Advertencia: Este fic ha sido elaborado de un fan para fans sin fines de lucro, todos los personajes de Yuri On Ice le pertenecen a su respectivo creador. Yo únicamente los utilizo con fines de entretenimiento.
Resumen: Escenas borradas de los doce capítulos de Yuri On Ice, sometidas a cambios futuros. ¡Gracias por leer y comentar! Este cap ocurre de manera simultánea con el anterior.
¡Fácil como Pirozhki! La gran final de lágrimas
Escena VI: Contingencia.
Phichit miró a su mejor amigo con un evidente gesto de preocupación adornándole las facciones, pero aunque intentó disimular lo mejor posible cómo era que se sentía en ése justo instante, no consiguió hacerlo en absoluto. Durante los últimos veinte minutos los dos se habían quedado en el área de vestidores para calentar un poco y así saltar a la pista sin riesgo a sufrir un doloroso calambre, sin embargo, mientras elongaban, Yuuri comenzó a soltarle pequeños trozos de información referentes a su reunión donde fue requerido esa semana, con motivo de tratar el asunto de su permanencia en la Universidad, ocasionando que todas las alarmas del tailandés se encendieran cual vistoso árbol de Navidad.
Por obvios motivos las conversaciones que ambos mantenían en privado jamás llegaban a oídos de Celestino. Respetaban demasiado la confianza e intimidad que habían logrado forjar con los años de larga convivencia mutua, sobre todo porque Yuuri no era alguien que confiara fácilmente en las personas, empero, si acaso aquel asunto terminaba poniéndose feo en verdad, entonces Phichit se sentiría con la obligación moral de dar aviso a Celestino tarde o temprano.
El italiano solía ser bastante aprensivo en cuanto a la seguridad de sus patinadores respetaba; ellos, por supuesto, no eran excepción.
Más todavía porque eran dos extranjeros cuyas culturas y tradiciones abismalmente distintas entre si contrastaban en extremo con el acelerado ritmo de vida en Detroit. Phichit nunca tuvo miedo a intentar cosas nuevas desde que abandonara Bangkok para comenzar su entrenamiento profesional, pero de Yuuri no podía decir lo mismo. Era demasiado tímido, demasiado reservado, demasiado introvertido pese a ya casi rondar los veinticuatro años. Nunca le había conocido amigos más allá de si mismo y ni hablar de una pareja formal.
Claro que hubieron muchos interesados en él, con la ropa correcta y sin esos lentes Yuuri cambiaba por completo su apariencia, más el chico Katsuki bajo ninguna circunstancia les permitió ir muy lejos al imponer una gran barrera infranqueable, alegando que necesitaba mantener su entera atención en los estudios y patinaje ya que siempre tuvo el sueño dorado de competir en la misma pista que Victor Nikiforov. Con quien, por cierto, Phichit creía firmemente Yuuri tenía una fijación bastante extraña. ¡Si hasta le puso el mismo nombre a su mascota ya fallecida, cielo santo!
Eso iba más allá de cualquier fanatismo común.
Además toda la vida de su amigo giraba torno a ese ruso que seguramente ni sabía sobre su existencia. Si el rostro del cuatro veces campeón mundial aparecía en alguna revista Yuuri no dudaba en comprarla, o si escuchaba cualquier noticia referente al príncipe del hielo nadie lograba despegarlo de su celular por horas. Phichit también era un patinador y claro, tomaba como referencia a esa leyenda viva para pulir algún quad con el que estuviera teniendo problemas. Empero, Yuuri llevaba el asunto más allá de lo necesario.
¡Conseguir novia no le sería tan difícil si dejara de pensar menos en Victor!
Yuuri también podría tener a quien quisiera gracias al increíble magnetismo que formaba parte de su personalidad aun sin darse cuenta y, cuando en realidad los demás llegaban realmente a conocerlo, nadie lograba evitar caer bajo sus encantos naturales. Yuuri era amable, educado, gentil, desinteresado, sincero y jamás dudaba en brindar ayuda si alguien lo necesitaba sin esperar ninguna retribución; pero su constante inseguridad le reprimía en gran medida. Tal vez Yuuri no era famoso como Victor Nikiforov, ni tampoco poseía tantas medallas; en cambio, lo que sí tenía era un gran corazón aún cuando fuera tan frágil como el mismo cristal.
Y habría quienes buscarían tomar ventaja.
Nada más le hablaron sobre él, Phichit sospechó al instante del profesor Travis Patterson quien precisamente y contra todo pronóstico dada su nefasta reputación, fue el responsable de ofrecerle a Yuuri tramitar la beca completa gracias a sus impecables logros académicos. Era, sin duda, una excelente oportunidad; eso cualquier idiota con dos dedos de frente lo vería inclusive a kilómetros. Más aún porque Phichit sabía que la familia Katsuki no podría cubrir por completo la matricula durante otro año y, aunque él mismo hubiera ofrecido ayuda económica, Yuuri jamás lo hubiese aceptado.
