Advertencia: Este fic ha sido elaborado de un fan para fans sin fines de lucro, todos los personajes de Yuri On Ice le pertenecen a su respectivo creador. Yo únicamente los utilizo con fines de entretenimiento.

Resumen: Escenas borradas de los doce capítulos de Yuri On Ice, sometidas a cambios futuros. ¡Gracias por leer y comentar!


¡Fácil como Pirozhki! La gran final de lágrimas
Escena IV: Divergencia.

Yuuri miró la puerta frente a él y sintió que de un momento a otro iba a vomitar.

No es como si fuera la primera vez que experimentaba esa horrible sensación trepidarle por la boca del estómago, al final de cuentas era ya una vieja conocida. Durante las competencias regularmente solía lidiar con ella más de lo que le gustaría reconocer, pero no lo podía evitar; estaba muy nervioso además de preocupado. Moviéndose por mero instinto, Yuuri acomodó su ropa dándose cuenta todo seguía tal cual desde la última vez que se dispuso a hacer lo mismo.

Iba bien vestido; traje, corbata, zapatos acordes y peinado discreto. Quería ofrecer una buena impresión ése día en particular, sobre todo porque se vería en la necesidad de mantener una entrevista con tres miembros importantes del personal docente y lucir como un vago sólo empeoraría las cosas.

Además, el responsable del Consejo Técnico Universitario poseía la nada sutil fama de ser un hombre pragmático que adoraba las formalidades, por ello, pese a ser supuestamente sólo una simple reunión protocolaria, le solicitaron acudir a una de las tantas salas de conferencias privadas dónde los estudiantes que cursaban el postgrado solían realizar presentaciones a un reducido número de audiencia. Y Yuuri, quien a esas alturas ya se había mordisqueado las uñas casi en su totalidad, sólo quería todo aquello terminase lo más pronto posible.

Sí, cuando le hicieron llegar la carta el mismo día que regresaba de Sochi, en verdad Yuuri creyó sólo se trataba de una simple advertencia; algo que le obligaría a poner sus prioridades en orden. Sin embargo, dos días después, Yuuri fue notificado una vez más y esa ocasión requerían hablarle en persona, por tanto, sus temores aumentaron con inusitada fuerza.

¿Y si decidían quitarle la beca? Su estadía en Wayne Sate dependía en un noventa por ciento de su desempeño como atleta, el cual, dicho sea de paso, estaba siendo terriblemente desastroso.

¿Qué haría si aquel escenario se volvía realidad? Al ser despojado del gigantesco apoyo económico que le brindaba la Universidad, sus padres deberían cubrir por completo los gastos para permitirle continuar estudiando hasta su graduación. Era, sin duda, un mundo de dinero. Ellos le enviaban cada mes una cantidad con la cual pagaba hospedaje, transporte y alimentación. Desembolsar todavía más capital, todo porque Yuuri era un maldito fracaso sería propinarles un golpe fatal.

No es como si fueran pobres o algo así, pero Yutopia, pese a ser el último superviviente en su clase ahí en Hasetsu, no generaba tanto capital para permitirse derrocharlo así nada más.

Aunque sabía era culpa suya, aunque la impotencia lo estaba carcomiendo, con sólo pensar que ocasionaría más problemas a todos aquellos que creyeron en él dolía profundamente. Estaba más que acostumbrado a hacerse responsable de sus propios actos, empero arrastrar consigo a otros era algo que iba más allá de si mismo.

Había conversado con su madre los últimos días, ella mostrándose siempre alegre nunca le recriminó nada, tampoco juzgó su mal desempeño pues alegaba saber cuánto se esforzaba todos los días y, también, le dijo que mientras hiciera lo que amaba entonces lo demás carecía de total importancia.

—Sólo una vez se es joven —recordó las palabras de su madre. La extrañaba tanto—. Sólo una vez tenemos la oportunidad de vivir, cariño. Disfruta este momento Yuuri, porque el tiempo pasa y no es bueno tener arrepentimientos porque tarde o temprano nos lastiman.

Él lo sabía perfectamente bien, y ahí radicaba el problema: Yuuri ya no sabía si quería seguir o no patinando. ¿Para qué molestarse en intentar volar alto si al final acabaría estrellándose contra el suelo sin piedad?

