—¡Vamos Mammon, apresúrate! ¡Necesito buscar el cargador de mi D.D.D., sino Levi estará furioso en medio del evento de Mononoke Land si se llega a morir mi batería! —Se escuchaba en el pasillo principal de la Casa de Lamentación unas voces con jadeos y pasos apresurados de dos individuos muy peculiares. Mammon era jalado del brazo por la chica humana con la cual había hecho un pacto hace ya un tiempo, y que ahora se veían casi como inseparables.
—¿Y recuérdame por qué estoy siguiéndote a tu cuarto? De hecho, ¡exijo una explicación de por qué mierda me estás obligando a ir contigo! —dijo el peliblanco tratando se zafarse del agarre de su compañera.
—Porque eres buena persona, y te recuerdo que el viernes hay una entrega de un informe muy importante, el cual no has empezado —aclaró la chica, deteniéndose en mitad del pasillo, observando con una sonrisa burlesca a Mammon, quien puso una cara algo chistosa para la chica y sonrió de manera algo forzada, causando una pequeña carcajada en ella.
—¡Claro Soje! ¡Señora, jefa! —finalizó retomando el paso hacia la habitación donde ella se hospedaba en su año como estudiante de intercambio en Devildom. Un pintoresco lugar donde habitan demonios de todo tipo, y donde se estaba llevando a cabo un intercambio "cultural" muy peculiar para cualquiera que se entere.
Después de unos pasos llegaron al salón principal de la casa y disponiéndose para dirigirse al cuarto de la humana, pero algo la detuvo en seco, algo que ella no pensaba escuchar en este año con los siete hermanos demonio. Un sonido que ella conocía desde muy temprana edad, y que reconocería a kilómetros de distancia; le recordaba a su hogar, a su familia, y un pequeño dejo de nostalgia apareció en su pecho. Sin avisarle a su amigo, ella encaminó lenta y silenciosamente hasta donde provenía ese dulce y tenue sonido, llegando finalmente al salón de música, donde ella recordaba haber visto en alguna ocasión el origen de ese sonido: un piano de cola. Se quedó parada en el marco de la pared para no interrumpir a quien fuese que estuviese tocando las teclas de aquel dulce y potente instrumento, dándose cuenta casi al segundo después de una cabellera rubia cabizbaja frente al piano, tocando de manera al azar una que otra tecla, notándose un desdén en cada nota.
—Bien, agradece que EL Gran Mammon está para acompañarte a tu cuart... ¿Soje? —El chico percatándose de la ausencia de la pelimorada refunfuñó para sí y la buscó por las cercanías del gran salón, encontrándola parada en la entrada del cuarto de música. Suspiró pesado y colocó su mano derecha sobre la cabeza de la chica, haciendo que esta despabilara de su mente con un pequeño salto de susto—. Oye, espiar a la gente es de mala educación. Además, ¿no estabas tan apresurada para conseg...? ¡Auch! —Un golpe en el hombro por parte de la chica lo interrumpió, haciendo que este se quejara de dolor un poco, seguido de un signo corporal de "silencio" por parte de ella.
—Sé lo que dije, pero nunca me imaginé a Satan sentado frente a un piano. Es algo que no puedo perderme —dijo en un muy callado susurro. Su mente tenía muchas preguntas, pero tampoco quería respuestas inmediatas, sólo esperar a que el rubio tocase algo de una buena vez.
—Pues deberás seguir esperando. Hace mucho tiempo él tocaba el piano como un maldito profesional. De hecho lo hizo primero como competencia contra Lucifer, pero resultó que le quedó gustando demasiado para mi gusto. Algo pasó, y ya no toca más que unas teclas así al azar y nada más —señaló Mammon con su típico movimiento de manos a la altura de la cabeza—. Así que no creo que veas mucho más de lo que ya ha tocado hasta ahora —finalizó. Soje, sin prestar mucha atención a lo que Mammon dijo, caminó hacia dentro de la habitación, ignorando los llamados del peliblanco.
Con la mirada pegada en las teclas blancas y negras, Satan sólo tocaba con su dedo índice derecho una que otra nota al aire, sin alguna correlación lógica, suspirando levemente. Aclaró su garganta y, de repente, pensando seriamente en marcharse al fin, sintió como alguien se sentaba a su izquierda, sin decir palabra alguna, en la misma butaca. Levantó la mirada para ver a una chica de ojos violeta intenso mirarle con una sonrisa de oreja a oreja y la mirada brillante, arreglando su cabello ondulado hacia atrás y haciendo movimientos de relajación rápida en sus hombros, brazos y dedos.
—¿Soje? ¿Qué haces acá?
—Escuché desde el salón, lo siento. Pero no me iré de acá hasta escucharte tocar el piano, aunque sea un poco —afirmó sin quitar esa sonrisa de su rostro. Él suspiró pesadamente ante lo dicho por la chica.
—Perdón, pero hace mucho que no toco piano —dijo de manera seca y dura, sin mirarle.
—Pero por algún motivo sigues viniendo, ¿no? —aseguró ella.
—Ya no tengo la misma motivación que antes, he aprendido demasiado sobre el piano como para seguir interesado en esto. Además, sólo Lucifer aprecia la buena música en esta casa, y sabemos perfectamente que no sería buen público para mí, ni tampoco sería invitado por mí a una práctica.
—En ese caso, deberé de mostrarte otra forma de disfrutar este bello instrumento —dijo finalmente Soje, haciéndose tronar levemente los dedos. Sacó del bolsillo de la chaqueta del uniforme su D.D.D., y empezó a buscar algo que Satan no lograba entender, tratando de mantener la compostura al sentirse obligado a hacer algo que a él no le gustaba.
Mientras tanto, fuera del salón de música, Mammon seguía en el marco de la puerta, pensando seriamente si dejarlos solos para así no meterse en problemas por espiar al avatar de la ira, pero a la vez no quería dejarlos solos. No quería dejar a Soje a solas con Satan. Sentía la necesidad de estar con ella, pero tampoco se sentía capaz de interrumpir. Sentía que era buena oportunidad para ver si su hermano menor volvía a hacer algo que se veía desde lejos que disfrutaba, incluso si fue un pasatiempo que empezó por competencia hacia el mismísimo Lucifer, ganando el menor de estos dos. Mientras la mente de Mammon trabajaba a mil caballos de fuerza, debatiendo qué hacer, una mano se coloca en el hombro del chico, haciéndole sobre saltar en su lugar y casi pegar un grito del susto.
—¡Levi! No deberías ir asustando a la gente de esa manera, idiota —afirmó en susurro.
—Y tampoco espiar a los demás. Oye, ¿has visto a Soje? Me dijo que nos veríamos en mi cuarto después de clases para un evento especial de Mononoke Land, pero no la he visto. Y en su cuarto tampoco está —dijo el tercer hermano, copiándole el susurro al mayor. Este último apuntó con el pulgar al lugar donde ella y Satan se encontraban. Levi observó dentro, mostrando sorpresa en su cara al segundo—. ¿Qué? ¿Qué cree que está haciendo con Satan en el piano?
