Capítulo 41

20 de mayo: cinco meses de embarazo.

Harry y Draco levantaron la vista al escuchar unas pisadas familiares acercarse al comedor. Harry dejó su vaso con zumo de manzana sobre la mesa cuando Snape entró en la estancia, con un periódico doblado en sus manos. Parecía un poco enfadado, pero Harry supuso que era algo habitual.

—¿Severus? ¿Qué haces aquí tan temprano? ¿Y en sábado? Teddy no tiene ninguna clase hoy, ¿verdad? —preguntó Draco, sorprendido.

Snape se sentó, colocando un periódico a un lado.

—¿Has leído el diario últimamente? —preguntó con frialdad.

Draco parpadeó.

—No, he estado muy ocupado con el trabajo y cuidando de Scorpius porque tiene viruela de dragón.

—¿Cómo la cogió…? No importa —Snape negó con la cabeza, frunciendo el ceño hacia el periódico—. Léelo. Me sorprende que no hayan llegado lechuzas aún.

Harry frunció el ceño y miró a Draco, quien se encogió de hombros y juntos se inclinaron hacia el diario; sus ojos se pusieron como platos al mismo tiempo cuando vieron una gran fotografía de los dos en el centro. La imagen se tomó cuando caminaban detrás de la cabaña de Hagrid y Draco estaba de rodillas en el suelo para tocar el estómago del moreno para sentir al bebé por primera vez.

—¿Cómo diablos han conseguido sacar esa foto? —murmuró, molesto, Harry. Estaba seguro de que nadie los había seguido cuando fueron a visitar al semigigante. ¿Cómo se habían podido acercar a ellos tan sigilosamente?

Draco hizo un sonido de desagrado y se limitó a seguir leyendo el artículo, aún con su ceño fruncido en cada párrafo.

¡Potter y Malfoy juntos!

Parecía imposible que dos enemigos de la escuela, Harry Potter y Draco Malfoy, pudiesen permanecer cerca el uno del otro sin tratar de maldecirse, pero al parecer los problemas que tuvieron antaño se resolvieron para sorpresa de todos.

Fue durante el homenaje a la caída de Ya-Saben-Quién cuando el mundo fue informado de la nueva relación de Potter con Malfoy. Como todo el mundo seguramente recuerda, Harry Potter estuvo soltero durante años después de su ruptura con Ginny Weasley, por razones que aún se desconocen. El mismo Draco Malfoy estuvo casado con Daphne Greengrass, pero se divorció de ella pasados unos años, provocando que la exmujer de Draco Malfoy se casara con Blaise Zabini.

En qué momento fue que los dos jóvenes se reunieron y comenzaron su relación, aún no se sabe, ya que ambos se niegan a responder a nuestras cartas. Pero es evidente que no les importa lo que piense la gente de su relación, ya que llegaron juntos, con poca discreción al demostrar su afecto el uno por el otro.

Su relación ha sido un shock para el mundo mágico, ya que nadie esperaba que esto sucediera, pero lo que probablemente sorprenderá es el hecho de que Harry Potter está embarazado de Draco Malfoy. Al principio nuestro reportero pensó que era un efecto óptico causado por la luz o que la túnica de Potter no era de su talla, pero se las arregló para hacer una foto (ver imagen del centro), cuando los dos hombres salieron de la casa del guardabosques de Hogwarts y Malfoy, con cariño, tocó el vientre de Potter, claramente abultado.

Los sanadores creen que Potter tiene entre cinco y seis meses de embarazo, cosa que es sorprendente, ya que nadie era consciente de que la pareja había tratado de buscar niños tan pronto en su relación. Se supone que iniciaron su relación durante el año anterior, ya que no hay evidencias de que se juntasen antes.

Y las sorpresas aún no acaban. Después de haber examinado la foto más a fondo y de preguntar por ahí, podemos decir con seguridad a nuestros lectores que no sólo Potter y Malfoy están esperando un hijo, sino que también tienen pensado casarse; la evidencia es clara en los anillos de compromiso en sus manos.

Malfoy y Potter han dejado caer una bomba sobre el mundo mágico con su aparición en el homenaje.

Aunque nadie esperaba que esto sucediese, lo único que podemos hacer es ofrecer nuestras felicitaciones a la pareja y les deseamos suerte por su próxima boda y el bebé.

—Bueno, al menos se lo han tomado bien —Harry suspiró y se frotó los ojos. Honestamente, había esperado algo peor cuando Snape entró tan molesto. A pesar de que tenía la esperanza de tener más tiempo para que el público se acostumbrase a su relación con Draco, al menos ya lo sabían. Se consideraba afortunado de que El Profeta apoyase su relación, y eso significaba que más gente iba a hacerlo, ya que por desgracia el mundo mágico estaba empeñado en creer a los diarios, dijesen la verdad o no. Por lo menos ahora todo iba a su favor.

—El periódico se lo ha tomado bien —lo corrigió Draco, apoyándose en el respaldo, acomodándose—. Pero me pregunto si la gente aceptará el hecho que me atreví a robarles su Chico Dorado y a embarazarlo.

Harry frunció el ceño.

—No soy el Chico Dorado —dijo con firmeza—. Y no me importa lo que piensen de nosotros. Soy el que vive contigo y yo te he elegido, así que no tienen que meterse donde no les llaman. Lo que hago yo, sólo me importa a mí.

—La mayoría de las mujeres probablemente estarán muy enfadadas al saber que han perdido su oportunidad con Potter, pero con el tiempo sólo serás una vieja noticia —dijo Snape secamente, aceptando la taza de té que un elfo le entregó.

—No sé si debería sentirme agradecido o insultado —se rio entre dientes el rubio.

—Tómalo como quieras: sólo estoy resaltando un hecho —se burló Snape—. ¿Qué es eso de que el mocoso está enfermo?

—Está mejor ahora. Aún tose, pero al menos la fiebre ha desaparecido. Estará como una rosa en dos días —le informó Draco.

—¿Necesitas más pociones? —preguntó.

Draco negó con la cabeza.

—No, con lo que tengo es suficiente.

Mientras Draco estaba enzarzado en una discusión con Snape por si necesitaba más pociones, Teddy entró en el comedor y se sentó junto a Harry, el cual le sonrió.

—Buenos días, hijo, ¿has dormido bien? —preguntó, dándole una taza de leche con cacao.

Teddy sonrió adormilado.

—Sí, ¿y tú?

—No me puedo quejar —sonrió el moreno y Teddy se estremeció un poco cuando vio a su padre tocarse el vientre.

Teddy apartó la mirada, sintiéndose incómodo al ver a su padre haciendo ese gesto. No había sentido al bebé aún, pero sabía que Scorpius sí. Era difícil ignorar sus gritos mezclados con tos cada vez que tocaba el vientre de su padre y sentía las patadas del bebé. Teddy no entendía dónde estaba lo divertido de sentir al bebé moverse, y por eso evitaba tocarlo. No poder pasar mucho tiempo con su padre durante las últimas semanas había sido algo positivo, pero solo porque no se había visto en situaciones comprometedoras en las que tuviese que tocar su panza.

Miraba a su padre, que estaba comiendo sus cereales mientras escuchaba divertido las bromas de Draco con su padrino, y se preguntó cómo sacar el tema.