Y el conjunto de todas esas malas situaciones sólo instaban a Yuuri a dejar el patinaje artístico al menos hasta su tan esperada graduación. De acuerdo, quizá los profesores únicamente le hicieron ver las opciones a elegir en un astuto plan de contingencia, pero lo habían hecho durante un muy mal momento. Faltaban sólo pocos días para que iniciara el Campeonato Nacional Japonés, Celestino y Yuuri debían viajar a Hokkaido en breve para ultimar detalles lo mejor posible; lidiar con un Yuuri emocionalmente inestable sin lugar a dudas era signo inequívoco de problemas. Phichit no podía ni imaginarse cómo volvería su mejor amigo si acaso perdía en su propia casa.
¿Si eso sucedía, Patterson sacaría provecho de la inestabilidad emocional de Yuuri? Algo en ése hombre que no le terminaba de gustar en lo absoluto. Su madre siempre solía decir que si pensaba mal, de cierta manera acertaría; y está vez Phichit concluyó ella tuvo razón. Patterson parecía ser del tipo que jamás daba un solo paso sin meditarlo seriamente primero. Sí, Yuuri era el mejor alumno de su generación, él mismo lo vio desvelarse incontables noches mientras se preparaba para rendir sus exámenes, nadie más merecía ése apoyo tan grande, empero, si la propuesta hubiese venido de Barbara Cambell quizá no le vería tanto problema.
Patterson, en cambio, era otro asunto.
Muchas veces antes Phichit escuchó sobre horribles escándalos que giraban torno a una relación inapropiada entre un profesor y un alumno ya fuera consensual o forzada. Si Patterson era gay no debía importarle en lo más mínimo pues cada quien hacia con su vida lo que le viniera en gana, pero si se atrevía a traspasar los límites al mostrar interés en Yuuri, ahí cambiaba el asunto. Phichit jamás fue prejuicioso, sin embargo le inquietaba un poco la verdadera inclinación sexual de Yuuri, pues apostaría los dedos de su mano derecha que las mujeres no le atraían mucho. Habían sido pequeños detalles los que lo delataban.
Por ejemplo, incontables veces vio a Rebeca –la atractiva vecina del 14B– intentar en repetidas ocasiones hacerle notar a Yuuri cuán interesada estaba en comenzar algo más allá de la simple amistad que compartían gracias a los juegos ocasionales de baloncesto que a veces organizaban. O también esa agradable chica del conservatorio, quien aceptó realizarle un demo sin pensárselo dos veces. Una era casualidad, dos algo ya premeditado; tal vez Yuuri lo hacía a propósito o bien no lo notaba porque era un despistado terrible.
Pero Travis Patterson era un hombre ya entrado en años y con mucha más experiencia en incontables sentidos. Podría, si se lo proponía, engatusar a Yuuri fácilmente y Phichit se comería enteros sus patines antes de verlo arruinar todo cuanto había logrado sólo porque un maldito pervertido que le doblaba la edad creyó buena idea poner los ojos en él.
¿Lo peor? Yuuri no parecía darse por aludido.
—No me gusta —dijo con algo de dificultad pues los dos yacían sobre el suelo, conforme hacían algunos estiramientos frente a frente.
Yuuri se quejó cuando fue su turno de moverse hacia adelante.
—¿Por qué no? —quiso saber—. Es una excelente ofrecimiento y me dará oportunidad de concluir mis estudios sin preocupaciones —le hizo ver.
El tailandés hizo un gesto de clara inquietud.
—Sí, entiendo ésa parte, pero el resto todavía no termina de convencerme —Pichit haló las manos de su amigo conforme él se recostaba y Yuuri subía—. ¿Tienes alguna idea sobre qué lo motivó a hacer algo así? Según sé Patterson es un auténtico tirano.
—No, sólo dijo que reconocía un buen estudiante cuando lo veía —meditó restándole importancia—. En realidad apenas intercambiamos algunas palabras cordiales, luego dejó todo en manos de la profesora Cambell y se marchó.
—¿Te pidió hacer algo fuera de lugar? —preguntó, aunque lo dudaba con otros dos maestros ahí presentes; nadie era tan estúpido.
—¿Fuera de lugar? —Yuuri negó—. Todo lo contrario; fue muy amable. ¡Yo en realidad pensé que iba a hacerme pedazos!
—Ya veo —Phichit dejó escapar un gran suspiro—. ¿Y necesariamente debes cursar otro año? ¡Vas a perderte toda una temporada, Yuuri! Esta vez planeaba competir contra ti en el mismo circuito. ¿Has pensado en eso? ¡Sería tan emocionante!
Yuuri sonrió ante la idea. Sí, sería genial disputarse una medalla con Phichit pues los dos tenían esa meta desde que se conocieron pues respetaban profundamente el patinaje del otro.
—Bueno, realmente no planeo que sea tanto tiempo —el otro le miró sin comprender—. Verás, estuve charlando con Cambell y me comentó que una solución viable para permitirme acreditar las materias requeridas era aplicando a exámenes especiales —Phichit siguió sin saber de qué rayos hablaba—. Técnicamente, significa que en lugar de asistir a una clase normal cada día por todo un semestre, los profesores a cargo me facilitarían una guía de estudio, entonces, tras programar una fecha determinada, seré sometido a evaluación global. Si apruebo ya no será necesario cursarla de manera presencial y podré graduarme según lo previsto.
