Dentro de su aburrida oficina, Kawaki se encontraba terminando su labor.
Tenía una pila de hojas con estadísticas que debía trasladar a la planilla digital y le parecía lo más tedioso del mundo.
Resoplaba, fregaba sus ojos y bostezaba.
Sólo le quedaban dos facturas más y podría tomarse el día.
—¡Qué porquería! —exclamó y cerró su computadora.
Se recargó en su asiento, colocó sus manos en la nuca y miró al techo.
Recordó el mensaje de su amigo que, minutos antes, le había dado la noticia que tanto esperaba.
—Ya tengo su ubicación.
Eso era suficiente para incentivar a Kawaki. Por ese motivo, anhelaba irse lo más rápido posible.
Se acomodó y pulsó el segundo botón de su intercomunicador.
—Kakashi, necesito que vengas a mi oficina—exclamó y cruzó sus dedos.
No hubo respuesta del otro lado. Él se presentó algunos minutos después.
Abrió la puerta y mostró una expresión de fastidio.
A decir verdad, la presencia de Kawaki comenzaba a incomodarlo.
—Aquí estoy—espetó con su tono cansino.
—Bueno, necesito un favor tuyo—abrió nuevamente su computadora y llamó al peliplata para mostrarle lo que estaba haciendo.
Kakashi se ubicó a su lado, observando lo que el hombre le mostraba.
—Sólo faltaría cargar estos dos y nada más—expresó.
Kakashi resopló.
—Yo tengo muchísimo más trabajo. Deberías terminarlo y así podrías irte —él sabía que todo esa amabilidad venía únicamente para que él terminara su trabajo.
—Sólo por esta vez... —rogaba. Juntó sus manos en señal de súplica.
Kakashi cruzó sus brazos y cerró sus ojos.
Cuando estaba por responder, una de las recientes secretarias de Kawaki irrumpió en la oficina.
—Señor... —exclamó con nerviosismo.
Una gota de sudor caía por la frente de la chica castaña. El preocupante rostro que tenía, alertó al flamante presidente de UzuNara.
—¿Qué sucede, Wasabi? —suspiró e hizo tronar sus dedos por la impaciencia.
—Es que... —al ver la presencia de Kakashi, no sabía si era oportuno hablar o no.
Kawaki percibió su inseguridad.
—Es mi mano derecha. Sólo decime qué es lo que está pasando.
La chica respiró profundo y miró seriamente a Kawaki.
—Acaba de activarse una alarma de resguardo de equipo.
Extrañado por ello, Kawaki decidió interrogar acerca del tema.
Sin embargo, Kakashi sabía a qué se refería.
¿Cómo podría ser posible tal hecho, si sólo los que ocupan un cargo gerencial o ejecutivo podrían tener acceso a ella?
No le tomó mucho tiempo averiguarlo. Sólo podría ser él y nadie más que él.
—¿A qué te referís? —Kawaki comenzaba a mostrar su incomodidad.
—Es que... —tragó saliva—una de las computadoras de la empresa acaba de activar una alarma. Eso significa, que están buscando archivos que están bajo secreto aquí.
—¿Y cuándo ocurre exactamente?
—Cuando alguien está abriendo archivos fuera del área de cobertura. Es decir, fuera de estas instalaciones.
Kawaki se levantó de inmediato.
—Gracias, retirate—espetó.
La chica asintió y se alejó de la oficina.
Kawaki formó puños y golpeó la mesa.
—Kakashi, ocupate de ese asunto.
El peliplata respiró profundo.
—No te preocupes por ello—el peliplata tenía sus dudas, pero fue oportuno que Kawaki lo asignara para averiguar del caso.
—Antes de que hagas algún movimiento—añadió—, mostrame la ubicación exacta del lugar donde se activó esa maldita computadora.
Kakashi caminó en dirección a la salida. Se detuvo en la puerta.
—Acompañame.
Kawaki decidió seguirlo.
Kakashi lo guió hasta una oficina que se encontraba en el tercer piso de la empresa. Allí, tanto Wasabi como otros empleados, estaban a la expectativa de las medidas que tomaría Kawaki.
Al llegar, uno de los empleados, experto en informática, abrió un mapa en la computadora.
—Denki—saludó el peliplata.
—Señor Hatake, ¡Qué gusto es verlo por aquí! —al notar la presencia de Kawaki, su sonrisa se borró por completo—Señor Uzumaki, bienvenido.
Kawaki asintió y se adelantó para estar al lado del joven.
—Necesito la ubicación exacta de esa computadora—ordenó.
Denki acomodó sus lentes y fue achicando el rango del mapa que tenía en la pantalla.
Esa reducción mostraba que la ubicación era, exactamente, en unas pocas cuadras.
—Bien—resopló—. Kakashi, lo dejo en tus manos.
Kawaki se retiró enfadado. Jamás se había sentido tan ofuscado como ese momento.
Retornó a su oficina y sacó el celular de su bolsillo.
Buscó en la lista de sus contactos y realizó un llamado.
