—Con esta medicina podrás volver a estar al 100%—exclamó Shinki, después de examinar a la azabache.

Sarada comenzaba a relajarse y eso beneficiaba a que se recuperara aún más rápido.

Días atrás, Shikadai le había dado una gran lección de vida. Una que había descuidado y que agradeció cada noche.

—Anímicamente te veo mejor—exclamó Chouchou y le regaló una manzana.

—Eso creo… —musitó y dio la primer mordida. La morena la miraba con entusiasmo.

—¿Verdad que son deliciosas? —sonreía.

—Muy rica—Sarada saboreaba la fruta y disfrutaba de la dulzura de ella.

Shinki se colocó su uniforme médico y tomó su maletín.

—Chouchou, necesito que me acompañes. Acaban de informarme que una chica se accidentó aquí cerca y debemos chequear qué tan grave es—la muchacha se levantó rápidamente, acarició el cabello de Sarada y buscó sus herramientas de trabajo.

Sarada sentía la presión de ambos respecto a su labor. Ellos realmente se esforzaban para ayudar a los demás.

Una vez lista su novia, Shinki se acercó a Sarada y exclamó:

—¿Te molesta si te dejamos sola?

La Uchiha comenzó a reír.

—No se preocupen por mí. Sé cuidarme sola—se sentó en su cama y sonrió.

Ambos respiraron profundo y salieron sin decirle nada más.

—Sólo… —Sarada recordó lo que era la soledad—tengan cuidado allá afuera —pensó.

La casa era tan triste cuando no había nadie…

Sólo tenían un televisor y, por momentos, no se podía ver la pantalla.

A veces se preguntaba por qué motivo no se compró uno nuevo, ya que siempre contaba con mucho dinero.

Realmente había cosas que no entendía. Como el hecho de que tuviera un consultorio improvisado en su casa. Que no contara con todas las maquinarias o herramientas que cualquier médico tendría.

Pese a ello, no quería pensar más o se sentiría insegura.

Sarada estiró su cuerpo y se levantó.

Sentía dolor en la parte baja de la espalda, así que caminó manifestando molestia en la zona.

Se dirigió a la cocina. Deseaba tomar algo caliente.

Encendió la cocina y colocó una jarra de metal con un poco de agua.

Comenzó a revisar en los muebles y no encontraba ni una sola taza.

Su cabeza dolía. No estaba acostumbrada a estar tanto tiempo sin sus lentes.

—No sé cómo haré, pero los necesito—exclamó mientras masajeaba su frente.

Divisó un mueble en la parte superior de la mesada.

Pensó que allí debían estar los demás utensilios que no encontraba.

La jarra comenzó a hervir y la apagó.

Fue hasta la sala y buscó una silla. La llevó hasta la cocina y se subió en ella.

Tenía razón.

Las tazas, vasos, platos y demás, se encontraban en ese lugar.

—¡Maldición! ¿Por qué inventan estos muebles tan altos? —renegaba mientras intentaba alcanzar las tazas que se encontraban tras una pila de vasos.

—A lo mejor no están hechos para niños… —exclamó una voz detrás suyo, asustándola de tal modo que acabó tirando los vasos.

Los vidrios se esparcieron en el suelo. El calzado de Sarada se había llenado de las pequeños fragmentos de los vasos rotos.

Sarada cerró los ojos y colocó sus manos en la cabeza.

—¡GRANDÍSIMO IDIOTA! ¿¡CÓMO VAS A ASUSTARME DE ESE MODO!? —refunfuñaba.

Shikadai llevó la mano a su frente y mordió su labio inferior.

—¿No era más sencillo pedir ayuda? —buscó un recipiente y colocó los fragmentos más grandes allí.

—Pues, hasta donde supe, no había nadie más que yo y la misma soledad—mascullaba.

Shikadai levantó la cabeza y observó a Sarada, divirtiéndose por la actitud nerviosa de la chica.

—Entonces, de ahora en adelante seré un fantasma—bromeó.

Sarada se mostraba más molesta que nunca.

