Capítulo 42

—¿Cómo ha podido pasar esto? —murmuró Harry con los ojos vidriosos a causa de las lágrimas. Todo su cuerpo temblaba.

Draco apartó la mirada sabiendo que la mención de la carta quebraría a Harry de nuevo. Él ya estaba lo suficientemente estresado: la carta de Teddy sólo le daría más estrés a Harry y pondría el bebé en peligro. Pero si no le decía nada de la carta, Harry asumiría que el asesino había estado en la casa, cosa que haría que su estrés aumentara. ¿Qué opción debía elegir? Harry simplemente se colapsaría.

Draco, que tenía su propia pelea interna, no se dio cuenta de que Harry se percató de que había una bola de papel en el suelo y estiró su brazo para cogerla. Sus ojos se abrieron como platos cuando leyó la carta y empezó a temblar violentamente.

—¿Mi hijo se ha escapado? —gritó en estado de pánico y forcejeó en los brazos de Draco.

Draco maldijo violentamente y apretó su agarre contra su pareja.

—¡Cálmate!

—¿Que me calme? ¿Que me calme? ¿¡Mi hijo se ha escapado y ha sido secuestrado y dices que me calme? —espetó Harry con incredulidad—. ¡Voy a ir a buscarlo! ¡Voy a matar a ese hijo de puta!

Ignorando forma alguna de calmarlo, Draco puso su mano sobre la frente de Harry y murmuró un encantamiento para hacerlo dormir. Eso lo dejaría inconsciente al menos durante una hora.

Harry lo miró sorprendido cuando una ola de somnolencia le golpeó duramente. Se esforzó por mantener los ojos abiertos.

—¿Qué has hecho? —empezó a balbucear y cayó hacia adelante, justo en los abiertos brazos de Draco.

—Lo siento, Harry, pero no puedo correr el riesgo de perder al bebé también —respondió con dolor—. Tienes que calmarte, por eso te he lanzado un encantamiento para dormir. De verdad que lo siento, pero no me has dado otra opción.

—Hijo de puta —logró susurrar el moreno antes de que sus ojos se cerrasen y su cuerpo se relajase.

Draco suspiró, lo alzó cuidadosamente en sus brazos y lo acostó en el sofá. Incluso dormido, Harry tenía el ceño fruncido y Draco no dudó ni un segundo que cuando se despertara de nuevo estaría enfadado con él.

Tragó saliva y respiró hondo. Tenía que llamar a Severus para que revisase a Harry porque él no tenía ni idea de cómo ponerse en contacto con Lovegood y tenía que avisar a los Aurores.

—Demonios —siseó entre dientes y se dirigió rápidamente a su oficina para una necesaria llamada por red flu.


—¿Y? —preguntó impaciente Draco cinco minutos después, cuando Severus se echó hacia atrás con el ceño fruncido.

Los aurores llegarían en un par de minutos, ya que estaban reuniendo a su mejor grupo. La única razón por la que Draco había conseguido reunir a los mejores aurores era porque el ahijado de Harry era el que había desaparecido y la mayoría en el Cuartel de Aurores aún eran leales a Harry, aunque Kingsley no estaba especialmente contento con él ese momento.

Severus suspiró.

—No hay necesidad de preocuparse —murmuró, guardó su varita, y se puso en pie—. No hay nada malo en el bebé o Potter; su presión arterial ha aumentado ligeramente, pero teniendo en cuenta lo que ha pasado hoy, era de esperar. Pero ninguno está en peligro.

Draco suspiró aliviado y cayó en el sofá. Al menos era una preocupación menos. Ahora tenía que asegurarse de encontrar a Teddy. Miró el suelo de mármol. Cuando pusiera sus manos encima del secuestrador, él sería un asesino a sangre fría. El nombre de los Malfoy no era de buen agrado en estos tiempos, pero nadie dañaba a su familia y se salía con la suya.

—Trata de mantener a Potter lo más tranquilo posible —instruyó Severus y lanzó una cautelosa mirada al reloj del abuelo. Sabía que no quedaba mucho tiempo antes de que los Aurores llegaran. Tenía que marcharse antes de que fuese encerrado en Azkaban. Hubiese querido poder ayudar más a Draco con la búsqueda del mocoso, y le habría enseñado a ese tipo su propio arsenal de maldiciones, pero tal como estaban las cosas, sólo daría más problemas si los Aurores lo atrapaban. Tal vez podría encontrar algo en sus libros y mandarle un mensaje a Draco, pero si estaba encerrado en la prisión de magos no sería de ayuda alguna.

Caminó rápidamente hacia la puerta.

—Por el amor a Merlín, mantenle dentro —insistió.

—¿Qué? —preguntó Draco, confundido y mirando hacia arriba.

—No me digas que te has olvidado de su complejo de héroe, Draco —le miró Severus—. Si no tienes cuidado, tendrás que ir tras Potter también y en su condición podría ser fatal si decide ir en busca del secuestrador.

—¿En serio crees que dejaría que fuese en su busca? —Draco entrecerró los ojos mientras apretaba los puños.

—No, Draco, pero Potter podría, considerando que un miembro de su familia ha sido secuestrado. No se quedó en Hogwarts cuando pensaba que su padrino fue llevado a la cárcel y seguramente tratará de encontrar a Teddy una vez despierte. Asegúrate de que se quede en casa. Por lo que a mí respecta, le pondría un hechizo de atadura — respondió con dureza Severus y se escabulló cuando escuchó el sonido revelador de la red flu.

Un minuto más tarde cinco Aurores entraron en la sala y empezaron a preguntar a Draco y a leer las dos cartas; nadie escuchó el sonido de la red flu que anunció la desaparición de Snape.


Cuando Harry se despertó se sentía muy mareado y confundido. Estaba acostado en el sofá del salón y miraba el techo. ¿Qué había sucedido? ¿Se había quedado dormido de nuevo? Con cuidado se sentó y miró a su alrededor. Estaba solo en el salón, sin embargo podía escuchar voces que hablaban en voz baja en la sala contigua. Se puso rígido cuando reconoció la voz de Thomas Leroy, auror con el que había trabajado en algunos casos. ¿Qué estaba haciendo aquí?

De repente, una avalancha de recuerdos inundó su cerebro y jadeó en voz baja cuando se acordó de cómo Teddy le gritaba, la carta de su hijo marchándose y la nota que el secuestrador le envió.