Aparentemente, su padre sintió su mirada, porque sin ninguna advertencia, los ojos color esmeralda se cernieron sobre él y lo miraron inquisitivamente.

—¿Pasa algo, Teddy? —preguntó curioso, colocando su cuenco vacío más adentro de la mesa.

La cara del chico se ruborizó un poco y empezó a jugar con un hilo de color azul oscuro de su camiseta.

—Hum, me estaba preguntando si podemos ir a caminar hoy —preguntó, inseguro y tímido—. Ha pasado tiempo desde la última vez que fuimos a dar un paseo y el clima es bueno… —se calló, sus profundos ojos marrones estaban fijos en sus pantalones cortos blancos.

Miró sorprendido a su padre cuando éste se rio.

—Claro, ¿por qué no? Tienes razón, hace buen tiempo —Harry estuvo de acuerdo y sonrió—. Vamos después de desayunar, ¿vale?

Teddy asintió con entusiasmo y empezó a untar mantequilla en la tostada.

—Espera, ¿qué? ¿Qué quieres decir con "vamos a ir"? ¿A dónde? —preguntó el rubio suspicaz, finalizando sus bromas y mirando a Harry.

Harry parpadeó.

—Teddy y yo vamos a ir a dar un paseo después de desayunar, ya que ha pasado tiempo desde la última vez que lo hicimos —respondió encogiéndose de hombros.

—No, no lo harás. —Draco frunció el ceño, dándole la espalda a Snape, quien puso los ojos en blanco y bebió de su té, mirando la nueva escena con ojos penetrantes, preguntándose distraídamente quién ganaría la discusión.

—¿Perdona? —el moreno alzó una ceja y su ojo tuvo un ligero tic—. ¿Por qué no puedo dar un paseo con Teddy?

—Porque estás embarazado y no se sabe dónde está el asesino en este momento. Si crees que voy a dejarte irte a tus anchas y sin ningún tipo de protección, lo llevas claro —dijo bruscamente Draco, preguntándose cuán terco podría ser Harry. ¿Cuántas veces hubo que decirle que tuviese cuidado a ese cabeza loca?

—No necesito protección, tengo mi varita, hasta luego —respondió con frialdad Harry—. Y si piensas que voy a quedarme encerrado por lo que me queda de embarazo, lo llevas claro. Necesito un poco de aire fresco, Draco.

—Irás a dar un paseo por el jardín, hay un montón de aire fresco allí —respondió Draco, burlón.

—Escúchame, he soportado tu sobreprotección durante mucho tiempo, pero ya es suficiente, no puedes esperar que me quede aquí dentro otros cuatro meses. Quiero caminar. Además hay muy poca o ninguna posibilidad que el asesino elija dar un paseo hoy también —dijo el moreno con los dientes apretados—. Vamos a ir al parque y a dar una vuelta luego. Nada más.

Teddy se removió en su silla, nervioso.

—No me importa dar un paseo por el jardín —murmuró, sintiéndose mal por haber sido el culpable por la pelea entre su padre y Draco. No había sido su intención, sólo quería pasar un tiempo con su padre.

—No, Teddy, iremos a dar un buen paseo —frunció el ceño y asintió con la cabeza sobre su plato—. Cómete tu desayuno, por favor.

—Pero Harry… —empezó Draco a protestar de nuevo, pero fue interrumpido por Snape.

—Draco, por mucho que me duela admitirlo, he de decir que Potter tiene razón —el pocionista parecía un poco pálido al entrometerse y frunció el ceño—. Estar encerrado durante cuatro meses no es sano; hacer ejercicio y caminar por el parque le ayudará bastante, y no puedes esperar que se quede dentro de casa todo el tiempo.

Draco lo miró con estupor, ya que pensaba que estaría de su lado.

Harry se sorprendió al recibir la ayuda de Snape de entre todas las personas, pero se giró a mirar al rubio de manera petulante.

Entonces Snape se volvió hacia él y su mirada de suficiencia desapareció como la nieve bajo el sol cuando volvió abrir la boca.

—Pero al mismo tiempo, Potter, Draco tiene razón. En el estado en el que te encuentras, tu núcleo mágico está siendo drenado por el bebé, lo que significa que no tendrás la misma fuerza para lanzar y esquivar hechizos como antes. E irá empeorando hasta que nazca el bebé. Así que, si el asesino ataca, estarás en graves problemas.

—Pero has dicho que necesito hacer ejercicio —señaló con petulancia, sintiéndose como un estudiante de nuevo que estaba siendo regañado por su profesor. Maldita sea, ¿por qué Snape lograba hacerle sentir así después de tanto tiempo?

Snape respiró hondo y apretó el puente de su nariz, pidiendo en silencio a quien fuese que estuviese allí arriba más paciencia. «¿Era tan difícil llegar a un acuerdo mutuo?».

—¿Alguna vez has oído hablar de los hechizos de seguimiento? —le preguntó con los dientes apretados.

El rostro de Draco se iluminó ante esa sugerencia.

—Ah, claro. ¿Por qué no he pensado en eso antes?

—Porque eres un mocoso sobreprotector —respondió Severus secamente.

—¡Eh!

—Así que todo está arreglado, pues —interrumpió el moreno, impaciente—. Utilizaremos el hechizo y entonces podré ir a dar un paseo con Teddy.

Draco lo miró como si quisiese protestar de nuevo, pero al final sólo suspiró y levantó su varita hacia Harry.

—¿Preparado? —preguntó con el ceño fruncido.

Harry asintió sonriendo.

Loca semper Harry Potter —murmuró Draco y Harry fue envuelto por una luz violeta que parecía hundirse en su piel antes de desaparecer.

—¿Ya? ¿Era tan difícil? —murmuró, poniendo los ojos en blanco.

—No me presiones, Potter —frunció el ceño y miró hacia otro lado.

Harry volvió a poner los ojos en blanco y se giró hacia Teddy, que acababa de comerse su segunda tostada con mermelada.

—¿Listo para irnos? —preguntó, sonriendo.

Teddy asintió con la cabeza, con el rostro iluminado ante la idea de tener a su padre para él solo un par de horas. Incluso si tuviese que ir con Scorpius, no sería tan malo compartir a su padre porque éste tendría tiempo para él.

—Bueno, ve a ponerte un jersey —su padre sonrió y se puso de pie, colocando su mano sobre el vientre y frotándolo distraídamente.

Teddy sonrió y casi corrió escaleras arriba, no deseando otra cosa que empezar su paseo.

Harry estaba esperándolo en la puerta principal, con su suéter azul atado a su cintura debajo de su abultado vientre, cuando Draco llegó a él.

—No me gusta que te vayas —murmuró, pasando sus brazos alrededor de la cintura del moreno y tirando de él para acercarlo más.

—Lo sé —respondió tranquilo y le devolvió el abrazo, con la cabeza apoyada en el hombro de Draco.

—Pero entiendo que quieres pasar un poco de tiempo a solas con Teddy y que necesitas un poco de aire fresco —Draco admitió las quejas y apoyó su cabeza sobre la del moreno, oliendo el pelo negro que le hacía cosquillas en la barbilla.

—Estaremos de vuelta en unas tres horas como mucho, pero probablemente volveremos antes —le aseguró, y se echó hacia atrás para darle un beso rápido en los labios.

—Vale —suspiró Draco y le besó suavemente la espalda.

