Estoy respondiendo los comentarios vía PM, actualizo ahora porque no sé si esta tarde podré hacerlo. Los que no tenían cuenta están al final del capítulo.
Gracias por esos 661 comentarios. ¡Cada vez más cerca de los 700! Madre mía que me va a dar un infarto.
Traducción autorizada por FanofBellaandEdward
Disclaimer: Harry Potter es propiedad de J. K. Rowling, Bloomsbury Publishing, Scholastic Inc. y AOL/Time Warner Inc. La historia pertenece a Melissa, yo traduzco por mero entretenimiento.
Resumen: Después de que Draco se divorciara de Daphne, Scorpius se encuentra en la búsqueda de un segundo papá, ya que Draco le contó que sólo le gustaban los hombres. Luego conoce a Harry y está empeñado en conseguirle como segundo papá. ¿Lo logrará?
Traductor: DarkPotterMalfoy
Beta: FanFiker-FanFinal (este capítulo está sin betear porque se ha cogido unas merecidas vacaciones. Cualquier error ortográfico y demás es sólo mío).
Capítulo 39
Diez de mayo: cinco meses de embarazo.
—Dime, ¿cuándo quieres que sea la boda? —preguntó Draco de pronto y colocó el periódico a un lado.
Harry lo miró sorprendido y colocó la taza sobre la encimera. Estaban en la cocina; Draco sentado en la mesa leyendo el periódico y Harry apoyado contra el fregadero de la cocina, mirando por la ventana y estando atento a los niños que estaban jugando al jardín. Era una tarde soleada de sábado, así que Scorpius había aprovechado la inminente oportunidad para jugar al aire libre y Teddy a regañadientes lo siguió. Ahora parecían llevarse muy bien, no se peleaban, simplemente se pasaban la pelota el uno al otro, pero Harry pensó que era mejor ser precavido y mantener un ojo sobre ellos en caso que Teddy se enfadase de nuevo. Sabía que había algo que su ahijado no le había dicho, pero no sabía cómo iba a romper el caparazón en el que se había encerrado.
—Hn, no he pensado en ello, siendo sincero —admitió Harry tímidamente.
—Bueno, yo lo he hecho —admitió—. Estaba pensando que podríamos celebrar la boda después del nacimiento del bebé, ya que sería demasiado molesto prepararlo ahora rápidamente todo. Pensé que no te gustaría casarte con una gran barriga —el moreno alzó rápidamente ceja y continuó rápidamente—. No es que me importe que te cases con una ella, estás guapísimo, no importa cómo luzcas, pero pensaba que no te gustaría lo que… —se calló, sabiendo que no había manera posible de salir de esa situación sin ofender a Harry de una manera u otra.
El moreno se rió entre dientes, muy sorprendido.
—Dios, eres nefasto para hablar de situaciones desagradables.
Draco puso los ojos en blanco, pero sonrió satisfecho de no haberle ofendido.
—Dime, ¿qué piensas del tema?
—Estoy de acuerdo —el moreno se acercó a él, entregándole una taza de té.
—Gracias —murmuró y se giró hacia su pareja, mejor dicho al vientre del moreno. Pasó las manos por encima del vientre antes de meter las manos por debajo de la camisa, acariciando el bulto que era claramente visible—. Nunca me canso de tocarlo —murmuró y besó el bulto.
—Pues no me he dado cuenta —sonrió, pasando su mano sobre su estómago. Le gustaba despertarse y acariciárselo, sabiendo que había un bebé dentro de él, cada vez más grande. Sabía desde hace meses que estaba embarazado, pero ahora se notaba claramente.
Un fuerte ruido en la ventana los asustó. Una lechuza negra estaba esperando en la ventana mirándoles con sus grandes ojos redondos y dorados.
—Dios, esos ojos me dan miedo —murmuró el moreno y se acercó a la ventana, abriéndola para quitarle la carta. Tan pronto como la tuvo en sus manos, la lechuza se alzó al vuelo, no esperando una respuesta.