Sintió un nudo en la garganta y volvió a tener ganas de gritar. Su cabeza cayó hacia delante, sobre sus manos, y respiró profundamente para calmarse. No serviría de nada tener un ataque de pánico en ese momento. Tenía que mantener la calma y tener la mente despejada para poder encontrar el modo de recuperar a Teddy. Una vez que tuviese a su hijo de regreso hablaría con él y esperaba poder arreglar la relación con el chico. Harry se estremeció y dio un suspiro tembloroso antes de levantarse, tambaleándose en el proceso un poco. Se quedó quieto hasta que las manchas negras que veía a través de sus ojos hubiesen desaparecido y, lentamente, se dirigió a la sala donde había escuchado las voces.

Thomas estaba sentado en el sofá mirando las dos notas con una mujer de cabello oscuro, y hablaban entre sí. Harry recordaba vagamente que ella se llamaba Elisabeth Dowsen. La mujer había comenzado dos años después que él; sin embargo él nunca había trabajado junto a ella en ningún caso, pero había escuchado que era una gran profesional resolviendo casos de secuestro.

Potter no conocía el nombre de los otros tres aurores, pero los reconoció como los que habían empezado varios meses después que él.

Draco fue el primero que se fijó en él, de pie en la puerta, y Harry vio cómo el rubio hacia una mueca.

«Bueno —pensó con ira—. Debe sentirse temeroso. Esa ha sido la última vez que utiliza un hechizo sobre mí».

—Harry, ¿cómo te encuentras? —le preguntó con preocupación, y corrió hacia él.

Los aurores dirigieron una rápida mirada a Harry y asintieron con la cabeza en señal de saludo, mientras observaban, durante unos segundos, el abultado vientre antes de volver a su trabajo.

—Estoy cabreado contigo por usar un hechizo sobre mí —susurró Harry, pero tuvo cuidado de no alzar la voz—. Si alguna vez intentas hacer algo así de nuevo, haré de tu vida un infierno, ¿entendido?

Draco tragó saliva, pero no se echó hacia atrás.

—Harry, tienes que entender por qué tenía que dormirte —respondió apresuradamente—. Yo no quería que el estrés te hiciese daño a ti o nuestro bebé. Teddy te necesita tranquilo y si no hubiese utilizado ese hechizo sobre ti nunca te hubieses calmado.

Harry respiró profundo y se frotó el puente de su nariz.

—Simplemente no lo hagas de nuevo —suspiró con los ojos cerrados—. No me gusta cuando alguien me obliga a hacer algo.

—Lo siento, Harry —susurró Draco, y pensó que ahora era un buen momento para abrazar a su pareja. Harry se tensó, pero no lo apartó—. No usaré un hechizo contra ti sin que sepas por qué. Sólo quería que te calmaras.

—De acuerdo, de acuerdo —murmuró Harry y respiró hondo, saliendo del agarre de Draco—. ¿Dónde está Scorpius? —preguntó, pensando que era extraño que el niño no hubiese bajado aún.

—Severus se lo ha llevado consigo, por el momento —murmuró en el oído de Harry, mientras miraba cautelosamente a los aurores—. Scorpius no sabe nada de lo que ha pasado y no quiero que sea presa del pánico y de la preocupación.

Harry asintió con la cabeza.

—Buenas tardes, Harry —asintió Thomas, mientras sus ojos castaños lo miraban fijamente.

Con cuidado, Harry se sentó en el sofá junto a la chimenea, evitando una mueca cuando el bebé le dio una patada en la costilla.

—Hola, Thomas. ¿Crees que puedes obtener una firma mágica de la carta? —preguntó, sacando, de nuevo, su lado auror. Por el momento era mucho más fácil tratar esto como cualquier otro caso y evitar el hecho de que fuese su hijo el secuestrado. Si pensaba en ello, entraría en pánico de nuevo y era algo que no necesitaba en ese momento, pero iba a hacer todo lo posible para que su hijo regresara. Haría que el secuestrador lamentase el haberse llevado a su hijo.

Thomas suspiró y se pasó una mano por su cabello castaño.

—No —frunció el entrecejo—.Quienquiera que esté detrás de esto es alguien muy inteligente o ha tenido la decencia de estudiar los libros que tratan los temas de la ocultación de la firma mágica. No puedo sentir siquiera un rastro de ella —respondió, molesto.

—Señor Potter, ¿ha enviado el secuestrador algo más que la nota? —preguntó Elisabeth. Sus uñas pintadas de color púrpura brillaron a causa de la luz del sol en el momento que puso la nota sobre la mesa.

Harry frunció el ceño y se mordió el labio tratando de recordar si el secuestrador, de hecho, le había enviado alguna otra carta. Era vagamente consciente de que Draco estaba sentándose a su lado y, por un instante, sus muslos se tocaron, y de pronto recordó la nota que había llegado el Día de la Conmemoración. La nota que rápidamente había olvidado cuando Draco le sedujo y no había pensado en ella después.

—¡Mierda! —respiró y tiró de su pelo en señal de frustración.

—¿Harry? —preguntó Draco preocupado, y suavemente desenredó su mano de su pelo, manteniéndola en las suyas propias.

—El secuestrador me envió una nota —suspiró y sus ojos apartaron la mirada por la culpa —. Fue el Día de la Conmemoración.

—¿¡Qué?! —preguntó Draco bruscamente—. ¿Por qué no me dijiste nada sobre la nota?

—Porque cuando estaba intentando decírtelo, tú entraste y me distrajiste, ¿recuerdas? —dijo, apresurado, y con la mano libre se frotó la frente.

—¿Cómo pudiste haberlo olvidado? —preguntó Draco frustrado; estaba enfadado consigo mismo y con Harry. Si él no hubiese convencido a Harry de tener relaciones sexuales se habría enterado de la nota y, tal vez, se podría haber evitado todo esto. Pero, ¿cómo podría Harry haber olvidado una cosa tan importante?

—No sé, ¿vale? —espetó molesto el moreno, castigándose mentalmente por su grave error—. No sé por qué se me olvidó; debí dejarla a la vista.

Thomas se aclaró la garganta y miró bruscamente a Harry.

—Cómo pudiste olvidarla no importa ahora, ¿qué había en ella?