Lo bueno de eso, era que esa persona atendía rápidamente.
—Diga...
—En breve te enviaré una captura de un mapa. Necesito que ambos inspeccionen quién rayos está husmeando lo que no le importa.
—¿Solamente nosotros dos?
—Cuanto menos sean, mejor para ustedes. Pero si también deseás que te acompañe alguien más, adelante.
—Bien. Envíeme ese mapa y buscaremos a la rata que esta espiándolo.
Kawaki cortó el llamado y marcó la ubicación en el mapa del celular. Lo compartió con esa persona y apagó el aparato.
Buscó sus pertenencias y salió en busca de tranquilidad.
Llevaba las llaves en mano.
—Maldición... —masculló.
Al mismo tiempo...
—Shikadai, tenemos problemas—el celular que Shinki les había prestado, daba malas noticias.
—¿Qué sucedió? —inquirió Sarada, observando la concentración del Nara.
—Un vehículo acaba de llegar. Lo más sensato, sería que sólo fueran dos personas la que ingresen a ese lugar—la voz intranquila de Shinki, alertaba del peligro a Sarada.
—¿Entonces?
—Deberán salir de inmediato en cuanto les dé la orden.
Sarada miró a Shikadai. Este aún continuaba indagando en la computadora.
—Shikadai... —musitó con preocupación. Miró por la ventana y notó que una camioneta llegaba al sitio.
—Sólo dame 30 segundos más—exclamó mientras trataba de tranquilizarse.
Su corazón latía rápidamente. Sentía que esa adrenalina no era buena.
Debían escapar o sería demasiado tarde.
—Listo—cerró inmediatamente la computadora y la guardó en su bolso.
Se colocó su gorra, lentes oscuros y la barba falsa.
—¡Ahora!—expresó Shinki. Sarada sostenía el celular.
La azabache acomodó su peluca pelirroja y retocó su exagerado maquillaje.
Ambos vestían de negro. Ella con un vestido que llegaba hasta sus rodillas, con un pequeño escote y la espalda descubierta.
Él, por su parte, llevaba un traje oscuro. Su camisa tenía los primeros tres botones abiertos.
—Sarada, necesito que no olvides las indicaciones que te di—se paró frente a ella y pidió su mano.
Ella lo extendió y Shikadai colocó un usb en la palma.
—De esto depende nuestras vidas.
Shikadai tenía su determinación a flor de piel. Su aspecto serio hacía que la misión se tornara con mucha más presión que la que ya sentía.
—Es momento... —Shikadai abrió apenas la puerta y divisó la camioneta.
Había tres personas, dos hombres y una mujer.
Pero lo que más inquietó al Nara fue que, uno de ellos, era el mismo tipo que estaba en la cabaña.
—No puede ser... —musitó.
Sarada lo observaba con nerviosismo. Shikadai no solía acobardarse por nada, pero su rostro demostraba que el problema era más grande de lo que parecía.
—Deberemos recurrir al plan B—espetó y posó sus manos en los hombros de Sarada.
—¿Plan B?
En ese instante, recordó cada indicación del Nara.
—Pero... —Chouchou no comprendía la elección de Shikadai—¿Por qué tiene que ser ese lugar? No podías, simplemente, ir a un restaurante, no lo sé...
Sarada escuchaba atentamente el plan del moreno, quien se encontraba parado, observando a su primo, su novia y a ella.
—Un bar, restaurante o un shopping, serían los sitios más peligrosos para hacer esto—caminaba rodeando la mesa—. Es necesario prever esto.
La computadora que llevaba en sus manos, la apoyó en la mesa.
—Este aparato cuenta con un sistema de alarma que suena en cuanto se aleja de la empresa. Por ese motivo, estos aparatos no suelen retirarse del lugar.
—¿Entonces por qué estaba en la casa de los Uzumaki? —inquirió Chouchou
—Eso quiero averiguar. Por ese motivo, necesito que los cuatro colaboremos de acuerdo al plan que les plantearé a continuación...
Sarada miraba a Shikadai. Él sentía mucho miedo, pero su determinación por encontrar la verdad lo impulsaba a seguir adelante.
—Chouchou, te encargarás de vigilar los pasos de Kawaki. Por algún motivo, siento que podremos encontrar algo que nos dé una pista importante—sobó su mentón—. Shinki, vos te quedarás en la entrada. Me indicarás si alguien entra o sale. Pero, según lo que me contaste, nadie suele ir a ese lugar.
—En el horario de las 14 y 16 horas, es cuando no hay nadie. Creo que bastará con que llegues en ese lapso—añadió su primo.
Shikadai encendió un cigarrillo. Chouchou lo miró de mal modo.
—Estoy muy nervioso, lo siento—dio la primer calada—. Será la última vez que lo haga aquí dentro.
Sarada se mantenía en silencio.
—Yo entraré allí. Indagaré todo lo que tenga y lo copiaré a este pendrive—lo muestra y respira profundo—. Lo haré lo más rápido que pueda, puesto que será la única oportunidad.
