Horas antes...

Shikadai indagó con detenimiento la carpeta que había copiado de la computadora de los Uzumaki.

En el aparato que le había prestado su primo, leyó cada dato que arrojaba la misma, pero había algo que le había llamado la atención.

Dentro de ella, había una serie de carpetas guardadas una dentro de otras, llegando a la última y esta tenía contraseña.

—Esto es extraño... —espetó y apagó el cigarrillo en el cenicero de metal.

Regresó a su habitación y vio que Sarada dormía profundamente.

Sonrió y la arropó, ya que el frío comenzaba a sentirse.

Revolvió su armario y encontró el cuaderno donde solía anotar datos que sólo él comprendería.

Buscó una lapicera y salió sin hacer ruido, cerrando la puerta con sumo cuidado.

Shikadai suspiró. Su cuerpo necesitaba descansar, pero su mente no podría hacerlo si la Uchiha permanecía en su cama.

Por ese motivo, decidió investigar los datos de la empresa.

El código que debía ingresar se trataba de una serie de seis cifras.

Sólo tenía cinco oportunidades para encontrar la respuesta y ese desafío encendió su espíritu vengativo.

—A ver, Naruto—se apoyó en el escritorio y juntó sus manos, enredando sus dedos. Cerró sus ojos una infinidad de números se presentaban en su imagen mental—. Teniendo en cuenta tu personalidad despistada, no debería ser complicado encontrar la respuesta. Sólo tendría que utilizar bien estos números o todo sería tirado a la basura.

Abrió su cuaderno y comenzó a anotar tantos números como imaginaba: cumpleaños, número de persona jurídica, documento de identidad, cuenta bancaria...

Shikadai masajeaba su entrecejo.

Los números no concordaban entre sí.

—Dudo que haga este tipo de combinaciones para una contraseña—argumentó y fue tachando aquellos números que superaban el máximo de cifras buscado—. Lo imaginaría de mi padre, mas no de Naruto—rió por esto último y suspiró.

Decidió dar el primer paso, usando la fecha de nacimiento de Naruto.

Falló.

El segundo intento fue con la de su esposa Hinata. Debatió entre su documento de identidad y número de persona jurídica, pero supuso que sería fácilmente decifrable.

Falló.

—Esto fue pensado para que alguien como yo no pudiera adivinarlo con rapidez. Así que... —hizo sonar sus dedos y resopló—Acepto el reto, Naruto.

Sólo quedaban tres intentos y dos personas.

Sin pensarlo, utilizó las fechas de Boruto y Himawari, obteniendo el mismo resultado.

Shikadai, con cierto desgano, se levantó y se dirigió al baño.

Lavó su rostro y ató su cabello. Se detuvo frente al espejo, buscando una respuesta en su propio reflejo.

—¿Qué es aquello que no estoy viendo? —se apoyó en el lavatorio y agachó la cabeza.

En su mente sólo podía ver el delicado rostro de Sarada y sus palabras lujuriosas que tanto lo habían vuelto loco.

Shikadai sonrió y mordió su labio inferior.

—¿Debería decir que perdí con ella? —pensó.

Resopló y levantó su cabeza rápidamente. Se miró una vez más y salió del baño.

Se sentó una vez más frente a la computadora.

Aunque debía buscar en Internet, no se daría por vencido rápidamente.

Después de indagar por múltiples páginas, llegó hasta una que contenía los cuatro números que él apostaba que serían la verdadera contraseña.

—Si no logro ingresar, me retiraré —los últimos dos fueron colocados por mera suposición de Shikadai.

Al pulsar ingresar, éste confirmó dicha contraseña y le abrió paso a una verdad que no esperaba encontrar.

Sin dejar pasar un solo minuto, llevó la computadora hasta la impresora y dejó plasmada toda la información.

La felicidad estaba dibujada en el rostro del Nara, quien ya no sentía temor a nada y estaba dispuesto a lo que fuera por encontrar la verdad.