—Eh… —Harry miró hacia el techo, haciendo un gran esfuerzo por tratar de recordar todo lo que había escrito en la nota—. Hablaba sobre el hecho de lo bien que se me ve embarazado —. Se movió inquieto y vio la cara sombría de Draco—. Y dijo que tenía que disfrutar del tiempo que me quedaba con mi familia —sus manos se cerraron en puños, marcándosele los nudillos, al mismo tiempo que la ira corría por su venas.

—¿Visteis alguien sospechoso el Día de la Conmemoración? —preguntó suavemente Elisabeth.

Tanto Harry como Draco negaron con la cabeza.

—Bueno, creo que podemos asumir que el secuestrador se comunicará con el señor Potter, otra vez —un auror con el pelo castaño oscuro comenzó a hablar de forma gris—. Quiere jugar a un juego, y está indicado en la nota, me temo, que lo único que podemos hacer por ahora es esperar que el secuestrador comience.

El rostro de Draco se tensó, junto al resto de su cuerpo, pero permaneció sentado, sabiendo que en realidad no había nada que pudiese hacer por ahora salvo reconfortar a su afligida pareja, cuyo rostro se había oscurecido ante la mención de la espera.

Cuando los brazos del rubio lo rodearon, Harry, inconscientemente, dejó caer la cabeza sobre el fuerte hombro, hundiendo la cara en la caliente tela de la camisa blanca que su pareja llevaba. Sólo podía rezar para que todo resultase bien. No creía ser capaz de soportar la idea de que Teddy estuviese muerto. Quería a ese chico como si fuese su propio hijo y no había forma posible de que lo perdiese.


Resultó que no tuvieron que esperar demasiado tiempo. Tan sólo media hora después de haber tomado la decisión de esperar, una segunda nota apareció, llevada por una lechuza marrón. Antes de que ninguno de ellos pudiese coger a la lechuza, ésta había volado lejos, dejándola caer sobre el alféizar.

Con temor, Harry la abrió.

Tienes un hijo de lo más terco, Potter. No puedo decidir si la terquedad es una cualidad genética o es por tu influencia. De todos modos, he tenido tiempo para conseguir algunas respuestas de él. Tuve que recurrir a algunos hechizos, pero no te preocupes, que tu hijo no se ha visto muy perjudicado. Después de todo, resultaría un mal cebo si lo dañase, pero ¿debería?

Como he dicho antes, mi deseo es volver a verte, Potter. Y el momento ha llegado al fin. En una hora te enviaré el nombre del lugar en el que quiero que nos encontremos. Tienes que venir solo: sin Malfoy ni aurores. Sólo tú. Si me doy cuenta de la presencia de otra persona –y ten en cuenta de que seré capaz de ello– tu hijo pagará el precio.

Nos vemos en unas horas,

Tu admirador

«Si le hace daño a Teddy, lo mataré —pensó Harry con saña, arrugando el papel con las manos, furioso. Hacía mucho tiempo que no se sentía así de furioso; en realidad, las únicas veces que podía recordar haberse sentido así fue ante la muerte de Sirius y cuando tuvo que enfrentarse a Voldemort. Pero esta persona había ido demasiado lejos. Podía aguantar ser atacado, soportar el tener que ver cómo las víctimas habían muerto antes de poder haber ofrecido una cura, pero había algo que no podía soportar y era que alguien atacase a su familia. Se lo haría pagar muy caro. Haría que desease no haber nacido nunca.

—¡Ese maldito hijo de puta! —espetó entre dientes Harry; sus ojos verdes esmeralda brillaban de furia. La nota le fue arrebatada de sus manos y escuchó a Draco sisear tras él.

—Como mínimo ahora sabemos que tiene planeado reunirse contigo hoy —suspiró Thomas, frotándose la frente—. Dice que enviará el nombre del lugar en una hora, por lo que todavía tenemos tiempo para ir al Ministerio y obtener poción multijugos.

Harry se dio la vuelta y miró al auror con incredulidad.

—¿Qué quieres decir con lo de poción multijugos? —entrecerró los ojos—. ¿Por qué vamos a necesitar esa poción?

—Porque uno de nosotros va a suplirte para encontrarse con el secuestrador —respondió con lentitud Thomas, frunciendo el ceño.

—No. Voy a ser yo quien vaya. Estableció claramente que únicamente quiere reunirse conmigo —insistió Harry—. Por lo que sabemos, podría tener algo en su poder que le haría saber que la persona que va a estar allí no soy yo. No arriesgaré a Teddy.

—Sé razonable, Harry —sostuvo Draco, con sus ojos grises brillándole—. ¡No puedes pensar en salir al encuentro de ese loco hijo de puta estando embarazado de siete meses!

—¡Estoy lo suficientemente en forma para hacérselo pagar! —dijo entre dientes, viendo cómo la furia salía de su voz.

—No vas a ir al encuentro y es definitivo —gruñó Draco y su cuerpo se tensó, sintiendo la adrenalina recorriéndole. No dejaría que Harry fuese en su estado; estaba demasiado débil como para poder defenderse y no sólo iba a perder a Harry y Teddy en el proceso, sino al bebé también. No sería capaz de soportar la idea de haber perdido a tres de sus seres más queridos porque había dejado que su pareja fuese al encuentro con el secuestrador.

—¡No puedes retenerme aquí contra mi voluntad! —espetó el moreno y dio unos pasos hacia Draco.

—Por favor, cálmese, señor Potter —estableció Elisabeth, y miró a la pareja, nerviosa,

—¡Claro que puedo, joder! —gruñó el rubio—. Si tengo que atarte para retenerte aquí, ¡lo haré! ¡De ningún modo permitiré que salgas!

—¡Eres un bastardo! —espetó Harry, sintiendo cómo su magia se alzaba, y antes de que esta pudiese alcanzar y dañar a alguien prefirió salir de la habitación, en dirección a su cuarto, cerrando la puerta tras de sí. Se tiró en la cama y cogió una almohada y, enterrando la cabeza en ella, gritó lo más fuerte que pudo, parando únicamente cuando su garganta comenzó a resentirse.


Draco se pasó una mano por el pelo a modo de frustración, tirando de su cabello.

—Mierda —murmuró y cerró los ojos durante unos segundos.

—¿Señor Malfoy? —otro auror con el pelo corto de color pelirrojo oscuro se acercó.

—¿Sí? —Draco respiró profundamente. El rubio estaba molesto con Harry porque éste estaba enfadado con él, pero hablaría con él más tarde. Harry tenía que darse cuenta de que no tenía por qué ser el héroe cada vez que pasaba algo.