—¿Qué hay de mí? —irrumpió Sarada—Tanto Chouchou como Shinki cumplen un rol esencial en esta misión.
Shikadai desvió la mirada. Apoyó el pendrive sobre la mesa y dio otra calada a su cigarrillo.
—Sarada...—musitó—Vos irás conmigo.
Si bien, Shinki, Chouchou y Shikadai sabían a qué lugar se referían, la chica aún no conocía de qué sitio se trataba.
—Con vos...
—Sí. Levantaría muchas sospechas si fuera a un albergue transitorio solo.
Sarada abrió sus ojos y tragó saliva. Sentía nervios.
—¿¿Qué??
—Sí. Vos y yo seremos los que más se expongan. Pero... —ordenó sus ideas y prosiguió: —En el caso que las cosas se compliquen, necesito que te vayas sin mí y huyas con Shinki.
El silencio reinó la sala. Chouchou veía con tristeza al Nara.
Por otra parte, Sarada sentía pánico por lo que pasaba en la cabeza de Shikadai.
¿Salvar su pellejo a costa de su libertad?
Eso no estaba en los planes de Sarada.
—¿Podrás hacerlo? —inquirió.
La chica asintió, pero su cabeza trataba de serenarse para poder acompañarlo.
Sarada colocó el usb en su escote mientras Shikadai buscaba el momento exacto para salir.
—Están hablando entre ellos—espetó.
—¿Qué haremos?
—Abrazame—ordenó y la miró directamente a los ojos.
—¿Abrazarte?— Sarada no entendía porqué le pedía tal cosa.
—Cuando salgamos de aquí, caminaremos a la par y nos abrazaremos. De ese modo, cubriremos nuestra relación ante esos tipos. Además—miraba el bolso—, ellos no deben sospechar de esto.
—¡Lo haré! —los ojos de Sarada brillaban más que nunca. El temor daba paso a su propia determinación, iluminada por la de Shikadai.
Ambos se complementaban tan bien, que si uno se encontraba mal, el otro lo animaba.
Shikadai recuperó el valor que perdía y abrazó a la chica.
—Pero... —exclamó con nerviosismo —Aún no hemos salido.
—Es que... —titubeaba—entendeme. Es difícil sobrellevar esto. Tengo que hacerme la idea de que somos pareja y fingir en caso de que se complique aún más.
Sarada notó un leve sonrojo en Shikadai. Ella también sentía pena por lo que estaba sucediendo, pero sus vidas correrían peligro si no acataban el plan a la perfección.
—Yo haré todo lo posible para que salgamos juntos de aquí. No permitiré que te sacrifiques para salvar...
Su aliento fue interrumpido intencionalmente. Sus labios, aprisionados en los del muchacho, sentían la calidez de su alma.
La mano del Nara acarició la mejilla de la Uchiha y se separó de ella. Cerró sus ojos y expresó:
—No sigas, por favor...
Rápidamente, tomó su mano y lo llevó hacia su cintura. Él hizo lo mismo.
Ambos debían enfrentar al destino.
¿Huir o caer?
La caída no estaba en los planes de ninguno.
Sus cuerpos estaban tan juntos, que podían sentir toda clase de estímulo que percibía el otro: miedo, inseguridad, ansiedad...
Pero, juntos, podrían sobrellevarlo.
Kawaki se quitó el casco y colocó el seguro a su moto.
Acomodó un poco su cabello y su ropa. Se acercó a la puerta y tocó timbre.
Se alejó de la mirilla, porque sabía que esto no le daría el resultado que deseaba.
Cuando la puerta se abrió, la persona no divisaba a nadie. Allí, él se acercó.
—¿Qué hacés acá? —inquirió mientras cruzaba sus brazos.
—Bueno, sé que fui bastante grosero la primera vez que nos vimos y quiero arreglarlo.
La joven se mostraba confundida.
—¿Qué es lo que buscás realmente? —inquirió con seriedad.
—Quiero darte la entrevista que tanto deseás, Yodo—alegó con seguridad.
No existía mejor oferta que esa. Pero, ¿Cuál sería la verdadera intención de Kawaki?
Yodo necesitaba analizarlo, conocer cada gesto y comprobar hasta dónde era capaz de llegar.
—Está bien, pero sólo será una hora—Kawaki sonrió —. Esperame aquí afuera, tengo que hacer algo antes de dejarte pasar.
Yodo cerró nuevamente la puerta y se detuvo a pensar.
Sacó su celular y le envió un mensaje a Araya.
—Necesito que vengas lo más pronto que puedas. Kawaki quiere que lo entreviste y estoy sola en mi casa. Por favor, necesito que vengas y avises a los demás. Él no es de fiar...
Él no era la clase de persona que inspirara confianza. Mucho menos, si sospechaban de que él estaría detrás de la tragedia UzuNara.
No obstante, no podía perder esa pequeña brecha que podría ayudar a Shikadai.
¿Pero estaría preparada para ello?