Maldijo entre dientes. A veces era tan difícil tomar una decisión adecuada; más aún porque sus inseguridades balanceaban todo hacía terrenos en extremo nefastos. Su psicóloga solía decirle con demasiada frecuencia necesitaba dejar ir las cosas, no tomarse tan a pecho cada ínfimo detalle...pero le resultaba imposible. Y luego pensaba en Victor Nikiforov, el ídolo de toda su carrera profesional como patinador. Él siempre tan seguro de si mismo, siempre actuando bajo estándares propios, siempre mirando al frente, siempre sorprendiendo al mundo entero.

¿De qué manera lograba vencer al miedo? ¿De qué forma conseguía derrotar el pánico? Yuuri se lo preguntaba a diario, aunque tantas medallas y triunfos en su haber debían contribuir en algo, suponía.

A veces salir de la cama para Yuuri representaba una labor titánica, sobre todo cuando sólo buscaba quedarse ahí días completos cuando atravesaba una crisis. Phichit ayudaba mucho a no dejarle sucumbir ante las temibles garras de la depresión, y Yuuri luchaba contra sí mismo con tanta fuerza que resultaba agotador.

Respirando varias veces dispuesto a recuperar el control, al instante se puso en pie cuando la puerta se abrió revelando a una mujer ya entrada en años que lo invitaba a pasar y tomar asiento.

Yuuri la reconoció de inmediato; su nombre era Barbara Cambell. Ella fungía como directora académica del departamento de Finanzas, carrera dónde Yuuri decidió matricularse. En ocasiones ambos coincidían ya fuese por clases o para solicitar permisos especiales que justificaran su ausencia prolongada durante las competiciones. Era una docente muy estricta pero amable y educada. Brindándole una sonrisa tímida, procedió a seguirla dentro de aquella sala casi por completo elaborada con madera y, cuyos pisos alfombrados, amortiguaban su andar.

Ahí también estaban presentes dos hombres más, entre ellos quien había solicitado su presencia ésa mañana: el profesor Travis Patterson. Él era un académico sumamente respetado no sólo en Wayne State, sino también en otras universidades de Michigan dónde impartía clases de cálculo multivariable, métodos numéricos aplicados, hidráulica entre otras. Muchas veces Yuuri lo vio en la Facultad de Ingeniería y, según se rumoreaba, sus clases pocos lograban acreditarlas con notas sobresalientes y casi todos le temían por ello. Si bien Yuuri cursaba -gracias a los cielos- una carrera totalmente distinta, tenerlo de frente le daba una idea muy clara del por qué inspiraba tanto temor.

Patterson era un tipo alto, robusto y de facciones duras pero atractivas que daban a entender con extrema facilidad no soportaba ni a mediocres o idiotas. Tal vez rondaba los cuarenta y tantos, pero sentado ahí, con su traje hecho a medida, en serio parecía un auténtico juez del infierno.

—¿Yuuri Katsuki? —quiso saber mientras verificaba un folder. El recién nombrado asintió creyendo que el corazón terminaría saliéndosele del pecho—. Buenos días, espero no haberle importunado con mi petición de verle tan temprano esta mañana—Yuuri se apresuró a negar, sintiéndose incapaz de hablar sin provocar un desastre—. ¿Gusta sentarse? No le quitaremos mucho tiempo.

Sin atreverse a remilgar, Yuuri procedió a ubicarse en una silla plegable que había sido dispuesta delante del pequeño podio, haciéndole sentir como si fuera un reo condenado a muerte. Tras mirarlos a todos por encima del armazón de sus lentes, reparó también en la presencia de Joseph Brooks, responsable del departamento de Servicios Escolares. De pronto las manos le comenzaron a temblar; sus sospechas no iban tan mal encaminadas, se dijo.

Ellos querían hablarle sobre su beca, necesitaban saber si lograría sobreponerse tras fallar el Grand Prix de un modo aplastantemente vergonzoso; en simples palabras querían asegurarse que aún era rentable. ¿Pero lo fue en algún momento? En sus cuatro años de estadía en Wayne State, Yuuri no ganó ni una sola medalla. No tenía ni un logro destacable más allá de los obtenidos en su natal Japón, por consiguiente no los culpaba por intentar brindarle tal ayuda monetaria a alguien que sí prometiera, alguien con talento y no un fracasado irremediable.

