Dulzura con sabor a sesenta puntos
※
※
※
Muchos libros yacían abiertos y cerrados en la mesa de una biblioteca. Distintas materias eran sus especialidades, y millares de marcadores multicolores estaban puestos en distintas páginas. Una castaña de cabello corto y prendedor rosa se encontraba enfocada repasando, su uniforme verde de invierno abrigándola del frío. Lucía muy concentrada.
—Hikari, vamos.
Una voz irrumpió sus pensamientos, asustándola como un gatito en pleno lugar rodeado de silencio.
—La biblioteca está por cerrar.
Quien la había tomado desprevenida había sido Meiko, quien la había acompañado a estudiar. Ella ya se había graduado, y Hikari había acudido a ella por ayuda. Sabía que no podía contar con Taichi para ello y Sora y Mimi andaban muy ocupadas como para preguntarles. Miyako estaba fuera de la ecuación también ya que por más que estuviese ya estudiando en Tsukishima, las tareas no le daban el tiempo suficiente y, siendo sinceros, ella no era muy buena maestra que digamos.
—¿En verdad? Ni me di cuenta… me siento exhausta ahora que lo mencionas.
Meiko pegó su silla la mesa por educación.
—Has estado trabajando duro. Aunque, ¿estás segura que no necesitas mi ayuda con matemáticas el día de hoy?
Hikari se puso de pie tras arreglar sus cosas, emanando seguridad en sí misma.
—Todo saldrá bien, ¡debo confiar en mí misma!
—¿Segura?—Meiko acomoda su bufanda a cuadros que complementaba su vestimenta casual.
—¡Segura! Así que vamos, Meiko.
La chica de cabello oscuro da una débil sonrisa al salir del establecimiento. Hikari comenta que tan rápido había anochecido, la chica de anteojos replicando que espera que los días se vuelvan más largos pronto. Su charla prosiguió hasta cada una ir por su respectivo lado.
※※※
—Takeru, ¿quieres caminar juntos de regreso a casa?
Meiko había aparecido de sorpresa en las puertas de la escuela, sus clases universitarias habiendo terminado justo a la hora de salida de la secundaria de los elegidos menores de edad.
El rubio fue tomado desprevenido, meditando las palabras de la chica. Ciertamente, hace tiempo que no se veían, pero el lazo de amistad nunca se había roto. Después de todo, Hikari se había vuelto en una amiga muy cercana a ella, lo cual conllevó a que Takeru lo haga también.
Él arregló también su bufanda al estar haciendo frío y emprendió camino con ella.
Sin embargo, alguien andaba caminando por ahí para presenciar dicha escena. Después de todo, su secundaria y la preparatoria de Tsukishima no estaban tan lejos de cada una, los estudiantes topándose en el mismo camino de regreso a casa o en la estación de trenes.
—¿Hm?—el rubio, sorprendido por verla, tan solo la sigue.
—¿Estás listo?
—Oh. Sí, supongo.
Viendo sus espaldas desaparecer en el horizonte, Miyako Inoue andaba junto a Sora Takenouchi. La chica de cabello lavanda siempre entraba en fases de tener pasatiempos distintos cada estación y, en inverno, le había entrado el bicho de aprender Ikebana luego de clases.
Ella se quedó mirando en silencio ambos perfiles, sin percatarse que la pelirroja le tocaba el hombro.
—¿Estás bien, Miyako?—preguntó Sora, hasta tomar noción de a quienes estaba observando—. ¿Acaso no son Meiko y Takeru? ¿Dónde está Hikari?
—No lo sé…—soltó Miyako con curiosidad.
—Es raro verlos solo a ellos dos juntos—siguió Sora, sabiendo muy bien que siempre andaban los tres.
—Sí, es lo que estaba pensando también. Tal vez no estamos acostumbradas a eso.
Repentinamente, ambas se observan, un pensamiento extraño cruzando sus mentes.
—Nah, no es tan raro. No es como si yo anduviera siempre con Ken—una risa falsa se escapó de Miyako.
—Ni yo con Taichi o Yamato. Tienes razón—Sora se unió al aire de incomodad.
