Ese había sido un atareado día en RAD, donde se había celebrado un día de juegos deportivos originarios de ese sector y que todos debían participar, en especial los estudiantes del programa de intercambio. Al terminar esta actividad recreativa el viento corría suave, refrescando lo justo y necesario para no sufrir de extremo calor ni frío, bastante agradable. El grupo de ocho demonios y una humana estaban camino a La Casa de la Lamentación, agotados por la actividad propuesta por el mismísimo príncipe, queriendo llegar a casa y cada uno descansar a su modo, agradeciendo que Lucifer se apiadó de ellos y pediría comida a domicilio para que no cocinara Beelzebub, el encargado del día, porque con el ejercicio de hoy era capaz de comer hasta el triple de lo que solía comer en un día normal.
Al llegar a casa, la chica tomó ventaja y corrió a su cuarto para tomar sus toallas, su champú y acondicionador capilar, y su jabón de dulce aroma para agarrar rápidamente la ducha y sacarse todo el asqueroso sudor que llevaba encima. Se dio una energizante ducha con agua caliente para relajar los músculos y limpiarse bien, escuchando un poco de música desde su D.D.D. y tarareando, ya que no se atrevía a que los chicos la escuchasen cantar. Ya terminada la ducha, se dispuso a secarse y vestirse rápidamente para no demorar más en el baño, maldiciéndose luego porque no llevó su cepillo para el cabello ni su aceite hidratante para peinar, necesitando ambos urgente porque al tener el cabello muy ondulado y rebelde, además de largo hasta casi llegar a las caderas, se le coloca feo si no hace el cuidado debido antes de que se seque. Con la toalla aún en la cabeza, corrió con todas sus cosas en mano hacia su cuarto, evitando encontrarse con alguno de los chicos y la viese en ese estado tan vergonzoso para la chica; llegando finalmente al cuarto, cerrando la puerta sin seguro y sacándose la toalla mientras se sentaba en la cama. Se sacó el exceso de agua en su cabello y dejó la toalla a un lado, bostezando ampliamente mientras tomaba su D.D.D. que justo en ese momento había sonado. Mammon le había mandado un video gracioso desde Devilgram, por lo que por acto reflejo se tumbó en la cama para verlo más cómoda, sin darse cuenta de que empezó a ver uno, dos y más videos desde el inicio de Devilgram, sin darse cuenta de que luego cayó profundamente dormida.
La cena estaba por llegar a la residencia y Lucifer les mandó un mensaje a todos por el grupo de chat que tenían, recibiendo respuestas de todos menos de la chica, lo cual le extrañó bastante.
—¿Alguien ha visto a Soje? —preguntó mientras empezaban a llegar los demás a la sala de estar.
—Quizás esté en su cuarto ocupada, por eso no habrá respondido los mensajes —sugirió Levi, sin despegar la mirada desde su propio teléfono, mirando noticias de sus animes preferidos.
—Bien, en ese caso me veo obligado a traerla acá personalmente —añadió Mammon dirigiéndose rápidamente al cuarto de la chica, sin esperar respuesta de su hermano mayor. Llegó a la puerta y, al verla cerrada, claramente tocó la puerta. No quería que Lucifer lo volviese a colgar si se enteraba que había irrumpido en el cuarto de ella así sin más. Al no escuchar respuesta, volvió a tocar más fuerte—. ¡Oye Soje! ¡La cena ya está por llegar, sal de ahí! —gritó mientras golpeaba. La chica reaccionó a los llamados del peliblanco, sintiendo los ojos algo pesados y una leve congestión en la nariz, dándose cuenta de que se había quedado dormida sobre la cama. Se sentó en la cama, rascándose los ojos y tratando de despabilar para responder coherentemente.
—Ya te oí Mammon. No grites, que vengo recién despertando —dijo la chica finalmente. Al momento de responder se dio cuenta conscientemente de que se había quedado dormida sobre la cama, con el cabello mojado y sin arreglar, por lo que al instante pasó sus manos por la cabeza, notando el pelo ya casi seco por completo, lleno de nudos y frizz. Mammon sin saber qué ocurría y preguntándose por qué la chica tardaba en salir, colocó la mano en el pomo de la puerta y lo giró lentamente.
—Bien, voy a entrar. Supongo que está bien, ¿no? —dijo mientras abría la puerta. La chica con mucho pánico se paró de la cama corriendo y colocó todo el peso en contra de la puerta, evitando así que Mammon pudiese entrar—. ¿Pero qué mierda? —agregó el chico al notar el cómo ella cerró tan de golpe la puerta, frente a su propia cara.
—¡Lo siento! No estoy presentab… Ah… Dile a Lucifer que me perdone, pero no iré a cenar esta noche. No me siento muy bien del estómago —excusó rápidamente la chica, tratando de colocarle el seguro a la puerta sin que suene tan obvio.
—¿Estás segura de que estás bien? Puedo ir a buscar un termómetro o alguna mierda así para ver tu temperatura, o decirle a Lucifer que venga a revisarte.
—¡No! —exclamó fuertemente, sin querer—. Quiero decir… No es necesario, en serio. Pueden estar tranquilos, sólo necesito un poco de reposo, eso es todo —finalizó la chica, tratando de mantener la compostura. Mammon sólo suspiró y volvió a donde estaban todos los hermanos ya arreglando la cena que había llegado hace no mucho.
—¿Y Soje? —preguntó Satan, mientras tomaba asiento en su lugar.
—Dijo que no se sentía bien y que no cenaría esta noche. También dijo que no nos preocupáramos, además de cerrar la puerta en mi cara cuando traté de entrar —agregó Mammon, dejándose caer en su asiento, pensando si habrá hecho algo malo para ganarse ese portazo. Todos se miraron con caras preocupadas, escuchándose uno que otro suspiro. Asmodeus, por otro lado, se puso a pensar en que quizás a la chica le pasaba algo más que un simple malestar. Luego de unos minutos, se levantó de la silla y emprendió camino hacia le cuarto de la muchacha, ignorando las preguntas de sus hermanos.
Soje, tratando de no llorar de la impotencia, se cepillaba el cabello lo más suave posible para no arruinarlo más, notando como los nudos se colocaban peor y peor, pensando que tendría que cortárselo después de años de esfuerzo por tenerlo tan largo que casi llegaba a la cadera en su estado natural ¡Tan orgullosa que estaba, y ahora por un error podría perderlo todo!
—Tonta… ¿Cómo se te ocurre dormirte antes de arreglarte el cabello? Mira este desastre —se murmuraba enojada a ella misma, con lágrimas en los ojos por el dolor de algunos tirones de cabello y por el enojo que sentía en ese momento. Lanzó el cepillo de pelo hacia el otro lado del cuarto y se cubrió la cara con ambas manos, apoyando sus brazos en sus piernas, rendida. Mientras intentaba reprimir un quejido de frustración, escuchó como alguien tocaba su puerta de manera suave.
—¿Estás bien querida? ¿Todo en orden? —dijo el quinto hermano, con una voz claramente preocupada. Apegó su oreja a la puerta para tratar de tener mejor audición y no perder cualquier cosa que la chica diga.
—¿Asmo? Sí, estoy bien… —añadió la pelimorada, tratando de sonar tranquila, algo que no le funcionó muy bien.
