"Este fic participa en el minirreto de enero para la Copa de la Casa 18/19 del foro La Noble y Ancestral Casa de los Black"

Mi personaje es Neville Longbottom


Ocurrió durante una inusualmente fría mañana de abril en Hogwarts.

El sol a penas había salido, por lo que solamente los estudiantes más madrugadores se encontraban en el Gran Salón desayunando.

Neville Longbottom, tímido y callado como de costumbre, se sentaba solo en un extremo de la mesa, sintiéndose privilegiado al poder disfrutar de un momento de paz y tranquilidad.

Aunque no por mucho tiempo.

Las puertas del comedor fueron atravesadas por un grupo de alborotadores que, nada más entrar, fijaron su objetivo.

—¡Pero mirad a quién tenemos aquí! Si es Lagartija Malfoy...

Neville suspiró y tuvo que luchar contra la necesidad de entornar los ojos. No le gustaba lo que escuchaba, pero al menos contaba con la suerte de no ser una de las dianas habituales de Potter y su pandilla. Él mismo no hubiera soportado siete años de acoso diario, y posiblemente por eso sentía pena por el enclenque de Draco Malfoy.

Observó durante unos minutos cómo se divertían con el Slytherin, insultando su pelo rubio demasiado engominado o su pálida piel de aspecto enfermizo. Quizás se cansaron de no obtener ninguna respuesta del niño, o quizás sus estómagos empezaron a quejarse, porque sin previo aviso, se dirigieron a su mesa para tomar asiento y desayunar por fin.

—¿Habéis visto su cara cuando le has comparado con un fantasma? —dijo Ronald Weasley, el secuaz más cercano de Harry Potter, mientras forzaba una copiosa cantidad de huevos revueltos en ese agujero sin propósito al que llamaba boca—. ¡Eges genial, Hagi!

Potter simplemente apartó la mirada, asqueado por los trozos de comida que salían disparados como perdigones desde la boca de su amigo, y bebió un sorbo de su zumo de calabaza intentando ignorarle.

Sin embargo, tan pronto como el líquido atravesó su garganta, sintió como se le contraían los músculos y dejaba de respirar.

Un gimoteo sibilante fue lo último que se escuchó de Harry Potter, y tras dar su último aliento, su cabeza cayó de forma muy poco digna sobre el bol de cereales que tenía debajo.

El Gran Comedor se llenó de murmullos agitados, y mientras el resto de alumnos corrían para ver qué acababa de pasar con la estrella de Quidditch de la escuela, Neville Longbottom, experto herbologista, sonrió desde su apartado rincón en la mesa.

¿Quién hubiera pensado que una mezcla de Belladona y Tentácula daría unos resultados tan rápidos y efectivos?