—¿Está de acuerdo con el uso de la poción Multijugos?

—Sí, por supuesto —dijo, alzando una ceja —. ¿Por qué no habría de estarlo?

—Bueno, necesitamos un poco de pelo del señor Potter para poder utilizar la poción —contestó el pelirrojo auror, cruzándose de brazos.

—No te preocupes por eso, estoy seguro de que habrá un poco de cabello en el sofá donde Harry estuvo durmiendo hace unas horas —respondió, masajeándose las sienes. Maldita sea, podía sentir cómo empezaba a dolerle la cabeza.

—Bueno, Elisabeth y Will recibirán un frasco de poción en breve —Elisabeth y Thomas asintieron y el mago pelirrojo asintió antes de salir de la habitación para poder utilizar la red flu de regreso al Ministerio.

—No se preocupe, señor Malfoy —habló Thomas con voz suave cuando Draco se dejó caer en el sofá con el rostro sombrío. Sabía que su máscara se le resquebrajaba, y habiendo estado en presencia de otros sangre pura podría haber sido fatal dejar ver cómo ésta desaparecía, pero en ese momento no le importaba. No pensaba que los aurores fuesen a usarlo en su contra—. Nos aseguraremos de que el joven Teddy vuelva sano y salvo.

Draco asintió y cerró los ojos. Sólo podía confiar en que Thomas tuviese razón.


Harry estaba sentado en su escritorio, reclinado en la ventana con las piernas flexionadas al máximo, hasta el estómago; sus brazos envolvían sus rodillas y su cabeza estaba apoyada contra la fría ventana. Sus ojos miraban distraídamente a través. Las lágrimas se habían secado en sus mejillas y la garganta le molestaba cada vez que tragaba. Necesitaba un vaso de agua, pero no quería levantarse para ir a buscar uno y tampoco quería llamar a un elfo doméstico.

Suspiró y cerró los ojos. La ira se había desvanecido hasta que sintió un suave ardor en el estómago, preparado para estallar de nuevo en cualquier momento.

¿Cómo podía pensar Draco que iba a quedarse en la Mansión mientras la vida de Teddy estaba en juego? El secuestrador había sido lo suficientemente inteligente, perspicaz y rápido para entregarle una nota sin que pudiesen notarlo. Por lo tanto, ¿quién decía que no fuese a averiguar que el verdadero Harry no iba a ser el del encuentro? No quería imaginarse qué le haría el secuestrador a Teddy si éste se enteraba del engaño.

Harry tragó, haciendo una mueca cuando su garganta protestó ante el movimiento y se incorporó lentamente, dejando que sus piernas colgasen del escritorio. Tenía que encontrar una manera de poder ir hasta el secuestrador sin que Draco lo supiese. Tal vez podría utilizar su capa de invisibilidad y seguir a la persona que iba a beberse la poción multijugos. Cualquier cosa que fuese a hacer, tenía que hacerla rápido porque estaba a punto de cumplirse una hora desde que recibió la otra nota.

Salió de sus pensamientos cuando un escuchó un fuerte golpe contra su ventana. Giró la cabeza y miró a la lechuza marrón que le había entregado las notas previamente. Respirando profundamente, abrió la ventana y cogió la nota con manos temblorosas. El búho le miró por unos instantes con ojos solemnes antes de echar a volar, ululando suavemente.

Harry cerró los ojos por un momento, intentando recobrar la compostura y luego, con una sensación de pesadez en el estómago, la abrió.

¿Por qué tengo la sensación de que Malfoy hará cualquier cosa para evitar que tengamos nuestro encuentro y tú siendo tan terco como en tus años escolares? Supongo que estás en algún rincón de la Mansión, solo. Tu pareja es estúpida al pensar que puede interceptar los mensajes que sólo están destinados a ti. La lechuza sólo irá a ti, pero eso no importa ahora.

Tienes media hora para llegar al lugar donde tu hijo y tú tuvisteis un bonito momento familiar hace unas semanas. Es realmente una lástima que no hayas ido a dar un paseo hoy con él; tal vez podrías haber evitado todo esto. Pero por desgracia, todo esto me beneficia.

Media hora, Potter. Estoy contando.

Tu admirador.

Harry apretaba sus dientes después de haber finalizado la carta y ésta fue arrojada sobre la mesa con indignación.

Tenía media hora para llegar a la zona abierta del parque y encontrar un modo de rescatar a Teddy. Asintió con la cabeza y se puso en pie, cogiendo su varita que estaba sobre la mesa. Podía hacerlo. Había sobrevivido a varios ataques de Voldemort varias veces; podía hacerlo, podía traer a su hijo de regreso.

Respirando profundamente, se lanzó un hechizo desilusionador sobre él y con cautela salió de su habitación y bajó las escaleras. Se detuvo justo frente a la puerta entreabierta que conducía a la sala de estar donde podía escuchar los murmullos de los aurores, y después de asegurarse de que no había nada en el suelo que pudiese pisar y hacer cualquier ruido que alertase a Draco, se acercó rápidamente a la puerta principal y la abrió con cuidado, haciendo lo mismo al cerrarla. Cuando estuvo fuera dejó escapar el aliento que había estado conteniendo inconscientemente.

Había conseguido escapar de la Mansión, ¡perfecto! Todo lo que tenía que hacer ahora era asegurarse de que llegaba a tiempo al lugar.

Después de asegurarse de que el hechizo desilusionador aún hacia efecto, caminó por el sendero en dirección al parque.

«Lo siento, Draco —pensó, y su mano se cerró entorno a su varita—. Pero no puedo arriesgar la vida de Teddy únicamente por salvar la mía».


Estaba sin aliento por el tiempo que había demorado en llegar a la zona abierta del parque. Colocó una mano en su espalda e hizo una mueca de dolor cuando su bebé pateó de nuevo. Era como si su hijo supiese que algo estaba pasando y expresó su ansiedad golpeando fuertemente los riñones y las costillas.

Harry levantó la vista hacia el cielo, el cual había estado oscureciéndose poco a poco. Las nubes habían comenzado a juntarse poco a poco sobre él y el sol intentaba hacer débiles esfuerzos por alejar las nubes. Parecía que se avecinaba una tormenta.