—Estoy listo, preparado —dijo Teddy y corrió hacia él.

—Bien, entonces nos vamos.

Teddy se despidió de Draco, quien le devolvió el saludo y le sonrió.


—Dime, ¿cómo han ido tus clases? ¿Snape es demasiado duro contigo? —preguntó Harry, sintiendo la mano de Teddy deslizarse en la suya.

Teddy negó con la cabeza.

—No, quiero decir, no es agradable, pero tampoco es malo. Sólo es muy duro en las clases —dijo con tristeza—. En algún momento me hubiese gustado que hubiese sido más blando con nosotros, pero creo que lo único que quiere es que estudiemos bien, ¿verdad?

—Sí, siempre ha sido así —Harry le puso la mano sobre el pelo del chiquillo y sonrió secamente—. Por supuesto, en la escuela era peor, pero supongo que con los años se ha relajado. Que escuche que he dicho esto —le guiñó un ojo y Teddy se echó a reír.

—El tío Sev no permite que hablemos en clase a menos que sepamos la respuesta —sonrió y sus ojos verde oscuro brillaban ante la luz del sol.

Caminaron lentamente por el gran camino que llevaba al parque que habían visitado un par de semanas atrás. Las hojas de los grandes árboles junto al camino se mecían suavemente por la fresca brisa, haciéndolas crujir.

No eran los únicos que disfrutaban del buen tiempo. Había una joven pareja caminando a un par de metros, cuchicheando y riendo; una madre con sus tres hijos iba detrás de ellos y el parloteo ruidoso y agitado de los chicos llenó el aire con la risa de su madre. Una pareja de ancianos estaba sentada en uno de los muchos bancos colocados a los lados de los caminos, mirando a lo lejos con una sonrisa. Harry estaba contento de que la gente que caminaba cerca de ellos estuviese más interesada en sus propios asuntos, ya que no tenía ganas de lidiar con las reacciones de su embarazo.

Caminaron en silencio antes de que Teddy comenzase a inquietarse un poco.

Harry lo miró con una ceja levantada.

—¿Hay algún problema?

—¿Draco está enfadado contigo porque te fuiste a caminar aunque él dijo que no le gustaba? —preguntó, mordiéndose el labio.

Harry sacudió la cabeza con una sonrisa.

—Él no está enfadado, sino que entiende que no puedo estar encerrado durante todo el embarazo. Simplemente no le gusta perder una discusión a mi favor —se rio entre dientes—. Me recuerda un poco a cómo actuábamos de jóvenes. Supongo que nunca perderemos nuestro lado combativo.

Teddy asintió, perdido en sus pensamientos.

—¿Cómo es que no enfermas? —preguntó de golpe.

Su padre parpadeó.

—¿Enfermar? ¿Qué quieres decir? —preguntó sorprendido.

—Bueno, Scorpius está enfermo, ¿verdad? Y tú pasas mucho tiempo con él, así que, ¿cómo es que no estás enfermo también?

—Ah, es eso —se rió y negó con la cabeza—. Bueno, al parecer la viruela de dragón sólo es una enfermedad infantil y por eso solo los niños se ponen malos. Soy un adulto, así que no puedo pillar esa enfermedad.

Teddy frunció los labios un poco, sin saber cómo reaccionar ante eso.

—Teddy, vamos —Harry hizo que saliese de su burbuja y el chico lo miró sorprendido y observó cuando la luz del sol se reflejaba en el lago, dejándolo ciego por un momento.

»¿Qué quieres hacer ahora, hijo? —preguntó, de pie bajo la sombra de un gran manzano. Algunas de las personas cerca del lago los habían visto y habían empezado a susurrar, todo el tiempo buscando el vientre abultado de su padre. Harry no se dio cuenta de los susurros y miradas, cosa que sorprendió a Teddy, o quizá había decidido que no valía la pena decir nada al respecto.

—¿Podemos caminar? —preguntó tímidamente, negándose a soltar la mano de Harry.

—Claro, no hay problema —sonrió, y fue a un ritmo pausado; la grava bajo sus pies se movía desprendiendo un leve sonido.

Caminaron en silencio a una zona aislada del parque. Era una zona de hierba circular, rodeada de manzanos y cerezos y solo había un camino que conducía allí, a menos que quisieses ir a través de los arbustos y pincharte con las zarzas.

—¿Te importa si nos sentamos aquí un rato? —preguntó Harry, que parecía cansado, y una mano estaba colocada tras su espalda.

Teddy se mordió los labios y se sentó justo en el medio de la hierba, sus dedos pasando por ella y, ocasionalmente, tirando de ellas para luego abrir su mano y ver las hojas, observando cómo el viento se las llevaba para aterrizar de nuevo en el suelo, antes de volver a empezar. Se acordó de su amigo diciéndole que su madre con frecuencia se sentía cansada cuando estaba embarazada, pero que había sido más notorio cuando había entrado en el sexto mes. ¿Su padre estaría más cansado en unas semanas más?

—¿Vas a decirme que es lo qué te molesta o vas a seguir abusando de mala manera de la hierba? —preguntó Harry entre divertido y preocupado.

La cabeza de Teddy se disparó por sorpresa y se quedó mirando su mano teñida de verde antes de sacudirse las últimas hojas de hierba y frotarse las manos en sus pantalones cortos manchados con césped.

—Los elfos domésticos van a llorar en cuanto vean tus pantalones —sonrió el moreno con tristeza.

Teddy se sonrojó.

—Lo siento —murmuró, sintiéndose un poco avergonzado.

—Ah, no te preocupes por ello —Harry se rió entre dientes—. Dime, ¿es algo malo?

—No —murmuró Teddy, mirando hacia otro lado—. ¿Cuándo va a nacer el bebé? —de repente lo preguntó, no muy seguro de por qué lo había hecho. No era como si de verdad le interesase o algo…

Su padre parpadeó, pero de inmediato sonrió emocionado.

—Sobre el diez de octubre, probablemente —respondió. Sus ojos verde esmeralda asumieron un tono brillante —. Aún tenemos que ponerle un nombre, ¿tienes alguno en mente? Claramente averiguaremos el sexo del bebé en cuatro días, pero ¿tienes un nombre para él?

—Lo siento, papá, pero no sé qué nombre ponerle —sonrió débilmente —. No soy bueno para encontrarlos, ¿recuerdas?

Harry se rió, echando la cabeza hacia atrás y apoyándose en sus manos.

—Sí, lo recuerdo. Llamaste a tu osito de peluche "Oso" porque era más fácil —sonrió y el joven se sonrojó.

—¡Al menos sabía que era un oso! —se defendió.

Harry se acercó y le revolvió el pelo, riéndose entre dientes.

—Cierto, tengo que darte la razón.

Teddy hizo un puchero y se movió para poder apoyarse en el lado derecho de su padre, sintiendo su brazo envolviéndolo. Tuvo cuidado de no apoyarse en el vientre redondeado de su padre y se contentó con poner su cabeza en el hombro fuerte de Harry. Alzó la mirada al brillante cielo azul; el sol estaba cubierto por las hojas de los árboles, haciendo que la luz se filtrase a través de ellas.

Se quedaron así durante mucho tiempo, disfrutando del cómodo silencio que cayó sobre ellos.