—No escucho que estés muy bien, cariño. Puede que mis hermanos sean unos brutos y no entiendan nada de cómo puede sentirse una chica, pero creo que puedo ser una pequeña ayuda si deseas hablar de algo con alguien —señaló el chico. Él tenía razón, quizá la única persona que podía ayudarle y entenderle en este momento era él mismo, siendo quien podría tener un remedio para esto. La chica suspiró pesado mientras se secaba una pequeña lágrima que se había escapado de su ojo izquierdo, se levantó y sacó el seguro al pomo.
—No quiero que te burles ni nada, por favor. No estoy de ánimos —señaló la chica, abriendo la puerta un poco, antes de alejarse y quedarse de pie cerca de la cama. Asmodeus entró rápidamente, esperando que ningún hermano esté mirando y cerró la puerta tras de sí, observando atentamente a la chica que miraba el suelo, con el cabello alborotado, esponjoso y con nudos por todos lados.
—Por el amor de… ¿Qué sucedió con tu precioso cabello? —dijo mientras se acercaba a ella, tratando de no alzar la voz, y con una mano tomaba un mechón grande de cabello.
—Bueno, me quedé dormida con el cabello mojado y sin cepillar. Debí moverme mucho mientras dormía y… —habló, tratando de no quebrar la voz, siendo inútil casi al final.
—Ya, tranquila —consoló Asmodeus, mientras la abrazaba—. Sé que el cabello es una de las cosas más importantes para alguien que lo cuida día y noche. ¿Pero sabes algo? Tengo una conocida que trabaja en Majolish que puede hacer magia con sus manos y arreglarlos, no sólo literalmente hablando —añadió mientras se separaba de la chica y le acariciaba los hombros.
—No quiero cortarlo.
—Y no lo hará. Créeme. Ahora, busca una sudadera que pueda tapar toda tu espalda y cabello, sé que te sentirás muy mal si los chicos te ven así y te bombardearán con preguntas. Mensajearé a mi amiga mientras tanto, y no te preocupes por los demás, sólo saldremos antes de que siquiera abran la boca y no puedan decir nada —finalizó el pelirosa mientras sacaba su teléfono y escribía rápido en la pantalla. Mientras tanto, Soje buscaba en su ropero alguna sudadera con gorra para poder esconder lo más que pudiese de su cabello, encontrando uno y agradeciendo a la Soje del pasado por pensar y guardar una.
Sólo hicieron falta esperar unos pocos minutos antes de tener el visto bueno de parte de la amiga de Asmodeus le dijera que se acercaran a su casa, que los esperaba con los brazos abiertos. Ella echó en una mochila los implementos que suele usar por si le pregunta la muchacha, su cepillo de pelo y algunos scrunchies por si fuesen necesarios. Ambos caminaron enseguida hacia el pasillo, tratando de no verse muy obvios, algo que no sirvió de mucho.
—¿A dónde creen que van? —la severa voz de Lucifer se escuchaba desde el otro lado del pasillo, junto a unos apresurados pasos que se acercaban cada vez más. Soje, por los nervios, le dio la espalda al mayor para que no le viese.
—¡Lucifer! Querido hermano…
—Les hice una pregunta —interrumpió de golpe el azabache, cruzándose de brazos—. Espero que no sea alguna escapada planeada.
—Quién crees que somos, ¿Mammon?
—¡Escuché eso! —se escuchó desde el final del pasillo, donde Mammon observaba la escena, provocando en Soje una pequeña risita.
—Mira Lucifer, prometo que no tardaremos. Es una emergencia que salgamos ahora, pero te juro que llegaremos bien, y que no haremos nada malo. Te mensajeo luego —dijo Asmo, deseando que su hermano entendiera de manera indirecta que algo ocurría con la humana, esperando que se le ablandara aunque fuese un poco el corazón. Lucifer miraba la espalda de la chica, esperando que ella dijese algo, pero nada venía de ella. Suspiró al ver que nada iba a ganar en este punto.
—Bien, pero quiero que no lleguen tarde. Mañana hay clases y no seré condescendiente si no asisten como es debido.
—¡Prometido, hermano! Por cierto, que Beel se coma nuestra comida, nosotros comeremos algo afuera. ¡No nos esperen despiertos! —finalizó rápidamente el avatar de la lujuria, tomando el brazo de su compañera y arrancó antes de que alguien pudiese decir algo.
—¡Claro, pero si yo salgo así como así me persigues y me cuelgas! —refunfuñó el peliblanco, con los brazos arriba y cara de disgusto por el aparente favoritismo de su hermano.
—No quiero escucharte, Mammon.
Ambos caminaban rápidamente por las calles de Devildom, tratando de pasar inadvertidos, hasta llegar a un conjunto de lo que parecían ser unos apartamentos bastante lujosos cerca del sector comercial de la ciudad. Este entró y llamó al ascensor, notando como Soje miraba a varios lados, con cara nerviosa.
—Tranquila, ella es de confianza. Lo prometo —dijo con una sonrisa que ayudó a la chica a tranquilizarse, devolviéndole el gesto. El ascensor llegó y ambos entraron, el chico le dio al botón del piso 15 y rápidamente empezaron a subir. La velocidad que tenía este era bastante más que los comunes y corrientes que habían en el Reino Humano, siendo notado enseguida por Soje, quien por un momento sintió que la cabeza le bombeada y giraba como loca. Llegando al piso, que por cierto no tardó ni la mitad de lo que podría tardar uno normal, la pobre humana debió estabilizarse un poco cuando salió del ascensor, causando ternura a su acompañante. Luego de unos segundos, emprendieron camino a un apartamento al final del pasillo, donde se tocó la puerta y, como si ya estuviese esperando desde antes, se abrió enseguida, causando un pequeño salto de sorpresa a Soje.
—¡Asmie! ¡Querido! —exclamó una chica de cabellos rubios y liso hasta el hombro con puntas rojas, ojos celestes agua y piel un poco rosa, lanzándose a los brazos de Asmodeus, haciendo notar la cercanía de ambos —. Por favor, pasen, pasen. No es bonito atender visitas fuera de la puerta —añadió haciendo un ademán para que entrasen a su hogar.
Soje abrió los ojos al notar que parecía un apartamento como de película, muy amplio y amoblado con lujosos muebles, pero llevándose la guinda del pastel su amplia ventana que era una pared entera que daba a unas vistas increíbles al centro de Devildom.
—Así que ella es la famosa Soje, ¡qué honor conocerte! —dijo la chica mientras se acercaba a un minibar cerca de la entrada—. ¿Quieren beber algo? Ustedes pidan sin miedo, son bienvenidos a mi humilde hogar.
—¿Humilde? ¡¿Famosa?! —expresó con suma sorpresa la chica, mostrando claros nervios ante lo último que dijo, sonrojándose levemente y escondiéndose un poco con la capucha de la sudadera.
—Soje, te presento a una de mis más cercanas y mejores amigas: Ezaeur. Ella es una súcubos que ayuda en los peinados de los modelos en las revistas de moda de por acá —dijo Asmodeus, mientras servía en dos vasos algo que parecía jugo de granada—. Ella es de confianza, está a favor de este programa de intercambio.
—¡Adoro el mundo humano! Fui por un tiempo a aprender nuevas técnicas de peinados y tratamientos para implementar acá junto a las ya conocidas en Devildom, y fue una experiencia inolvidable. ¡Espero llevarnos bien! —La humana asintió ya más tranquila mientras recibía el vaso de la mano del pelirosa.