—Ahora veremos qué carajos sucede. Pensé en quedarme acá por si él intenta matarla en algún arrebato. —Levi lo miró confundido. ¿Él? ¿Preocupándose por alguien que no fuese él mismo? Definitivamente algo le tenía que pasar, pero prefirió quedarse a ver si pasaba algo interesante, aprovechando que su compañera de juego lo había abandonado por otro evento quizás hasta más raro que el del Espíritu Dragón del Cielo vario-color.
Luego de un rato buscando en su teléfono, encontró finalmente lo que ella buscaba desesperadamente. Colocó el aparato en horizontal y sobre el piano, justo en el sector donde de colocar las partituras.
—Espero que aún sepas leerlas. Aunque no me impresionaría si aún lo recuerdas —dijo con una sonrisa, mientras daba un toque a la pantalla táctil y mostraba una partitura doble, de dos colores diferentes—. La verde es tu parte, y la violeta es mía. ¿Listo? ¡Vamos! —Y sin esperar respuesta, volvió a tocar la pantalla, mostrando un pequeño compás y una línea que mostraba el avance que debían seguir.
[BGM: The Piano Duet | From The Corpse Bride]
Ella colocó suavemente los dedos de su mano derecha sobre algunas teclas y, al ritmo de tenue compás, empezó a tocar unas cuantas notas. En ese momento, se podía escuchar la sorpresa de los tres chicos al notar que ella tocaba suave las teclas, delicadas, con mucho cuidado. Lo hacía con los ojos cerrados casi, se notaba que ella ya conocía la pieza musical que propuso. Sonreía levemente mientras disfrutaba cada nota, agregando luego su mano izquierda a la ecuación, yendo poco a poco más al sector de las notas graves, observando de reojo al rubio que la observaba con los ojos muy abiertos, sorprendido por enterarse de esta manera que la humana tocaba piano. Sus ojos brillaban como pocas veces lo han hecho, siendo éstas sólo cuando va leyendo un libro que en serio le ha atraído, cuando a Lucifer le pasa algo malo, y cuando él mismo tocaba piano en sus mejores épocas. Leviathan y Mammon no podían mantener la boca cerrada de la sorpresa que se habían llevado. ¿Ella tocaba piano? ¿Por qué nunca lo mencionó, y menos cuando ella sabía que en esa casa había uno a disposición de quién quisiera? Rápidamente, el pelivioleta sacó de su bolsillo su D.D.D. y se colocó a grabar silenciosamente lo que podían ver y escuchar de la tocata. Mammon no podía dejar de imaginarse la cara de la chica en ese momento, queriendo ir allá mismo y verla con sus propios ojos, pero tampoco quería interrumpir el espectáculo tan improvisado que ella había logrado en menos de diez minutos. Ella, mientras tanto, observaba de reojo a Satan y lanzó una pequeña risa, haciéndole un gesto como para que estuviese atento al avance de las partituras digitales que tenían en frente. Este reaccionó y observó rápidamente y empezó a tocar lo que se le señalaba, siendo una pequeña parte, pero iniciando así el dueto de piano. El primer dueto de piano de él.
Ambos congeniaban perfectamente en tiempo y en coordinación con las manos para no chocar en ciertas partes; mostraban poco a poco la intensidad que esta canción podía tener para dos personas. Satan, en algún momento de la pieza empezó a sonreír genuinamente, con mirada tierna y cálida como casi nunca se le pudiese observar; sus manos no mostraban falta de práctica, era como si nunca hubiese dejado de tocar, y su corazón saltaba como la primera vez que pudo tocar una pieza de Beethoven a la perfección.
Soje, mientras tanto, sentía una tranquilidad muy grande, junto a nostalgia, recordando que ella no tocaba algo así desde que se fue de casa al intercambio. Recordaba a su familia, quienes le inculcaron desde pequeña los valores musicales, enseñándole poco a poco lo esencial para saber lo básico tanto en lo teórico como en lo práctico. Una sonrisa leve apareció nuevamente en su cara, recordando aquellos momentos con su padre y madre. Junto a este gozo del recuerdo, llegó el final juguetón de la canción, donde ella pasaba su mano derecha por casi toda la superficie y se quedaba en dos teclas, tocándolas mientras movía la cabeza de manera chistosa al son de estas, haciendo que Satan soltara una pequeña risa. Hubo un pequeño silencio, uno muy largo, mas no incómodo; siendo roto por una pequeña risilla de la chica.
—Veo que sigues con el toque que me contaron por ahí que tenías. Okey, en ese caso, mañana nos vemos después de clase acá mismo —afirmó mientras se levantaba del asiento y se arreglaba la falda—. Si tienes tiempo después de cenar, busca antiguas partituras que tengas. Tendremos unas pequeñas prácticas por una semana. ¡Espero no me falles! —No dejó que el rubio siquiera pudiese procesar lo dicho por ella, simplemente le mostró una amplia sonrisa y encaminó paso hacia la salida del salón. Satan trató de detenerla, pero ella ya estaba fuera, siendo completamente inútil. Suspiró con los ojos cerrados, pero no pudo evitar sonreír levemente.
Cuando ella salió al salón principal, la encararon Leviathan y Mammon, quienes estaban aún con cara de sorpresa. Ambos hablaban a la vez, con sus voces muy altas y sin pausas, haciendo que la chica se tapara los oídos y hablara un poco más alto que ellos.
—¡Ya! ¡Basta! No puedo escucharlos si hablas así, no les entiendo nada.
—¿Cómo es que nunca nos contaste que tocabas el piano? ¡Además, una canción de una de las mejores películas que Tom Birten ha hecho, según yo! Tengo un repertorio entero sobre sus películas y de animes que podría entregarte para que tocaras para mí, por favor. ¡Por favor! —pidió el avatar de la envidia con ojos brillantes, deseando en lo más profundo de su corazón poder tener una orquesta personal con quien consideraba su primera verdadera amiga, ella tocando sus canciones preferidas de sus sueños. Ella, al escuchar que ellos estaban ya al tanto de que ella tocaba piano, empezó a sonrojarse rápidamente, colocando sus manos en sus mejillas, tratando de ocultar sus nervios.
—No puedo creer que no tuviste la confianza de poder decirme a mí, EL Gran Mammon, que tenías esas habilidades. De hecho, podrías empezar a practicar más y tocar en público, ¡la única humana en Devildom que puede tocar el piano! Podrías hacer una fortuna por sólo tocar unas teclas de manera aleatoria. ¡Podría ser tu mánager!
—¡Olvídenlo! No haré nada de eso, no soy tan genial tocando el piano. ¡De hecho, ni siquiera debieron haber escuchado! Qué vergüenza —alzó un poco más la voz de los nervios. Ella no estaba acostumbrada a que los demás la escuchasen tocar algunos de los instrumentos que ella solía tocar en casa o en el conservatorio que ella asistía, sólo gente muy selecta—. Por favor, olviden todo lo que vieron hoy —finalizó, mientras tapaba el resto de su cara con sus manos y, de un segundo a otro, golpeteó levemente sus mejillas con sus manos, tratando de concentrarse y no perder más la cordura.