Teddy debía de haberse quedado dormido, porque de repente sintió que alguien sacudía su hombro y abrió los ojos aturdido, parpadeando por la tenue luz.

—¿Papá? —murmuró adormilado, sentándose y frotándose los ojos.

—Siento despertarte, pero parece que tenemos que volver a casa antes de que nos conviertan en gatos ahogados. —explicó secamente.

El joven lo miró confundido. «¿Gatos ahogados?». ¿Por qué gatos ahogados?

Harry se rió al ver su expresión de perplejidad.

—Creo que va a llover pronto —señaló hacia el cielo, y de hecho unas nubes oscuras se acercaban desde el oeste, oscureciéndose a medida que avanzaban.

Teddy hizo un puchero y suspiró.

—Supongo que tenemos que irnos.

—Podemos dar una vuelta más tarde si quieres —prometió Harry y con un poco de dificultad logró levantarse, se estiró un poco e hizo unas muecas cuando el flujo de sangre volvió a su brazo derecho, otorgándole una sensación de hormigueo que sobresalía de su brazo.

Teddy se animó al escuchar la promesa y cogió de nuevo la mano de Harry, tirando de él con suavidad, haciendo que Potter sonriese.

Salieron del apartado lugar y caminaron de regreso por el camino que habían venido con anterioridad. A su alrededor, la gente se marchaba del parque con rapidez, mirando al cielo ennegrecido con preocupación. Poco a poco el suave viento se volvió algo más violento, moviendo las hojas con fiereza y revolviendo el pelo de la gente.

Harry se acarició el pelo distraídamente, haciéndose una nota mental de que tenía que cortárselo, cuando vio a alguien familiar salir del parque.

—Ey, Teddy —empezó lentamente, mirando al chico —, ¿no es tu abuela?

El pequeño Lupin parpadeó y entrecerró los ojos un poco, mirando hacia la entrada, antes de que su rostro se iluminase.

—¡Sí, es la abuela! —dijo con entusiasmo.

—¿Por qué no te vas con ella? Tú puedes correr más rápido —dijo Harry secamente.

Teddy sonrió y se echó a la carrera, su suéter volando por el viento.

—¡Abuela! —gritó y la mujer de la entrada se detuvo, sorprendida antes de darse la vuelta.

Andrómeda sonrió sorprendida cuando vio a su nieto volar alrededor de su cintura.

—Bueno, ¡mira a quién tenemos aquí! —ella se rioy le devolvió el abrazo—. No estás solo, ¿verdad? —dijo intrigada, no dándose cuenta de Harry. No habría dejado que su nieto fuese solo al parque, ¿cierto?

Teddy negó con la cabeza, mirándola.

—No, papá viene para acá, pero no puede correr porque está embarazado —murmuró, liberándose de su abuela.

Levantó una ceja y se preguntó por qué el niño había sonado tan hosco cuando le había contestado. Ella miró en la dirección en la que lo hacía su nieto y vio a Harry caminando hacia ellos, con su estómago redondo visible claramente a través de su camisa.

«Así que es cierto», pensó recordando el artículo de hacía unos días de El Profeta. No sabía si podía creer lo que decían o no. Ese periódico era conocido por la propagación de mentiras, después de todo, lo hacían para conseguir ventas. Como Harry no le había comentado nada sobre el embarazo, ella supuso que era otra mentira de El Profeta que se había extendido. Ella se preguntó cómo se las habían arreglado para reproducir una imagen tan realista de Harry y su nieto. Al parecer no habían mentido esta vez.

—Buenos días, Andrómeda —sonrió el moreno cuando los alcanzó, casi sin aliento.

Ella alzó una ceja y frunció los labios.

—Jovencito, tienes mucho que explicarme —dijo ella dijo con firmeza, después de mirar la mano de Harry donde brillaba un anillo de oro bajo la tenue luz. Entrecerró los ojos—. Y quiero saberlo todo.

Harry notó cómo sus mejillas se sonrojaban de vergüenza y no sabía si Andrómeda estaba feliz o enfadada con él, y eso le hizo estar preocupado. Su cara no mostraba nada, salvo sus ojos achinados, por lo cual no podía leer su reacción. Malditos fuesen los Black y su dura educación. ¿Qué había de malo en mostrar las emociones de vez en cuando?

Puso una mano en su nuca y se frotó el cuello.

—Bueno, ehm, ¿te importaría venir con nosotros a la Mansión Malfoy? —se rió nerviosamente.

Ella resopló y se dio la vuelta, cogiendo de la mano a Teddy.

—Por supuesto que no me importa. Después de todo quiero conocer al hombre que ha conseguido embarazar al que considero uno de mis nietos —miró crítica el anillo, ignorando el rubor avergonzado de Harry—. Al menos tuvo la decencia de proponértelo —murmuró y sacudió la cabeza—. Los chicos de hoy en día…

Harry se sonrojó más y no supo cómo reaccionar, por lo que decidió permanecer en silencio, sabiendo que sería la mejor opción.

Teddy se rió suavemente, inclinando la cabeza cuando vio a su padre dispuesto a darle una colleja.


Draco levantó la mirada y suspiró aliviado cuando notó que las barreras de la sala habían sido traspasadas por una firma mágica conocida. Harry y Teddy estaban de vuelta después de sus dos horas y media de caminata. Tuvo que admitir que estaba preocupado, pero se las arregló para distraerse, pasando tiempo con su hijo, haciendo que el día fuese mejorando. Scorpius ahora era capaz de volver a sentarse y había empezado a comer con más entusiasmo, en lugar de poner malas caras como había estado haciendo los últimos días.

Severus había ido a su casa una hora después de que Harry se hubiese ido con Teddy para hacerle una revisión a Scorpius. Draco se había sentido ofendido cuando Severus había dudado de su capacidad para elaborar pociones, pero no había dicho nada al respecto, sabiendo que no iba a ganar ese debate contra su padrino.

En ese momento, una firma mágica desconocida penetró las barreras también y se puso tenso, sentado con la espalda recta. ¿Quién estaba con ellos?

—¿Papá? —preguntó Scorpius, con su voz aún un poco ronca por la tos que había tenido.

—Papi y Teddy ya están en casa, Scorpius —respondió Draco, sonriendo tenso—. Voy a darles la bienvenida, ¿vale?

Scorpius asintió con la cabeza, sonriendo.

—¡Yo también quiero verlos! —exclamó.

—Claro, yo les diré que vengan aquí —murmuró distraído y se apresuró a salir de la habitación.

Escuchó una voz femenina al llegar a las escaleras y cuando las bajó, encontró a una mujer de pelo oscura que estaba empezando a encanecer y que tenía un parecido terrible a tu tía Bellatrix. Solo que él sabía que su tía había muerto en un duelo, siendo lo que le contuvo a maldecir a la mujer. ¿Podría ser su tía Andrómeda? ¿La que nunca conoció porque su madre había cortado los lazos debido a su emparejamiento con un muggle?

Agudos ojos oscuros penetrantes le recordaban extrañamente a los de Severus, que le observaban críticamente.

—Así que este joven es Draco Malfoy. Debo decir, querido, que te pareces increíblemente a tu madre —habló la mujer, alzando una ceja.

Draco frunció el ceño.

—Me parezco a mi padre, todo el mundo siempre lo dice —replicó él.