Por culpa de Shikadai, había cometido un error garrafal, ya que no contaba con dinero para reponer lo que había roto.

Shikadai se acercó a ella y estiró sus brazos. Sarada estaba confundida, no entendía lo que el Nara pretendía.

—Si no te subís, se me cansarán los brazos… —exclamó, desviando la mirada.

—¿¡Y por qué debería hacerlo!?

—¡Porque tu estúpido calzado está repleto de pequeños fragmentos de vidrio que te cortarán las patas! —espetó.

Pese a la forma en que lo dijo, las palabras de Shikadai sonaban chistosas. Su expresión y sus frases no llevaban la misma dirección, así que era difícil captar sus bromas.

Sarada abrió los ojos y tragó saliva. Lo que menos quería, era lastimarse nuevamente y menos por lo que había hecho.

No confiaba plenamente en el moreno, pero no tenía otra alternativa.

Resopló y estiró sus brazos, para que él la levantara.

—Sujetate fuerte, no quisiera rendirle cuentas a Shinki después de que te cayeras… —exclamaba con ironía, molestando a la Uchiha.

Pasó sus brazos alrededor del cuello del chico y sintió que caería.

—Levantá tus pies—indicó, ya que aún no había barrido y los pedacitos seguían allí.

Shikadai sujetó a Sarada y la llevó hasta su cama. Ella lo observaba con extrañeza.

Él era extraño en todo sentido. No entendía si bromeaba o si hablaba enserio.

A veces parecía hostil y en otros momentos, amable.

Como era en ese entonces.

Shikadai la sentó en su cama y respiró profundo.

—Perdón si te asusté. Sólo me causó gracia que hablaras sola… —rascó su nuca.

—¿Te dijeron alguna vez que parecés un idiota? —soltó la Uchiha en tono bromista, alertando el lado irónico del Nara, quién captó de inmediato la bomba que acababan de lanzarle.

Shikadai esbozó una sonrisa ladina y bajó la cabeza.

Ese tipo de juegos le gustaba, ya que con su primo o su novia no podía hacerlo. Ellos no comprendían su humor y, a veces, se enfadaban con él.

Sin embargo, Sarada era diferente. Ella no se mostraba enojada y, por el contrario, le seguía la corriente.

Sus palabras lo desafiaban, pero era muy arriesgado lo que podía decir o hacer.

—Idiota o no, al menos no destruí los preciados vasos de Chouchou que—levantó sus manos — ¡quiera el señor de arriba que ella no se enoje!—volvió a mirar a la chica y continuó: — Así como la ves de amable—susurró—, es un animal salvaje cuando se enoja.

El moreno dio media vuelta al notar el rostro atemorizado de Sarada.

Reía por dentro.

Él era un bromista por excelencia.

—Entonces… —musitó la chica— diré que fuiste vos. Ellos son tan buenos y amables que creerán en las dulces palabras de una chica lastimada—la actuación de Sarada era majestuosamente molesta para Shikadai—. Supongo que yo tengo más privilegios que un tipejo que no hace otra cosa más que fumar…

Esto último lo dejó sin palabras.

El motivo por el que el Nara fumaba era por el simple hecho de recordar su vida antes que todo se derrumbara.

No existía algo más deprimente para él que cerrar sus ojos y sentir el aroma a tabaco. Imaginar la voz de su madre regañando a su padre por fumar dentro de la casa y él mismo tosiendo por ese motivo.

Bromear con su tabaquismo, para Shikadai, era como burlarse de sus sentimientos y recuerdos hacia su familia.

—¡No te metas con un tema que no sabés! —la señalaba con su índice.

En ese momento, Shinki y su pareja regresaron y se asombraron por la presencia del Nara, quién parecía enojado.

—¡Yo no me meto en tus asuntos y pido lo mismo! —frunció el ceño y se dirigió rápidamente al patio.

Chouchou observaba la actitud de Shikadai y se lamentaba por ello.

Sarada no comprendía el comportamiento ni las palabras del moreno.

Chouchou fue tras el Nara. Shinki resopló y se quitó el uniforme.

