Los días en la cárcel parecían más largos de lo que imaginaba.
Shikadai pasaba mayor tiempo acostado, con sus ojos cerrados y reflexionando acerca de muchos asuntos del pasado que lo tenían bastante inquieto.
Recordaba el aroma de las deliciosas comidas que solía prepararle Temari durante su tiempo libre antes de regresar a estudiar.
El olor a tabaco que emanaba la ropa de Shikamaru y las constantes quejas de su madre respecto a fumar dentro de la casa.
Su trabajo en UzuNara y los empleados fieles a su padre y a Naruto Uzumaki.
También, recordaba haberlo visto algunas veces a Boruto, sólo que no tuvo oportunidad de tratarlo tal como su colega en un futuro que no podría ser posible.
Pero lo que más lo atormentaba, era el hecho de recordar de que Yodo mantenía algún tipo de relación con Kawaki.
—Estoy conociendo a alguien... —aseguró sin titubear.
Shikadai mordía su labio inferior.
Él no deseaba ser traicionado y, mucho menos, por alguien que formó parte de su vida como la rubia.
Ellos se habían conocido años atrás, cuando aún estaban estudiando en la preparatoria.
Shikadai siempre destacó entre los chicos por su alto intelecto y su capacidad de resolver problemas en el menor tiempo posible.
Yodo admiraba a Shikadai y trató de buscar cualquier excusa para acercarse a él.
Y así lo hizo.
Al principio, ellos eran buenos amigos. Shikadai acompañaba a la rubia en sus asuntos y la escuchaba cuando ella lo necesitaba.
El Nara siempre fue un gran compañero para Yodo y eso no podía ser borrado fácilmente.
Después de algún tiempo, comenzaron a salir como novios. En ese entonces, las cosas marchaban de maravilla.
Aún continuaban en la escuela, así que podrían verse todos los días sin problemas.
Pero, cuando esa etapa acabó, la situación se tornó de blanco a gris.
Yodo sentía la necesidad de verlo a Shikadai todos los días como antes.
Lo llamaba a todas horas, sin importarle si era de noche o de día.
Al principio no le afectaba, ya que él también la extrañaba de algún modo.
Luego, Shikadai se inscribió en la universidad y su tiempo era cada vez más escaso.
Sólo podía ver a Yodo los sábados y casi no podían hablar debido al tiempo en que el Nara estaba estudiando.
En aquellos días, para solventar los gastos de su carrera, le pidió a su padre si podía trabajar en la empresa. De ese modo, tendría más experiencia cuando heredara su puesto.
En su trabajo y en su estudio, casi no podría llevar adelante la relación que tenía con Yodo.
Las veces que lograban verse, ella sólo le reclamaba por no dedicarle más tiempo a su noviazgo.
El moreno sentía cómo se sofocaba y se estresaba de sólo escucharla.
—¿Acaso hay alguien más? —inquirió con una furia incontrolable.
Shikadai no respondió a ello. Sabía que el temperamento de la rubia sobrepasaría la lógica y razón. Por ese motivo, no tenía sentido que él explicara que no existía nadie más aparte de ella.
Yodo había sujetado a Shikadai de su ropa y lo zamarreaba al no obtener una respuesta por parte de su novio.
Shikadai tenía una expresión exhausta y fastidiosa.
Yodo no lo había notado, pero él había estado reflexionando en ello.
Cansado de ser maltratado física y mentalmente, el moreno sujetó las manos de la rubia y las apartó de él.
—No puedo continuar soportando esta situación. Esto nos está dañando mucho—Shikadai sentía una angustia profunda y podía percibir cómo el corazón de Yodo se destruía lentamente con sus palabras.
—¿Qué estás diciendo? —inquirió y apretó las manos de Shikadai.
Ella no deseaba soltarlo y que él se rindiera así como así.