—Oh, no —ella se rió, divertida—. Te pareces mucho a mi querida hermana, Draco. Lo único que tienes de tu padre son sus ojos.

Draco parpadeó y se giró para mirar Harry, que observaba, entretenido. Se volvió hacia la mujer y sonrió.

—Supongo que eres mi tía Andrómeda —preguntó suavemente, cogiendo su mano y la besó.

Andrómeda rió.

—Vaya, ¿no es un encanto? —dijo en broma—. Nunca pensé que caerías por sus encantos, cariño—dijo a Harry, el cual resopló.

—Los dos caímos —murmuró secamente y puso los ojos en blanco.

Teddy se rió y se quitó el suéter.

—No pudiste resistirte a mis encantos, Harry —Draco le guiñó un ojo.

—Oh, ja, ja —el moreno negó con la cabeza, pero sonrió—. ¿Por qué no vamos a la sala de estar? Creo que tenéis cosas de las que hablar.

—No pienses ni por un momento que te vas a librar de la conversación, Harry —le advirtió Andrómeda—. En serio, ¿dónde están tus modales? Deberías haberme informado inmediatamente después de saber que estabas embarazado —ella lo regañó para que después los dos hombres fuesen a la sala de estar.

—Papá, ¿puedo ir a mi cuarto a leer? —preguntó Teddy, no queriendo escuchar una charla sobre el bebé.

Harry asintió con la cabeza.

—Claro, te llamaremos cuando vayamos a almorzar —se dirigió hacia Andrómeda—. Han sido unos meses complicados, así que se me olvidó decírtelo.

Ella resopló.

—Deberías estar avergonzado de ti mismo. Olvidándote de decirme que voy a tener otro nieto —murmuró y se sentó en el sofá, después de quitarse el abrigo.

Draco sonrió y se sentó al lado de Harry, en el sofá frente al de su tía.

—Y tú, joven, quita esa sonrisa de tu cara —dijo con firmeza—. Será mejor que seas un hombre honesto o me aseguraré de que no haya otro embarazo.

Draco se estremeció ante la amenaza y Harry se sonrojó furiosamente sin poder creer lo que Andrómeda había dicho.

—Ahora, tía, voy a hacer un hombre honesto de él —Draco habló suavemente, y cogió la mano de Harry, la del anillo—. Simplemente estamos esperando hasta después del nacimiento para casarnos, para evitar estrés.

—¿Has empezado a planear la boda? —preguntó ella, cruzando las manos sobre su regazo y Draco tuvo que parpadear cuando vio una versión de su madre sentada de la misma forma.

—No, aún no. Como dijo Harry, ha sido complicado por un tiempo, por lo que la planificación apenas ha empezado —respondió Draco con tristeza, pasando un brazo alrededor de Harry, haciendo que el hombre delgado suspirase contra él.

El rostro de Andrómeda se endureció.

—¿Qué ha sucedido exactamente estos últimos meses? —preguntó con suspicacia—. No os atreváis a mentir —añadió una mirada penetrante.

Ambos tragaron saliva y se miraron.

—¿Se lo contamos? —preguntó, su mano acariciando distraídamente el brazo de Harry.

Harry suspiró.

—Supongo, ella sabe cuándo estoy mintiendo —murmuró.

—Chicos, aún sigo aquí —les recordó secamente.

—¿Quién se lo va a decir: tú o yo? —preguntó Draco, respirando profundo. Esto es perfecto para una primera reunión: decirle a tu tía que Harry ha sido secuestrado, que le han inyectado una poción de embarazo, y que ha quedado embarazado. Estaba seguro de que esa no era la mejor manera de dar una buena impresión a su familia. Se estremeció ante esa idea.

—Se lo diré —suspiró el moreno y se sentó erguido, pero no alejándose de los brazos de Draco.

—No puede ser tan malo —sonrió Andrómeda, pero su sonrisa desapareció cuando se dio cuenta de sus nerviosas miradas—. ¿Tan malo es?

—Puedes decidirlo por ti misma después de haber escuchado la historia —sonrió Harry débilmente y le contó todo lo sucedido a Andrómeda después de su visita.

Sus ojos se estrecharon varias veces a lo largo de la historia y sus manos se apretaban cada vez que Harry mencionaba al asesino y cuando le habló de la inyección, sus ojos parecían expulsar fuego y se veía bastante atemorizante, incluso para darle escalofríos a Voldemort.

Draco decidió allí mismo que no volvería hacer enfadar a su tía. No valía la pena el dolor que sufriría si la hacía enfadar.

—A ver si lo he entendido —comenzó ella, con voz neutral después de que Harry dejase de hablar—. Fuiste secuestrado durante tres días y el secuestrador te inyecta una poción de embarazo. Él te trae de regreso y una semana más tarde te quedas embarazado sin saber por qué lo hizo. ¿Eso es todo?

—Sí, todo —Harry suspiró, dejándose caer de nuevo en el sofá, sintiendo el brazo de Draco apretándole.

—¿De cuánto estás? —exhaló lentamente Andrómeda y prometiéndose a sí misma que si alguna vez encontraba al secuestrador, se aseguraría de que él desearía no haberse metido nunca con su familia.

—De casi seis meses —sonrió Draco, frotándole el estómago a Harry con una sonrisa cariñosa.

—¿Habéis escogido el nombre? —preguntó emocionada, su lado de abuela tomando el control de ella misma. No podía esperar para poder sostener al bebé en sus brazos. ¡El bebé sería tan precioso! Se divertiría mucho mimando a su nuevo nieto o nieta.

—No, aún no, pero en cuatro meses sabremos el sexo del bebé —sonrió Harry, colocando su mano sobre la de Draco.

—Será mejor que me enviéis una lechuza inmediatamente, porque yo no quiero esperar otros cuatro meses para saber si voy a tener un nieto o nieta —respondió.

Ambos rieron nerviosamente.

—Papá, papi, ¿quién es esta señora? —preguntó de golpe una vocecilla aguda, y los tres adultos se dieron la vuelta para ver a Scorpius de pie, con su pijama verde claro y con el pelo alborotado.

—Scorpius, ¿qué haces fuera de la cama? —preguntó preocupado y se incorporó, acercándose rápidamente para coger al niño, colocarlo sobre su cadera y llevarlo al sofá, esperando sentir en su frente cualquier signo de fiebre. No lo encontró.

—Papá dijo que subirías, él lo prometió, pero no has venido —murmuró, poniendo el puño delante de su boca y acurrucándose más sobre Harry.

—Ah, sí, lo siento, Scorpius, lo olvidé —sonrió disculpándose y acarició el pelo de su hijo.

—¿Éste es tu hijo, Draco? —preguntó Andrómeda con una sonrisa y se inclinó hacia delante.

—Sí, se llama Scorpius —sonrió Draco—. Scorpius, esta es tu tía abuela Andrómeda.

Scorpius parpadeó y miró a su tía abuela.

—No pareces vieja —dijo sinceramente, haciéndola reír.

—Voy a tener que darte las gracias por el cumplido, cariño —sonrió—. Eres un chico muy guapo.

Scorpius se sonrojó y escondió su cara en el hombro de Harry.

—¿Te quedas a comer? —preguntó con timidez Scorpius.

—Bueno, sólo si tu padre y papi quieren, aunque me gustaría —sonrió Andrómeda.

—No podía ser de otra manera —le aseguró.