—Ni hablar. Eso estuvo genial, ¡tocas genial! Y eso no se lo digo a cualquiera, menos a una normie como tú. Ni a Satan le he dicho lo genial que toca el piano. Llegué a olvidar el evento especial de Mononoke Land, pero no quiero que creas que eres muy especial sólo por tocar así... —finalizó el tercero de los hermanos. Ella sólo pudo suspirar antes de que fuesen interrumpidos por Asmodeus, quien ya llevaba las cosas para la cena de esa noche, pidiendo ayuda a los presentes y así poder cenar todos de una vez.
La cena fue tranquila, gracias al Dios. Satan y Soje agradecían internamente que Leviathan y Mammon mantuviesen en silencio lo presenciado antes, porque con la timidez de ella y la desmotivación de él no sería grato para ninguno que los demás hermanos estuviesen insistiendo en que tocasen algo. Terminada la cena, cada uno se dirigió a su cuarto, donde cada uno empezaba a hacer sus rutinas nocturnas antes de dormir; excepto por Satan y Soje. Satan empezó a rebuscar entre sus libros y archivadores a ver si encontraba alguna canción que tocaba antes, preguntándose por qué lo hacía, que era una pérdida de tiempo, que no podía simplemente verse obligado por ella a tocar nuevamente si él no quería. ¿No quería? ¿Realmente no quería volver a tocar música, y menos ahora que se le presenta la oportunidad de hacerlo junto a una persona con la cual no solo ha encontrado un gusto similar en los libros, sino en la música también? Se sentó momentáneamente en el piso, observando sus manos de manera melancólica. Es cierto que había olvidado la emoción de tocar para sus hermanos, o incluso para él mismo, pero no se sentía capaz de volver a llenar los zapatos que alguna vez usó.
—Olvídalo. Mañana no me presentaré —susurró para sí mismo, levantándose y dirigiendo sus pasos al ropero, buscando su pijama para ir a dormir y no pensar banalidades, según él.
Por otro lado, Soje se escabullía silenciosa por los pasillos de la casa, esperando no encontrarse con algunos de los hermanos por ahí, en especial con el sexto de ellos que solía dar paseos nocturnos directos a la cocina y darse un banquete personal. Ella necesitaba no ser descubierta mientras se dirigía al cuarto del mayor de todos, casi como una misión secreta. Llegando a la puerta del cuarto de Lucifer, ella dudó un momento en si tocar la puerta o no, haciendo ademanes con las manos, que al rato volvían a su posición original por la indecisión de la chica.
—Espero que no pienses quedarte toda la noche frente a mi puerta. Si necesitas hablar conmigo, este es tu momento de entrar. —Un escalofrío recorrió la espalda de la chica. ¿Cómo es que siempre sabía cuándo alguien estaba en su puerta? ¿Su poder era tal que podía sentir la presencia de otros sin siquiera verlos o escucharlos? ¿Quizás ella había sido muy ruidosa en su intento de no serlo? Agitó la cabeza para no seguir pensando en preguntas que nunca serían respondidas y entró al cuarto de Lucifer para no hacerle perder más tiempo.
—Lo siento por venir a molestar a esta hora.
—¡Ah, Soje! Por un momento pensé que era alguno de mis entrometidos hermanos. Por favor, ¿en qué puedo ayudarte? ¿Pasó algo que no pudiste contarme en la cena? —señaló el avatar del orgullo, con algo de preocupación el su voz y mirada, sin quitar esa serenidad que lo caracterizaba cuando está en un humor tranquilo. A pesar de tener como misión el estar al cuidado de la humana por orden de Diavolo, él de todas formas sentía el querer ser un apoyo en cualquier cosa que ella se vea necesitada, y más siendo ella quien ayudó a arreglar las cosas en su familia, sintiéndose de alguna forma muy agradecido, pero que jamás lo expresaría de manera pública ni muy recurrentemente.
—¡Oh no! No es nada de eso, en serio. Sólo vengo a hacerte una pregunta, y necesitaba hacerla en privado —dijo la chica finalmente, cuando ya se veía a una distancia razonable para estar con él. Éste, de manera altanera, sonrió levemente mientras cruzaba sus brazos frente a su pecho.
—¿Y qué pregunta sería, estimada? —preguntó mientras acortaba la distancia entre ellos, haciendo estremecer un poco a la muchacha, quien siempre suele ponerse algo nerviosa cuando está a solas con él—. ¿Qué urgencia te aqueja para tener que venir a hablar conmigo en privado?
—Bueno... no es algo que realmente sea muy urgente, por así decirlo... pero me preguntaba si tendrían más instrumentos acá, además del piano —susurró mientras se rascaba la nuca con su mano.
—Vaya, ¿y se puede saber para qué necesitas otros instrumentos aparte del piano? —La chica apretó los labios. Sabía que esa pregunta era inevitable, pero no le hacía muy feliz que se la hiciera de todas formas. Apretó los labios un momento para así no lanzar algún comentario que hiciese notar sus nervios frente a Lucifer. Inhaló un poco de aire, lo contuvo un segundo y habló finalmente.
—En una semana te muestro el por qué. Dame sólo una semana, y tendrás tu respuesta —dijo finalmente. En su mente lo único que quería era que no siguiera con las preguntas, ella aún no quería señalar lo que estaba empezando a planear con respecto a Satan y la música, quería que fuese el mayor secreto hasta una semana más. Lucifer, ya teniendo un presentimiento de lo que ella querría hacer, curvó levemente su comisura labial derecha.
—Si me hubieses dicho desde un inicio que tocas instrumentos, no tendrías que pedirlo así tan sospechosamente. Bien, te daré una semana para que me muestres lo que puedes hacer, sino te ganarás un castigo por venir a molestar a esta hora de la noche. Arriba en el ático tenemos más instrumentos, pero te advierto que han estado ahí por mucho tiempo, y no sé si aún servi...
—¡Muchas gracias! Veré el estado de éstas y si necesitan una mantención leve o no —interrumpió la chica, muy emocionada, imaginando qué tipos de instrumentos se guardarán en ese misterioso ático—. Si no te gusta lo que tengo planeado podrás hacerme el castigo que quieras, es una promesa.
—¿Una promesa? En serio eres una chica especial. Bien, esperaré ansioso la siguiente semana. —Y con esto dicho, la chica partió enseguida al ático, aprovechando que nadie la iría a molestar hasta allá a esa hora de la noche.
En la habitación superior de la casa, ella buscó por un momento hasta encontrar una pequeña bodega que abrió sin dudar, encontrando muchas cosas que quizás otro día verá con más detalle, pero viendo que al fondo de éste habían unas cosas que brillaban, se acercó rápidamente y notó que eran trompetas de muchos tipos, un saxofón y una armónica. ¡Bingo!, pensó mientras observaba que habían más instrumentos de cuerdas y percusión, hasta encontrar uno que le llamó la atención al instante. Sin dudarlo, lo tomó y partió a su cuarto a examinarlo, notando que estaba lleno de polvo y un poco maltratado. Esa noche casi no durmió por la emoción de ver qué necesitaba para restaurarlo y dejarlo listo para su uso, además de buscar partituras para practicar con Satan y no estar tan oxidada para su siguiente encuentro.