En eso, una pequeña Hikari aparece corriendo saliendo de la escuela, el atardecer en Odaiba creciendo. Parecía apresurada, cuando en eso ve a sus otras dos amigas de aventuras de antaño charlando.
—¡Miyako! ¡Sora! ¿Han visto a Takeru y a Meiko, por casualidad?
—¿Hm?—Miyako palideció.
Sora observaba la escena en silencio sin comprender el gesto de su acompañante.
—Desaparecieron cuando decidí ir al tocador… ¿Adónde se habrán ido?
Fue ahí cuando en la loca imaginación de Miyako una alarma de emergencia y sospechas emanó en su cabeza. Una escena entre Takeru y Meiko romántica compartiendo sus bufandas en pleno frío invierno, sus ojos desorbitándose al no saber qué decirle a Hikari. Después de todo…
Hikari era la novia de Takeru.
—Oh, justo acabamos de…
Sora fue bruscamente empujada por Miyako para silenciarla, llamando la atención de la castaña.
—¡¿Qué fue eso, Miyako?!—la pelirroja tenía todo derecho a enfadarse.
—¡No digas ni una palabra más!
—¡¿Pero por qué?!
—¡Tan solo no lo hagas!
—¿Qué? ¿Realmente importa tanto?
—¡Pero escúchame!
Hikari observaba la escena con una mirada en blanco. Realmente no entendía qué estaba pasando.
—¿Hmmm? ¿Qué traman ustedes? ¿Qué ocultan?—optó por acercárseles con suma inocencia, causando que Miyako saltara y Sora sudara.
—N-N-N-Nada—la muchacha un año mayor que ella soltó su respuesta con un tono de voz nervioso.
—Hmm… ¿Será que están en la biblioteca? Les daré una llamada… a ver…—Hikari saca su celular, para empezar a buscar—. Me… Me… Me… i… ko…
Los clic, clics de sus dados dar contra las flechas mientras Hikari buscaba el nombre de la posible traidora, puso a Miyako mucho más paranoica.
—¡AHHHHHHHHHHHHH!
Gritó, llamando la atención de medio millar de estudiantes en plena calle.
Hikari casi suelta su celular del susto.
—¿Pero qué…?—Sora fue tomada también desprevenida.
—¡Mira, mira! ¿No lo ves entre esos árboles?—Miyako señalaba a cualquier parte con su dedo índice.
—¿Qué cosa? No veo nada…—Hikari había caído en su trampa.
—¡Es un insecto, un insecto muy feo como el tonto de Wormmon volando en el aire!
Mientras ambas chicas andaban en su mundo, Sora no pudo evitar soltar un suspiro.
No creo que sea algo tan malo y grande como Miyako lo está haciendo parecer… Aunque es amable de su parte el ser tan considerada dentro de todo esto.
※※※
—No, Meiko… Lo que me pides es imposible…—Hikari hunde su rostro en ambos brazos, nuevamente ambas chicas en la biblioteca local—. Nunca me he sacado más de cuarenta puntos en matemáticas…
—Vamos.
—Es imposible.
—Entonces, si consigues sesenta puntos, vamos a ir a esa tienda de dulces que te gusta y darte como premio un…—la muchacha de lentes se vio interrumpida.
—¡Un helado premium! Aunque… es invierno así que… ¡Sus galletas exclusivas de esta temporada!
El rostro de Hikari se había iluminado como los mil soles, su dedicación hacia el examen de prueba para ingreso a Tsukishima incrementando en, por lo menos noventa porciento más. Después de todo, el examen se dividía en varias categorías y sabía que esa materia podría causar un problema al impedirle entrar a la misma preparatoria a la que asistió su hermano y en la que actualmente cursa Miyako. Además, Takeru era muy bueno en todo y no quería ir a un sitio diferente para verlo menos.
—Sip, eso mismo.
—Mm…—En ese mismo instante, Hikari notó las intenciones de Meiko—. Espera… no soy tan fácil para ser chantajeada con galletas… si fuese helado las cosas serían diferentes…
¡Galletas! ¡Galletas de edición limitada!
No obstante, su cabeza decía lo contrario.
—Bueno, esfuérzate—Meiko le sobó el cabello con delicadeza.
.
.
.