Draco asintió sonriendo.

Teddy no podía ser más feliz cuando bajó las escaleras y supo que su abuela se iba a quedar todo el día. De esta manera él sería capaz de pasar más tiempo con su abuela y con su padre, ya que su abuela no iba a dejar pasar la oportunidad de pasar tiempo con sus dos nietos. Aceptaría la charla sobre el bebé, pero sólo porque así tendría más tiempo con su familia.


Veinticuatro de mayo

—¿Cuándo vendrá la tía Luna? —preguntó Scorpius emocionado, saltando en la cama donde Harry estaba sentado.

—Scorpius, deja de saltar tan fuerte —le dijo Draco con severidad cuando entró en la habitación con la poción que Harry tenía que tomar—. No es bueno para el bebé.

Scorpius inmediatamente se detuvo, sorprendido.

—Lo siento, papá, no quería —murmuró, mirando hacia abajo con la cara arrugada.

—Hey, no te preocupes. El bebé está bien —sonrió Harry y acarició su pelo rubio rápidamente.

Teddy entró en la habitación también, trayendo consigo a una Luna sonriente y feliz.

—Hola a todos —ella los saludó con una gran sonrisa y giró su varita en sus manos.

—Buenos días, Luna —le devolvió el saludo Harry.

—¿Todo bien? —preguntó, agitando su varita sobre su cuerpo para comprobar los signos vitales. Ella tarareó contenta cuando no vio nada malo.

—No me puedo quejar —sonrió el moreno, aunque bajo sus ojos se podían ver pequeñas bolsas. El bebé había estado pateando durante toda la noche, causándole una falta de sueño. Finalmente a las tres de la madrugada había renunciado poder dormir y había empezado a leer un libro sobre la curación. Ahora estaba casi seguro de que sería capaz de pasar la prueba una vez el bebé naciera.

—Bien, bien —asintió Luna—. ¿Listos para saber el sexo del bebé? —preguntó ella con aire ausente, mirando algo muy interesante en el alféizar de la ventana.

Harry asintió emocionado y los demás también. Scorpius empezó a sonreír como si no hubiera un mañana y se deslizó para acurrucarse contra el lado de su padre. Teddy decidió sentarse al lado de Harry, apoyándose contra la pared, mientras Draco se sentó en el extremo de la cama, con una enorme sonrisa en la cara. No podía esperar saber si iba a tener un hijo o una hija. Cualquiera estaría bien.

Luna comenzó a tararear algo en voz baja, volviendo su atención a Harry. Ella murmuró algo rápidamente bajo su aliento y agitó su varita en un círculo que rodeaba un triángulo.

Por un momento no pasó nada, pero poco a poco se levantó una niebla gris desde el estómago del moreno y flotó unos pocos metros por encima de Potter hasta que la masa gris cambiante y burbujeante cayó, mostrando el esquema de un bebé acurrucado que parecía chuparse el pulgar.

—Oh, mira esto —Luna sonrió—. Ya se está chupando el dedo. Tu hijo se está desarrollando bien. No debería haber ningún problema con el resto del embarazo.

—¿Hijo? —Draco gruñó, sin saber si había oído bien. ¿Iba a tener un niño?

—¿Vamos a tener un niño? —preguntó emocionado, haciendo que se humedeciera y brillaran los ojos.

Luna canturreó otra vez y asintió con la cabeza.

—Sí, un niño muy saludable —elogió—. Tendré que hacerte otra revisión cuando estés de ocho meses, para asegurarnos de que el bebé esté en buena posición para el parto, pero normalmente no debería haber problemas con el resto de embarazo. Tienes al fuerte espíritu de la tierra que te protege —declaró solemnemente.

—¿Voy a tener un hermano? —gritó Scorpius y abrazó el estómago de Harry—. Voy a ser un hermano mayor, ¡como Teddy!

—Sí, vas a tener un hermano —sonrió Harry y se limpió las lágrimas de risa, en silencio.

Draco se echó a reír.

—¡Voy a tener otro hijo! —exclamó y abrazó a Harry, besando con fuerza su boca—. ¡Me haces tan feliz! —murmuró contra sus labios enrojecidos, haciendo que Harry sonriese.

Teddy se alejó de la escena con el ceño fruncido. Genial, otro mocoso que tenía que considerar como su hermano. Como si no tuviese suficiente.


20 de julio: 7 meses de embarazo

Era un día caluroso de julio en el que todo iba mal.

Harry llevaba casi ocho meses de embarazo y estaba empezando a hacer mella en él. Su vientre siguió creciendo rápidamente y estaba casi en el punto en el que no podía verse los pies, y eso le frustraba. Había tenido que pedir más ropa nueva de embarazado debido a que la suya se le había quedado pequeña por su abultado vientre. A Harry no le gustaba la forma en la que su cuerpo estaba engordando, pero no podía hacer nada al respecto, ya que era natural. El mismo Draco no parecía tener problemas con su enorme vientre porque le molestaba cada vez que tenía la oportunidad, susurrando lo mucho que le quería y lo sexy que se veía gestando a su hijo.

Personalmente Harry no encontraba nada sexy su protuberante vientre, pero no diría que no a esos tranquilizadores cumplidos. El sexo era genial.

La prensa los había dejado tranquilos por el momento, quizá esperando a que Harry y Draco anunciasen la nueva incorporación familiar. A Harry no le importaba si escribían algo sobre él o Draco, pero tenía que admitir que era agradable no ser bombardeado con cartas.

Andrómeda siguió visitándole cada dos semanas e incluso había ido a comprar ropa para su nuevo nieto tan pronto había sabido de su sexo. Su bebé era ahora el orgulloso propietario de varias pelotas de colores: azul claro, verde oscuro, lila e incluso algunas amarillos.

Había pelotas con snitches que se movían, ositos de peluche, peces bonitos, lunas sonriendo y estrellas brillantes.

Dos nuevos ositos de peluche se habían unidos a los que estaban en la pequeña cama.

Ahora era verano y el clima se había vuelto más caluroso, haciendo sentir a Harry incómodo. Usaba hechizos de refrigeración tanto como podía, pero en su estado, su magia se debilitaba, porque tenía que transmitirle más magia al bebé en crecimiento. Esto dio lugar a que Harry se sintiese más cansado y no era raro para nadie que se quedase dormido a mitad del día. De hecho, si el tiempo era muy caluroso, dormía durante muchas horas, sólo despertándose para comer y beber.

Su sueño fue varias veces interrumpido por la noche al notar las patadas y los giros de su bebé en su vientre, a veces las patadas daban contra su vejiga tan fuerte que no tenía más remedio que salir de la cama para visitar el baño. Esa zona de la casa se estaba convirtiendo en su habitación favorita.

Su familia trataba de ayudarlo siempre que podía, asegurándose de que sus cansados músculos fuesen masajeados, que bebiese o comiese lo suficiente y que no se esforzase demasiado. Daphne lo había estado visitando mucho, dándole consejos de cómo hacer frente al momento de dar a luz (uno de los consejos había sido asegurarse de que Draco estuviese allí en el momento del nacimiento, así que Harry tendría la oportunidad de maldecirle y romper su mano durante el parto. Daphne le había informado con regocijo que se sentiría mucho mejor si tuviese la oportunidad de sacar sus frustraciones en su prometido. Después de todo, había sido culpa de Draco que hubiese estado embarazada, bien podría tomar responsabilidades) y la forma en la que tenía que cuidar al recién nacido.