Hizo dos copias. Una de ellas la guardó en un folio y la otra la dejó junto a la computadora.

Miró por la ventana. El alba estaba acompañándolo.

Su jaqueca había desaparecido, pero el cansancio corporal aún persistía.

Regresó a su habitación.

Sarada abrazaba la almohada al dormir. Le causó ternura verla tan vulnerable.

—¿Qué rayos me hiciste, Sarada? —murmuró y acomodó el cabello negro de la chica—El amor no estaba en mis planes y creo que perderé la cabeza si seguís a mi lado.

Sarada comenzó a moverse y dio la vuelta al otro lado, dándole la espalda a Shikadai.

—Será una apuesta arriesgada, pero te prometo salir victorioso de ella—añadió y dio la vuelta para contemplar una vez más su rostro dormido—. Volveré por vos, Sarada—se acercó y besó sus labios con timidez. Antes de retirarse, depositó un suave beso en su frente y volvió a taparla.

Salió con prisa de la habitación.

Estaba listo para lo que fuera. Sólo necesitaba que llegara su primo.

Tal como supuso, ellos volvieron a la casa al amanecer.

Chouchou traía unas ojeras que dejaban una clara evidencia de que no había dormido.

El maquillaje no existía y su cabello estaba suelto.

Shinki, por su parte, parecía más relajado y estaba exactamente igual a como lo había visto horas antes.

—Shikadai... —musitó la morena y observó el rostro del Nara.

—Shinki. Acabo de encontrar la verdad respecto a mi acusación. Necesito que me prestes el auto—habló con nerviosismo y ansiedad.

El Sabaku No suspiró.

—¿Irás a UzuNara? —expresó con franqueza y naturalidad.

—Debo hacerlo. De lo contrario, seguiré dependiendo de ustedes y escondiéndome como el delincuente que todos creen que soy—argumentó el Nara.

Estaba completamente seguro de obtener la victoria y no dejaría pasar un turno para volver a retroceder.

—¡Es demasiado arriesgado! —Shinki tomó del brazo a su primo—¿No te bastó con correr el riesgo en el albergue transitorio?

—¡Para llegar a la verdad hay que apostar todo! —justificó—¡Por eso me presentaré de inmediato! Sólo les pediré que cuiden de Sarada hasta que logre cumplir mi objetivo...

Shikadai se soltó de la mano de su primo.

—¡Sarada irá por vos tarde o temprano! ¿Qué harás al respecto?

—Mientras crea que huí, no tratará de buscarme. Quiero descubrir todo para que pueda ser libre—espetó con tristeza—. La muerte de Boruto también será un asunto que buscaré resolver. Se lo prometí.

Chouchou observaba la determinación de Shikadai. Tomó la llave del auto y se las cedió.

—Por favor... —suspiró—Tené mucho cuidado—acomodó la remera del Nara y apoyó ambas manos en su pecho—. No te preocupes por Sarada. La cuidaré con mi propia vida si es necesario.

Shikadai confiaba plenamente en las palabras de Chouchou.

La abrazó con fuerza y la soltó para hacer lo mismo con su primo.

Shinki odiaba llorar, pero el nudo en su garganta no le permitía contener algunas de ellas.

—Andate antes que me arrepienta, Dai—exclamó el Sabaku No.

Una vez que el muchacho se alejó de la casa, Shinki dio media vuelta y secó sus lágrimas.

Chouchou lo notó y no podía dejar pasar esa acción.

—¿Acaso estabas llorando, Shin? —exclamó en tono de burla.

Ella sabía que él odiaba que lo vieran sensible, pero ante su novia no lo podía ocultar.

—Jamás lo menciones. Esto quedará aquí... —respondió Shinki, avergonzado.

Actualmente...

Boquiabiertos, los empleados de UzuNara observaban al primogénito de los Nara.

Con una expresión desafiante y su rostro en alto, arrojó el folio que llevaba orgullosamente entre sus manos frente a Kawaki.