Fue por eso que, a la semana siguiente de recibir sus resultados del examen de prueba de Tsukishima, todas sus notas habían estado casi perfectas… a excepción de matemáticas en donde sacó un cincuenta y ocho.
—No está para nada mal, Hikari. Buen trabajo—Takeru la alentaba dentro de la biblioteca de nuevo, mientras la castaña observaba desanimada el examen.
—Nunca te has sacado más de cuarenta, ¿cierto?—Meiko resaltó su conversación.
Hikari dobló el papel con desdén, asintiendo levemente.
—Mmm.
Metida en su propio mundo, no escuchó la conspiración que se formaba a sus espaldas.
—Hikari no es alguien que se deje chantajear tan fácil por galletas.
—¿…De qué estás hablando?
Takeru no comprendió las palabras de Meiko.
※※※
—Hola, Hikari.
En plena mañana, Meiko estaba parada frente a la secundaria antes de asistir a sus propias clases. Al percatarse de la presencia de la castaña, optó por saludarla.
—¡Meiko! Ayer Takeru y tú volvieron a irse casa sin mí…—suspiró con melancolía la castaña—. ¿Por qué me hacen esto?
—Lo lamento. Pero, ten, mira…
Hikari observó una bolsa rosa con decoraciones muy lindas que Meiko cargaba en sus manos. Sonriente, se la estaba ofreciendo. La chica de quince reconoció el logo de la tienda al instante.
—¡Galletas!—Aunque su emoción duró poco—. Un segundo, espera… Pero, mi calificación no fue de sesenta puntos…
—¿De qué estás hablando? Tan solo pasaba por el área y las compré de camino esta mañana.
Meiko saca el dulce de la bolsa, para darle un bocado a una de las galletas.
—Vaya, tienes razón. Están deliciosas.
—Y-Yo también quiero…—dubitativa, Hikari se le acerca.
—Adelante, escoge la que más te guste.
Hikari lo hizo, una galletita de vainilla con relleno de chocolate abriéndose paso hacia sus labios mientras observaba a la muchacha de lentes y cabello oscuro. Andaba rompiendo una de las envolturas para comer una más.
—Hornear galletas tú misma es divertido, pero a veces es agradable comer las de una pastelería.
La galleta crujió en los labios de Hikari.
—Meiko… gracias.
—¿Dijiste algo?
Con vergüenza en su rostro, Hikari seguía con la misma galleta, mordiéndola de a poquitos como si fuese un roedor.
—No.
—¿Segura?
—Espera, ¿y qué hay de Takeru? ¿No quiere galletas? Estoy segura que ya debería haber llegado. Si lo buscamos podríamos invitarle unas antes de que tengas que irte también.
—Nop—un brillo de maldad relució en los ojos de Meiko tras su lentes—"Si como, habrán menos para Hikari-chan."
Hikari empezó a reír, Meiko a su vez había tratado de imitar su voz.
Sin embargo, el rubio andaba detrás de uno de los árboles, observando todo.
—¡Yo no hablo así! ¡¿Pero qué te pasa, Meiko?!—a punto de salir para limpiar su nombre y que su novia Hikari no se burlara de él, fue detenido bruscamente de los hombros.
—¡¿Acaso no te ibas a esconder?! ¡Contrólate!—Daisuke lo sostuvo, luchando por no arruinar el dulce momento.
—¡No quiero que Hikari me vea diferente, Meiko!
—Tranquilo, tranquilo…—Daisuke le hizo pat-pat en la cabeza.
Después de todo, lo que vio Miyako había sido más que nada y menos un plan que Meiko había formado desde un inicio para que Takeru le hiciste un regalo a Hikari por todo su esfuerzo al estudiar. Definitivamente, la dulzura de Hikari valía para él cien puntos y no permitiría que un sesenta se interponga en la sonrisa de la persona a quien ama.
.
.
.
Ciel! Te dedico este Takari con amistad MeiHika. Siento que ellos tres podrían volverse unidos en una situación ordinaria, y el hecho de ya tener un Takari establecido desde un inicio me gustó, y debía meter a Miyako malinterpretando todo. Muchas gracias por escucharme cuando más lo necesité y, ojalá que este pequeño regalo de agradecimiento te saque una sonrisita también.
Y, a todos los demás, ¡gracias por leer!