Scorpius había tomado la costumbre de besar el estómago de Harry cada mañana y cada noche, como si de alguna forma le dijese « Hola» a su hermano pequeño. Por la noche, a menudo, se sentaba entre las piernas de Harry, cuando éste estaba tumbado en la cama, y hablaba con su hermano y le contaba todas las cosas que podrían hacer una vez éste naciese.

Tanto Draco como Harry encontraron en ello un hábito muy entrañable y no hicieron nada para disuadirle de ello.

Sin embargo, Teddy era harina de otro costal. Había intentado mantener a raya sus frustraciones sobre el bebé, razonando consigo mismo en que tenía que ser un buen chico para hacer feliz a su padre, pero estaba conteniéndose demasiado.

Después de que su padre le prometiera que iban a dar un paseo, juntos de nuevo, pensó que esa habría sido la oportunidad de pasar más tiempo con Harry. Pero había pasado un mes en el que no habían dado uno solo, dejándole ansioso. Su padre estaba durmiendo o bien estaba tratando temas del bebé con Draco y su tía Daphne. Si no estaba ocupado con lo del bebé, estaba estudiando para su nuevo trabajo, haciendo que no quedase tiempo disponible para Teddy.

Obviamente su padre no lo alejaría cuando se acercara a él, pero sólo hablaba sobre el bebé y Teddy había aprendido a quedarse en su habitación. Entendía, de cierta manera, que los preparativos tenían que estar listos para la llegada del niño, pero ¿tenían que hacerlo todo el tiempo? Incluso Scorpius estaba más tiempo con su padre que él – pero Scorpius se pasaba todo el tiempo chillando y hablando sobre el bebé, – pero por lo menos le hacía compañía.

Por supuesto, Teddy pasaba más tiempo con Draco después de que ambos descubriesen su interés común en Aritmancia, pero no era lo mismo que estar riendo y hablando con su padre.

Sólo quería a su viejo a padre de vuelta: el que tenía tiempo para él y el que no estaba constantemente cansado porque había decido quedarse con el bebé.

Así que un día, el veinte de julio, explotó, liberando todas las frustraciones que tenía con el bebé y el poco tiempo que su padre invertía en él.


Teddy caminó hacia la sala en la cual se encontraba Harry en una silla con un solo brazo, apoyado en almohadas y disfrutando de la brisa que entraba por las ventanas abiertas. Sus manos acariciaban distraídamente su gran vientre, intentando calmar al sobreexcitado bebé.

—Hola, papá —Harry sonrió con cansancio. Las ojeras bajo sus ojos se habían vuelto más notorias y estaba más pálido. Desafortunadamente era de esperar en un embarazo masculino.

El moreno abrió los ojos y lo miró fijamente.

—¿Pasa algo, Teddy? —preguntó, sentándose correctamente con dificultad.

—¿Podemos ir a dar un paseo? —dijo, mordiéndose el labio y colocando sus manos en la espalda.

—Me encantaría, pero no puedo —suspiró Harry, pasándose una mano por la cara.

Teddy se tensó y frunció el ceño.

—¿Por qué no?

—Lo siento, Teddy, pero estoy demasiado cansado. Probablemente sólo llegaría hasta la puerta antes de tener que sentarme de nuevo —se disculpó el moreno haciendo una mueca.

—Pero podemos ir a dar un pequeño paseo —intentó Teddy, queriendo desesperadamente convencer a su padre.

—De verdad que no puedo, lo siento. Puede que mañana —murmuró, cerrando los ojos.

—Siempre dices lo mismo, pero nunca lo haces —susurró el niño, mirando hacia el suelo, siento sus ojos escocer.

—¿A qué viene eso? —preguntó Harry, agotado.

—Me prometiste que iríamos a pasear de nuevo hace un mes —le recordó el pequeño, el cual no estaba dispuesto a perder tiempo con Harry.

—Sé lo que prometí, pero realmente estoy muy cansado como para dar un paseo ahora —suspiró de nuevo, haciendo una mueca cuando su hijo nonato le dio una fuerte patada.

—Pero de verdad quiero dar un paseo contigo —insistió, fulminándolo con la mirada.

Esta vez Harry lo miró molesto.

—Teddy, he dicho que no. Estoy demasiado cansado. Pregúntale a Draco si quiere dar un paseo contigo. Está libre.

—¡No! ¡Yo quiero ir contigo! —Teddy alzó la voz, incluso dio una fuerte patada al suelo, algo que jamás había hecho.

Harry estaba sentado con la espalda recta, dijo:

—Ya está bien, Teddy. Deja de actuar como un niño mimado —le regañó —. Tienes que comprender que estoy cansado por el bebé y…

—¡No me importa el estúpido bebé! —gritó repentinamente; sus azules ojos cambiaron a color ámbar; su pelo a un marrón oscuro. Cerró los puños a su costado. Todo su cuerpo estaba tenso y tenía dificultad para respirar con normalidad. Todas sus frustraciones llegaron al límite y explotó —. Siempre estás hablando del bebé. El bebé esto, el bebé lo otro. ¡No me importa nada relacionado con éste estúpido y quiero a mi antiguo padre de vuelta!

Harry lo miró totalmente sorprendido antes de estrechar sus ojos con ira.

—¡Teddy, te estás pasando! ¡Discúlpate ahora mismo! ¡No puedes hablar de esa manera!

—¡Puedo y lo haré! —gritó—. ¡No quiero a este bebé y tampoco a Scorpius como hermano! Desde que estás con Draco, no tienes tiempo para mí. ¡Siempre Scorpius, Draco y el bebé, pero nunca yo!

—¡Eso es mentira! Sabes que paso tiempo contigo y que aún te quiero. No te he cambiado por nadie. Sólo tienes que aceptar que hay otras personas en mi vida que me importan también. Vas a tener otro hermano dentro de dos meses, ¡así que va siendo hora de que cambies tu actitud! —dijo el moreno con dureza.

—¡Odio a este bebé! —gritó de nuevo; las lágrimas caían por sus mejillas—. ¡Odio a Scorpius y a ti por quedarte con el bebé!

—¡Suficiente! —gritó Harry, alzándose de repente; toda su cara reflejaba la rabia y el dolor—. ¡Vete a tu dormitorio y no salgas hasta que estés dispuesto a pedir disculpas!

—¿Qué diantres está pasando aquí? —Draco entró corriendo en la estancia, con los ojos abiertos por la sorpresa.

Teddy gritó, toda su cara estaba roja por la ira y llena de lágrimas, y corrió escaleras arriba, cerrando la puerta de su habitación con fuerza.

Harry respiró ásperamente y se puso a llorar, dejándose caer en el sofá, ocultando la cara entre sus manos.

—Harry, ¿qué ha pasado? —preguntó Draco preocupado y se sentó a su lado, abrazándolo y frotándole la espalda.

Harry negó con la cabeza sin saber si tendría voz. No podía creer lo que acababa de oír. Ni en un millón de años hubiese esperado que Teddy le gritara que odiaba al bebé y a él por quedárselo. ¿Teddy había estado contra el bebé todo ese tiempo? ¿Por qué no había hecho nada al respecto?