—Bueno, ya sabrás que Lucifer es muy estricto y esas cosas, así que iremos al grano: esta pequeña cosita preciosa necesita una ayuda pero que muy urgente —señaló el chico. Soje se dio cuenta que era tiempo de mostrar el desastre que tenía en el cabello. Suspiró y se sacó la mochila y la sudadera, mostrando su pobre cabello. Asmo, mientras tanto, le mostraba una foto del cabello que ella usualmente usaba—. Así es como luce con el arreglo debido que tiene cada día. Hoy, por cansancio, se quedó dormida y despertó así luego de la siesta. Dime que hay solución que no sea cortárselo, por favor —rogó. La súcubos dejó su vaso sobre el mesón del minibar y se acercó a la chica.
—Los rumores y las exageraciones de Asmie eran ciertas, eres una chica preciosa. Y este cabello se nota que lo cuidas con tu vida —decía mientras tomaba el cabello y lo analizaba.
—He traído lo que suelo usar en él, por si es necesario —dijo la humana, algo cabizbaja.
—Tranquila, no será necesario. Pero para que quedes tranquila, te diré que puedo arreglar esto sin necesidad de cortar un milímetro. Así que mejor será que vayamos al salón de belleza y empecemos cuanto antes. Asmie, pide comida. En mi nevera hay un número de un restaurante nuevo, que sirve algo similar al sushi del mundo humano, pide una tabla para cuatro, muero de hambre. ¿Te gusta el sushi? Yo lo amo, lo conocí un día que… —habló la rubia, mientras cruzaba uno de sus brazos con uno de Soje, caminando con ella hacia su salón especializado en cabello.
Ya sentada la pelimorada en una silla similar a la de estilistas, Ezaeur empezó a remojar el cabello con un pulverizador, dejándolo bastante húmedo, para luego espolvorear una especie de purpurina de color verde oscuro.
—¿Qué es eso? —consultó con extrañeza la humana.
—Un poco de polvo de raíz de Urgh'eit Nathath. Digamos que es una raíz similar al jengibre de por allá, pero en este caso no es comestible si no se cocina de una manera debidamente estricta, pero sirve bastante para cosmética así cruda —dijo la rubia—. Al menos la uso para este tipo de casos extremos, donde ayuda a separar cabello por cabello si se echa en una cantidad generosa. Generalmente se usa por acá para ciertos tipos de peinados donde mechones no deben tocarse, por lo que debería funcionar en lo que sería desenredar lo peor de esto junto a mi magia —agregó finalmente la chica, terminando de echar mucho de ese polvillo. Se colocó atrás de la chica y empezó a recitar unas palabras en lo que parecía latín antiguo y con mucha paciencia separaba mechones de cabello entre ellos, sin generar tirones al cuero cabelludo de Soje. Asmodeus entró a la habitación con un paquete enorme de color café, con un logo impreso de lo que parecía ser el nombre del restaurante.
—¡La comida llegó! —exclamó animado, mientras colocaba la comida en una mesa que estuviese a la mano de todos—. ¡Ah! Veo que usas tus ases bajo la manga amiga.
—Por supuesto. Necesito usar lo mejor que tengo para arreglar este hermoso cabello. ¡Me encantará verlo al natural, en las fotos que me mostraste se veía hermoso! No se suelen ver formas tan onduladas por estos lados, y si se ven, son en melenas cortas para verse más atrevidas. Además, no tuve la oportunidad de verla cuando fue a sacarse las fotos como reemplazante con Mammon —dijo la súcubos, mientras seguía separando en mechones más y más finos el cabello de Soje.
—Espera, ¿sabías que Mammon me llevó a Majolish para ser una sustituta temporal? ¿Cómo es que no te vi? —soltó de golpe Soje, con un dejo de sorpresa en su cara, sin mover la cabeza.
—Ese día tuve que ir al mundo humano a por materiales, y como Mammon te sugirió a último momento, yo ya estaba allá cuando me llegó la noticia. ¡Todas me mandaban fotos tuyas al estilo paparazzi! Estuve tan enojada conmigo misma que olvidé la mitad de las cosas que realmente necesitaba y me fui de compras para mi bienestar mental —bromeó—. Si te digo que eres una celebridad, ¡es porque lo eres! Piénsalo: eres una humana, sin poderes mágicos, bajo el cuidado del consejo más confiable del príncipe, ¡y eres la protegida del Señor Diavolo! —continuó muy animada. Soje sintió un pequeño rubor asomarse a su cara, mientras tomaba una pieza de "sushi" con unos palillos que le había alcanzado el pelirosa y se lo comió sin decir palabra. ¡Qué delicioso!, pensó.
La hora pasaba, y Ezaeur ya tenía al fin el cabello de Soje desenredado, pero empezó a notar que estaba muy maltratado por el tratamiento y el anterior cepillado que la chica le había dado en su cuarto, por lo que decidió aprovechar de hacerle un tratamiento para dejarle el cabello sano y fuerte.
—Además, sólo cortaré las puntas para que se mantenga saludable —dijo la chica mientras le lavaba el cabello a la muchacha humana, donde ella pensaba que tenía unas manos bendecidas por quien sea en quien creyeran ellos porque esos masajes eran exquisitos.
—Eza, le vas a terminar sacando un orgasmo, mira su preciosa carita —comentó Asmodeus, aún sentado en un sillón personal que había en la habitación.
—¡Asmodeus! —exclamó avergonzada Soje, mostrando en su cara ya roja la vergüenza al escuchar a su compañero de casa. La rubia sólo lanzó una fuerte carcajada.
—Tranquila fiera. Es una de las cosas que hacemos los súcubos e íncubos, dar placer con el contacto físico, así pudiendo absorber energía para nosotros. Claro que ahora no estaba absorbiendo de tu energía, pero sí utilicé mi habilidad para ayudarte a relajar —añadió la chica—. Es para que tu cabello también absorba mejor el tratamiento que estoy haciendo. ¡Oh! Antes que me olvide… —continuó Ezaeur, dejando a Soje donde estaba y buscando un bote de lo que aparentaba ser aceite de color anaranjado muy vivo y bajó una cortina en el espejo que estaba usando—. Este aceite es milagroso para los humanos, nada de esas boberías que les venden a precios exorbitantes como productos definitivos. Lamentablemente sólo se puede conseguir gracias a una flor que crece acá en Devildom, por lo que no se nos tiene permitido llevarla al Reino Humano por las reglas; pero créeme que esto es todo lo que tu cabello necesita a la hora de usar el acondicionador —explicó mientras a su botella de acondicionador le echaba un par de gotas de este místico aceite y lo agitaba un par de veces—. Ahora, solo colocamos esto como en un día de baño normal y… ¡Tadáh! —finalizó luego de enjuagarle el cabello. Sentó a la humana y le tomó la mano, acercándosela a su propio cabello para que sintiera la suavidad, que era notoriamente mayor a como le podría quedar en el Reino Humano—. ¿Ves? Mucho más suave, hidratado y nutrido. Ahora, a sentarte allá, que quiero experimentar algo contigo que sé que te encantará —finalizó Ezaeur, mientras la llevaba a su asiento, frente al espejo.
—¿Y por qué está tapado el espejo? —preguntó Soje.
—¡Especialidad de la casa! Es una idea que le di hace un tiempo, y que le ha resultado. ¡La sorpresa de ver el cómo luces es casi tan grande como cuando me ves por primera vez en persona! —añadió Asmodeus, desde su asiento mientras bebía algo que parecía champaña a simple vista y escribía en su D.D.D. Mientras tanto, la súcubos empezó a cepillar el cabello de la humana, le cortó un poco las puntas y empezó con un jugueteo entre productos, accesorios, secadora de cabello y más, a lo que Soje sólo se colocaba ansiosa al pensar quizá qué cosas le está haciendo a su preciado pelo.