La carta estaba cerrada con el sello del Ministerio y Harry frunció el ceño, preguntándose qué querían ahora.
Leyó la carta, entrecerró los ojos y resopló. Claro, debería haber sabido de qué se trataba. Era lo mismo de todos los años desde la caída de Voldemort. ¿Cómo había olvidado la fecha?
—Harry, ¿qué es? —preguntó curioso, cuando Harry no se dio la vuelta.
—Es del Ministerio de Magia, es la celebración de la caída de Voldemort dentro de una semana y quieren que asista —suspiró, dándose la vuelta para verle y entregándole la carta.
Draco alzó la mirada después de leerla.
—¿Y qué vas a hacer? —preguntó. Se había olvidado por completo de la celebración anual. Había asistido todos los años, pero eso se debía a que estaba obligado por ser un Malfoy. Aunque dudaba de que al Ministerio le hubiese importado su presencia; podría ser que encontrasen su falta como un insulto y tratar de meterlo en la cárcel por ser un Malfoy. Suspiró para sus adentros, una vez más, y maldijo a su padre por cometer el peor error que puedo hacer.
Harry suspiró y se pasó una mano por el pelo.
—Asistir. No quiero recibir más de éstas exigiendo mi asistencia. Vamos unas horas y volvemos —murmuró.
—¿Estás seguro? —Draco buscó algo en su rostro—. Sabes que estás más cansado por la noche —le recordó.
Los ojos verdes se estrecharon con molestia.
—Ya lo sé, pero estoy seguro de poder aguantar unas horas.
El rubio frunció los labios.
—De acuerdo, pero asegúrate de no esforzarte en demasía.
—Draco, sólo estoy de cinco meses, no puedes esperar que esté metido todo el día en la cama.
Draco alzó las manos.
—Solo estoy preocupado, eso es todo —calmó a su pareja.
Harry puso los ojos en blanco, pero no contestó.
Diecisiete de Mayo
Una semana más tarde, Harry estaba quitándole las arrugas al traje de Teddy, hecho especialmente para él. Estaba compuesto y un botón de color azul en la camisa. La túnica de color azul estaba colocada sobre él.
El mismo Harry iba vestido con pantalones grises, adaptados especialmente para su mayor barriga, con una camisa verde claro y una túnica negra completaba el atuendo.
—Accio cepillo —murmuró distraídamente y un cepillo azul voló hacia él. Se quedó mirando el desordenado pelo castaño dorado de Teddy—. Teddy, ¿estás seguro de querer llevar este pelo?
Teddy parpadeó sorprendido, mirándolo confundido.
—Sí, me gusta este pelo. ¿Por qué? ¿Debería elegir otro? —preguntó seguro.
—No, no, me gusta —le aseguró el moreno—. Lo preguntaba porque tengo que peinártelo.
Teddy estaba sentado de espaldas a su padre en la cama y cuando Harry empezó a peinárselo, se recostó en el pecho de su padre, disfrutando de la sensación. Siempre había disfrutado cuando le peinaban, era una acción muy relajante. Se inclinó un poco más, pero saltó cuando algo golpeó su espalda. Se dio la vuelta rápidamente y miró a su padre, y sólo ahora se dio cuenta que el estómago de su padre había crecido bastante en las últimas semanas.
Harry se rió nerviosamente, acariciando su barriga con su mano.
—Lo siento, no vas a poder apoyarte en mí hasta dentro de unos meses —se disculpó, sintiéndose un poco avergonzado.
—Ah, vale —murmuró Teddy distraído y se dio la vuelta, apoyándose con más cuidado, evitando la barriga.
Harry tarareaba en voz baja mientras seguía peinándolo y los párpados del pequeño empezaron a cerrarse un poco por el acto de su padre.
Fue sacado de su estado de ensueño cuando su padre le tocó la nariz.
—Hey, no es el momento para quedarse dormido. Aguanta un rato —dijo secamente.
—Lo siento —murmuró Teddy, sonrojándose.
