CAPÍTULO 15

Día uno de vivir con Shaoran, hemos pasado todo el día los tres juntos, mi amor le ha dado el día a la tal Rika, Qianj se ha mostrado amable aunque algo en su mirada no me agrada, es como si estuviese escondiendo algo, dejo pasar mis sospechas y me dedico a convivir un poco más con él.

Shaoran ayuda a que la convivencia sea buena, debido a que no se ha marchado para nada, ayudamos al pequeño con sus deberes del colegio, claro que no necesita ayuda, él solo lo hace y de manera rápida, Shaoran y yo solo revisamos los resultados y le hacemos compañía.

Al caer la noche, es nuestro momento, Qianj está durmiendo, por lo que entre tropiezos, besos y caricias nos vamos a la habitación, él intenta silenciarme sin éxito, mi risa me gana, no puedo evitarlo, esto es de locos.

–Calla… o Qianj despertará… –dice mientras posee mi boca–

Hoy no parece tener mucha experiencia, lleva batallando con mi sostén un buen rato lo que hace que vuelva a reír, trato de recuperar la compostura, lo empujo a la cama y es mi momento, le guiño un ojo y comienzo a moverme frente a él, ni yo misma me creo estar haciendo esto.

Entre movimiento y movimiento me voy quitando la ropa, le lanzo mi sostén, mismo que atrapa mientras en su mirada hay puro deseo, una vez me he quitado toda la ropa, me acerco lentamente a él, me muerdo el labio inferior y lo insto a que pose sus manos en mi cintura.

–¿Segura necesitabas clases de seducción? –pregunta con voz ronca–

–Calla… o harás que me detenga… –imito su actitud de hace un momento y me lanzo por sus labios–

De un momento a otro, Shaoran me recuesta en la cama sin despegarse de mí, sus manos aprietan y masajean mis pechos haciendo que emita pequeños gemidos, y de un momento a otro lo siento entrar en mí, ¿en qué momento se quitó la ropa? No lo sé, solo sé que ahora lo siento en cada movimiento que da, con sus besos trata de silenciarme, aunque claro, cuando baja a besar mi cuello no hay nada que lo pueda evitar, por lo que jalo una de las almohadas y la pongo en mi cara, de esta manera amortiguo mis gemidos.

Siento algo creciendo en mí, los movimientos de Shaoran son cada vez más rápidos, hasta que no puedo más, me vuelvo a tapar la cara con la almohada y me dejo llevar por todo, un instante después, Shaoran me acompaña solo que él se deja caer en mi cuerpo, se entretiene un poco con mis pechos.

–Esto ha sido lo mejor que he hecho –expresa luego de un momento en silencio–

–¿Hacerlo a hurtadillas de tu hijo? –comento mientras juego con su cabello desordenado–

–Sí, jamás creí verme en esta situación… aunque, esto será así todos los días…

Eso suena completamente prometedor, lo intento jalar hacia a mí, hasta poder llegar a sus labios y besarlo con todo el amor que siento por él, aunque fue un pésimo movimiento, ya que Shaoran vuelve a explorar cada rincón de mi cuerpo, haciendo que la temperatura de ambos suba y terminemos con otra sesión fantástica de sexo y amor.

Llevo una semana viviendo con Shaoran, una semana que ha sido un caos entre Qianj y yo, la tregua finalizó sin previo aviso, aunque no me ha metido en problemas con Shaoran, pero tampoco se toma la molestia de disimular su malestar, cuando paso cerca de él me mete el pie, es un grosero cuando estamos a solas porque en cara de su papá es el ser más amoroso del planeta.

Yo sigo desempleada, por lo que las tardes me quedo en la casa ordenando la habitación que comparto con Shaoran o jugando con Spi, cualquier cosa que no sea toparme con el niño del demonio, lo último que quiero es meterme en problemas por su culpa o meter la pata sin darme cuenta.