La mañana siguiente se sentía normal, ya todos acercándose a la mesa a desayunar mientras hablaban o medio discutían de cosas sin sentido, hasta que llegó Lucifer con una mira de muy pocos amigos.
—Veo que alguien no durmió muy bien —comentó Satan, tratando de esconder una sonrisa.
—No quiero escuchar a ninguno comentar nada. Ugh… Cuando vea a Asmodeus voy a… —dijo a medias, cuando fue interrumpido de golpe.
—¡Buenos días, hermanos! Vaya, qué maravilloso día, casi tanto como yo, ¿no creen? —dijo el pelirosa, llegando al comedor de los últimos, sin contar a Belphegor que siempre llega de último.
—Justo con quien más tenía ganas de hablar —afirmó Lucifer, causando un ambiente tenso y pesado—. Ahora quiero que me expliques a qué hora llegaron, dónde estuvieron y dónde está Soje en estos momentos. Y créeme que no estoy de ánimos para tus rodeos —continuó, mientras se acercaba a su hermano menor.
—¡Wow, Lucifer! Veo que no dormiste bien, eso no le hace bien a tu piel. Te avisé que no nos esperaras despiertos. Ya te dije en un mensaje anoche, estábamos donde una amiga en una emergencia para Soje. Y ella llegó conmigo sana y salva, ¡lo juro! Mira —afirmó mientras caminaba al pasillo que conectaba la cocina y la habitación de la muchacha—. ¡Soje! ¡Te necesito rápido, Lucifer me va a matar si no te ve completa! —gritó levemente para que la chica se apresurara, antes que un aparente asesinato ocurriese en la Casa de la Lamentación.
—¡Lo siento! Me quedé algo dormida, pero ya estoy lista. —Se escuchó la voz de la chica, acompañada de unos pasos acelerados para poder encontrarse con los hermanos lo antes posible. Al llegar al fin a la habitación y estar a la vista de todos los presentes, hizo que más de alguno abriera la boca de golpe. La chica presentaba su uniforma normal junto a sus zapatos con leve tacón negros lustrados a la perfección, sus calcetas sobre la rodilla como siempre y su moño como corbata violeta que usaba todos los días, pero lo que realmente hizo que los chicos reaccionaran de esa manera fue su drástico cambio en su cabello, o drástico para ellos. Su cabello ahora estaba completamente lacio, tan lacio que se había alargado hasta más abajo de las caderas, como si hubiese crecido en tan solo una noche; y lo único que mantenía con una onda era el lado de su mechón tipo flequillo en el lado derecho de su cara.
—¿Por qué tanto escándal…? Oh… —exclamó Belphie mientras llegaba al comedor por fin, observando a la cambiada Soje. Ésta se sonrojó al notar que las miradas de todos se centraban en ella.
—Ehh… ¿Buenos días, chicos? Siento la demora, olvidé colocar la alarma —musitó la chica, esperando el regaño de Lucifer mientras caminaba rápidamente a su asiento y desayunar, así haría su atraso menos notorio. Nadie dijo nada por un par de segundos que se sintieron eternos, siquiera el mismo Lucifer pudo expresar una palabra, pero no perdió la cordura como quizá Mammon, quien no despegaba su mirada de la muchacha, o de Beelzebub quien dejó un sándwich a medio comer al verla así.
—Te lo dije querido Lu, está en perfecto estado. Más que perfecto diría yo, ¿no? Aunque no tanto como yo, claro —lanzó Asmo, mientras caminaba de vuelta a la mesa—. Vamos chicos, no sean malos con Soje. ¡Digan algo!
—¡Estás despampanante Soje! —agregó Satan, mientras todos ya empezaban a desayunar, casi contra el tiempo—. No pensé que el cabello lacio te sentaría tan bien.
—Ahora pareces de esas protagonistas de anime que tanto me gustan —añadió Leviathan, con una amplia sonrisa—. Ahora que sé que tocas instrumentos, ¡podrás acompañarlos con hermosos cosplay! Desde hoy empezaré a buscar trajes que vengan muy bien con tu personalidad y cabello —dijo muy animado, ganándose un golpe tras su cabeza de parte de Mammon.
—¡Oye, a ella no la metes en tus cosas raras de mierda!
La mañana se acortó demasiado con comentarios de todos de acá para allá, por lo que tuvieron que salir casi corriendo a clases para no llegar tarde. Llegando a la academia, las miradas y los murmullos en los pasillos no se hicieron esperar. Asmodeus pensaban que era para él, pues él siempre era el centro de atención, pero esta vez se escuchaban que eran hacia la humana. "¿Notaste el cómo se ve hoy la humana? ¡Parece alguien diferente!", "Ahora se ve más apetecible, como si por arte de magia fuese", "Si no fuese humana, le pediría salir conmigo" y más comentarios así se escuchaban a medida que ella caminaba, provocando que los hermanos estuviesen más alertas de que algún demonio loco quisiese saltar sobre ella en cualquier momento y que ella sólo caminara cabizbaja.
Al llegar al salón donde todos compartían clases, los ángeles y el hechicero se acercaron al grupo recién llegado.
—¿Soje? ¡Vaya, qué cambio! —dijo Simeon, mientras tocaba el cabello de la chica.
—¡Pareciera que tu belleza no fuese sólo humana! —añadió Luke, observándola con ojos brillantes.
—Por lo que me contó Asmodeus, veo que estás haciendo amistades fuera de nuestro selecto círculo, Soje —dijo Solomon. Todos estaban cerca de la chica, haciendo que el avatar de la lujuria se sintiese desplazado. Él es quien siempre se llevaba las miradas de todos, él era quien debía recibir la atención casi en su totalidad; pero tampoco es que estuviese arrepentido de ayudar a la chica, él sabía que ella estaba en un apuro enorme, y sólo quiso ayudar.
El día pasó casi tan normal como el resto, sólo que los piropos y las adulaciones seguían hacia la humana, haciendo que Asmodeus estuviese más y más deprimido. Soje notó esto y esperó a llegar a casa para tener un momento a solas. Pasó por su cuarto a dejar la mochila y subió rápidamente las escaleras hasta llegar a la puerta de la habitación del muchacho. Tocó suavemente la puerta, esperando una respuesta.
—Adelante —respondió después de un rato. Soje entró, cerrando la puerta tras de ella y observó al pelirosa arreglándose un poco el cabello sobre su cama.
—¿Todo bien? No te he notado muy tú el día de hoy —dijo la muchacha mientras se sentaba en el borde de la cama—. Sabes que puedes contarme lo que sea.
—¡Claro que me pasa algo! Pero si lo digo, puede sonar muy egoísta de mi parte —habló sin mirarle a los ojos, sin dejar de tocar su cabello.
—Tengo una idea —exclamó Soje, mientras se levantaba de donde se había sentado, tomaba un peine del tocador de Asmo, unas flores decorativas y unas horquillas simples, y se sentaba tras de él de vuelta en la cama—. Te haré un lindo peinado mientras te mimo con caricias en el cabello, y tú me cuentas lo que te aqueja, ¿sí? —finalizó mientras empezaba a desenredar de poco en poco el cabello de Asmodeus, tratando de que el chico se relajase. Este se estremeció al sentir las delicadas manos de la chica, cerrando finalmente los ojos y dejándose llevar.