—Harry, Teddy, ¿estáis listos? ¡Tenemos que irnos! —gritó desde abajo Draco.
—¡Ya vamos! —gritó Harry y cogió la mano de Teddy—. Ahora sabes lo que tienes que hacer, ¿verdad, hijo?
El chico asintió.
—Tengo que sonreír y ser amable, incluso si las mujeres tratan de pellizcarme las mejillas y decir lo que guapo que soy —respondió, frunciendo el ceño al recordar todas las mujeres que le decían que era guapo e intentaban pellizcar su cara y abrazándolo a la altura de sus pechos –una acción que lo ahogaba– con la esperanza de llamar la atención de su padre, mostrándole lo que bien que estaban con su hijo. Siempre estaba feliz cuando su padre ignoraba los gritos de esas mujeres. Se estremeció, tal vez no sería emboscado en el momento que vieran que su padre ya había sido cogido.
—Sí —su padre asintió con la cabeza—. Sino estate con nosotros; teniendo a Draco seguro que los enfadamos —le guiñó un ojo y el chico empezó a reír.
—¿Qué murmuráis? —preguntó Draco suspicaz, quitando polvo invisible de su túnica gris.
—Nada —respondió suavemente y sonrió cuando Teddy se echó a reír.
Scorpius estaba brincando e iba vestido con pantalones grises, camisa azul y túnicas blancas.
—¿Podemos irnos ya? —preguntó con impaciencia.
—Claro, claro. Cálmate —sonrió Draco, cogiéndole de la mano—. Vamos a coger un traslador. Está esperándonos fuera.
Como Harry tenía el embarazo muy avanzado no podía aparecerse sin causar daño al feto, por eso habían pedido un traslador para llevarlos al evento.
Scorpius sonrió y saltó al lado de su padre, incapaz de contener el entusiasmo. Las chicas que recordaba siempre habían sido amables con él, diciéndole lo amable que era y le regalaban dulces. Por supuesto, el comienzo del evento era un aburrimiento, pero los dulces de después lo hacían mejor.
—¿Estás seguro de estar listo para salir a la luz —murmuró Draco al oído de Harry cuando caminaban hacia afuera.
Harry asintió con la cabeza.
—No me avergüenzo de ti, Draco —dijo firme—. Estamos comprometidos, no podemos escondernos para siempre. Si a la gente no le gusta, qué les jodan.
—Espero que te estés refiriendo al sentido literal —respondió Draco con indiferencia, para luego ponerse serio—. ¿Y el bebé? Se darán cuenta de tu vientre tan pronto te presten atención.
Podrían haberlo ocultado con hechizos, pero había una posibilidad de que el conjuro afectara negativamente al bebé. Era eso y que Harry no se avergonzaba de enseñar su embarazo. Estaba orgulloso del bebé que esperaba y no quería ocultarlo como si estuviese avergonzado.
—No me importa —insistió—. No quiero ocultar a nuestro bebé. No me avergüenzo de ello. ¿Y tú?
—¡Claro que no! —respondió al insulto el rubio, y puso su mano sobre el vientre del moreno—. No puedo avergonzarme de algo que hemos hecho juntos. Sólo quería que estuvieses listo para la reacción de la gente.
—Por supuesto que estoy listo. De lo contrario no estaría aquí ahora —murmuró, dándole un beso rápido en la mejilla.
Draco sonrió y se detuvo al llegar al traslador; era un pequeño caldero de oro que brillaba ligeramente.
—Está bien, chicos, agarraos al caldero y no lo soltéis hasta llegar al suelo —Harry dio instrucciones y se sujetó al caldero.
Los chicos asintieron, adhiriéndose al borde del caldero. Tres segundos más tarde el caldero brilló intensamente, siendo transportados de inmediato.