—¿Qué sucedió con él? ¿Te dijo algo malo? —inquirió.

—No. De hecho, estábamos bromeando pero… —en ese instante recordó sus propias palabras y trató de ir tras él.

Al bajar los pies al suelo, se acordó que su calzado tenía vidrios. Sin pensarlo, fue hacia el patio, descalza y con la firme intención de hablar con él.

—¡No salgas así, Sarada! –las palabras de Shinki eran inútiles en ese momento.

La Uchiha sentía culpa. No sabía por qué, pero el sentimiento estaba.

Necesitaba escucharlo. Quería saber en qué se había equivocado.

Al abrir la puerta que limitaba la casa con el jardín, fue testigo de una conmovedora escena.

Chouchou se encontraba en el suelo, abrazando a un Shikadai destrozado. Él lloraba desconsoladamente y se aferraba con fuerza a la ropa de la joven.

—No lo guardes, sé que es complicado, pero no tenés que guardarte la tristeza. Entiendo lo dura que es tu situación, pero mostrarte insensible no te ayudará—la morena acariciaba la cabeza del Nara y mantenía sus ojos cerrados.

—Ya no me importa nada, Chouchou. Estoy solo… —exclamaba entre sollozos— Mis padres y los Uzumaki fueron borrados del mapa. Solamente quedo yo para encontrar la verdad—cerraba sus puños.

Esto último hizo que Sarada se interesara por la conversación.

¿Qué clase de relación tenía ese chico con la familia de su novio?

La Uchiha agudizó su oído y trató de captar la conversación.

Shikadai soltó lentamente a la Akimichi y exclamó:

—Estuve pensando seriamente esto y estoy muy cansado de huir. No soy un delincuente y, mucho menos, un cobarde. Ya no queda nada más en este mundo que ustedes y la empresa de mi padre—secó sus lágrimas y agravó su voz—. ¡Lucharé por mi apellido!

Sarada se acercó a ellos.

Tanto Shikadai como Chouchou observaron la triste expresión de la Uchiha.

—Sarada… —Chouchou se dirigió rápidamente a la joven al notar que no traía calzado puesto— Vení que te prestaré algo para tus pies. Enfermarás si no… —intentó tomarle el brazo a Sarada pero ella se soltó de inmediato.

Caminó con firmeza hacia el Nara y clavó su mirada en los orbes aguamarina del chico.

—¿Por qué estás aquí? —inquirió en voz baja. Sentía vergüenza por su estado emocional.

Sin embargo, algo más le preocupaba al Nara: Sus propias palabras.

—Gracias, Chouchou—agradeció con una sonrisa y volteó directamente a Shikadai—. Necesito hablar a solas con él.

La morena se asombró ante la petición de la azabache. Tapó su sonrisa con su mano y disimuló carraspeando su voz.

—Está bien… —caminó en dirección a la casa y agregó: —Pero si este cretino te hace algo, me chiflás y vendré corriendo para golpearlo.

Chouchou se retiró y por dentro pensó: —Buena suerte, Dai.

Finalmente, la Uchiha y el Nara se miraban de un modo diferente.

Ella sentía curiosidad y necesitaba escuchar explicaciones. Él temía y sabía que no sería fácil la charla con la novia de Boruto Uzumaki.

—Y bien… —espetó. Se apoyó contra la pared y encendió un cigarrillo. Dio la primer calada y agregó: —¿Por qué querías hablar conmigo?

Sarada suspiró. Observó su mano izquierda y recordó la última noche con Boruto. Cerró sus ojos, tomó valor y dejó que su mente expulsara todo lo que necesitaba saber.

—Escuché lo que hablabas con Chouchou. No pude evitar interesarme en la conversación…—se excusó L joven— Necesito que me aclares aquí y ahora—se colocó frente a él y continuó: —¿Quién sos realmente?

En ese entonces, Shikadai comprendió la magnitud de las palabras de Sarada.

Finalmente, los roles se habían invertido, siendo ella la persona que lo acorralaba.

¿Sería capaz de retomar su vida, después de haber escapado años atrás?