El día había sido muy tranquilo a comparación de otros tantos, pero a diferencia de esos, Soje estaba muy cansada y a ratos se dormía en clases. Los chicos notaron esto trataron de sacarle alguna respuesta, pero ella hacía caso omiso y cambiaba el tema o incentivaba a que algunos molestaran a otros para así desviar la atención, sin darse cuenta de que el hermano rubio ya sospechaba un poco del por qué de su cansancio. A la hora del almuerzo, se separó del grupo de los hermanos para buscar al mayor de estos, encontrándolo en los pasillos junto a Diavolo, agradeciendo que su búsqueda no fue más larga.
—¡Lucifer! Qué bueno que te encuentro —habló con la voz agitada por la pequeña carrera que hizo para alcanzarles—. Buen día Señor Diavolo, disculpe las molestias.
—¡Soje! Siempre es un gusto poder encontrarnos contigo. ¿Sucede algo? Te ves agitada —añadió Diavolo, siempre radiante y con esa sonrisa que calienta más que mil soles. Ella inmediatamente sacó de su bolsillo un trozo de papel doblado y observó a Lucifer.
—Necesito pedirte un favor, si no es molestia. Recuerdo que anoche dijiste que llegarías un poco más tarde por tener una reunión con el Señor Diavolo, y quisiera saber si podría encargarte unas cosas que necesito un poco urgentes. Prometo pagarte todo lo que está en la lista, por favor —terminó la chica mientras el azabache tomaba con delicadeza el papel y lo abría para echarle una lectura rápida. Abrió levemente los ojos y le entregó el papel a Diavolo, notando que éste último tenía curiosidad por saber lo que la nota decía.
—Adivinaré, ¿es para lo que tienes planeado? —La chica asintió con la cabeza—. Bien, veré qué puedo hacer, pero no sé si podré encontrar todo lo que aparece en la lista.
—¡No te preocupes por ello! Si Soje me promete que estaré invitado a lo que sea que ella esté planeando, podría mandar a Barbatos a buscar las cosas que ella necesita, y así las mando contigo, Lucifer —dijo el príncipe con una amplia sonrisa, tan grande que llegaba a cerrarle los ojos. La chica, muy emocionada, no pudo dejar de darles las gracias a ambos mientras notaba que la hora del almuerzo ya casi llegaba a su fin, partiendo a su salón luego de despedirse y volverles a agradecer a ambos por el favor.
Lo que quedaba de clases fue normal como siempre. Los chicos y la chica fueron a casa todos juntos, como es de costumbre, y ya en la entrada todos tomaron sus respectivos rumbos a sus cuartos, excepto por Soje, la cual después de cerciorarse que no había almas cerca del primer piso, caminó al salón de música y se sentó en la butaca del piano, haciendo unas ejercitaciones antes de colocar unas partituras y leerlas un poco.
Satan simplemente fue a su cuarto. Sentado en su sillón personal leía un libro sobre la historia de Devildom, por milésima vez, deseando no tener su mente en lo que la chica le había dicho el día anterior. No quería ir al salón, no quería ver que ella estuviese esperándolo, no quería siquiera tener la idea de volver a tocar el piano. No sentía las ganas ni la motivación, no sentía que pudiese aprender algo nuevo de ello, él ya lo había dejado hace mucho; mas algo en su pecho le decía que debía ir, que no perdía nada con intentarlo una vez más, que extrañaba la sensación de la música llevándolo lejos de su mente. Y mientras pensaba todo esto, sus piernas lo hicieron moverse solo y agarró unas partituras que había encontrado la noche anterior. No eran todas las que él tenía, pero eran las que más a la mano encontró. Luego de tenerlas en sus manos, empezó a caminar algo dudoso, pero tratando de convencerse a sí mismo que lo hacía más que todo para no ser un mal educado y no dejar a la chica plantada, y que le explicaría que no quería volver a hacerlo. Ella entendería, ¿no? Ella deberá de entender, o de eso se quería convencer. Al llegar al salón se detuvo de golpe, frunciendo levemente el ceño. Debo estar loco si haré esto. ¿Qué me pasa?, pensó mientras se daba vuelta para devolverse a su cuarto, cuando algo empezó a sonar e hizo que cualquier pensamiento de volver por donde vino se esfumaran.
[BGM: Joe Hisaishi - One Summer's Day]
Caminó lentamente hasta la entrada del salón de música, donde pudo ver a la pelimorada frente al piano, empezando a tocar lentamente una melodía que no lograba distinguir, notando un aire de tranquilidad y relajación en el ambiente gracias a las dulces notas que salían de cada acorde. Satan entró lentamente y se sentó en una silla que estaba cerca, sin interrumpir, y empezó a observarle el cómo ella tocaba, con una cara muy serena y con una leve sonrisa. Se notaba a leguas que esto a ella le relajaba, que le gustaba y disfrutaba, haciéndole pensar al chico que si él se veía así cuando tocaba, que si ponía la misma cara de disfrute o no, o si sólo ponía una cara seria e inanimada como otros músicos, pero no duró mucho su pensamiento porque notó que Soje le observaba de reojo mientras seguía como si nada con la balada. El rubio se sorprendió un poco, pero no dijo nada para no interrumpirle en medio, no quería sacarle la inspiración de golpe siendo que ella se veía tan tranquila tocando; hasta que ella deja de tocar de golpe, bajando las manos hasta sus muslos para hacerlos descansar un poco.
—Por un momento pensé que no vendrías —señaló la chica, con la voz reflejando aún su serenidad, tal y como reflejaba la canción que ella tocaba hasta hace unos segundos atrás.
—Créeme, por un momento también lo creí —respondió el contrario—. Sin embargo, estoy acá, bastante sorprendido de ver el cómo manejas el piano. ¿Dónde aprendiste a tocar así? A diferencia de los demonios, los humanos no tienen mucho tiempo de vida para dedicarse a aprender a su ritmo y ser así de excelentes, a no ser que sean unos músicos innatos —continuó, cruzando sus piernas y echando la espalda hasta atrás del respaldo, dejando los papeles sobre su regazo. La chica lanzó un pequeño suspiro antes de acomodarse y sentarse de manera que podía observarle de frente.
—Mamá y papá adoran la música. De hecho papá es parte de la orquesta nacional de donde vengo, y mamá siempre lo tuvo como un pasatiempo muy arraigado, tanto que ambos decidieron inculcárselo a sus hijos... bueno, mejor dicho, a su hija —dijo con una sonrisa melancólica—. No tocaba el piano desde que llegué acá, recuerdo que fue lo último que hice antes de partir de casa, dándome cuenta de que jamás había estado tan lejos de él ya que no sabía si en el lugar donde me recibirían había algo similar. Pero no es lo único que sé tocar, el primer instrumento que tuve en mis manos fue una guitarra que tocaba junto a mamá después del jardín de niños, y luego fui adquiriendo más y más conocimientos de música de todo tipo junto a más conocimientos de instrumentos: cuerdas, viento, percusión —siguió, con un brillo en la mirada generada por el recuerdo de toda su infancia rodeada de ese ambiente tan llenador para ella—. Pero bueno, hoy no estamos para hablar de mí, sino para hacerte tocar de nuevo el piano, ¿no? Vamos, arriba y a sentarte conmigo.