Aparecieron en el Gran Comedor de Hogwarts (sólo ese día en particular, la directora McGonagall bajaba las defensas que rodeaban al castillo) y fueron recibidos por las ruidosas conversaciones de magos y brujas entre mezclados entre sí. La mayoría de ellos habían participado en la guerra, ya fuese luchando o ayudando al hospital; pero todos compartían dos cosas en común: habían perdido a sus familiares y amigos durante la guerra, y todos estaban contentos de que finalmente hubiese acabado.
Harry y Draco comenzaron a moverse por lugar, frente a la elevada mesa principal, la cual estaba levitada. Las personas que pasaban, charlaban en voz alta y comenzaron a susurrar mientras miraban a los dos magos.
Harry tragó saliva, pero se obligó a mirar hacia delante, haciendo caso omiso a todos los susurros y miradas de magos y brujas. Se sorprendió un poco cuando sintió una mano cálido coger la suya y miró de reojo hacia los cálidos ojos grises.
—Estoy aquí —susurró Draco, dándole un apretón con la mano.
Harry asintió, sonriendo débilmente. Scorpius andando por delante de ellos, sonreía cada vez que escuchaba a una mujer acercarse a él para decirle lo dulce y guapo que era. Teddy, por su parte, se quedó cerca de su padre, tratando de ignorar los murmullos dirigidos hacia él. A decir verdad, no le gustaba ese tipo de reuniones sociales, pero tenía que soportarlas porque su padre era un hombre importantísimo en el mundo mágico.
McGonagall alzó la vista cuando sus dos ex-estudiantes llegaron delante de ella.
—Señor Potter, señor Malfoy. Estoy feliz de que estén bien —ella les dio la bienvenida; sus penetrantes y severos ojos se suavizaron un poco. Debajo de esa máscara de indiferencia, estaba muy contenta al ver a uno de sus alumnos favoritos llegar saludablemente al acontecimiento. Ella había escuchado que Harry había escogido ser auror, al igual que su padre, y se había alegrado al enterarse del éxito del moreno. Hacia Malfoy tenía sentimientos neutrales. Ella siempre lo había visto demasiado estirado y arrogante; pero teniendo a Lucius como padre, era inevitable. Aún así, se sorprendió gratamente al ver a dos enemigos de la escuela, juntos y tuvo que mirar de nuevo. «¿Estaban cogidos de la mano?».
—Hola, profesora —sonrió el moreno, emocionado al ver a la antigua Jefa de la casa Gryffindor. No había cambiado mucho: su pelo ahora era más gris, pero se veía igual que antaño. No había duda de que era capaz de llevar la escuela como directora.
—Oh, por favor, Potter, me llamo Minerva. No he sido tu profesora desde hace años —contestó, alzando una ceja.
—De acuerdo, Minerva —admitió Harry, se sentía raro utilizar ese nombre.
Se volvió hacia Draco, el cual la miraba con recelo.
—Bueno, señor Malfoy, ¿debo estar preocupada de que esté corrompiendo a uno de mis ex-alumnos?—preguntó secamente, mirándolo inquisitiva con sus dedos entrelazados.
Sólo un ligero rubor apareció en el rostro de Draco mientras Harry se sonrojó aún más.
—No tiene que preocuparse por eso, profesora. Creo que es Harry el que lo está haciendo, en realidad —respondió con suavidad.
Una pequeña sonrisa apareció en el rostro de la mujer.
—Tal vez necesite ser corrompido —dijo divertida. Tomó una mejor visión de sus manos y notó algo que brillaba—. Al parecer las felicitaciones están a la orden del día —comentó—. ¿Cuándo será la boda? —ella bajó el tono de su voz, para poder asegurarse de que nadie más lo escuchase.
Ambos hombres se miraron entre sí, hablando, al parecer, el uno con el otro sin decir palabra. Minerva jamás pensó que vería a Malfoy y Potter expresar sus sentimientos sin hablar. Nunca había pensado que las cosas acabarían de ese modo, pero la vida tenía una extraña manera de continuar.
Los dos llegaron a la conclusión, que Draco dio un paso al frente y colocó una mano en el vientre de Harry. Minerva alzó la delgada ceja, ¿ese gesto quería decir lo que pensaba?
