Capítulo 40

Diecisiete de Mayo.

Un sudor frío recorrió su frente. Cómo… Cuándo… ¿El asesino había estado en el homenaje? Había estado ahí, cerca de su familia… las rodillas de Harry se doblaron y se dejó caer en la cama, mirando la nota que parecía burlarse de él. ¿Cómo no había notado que alguien la había puesto en su bolsillo? Recordó que había sido empujado cuando se dirigían fuera del Gran Comedor. ¿Había sido ese el momento en el que el asesino había estado cerca de él? Y lo chicos estaban ahí… podrían haber sido secuestrados o heridos…

Harry cerró los ojos y se inclinó hacia adelante, con las manos sosteniendo su cabeza. No podía creer que eso hubiese sucedido delante de sus narices.

—Mierda —susurró, arrugando la nota. ¿Debería decírselo a Draco? Se mordió el labio y miró fijamente la pared de enfrente. Si se lo decía no le permitiría salir a la calle, siempre y cuando el asesino aún estuviese suelto. Él lo mantendría encerrado Dios sabe cuánto tiempo. Realmente no le gustaba esa idea. Pero por otra parte, la seguridad de su familia estaba en juego—. Maldita sea —gruñó y lanzó la nota contra la pared. Ésto era demasiado para él. ¿Por qué el asesino estaba tan obsesionado con él? ¿Tenía un rencor personal hacia su persona?

«Bueno, eso lo reduce —pensó el moreno, sarcástico». Una patada hizo que se sobresaltase y se llevó la mano a su vientre, frotando la zona en círculos. ¿Cómo iba a solucionarlo?

—Teddy está leyendo un libro y Scorpius se divierte con sus juguetes —Draco entró de golpe en la habitación, y Harry sorprendentemente se puso de pie.

—Vale —dijo distraído mirando por la ventana, con la mano frotando su barriga. Se había vuelto un hábito.

Los ojos de Draco se iluminaron y miraron con avidez el cuerpo de su pareja. Harry no había ganado mucho peso, la mayor parte se encontraba en su vientre, y sólo lo hacía más atractivo. Nunca se cansaba de él. Lentamente caminó hacia delante y, sorprendiendo a Harry, lo envolvió sus brazos alrededor del su vientre, tirando de él contra su pecho.

—Draco, ¿qué…? —preguntó Harry sorprendido.

—¿Quieres descubrir si a nuestro bebé le gustaría saber lo mucho que nos queremos? —le susurró Draco al oído, metiendo sus manos debajo de la camiseta del moreno.

—No suena nada mal —Harry rió débilmente, pensando si tenía que decírselo a Draco o no. Sin embargo, antes de que pudiese tomar una decisión, su atención se concentró en una mano acariciando su pecho y una boca chupando su cuello.

—Puede, pero sabes que te va a gustar —susurró seductoramente el rubio en su oído, haciéndole temblar.

—Hn, Draco, tengo que decirte algo —comenzó el moreno y gimió cuando Draco empujó con suficiente fuerza contra su culo; sus dos manos metiéndose por debajo de la camiseta, acunando su estómago.

Draco sonrió y le dio la vuelta, empujando a Harry sobre la cama antes de ponerse sobre él, intentando no poner demasiado pensó sobre el vientre del moreno. Sus labios recorrieron un camino de placer hacia la oreja de Harry, dónde susurró:

—¿Y qué tienes que decirme, cariño? —dijo antes de encontrar su lugar favorito para chupar, justo debajo de la oreja del moreno. Sonrió cuando escuchó la respiración agitada de Harry y retrocedió con impaciencia contra las caderas que se elevaban a su encuentro.

—Hn —comenzó el moreno, pero para por suerte no podía recordar lo que quería decirle a Draco. Algo sobre una nota, de eso estaba seguro. Pero ¿qué era lo importante de esa nota?

—¡Oh! —él movió sus caderas y gimió con fuerza cuando Draco cogió el bulto creciente en sus pantalones.

Draco sonrió maliciosamente y murmuró un hechizo en voz baja:

Nostrum vestem poneo —su ropa desapareció en un instante y apareció en una silla.

El moreno parpadeó sorprendido al sentir el frío aire tocar su desnuda piel.