—Yodo, nuestra relación está lastimándome. Incluso—suspiró—, ahora mismo estabas maltratándome. Esperabas escuchar si estaba interesado en otra mujer y no, no es así.
Las orbes celestes de Yodo estaban inundados en tristeza. Shikadai no podía verla directamente a los ojos o no sería capaz de escapar de su tóxica relación.
—Pero... —Yodo miraba y su alrededor. Ambos estaban en la habitación de la rubia.
Nadie presenciaba aquella triste escena.
—Lo siento, Yodo. Pero no podemos continuar lastimándonos así—Shikadai se dirigió a la salida.
Yodo estaba inmóvil. Jamás había imaginado que el Nara tomaría esa decisión.
—Espero que puedas encontrar tu camino. Te quiero—esto último acabó derrumbando lo que quedaba de su relación.
Al cruzar la puerta, Shikadai se había liberado de un noviazgo problemático.
No negaba que él también sufría por eso, pero sabía que esa decisión sería lo mejor para ambos.
Shikadai continuó con su vida laboral y estudiantil, sin dar tiempo libre y pensar en Yodo.
Por las noches, lloraba el haber dicho que estaba lastimándolo, aunque era verdad.
Ninguno salía beneficiado de esa relación y lo más sano que pudo haber hecho, era cortarlo de raíz.
Así lo pensó Shikadai.
Durante la gran parte del día, su mente se ocupaba en otros temas para no pensar en ella.
Su duelo se basaba en mantenerse distraído en varios asuntos en simultáneo y, de ese modo, podría superarla.
Yodo, por su parte, estuvo meses encerrada en su casa. Sus padres se preocuparon por ella y decidieron llevarla a los centros de autoayuda.
Con un pequeño grupo de compañeros, Yodo pudo superar a Shikadai, entendiendo que su decisión fue la más acertada para ambos.
Desde ese momento, la rubia decidió estudiar periodismo y recibirse de aquella profesión.
En ese momento, como una grandiosa reportera, logró salir adelante y formar su personalidad aguerrida, sin temor a nada ni nadie.
Shikadai se sentía bien por ella cuando supo que había mejorado notablemente.
Sin embargo, podía percibir que aún sentía algo por él y eso lo preocupaba.
Él mismo dudó, por un instante, de que volver a verla le removería el amor que tuvo por ella.
Sin embargo, no fue así. Comprobó que no podía pensar en nadie más que Sarada.
—Sarada... —musitó y abrió sus ojos—Espero que puedas comprenderme. No me odies por lo que hice... —pensó.
Tenía la esperanza de que sus pensamientos alcanzaran a la Uchiha.
—Yodo, lo siento. Espero no haberte vuelto a lastimar con esto—suspiró y cerró sus ojos una vez más.
Días después...
Sarada se encontraba observando un bello campo de flores.
Los aromas llegaban hasta lo más profundo de su ser.
Deleitaba su olfato y cerraba sus ojos para poder disfrutarlo mejor.
Su corazón latía lentamente. Sentía tranquilidad, pero no podía negar que aún le preocupaba Shikadai.
—Veo que te atraen las flores—una voz tenue y dulce, se acercaba con parsimonia.
Sarada volteó y notó que el hombre sonreía.
—Este campo fue creado por mi madre. Ella amaba los jazmines. Pero mi padre creyó que lo mejor sería que pudiera tener todas las que quisiera en un solo lugar—Sarada regresó su mirada al sitio. Los colores se mezclaban entre sí, dándole una vibra única—. Tras la muerte de mi madre, mi hermana se encargó de cuidarla por ella y, posteriormente, yo heredé dicho legado.
Sarada contemplaba las mariposa y las abejas que sobrevolaban las flores.
Realmente era precioso...
—Su mamá habrá sido una persona muy pura y gentil—exclamó Sarada, dirigiéndose a su acompañante.
—Lamentablemente no pude conocerla. Ella falleció cuando nací y no tuve el mismo privilegio que Temari y Kankuro para saber cómo era ella—respondió con nostalgia.
