Este fic participa en el minirreto de noviembre para La Copa de la Casa 19/20 del foro La Noble y Ancestral Casa de los Black
Mi personaje es Neville Longbottom.
(Espero acertar)
Creo que esta es la historia más corta que he escrito desde que participo en estos retos. Qué triste...
—Jovencito, ¡tira eso de inmediato! —ordenó Augusta Longbottom mientras retocaba la posición de su enorme y extravagante sombrero—. ¡Esas malditas cosas acabarán por pudrir tus dientes!
Neville, como de costumbre, simplemente agachó la cabeza y concentró su mirada en un punto del suelo, como si fuera lo más interesante que había visto en todo el día.
—¿Piensas ignorar a tu pobre abuela? —prosiguió la anciana mirando con altanería a su nieto y chasqueando la lengua con indignación—. ¡Y no creas que no sé que escondes todos esos envoltorios en el baúl de tu habitación! Sabes perfectamente que Mipsy me lo cuenta todo.
El joven, todavía sin levantar la cabeza, cerró los ojos con fuerza para evitar que se le escapara alguna lágrima rebelde, y se llevó la mano al bolsillo de la túnica, donde se escondía el Drooble que le acababan de dar.
—¿Acaso no vas a decir nada? ¡Por Merlín! ¿Qué habré hecho para merecer un nieto como tú? —lamentó la matriarca Longbottom llevándose el dorso de la mano a la frente en un acto de puro dramatismo—. ¡Mi Franky nunca me daba estos disgustos!
Neville sabía que este "disgusto" —como Augusta lo calificaba— no le duraría demasiado. De igual forma, pronto encontraría otra excusa para recriminarle. Había sido así durante toda su vida, y desde una temprana edad se había acostumbrado a ser la herramienta de desfogue de su abuela.
Tampoco es que la culpara.
Desde su punto de vista, la mujer había perdido a un luchador y había ganado una carga todo en el mismo día.
Por tanto, Neville intentaba cumplir con los mandatos de su abuela, incluso con los que le parecían caprichos totalmente inverosímiles.
Y, sin embargo, nunca fue capaz de tirar ni tan solo uno de los Droobles que le daba su madre cada semana.