—¿Qué? —se sonrojó cuando se dio cuenta de que estaban desnudos y de repente fue consciente de estar desnudo en su totalidad, mostrando su vientre, algo que trató de ocultar bajo las sábanas.

Draco no tenía problemas con eso. Cogió las manos de Harry y las colocó al lado de su cabeza, moviendo a su vez las caderas, sacando un gemido de su pareja

—No te escondas. Me gusta mirarte —murmuró contra sus rosados labios.

Las mejillas de Harry se enrojecieron un poco más y se escondió de nuevo su rostro en el hombro de Draco. Se estremeció cuando sintió sus manos acariciar su pecho y vientre, notando como bajaban más y más, hasta que comenzaron a acariciarles las piernas. Colocó sus piernas alrededor de la cintura de Draco, centrando su atención en el pálido torso, pasando sus manos por él y deslizando su lengua por la clavícula.

—Joder —murmuró Draco entre dientes y tuvo la suficiente cordura como para murmurar un hechizo silenciador y un hechizo de bloqueo en la puerta, antes de dejar caer la varita sobre la mesita de noche y buscar los labios de Harry para besarlos con fiereza, mordiendo el labio inferior hasta que Harry jadeó y abrió la boca para él- ellos gimieron al unísono cuando sus lenguas se tocaron y se envolvieron la una a la otra, teniendo que turnarse para acariciar la lengua del otro.

No pasó mucho tiempo antes de que sus fuertes jadeos y gemidos apagados se escuchasen la habitación y Draco apretó sus miembros el uno contra el otro; el sudor de su cuerpo facilitaba el poder deslizarse.

Mientras Harry estaba ocupado besando el cuello del rubio, la mano de Draco fue a parar al primer cajón de la mesita de noche, maldiciendo por enésima vez por poner el lubricante en un lugar al que no podía llegar inmediatamente. Realmente necesitaba poner el tubo en la parte superior, ya que eso lo ahorraría tiempo para poder adorar el cuerpo de Harry.

—Está en la parte del fondo del cajón —murmuró contra sus labios antes de reclamarlos ansiosamente.

Draco frunció el ceño en concentración, pero sonrió en el beso cuando sus dedos sintieron el bote de lubricante.

—¿Sabes que podrían haber usado un accio? —sugirió, alejándose de Draco un poco para apoyarse en las almohadas y respirando con dificultad.

Draco paró en su acción de esparcir el lubricante con sus dedos y frunció el ceño, sonriendo, a su pareja.

—Oh, cállate —murmuró—. ¿Quién piensa en usar un hechizo cuándo estoy a punto de follarme al cuerpo perfecto?

—Qué encantador eres —rió entre dientes el moreno y tembló con anticipación cuando Draco empujó contra sus piernas abiertas y se colocó entre ellas.

Draco sonrió y le dio un breve y dulce beso en los labios.

—Admite que amas mi encanto —dijo descaradamente y con lentitud deslizó un dedo dentro del orificio del moreno, notando la presión de sus músculos y el apretado calor alrededor de su dedo.

Harry respiró tembloroso y abrió más las piernas. Colocó las manos alrededor del cuello de Draco y lo acercó para besar sus labios.

—¿Quién dice que no me gustan tus labios? —le guiñó un ojo y gimió roncamente cuando un segundo dedo se unió.

—Puedo vivir con eso —sonrió el rubio y metió los dedos más profundamente, sabiendo exactamente dónde tenía que tocar para hacer gemir a su pareja

—¡Joder, Draco! —gritó Harry y tiró su cabeza hacia atrás, cerrando los ojos, notando como temblaba todo su cuerpo.

Draco lo miró sorprendido, sabía que Harry era muy sensible en la cama, pero él no se lo esperaba. Tenían que ser las hormonas causadas por el embarazado que lo hacían más sensible, reflexionó y añadió un tercero, dando besos al caliente cuelo de Harry y también sobre su clavícula, escuchando el latido irregular, y el fuerte jadeo de su pareja. Una sensación de placer recorrió su cuerpo cuando una mano caliente envolvió su erección y empezó a acariciarla. Miró a los ardientes ojos verdes y tragó saliva.

—Ya me has preparado suficiente. Quiero que me folles ahora —preguntó, deslizando sus piernas alrededor de la cintura del rubio, haciendo que quedasen más cerca.