Satan levantó una ceja mientras lanzaba una pequeña risa burlona. ¿Él? ¿Recibiendo ordenes de una humana ordinaria? Claro que en una situación diferente simplemente se negaría, pero era ella quién se lo pedía de una manera dulce y animada, ella no lo hacía para obligarle de mala manera ni mucho menos, aunque tampoco sabía realmente la razón detrás de todo esto, mas no le molestaba. Se levantó y se sentó junto a ella, mostrándole las partituras que había encontrado y hablando de las cosas que había tocado en el pasado, compartiendo un poco más de él con ella, como ella lo había hecho antes. Pasaron el resto de la tarde hablando y tocando juntos algunos trozos de canciones a veces solos y a veces juntos, y claramente las risas y sonrisas no faltaron, haciendo el ambiente mucho más ameno entre ellos; sin sospechar que eran espiados por Asmodeus, Mammon, Belphegor y Beelzebub, quienes no emitían comentarios por miedo a ser descubiertos a menos que fuesen muy necesarios, como cuando uno dijo que no podía creer que ellos estaban tan en sintonía, u otro donde señalaba que nunca imaginaría ver a Satan así otra vez, y menos con una humana. Así estuvieron hasta la hora de la cena, donde nuevamente se hizo un voto de silencio entre ambos grupos de no hablar sobre el tema hasta que no fuese público.
Ya la cena terminada como de costumbre, Soje se disponía a ir a su cuarto cuando un sereno Lucifer la detiene. Este le pide que le acompañe hasta la entrada de la casa donde le hace entrega de una bolsa llena de las cosas de la lista que ella le había pasado en el día.
—¡No puedo creer que en serio lo hayan conseguido tan pronto! ¡Muchas gracias! Por favor, dime cuánto les debo —dijo la chica con los ojos muy grandes y brillantes de la alegría que sentía en ese momento. El azabache no pudo evitar sentir una delicada calidez en su pecho al verla tan feliz.
—El señor Diavolo dijo que dejó una nota para ti en la bolsa, te recomiendo que le eches un vistazo. Quizá sean sus honorarios por el favor —añadió Lucifer con una pequeña risa. La chica asintió y despidió del contrario, yendo rápidamente a su cuarto a leer la nota.
"Estimada Soje:
Estoy muy feliz con que hayas podido contar conmigo y con Barbatos para poder adquirir lo que necesitabas, pero me temo que el no contarme el para qué necesitas todo eso resta puntos a tu favor. Para poder restablecer esos puntos, deberé de ser invitado de manera formal a lo que sea que estés planeando. Sí, Lucifer mencionó algo al respecto.
Sobre la deuda que te debe estar aquejando en este momento, todo dependerá de la sorpresa que nos tengas preparados. ¡Espero con muchas ansias!
Atte. Diavolo."
La chica no pudo contener la risa ante la carta que el mismo Diavolo había escrito para ella, guardándola en una cajita de madera que tenía para almacenar pequeños recuerdos de su estancia en Devildom; además, ella de todas formas tenía pensado invitarlo si todo esto salía bien. Esa noche volvió a trasnochar gracias al informe que debía tener listo para el viernes, más el que le había prometido a Mammon como una ayuda y la restauración del instrumento, haciendo que la hora pasase volando y sin darse cuenta la alarma ya estaba sonando desde su D.D.D. Ese día pasó más rápido de lo común, con ella y Satan hablando en cada receso sobre ideas de cosas que podrían tocar juntos, haciendo que los chicos se sintiesen un poco desplazados, sobre todo el avatar de la codicia quien siempre estaba con ella y ahora se sentía como una sobra desde ese día, siendo que sólo han sido dos días. Apenas terminaron las clases, Soje y Satan fueron juntos hasta la sala de música para seguir ensayando hasta la cena, no hubo mucha novedad esa tarde más que ella volvió a trasnochar por sus quehaceres escolares y la mantención de aquel instrumento que, según ella, tenía buen avance.
La mañana siguiente, a la hora del desayuno, estaban todos comiendo de manera muy animada, a excepción de la chica, quien ya notaba rasgos de cansancio en su mirada junto a unas ya marcadas ojeras bajo sus ojos.
—Soje, tu piel no se ve muy hidrata este día. ¿Has estado durmiendo mal? —señaló Asmodeus, quien le pasó su pulgar por la mejilla de la chica.
—Y esas ojeras se ven peores que las de Levi luego de trasnochar noches enteras por culpa de sus animes —añadió finalmente Satan.
—No es nada, en serio. Tomaré un café bien cargado y estaré lista para el día de hoy —aseguró ella mientras se levantaba a hacerse una taza, pero su respuesta no dejó satisfecho a los hermanos. Luego de tomarla lo más rápido posible, se dio cuenta que ya era hora de partir con los demás a las clases , tomando su mochila rápidamente y caminó a la puerta para no quedarse atrás, sintiendo que alguien le tomaba de la muñeca antes de salir.
—¿Mammon? ¿Pasa algo? —dijo extrañada. Generalmente Mammon le detenía así cuando algo pasaba, y no cuando eran cosas lindas a decir verdad.
—¿Segura que estás bien? Si esto es por culpa del maldito informe que habíamos hablado, no es necesario que lo hagas. Pero no creas que no te lo cobraré, ¿eh? —afirmó el peliblanco, mirando a otro lado para disimular un pequeño sonrojo que se le formó al darse cuenta de que estaba demostrando mucha preocupación por la chica.
—Tranquilo, créeme que no es sólo por lo del informe. ¡Gracias por preocuparte, pero en serio estoy bien! Además, ya lo tengo casi listo para que después le des un vistazo. Mañana te lo entrego —Lanzó una gran sonrisa, muy agradecida por la preocupación del otro. Le tomó la mano, se la acarició un poco y tomó rumbo hacia afuera de casa, donde todos esperaban ya ansiosos para no llegar tarde a clases.
Otro día, más tareas y más lecturas que para muchos podrían ser innecesarias, y para otros son muy interesantes. El almuerzo, como siempre, un campo de batalla para ver quienes compraban los mejores paquetes de comida y el anhelado Yakisoba, famoso por su único e increíble sabor; además de las típicas peleas para encontrar buenos asientos, o simplemente un lugar para comer antes de la campanada de término. En ese descanso, Satan se acercó a Soje mientras ella buscaba un lugar para sentarse.
—Oye, hoy llegaré un poco más tarde a casa. El profesor me pidió que le ayudara con unas cosas, pero prometo que terminaré lo antes posible e iré directo para allá —avisó Satan, para estar seguro de que ella no piense que se arrepintió de todo el avance que llevaban juntos. Ella sonrió y le dijo que no se preocupara, que estará esperándolo.
Las clases terminan y Satan hace los quehaceres que le pidió el profesor lo más rápido posible para irse a casa y pasar tiempo con Soje. Mientras tanto ella al llegar a casa, pasa directo a su cuarto a buscar el pequeño instrumento que estuvo teniendo en cuidados intensivos estas últimas dos noches, contando claro la noche en que lo encontró. Le dio unos últimos arreglos rápidos antes de emprender paso al salón de música, pensando que sería un buen momento para estrenarlo mientras Satan no llega y los demás no están presentes para presenciarlo.