El Uzumaki se mostraba encolerizado y no sabía cómo reaccionar ante la ofensiva de su potencial enemigo.

—¿Qué significa esto? —inquirió Kawaki, sosteniendo las pruebas del moreno.

Shikadai cruzó sus brazos y suspiró.

—Me da mucho gusto verlos a todos juntos. Realmente no estaba en mis planes que hubiera una reunión—ironizó —. Supongo que soy un tipo con suerte.

—¡¡CALLATE DELINCUENTE!! —exclamó Kawaki y ordenó a su secretaria que llamaran a la seguridad.

—¡DEJALO HABLAR, QUERIDO! —intercedió Ino, colocándose junto al Nara. Lo tomó de los hombros y éste agradeció el apoyo.

El flamante presidente de UzuNara lo miraba con odio y rencor. No podía creer que tuviera el descaro de presentarse así y dejarlo en ridículo frente al resto.

—Las razones por las cuales estoy aquí son simplemente por el hecho de que he descubierto el origen y posterior destino del desfalco por el cual me han acusado por estos últimos años—los murmullos y el asombro no se hizo esperar.

Kawaki golpeó el escritorio.

—¿PRUEBAS DE QUÉ? ¡TODOS AQUÍ SABEMOS QUE SOS EL RESPONSABLE DE ESE DELITO!!

Kakashi se mantuvo al margen de la conversación.

—Pensá lo que quieras. Realmente no me interesa—respondió Shikadai con altura.

Ino le quitó a Kawaki las pruebas y comenzó a leerlas. Su rostro no ocultaba la sorpresa al enterarse de la verdad.

—Como no cuento con el tiempo suficiente, sólo diré que el responsable del desfalco es nada más y nada menos que Naruto Uzumaki. Por consiguiente, el destino de ese desvío era hacia una cuenta que, casualmente, está a nombre de Kawaki—todos voltearon a ver al aludido—¿Increíble, verdad?

El rostro de Shikadai se iluminó al ver el nerviosismo marcado en las facciones de Kawaki.

Sus manos temblaban, sus labios también.

No podía contraargumentar nasa contra ello.

De hecho, él tampoco estaba al tanto de la información.

—No puede ser posible... —espetó y salió corriendo del edificio, dejando atónitos a los espectadores que aún no lograban salir del asombro.

Shikadai respiró con tranquilidad.

Observó cómo Kawaki se alejaba con prisa y se percató de un detalle que no había notado anteriormente.

Ino abrazó a Shikadai con fuerza.

—¡Qué alegría es volver a verte! —el Nara respondió al mismo.

Kakashi se acercó a él y cuando Ino lo dejó libre, estrechó su mano.

—Bienvenido, Shikadai—el aludido saludó con cordialidad.

Sentía que, finalmente, había vuelto a su hogar.

Pero...

—¡Shikadai Nara! —una voz grave y en un tono sumamente autoritario lo llamaba.

Él volteó y se acercó.

—Oficial, esta vez no escaparé—el policía lo miraba con extrañeza.

Aquel muchacho impulsivo y nervioso, se había transformado en uno que estaba seguro de sí mismo.

Ino guardó las pruebas y todos observaron cómo los policías esposaban a Shikadai.

—Noo se preocupen por mí—exclamó antes de irse.

Los policías lo trasladaban con cierta violencia.

Shikadai había cumplido su cometido. Sólo restaba esperar.

Al salir de la empresa, tres personas vieron cómo el primogénito de los Nara era atrapado en su propio juego.

—Shikadai... —exclamó la Uchiha, apoyando la mano en la ventanilla.

Tanto Shinki como Chouchou sabrían qué resultado obtendría al enfrentar a Kawaki, pero su deber era proteger a Sarada.

—No puede ser... —la azabache rompió en llanto.

Una vez más, el amor volvía a abandonarla.

Una vez más, debía levantarse y luchar.