—Qué agresivo —murmuró, pero no pudo resistirse. ¿Por qué iba a hacerlo? Sacó sus dedos del interior de Harry, haciendo que gimiese suave y pasó sus manos por los glúteos del moreno, alzándolo un poco. Como no quería poner demasiado peso en su vientre, tuvo que alzar sus caderas un poco para entrar en él, algo de lo que el moreno no se quejó. Se dio la oportunidad de adentrarse aún más adentro de su prometido y no era algo que le gustaba hacer.

—¿Preparado? —preguntó sin aliento y apretó su goteante miembro con fuerza con la dilatada entrada.

Harry asintió con impaciencia y resopló un poco.

—Sí, manos a la obra —tiró de la cabeza hacia abajo y lo besó con dureza, mordiendo suavemente su labio inferior, adentrando su lengua en cuanto el rubio abrió su boca con un gemido.

Draco sonrió contra el duro beso y sin disminuir la velocidad, se adentró de una sola estocada y sólo se detuvo cuando estuvo dentro de Harry por completo. Estuvo inmóvil y acariciaba lentamente al moreno, acunando sus estómago y besando su estómago suavemente, sabiendo que ese gesto lo relajaría.

Harry cerró los ojos y contuvo su respiración, concentrándose en mantener sus músculos relajados. No importaba cuántas veces lo hubiesen hecho, siempre necesitaba un momento para poder relajarse, sobre todo cuando Draco entraba de golpe. Abrió los ojos pasado un minuto y miró directamente a los ardientes ojos grises; el dueño de ellos estaba temblando ante el esfuerzo de mantenerse quieto. El sudor caía por su espalda.

Sonriendo, Harry se alzó un poco para darle un suave beso en los hinchados y doloridos labios, los suyos tampoco estaban mejor.

—Puedes moverte —respiró contra la boca de Draco y le dio un profundo suspiro cuando el rubio se retiró antes de penetrar de nuevo, estableciendo un ritmo lento.

Sus manos apretaron sus morenas caderas y los besos fueron en aumento cuando Draco aceleró, alcanzando ese punto en su interior que hacía a Harry ver las estrellas, y cuando el moreno no para de gemir, gemir y gemir, Draco se tragó un gemido con su boca.

Las manos de Harry se apresuraron a coger el cabezal de la cama cuando las penetraciones de Draco se volvieron más intensas y apretó sus piernas alrededor de la cintura del rubio, mordiendo la lengua del otro, gimiendo suavemente cuando una mano cogió su goteante miembro, tirando de él suavemente.

Harry arqueó la espalda y teniendo la boca abierta pegó un silencioso gemido cuando una brillante luz llenó su mente y combinado con el calor en su vientre antes de notar el de Draco sobre el suyo; apretando sus músculos alrededor de la polla de Draco.

—Jo-joder —murmuró el rubio entre dientes cuando le apretaron aún más, pero siguió penetrando, con la cara enterrada en el hombro de Harry, también envuelto en la sensación de calor que notaba a su alrededor, besándolo.

Un "te quiero" susurrado fue su perdición y se corrió con fuerza, sus caderas absorbieron las oleadas de su orgasmo; su grito fue ahogado contra su sudorosa piel.

Se dejó caer al lado del moreno, saliendo cuidadosamente de él y colocando a Harry en sus brazos, pasando uno por debajo de su espalda y el otro alrededor de su vientre.

Durante un rato se hizo el silencio, sólo se podía escuchar la respiración pesada y el sonido de los pájaros de afuera.

—Joder, ha sido increíble —respiró el moreno sonriendo.

Draco sonrió y lo besó suavemente, rompiendo el beso bruscamente cuando notó una patada en el vientre del moreno, llevando una mano allí.

—El bebé es activo —dijo Harry sonriendo.

—Tú no eres el que está notándolo constantemente —bostezó, con los ojos medio cerrados.

Draco lo miró con diversión.

—Duérmete, aún nos quedan dos horas para la cena.

—Hn, vale —murmuró y cerró los ojos con la cabeza sobre el hombro de Draco.

La nota había quedado olvidada debajo de la mesa.


Harry frunció el ceño cuando pasados diez minutos de esperar sólo Teddy había aparecido en la cena. Scorpius no había aparecido.