Satan corría por las calles, impensable de su parte, pero estaba muy emocionado por querer tocar el piano, como hace mucho no lo sentía en sus venas, y eso le daba mucha felicidad, calmando así sus emociones de ira que tenía ante la más mínima provocación, sintiéndose realmente bien. Llegó a casa corriendo, y al colocar un pie dentro de esta, escuchó música otra vez, pero esta vez era diferente.
[BGM: One Summer's Day | Spirited Away (Violin cover)]
Se acercó rápido por la duda de quién estaba tocando ese delicado violín, aunque la melodía ya la reconocía. Era la misma canción que Soje había tocado hace dos días atrás pero esta vez en un instrumento de cuerdas. Se paró en el marco de la puerta para observar un espectáculo muy diferente al que había presenciado anteriormente. Esta vez no sólo había un aire de tranquilidad, sino de pasión, una chispa que antes no se reflejaba con el piano, un algo que incluso para alguien como él, tan rico en palabras, no podía expresar. Boquiabierto observó como ella a ratos movía la cabeza, su largo y muy ondulado cabello, y los pies al ritmo de la melodía a veces como si quisiera bailarla, con los ojos brillantes como nunca los había visto. Su mejilla izquierda se amoldaba perfectamente al apoyo del violín, haciendo que a veces se viera como una pequeña niña cachetona y tierna, con una mirada inocente, siguiendo a la perfección la base de piano que usaba de guía, a veces sin la necesidad de observar qué tocaba. Ella era una junto al violín, estaba completamente sumergida en su sonido, no se daba cuenta de nada de lo que ocurría a su alrededor, y eso el rubio lo notó, entrando en silencio y sentándose en el suelo, intentando no ser notado aún. La chica seguía tocando, a veces soltando una gran sonrisa, mostrando sus dotes en el instrumento, demostrando que ella lo tocaba hace mucho tiempo. Su brazo derecho se movía con ágil destreza y delicadeza, mientras los dedos de su mano izquierda se movían muy precisos en cada nota. El corazón de Satan daba vuelcos cuando notaba lo metida que estaba ella, cuando hacía un vibrato con las cuerdas, o cuando le salía un tono alto perfecto; sentía la necesidad de aplaudir, de gritar, incluso de levantarse y abrazarla por tan bello espectáculo que estaba montando, agradecía que su raciocinio era lo que lo mantenía cuerdo en su lugar y no demostrando de manera innecesaria tantos sentimientos diferentes.
Finalmente la canción terminó, ella se veía realizada y con su corazón lleno de recuerdos muy lindos. Lanzó un pequeño sonido de alegría, notando que la limpieza y arreglos que hizo esas noches sirvieron de algo y lograron restaurar el violín a tal punto que no pareciese que hubiese estado abandonado por tanto tiempo
—¿Tampoco me ibas a contar que tocabas el violín? —dijo Satan mientras se levantaba, logrando que la chica pegara un salto del susto al no percatarse aún que el chico estaba ahí—. Además, ¿dónde lo conseguiste? No recuerdo haber visto un estuche de violín cuando llegaste.
—Le pregunté a Lucifer si tenían más instrumentos, y encontré este pobre pequeño mal cuidado. Me dio lástima verle y decidí darle un poco de cariño. Al parecer respondió bien a los cuidados que le di —señaló entusiasmada—. El violín es mi instrumento favorito, no podía dejarlo así. Además, el mío se rompió una semana antes de venir cuando salía del conservatorio y me chocó un chico con su bicicleta. Se separó el mástil con el cuerpo, y lloré porque era el violín que tenía desde que aprendí a usarlo. Me alegra saber que no he perdido el toque después de meses sin tocarlo —concluyó con una sonrisa. Inmediatamente Satan tomó su D.D.D. y empezó a buscar unas cosas que Soje no podía ver en ese momento.
—Así que es por eso que trasnochabas, ¿no? Deberías saber que eso le hace muy mal a tu salud —replicó Satan, pero al ver la mirada de logro de la chica, más la felicidad que desbordaba, no pudo hacer más que suspirar y aceptar lo que ella había hecho—. En ese caso, quiero aprovechar lo que más podamos esta semana y toquemos duetos de piano y violín, por favor —dijo mientras mostraba un listado de canciones clásicas que suelen utilizarse en competencias de duetos. En ese momento ella entendió que era su momento, la única persona con la que había hecho dueto era con su madre y, a diferencia de ella, Satan era alguien que sólo tocaba en solitario, dándose cuenta de que esto era lo que a él le faltaba, le faltaba poder congeniar con alguien en la música. Ambos se sentaron rápidamente en el suelo, mostrando los repertorios que mejor se sabía, y ver si alguno podía ser ideal para duetos, encontrando con mucha suerte dos que podían tener listos pronto, dejando un acuerdo que cuando terminasen la semana de ensayos que ella había planeado, les enseñarían al resto lo que tanto hacían.
Los días pasaban y los ensayos se prolongaban no solo después de clases, sino en cada receso y almuerzo de los días posteriores donde apenas podían se juntaban y mostraban los problemas que tenían y así ayudarse el uno al otro para tener todo listo para ese esperado día. Mientras ella quería demostrarle a los hermanos demonios que Satan aún disfrutaba de la música, el rubio quería demostrarle a Lucifer que seguía siendo el mejor en el piano que él junto a la chica, agradeciendo que la tenía a ella de acompañante, ¡y qué mejor compañera, maldita sea! Ambos estaban en sintonía como jamás pensaron estar. El día anterior a la presentación privada que ellos tenían pensado hacer, empezaron a entregar unas pequeñas invitaciones hechas a mano por Soje a los hermanos, a Diavolo y a su sirviente, a Solomon y a los dos ángeles, siendo todos ellos bastantes cercanos de ambos para invitarlos. Así también ayudarían a mejorar las relaciones que Diavolo estaba pensando lograr con su plan de intercambio.
El día había llegado al fin, ya todos estaban sentados en los asientos que habían ordenado en dos filas horizontales y en medio círculo el día anterior, junto a una nueva posición en el piano para tener mejor visual entre ellos y el público que estaría presente.
—¡Estoy bastante ansioso para ver qué nos traen entre manos estos dos! Además, hace mucho no vamos a una presentación de música tú y yo Lucifer —dijo Diavolo muy emocionado.
—Espero no sea algo tan largo, quiero dormir —añadió Belphegor con un pequeño bostezo entre medio.
—De todas formas estás acá, así que sigues estando emocionado de alguna forma, ¿no? —señaló Solomon.
—¡Vamos! Yo quiero ver a Soje —rebatió Luke.
—Luke, recuerda que en una presentación no debes gritar. Es de muy mala educación —dijo Simeon al pequeño ángel.
—Tranquilo chihuahua, al menos tú estás acá por decisión propia —refunfuñó Mammon, recostándose en la silla.
—Si no quieres estar, puedes irte. Así Soje podrá notar quiénes realmente estamos interesados en ella y no estarías estorbando en ello —remató Asmodeus, con su típica sonrisa, mientras colocaba una cámara para grabar la presentación, pedido por el mismo Diavolo. Ante esta respuesta, Mammon sólo pudo murmurar unas palabras inentendibles y se cruzó de brazos. Mientras, fuera del salón, estaban los músicos preparándose mentalmente para presentarse. Soje se veía algo nerviosa, mordiendo mucho su labio inferior y jugueteando con un mechón de cabello. Satan notó esto y puso una mano en el hombro de la chica.