—Hmm… Si sigues haciendo esto, no me podré controlar…
—Sólo cuéntame que te pasó hoy, me tuviste muy preocupada.
—Verás… La verdad es que me sentí bastante celoso de ti hoy. ¡Piénsalo! Soy yo quien generalmente se lleva la mirada de todos en RAD, y casi a cualquier lugar al que vamos. ¿Sabes lo terrible que fue para mí no haber recibido nada de atención? Por un momento pensé en arrepentirme en haberte ayudado ayer, en serio, pero verte ahí tan linda y sonriendo luego de verte tan afligida ayer me hacía repensar las cosas —contó mientras sentía cómo Soje movía su cabello, sin saber lo que ella hacía.
—Y agradezco demasiado la ayuda, no sabes cuánto. Y quiero que sepas que la gente reacciona así porque soy la novedad. ¿No recuerdas mi primer día en RAD? Lugar donde pasaba, los murmullos iban a mi persona, aunque no todos eran muy amigables —dijo mientras soltaba una pequeña risa la humana—. Cuando mi cabello vuelva a la normalidad, que espero que dure sólo el par de días que dijo Ezaeur, créeme que volverás a ser el centro de atención. Tú eres la belleza en persona, y ese trono nadie te lo puede quitar, te lo aseguro.
—¿En serio piensas eso? —dijo el pelirosa con la voz algo baja, sintiendo un pequeño rubor en sus mejillas.
—¡Claro! Sólo mira al guapetón demonio que tengo acá en frente —dijo mientras terminaba de colocar unas horquillas cerca de la nuca de Asmodeus y alcanzando un espejo que estaba en la mesita de noche. Colocó el espejo delante de ambos, mostrándole al contrario una hermosa trenza holgada, apegada a la cabeza, y adornada con las rosas que encontró en el tocador—. ¿Ves? Eres el más hermoso en kilómetros a la redonda.
—Oh por… ¿Y sabes hacer estas cosas y no te las haces tú misma? En serio que no te entiendo —dijo boquiabierto, notando lo hermoso de peinado.
—Es mucho más difícil hacérselo a uno misma, y más si se tiene el cabello tan largo como yo. Pero a ti te queda precioso —dijo sonriendo. El muchacho no podía aguantar la sonrisa, el admitía que se veía divino con el peinado que le había hecho su amiga, por lo que se dio vuelta y la abrazo lo más fuerte que podía.
—¡Gracias! No sabes lo feliz que me hizo esto, además de tus bellas palabras. De verdad eres la única que puede entenderme bajo este techo. Vamos, párate, que nos sacaremos una foto para mostrarle al mundo nuestro cambio de look y lo bellos que somos —exclamó mientras se levantaba y tomaba la mano de la chica para llevarla consigo hasta el medio de la habitación, donde hicieron una mini sesión de fotos y ambos publicaron una que otra foto en Devilgram, ganando uno que otro comentario adulador y varios corazones.
—¡Hoy iremos a la casa de Ezaeur a una fiesta! —gritó Asmodeus a Soje, con su D.D.D. en mano, mientras almorzaban todos juntos en casa, al no haber clases ese día.
—¿Eh? ¿Hoy? —cuestionó la chica justo cuando se iba a meter un bocado de ensalada en la boca.
—Sí, hoy mismo. Así que apenas terminemos acá iremos a comprar ropa para esta noche —dijo muy alegre el pelirosa, bebiendo un sorbo de lo que podría parecer agua.
—¡Oye! ¡No puedes simplemente llevarla a tus fiestas y ya! —exclamó Mammon, luego de atragantarse levemente al escuchar la propuesta de su hermano a la humana.
—Por cierto, Ezaeur también te invitó. ¡Dijo que será una fiesta exclusiva! Así que procura ir bien vestido, sino no entras —finalizó Asmodeus.
—Por favor, ¿podemos almorzar en paz por lo menos una vez? Después hablarán de sus excentricidades cuando terminemos —sentenció Lucifer, haciendo que le tema terminase en ese momento.
Al terminar el almuerzo y después de limpiar todo, Lucifer se acercó a los chicos, quienes estaban pensando qué usar para la noche en la sala de estar.
—Así que… ¿Van a salir sin siquiera pedir el permiso debido? —dijo mientras se cruzaba de brazos, observando a los tres presentes que lo miraban con caritas de culpa.
—Oh, Lucifer, ¿hace cuánto no salimos a algo que no sea una invitación de parte de nuestro Señor Diavolo? Además, será algo muy exclusivo, no irá mucha gente ni habrá mucho desorden. ¡Lo prometo! No puedes decirle que no a tu hermanito más lindo, ¿cierto? —dijo Asmodeus, tratando de hacerle ojitos a su hermano más mayor, queriendo lograr una respuesta positiva.
—¡Por favor, Lucifer! —exclamaron a la par Soje y Mammon, como dos niños pequeños pidiéndole a su padre poder salir al parque. Asmodeus sabía que Lucifer no podría decirle que no a sus dos favoritos, menos si se lo pedían a la par.
—Esto ayudaría al programa de intercambio que el Señor Diavolo quiere lograr, necesito conocer un poco más sobre la vida nocturna acá en Devildom y no puedo si me mantengo encerrada acá. ¡Por favor, por favor! —suplicó mientras juntaba sus manos en modo de compasión.
—¡Y yo como su protector personal prometo que llegará en una pieza, sana y salva! Ya ves que he hecho un buen trabajo hasta el momento —agregó Mammon mientras pasaba un brazo sobre los hombros de la muchacha, causando un sonrojo leve en las mejillas de ella. Lucifer observó a los tres, bastante dubitativo si aceptar o no, hasta que lanzó un suspiro pesado mientras colocaba sus dedos entre sus cejas.
—Ya saben la hora adecuada para llegar. Espero que estén en contacto conmigo a cada momento.
—¡Gracias! —Exclamaron finalmente los tres, mientras daban paso a la salida de la casa para ir a buscar ropa para la noche. Lucifer se dejó caer al sofá que estaba cerca de él, sintiendo la presencia de alguien acercándose.
—¿Qué quieres Satan?
—Veo que las súplicas por parte de tus favoritos son muy efectivas contra ti —dijo Satan en tono de burla, mientras se apoyaba en el borde donde se unía el pasillo con el salón.
—Calla Satan.
Mientras tanto, el trío ya estaba llegando al sector comercial de Devildom, donde enseguida Asmodeus los llevó a Majolish, demostrando que esta era su tienda favorita de ropa. Los chicos empezaron a probarse chaquetas, camisetas, camisas y demás accesorios, ganándose la mirada de muchas brujas y demonios femeninos, mientras que la humana se mantenía al margen, no sabiendo qué ver hasta que una demonio con alas de murciélago en su espalda y a la altura de su orejas se acercó amablemente.
—¿Necesitas ayuda? Vi que llegaste con los chicos, y ahora te ves muy apartada —dijo la chica muy amable.
—Ah… Estoy buscando algo para usar en una fiesta… —respondió algo tímida Soje.
—Mira, tenemos unos vestidos preciosos por acá que podrían quedarte fabulosos. Ven, yo te acompaño —dijo la vendedora, mientras guiaba a la humana por los pasillos de la tienda hasta el sector de chicas. Los muchachos notaron la ausencia de Soje y empezaron a asustarse un poco. No puede ser, aún no vamos a la fiesta y ya nos asesinará Lucifer, pensó Mammon mientras trataba de mantener la calma y se alejaba de las chicas que lo rodeaban; algo similar hizo Asmodeus, encontrándose con su hermano.