—Teddy, ¿sabes dónde está Scorpius? —preguntó, reclinándose en su silla.

Draco también frunció el ceño y miró pensativamente hacia el techo, con su mano trazando círculos en el estómago del moreno.

Teddy negó con la cabeza.

—No, he venido de inmediato cuando el elfo me llamó para cenar. No lo he visto desde que hemos llegado a casa —murmuró, dando un sorbo su zumo de manzana.

—Voy a su habitación, entonces. Tal vez está tan ensimismado en jugar que no ha notado que es la hora de la cena —suspiró Draco y se puso de pie, saliendo del comedor. No era la primera vez que a Scorpius se le pasaba el tiempo, incluso si el elfo lo avisaba.


—Scorpius, es hora de cenar —gritó y abrió la puerta de su habitación. Frunció el ceño cuando vio a su hijo acurrucado debajo de su manta y tiró de ella—. Scorpius, ¿qué haces en la cama ya?

Una cara enrojecida y unos ojos grises aturdidos le devolvieron la mirada. Scorpius se sorbió la nariz y se frotó los ojos con cansancio.

—Papá, estoy cansado —gimió suavemente.

—¿Estás enfermo? —preguntó preocupado, y puso una mano en la frente de su hijo, exclamando suavemente al sentir la ardiente piel de su hijo—. ¿Por qué no me has dicho que te encontrabas mal? ¿Cuánto tiempo has estado cansado?

—No lo sé. Jugaba y estaba cansado, así que me metí en la cama —murmuró Scorpius, dejándose caer de espaldas, tosiendo un poco.

—Creo que tienes gripe —suspiró el rubio. Genial, era justo lo que necesitaba. Cuando finalmente iba todo bien, su hijo se ponía malo. Sus ojos se estrecharon cuando vio unas pequeñas manchas de color púrpura—. Scorpius, esas marcas, ¿no te duelen?

Scorpius se revolvió incómodo cuando su padre tocó un punto en su mano. Le quemó un poco y retiró la mano de inmediato.

—No lo hagas, papá —gimió.

—Ah, tienes viruela de dragón. ¿Has jugado con un niño que estaba enfermo? —cuestionó Draco; invocó un vaso de agua y ayudó a su hijo a beber. Tendría que bajar para conseguir una poción para la viruela. La enfermedad por sí no era peligrosa con el tratamiento adecuado, pero aún no estaba muy avanzado ya que se consideraba una enfermedad de niños. Una vez que alguien llegaba a la pubertad era imposible tenerla, ya que el sistema inmunológico trabaja correctamente para evitar las bacterias. En el sentido literal de la palabra, era una enfermedad infantil.

—Tommy ha estado tosiendo un poco y tenía algunas manchas rojas —murmuró el pequeño, con los ojos un poco cerrados.

—Pues ahora tienes que apartarte de él. Vas a estar en cama durante una semana, al menos —le regañó suavemente, pero no pudo ser duro con su hijo enfermo. En realidad no era su culpa, después de todo, los padres de ese crío tenían que haberlo dejado en casa.

Scorpius puso mala cara y estornudó.

—Voy a buscar la poción —murmuró y le acarició el pelo antes de levantarse y salir de la habitación rápidamente. Se dio la vuelta al llegar al final de la escalera y abrió la puerta de su izquierda: su propio laboratorio de pociones. No era tan grande como el de Severus, pero si lo suficiente para crear sus pociones y tener unas cuantas por si necesitaba algo rápido.

Se agachó y abrió un armario; apartó unos viales y tarareó un poco cuando encontró el que necesitaba. Al menos estaba abastecido de las pociones más importantes, para así no tener que salir corriendo en el peor momento.

En el mismo instante en el que salió del laboratorio, Harry apareció en la puerta del comedor, mirándole perplejo.

—Draco, ¿dónde vas y qué vas a hacer con esa poción?

Draco suspiró.

—Él está enfermo. Parece ser que ha jugado con un niño que tiene viruela de dragón y él no la ha pasado, sin embargo, ahora la tiene. ¿Teddy la ha pasado?

Harry frunció el ceño.

—No, aún no. Espera, ¿desde cuándo son enfermedades para niños?