Hoy he decidido ponerme a leer un momento, de todos modos, está la famosa Rika cuidando del pequeño Maquiavelo, por lo que me pongo mis audífonos y me concentro en la lectura que está muy buena, una novela trágica de dos amantes que no pueden estar juntos, ella encerrada en una torre estilo Rapunzel y él buscándola reino tras reino sin éxito alguno, una batalla se suscita en el camino del caballero ambarino, dejándolo mal herido, lo cual hace que se refugie en las profundidades del bosque, y es ahí en donde conoce a una joven que lo ayuda a curarse… toda una tragedia y un enredo amoroso.

El sonido de mi móvil me saca de mi mundo de lectura, me quito los audífonos y me dispongo a leer el mensaje que me ha llegado, una sonrisa aparece en mi rostro.

Shaoran – 16:43 "Llegaré tarde, no me esperen para cenar"

Shaoran – 16:44 "P.D. Te amo, muero por tus besos"

Pese a que vivimos juntos, Shaoran es muy romántico conmigo, cada día me enamoro más y más de él, claro que hay sus momentos en los que me dan ganas de darle un par de cachetadas, a ver si así se da cuenta de lo que me hace su hijo.

Yo – 16:46 "Le aviso a Qianj"

Yo – 16:47 "Cuando llegues solucionamos lo de los besos"

Dejo el móvil a un lado y me levanto de la cama para ir en busca del pequeño demonio, voy a su habitación, pero no está, camino silenciosamente por la casa para escuchar su voz hasta que lo logro, está conversando con alguien en la cocina, me voy acercando sin hacer ruido, parezco chismosa, pero no me importan, mientras más sepa de él es mejor.

–Te dije que solo vendría para quitarte tiempo con tu padre, cada día llega tarde y no convives con él –no doy crédito a lo que estoy escuchando, me asomo un poco y es la famosa Rika quien está hablando, ¡por ella ese niño no me soporta! –

–La odio, no la quiero en mi casa –escucho a Qianj– mi padre ni se ha acordado de mi cumpleaños, para estos días ya tiene algo preparado para mí –espeta–

–Sigue haciéndole la vida de cuadritos, terminará yéndose y volveremos a ser nosotros tres como debe de ser.

La escucho y me hierve la sangre, ¡cómo es posible que esté envenenando así a un niño de casi siete años! Ya decía que no era posible que a Qianj le nazcan esos malos sentimientos hacia a mí, esta loca le está llenando la cabeza de mentiras.

Respiro hondo y me alejo un poco de la cocina, lo último que quiero es que sospeche que he escuchado su conversación, ya habrá tiempo para desenmascararla, por ahora me haré la que no sabe nada.

–¡Qianj! –camino por el pasillo para llegar hacia la cocina– al fin te encuentro, dijo tu papá que llegará tarde, Rika que la cena esté lista para Qianj a la hora de siempre –me dirijo hacia la arpía–

–Si, ¿algo más? –hoy si ha mostrado su desagrado hacia a mí esta tipa–

–Es todo por el momento, Qianj, te tengo una sorpresa ¿me acompañas a la habitación?

El niño voltea a ver a Rika como pidiéndole su permiso ¡Esto es el colmo de los colmos! Y para rematar el asunto, la tipa asiente sutilmente dándole aprobación a Qianj, estoy a nada de lanzarme hacia ella y sacarla, más me contengo, necesito conseguir pruebas para que Shaoran me crea, ya que en sus narices ambos son un amor y no rompen un plato.

Una vez Qianj se acerca a mí, lo tomo de la mano y lo dirijo a la habitación, una vez entramos tomo mi tableta y encuentro la página de internet que estuve checando hace unos días con Tomoyo para encontrar un regalo adecuado para él.

–Sé que se acerca tu cumpleaños y me encantaría darte algo que te guste y te haga feliz y…

La reacción del niño me hace callar, me mira con demasiado odio que me podría estar matando mentalmente.

–Si quieres verme feliz vete de mi casa no te quiero aquí –espeta, me duelen sus palabras, y más sabiendo que es por culpa de la arpía que lo cuida–

Dejo aun lado la tableta, ¡serenidad ante todo! Lo último que quiero es discutir con un niño de seis años.