Unos minutos más tarde se puso de pie en medio del lugar, mirando atentamente a su alrededor, con todo su cuerpo en tensión preparado para atacar. El aire de su alrededor estaba cargado a causa del calor del verano y la inminente tormenta. Las hojas se movían y en algún lugar un poco lejano se escuchaba a los pájaros cantar.

Él se dio la vuelta y mantuvo su varita frente a él cuando el sonido de unas ramas, que eran apartadas, se escuchó tras de sí.

Una figura oscura oculta en una capa se acercó, sosteniendo algo sobre sus brazos. La persona se inclinó y colocó aquello que sostenía en el suelo y Harry se quedó sin aliento cuando la capucha de la capa cayó y reveló la cara de Teddy llena de lágrimas. Sus ojos marrones le miraban con pánico y miedo, mientras sus hombros temblaban por contener y sus hombros temblaban a causa de sus sollozos contenidos.

—Teddy —dio un paso al frente, pero se vio obligado a detenerse cuando una varita apuntó directamente hacia la garganta del pequeño.

—Un paso más, Potter, y tu hijo pagará el precio —le dijo el hombre con frialdad.

Harry lo miró con furia.

—¡Eres un maldito hijo de puta! —dijo entre dientes y su varita respondió a su enfado expulsando chispas rojas—. ¡Déjalo marchar! ¡Vine solo, como me pediste, haz lo que quieras conmigo, pero deja que Teddy se vaya!

—Vaya, vaya…, siempre actuando de mártir —se burló el hombre—; realmente no debería sorprenderme.

—Sólo déjalo ir —repitió con frialdad Harry.

—Ah, bueno, ya sabes que no puedo hacer eso —dijo el hombre con casi alegría—. Verás, hace unos años me hice una promesa a mí mismo en la que te haría sufrir a ti al igual que tú me lo hiciste a mí. Me ha costado un tiempo llegar hasta aquí, pero al final lo he conseguido.

—¿Quién eres tú? —Harry tragó con miedo. No serviría de nada entrar en pánico en ese momento; tenía que mantener la mente despejada si quería salvar a Teddy.

—Honestamente Potter, ¿te has olvidado de mí? Me siento consternado —le dijo el hombre, suspirando. Una mano se alzó y tiró de su capucha, revelando al hombre de pelo rubio oscuro y de rostro muy familiar.

Harry lo miró completamente sorprendido: no podía ser verdad. Estaba imaginándolo. No había forma posible de que él fuese el que había envenenado a toda esa gente; que lo hubiese secuestrado e inyectado una poción de embarazo y que hubiese secuestrado a Teddy, apuntándolo, en este momento, con su varita.

—Y, bien, Potter, ¿te acuerdas finalmente de mí? —le preguntó Dennis Creevey con los ojos fríos, repletos de odio.

—¿Dennis? —dijo Harry horrorizado—. Eso…, eso no es posible. ¿Tú…? ¿Por qué tú…?

—¿Por qué iba a envenenar a todas esas personas, asegurándome de que quedases embarazado y secuestrar a tu hijo? —Dennis rio con aspereza—Pues para conseguir mi venganza, ¡por supuesto!

—¿Venganza? ¿Por qué? —susurró Potter; su mente todavía estaba aturdida por la sorpresa de ver a Dennis frente a él. Nunca, en un millón de años, hubiese esperado que Dennis fuese el causante de los asesinatos y el secuestrador de Teddy. ¿Qué había sucedido con el muchacho alegre que lo había adorado en Hogwarts?

La varita de Dennis se hincó más en el cuello de Teddy y Harry apretó los dientes en señal de advertencia.

—Tú tienes la culpa de que mi hermano muriese —susurró el rubio, con los ojos ardiendo en señal de furia y haciendo con la boca un gesto de desprecio.

—¿Qué… Colin? —preguntó Harry, confundido—. ¿Por qué es mi culpa…?

Dennis lo interrumpió.

—Porque quería impresionarte ¡y se aseguró de estar en la Batalla Final también! Fue allí y luchó contra los mortífagos y murió queriéndote impresionar —respiró hondo y sus ojos brillaron a causa de las lágrimas—. ¡Si hubieses matado a Tú-Sabes-Quién antes, mi hermano estaría vivo!

—Dennis, no había manera posible de haberlo matado antes —empezó Harry, pero se sentía culpable, con el estómago revuelto. ¿Cuántas veces había deseado poder matar a Voldemort antes? Si hubiese sido capaz más personas hubiesen sobrevivido; Teddy aún podría tener padres.

—Sí, bueno, pero podrías haberlo intentado —espetó Dennis—. ¿Sabes que te adoraba? Hablaba todo el tiempo de lo maravilloso e inteligente que eras y de cómo se sintió seguro en la escuela porque sabía que los defenderías a todos. No quería nada más que ser tu amigo y en lugar de aceptarlo, lo apartaste como si fuese una mosca molesta. ¡La necesidad de impresionarte y ganar tu aprobación le costó la vida!

—Lo siento, Dennis —murmuró Harry, mordiéndose el labio, escapando de sus ojos algunas lágrimas—. Me hubiese encantado haber matado a Voldemort antes y siento mucho la muerte de tu hermano. Era un buen amigo.

—¡Mierda! —gritó de repente Dennis—.¡No te habría importado en absoluto si lo mataban o no! ¡Nunca te has tomado el tiempo para visitar su tumba, sin embargo sí que lo tenías para visitar a otros Gryffindors! ¡Ni siquiera enviaste tu pésame sabiendo que había muerto! ¡Hubo una lista de los fallecidos en cada jodido periódico y te vi leyéndolos, así que no me vengas con eso de que lo sientes!

—Realmente no fue mi intención hacerte sentir como si la muerte de tu hermano no me molestara —en cada palabra de Harry estaba el tono de súplica—. Estaba devastado por todas las muertes que escuché y me hubiese gustado poder visitar todas las tumbas, ¡de verdad! De verdad, lo siento.

Dennis se echó a reír con frialdad.

—Me pregunto cuántas personas habrán escuchado tus perdones —sonrió—. Pero te lo voy a hacer pagar. Voy a hacerte daño, el mismo que me has hecho a mí. Por fin te tengo donde quería, Potter. Después de estar jugando todos estos meses al gato y al ratón con los aurores, al fin obtendré mi venganza.

—¿Qué estás haciendo? —preguntó Harry con temor cuando Dennis alzó a Teddy con dureza, sosteniéndolo frente a él con la varita clavada en el pecho del niño.