—Sólo les afecta a ellos, por supuesto. Una vez que llegan a la pubertad, su sistema inmunológico es más fuerte para mantener a raya a las bacterias, por eso afecta más a los infantes. Estará en cama al menos una semana. Mantendría a Teddy lejos de Scorpius, a menos que quieras que también se enferme —advirtió Draco—. Por lo menos tú no enfermarás —murmuró casi en el último momento.

—Hn, bien. ¿No tenemos que llamar a un medimago o algo así? —preguntó Harry, inseguro. Nunca había experimentado la viruela de dragón en sí mismo, tampoco había visto a nadie con ella, así que no tenía idea de si era peligrosa o no.

—No, estará bien con las pociones que voy a suministrarle —aseguró el rubio—; pero si se pone peor, lo llevaremos a un sanador.

Harry asintió con la cabeza, con el ceño fruncido por la preocupación.


—¿Papá? —preguntó Teddy mientras Harry volvía hacia él. Draco había vuelto a la habitación de su hijo, maldiciendo por el camino a los estúpidos padres que habían sido capaces de llevar a su hijo enfermo con ellos. ¿Cómo podían ser tan irresponsables?

Scorpius abrió los ojos cuando escuchó su puerta abrirse de nuevo e hizo una débil mueca al ver las pociones que su padre traía en sus manos. Realmente no le gustaba tomarlas, era divertido poder hacerla, pero no tenían buen gusto.

—Scorpius, necesito que te las tomes —murmuró Draco, irguiendo a Scorpius un poco y acomodándole las almohadas.

—No, papá do quiero — apartó el vial débilmente, haciendo un puchero.

—Scorpius, tienes que tomártelas. Quieres ponerte mejor, ¿no? —intentó convencerlo Draco, ofreciéndole la poción de nuevo.

Scorpius frunció el ceño ante el vial, sintiendo que era su peor enemigo en este momento.

—Si te la tomas, mejorarás pronto y podrás volver a jugar —volvió a intentarlo. Se preguntó si todos los niños eran tan obstinados a tomarse su medicina, o si sólo era la mala suerte de tener un hijo rebelde.

El niño aún no se fiaba lo suficiente como para beberse la poción y mantuvo sus labios firmemente cerrados y cruzándose de brazos. A pesar de que tenía los ojos vidriosos por la fiebre, se las arregló para mirar la poción.

Draco lo intentó por última vez:

—Papi va a tener otra revisión dentro de una semana —dijo casual, e interiormente sonrió cuando vio a Scorpius cambiar la mirada del vial hacia él con los ojos muy abiertos—. Y puede que durante la revisión podamos saber con exactitud si es un niño o niña.

—¿En serio?—preguntó Scorpius asombrado y animándose un poco.

Draco asintió.

—Sí, pero si estás malito no podrás estar con nosotros en la revisión —dijo solemnemente.

En un abrir y cerrar de ojos el niño se había bebido el primer vial e iba a por el segundo. Draco sonrió y los cogió mientras Scorpius estaba haciendo muecas y limpiándose la boca.

—Muy bien —lo elogió y le revolvió el pelo.

Scorpius lo miró mientras parpadeaba, empezando a sentir sueño.

—Quiero que papi esté aquí —dijo mientras bostezaba.

—¿Por qué no te duermes primero? Papi estará aquí cuando despiertes.

—No, lo quiero ahora —dijo tercamente, negándose a ceder ante el sueño. Quería que su papi estuviese a su lado para poder acurrucarse contra él. Su madre siempre le había dejado hacerlo cuando había estado enfermo y ahora papi había ocupado el sitio de Astoria.

Draco suspiró y se frotó la frente.

—Está bien: iré a buscarlo. Pero entonces tienes que irte a dormir.

Scorpius sonrió, lo hizo como puedo al tener toda la cara enrojecida y los ojos vidriosos, y se acurrucó más bajo las sábanas.


Con un suspiro exasperado, Draco entró en el comedor, donde Harry estaba escuchando con atención algo que Teddy le estaba diciendo.

Alzó la vista cuando sintió unas manos en el hombro.

—¿Ha tomado su medicina? —preguntó Harry, quién tenía la sensación que había sido difícil convencer a Scorpius de que se tomase las pociones. No lo podía culpar, ¡él era un adulto y las odiaba!