–¿Por qué? ¿Qué te hice? –lo cuestiono a ver si de esta manera él mismo se da cuenta que no está justificado su comportamiento–

No dice nada, se da la vuelta sobre sus talones y se marcha, al menos espero que esas preguntas las tenga en su cabeza y se dé cuenta que yo no soy su enemiga, en realidad yo quiero su bienestar.

Unos besos en el cuello hacen que me remueva, tengo demasiado sueño, pero parece ser que a mi novio no parece importarle mi descanso, me quejo hasta que siento como va acariciando una de mis piernas, algo se ha despertado en mí, gimo por lo bajo, no puedo ser escandalosa teniendo en cuenta que la habitación de Qianj está junto a la nuestra.

–Shaoran –digo en un susurro–

Sus besos bajan a mis pechos, ahora sí que he despertado, poco a poco va bajando hasta acomodarse entre mis piernas, el muy bellaco me mira con malicia antes de bajar y pasar su lengua en mi centro, me tengo que morder el labio para no gemir, algo que me está siendo imposible, tomo la almohada que está a un lado y me tapo la cara para amortiguar mis gemidos, acción que ha sido costumbre en estas situaciones.

Me arqueo, gozo, lo disfruto, Shaoran sí que sabe lo que hace, siento algo a punto de estallar en mi interior cuando él se detiene, protesto apartando la almohada de mi cara, él parece estar divertido con la situación, ¡estaba a nada de llegar y se detiene!

–¿Por qué te detienes? –cuestiono haciendo un puchero–

Shaoran se ríe y atrapa mis labios en el camino, se acomoda sobre mí y es cuando lo siento entrar en mi interior, comienza a moverse muy lentamente despertando lo que dejó en el limbo hace un instante, me muevo exigiendo más, quiero sentirlo mucho más.

Él gime, yo gimo, somos uno solo en estos momentos, y cuando siento que no podré más, vuelvo a poner la almohada en mi cara para amortiguar el grito al llegar al clímax, Shaoran se sigue moviendo hasta que de repente él llega y se deja caer sobre mí, esto ha sido un delicioso despertar.

Nos quedamos así, tratando de recuperar el aliento, por mi parte, me pongo a jugar con su cabello castaño, aún recién levantado es el hombre más atractivo del universo.

–Feliz cumpleaños –dice con dificultada–

Me suelto a reír, había olvidado por completo la fecha y esta manera de recordármelo ha sido épica, no creo olvidarlo, me mira confundido y no está para más, parezco loca riéndome.

–Lo siento, gracias –contesto al tranquilizarme de la risa– es el regalo más delicioso que he tenido –reclamo sus labios de la misma manera que él hace con los míos cuando quiere–

–Podemos despertar así todos los días –responde tras acabar el beso–

–Me encanta la idea –digo casi ronroneando, él se remueve un poco haciendo que gima, hasta que se termina saliendo de mi interior–

–Te tengo preparada una sorpresa, ya quier… –le coloco un dedo en sus labios para que deje de hablar–

–Prefiero que pases el día con Qianj, yo iré con mi hermano, llega hoy a Tokio –me levanto de la cama y voy a un cajón en dónde guardé el regalo de Qianj– le compré esto, pero prefiero que tú se lo des –comento tras darle el regalo envuelto–

–Entiendo, pero estarás aquí en la noche ¿no? Quiero pasar este día contigo también –me abalanzo a sus brazos y lo beso, es la única manera de demostrarle como aprecio sus actos–

–Por supuesto que estaré aquí, pero más tarde… no quiero que nada cambie entre tú y Qianj.

La realidad es que si me parte el corazón, pero entiendo que antes que nada él es papá y necesita pasar este día con su hijo, si de por sí me odia, el hecho que yo le robe el protagónico para este día sería mi entierro con él.