—¿La has visto? —exclamó acelerado el mayor de los dos.
—No, ni siquiera me di cuenta en qué momento se alejó de nosotros —dijo el pelirosa algo asustado, pasando su mano por su cabello. Ambos estaban buscando como locos a su pequeña humana cuando la vendedora con extremidades de murciélago se acerca a ellos de manera calmada.
—Chicos, su acompañante está bien. La acompañé a probarse ropa y creo que necesito su opinión, ya que no sé qué tipo de fiesta van a asistir —dijo con una voz dulce, mientras llevaba a los hermanos al probador donde se encontraba Soje. Asmodeus entró como si nada para verla, deteniendo a Mammon para entrar.
—Si me gusta como le queda esto, será una sorpresa para todos —concluyó mientras entraba, lanzando un quejido de felicidad—. ¡Te lo llevas! No importa el precio, te lo pago yo, pero te llevas eso, los zapatos y lo demás. No hay "peros". —Se escuchó desde fuera, causando una confusión enorme en la cabeza de Mammon.
Ya en casa, los tres fueron a sus cuartos a arreglarse. Asmodeus, por arte de magia, fue el primero en bajar, usando una chaqueta de cuero blanco a medio torso, junto a una camiseta blanca de seda, pantalones rosa palo y mocasines café claro, y su cabello lucía impecable, sujetando su lado derecho del cabello con horquillas y un toque de gel. Este se acercó al cuarto de la chica, esperando poder ver de primeras el cómo lucía antes que cualquiera; pero mientras se acercaba, escuchó música desde la puerta de la habitación, acercando la oreja tratando de descubrir qué escuchaba, hasta que algo hizo que se le abrieran los ojos por la sorpresa. Una dulce y potente voz se escuchaba desde el otro lado de la puerta, pero no era la voz de la cantante original, no. Esa voz la conocía muy bien en este punto de la vida, sabía que esa voz que cantaba era de Soje, pero jamás se hubiese imaginado que ella cantaba. ¿Cantar y tocar instrumentos? ¿Ser una belleza innata casi tan fantástica y perfecta como él? ¿El poder de encantar a un grupo de hermanos y arreglar una familia? ¿Acaso había algo que ella hiciese mal? Él simplemente se quedó escuchando el cómo cantaba ella, sin siquiera conocer la canción, boquiabierto, con el corazón dando vueltas por su pecho y sin emitir ruido para no desconcentrar a la muchacha. Mientras escuchaba, una idea se le venía a la cabeza, ¿y qué mejor que hacerlo esta noche?, pensó mientras se retiraba al salón, a esperarlos ahí.
Pasó un rato antes de que Mammon apareciese vistiendo una camisa con los botones desabrochados hasta medio pecho color mostaza claro, una chaqueta negra, jeans gris oscuro y zapatos del mismo color que los pantalones. Ambos hablaban de cosas sin importancia cuando escucharon unos tacones acercarse a ellos, apareciendo la chica en un vestido rojo escarlata oscuro con un escote en punta en medio del pecho, abriéndose hasta la mitad de los hombros, apretado hasta la cintura, luego suelto y largo hasta la mitad de los muslos junto a un pequeño bolso negro con cadena que colgaba en un hombro, unas pantimedias oscuras con diseño de rosas por los lados externos de las piernas, tacones negros no muy altos pero con una leve plataforma, un collar negro apegado al cuello y una rosa roja detrás de su cabeza que juntaba dos mechones de cabello, aún liso, en un peinado sencillo. Sus ojos estaban con un delineado negro sobre los ojos y en sus labios un brillo labial rojo suave. Ambos demonios quedaron boquiabiertos, pero Asmodeus era el que tenía una expresión alegre y orgullosa, mientras que Mammon sentía que sus ojos se iban a quedar contemplando a la bella muchacha por siempre.
—¡Sabía que te verías fenomenal con este conjunto! ¿Acaso no dirás lo mismo del mío? No se aleja mucho de mis colores tradicionales, pero son los que mejor me quedan obviamente —sonrió el avatar de la lujuria mientras abrazaba por el costado a la chica.
—¡Menos abrazos, y ya vamos andando! No queremos hacer esperar a Ezaeur allá —dijo Mammon, mientras emprendía el camino hacia la puerta, sin dejar que los demás dijesen algo.
La fiesta resultó ser en el departamento de la súcubos, por lo que al llegar al piso, Soje nuevamente sintió el mareo y caminó dificultosamente al salir del ascensor hasta la puerta de la dueña, la cual abrió apenas tocaron a su puerta, vistiendo un entero de color azul océano que le quedaba apegado a su figura perfecta de súcubos, junto a unos tacones amarillos que le hacían verse mucho más alta de lo que es en realidad.
—¡Vinieron! ¡Pasen, está recién empezando lo bueno! —gritó por la música que había de fondo, dando paso al trío recién llegado poder entrar—. Me alegra que hayan podido venir, ¡y como era de esperarse de ustedes vinieron muy guapos! En mi cuarto pueden dejar sus cosas, y el bar está abierto para todos. ¡Por cierto! Le pedí a Solomon que trajese alcohol del mundo humano a montones junto a algunas brujas, para que nuestra pequeña se divierta de igual manera. —Guiñó el ojo hacia Soje mientras se perdía entre el mar de asistentes. El ambiente era increíble para la humana, que jamás había estado en una fiesta tan grande en el Reino Humano, mas ya estaba disfrutando de una gigante en Devildom. Las luces rondaban entre los colores rosas, rojos y violetas, demonios de todas las razas y formas bailaban junto a brujas dentro del gran salón, otros estaban cerca del bar bebiendo y charlando muy a gusto. Los recién llegados se abrían paso entre la gente para poder llegar a la habitación de la dueña de la fiesta para dejar sus pertenencias.
—Mammon, ¿podrías tener tú mi teléfono? No tengo bolsillos —preguntó la muchacha mientras sacaba su D.D.D. de su bolso y lo estiraba hacia el muchacho.
—¿Acaso me ves como un jodido burro de carga? —se cruzó de brazos el peliblanco, observándola con indiferencia.
—¡Por favor! Te juro que haré lo que pidas esta noche —suplicó la chica.
—Lo que pida, ¿eh? ¡En ese caso acepto! —exclamó mientras tomaba el aparato de la pelimorada y lo guardaba en uno de los bolsillos de sus pantalones.
—Pero no te excedas, ¿bien? —concluyó mientras salía de la habitación junto a su compañero, donde fueron sorprendidos por Asmodeus y llevados al bar, donde los esperaba Solomon.
—¡Chicos, qué tal! ¿Soje?, no pensé que también conocías a Ezaeur —cuestionó el hechicero con una amplia sonrisa en su cara.
—Cosas de la vida, supongo… —respondió Soje, escondiéndose levemente entre sus descubiertos hombros.
—Menos blah blah ¡y más beber! —gritaron Mammon y Asmodeus mientras alcanzaban botellas de lo que aparentaba ser Demonus, el bebestible más codiciado por los demonios del sector, y que nunca faltaba. Podría decirse que era tan importante como la cerveza en el Reino Humano.
—Traje algunos bebestibles para nosotros, los humanos —susurró Solomon a Soje—. Vodka, cerveza, tequila… ¿Te apetece algo de eso?— La chica sólo pudo abrir levemente la boca. Era cierto que a su edad ya estaba empezando en el mundo del alcohol, pero no sabía si era debido beber tanto ahí— No te preocupes por tu edad, acá no ven esas cosas. Si quieres beber, bebe todo lo que quieras, créeme que de Devildom no sale —aseguró mientras le guiñaba un ojo y se acercaba él mismo al bar, sirviéndose lo que sería un whisky sin hielo. Ella sólo inhaló y se acercó a él, colocando atrevidamente una mano sobre el mesón.