Malfoy sonrió.
—Nos casaremos tan pronto nazca el bebé —respondió con el orgullo claramente audible en su voz.
Minerva parpadeó, pero volvió a sonreír.
—Felicidades por el bebé.
El sonrojo de Potter se intensificó.
—Gracias —sonrió.
—¿De cuánto estás? —preguntó, interesada. Por el rabillo de sus ojos, vio a los dos niño, al ahijado de Harry y al hijo de Draco, miraba a su alrededor con cautela, el chico rubio brincaba ligeramente.
—De cinco meses —respondió Harry, con su mano unida a la del rubio sobre su vientre.
—¿Estoy en lo cierto al suponer que la gente no sabe de su compromiso y embarazo? —preguntó irónica.
—No, hasta ahora, no —admitió el moreno, tímido—. Pero supongo que no pasará mucho tiempo antes de que noten el anillo—se encogió de hombros.
—¿Necesitas que te lance un hechizo para que no puedan ir chismorreando? —propuso, recordando cuánto Potter apreciaba su privacidad. No podía culparlo de ello.
Potter negó con la cabeza.
—No, no tiene que hacerlo. Pronto se darán cuenta del nuevo miembro de la familia y será difícil ignorar el hecho de que ahora estoy con Draco.
—Scorpius, dame ese dulce —dijo Malfoy severo y extendió el brazo hacia su hijo que estaba haciendo pucheros.
Scorpius puso mala cara, pero renunció a su dulce, dejándolo caer en la mano de su padre,
—No hay dulces hasta después de cenar —le recordó su padre y guardó el caramelo en su bolsillo.
A Scorpius le tembló el labio inferior y miró a su papi con ojos suplicantes.
Harry se rió en voz baja.
—Lo siento, cielo, pero tu padre tiene razón. Después de la cena puedes comerte los que quieras.
—Vale —murmuró.
Teddy se mofó, pero no dijo nada; cogió la mano de su padre y miró alrededor de la sala.
—Bueno, lo apropiado sería que vayas a escoger tus asientos —comentó la directora—. Parece que el Ministro está a punto de iniciar su discurso.
Se despidieron y se fueron a buscar un buen sitio. Harry examinó las filas de asientos vacios y se congeló al ver el familiar pelo pelirrojo y marrón en la parte delante derecha. Ellos no lo habían notado; sin embargo, conversaban con su hija Rose que tenía cinco años.
Harry tragó dolorosamente.
—Draco, ¿podemos sentarnos al final, por favor?
Draco siguió su mirada y vio a Weasley y Granger no muy lejos de ellos. Sus ojos se endurecieron, asintió con la cabeza y guiaron a los peques a la parte posterior de la estancia con Harry siguiéndolos. Ellos saludaron a las personas que conocían y sonrieron, pero no se detuvieron a saludar.
—¡Draco, aquí! —una voz masculina lo llamó. Blaise estaba sentado en la parte de atrás sonriendo con un brazo alrededor de Daphne.
—Hola, Blaise, Daphne —saludó el rubio, sentándose junto al chico de color y tirando de Harry a su lado. El pequeño Malfoy se subió en la silla junto a la de su madre, mientras que Teddy optó por sentarse al lado de Harry.
—Nunca pensé que vería el día en que tendrías a Potter como pareja —sonrió Blaise—. Por otra parte, los dos habéis estado obsesionados el uno con el otro durante nuestra época escolar.
—Oh, vete a la mierda, imbécil —replicó de buen humor Draco.
—Draco —lo reprendió Harry, señalando a los niños. No tenía que preocuparse de que lo hubiesen escuchado, ya que Scorpius estaba riéndose de algo que le había dicho su madre y Teddy estaba mirando a alguien frente a ellos.
—Mami, ¿sabes qué, sabes qué? —dijo Scorpius emocionado.
Teddy frunció el ceño, sabiendo hacia dónde derivaría la conversación ahora.
Daphne sonrió desconcertada.