—¿Entiende cuál es el motivo por el cual nos encontramos aquí? —quiso saber Barbara, usando un tono suave para no amedrentarlo.

—Sí: mi actual situación en Wayne State —informó rezando para que su voz no sonara tan frágil.

—Exactamente —prosiguió Joseph con tono frío—. Si nos han informado bien, hace poco menos de una semana usted volvió de competir ¿estoy en lo correcto? —dijo chequeando un expediente.

—Así es, señor.

—Bien, entonces dadas las circunstancias nos hace más fáciles las cosas—dijo sin mirarlo—. Al ser el Grand Prix una competencia mundial, como su alma mater nos enorgullece haberlo visto llegar tan lejos, pero también reconozco ha logrado despertar nuestra preocupación gracias al...bajo desempeño que mostró al no lograr obtener una puntuación adecuada para ostentar cualquiera de los tres puestos del podio —Yuuri se removió incómodo en su asiento, la vergüenza quemándole por dentro—. Disculpe si soy un poco rudo pero, ¿es consciente que fue aceptado en Wayne State gracias a una generosa beca deportiva, verdad?

—Sí, lo sé —dijo sintiéndose muy, muy estúpido aunque no lo era. En absoluto.

—¿Y también se da cuenta que para conservarla necesita mantenerse en competencia activa? —Yuuri respondió afirmativamente otra vez, cada vez más angustiado, pero Brooks era implacable—. Tengo un poco de curiosidad: ¿acaso no afecta su puntuación anterior los siguientes eventos donde planea participar? Porque si es así, entonces creo que todos los aquí presentes ya sabemos qué acciones deben llevarse a cabo.

Yuuri creyó que se pondría a llorar ahí mismo. ¿Cómo defenderse? ¡No podía! Él tenía toda la razón.

—¿Es realmente necesario actuar de un modo tan poco profesional, Joseph? Katsuki ha hecho un buen trabajo al clasificar en todas y cada una de las eliminatorias en las cuales participó —Barbara habló a su favor—. En lo que a mi respecta, no termino de entender por qué ustedes arman tanto alboroto al respecto. ¡Así son los deportes, cielo santo! A veces se gana, a veces se pierde; fin de la historia.

Brooks la miró como si de pronto se hubiera vuelto loca.

—¿Acaso insinúa que deberíamos derrochar recursos que no tenemos? Ese dinero puede ser utilizado en otra cosa de provecho, por si no se ha dado cuenta —y añadió con cierto retintín sarcástico—. Discúlpeme profesora Cambell, con un doctorado en Finanzas pensé apoyaría un poco mejor todos mis argumentos —las mejillas de la mujer adquirieron una tonalidad rosada, aunque Yuuri no sabía si por vergüenza o enfado, para después regresar su completa atención al chico de gafas—. Señor Katsuki, si usted continua sin mostrarnos resultados satisfactorios, lamento informarle la beca le será revocada en breve.

Yuuri no sabía qué podía decir o hacer al respecto. Nada, se dijo; sólo le quedaba resignarse y comenzar a buscar un empleo... o quizá dos.

—Tal vez nos estamos adelantando un poco a los hechos —dijo Patterson exponiendo por primera vez su opinión del tema, captando así la atención de sus homólogos al instante—. Katsuki, me tomé la libertad de leer su registro y puedo decir que ha logrado sorprenderme —puntualizó al brindar ligeros toques al papel—. Viajó desde muy lejos para buscar labrarse un futuro mejor, cosa que mucha gente no hace por temor a lo desconocido. Si soy sincero con usted, la tenacidad resulta ser una virtud que respeto en sobremanera y eso es exactamente lo que percibo en usted.

—¿Perdón? —Yuuri creyó haber oído mal.

—Suelo reconocer a un buen estudiante cuando lo tengo frente a mis ojos —explicó él—. Y la profesora Cambell aquí presente no me dejará mentir si afirmo que usted ha obtenido las mejores calificaciones de toda su generación hasta la fecha —Barbara le concedió razón de inmediato—. Entonces, gracias a tal detalle, como institución educativa sin lugar a dudas estaríamos cometiendo un error garrafal si le despojamos de todo nuestro apoyo, dejándole a la deriva.