–Vamos a despertarlo juntos, solo eso –Shaoran aparta mi cabello de mi cuello para después depositar pequeños besos que me hacen estremecer–

–De acuerdo, deja que me asee un poco –lo aparto antes de que comience una nueva ronda–

Corro al baño, aún sabiendo que él es rápido, me alcanza y terminamos entrando a la ducha, entre besos acabamos por asearnos, cuando por fin logro apartarlo de mí, encuentro la ropa con la que estaré en el día, unos jeans ajustados y una blusa blanca con detalles rosas de tiras, me ato el cabello en una media coleta y listo, he terminado de arreglarme.

–Pareces una bibliotecaria sexy con esos lentes, solo por eso no los he tirado –su confesión me hace reír–

–Vamos a felicitar a Qianj…

Shaoran saca una caja debajo de la cama con envoltura de regalo, luego toma mi mano y nos vamos a la habitación del niño, Shaoran entra, son las ocho de la mañana y el demonio no ha despertado, esto es raro, observo a distancia como él se acerca a su pequeño y le susurra algo, el pequeño Maquiavelo despierta y lo abraza, es una escena conmovedora.

–Feliz cumpleaños –dice tras pasarle la caja–

Qianj lo rompe todo en cuestión de segundos, después de todo es un niño, al abrir la caja, aparece una consola de Nintendo y videojuegos del año. Me voy acercando a ellos lentamente, no quiero interrumpir su felicidad.

–Feliz cumpleaños Qianj –digo una vez he llegado a ellos, le extiendo el obsequio que he conseguido para él, el cual no es una consola de videojuegos, pero no se me ocurrió más que darle–

–No quiero nada de ti –espeta–

–Entiendo… –me dirijo a Shaoran– nos vemos más tarde.

Salgo con todo y el obsequio que le he comprado un Nintendo switch con dos juegos incluidos, y creo que el gasto fue completamente en vano, tomo mi juego de llaves y dejo el regalo en la mesita de la sala, si bien no tengo una buena relación con el niño, me ha dolido su desplante, aunque claro, lo último que quiero es que lo reprendan en su día.

Camino como si me estuviese persiguiendo un asesino en serie o qué se yo, el caso es que no me detengo, salgo de la privada y espero pacientemente a que pase algún taxi, mi móvil comienza a cobrar vida, el nombre de Shaoran aparece en la pantalla, más lo ignoro, no quiero hablar ahora, al menos hasta que se me pasen las ganas de llorar.

–¡Feliz cumpleaños! –dice Touya a penas me ve– no te ves muy alegre ¿pasó algo? ¿supiste de mamá y papá? –pregunta sin descanso–

–Nada, solo me entristece que no estén ellos cuando dijeron que estarían aquí –respondo melancólica– ni siquiera me han llamado.

–Verás que te llaman más tarde o te envían un mensaje –dice para consolarme–

Touya me abraza, al menos tengo a mi hermano en este día, aunque claro pude haber ido con Tomoyo y ambas acabaríamos en un bar, pero es mejor pasarla con mi hermano, por el momento es todo lo que necesito para sentirme bien.

Las horas pasan, entre plática y el pequeño picnic que organizó para nosotros dos se me pasó muy rápido el tiempo, él se ofrece a llevarme hasta casa para saber en dónde me quedo y poder quedarse más tranquilo, algo que acepto, un instante más con mi hermano no es malo.

–Aquí es… –digo tras llegar a casa de Shaoran–

–¿Vives aquí? –cuestiona– dime que no andas con un anciano –su cara de súplica me da gracia–

–Para nada, es joven y muy guapo, me ama y yo a él, pensaba presentárselos a mamá, papá y a ti en una sola exhibición, pero pues no se ha podido –respondo restándole importancia al asunto–

–Bien, te llamo mañana, monstruo… descansa.

–¿No lo quieres conocer? –cuestiono–

–Mejor lo presentas cuando estén mamá y papá, así tendrán testigos si pasa algo –le doy un golpe en el hombro por su comentario–

Me despido con un abrazo de él, camino para entrar a la casa, no quería que llegara este momento, debí de irme a casa de Tomoyo o a mi departamento, solo una noche, despejo esas ideas de mi cabeza y entro, todo está a oscuras, enciendo la luz del pasillo y voy a la habitación, nadie, no hay nadie en la casa.