—Dame 75%-25% de vodka y refresco Ginger Ale.
—Qué atrevida resultaste ser, Soje. Bien, ahí va —dijo Solomon mientras reía levemente al hacerle el trago y se lo pasó por el mesón. La chica lo tomó en su mano derecha y sin rechistar, bebió un largo trago de este, casi llegando a la mitad del vaso.
—¡Vaya! Soje quiere pasarla bien hoy parece —comentó el pelirosa mientras terminaba su primer vaso—. ¡Terminemos esto y vamos a bailar!
[BGM: Say So – Doja Cat]
Ya con bastantes tragos en la sangre, el cuarteto se acercó a la pista de baile y comenzaron a moverse al ritmo de la música. Soje sólo cerró los ojos y se dejó llevar por el alcohol en su sangre mientras veía a través de sus párpados el cambio de luces, y la música resonando por todo el lugar. Mammon se aprovechó de esto y se acercó de a poco a ella, hasta estar frente a frente, agradeciendo que Asmodeus y Solomon estaban muy ocupados entre ellos. El demonio peliblanco tomó la mano de la chica y comenzó a bailar con ella, causando que ella empezara a reír por lo animado y gracioso que se podían estar viendo en ese momento, pero no importaba. Asmodeus, mientras tanto, escribía en su teléfono, porque él sabía lo que venía a continuación en las fiestas de quien es su mejor amiga, e iba a aprovechar esa ocasión para pasar un momento único con su querida Soje.
La fiesta pasaba, seguía la bebida rondando por el lugar, y la buena vibra de todos era un agrado para la humana. Nadie la veía como una botana o como un estorbo, pero quizá sea porque vino con los avatares de la codicia y de la lujuria, además de ser conocida de la dueña de casa y compañera del hechicero más poderoso en ese momento; pero eso a ella no le importó, sólo disfrutaba de todo hasta que una voz en los parlantes la desconcentró. Observó que en una esquina de la sala había un pequeño escenario con micrófonos encima, viendo que Ezaeur estaba hablando desde ahí.
—¡Espero que todos la estén pasando genial! Pero como saben, es costumbre hacer un poco de karaoke a esta hora de la noche, así que es hora de empezar —dijo muy animada, ganando el aplauso, gritos y silbidos de muchos.
—Pfft. ¿Y quién querría cantar una mierda estando en mitad de un buen baile? —añadió Mammon, colocando sus manos en sus caderas.
—¡Yo! —gritó Asmo desde su lugar, levantando la mano, generando que varios de giraran a verle—. Pero no iré solo —dijo mientras tomaba la mano de Soje y caminaba al escenario. Mammon no pudo hacer nada más que gritar, y Solomon observó sorprendido la acción del pelirosa.
—¿Por qué me llevas a mí? —dijo Soje muy extrañada.
—Hoy lo descubrí. Así que de esta no te escapas querida —afirmó el pelirosa mientras subía al escenario, aun tironeando de la pobre chica que no entendía nada de lo que ocurría—. No sé si lo sabes, pero siempre canto en los karaokes de Eza, y esta no iba a ser la diferencia. Y menos teniéndote conmigo después de escuchar el cómo cantabas en tu cuarto —dijo Asmodeus mientras acomodaba los dos micrófonos cerca uno del otro. Soje sólo pudo colocar una cara en blanco al ver que todos los observaban. ¿Acaso era en serio que Asmodeus la escuchó cantar? Ella no lo podía creer así de fácil, pero tampoco podía confiarse que fuese un error, siendo que habían sido contadas las veces en las que se había atrevido a cantar en su cuarto en Devildom desde que llegó, quizás en algún momento iba a ocurrir, ¿no? Pero claro, ella deseaba que fuese o muy tarde, o nunca como mejor resultado, mas ya no era posible ocultarlo. La música que había de fondo ya había parado, algunos D.D.D. se alzaban entre el público y las luces se ajustaron a un suave color rosa en todo el salón. Soje no podía despegar la mirada del frente, su ebriedad había desaparecido de un momento a otro, su respiración se iba a ratos y su corazón aceleraba a cada segundo que pasaba. Mammon y Solomon se acercaron al escenario, para poder darles apoyo a sus amigos y hermano, sacando ambos sus teléfonos, Solomon para grabar y Mammon para sacar fotos.
—No puedo hacer esto Asmo, en serio. Te juro que no puedo cantar frente a tanta gente —suplicó la chica al acercarse a su contrario.
—¡Tonterías! —exclamó, para luego tomarle el mentón a la muchacha de manera delicada y verla a los ojos, dándole una cálida sonrisa, acariciándola con su pulgar—. Si empiezas a sentirte muy nerviosa, sólo mírame y te daré la confianza que necesitas. Además, procuré que fuese una canción que conocieras y donde sólo me acompañarás, así no te sientes tan presionada —concluyó, besando una mejilla de la chica, alejándose y colocándose frente al micrófono, observando a su mejor amiga y guiñándole el ojo, dando a entender que estaban listos. Ésta, captando la señal, sacó un pequeño control remoto de un bolsillo de su ropaje y apretó un botón, haciendo que una pista instrumental empezara a sonar.
[BGM: Bad Romance – Halestorm (Cover)]
La música empezaba a sonar, haciendo que Soje abriera levemente los ojos, notando que esa canción era la misma que ella estuvo cantando esa tarde, incluso la misma versión cover que ella amaba cantar. Giró la cara hacia la del pelirosa y, encontrándose con una cálida sonrisa, sintió que todo en ese momento podía ir bastante bien. Asmodeus empezó a cantar, haciendo notar que conocía la canción más que de memoria, dejando algo confundida a su compañera. Éste la miraba de vez en cuando para luego mirar al público que tenía en frente, haciendo un pequeño show con sus brazos y manos, siendo acompañado en ciertas partes por la voz de Soje, que no resaltaba mucho ni se notaba gracias a sus nervios que aún no podía controlar. La voz del chico era preciosa, y la chica ahora entendía porqué amaba posar con micrófonos en varias de sus fotos en Devilgram, ÉL era un cantante innato, demostrando que ese era otro de los encantos que el demonio de la lujuria tenía para demostrar; seduciendo a la gente con su voz y su mirada, con el movimiento del cuerpo que demostraba a veces o sólo con su presencia, generando el Soje unas ganas de acompañarle, tratar de llegarle a los talones que sea, poder compartir este momento juntos. El coro empezó, y Asmo se llevaba las miradas por completo, generando que la gente gritase, saltase e incluso aplaudiese de lo perfecto que el demonio lo hacía. Soje, sin querer quedarse atrás con su alma de músico que fue heredada de ambos padres, agarró el micrófono con ambas manos y, con énfasis en el movimiento de su cabeza logrando que su lacio cabello se moviese exageradamente, cantó con potencia la parte femenina de la canción. Logró que el público se acallara por un segundo, sorprendidos por la voz que esta chica podía sacar. Mammon la observaba sólo a ella, con los ojos brillantes y el corazón dando un vuelco hasta su estómago, haciendo que perdiese el enmarcado de foto que había tardado tanto en colocar con su teléfono. Solomon no pudo contener un sonido de sorpresa que posiblemente se escuche en su video. Asmodeus, por otro lado, sintió que su cometido fue logrado y una gran sonrisa le atravesó la cara mientras seguían cantando, sacó el micrófono del pedestal y se acercó a la chica, ésta haciendo lo mismo que él, se tomaban las manos, como si quisiesen hablarse mediante la canción, cantaban mirándose a los ojos, sonriéndose el uno al otro como si ya hubiesen practicado esta canción desde hace mucho. El avatar de la codicia sacaba fotos mientras todo ocurría, pero algo en su pecho lo hacía sentir mal, notando que entre Asmodeus y Soje había la misma química que notó cuando Satan y Soje tocaron juntos hace un par de días. ¿También música? Pensé que sólo podían tener en común la mierda de gusto por los peinados raros, pensó con un aire de tristeza en la mirada, tratando de no prestarle atención y desviando el pensamiento en el show de su hermano y su… la humana.