—Nunca has tenido hermano alguno, por lo que no puedo vengarme matando a tu propio hermano; pero puedo quitarte a tus hijos —sonrió con crueldad—. Hay una razón por la que inyecté esa poción en ti.

Antes de que Harry pudiese conjurar un hechizo, unas cuerdas habían atado sus manos detrás de su espalda y sus piernas, juntándolas, obligándole a quedarse quieto si no quería correr el riesgo de caer sobre su vientre. Un trapo apareció en su boca como mordaza y sus ojos empezaron a lagrimear.

—Como ves, cuantos más hijos pierdas, más devastado estarás —comenzó a decir Dennis en voz baja, sus ojos no dejaban de mirar el rostro de Harry—. Sé que deseabas tener hijos, así que sólo tenía que esperar el momento adecuado a que los tuvieses. Por descontado, eso no sucedió cuando estuviste con Ginny Weasley, y después de verte años soltero, pensé que tendría que contentarme con matar a tu ahijado. Y después te juntaste con Malfoy —se detuvo y se echó a reír en voz baja, moviendo la cabeza—. Imagina mi sorpresa cuando me enteré de que te gustaba que te diesen por el culo. ¡Y Malfoy! Así que decidí que deberías tener tu propio hijo porque sabía que te dolería más perder a uno biológico. Así todo es muy fácil, Potter. Utilizaré algunas maldiciones muy ingeniosas en tu ahijado que le harán gritar como un bebé y cuando me cansé de él, lo mataré. Frente a tus ojos. Y tú no serás capaz de hacer nada por detenerme.

Sonrió aún con más crueldad.

—Me pregunto cuánto tiempo tardará hasta que el dolor se haga cargo de tu cuerpo y fuerce al mismo a tener un aborto involuntario. Apuesto que no demorará mucho, considerando que es un embarazo masculino. Y todos sabemos lo delicados que son. Creo que ni siquiera podrás aguantar hasta la muerte del niño —se rio, pareciendo un completo loco. No parecía estar mentalmente sano—. Y entonces perderás tu propio bebé: tu hijo biológico. No voy a matarte después de eso; si no te matas tú mismo por la pérdida de tu ahijado y de tu bebé, estoy seguro de que Malfoy acabará repudiándote. Después de todo, los Malfoy son muy protectores con su progenie y si tú pierdes a su hijo… Bueno, él no tendrá a nadie a quien culpar salvo a ti, porque tú fuiste quién decidió no esperar en el interior de la Mansión. Él no será capaz de mirarte porque sabe que será tu culpa la pérdida de su hijo. Eres un chico malo, Potter. Y los chicos malos deben ser castigados.

Y diciendo eso empujó a Teddy a cierta distancia de Harry, obligándole a sentarse en sus rodillas y haciéndole mirar directamente a los ojos de Harry.

—Hum, creo que voy a empezar por el hechizo cortante, ¿qué te parece? —le guiñó un ojo y Harry gritó, tambaleándose hacia delante, cayendo sobre sus rodillas cuando el hechizo alcanzó a su ahijado, cortando su piel. La herida empezó a emanar sangre, la cual caía por las mejillas del niño, y este lloró con más fuerza, para caer, posteriormente, sobre su regazo.

Harry logró quitarse el trapo de la boca y gritó:

—¡Maldito cobarde! ¡Déjalo ir! ¡Si quieres lastimar a alguien, házmelo a mí! ¡Yo soy el que te ha hecho daño, soy yo al que debes castigar! ¡Sólo es un inocente niño! ¡No puedes hacer esto!

Dennis lo miró pensativamente.

— Hum, me temo que no puedo hacer eso —tarareó —. Quiero verte sufrir, Potter, y la mejor manera de hacerte daño es ver cómo contemplas cómo sufre tu hijo —se rio y se centró en Teddy de nuevo—. Veamos cuánta paciencia tienes, Potter —sonrió con malicia—. Crucio.

—¡NO!

Mientras Teddy estaba siendo destrozado, lloraba, gritaba y se retorcía en el suelo, tratando de escapar de la maldición que le estaba dañando de una forma sin igual, haciéndole sentir que sus pulmones colapsaban y que sus huesos se resquebrajaban; Harry trató de liberarse mientras gritaba a pelo pulmón.

—¡PARA! ¡SÓLO DETENTE! ¡POR FAVOR!

Dennis se rio e ignoró las súplicas desesperadas de Harry.

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—Necesitamos algo de ropa del señor Potter si quieres continuar con esto —dijo Thomas con calma después de que Will hubiese ingerido la poción.

—Ah, sí, claro, yo iré por ella —murmuró Draco, y se puso de pie, pensando aún que todo esto tenía que sólo una cruel pesadilla.

Al llegar a la cerrada puerta del dormitorio, Draco respiró profundo y llamó.

—¿Harry? Sé que estás enfadado conmigo, pero ¿puedo abrir, al menos, la puerta? Nosotros, eh…, necesitamos un poco de ropa —dijo y esperó un poco, pero no hubo respuesta alguna. Frunció el ceño y volvió a llamar—. Harry, por favor, este no es el momento para ser terco —dijo molesto, pero, aun así, no llegó ninguna respuesta.

Tratando de ignorar la sensación de que algo no iba bien, abrió la puerta lentamente y entró en la habitación.

—¿Harry? —le preguntó con vacilación y frunció las cejas cuando él no vio a Harry en la habitación. ¿Se había equivocado y estaba en otra habitación? Quiso dar marcha atrás y buscar en el resto de dormitorios, pero un trozo de papel captó su atención y, en su lugar, se acercó a la mesa.

—¿Qué demonios? —murmuró, cogiendo el arrugado papel y alisándolo para su correcta lectura. El contenido de la carta lo dejó helado.

¿Por qué tengo la sensación de que Malfoy hará cualquier cosa para evitar que tengamos nuestro encuentro y tú siendo tan terco como en tus años escolares? Supongo que estás en algún rincón de la Mansión, solo. Tu pareja es estúpida al pensar que puede interceptar los mensajes que sólo están destinados a ti. La lechuza sólo irá a ti, pero eso no importa ahora.

Tienes media hora para llegar al lugar donde tu hijo y tú tuvisteis un bonito momento familiar hace unas semanas. Es realmente una lástima que no hayas ido a dar un paseo hoy con él; tal vez podrías haber evitado todo esto. Pero por desgracia, todo esto me beneficia.