—Lo siento, señor Gaara—musitó Sarada, avergonzada por su comentario.
—No me llames así, por favor —bromeaba—Soy mayor que ustedes pero aun llego a la vejez. Llamame Gaara, no me molesta.
Su cabello rojizo resplandecía bajo la luz del sol. Sus ojos irradiaban nobleza y amabilidad.
Sarada conocía esa mirada. Era semejante a la de Shikadai.
Gaara no era tan alto como Shinki. Ella supuso que él lo había heredado de su madre.
Su voz sonaba como si estuviera en un estado de serenidad absoluta.
Su elegancia era perfecta. Vestía un traje negro y contrastaba completamente con su cabello
—Papá, tengo noticias—exclamó Shinki, llamándolos desde la entrada de la casa.
Gaara invitó a Sarada que regresaran al hogar.
Ambos caminaban rumbo a su punto de encuentro.
La Uchiha sentía un gran vacío en su corazón. Suspiraba a cada momento, rogando poder verlo sólo un momento.
—¿Extrañás a mi sobrino? —preguntó en voz baja.
—Sí. Mucho más de lo que pensaba—musitó la chica, bajando la mirada.
—Él estará bien. No es ningún tonto. Si es un auténtico Nara, se librará de esa carga porque le resultará fastidioso —espetó y la Uchiha comenzó a reír.
Definitivamente, era lo que él pensaría.
—No te angusties. Nosotros te cuidaremos—apoyó su mano en la cabeza de Sarada y revolvió su cabello.
Gaara se adelantó rumbo a la sala.
Sarada caminaba lentamente.
La calidez de la familia Sabaku No era única. Realmente se sentía bien a su lado.
Una vez que llegaron al punto de encuentro, Shinki apoyó un documento impreso.
Gaara lo sostuvo y miró a su hijo. Chouchou estaba cruzada de brazos, sentada al lado de su novio.
Sarada y Gaara aun se mantenían de pie.
—Entonces, esto significa que...
—En efecto, papá. Logramos que tenga la condicional.
Aunque deberá ser cauteloso de ahora en adelante—afirmó Shinki.
Sarada sonrió ante la buena noticia, ya que Shikadai por fin podría retomar su lugar en la empresa y en su vida.
—Parte de este enigma está resuelto. Lo que me pregunto, es porqué Naruto Uzumaki desviaba dinero a una cuenta que estaba a nombre de Kawaki—inquirió Shinki, sobando su mentón.
—A lo mejor, existe un secreto más allá de lo que sabemos—añadió Gaara, sentándose en la cabecera de la mesa—. Naruto Uzumaki era un hombre de negocios y sabía perfectamente que cualquiera podría descubrir ese secreto. No es fácil desviar fondos de la empresa a una cuenta personal.
Sarada observaba con atención. Las palabras de Gaara eran razonables si lo pensaban de ese modo.
—Lo digo por experiencia. Si alguien comete tal delito y no fue descubierto sino hasta ahora, es porque alguien más estuvo al tanto de ello—Chouchou miraba a su suegro con admiración.
—Entonces, Shikadai tendrá que descubrir a su cómplice. De lo contrario, no podremos saber qué fue lo que pasó realmente—acotó la Akimichi y todos en la miraron fijo.
Sarada bajó la cabeza.
—¿Qué pasará con ese tipo? —preguntó y Shinki suspiró.
—Shikadai no es tonto. Supongo que debe tener algún plan en mente y logrará dejar en evidencia a Kawaki. En estos momentos, él ni habrá aparecido en UzuNara, por lo que sería un caos que no haya representantes en la presidencia—golpeó la mesa y se levantó —¡SHIKADAI RETOMARÁ SU LUGAR EN UZUNARA COMO DEBE SER!
Chouchou estaba emocionada al escuchar a Shinki. Sarada estaba deslumbrada, ya que no había visto nunca a Shinki tan motivado como en ese momento.