La canción seguía, y la gente estaba como locos gritando los nombres de los cantantes, logrando averiguar de alguna forma el de la chica. Las luces rosas se acumulaban en el escenario, logrando un ambiente surreal a simple vista de Soje, juntando también la adrenalina del momento por cantar en público y el alcohol que aún recorría su cuerpo, añadiendo además la compañía de el avatar de la lujuria, que le generaba un encierro entre ellos, ella a ratos olvidaba que había gente observándoles, o que las luces no eran naturales, o que el mareo era por otra cosa que no fuese el propio Asmodeus y su hechizo que permite encantar a cualquiera que él viese a los ojos que por fin hace efecto gracias a la voluntad disminuida de la chica gracias a los vasos cargados de vodka que bebió antes junto a uno que otro vaso de whisky que le dio Solomon y algunos sorbos de Demonus robados desde el vaso de Mammon. Una burbuja en la cual sólo estaban ellos cantándose al otro, amplificándose en la parte tranquila de la canción, utilizando este momento Asmodeus para acercarse más y más a la muchacha y juntar la punta de su nariz con la de ella mientras cantaban tranquilos, haciendo que la muchacha sintiese un rubor le golpeara las mejillas, pidiendo que por favor las luces ocultaran aquello, y unos escalofríos en la columna, haciéndola estremecer mientras su corazón latía cada vez más rápido. Los ojos de la chica se habían hundido en los color oro rosa del demonio, casi dejándose llevar por la sensación de embobamiento; separándose de él al notar que el ritmo de la canción iba aumentando poco a poco de nuevo, reincorporándose a la posición en la que se encontraban antes de aquel suceso. Volviendo a la realidad, ambos cantaban al público, lanzándose miradas de vez en cuando entre ellos mientras terminaban la canción, logrando que la gente gritara más y más, mientras la muchacha trataba de mantener la compostura y lanzaba sus nervios en las partes potentes de la canción y así desestresarse lo que quedaba de melodía, terminando finalmente ambos.
Recibieron una ovación por parte de los oyentes, ambos tratando de recobrar la respiración. Asmodeus estiró los brazos hacia arriba, lanzando besos y agradeciendo enormemente el apoyo del público. Soje, mientras tanto, empezó a caminar a la escala del escenario y escapando de la vista de la gente, yendo Mammon y Solomon a verlos.
—¿Acaso tampoco tenías pensado decirnos que cantabas? En serio, ¿no me ibas a contar a mí, EL Gran Mammon? —dijo el demonio peliblanco apenas vio a la de ojos violeta y le pasaba un brazo por encima de los hombros.
—No, no quería que nadie se enterara —murmuró la chica mirando al suelo. Mammon soltó un suspiro y le revolvió levemente el cabello a ver si le subía un poco los ánimos, escuchando una pequeña risa y sintiéndose realizado. Al ver llegar a Asmo, dejó de abrazar a Soje y se acercó peligrosamente a su hermano menor.
—¡Hey! ¿Qué fue toda esa mierda de acercarte a ella y parecer que la ibas a besar? —dijo Mammon, con claro tono de autoridad.
—No deberías ponerte celoso si alguien coquetea con Soje si tú no haces ningún movimiento por ella —burló Asmodeus, mientras pasaba de él y abrazaba a la chica por atrás—. Además, no iba a hacer nada que ella no quisiera —añadió mientras sonreía. Los gritos de Mammon no se hicieron esperar, haciendo que Soje volviese a sentirse bien con que la fiesta estuviese volviendo a la "normalidad".
—Maldita resaca… —se escuchó en la mesa de desayuno al día siguiente tres voces a coro que demostraban lo bestial de la fiesta.
—He de decir que me sorprende saber que se comportaron y llegaron a buena hora —dijo Lucifer, dando un sorbo a su taza de té.
—La cantidad de fotos que subieron ustedes tres más Solomon y Ezaeur no tiene nombre. ¡Aún aparecen cada vez que entro a Devilgram! —Leviathan exclamó, mostrando su teléfono en la cara a Mammon, recibiendo un quejido por parte del peliblanco.
—Además de los videos que están rondando por todos lados de Soje y Asmo cantando, están haciendo furor en internet —añadió Belphegor, mostrando un blog de chismes donde tenían una foto de los cantantes en el inicio y "¿Acaso nuestro bello diamante en bruto encontró su propio diamante con quién brillar?" como título sensacionalista.
—¡Y una mierda encontró! Odio los blogs de chismes —sentenció Mammon, bajando con su mano el D.D.D. de Belphie.
—También hablaron de ti: "Mammon: ¿nuestro modelo favorito pasó su primera fiesta sin ligar con alguien? ¿Alguien ya se habrá ganado su corazón sin siquiera nosotros saberlo?". Vaya, estas demonios están al tanto de todo. ¿De verdad no ligaste con nadie? —dijo Satan mientras leía el artículo de manera rápida—. Acá dice que en toda la noche te mantuviste al margen de las "bellezas de la noche" —enfatizó lo último con sus dedos haciendo las comillas.
—Insisto, odio los blogs de chismes… —dijo rendido el peliblanco, dejando descansar la frente en la mesa. El desayuno se mantuvo tranquilo de ahí en adelante, todos comiendo y charlando de manera tranquila. Ya cuando todos se levantaban a hacer sus propias cosas, el pelirosa se acerca peligrosamente a la muchacha y le abraza por atrás.
—¡Sorpresa! Aún me duele la cabeza como no te imaginas, pero siempre hay un buen momento para abrazarte, y espero que pienses lo mismo hacia mí —dijo con la cara reflejando alegría—. Quiero darte las gracias por cantar conmigo ayer. No sabía como reaccionarías, pero quiero que sepas que estoy muy agradecido.
—Y yo debo darte las gracias a ti, Asmo. Con esto pude darme cuenta de otra faceta mía que no sabía que tenía. Pero por favor, no lo vuelvas a hacer sin decirme antes —dijo Soje, cruzándose de brazos frente a Asmodeus.
—¡Lo prometo! Además —musitó mientras se acercaba peligrosamente a la cara de la chica, pasando a su oreja—, me alegra saber que tenemos algo más en común, además de una aparente atracción como la de anoche —susurró en el oído de la pelimorada, causando un escalofrío y un rubor en la cara de la chica, para luego depositarle un cálido beso en una de sus mejillas—. ¡Espero se pueda repetir! —finalizó mientras se alejaba de la chica, dejándola parada en su lugar, inmóvil y tan roja como un tomate, colocando ambas manos en sus mejillas, notando el ardor de estas.
—¡ASMODEUS!