Al menos uno de los dos se está divirtiendo en su cumpleaños, dejo mis pertenencias en un lado y busco algo de ropa cómoda, un buen baño y a dormir, me acerco hasta el espacio de Spi, pero no está, es raro, no lo escuché en la mañana, dejo mi ropa en un lado y comienzo a llamarlo.

–Spi…

Digo como si fuese a responderme, paseo por la casa, pero no hay señales de él, su cascabel no tintinea y tampoco escucho su ronroneo ¿en dónde está? Salgo de la casa y camino a los alrededores, sin éxito, no está, no lo encuentro… ¡mi gato ha desaparecido!

Hoy sí que no ha sido mi día, con los pocos ánimos que me quedan regreso a la casa, igual y mañana aparece, me meto al baño, pongo algo de música mientras espero que se llene la bañera. Me inclino un poco para echar un poco de esencias al agua cuando de repente la música se deja de escuchar.

–¿Hace rato que llegaste? –me doy la vuelta, Shaoran está frente a mí, tan guapo como de costumbre–

–Más o menos, ¿qué tal se la pasó Qianj? –vuelvo a lo mío, tener la bañera lista para mi baño–

–Bien, le organicé una fiesta en un restaurante de comida que le gusta, pero me hubiese gustado tenerte ahí conmigo –comenta–

–Lo importante es que él se la haya pasado bien –cambio el rumbo de la conversación–

–¿Y tú? ¿La pasaste bien?...

Me quedo en silencio, si la pasé muy bien, aunque me hubiese encantado quedarme con Shaoran, claro que también me tiene melancólica el hecho de no haber recibido algún mensaje de mis papás.

–Sí… –miento– tuvimos un pequeño picnic, platicamos por horas como hace mucho que no hacemos, necesitaba ver a mi hermano –termino de relatar mi corto festejo–

–Te tengo un obsequio –le cierro la llave a la bañera y me giro para mirarlo–

–No necesito nada, lo mejor que me puedes dar es tu compañía.

Una sonrisa aparece en su rostro, me encanta verlo sonreír; también enarca una ceja y me mira, esta vez traigo ropa así que no sé qué es lo que observa con atención.

–Yo te quiero dar algo –extiende su mano– ven, te lo doy en la habitación…

Dudo un instante, luego de hacerlo sufrir un momento le tomo la mano y ambos vamos a la habitación, él me hace sentarme en la cama mientras busca entre sus cosas, cuando se acerca a mí, me entrega una pequeña caja, le quito el empaque y la abro con mucho cuidado, un hermoso collar con un corazón en el centro aparece.

–Se puede abrir… –se sienta a mi lado y lo abre, enseñándome que está vacío– cuando encuentres una foto se le puede mandar poner, para ajustar el tamaño –me explica–

–En ese caso, quiero una foto de nosotros –propongo– y Qianj –termino de decir–

–Eres única, te amo amor mío…

Y esta palabra al final es sellada con un beso.

Veo a Shaoran correr de un lado a otro con el móvil en las manos, me acerco a él y trato de tranquilizarlo, hasta que me cuenta lo que ha pasado, al parecer Qianj a despertado con fiebre y el pediatra no responde las llamadas.

–Shaoran, así no solucionarás nada –voy a la cocina y lleno un recipiente con agua, tomo unos paños y voy a la habitación del niño, está tiritando de frío y la sábana está al otro extremo, supongo que Shaoran se lo quitó–

Me acomodo a su lado, le hago a un lado el cabello que tiene en al frente y le pongo el paño húmedo, sus mejillas están rosadas, Shaoran entra mientras habla con alguien, le dice la temperatura del niño, al poco rato la finaliza y se queda a mi lado.