—Lo siento, hace mucho no me presento en público, y he olvidado el cómo sobre llevar la tensión.
—Tranquila, esto saldrá bien. Si sientes nervios, recuerda cerrar los ojos y pensar que estamos solos, o incluso pensar que estás sola tocando. Pero te aseguro que todo saldrá bien —afirmó el rubio, observando como la chica asentía con la cabeza y relajaba un poco los hombros. Asintieron ambos al mismo tiempo y decidieron que era hora de entrar.
Primero se vio la cabellera rubia bien peinada y elegante del chico entrar, seguido de la pelimorada con su violín en mano, generando unos murmullos de sorpresa entre los asistentes. Satan se sentó en la butaca, arregló el asiento y se desabrochó la chaqueta del uniforme para estar más cómodo, mientras Soje probada la afinación de las cuerdas por última vez. Cuando terminó, se acomodó de cierta forma en la que podía ver tanto a Satan y al público, observando a estos últimos para dar un pequeño anuncio.
—Buenas tardes. Agradeciendo su asistencia puntual y la aceptación de nuestra invitación, quisiera dar aviso que por asuntos de tiempo en prácticas sólo podremos presentar dos piezas básicas, pero que hemos querido presentar con mucho entusiasmo hacia ustedes. Muchas gracias —anunció la chica, seguido de unos aplausos suaves que no duraron mucho. Ella respiró hondo, mantuvo un momento y exhaló, observando a Satan quien le daba un movimiento de cabeza, dando a entender que estaba listo, siendo una respuesta similar por parte de ella.
[BGM: Introduction and Rondo Capriccioso - Saint Saëns Shigatsu Wa Kimi No Uso Sheets]
El piano empezó a sonar de manera tenue, con la mirada de Satan hundida en el piano. Soje cerró los ojos y esperó paciente su parte, para empezar a tocar de manera delicada, haciendo que todos abrieran los ojos de forma sorpresiva, incluso Mammon quien se reacomodó en su asiento para prestar mejor atención a lo que sucedía, Beelzebub dejó de comer una dona que tenía en sus manos y a Belphegor se le desvaneció el sueño de golpe. Lucifer, por otro lado, tenía una cara de asombro como pocas veces le surgía, pero con una tremenda alegría al ver a Satan volver a tocar con tanta dedicación como en los viejos tiempos. Ellos no observaban a nadie ni a nada, sólo tenían su mente en el ritmo del otro mientras partían y seguían calmadamente; pero al momento de llegar a una parte un poco más intensa empezaron a agarrar confianza de la situación y levantaban la mirada poco a poco, observando de reojo a los demás o a su compañero a ver si sentía la misma seguridad que ellos mismos, demostrando que tenían más que dominada la pieza musical, como si ellos mismos la hubiesen compuesto juntos y creada sólo para ellos; hasta llegar a un cambio de ritmo más notorio e intercambiaron miradas y sonrisas de confianza plena. Ella empezaba a sumergirse nuevamente en el violín, haciendo danzar levemente su cabeza y cabello, mientras Satan soltaba más los movimientos, llegando a un punto que no controlaba ni la sonrisa que salía de su cara. Los espectadores estaban atónitos ante tal dúo, no esperaban tal manejo de la canción en tan pocos días, y menos que Soje tocase tan bien el violín. Diavolo, Lucifer, Solomon, Barbatos y Simeon eran los que tenían una amplia sonrisa luego de un rato, en cambio el resto tenían una cara de sorpresa que no se la podían sacar tan fácilmente. La música avanzaba, se hacía más amistosa, más animada y juguetona entre ellos, notando uno que otros cambios que ellos habían hecho a las partituras oficiales, como la intensidad de ciertas notas. Se sentía en el aire y se veía a simple vista que ambos estaban en una sincronía perfecta, sólo se observaban para hacer juego de las miradas en la sonata, llegando a ciertos puntos donde las intensidades eran tantas que se miraban con las mismas ganas en la mirada y se le reflejaban en la sonrisa, en los movimientos de sus manos.
—Qué envidia que a fin de cuentas sea Satan quien tiene mayores cosas en común con Soje. No sólo debían ser los libros, sino que también la pasión por la música... —susurró Leviathan a Mammon, quien sólo respondió con una mirada algo triste al darse cuenta de que él tenía razón. El peliblanco pensaba en cómo una chica como ella se fijaría en alguien como él, o cómo alguien como él siquiera podría tener algo en común con ella, empezando a sentirse inferior, pero de alguna forma feliz al darse cuenta de que al menos ella encontró a alguien con quién compartir lo que a ella aparentemente le encantaba.
La sonata seguía, con mayor soltura de parte de ambos, ya casi olvidando que había gente observándoles, totalmente metidos en la música, haciendo que ella poco y más se pusiera a danzar en medio del improvisado escenario, imaginando que las luces del candelabro eran reflectores que sólo los iluminaban a ellos dos, que no había nadie más en el mundo. Satan sentía que nada importaba, que nada le podía hacer enojar en ese momento, deseando que fuese eterno. Él recordaba la primera vez que tocaba esta melodía hace muchos años atrás, solo para él y nadie más, independiente si alguien más lo escuchaba o no, eso a él no le importaba. Pero ya no más, en los pocos días que llevaba de nuevo en el piano, se dio cuenta que valía mucho la pena volver a tocar para desestresarse, y más cuando tienes a un acompañante que disfrute de igual manera tocar. Seguían los cambios de ritmo, seguían las miradas cómplices entre ellos, y cada vez demostraban más control ante la situación. Eran definitivamente dueños del momento, nada podía importar más que el ahora para ellos. Soje no había sentido tanta unión musical con alguien hace tiempo, ni siquiera con sus propios padres, y eso le encantaba. Le encantaba darse cuenta de que no siempre tendría que depender de ellos para tocar una bella obra como esta, incluso si sólo era la introducción de la melodía completa, o si sólo eran covers de otras canciones más populares, no necesariamente del estilo clásico, ella adoraba haber encontrado el violín en el ático, porque no se veía haciendo un dueto tan magnífico como el que estaban haciendo siendo un dueto de piano, y menos sólo teniendo un piano de cola, que eso hubiese sido más un desafío y error que un acierto. A veces ambos abrían los ojos a la vez, sonreían a la vez, la conexión era tan real que asustaba, siendo tal que ambos movían la cabeza tan motivados en sus sonidos que los peinados que se habían hecho no estaban durando lo que tenían pensado, y menos con las luces en sus caras haciéndoles sudar junto a los movimientos que hacían y a los uniformes que aún llevaban por completo. Si alguien externo a su círculo los viera, pensarían que son una pareja que han tocado toda su vida juntos, y jamás sospecharían que en realidad llevaban una semana justa tocando a la par, y netamente por la curiosidad e insistencia de la muchacha.
—Sigo diciendo que fue una gran idea haber traído a esta humana a nuestras tierras, ¿no crees Lucifer? —se jactaba Diavolo nuevamente, en un muy bajo susurro en el oído de su compañero.