—Dime, cielo.
—¡Papi tiene un bebé en su vientre! —Scorpius dio una palmada y una sonrisa se estableció en su cara.
Los ojos de Daphne se abrieron, y ella y su marido sonrieron con suficiencia al rostro enrojecido de Harry y el orgullos de Draco.
—Imposible —dijo incrédula—. ¿En serio?
—Sí, está de cinco meses —sonrió con orgullo Draco, poniendo una mano en la barriga de Harry que sobresalía ligeramente.
—¡Draco, canalla! — Blaise se jactó—. Embarazarlo antes de estar casados, ¡qué vergüenza!
—Tío Blaise, papá se va a casar con papi —aclaró Scorpius y señaló los anillos.
—Bueno, Draco, Potter, felicidades —sonrió, extendiendo la mano para estrechársela a Harry.
El moreno sonrió, tímido.
—Gracias.
—¡Esto es maravilloso! —sonrió Daphne—. ¿Has sentido las patadas ya?
—No, aún no—el moreno negó con la cabeza, mientras su mano acariciaba distraídamente el estómago.
—Oh, no te preocupes, pasará pronto —le aseguró la mujer. De repente, sonrió maliciosamente, haciendo que Harry se preocupase—. ¡Tengo que ser la madrina del bebé!
Antes de que la pareja pudiese estar de acuerdo o no, el Ministro, un hombre de pelo gis, alto, de espaldas anchas y de aura severa, atrajo la atención mediante tres pequeñas explosiones. El gentío se calmó y miraron expectantes hacia la parte delantera.
—Nos hemos reunido hoy aquí para conmemorar a todas aquellas personas que sacrificaron sus vidas para poner fin al reinado de terror de Voldemort…
El discurso duró dos horas y media antes de informarles que podían disfrutar de bebidas y aperitivos cerca del Lago Negro.
Draco y Harry se pusieron de pie, estirando sus rígidas articulaciones. La madre de Scorpius despertaba a su hijo, el cual se había dormido pasada una hora de la charla; Teddy se frotaba los ojos y bostezó; el chico había empezado a aburrirse pasada la primera media hora y ese aburrimiento se convirtió en sueño. Le había costado mucho mantenerse despierto. Ahora la parte más aburrida había acabado.
—¿Estás bien? —murmuró Draco, acariciando la espalda de Harry.
Harry sonrió débilmente.
—Sí, estoy bien. No te preocupes.
Draco frunció el ceño, pero se giró para seguir a Daphne y Blaise fuera de la sala. Scorpius había cogido la mano de su madre y para disgusto de Teddy se vio obligado a hacerlo también ya que ella no quería renunciar al control sobre el niño. Era raro el tacto de una mano femenina, pero no era demasiado horrible. Teddy estaba muy molesto porque no le había dado opción para poder decidir a quién aferrarse.
Varias personas se toparon con ellos, todos hablando en voz alta, algunos enjuagándose las lágrimas, otros riendo. Cuando salieron al exterior, parpadearon cuando la luz del sol molestó a sus ojos, sensibles después de estar encerrados casi tres horas en una oscura sala.
—Papá, ¿puedo ir a jugar con Jaime y Max? —preguntó Teddy, después de haber visto a sus dos amigos cerca del lago.
El moreno asintió.
—Sí, ve, pero ten cuidado, ¿vale?
Teddy asintió y corrió hacia sus dos amigos.
—Voy a visitar a Hagrid. No lo he visto en un año —murmuró Harry.
Draco ladeó la cabeza.
—Me voy contigo.
Harry parpadeó sorprendido, preguntándose si había oído mal.
—¿Te vienes conmigo? Si no te gusta Hagrid —dijo confundido.
Draco hizo un ruido de impaciencia.
—Claro que no me gusta, pero ese zoquete seguramente te abrazará y te exprimirá hasta la muerte, y lo último que necesitamos es que ese idiota lastime al bebé. Es muy entusiasta.