Media hora, Potter. Estoy contando.

Tu admirador.

—¡Mierda! —maldijo Draco y corrió escaleras abajo, de regreso a la sala, donde los aurores le estaban esperando. Era inútil hacer la búsqueda por la Mansión. En el momento en el que hubiese leído la nota, sabía que Harry había ido al encuentro con el secuestrador.

«Debería haberle lanzado un Incarcerous después de todo —pensó sombríamente y dobló la esquina para entrar en la habitación»

Los cinco aurores lo miraron confusos cuando se percataron de que no traía la ropa de Harry.

Arrojó la carta sobre la mesa con una mirada de desagrado en su rostro.

—El secuestrador se las arregló para poder enviarle una nota sin que lo supiésemos. Y este idiota fue a su encuentro —dijo, y su mandíbula se tensó hasta que el dolor hizo que la tuviese que aflojar.

—Mierda —Elisabeth leyó el contenido de la carta y suspiró.

—¿Tiene idea de qué lugar podría ser ese? —preguntó Will con el ceño fruncido.

—No lo sé —respondió frustrado—. El único lugar al que fueron hace un par de semanas fue al parque que hay cerca de la Mansión.

—Ese parque no es precisamente pequeño —destacó otra bruja con el pelo plateado recogido en un moño. Ella había estado en silencio todo el tiempo y había estado mirando cuidadosamente a Draco y las cartas.

—¿Seguro que no sabe el lugar exacto mencionado en la carta? —preguntó de nuevo Thomas, agitando la carta en el aire.

—No, no lo sé —negó Draco con la cabeza—. Nunca me dijeron a qué parte del parque fueron.

—Maldita sea. Entonces tenemos un gran problema —maldijo Will—. Nos va a llevar demasiado tiempo buscar por todo el parque.

—Lo peor de todo esto es que deberíamos haber esperado que Potter hiciese algo así —dijo Thomas, suspirando, y se frotó la frente—. Por supuesto, una lechuza lo encontraría en cualquier lugar —murmuró sombríamente—. Debería haberle colocado un hechizo de rastreo.

Draco se quedó anonadado y miró con los ojos muy abiertos a Thomas.

—¿Qué? —Thomas lo miró con recelo.

—¡Un hechizo de seguimiento! Le puse uno cuando Harry fue al parque con Teddy hace unas semanas —explicó Draco. En sus ojos se podía ver cómo había recobrado la ilusión perdida—. Aún debe permanecer en él porque no creo que se lo quitase.

—Por lo menos la suerte ha cambiado un poco a nuestro favor —murmuró Will.

—Tenemos que darnos prisa —dijo Thomas con urgencia, pero una leve sonrisa apareció en su rostro. Puede que aún estuviesen a tiempo.

«Aguanta un poco más, Harry —pensó y salió corriendo hacia la puerta, dejando a los elfos domésticos con cara de preocupación».


Harry casi había perdido su voz por completo y sus muñecas estaban sangrando a causa de haber tirado de las cuerdas, cuando Dennis se detuvo un momento para apreciar su "obra".

Teddy no era más que un cuerpo tembloroso que ahora sollozaba menos. Tenía cortes que le sangraban mucho y grandes cardenales que cubrían su cuerpo mientras su respiración había empezado a sonar dificultosa. No tenía fuerza para poder sentarse, sino que estaba acostado de lado en el suelo, con ramas y hojas enganchadas en su pelo. El dolor de cabeza lo estaba matando y su vista había empezado a ser borrosa cuando Dennis detuvo la maldición Cruciatus. Tenía problemas para concentrarse en algo y nunca antes había sentido tanto miedo. Él sabía que era por su culpa. Si no hubiese sido tan estúpido como para salir de casa, el malvado hombre no lo hubiese encontrado y todo esto no estaría sucediendo ahora. Era su culpa que su padre estuviese sufriendo y sería su culpa si perdiese al bebé.

Nunca quiso que algo así sucediese. Sus ojos escocidos querían expulsar más lágrimas, pero estaba demasiado cansado como para hacerlo. Sólo quería cerrar los ojos y dormirse. Únicamente tenía que dormirse y no volvería a sentir ese dolor jamás; pero tenía que pensar en su padre.

Giró un poco la cabeza con dificultad para poder verlo. Su cuerpo empezó a temblar de nuevo al ver el mal estado de Harry: tenía el rostro demacrado y estaba apoyado en sus rodillas, con la espalda doblada, intentando proteger al bebé, pero al mismo tiempo seguía pidiendo que dejase marchar a Teddy y que se centrase en él. Las lágrimas nunca habían dejado de salir del rostro de su padre y también estaba seguro de que había perdido la voz casi por completo.

Teddy se preguntó por qué su padre había ido a rescatarle. No le había traído más que problemas. Incluso escapándose, seguía siendo un incordio para su padre.

De repente, los ojos verdes llenos de dolor de Harry se clavaron en los suyos, amagando un sollozo.

—Voy a sacarte de aquí, ¿vale, hijo? —susurró su padre y una vez más trató de zafarse de las cuerdas en sus muñecas.

—¿Por… por qué? —la voz de Teddy sonó resquebrajada, pero se las arregló para poder decir esa palabra.

—¿Por qué? —Harry lo miró con determinación—. Porque tú eres mi hijo y te quiero. Y no hay nada en este mundo que te aparte de mí.

Teddy se quedó sin aliento y parpadeó, preguntándose si había escuchado mal a su padre. ¿Podría ser cierto que en realidad no era una carga para él?

—Qué conmovedor —dijo Dennis arrastrando las palabras—. Perdóname por demostrar que estás equivocado —se rio y sacó una vez más su varita.

—¡NO TE ATREVAS A HACERLE DAÑO DE NUEVO! —gritó Harry, pudiéndose ver en sus ojos la furia hacia el rubio—. ¡VOY A MATARTE, HIJO DE PUTA!

Dennis sólo sonrió y abrió la boca de nuevo, esta vez para realizar una maldición que rompía los huesos, pero se quedó congelado cuando escuchó un gruñido tras él. Antes de que alguien se diese cuenta de lo que estaba pasando, un lobo de color marrón oscuro apareció en el aire y aterrizó sobre Dennis gruñendo y enseñando los dientes.