—Sí, me ha llevado tiempo —Draco puso los ojos en blanco—. De todos modos, te quiere con él.

Harry parpadeó.

—¿Ahora?

Teddy frunció el ceño, incluso estando enfermo, el niño seguía entrometiéndose entre él y su padre.

—Sólo tienes que estar ahí hasta que se duerma. No será mucho tiempo —le aseguró Draco.

—De acuerdo —se encogió de hombros el moreno y se levantó. Cuando pasó junto a Teddy, le revolvió el pelo cariñosamente—. Ahora vuelvo, hijo —sonrió y la furia de Teddy se apaciguó un poco.

—¿Qué tienes Scorpius? —preguntó Teddy, neutral

—Viruela de dragón —respondió haciendo una mueca—. Tienes que estar lejos de él. Harry me ha dicho que no has pasado esa enfermedad, así que lo mejor es que te mantengas al margen.

Teddy asintió con la cabeza, de todos modos a él no le gustaba estar cerca de Scorpius. Entonces se acordó de los deberes que aún no había terminado porque no los entendía. Había estado pensando en pedirle a su padre que le ayudase, pero ahora no estaba. Miró a Draco tímidamente, el cual se estaba frotando los ojos.

—Draco, ¿puede hacerte una pregunta? —comenzó tímido.

El rubio parpadeó sorprendido.

—Claro, ¿qué pasa?

—Tío Severus nos dio algunos deberes de pociones, pero no puedo encontrar la solución a la pregunta de por qué algunos ingredientes no se pueden poner en el caldero a la vez. ¿Me puedes ayudar? —jugueteó con las mangas de su camisa.

Draco rió entre dientes.

—Claro, coge tus deberes. Vamos a mi despacho. Tengo que mirar unos documentos, pero seré capaz de ayudarte.

—Gracias —Teddy sonrió y corrió a su habitación.


Scorpius abrió los ojos cuando escuchó la puerta de su cuarto abrirse de nuevo, y sonrió adormilado cuando su padre entró en la estancia con suavidad.

—Hola, hijo —susurró Harry, y lentamente se sentó en la cama apoyándose contra el cabezal, estirando un brazo para abrazar al pequeño.

Scorpius suspiró de felicidad y apoyo la cabeza sobre el abultado vientre de éste.

—¿Cuándo se va a mover el bebé? —le preguntó con curiosidad, poniendo sus dos manos sobre el vientre del moreno. Había esperado con impaciencia que su papi fuese a él para poder sentir al bebé en las últimas semanas, pero su papi no había ido.

Alzó la vista cuando sintió una mano acariciando su pelo y vio a su padre sonriendo. «Papi realmente tiene una sonrisa bonita —pensó distraídamente».

—Tienes que esperar un poco más y el bebé pateará —respondió.

En ese momento, Scorpius sintió un golpe contra su mejilla y se apartó sobresaltado, mirando fijamente la barriga de Harry.

El moreno se rió y cogió sus manos para colocarlas en su vientre.

—¿No quieres sentir las patadas, hijo? —le preguntó divertido.

Scorpius abrió la boca asombrado y puso su mejilla contra el vientre, escuchando con atención. Unos segundos más tarde, sintió unas patadas contra su mano derecha, y parecía que podía escuchar cómo se movía.

—¡Puedo sentir al bebé! —dijo con emoción y tosió un poco. Después de su leve ataque de tos, Harry le frotó la espalda con dulzura, y el rubio frunció el ceño—. Pero, papi, ¿te hace daño el bebé? —pregunto preocupado.

Harry negó con la cabeza y sonrió, acercando más a Scorpius.

—No, claro que me hacen daño las patadas. Se siente bien, ya que significa que el bebé está sano.

—Oh —asintió el pequeño y bostezó. Sus párpados empezaron a cerrarse y su cabeza empezó a sentirse pesada—. ¿Me cantas una canción de cuna, mamá? —murmuró.

Harry se tensó y miró al muchacho, incrédulo. «¿Mami? ¿De dónde se había sacado eso? ¿Podía ser su papi, pero mamá? ¿Era la fiebre la que estaba hablando?».

—¿Por qué me has llamado mamá —preguntó en voz baja, un poco asustando.

—Las mamis son agradables, dulces y tienen bebés en su vientre —murmuró, arrastrando las palabras—. Me cantas una canción de cuna, ¿por favor?