Gaara cruzó sus brazos y sonrió.
—Así se habla, hijo.
Shinki se acercó a su padre y lo abrazó.
La morena no ocultó su asombro ante tal demostración afectuosa.
—Gracias por no abandonarlo... —exclamó.
El pelirrojo acarició la cabellera de su hijo y suspiró:
—Es el único recuerdo vivo que me queda de mi hermana. Ella fue como mi madre y sería un desagradecido si fuera a darle la espalda. Shikadai es parte de nuestra familia y no lo abandonaré a su suerte —musitó el Sabaku No.
Sarada estaba completamente emocionada por conocer a uno de los familiares de Shikadai.
Lamentaba el hecho de que sus padres estuvieran desaparecidos.
—Sarada... —Shinki se había acercado a ella—Cuando eso suceda, tendremos que prepararnos. De ahora en adelante, la lucha será aún más ardua y deberás ser la primera en estar a su lado. Él te eligió como su compañera para batallar al frente y tendrás que auxiliarlo cuando lo necesite.
La Uchiha sentía un gran nudo en su garganta. Deseaba llorar, pero no quería hacerlo en ese momento.
Estaba emocionada de haberse caído en ese sitio en aquel momento.
Estaba feliz por haber conocido a Shikadai.
Estaba deslumbrada y completamente enamorada de Shikadai Nara.
—Así será, Shinki—sonrió —¡Gracias!
Cada día, Yodo observaba a Naruto Uzumaki.
No notaba ningún cambio favorable ni desfavorable. Técnicamente, estaba estable dentro de ese coma.
Aún se preguntaba dónde estaba y por qué la habían dejado junto al Uzumaki.
Las paredes eran blancas y resplandecientes. Encandilaban de tan luminosas que resultaban.
No había ventanas ni ningún tipo de calefacción o ventilación.
Sin embargo, no sufrían cambios drásticos en la temperatura.
Cada mañana, una persona visitaba al Uzumaki y revisaba su estado.
Yodo se limitaba a verlo, ya que no respondían sus preguntas.
La rutina no variaba. De hecho, Yodo comenzaba a presentir el instante en que entrarían a la habitación. Ya sea para chequear a Naruto, como para traerle alimentos a la rubia.
En un rincón dentro del lugar, había un habitáculo en el cual se encontraba el baño.
En lo alto, había un ventiluz.
Allí podía notar cuándo era de día o de noche.
Quería huir, pero no tenía idea de cómo podría llegar hasta allí.
Al escuchar un ruido, Yodo se acercó hasta el Uzumaki.
Escuchaba algo que la inquietaba.
Él estaba moviéndose bruscamente y murmuraba.
—¿Qué sucede? Soy Yodo y quiero ayudarte, Naruto—exclamó la rubia, asombrada al ver el gran cambio en el Uzumaki. Temía por la aparición de ese hombre, así que trató de acercarse para comprender lo que estaba balbuceando.
—Ka... wa... ki—repetía varias veces.
Yodo estaba realmente atónita.
¿Él sólo pensaba en Kawaki? ¿Qué estaba pasándole?
Yodo no comprendía aquello.
—Es... tá—tosió—en—carraspeó—pe... li... gro.
Yodo abrió sus ojos y tapó su boca, sorprendida por aquello.
En ese instante, dos hombres ingresaron rápidamente.
Uno de ellos se ocupó de Naruto y el otro de ella.
Sintió un pinchazo en su cuello y notó cómo su cuerpo perdía fuerza, dejándose caer junto al Uzumaki.
Estiraba su mano para alcanzarlo.
—Aún... —su vista se nublaba—Necesito escucharte —pensó Yodo antes de perder el conocimiento.
¿De qué se trataba todo? ¿Kawaki en peligro?
¿Cómo podía de ir eso si él mismo perjudicó a sus seres queridos?