–Sakura, esto nunca le había pasado –dice casi frustrado–

–¿Seguro? Tener fiebre es normal –le quito el paño para humedecerlo nuevamente–

Cuando el médico llega, la temperatura ya le ha bajado un poco, le pone una inyección al niño que lo hace llorar, una vez se aparta el médico lo acuno entre mis brazos y lo arrullo, después de todo, es un niño. Shaoran se acuesta del otro lado, los tres nos quedamos todo el día así.

Shaoran deja de lado su trabajo y yo falto a la universidad para poder quedarme con ellos, poco a poco se va recuperando, se va removiendo entre nosotros, le doy un beso en la frente antes de apartarme de él, lo último que quiero es grite al verme a su lado.

Han pasado días de la fiebre de Qianj, también, sigo sin saber de Spi, no está por ningún lado de la casa y me preocupa, mis papás regresaron de su viaje el cual resultó ser como una segunda luna de miel, no me disgusta esa idea, lo que no me agradó es que se hayan ido sin avisarnos a Touya y a mí.

La universidad al fin la he acabado y soy libre, ahora solo me falta conseguir empleo, no me gusta estar dependiendo de nadie y mucho menos de Shaoran, al fin y al cabo solo es mi pareja él no tiene el deber de mantenerme, no estamos casados.

–Sakura, hoy te preparé esto –dice Qianj acercándose a mí con una bolsa– espero que te guste.

Tomo lo que me está ofreciendo, son unas galletas que parecen ser de chocolate, últimamente se ha estado mostrando más tranquilo el pequeño Maquiavelo.

–Gracias, Qianj –le invito y él toma una galleta y se la come, al menos sé que es comestible, agarro una galleta y muerdo un pedazo, mastico un poco hasta que siento bien los sabores, escupo la galleta y corro a la habitación, ¡tiene canela y nueces!

Busco entre mis cosas las pastillas, ¡no las encuentro! Comienzo a sofocarme y no es que esté exagerando, mi vista comienza a nublarse, escucho que me llaman, pero no puedo responder, hasta que me sumo en una completa oscuridad.

Me duele el cuerpo, escucho un beep beep constante, abro mis ojos, no sé en dónde estoy, intento moverme y siento que alguien me regresa, enfoco bien y veo a Shaoran, tengo sed, estoy desorientada, ¿qué me pasó?

–Shaoran… –mi voz suena rasposa, quiero levantarme y él no me deja–

–Descansa, todo está bien –me remuevo incómoda, poco a poco voy recordando lo que pasó, me comí un poco de las galletas que me dio Qianj–

–¿Qué me pasó? –me hago la amnésica para saber qué le han dicho a Shaoran–

–Te intoxicaste, sabes que no debes de comer cosas con nueces y canela, ¿por qué te compraste esas galletas? –¿Me está reprendiendo? –

Wow, wow, wow, ese mocoso dijo que yo me compré esas galletas, no puedo darle todo el crédito, la bruja de Rika debe de tener algo que ver en todo esto y de alguna manera lo voy a descubrir, ya ha sido demasiado lo que está haciendo.

No le digo nada a Shaoran, simplemente cierro mis ojos he intento descansar, cuando despierto, el médico ya me da de alta lo que agradezco, detesto los hospitales, me visto con ayuda de Shaoran, aunque claro, él se aprovecha de la situación, al punto que me lleva cargada hasta el auto, todos en el hospital nos miran, para ocultar mi pena me escondo en su pecho, no puedo con él.

Al llegar a su casa, Qianj está en la sala de estar, ni siquiera tengo ganas de mirarlo, ¡me pudo haber matado! Aunque como he dicho, no todo es su culpa, desvío la mirada, es más interesante ver la pared que a él.

El pequeño Maquiavelo no dice nada al verme, ni siquiera a disculparse o preguntar cómo sigo, de verdad que esa bruja lo tiene muy bien manipulado, me excuso con Shaoran y me voy a recostar, necesito tiempo para mí y procesar lo que pasa, sobre todo sopesar la idea de que ese niño jamás me aceptará.

NO OLVIDEN DEJAR SUS COMENTARIOS :)