano —ella sonrió, señalando una mancha borrosa en el centro de la pantalla —. Mira, aquí está tu bebé.
La vista de Harry se volvió borrosa y a los pocos segundos se dio cuenta de que estaba llorando.
—Oh, Dios mío, no puedo creerlo —rió entre lágrimas.
—En un mes debería ser capaz de decirte si es niño o niña —informó, conjurando un asiento en forma de media luna, dándole a la pequeña familia tiempo para que mirase al bebé.
—El bebé es muy pequeño —dijo Scorpius con asombro, mirando la pantalla. Así que ése era su hermano o hermana. Apenas podía esperar para conocerla o conocerlo.
—Sí, es muy pequeño —estuvo de acuerdo Draco, un nudo constreñía su garganta. Había estado en todas las revisiones de Scorpius, por supuesto, y había sabido esperar; pero poder ver al bebé naciendo dentro de Harry, le robó el aliento: era el fruto de su amor. Era hermoso. Parpadeó entre lágrimas, atrapando la mirada de Harry, asombrado por el amor que sentía por ese hombre, el cual le había dado alegría y, de nuevo, amor y su propio bebé. Se inclinó hacia Harry y juntó sus labios con los suyos, saboreando la sal de su lágrimas en sus labios.
—Te quiero mucho —murmuró.
—Yo también —susurró sonriendo Harry.
Al unísono sus ojos volvieron a la pantalla, viendo cómo su bebé se movía lentamente y escuchando el latido del acompasado corazón mientras Luna tarareaba en el fondo.
Teddy se quedó mirando la pantalla y bajó la vista de nuevo. Echó unas lágrimas, pero éstas eran de una naturaleza completamente diferente a las que su padre estaba derramando.
Gracias por leer y comentar.
Respuesta a los comentarios anónimos:
-Cherry Black. ¡Hola, guapa! La verdad es que Teddy da un poco de pena, pero es comprensible, tiene celos. Creo que cualquier persona que tenga hermanos menores siente lo mismo que está sintiendo Teddy, ¡y eso que aún no ha nacido! Un beso.
-Kasandra Potter. Bueno, qué decirte, la verdad. Desde mi punto de vista esta historia es buena, es bastante dinámica, un poco rosa, pero está muy bien, por eso decidí traducirla; pero para mí no se puede comparar con El manual del perfecto gay de PerlaNegra; Por amor a un mortífago de FanFiker-FanFinal; Harry Potter y el Fabricante de Pociones… Me alegra mucho saber que esta historia. Y yendo a la historia: bueno, Teddy siente celos, lo más lógico del mundo teniendo que competir ahora con Scorpius y después con el futuro bebé. No voy a revelar si Luna es la asesina o no, es algo que sabréis pronto, muy pronto.