—¿A dónde busca llegar, profesor Patterson? —Joseph le preguntó sin disimular su latente molestia.

—Bueno, Katsuki tiene todo el derecho a solicitar una beca académica completa gracias a su excelente promedio —dijo haciéndose el desentendido—. Pero eso ya lo sabías, ¿no? —aun a distancia, Yuuri casi vio al pobre hombre partir en dos el lápiz que sostenía entre sus dedos—. ¿Y bien? ¿Le gustaría seguir con nosotros un año más? ¿O dimitirá sólo por haber encontrado un bache en el camino?

Mareado del alivio, Yuuri se apresuró a responder:

—¡Por supuesto que continuaré, señor! Detroit y Wayne State han sido mi hogar durante mucho tiempo, concluir aquí mis formación profesional es todo cuanto deseo hacer porque gracias a ustedes, a mis compañeros y amigos pude llegar tan lejos —tartamudeó al final, empero Patterson sólo se decantó por esbozar un amago de sonrisa, impresionando a sus colegas.

—Entonces, si por algún motivo de aquí en adelante el patinaje artístico se convirtiera en algo insostenible, ¿estaría dispuesto a renunciar en pos a dedicarse a finalizar sus estudios como corresponde? —Yuuri se quedó frío—. Usted es brillante, Katsuki. Me parece un insulto a su inteligencia pretender que no se ha dado cuenta de las implicaciones que giran torno a semejante decisión —dijo refiriéndose al comportamiento de Joseph minutos atrás.

—Si acepto la oferta, ¿me prohibirían el volver a patinar definitivamente mientras continúe matriculado aquí?

—De forma profesional, me temo que sí —aclaró sin dejar pie a dudas—. Como hobby no le veo ningún problema siempre y cuando no interfiera con sus responsabilidades.

Yuuri se mordió el labio inferior. Era una propuesta muy tentadora, sobre todo porque de ese modo no les causaría mas problemas a sus padres. Sin embargo, también significaba decirle adiós a las pistas al menos hasta que se graduara. Yuuri tenía bien claro un patinador sólo contaba con pocos años útiles antes de elegir el retiro, necesitaba tener a disposición un plan B, algo a lo cual dedicarse cuando su cuerpo ya no pudiera soportar más los regímenes tan duros que los entrenamientos exigían. Sí, tal vez era lo más cómodo a hacer dadas las circunstancias, pero Yuuri le veía lógica. Mucha lógica.

—¿Puedo iniciar el trámite cuando yo quiera? —le interesó saber.

—Podríamos aplazar la solicitud uno o dos semanas a lo sumo —Barbara meditó—. Supongo que cuando terminen las Nacionales y regrese de Japón, ya todo debería estar listo —Joseph resopló, más le ignoraron—. ¿Aceptará? El profesor Patterson pocas veces brinda oportunidades como estas, Katsuki. Más le vale meditar bien su respuesta.

Yuuri se frotó las manos, la ansiedad bullendo a través de él con fuerza, empero no dudó al contestar.

—Lo haré.

Patterson se apoyó contra su silla con una expresión por demás complacida en el rostro, Joseph en cambio se dedicó a farfullar entre dientes que no sabía para qué se molestaba en acudir a reuniones como esa si jamás lo tomaban en serio y la profesora Cambell, a su vez, le dirigió una sonrisa orgullosa difícil de ocultar.

Pero Yuuri, pese a saber aquella magnífica oferta era la solución a todos los problemas que se le vendrían encima si acaso dimitía del patinaje, sin saber muy bien por qué, sintió como si hubiera firmado un pacto con el mismísimo demonio.


Hola, gracias por llegar hasta aquí, los comentarios y los seguidores.

Tal vez han notado que por ahora me estoy centrando en Yuuri, pues me parece que muchas cosas le pasaron en ese año que dejó el patinaje, pero no desesperen, ya pronto tendremos a nuestro sensual Vitya en acción. Otro asunto, ¿alguien tiene alguna teoría sobre el profesor Patterson? Porque lo vamos a ver en los próximos capítulos :D

Sin más, gracias de nuevo por el apoyo incondicional.

¡Saludos cordiales!