—Vale, pero ¿puedes abstenerte de insultos? —Harry suspiró. Draco sólo sonrió.
—Cariño, ¿puedes quedarte con mamá un rato? Papá y yo vamos a ir a visitar a alguien.
Scorpius sonrió, sus carrillos estaban inflados por el sándwich. El chico asintió con la cabeza, sabiendo que era de mala educación hablar con la boca llena.
—Más le vale a ese patán tener cuidado —murmuró sombrío, luego Harry caminó en dirección a la casa del guardabosques.
El moreno puso los ojos en blanco y cogió la mano de su novio. Esperaba que Draco fuese capaz de comportarse. Lo último que necesitaba era mantener a raya a su viejo amigo y a su prometido.
—Hagrid, ¿estás ahí? —el moreno llamó a través de la cerrada puerta.
Escucharon sonidos en la casa y los ladridos de Fang.
—Oh, quita, perro —murmuró el semigigante, y tres segundos después la puerta se abrió y el semihombre salió—. ¡Harry, me alegro de volver a verte! —dio un paso para abrazar al moreno, pero se detuvo cuando Draco apartó a Harry. Hagrid frunció el ceño—. A ver Malfoy, no sé qué estás haciendo, pero quiero abrazar a Harry, así que muchacho, déjalo ir.
—Sí, claro —resopló—. No me importa que quieras dale un abrazo, pero es harina de otro costal que vaya a dejar que aplastes a Harry o a nuestro bebé.
—Bonita forma de dar una noticia —murmuró exasperado y puso los ojos en blanco.
Los suaves ojos negros de Hagrid se abrieron y miraron el vientre del moreno.
—¿Estás embarazado?
Harry se rascó la nuca, avergonzado.
—Sí, muchas cosas han pasado este último año que no nos hemos visto. Ahora estoy con Draco. Es una larga historia, y estoy embarazado —se echó a reír nerviosamente, preguntándose si Hagrid iría a asustarse. No lo culparía por ello. Aún era un poco surrealista y era él el que esperaba el bebé.
—¡Estoy feliz por ti! —gritó de golpe Hagrid y con cuidado tocó el redondo vientre del moreno, secándose sus lágrimas con un pañuelo—. ¡Tus padres estarían felices por ti!
Harry parpadeó algunas lágrimas y sonrió. Había querido escuchar la aprobación de alguien que conocía a sus padres. Se alivió al saber que su hijo habría sido recibido de buen grado por sus padres.
Draco resopló pero no dejó de mirar como Hagrid abrazaba a su pareja, manteniendo un ojo sobre él para que no apretase demasiado.
Estuvieron allí un cuarto de hora antes de que Hagrid les dijese que tenía que ir a ver a los centauros. Al parecer había habido algunas peleas entre los centauros y Hagrid quería ver si podía ayudar a resolverlas.
—¡Te veo pronto, Harry! —se despidió.
—Ves, Hagrid no es tan malo —dijo divertido mientras regresaban al lago.
—Hn, yo lo soporto por amor a vosotros —murmuró, cruzándose de brazos.
Harry lo cogió del brazo con una amplia sonrisa.
—Y te doy la gracias por ello —le dio un beso. De pronto se detuvo y puso una mano sobre su barriga—. ¡Oh! —dijo sorprendido, inclinando la cabeza.
—Harry, ¿qué te pasa? ¿Pasa algo malo con el bebé? ¿Te duele el vientre? —preguntó asustado, tocando la barriga de Harry para ver si no estaba demasiado dura. Harry no iba a tener al bebé ahora, ¿verdad? No había finalizado su segundo trimestre. No podían perder al bebé ahora, ¿por qué Harry se había hecho un esfuerzo excesivo para venir hoy? Draco se sorprendió cuando escuchó a Harry reír alegremente—. ¿Harry? —preguntó. La risa era algo bueno, ¿no?
—¡El bebé ha dado una patada! —Harry lo miró con el brillo en sus ojos, el brillo en sus ojos verde esmeralda—. ¡He sentido las patadas del bebé!