—Él dijo… dijo que odia e-el bebé —hipó el moreno—. Y que m-me odia por que-quedármelo. ¿Soy tan horrible como padre que mi ahijado está resentido por quedarnos a nuestro hijo?

—Oh, Harry —susurró Draco y besó su cuello—. No, no eres horrible. Eres el padre más impresionante del mundo. No odia al bebé. Estoy seguro de que no lo decía en serio.

Pero Harry negó con la cabeza, y sollozó más fuerte.

—No has visto su cara cuando ha dicho eso, Draco —gimió—. De verdad nos odia. ¿Cómo ha podido pasar esto?

—Harry —habló melódicamente Draco mientras acariciaba su espalda y cambiando de posición para que Harry se sentase en su regazo —. No te puede odiar, eres su padre. Vamos a dejar que se calme y luego hablaremos con él. Intenta calmarte ahora, ¿vale? El estrés no es bueno para el bebé. Respira profundamente.

Harry hipó de nuevo, pero comenzó a respirar tal y como le había dicho Draco, tratando de calmarse. Sabía que estar en ese estado era malo para el bebé, pero ¿cómo iba a estar cuando el niño que considera su hijo le acababa de decir todo eso?

Draco siguió meciéndolo, frotando su espalda y diciéndole cosas dulces al oído. Estaba contento de que Scorpius estuviese en la otra punta de la casa cuando los gritos comenzaron.


Teddy gritó contra su almohada, soltando todo su miedo y frustración. ¿Por qué no le escuchaba su padre? ¿Por qué no entendía que necesitaba pasar tiempo con él? ¿Su padre le querría de igual forma después de tener a Scorpius y al bebé?

Teddy volvió a gritar ante ese pensamiento. No quería ser reemplazado. Quería ser el hijo de Harry, del cual estar orgullo y al único que quisiese. Pero ahora sus posibilidades habían desaparecido después de haberle dicho eso. No había sido su intención, ¡de verdad! No sabía porque lo había hecho, las palabras empezaron a emerger de su boca antes de que pudiera detenerse.

Había sido un niño muy malo y ahora su padre estaba furioso con él y dejaría de quererlo. Ahora sí que había perdido la oportunidad de ser su mejor hijo.

—Puede que lo mejor es que me vaya —susurró para sí, abrazó la almohada contra su pecho, y su mirada, de color ámbar, se perdió en la pared de enfrente—. Si me voy, entonces mi padre podrá ser feliz con su nuevo hijo. Él no me va a echar en falta. Sólo hago que esté triste y enfadado. Y no quiero verlo así —empezó a llorar de nuevo en silencio.

Todo lo que quería era hacer feliz a su padre. Si se iba, tal vez su padre tendría la oportunidad de ser feliz de nuevo. Sí, haría que su padre fuese feliz de nuevo. Se sentía mal por dejar a su padre, la verdadera figura de un padre que jamás había conocido y que perdería, pero si su marcha significaba la felicidad de Harry, lo haría.


Media hora más tarde, un pequeño con el pelo oscuro salió de la casa por la puerta principal, con una mochila y dentro de ella algo de comida, agua y un álbum de fotos.

El niño fue por el camino por el que habían ido tantas veces para ir al parque. A partir de ahí, ya vería.

Estaba sentado debajo de un gran roble, mirando con tristeza hacia el lago, deseando poder disculparse con su padre por todo lo que había dicho.

—Hola, niño, ¿qué estás haciendo aquí solo?

Teddy alzó la mirada para ver a un hombre de pelo rubio oscuro sonriéndole preocupadamente.


—Creo que se habrá calmado bastante. Iré a buscarlo, ¿vale? Entonces podremos hablar —dijo Draco en voz baja dos horas más tarde, habiéndoselas ingeniado para calmar a Harry.

Harry estaba tumbado en el sofá, con un brazo sobre la frente y mirando al techo con los ojos enrojecidos. Asintió con la cabeza ante lo que había dicho Draco, pero no apartó la mirada.

Draco suspiró para sus adentros, pero se levantó y subió a la habitación de Teddy, tratando de ocultar su rabia. Quería a Teddy como a un hijo, pero el muchacho se había pasado de la raya. Si Harry no se hubiese calmado, el bebé estaría en serios problemas. No quería pensar en la posibilidad de perder el bebé a estas alturas del embarazo.

—Teddy, voy a entrar —dijo a través de la cerrada puerta y la abrió, frunciendo el ceño al no verlo dentro de ella —. ¿Teddy? —repitió y entró mirando a su alrededor.

No había señales del niño. Su ceño se hizo más profundo. ¿Teddy se había ido a otra habitación?

Draco quería ir a buscarlo por la Mansión, cuando de repente se dio cuenta de que había una nota sobre la cama. Con temor concentrado en su estómago, se acercó poco a poco y la cogió. Tenía la sensación de que lo que iba a leer no le iba a gustar.

Papá:

Siento ser un mal hijo. Realmente he puesto todo mi empeño en ser el hijo perfecto, pero me he equivocado. De verdad que no quiero hacerte daño. Sólo quiero que estés orgulloso de mí, que me quieras y seas feliz conmigo. Pero creo que lo único que he hecho ha sido enfadarte y ponerte triste. Siento haber sido un mal hijo. He decido irme porque quiero que vuelvas a ser feliz y con el bebé, tú tendrás la oportunidad de tener un hijo de verdad, en lugar de cuidarme a mí: un bebé al que tuviste que cuidar porque le prometiste a tu amigo que lo harías.

Siento haberte decepcionado. No voy a hacerlo nunca más, te lo prometo.

Te quiero, papá y te echo de menos. Dile adiós a Draco y a Scorpius de mi parte. Y dile al bebé que tendrá el padre más grande que hay en el mundo.

Te quiere,

Teddy.

En algunas partes la tinta estaba borrosa, señal de que había estado llorando mientras escribía la carta.

Draco no podía creer lo que acababa de leer. La carta no quería decir lo que en verdad significaba, ¿verdad?

Se dio la vuelta, arrugando la carta en la mano y salió de la habitación.

—¡Teddy! —gritó y escuchó el eco de su propia voz en las paredes.

No podía estar pasando. Sólo era un malentendido. Una estúpida broma. Teddy no podía haber huido. Era imposible.

Acababa de bajar las escaleras corriendo cuando un grito desgarrador procedente de la sala le alertó; se puso pálido y cambió de rumbo.

Algo le pasaba a Harry. Corrió hacia donde se encontraba y lo vio de rodillas en el suelo, mirando un pergamino que tenía en la mano, gritando y llorando de dolor.

—¿¡Harry, qué pasa!? —preguntó histérico y cayó de rodillas, abrazando al hombre que gritaba.

—¡Lo tiene! ¡Ese hijo de puta tiene a mi hijo! —gritó Harry y le enseñó la carta, cayendo sobre el pecho de Draco.

Draco sintió que su corazón se acaba de detener y la cogió. Fue un instante, pero esas pocas frases le hicieron sentir como si su corazón hubiese sido arrancado de su pecho.

Potter,

Tengo a tu precioso hijo. Te dije que tenías que tener más cuidado con ellos.

El juego empieza ahora, Potter. Vamos a ver cómo te las arreglas para salvarle.

Tu admirador.

Una foto de un implicado y aterrorizado Teddy estaba incluida en la carta.


Continuará