Harry parpadeó

—Dios, espero que sea la fiebre la que habla —murmuró, pero siguió acariciando el pelo del chico—. De acuerdo, trataré de cantarte una canción.

Comenzó a tararear en voz baja, era algo que había escuchado cantar a su tía alguna vez a su primo. Nunca le había cantado a él, pero él la había escuchado. Siempre le había calmado y al parecer a Scorpius también.

No pasó mucho tiempo antes de que la suave respiración del chico llenase la habitación y Harry se quedase solo con sus pensamientos. «Mami».

Harry resopló. Los Malfoy eran una caja de sorpresas. A pesar de que esperaba que fuese la fiebre la que estuviese hablando. No creía que fuese a poder soportarlo si Snape se enterara del cambio que nombre que había usado Scorpius.

Colocó cuidadosamente a Scorpius bajo las mantas y se puso de pie e hizo una mueca cuando su bebé dio una patada contra su vejiga. Realmente se preguntó de dónde sacaba toda esa energía.


—Draco, ¿qué es esto? —Teddy señaló un libro azul situado en una pequeña mesa. Draco y él estaban aún en el despacho, y se las arregló para acabar sus deberes con la ayuda de Draco y ahora estaba mirando los libros que el rubio tenía allí.

Draco levantó la mirada del pergamino y frunció el ceño.

—Ah, eso es un libro de Aritmancia. Me lo dio Severus.

—¿Qué es la Aritmancia? —preguntó.

—Bueno, tienes que leer la teoría para poder entenderlo, pero tiene que ver con las matemáticas —sonrió Draco—. Hice Aritmancia cuando estaba en Hogwarts y me gustó casi tanto como Pociones.

—¿Puedo leerlo? —preguntó Teddy tímidamente, señalando el libro.

Draco rió entre dientes.

—Claro, adelante.

Y así fue como Teddy descubrió su interés por esa materia. Sólo había leído los primeros capítulos, pero él ya estaba seguro de seguir con ella cuando por fin entrase en la escuela.

Draco miró la cara concentrada del niño, divertido. Al menos tenían eso en común. Harry le había instado en que pasase más tiempo con Teddy para que pudieran relacionarse de la manera adecuada, pero hasta ahora no había logrado encontrar algo que poder compartir con el niño; sin embargo, la Artimancia era algo que podía compartir con él.


Dos días más tarde, Harry recibió una carta de Luna, diciendo que iría a visitarlo a las tres de la tarde del diecinueve de mayo, para otra revisión.

Scorpius aún estaba en cama por su enfermedad, pero al menos la fiebre había disminuido un poco. Y no había vuelto a llamar a Harry "mamá" de nuevo, por lo que el moreno estaba muy agradecido. Scorpius estaba demasiado fascinado con el vientre y con el movimiento del bebé para poder llamarlo "mamá" de nuevo. Estaba muy emocionado al enterarse que esa buena mujer iba a volver, no podía esperar para poder saber si iba a tener un hermanito o hermanita. Cualquiera estaría bien.

Teddy, sin embargo no estaba tan entusiasmado con el próximo chequeo. Y tampoco estaba contento por el tiempo perdido con su padre.

La cuarta noche que su padre pasó con Scorpius de nuevo, Teddy escuchó detrás de la puerta. Ésta estaba un pelín abierta y sólo podía ver la cara de su padre y su brazo. Él estaba ocupado con sus clases, no podía pasar tiempo con Harry durante el día y éste pasaba las noches con Scorpius, así que su tiempo era más limitado. Le frustraba que su padre no tuviese tiempo para él. ¿Por qué no podía su padre pasar más tiempo con él?

Se fue a su habitación cuando su padre terminó la canción de cuna y se metió en la cama, sintiendo nostalgia ya que su padre nunca le había cantado una canción así a él. Pero eso no importaba, ¿verdad? Era un niño grande, no necesitaba una canción. Hizo caso omiso a las pocas lágrimas que caían por sus mejillas. Mañana sería un día mejor, era sábado, no tendría clase y podría buscar a su padre.

Teddy tendría tiempo a solas con él mañana. Asintió con la cabeza, asegurándose que todo saldría bien y cerró los ojos.


Continuará