—¿Qué?—preguntó, asombrado.
—Aquí —el moreno le cogió de la mano, poniéndola debajo de su camisa, trazando lentamente sobre su vientre con el ceño frunciendo ante la concentración—. Espera, que aún se está moviendo.
Draco jadeó cuando sintió un leve movimiento sobre la palma de su mano. Se arrodillo en la hierba, sin importarle que sus pantalones quedasen manchados y colocó las dos sobre la barriga de Harry, sintiendo de nuevo el movimiento.
—Merlín —respiró y sonrió tiernamente. Levantó la mirada hacia los ojos de Harry y una lágrima cayó sobre su mano. Se puso de pie lentamente y colocó sus brazos alrededor del moreno, inclinando la cabeza hacia atrás para darle un beso en los labios—. Te quiero y también a nuestro bebé —susurró, limpiándole las mejillas a Harry.
El moreno le devolvió la sonrisa.
—Yo también te quiero.
Otra débil patada les hizo saber que el bebé les había oído.
—Voy a ver qué están haciendo los chicos —dijo Draco un par de horas más tarde, después de haber vuelto a casa. Besó a Harry y le guiñó un ojo antes de salir de la habitación.
El moreno sonrió, se quitó la túnica y la camisa. Se puso una camiseta gris amplia y se quitó los pantalones y eligió sentarse en la cama con la camiseta y con el bóxer. A juzgar por las miradas de Draco que había puesto sobre él en el momento que habían sentido a su bebé patear, no pasaría mucho tiempo antes de que su camiseta y bóxer le fuesen quitados.
Por costumbre revisó los bolsillos antes de colocarla en una silla y se sorprendió al sentir un papel doblado. Frunció el ceño y abrió el pergamino. La carta no era muy larga.
Potter:
Me alegra saber que mi poción ha funcionado. ¿Cómo se siente tener al hijo de tu pareja? ¿Te ha gustado? Ya sabes lo que dicen sobre el embarazo: hace que la madre se vea más guapa. Y estabas inmensamente brillante en el homenaje. Creo que mañana podrás verte en los periódicos. No todos los días el famoso Harry Potter sale en público con su nueva pareja e hijo.
Si yo fuera tú, disfrutaría del tiempo con la familia. Nunca se sabe lo que puede llegar a pasar…
Estoy deseando verte de nuevo.
Sinceramente,
Un admirador.
Un escalofrío recorrió el cuerpo de Harry.
Gracias por leer y comentar.
NdT. Os invito a que os paséis por mi nuevo fic, escrito por mí: Recuérdalo.
Curiosidades. Siempre he supuesto que el nombre de Teddy era el diminutivo de Theodore, ¡pues no! Viene del nombre de Edward, qué cosa más rara. Tengo que darle las gracias a PukitChan, sus historias tenéis que leer, por hacer mención de ello en uno de sus fics, sino seguro que en un fic hubiese llamado a Theodore a Teddy, xD.
Respuesta a los comentarios anónimos.
-Cherry Black. Hola, guapa. Todo bien, ¿y tú? Bueno el final del cap es un poco rosa, pero tampoco ese rosa que dices «quiero vomitar». Teddy… Con el chico hay abierto entre los que comentáis un gran debate. ¿Qué hay que hacer con el chico? Lo que encuentro extraño de Harry, que después de haber vivido en una familia que no le quería, no pueda darse cuenta de los sentimientos de su ahijado, que casi seguro son los mismos que sentía él cuando Petunia arropaba a Dudley, le daba un beso de buenas noches… El tema Luna queda apartado que me han tirado piedras y todo xD. Pero no por ello la descartaba de sospechosa. Un abrazote.
-Kasandra Potter. Gracias por el cumplido, ¡espero verte en mi nuevo fic! ¿Lo has leído? A mí me gustan los fics largos, en lo que todo pasa deprisa pero sin pausa. Contra el gusto no hay nada escrito y es comprensible que te gusten otros autores. Un beso.