—¿Qué cojones? —gritó Dennis y trató de escabullirse del furioso lobo, pero no llegó muy lejos. Su varita salió volando y aterrizó a varios metros de él, bajo un árbol, dejando a Dennis a merced de la furia del lobo.

Harry se quedó con la boca abierta al ver cómo el lobo se apoderó del brazo de Dennis y tiró de él con tanta fuerza que le desgarró el mismo, mostrando el hueso y el resplandor rojo de los tejidos cercanos a la herida. Dennis gritó de dolor y trató de patear al lobo para alejarlo, pero fue inútil. Otro mordisco del lobo provocó que le arrancase cuatro dedos de la mano, asegurándose de que jamás pudiese sostener una varita. La mano sana de Dennis tanteó por el suelo y Teddy se arrastró, alejándose de él, ignorando el dolor en su cuerpo.

Dennis encontró una rama y la alzó, tratando de darle al lobo en la cabeza. El animal salvaje sólo gruño y su enorme mandíbula se cerró sobre la muñeca que sostenía la rama y al morder se escuchó un crujido repugnante.

Harry apartó los ojos y tiró de las cuerdas con dureza, dejando escapar un sonido de triunfo cuando sintió que éstas finalmente se aflojaban, liberando las manos apresuradamente e hizo lo mismo con las piernas. Cuando finalmente fue libre, se arrastró hacia Teddy y, cogiéndolo de las cuerdas, lo arrastró hacia él hasta sus brazos, abrazándolo con fuerza. Cerró los ojos y aspiró el familiar olor del niño.

—Dios mío, Teddy —sopló y forzó un sollozo—. Siento mucho que estés herido. Lo siento mucho.

—No, papá, lo siento yo —susurró y abrazó a su padre con fuerza, ignorando al dolor de su cuerpo—. Lo siento mucho por haberme escapado, no quería hacerte daño —dijo entre sollozos—. Siento haber sido un mal hijo.

—No, Teddy, no te preocupes por eso —susurró con firmeza Harry—. Nunca has sido un mal hijo y nunca lo serás. Eres mi hijo y no quiero volver a perderte. Te quiero, hijo…, siempre te voy a querer, no importa lo que hagas.

Teddy sollozó y enterró su cabeza en el hombro de su padre, sintiéndolo temblar también. Él necesitaba escuchar esas palabras.

Un fuerte soplido le hizo ser consciente de que el peligro aún no había acabado Ahogó sus sollozos y respiró entrecortadamente y se dio cuenta de que el ruido de carne desgarrada había cesado.

Temeroso, alzó la cabeza, pero no podía ver porque Harry lo puso detrás de él.

Con lo poco que podía ver, sin embargo, le dieron ganas de vomitar y desmayarse.

El hombre que lo había secuestrado estaba tendido en el suelo a varios metros de ellos, con la cabeza sangrando en abundancia a causa de haberse golpeado el cráneo con una gran roca. La herida en su brazo estaba sangrando lentamente y Teddy pudo ver las marcas de mordeduras en sus costados y cara. Ahora sólo tenía una oreja, la izquierda, y su camisa estaba completamente desgarrada. La sangre, poco a poco, se fue desparramando, haciendo que el aire se cargase de un olor metálico; pero todavía respiraba.

—Merlín —Harry respiraba de un modo que pareciese que estuviese a punto de desmayarse.

Teddy se estremeció, pero no podía apartar la mirada de la espantosa escena.

De repente, el lobo se detuvo frente a ellos y ambos contuvieron el aliento; Harry agarró su varita firmemente después de haberla encontrado en el suelo.

Los dorados ojos de lobo lo miraron solemnemente y el animal gimió un poco, acercándose hacia Harry y Teddy para olfatearlos, para después ponerse, al parecer, en posición de ataque. El lobo gimió de nuevo y embistió con la cabeza la mano de Harry, animándolo a acariciar su grueso pelaje.

—Pero qué... —murmuró aturdido y extendió la mano con cuidado hacia el lobo. El animal lo volvió a olfatear y le lamió la mano. El moreno parpadeó y miró más atentamente a los ojos de color ámbar del lobo. Le resultaban tan familiares…

Teddy se sorprendió un poco cuando el lobo lamió el corte en su mejilla y resistió el impulso de apartarse. La lengua contra su cortada piel se sentía raro, pero reconfortante al mismo tiempo. ¿No era normal, no?

Harry jadeó suavemente cuando una imagen exacta de los mismos ojos vino a su mente. Los mismos que lo miraban ahora lo habían estado buscando durante su tercer año, la noche en la que conoció a Sirius de verdad.

—¿Lunático? —susurró con incredulidad, pero no podía ser cierto: Remus estaba muerto. Había visto su cuerpo tendido junto a su mujer en el Gran Comedor. No había modo alguno de que ése fuese Remus.

El lobo lo miró fijamente por un momento y embistió la mano y la cabeza de Teddy una última vez antes de irse, desapareciendo en el bosque como un fantasma. Sólo la forma mutilada de Dennis le hacía saber que el encuentro no había sido soñado.

—¿Papá? —la voz de Teddy lo sacó de sus pensamientos y sus grandes ojos lo miraron sorprendido, aún aferrándose a Harry.

—Vamos… —pero Harry se dobló de golpe, agarrando su vientre y gimió cuando un dolor punzante lo atravesó como un cuchillo.

—¿Papá? —preguntó Teddy, siendo presa del pánico.

Harry gimió e inclino la cabeza, agarrando su vientre con más fuerza.

—No —murmuró horrorizado cuando sintió a su bebé moverse frenéticamente. Otra punzada de dolor lo inundó y apretó los dientes para no dejar escapar el grito de dolor que quería salir.

—Papá, ¿qué te pasa? —preguntó el niño, chillando. Sus ojos se abrieron aún más—. ¡Papá, estás sangrando!

Antes de que Harry pudiese tranquilizarlo, sintió que la oscuridad lo atrapaba, desmayándose, dejando a un Teddy frenético a su lado.


Así fue como Draco los encontró cinco minutos más tarde: Harry tirado en el suelo inconsciente con Teddy llorando junto a él, con cortes, magulladuras y ensangrentado.

El corazón de Draco se detuvo. Sólo podía pensar que aquello no podía estar pasando, era lo único que tenía en mente antes de llamar a gritos a los aurores para que viniesen.


Continuará