—¿Acaso siempre sacarás en cara eso, Diavolo? —dijo el azabache al mismo volumen del susurro del príncipe, agregándole una sonrisa a esta, recibiendo como respuesta otra mucho más amplia junto a un movimiento positivo de cabeza. Sin embargo, esta duró poco por parte del ex ángel, puesto que empezó a cuestionarse las decisiones de no haber tocado más el piano, viendo las posibilidades de que él fuese el pianista con el que ella haría dueto, pero desechó inmediatamente cada uno de esos pensamientos porque sabía que encontraría otra manera de acercarse a la chica sin tener que tocar la música como tema más allá de lo que uno podría escuchar en discos o vinilos.
Beelzebub había olvidado por completo su apetito, y por todo lo que llevaba la canción, siendo que en una situación normal sería imposible, pero le encantaba la sensación que, a pesar de que su estómago no estuviese llenándose de comida, su corazón de llenaba de alegría a ver a su hermano y a su amiga estar tan felices tocando juntos. Su gemelo, Belphegor, no podía creer que ellos podían estar tan en sincronía, incluso viéndolos en vivo, agradeciendo que no cedió a su impulso de ignorar la invitación y dedicarse a dormir en el ático para no ser molestado, después de todo lo invitó la misma Soje, no podía decirle que no a una invitación de ella. Los ojos de Satan reflejaban un brillante celeste intenso con toque de verde, que muy pocas veces podía verse, junto al violeta intenso de Soje que podía casi brillar con luz propia de la pura emoción que ella radiaba por sí sola, y Asmodeus agradecía estar grabando estos únicos momentos para tenerlos de recuerdo para siempre, sobre todo porque encontraba que la pasión de ambos era bellísima, digna de admiración, pero no a la altura de su propia belleza, claro. Estaba adorando verlos tan guapos, independiente del sudor que corría por sus caras, pues les daba un toque único de esfuerzo y dedicación. Agradecía poder estar presenciando esa pequeña competencia que surgió entre ellos en una parte de la canción, incentivando que el otro fuese igual de intenso en el sonido, y tratando de explicarse el cómo podían durar tanto sin cansarse de no tomar siquiera un segundo de descanso, o siquiera sin hidratarse. Los ángeles y el humano estaban disfrutando gratamente la presentación, pero a diferencia del resto, Luke tenía los ojos llorosos y las mejillas sonrojadas, como si nunca hubiese presenciado un sentimiento así, como si todo lo que sentía en su pecho se rebalsaba poco a poco por sus ojos junto con una piel de gallina en los brazos y en la espalda. Las cosas se ponían cada vez más intensas, generando un aire de energía muy activa, llenándose ambos de adrenalina ante el final que se acercaba, mostrando lo mejor que ambos tenían, queriendo decirles a todos y al mundo que los miraran, que ellos eran geniales, que a pesar de las diferencias que podían tener, estaban juntos en esto, y lo hacían perfecto. Y así, con esa energía en la mirada, en la sonrisa, en los movimientos y en la intensidad de las notas, terminan la primera pieza de la noche. Ambos mostraban sus respiraciones agitadas, sus ojos llenos de felicidad y satisfechos por lo que habían logrado. Satan se levanta de la butaca, se acerca al costado de Soje y hacen una reverencia, recibiendo el aplauso sonoro de los once presentes.
—Enseguida seguimos con la siguiente pieza, creo que ambos necesitamos refrescarnos un poco —dijo Satan mientras usaba su mano como abanico. Soje asintió con el poco aliento que le quedaba y caminaron rápidamente a la cocina a buscar agua. Bebieron dos vasos al hilo cada uno, maldiciendo no haber llevado botellas de agua para no salir de esa manera de la presentación. Soje le observaba con una gran sonrisa, mientras el rubio le devolvió la mirada con duda.
—Tocaste genial. Gracias por permitirme ser tu compañera —dijo finalmente la chica, con una amplia sonrisa. Satan, por algún motivo, sintió un pequeño rubor asomarse por sus mejillas, casi invisible por el calor que ya tenía por la presentación.
—Gracias a ti por darme una nueva razón para enamorarme del piano —finalizó antes de partir nuevamente al salón, donde los esperaban todos de pie.
—¡Soje! ¡Estuviste sensacional! ¡No sabía que tocaras así el violín! Cada vez estoy más seguro que eres una especie de ángel en forma de humana que nos bendice con su existencia —exageró Luke como siempre.
—Luke, recuerda que Satan también tocó. Sin él, yo no podría haber hecho esto, así que ve a felicitarlo a él igual —respondió la chica, observando como el pequeño le hacía caso y caminaba hacia donde estaba el rubio. Luego se le acercaron Lucifer y Diavolo.
—Mis felicitaciones a la violinista, ¡qué espectáculo! Creo que me siento bastante sorprendido, nunca hubiera imaginado a Satan haciendo un dueto, y menos con una humana. En serio, ¿cómo lo haces? ¿Acaso ocultas algún tipo de magia que hace que el resto haga lo que quieres? —bromeó Diavolo—. ¡Ah! Y antes de que digas nada sobre la deuda, queda en nada. Veo que hiciste un bellísimo trabajo con este violín, y más con este mini concierto. Tómalo como materiales para hacer esto posible, por favor —finalizó.
—¡Muchas gracias, señor Diavolo! Me alegra que le haya gustado la primera parte. Lamentablemente no estamos muy en forma aún para hacer las canciones seguidas, pero estaremos mejorando de a poco para poder demostrar que podemos más —añadió la chica, sonriendo.
—Y cuéntanos, ¿dónde aprendiste a tocar así? ¿Y el restaurar un violín así? —preguntó Lucifer con los brazos cruzados.
—Familia basada en la música. Me crié con todo lo relacionado a lo teórico y práctico, incluyendo la mantención de instrumentos. Cuando vi este pequeño violín tan abandonado me dio pena, suene lo loco que suene. Además, me recordó a mi violín antes de morir en un accidente —añadió finalmente. Lucifer sonrió.
—Bien, en ese caso deberías quedártelo. Acá volverá a juntar polvo y se arruinará. Al menos contigo podrá tener una vida más digna —dijo triunfante. La chica abrió sus ojos brillantes, sorprendida por la propuesta del azabache. Sólo reaccionó a darle las gracias de manera excesiva, casi colocándose a llorar.
—¡Oye Soje! ¿Acaso piensas quedarte ahí parada y no tocar la otra maldita canción? —Mammon le gritó desde el otro lado del salón, haciendo que ella bajara a la tierra nuevamente. Se acercó a Satan y éste la observó con una sonrisa en su cara.
—Bien, ¿nos colocamos más cómodos? —añadió el rubio, sacándose la chaqueta, la corbata, abriéndose los botones del cuello de la camisa y arremangándose las mangas. Soje le copia la acción, dejando su nuevo violín apoyado en el asiento del piano.
Todos volvieron a sus puestos, esperando ansiosos la nueva balada que se iba a interpretar. El ambiente era ideal para estar todos juntos con un buen ánimo. Y mientras sonaba la nueva melodía, todos sentían que esa era una muy buena noche.