—¿Entonces de cuánto estamos hablando? —era arriesgado. Yuuri pocas veces trabajaba bien bajo presión y estrés, Phichit en serio rogaba que su mejor amigo no terminara desmoronándose a la primera de cambios.
—Tres meses, cuatro a lo sumo —concluyó tras hacer algunos cálculos.
Phichit se mordió el labio inferior tras darse cuenta que todas las fechas coincidían con los planes de Yuuri.
—¿Y no será muy complicado para ti? —agregó—. Tras las Nacionales viene el Cuatro Continentes y luego el Mundial —de pronto la expresión que notó en Katsuki despejó varias dudas—. Oh no, Yuuri...
—No te lo había comentado porque apenas lo empezaba a ver como un plan sólido —Yuuri se removió avergonzado—. Si durante el Campeonato Nacional me resulta imposible ganar una buena puntuación, voy a tomar un descanso. Phichit-kun, en verdad necesito hacer esto porque así tendré oportunidad de poner en orden todas mis prioridades. ¿Lo entiendes, verdad? —el tailandés asintió, más le preguntó si Celestino ya sabía sobre su repentina decisión—. Voy a decírselo cuando terminen las Nacionales.
—¿Y luego? ¿Después de la graduación qué vas a hacer? —Yuuri sabía exactamente tal respuesta pues llevaba considerándolo inclusive antes de lidiar con tal encrucijada.
—Volveré a Japón —concluyó sin titubear.
Phichit dejó al fin los estiramientos y comenzó a meditar. De igual modo, en reiteradas ocasiones pensó seriamente en regresar a casa porque todo cuanto deseaba era prestar especial atención a sus entrenamientos, al menos si acaso quería clasificar como era debido la siguiente competencia. Y se le ocurrió una muy buena idea; una que quizá le gustaría al joven Katsuki.
—¿Y si vienes a Tailandia conmigo? —soltó de sopetón.
—¿Qué?
—Voy a dejar la escuela —confesó—. No definitivamente, por supuesto; si me quedo aquí sólo será más difícil ofrecer un buen espectáculo durante el Cuatro Continentes que es el evento más próximo. En Tailandia hay todo lo necesario para entrenar y sería como iniciar de nuevo. ¡Piénsalo Yuuri! Si nos mudamos, mis padres van a recibirnos con los brazos abiertos; ellos te adoran y una vez allá sólo necesitarías preocuparte por mejorar tus rutinas. ¿Qué te parece? ¡Será divertido! ¡Oh, también podré mostrarte Bangkok! Hay tantos lugares fabulosos para turistear.
Yuuri miró con infinito cariño a su mejor amigo. Sabía que Phichit sólo buscaba su bienestar, no obstante, era un proceso por el cual debía pasar solo. Además, si aceptaba seguramente la señora Chulanont no le dejaría marchar hasta que aumentara unos cuantos kilos pues, a opinión de la amable mujer, necesitaba comer adecuadamente.
—Te agradezco mucho el ofrecimiento Phichit-kun, pero han pasado casi cinco años desde que abandoné Hasetsu y extraño a mi familia —se disculpó.
Y Phichit en serio se mostró desanimado. Era su última carta jugable.
—Sabes que tienes mi apoyo incondicional a todo cuánto haces, aun así, prométeme tendrás cuidado con Patterson —Yuuri abrió la boca dispuesto a replicar, empero Phichit insistió—. Por favor...
—¿Qué tiene de malo? Has actuado muy extraño en cuanto a él respecta.
—No lo conoces —exteriorizó ansioso—. Pocas veces confías en los extraños, ahora más que nunca sigue fiel a esa costumbre Yuuri; sobre todo si se trata de ese tipo.
—Estoy seguro que nada ocurrirá, Phichit-kun —le dijo con tranquilidad.
—¡Promételo, Yuuri! —insistió.
—De acuerdo: lo haré.
Los dos se sonrieron mutuamente y justo en ése instante Celestino hizo acto de presencia, riñéndoles por perder minutos valiosos cuando deberían estar ya aprovechando la mañana para seguir puliendo sus respectivos programas. Ambos, disculpándose, procedieron a correr hacía la pista lo más rápido posible, sin embargo antes de ingresar al hielo Phichit le pidió tomarse algunas fotografías juntos porque aquellos iban a ser los últimos meses que pasarían juntos antes de emprender caminos separados.
Jamás dejarían de ser amigos, siempre estarían a disposición del otro sin importar las circunstancias, pero inevitablemente, cuando se volvieran a encontrar lo harían como dos grandes rivales.
¡Hola de nuevo!
El capítulo fue algo complicado de redactar pues conforme revisaba los anteriores me di cuenta cometí un grave error temporal. Según el anime (tanto en inglés como en español) transcurrió un año desde el Grand Prix donde Yuuri quedó sexto, sin embargo, como me gusta siempre apegarme lo más posible a la realidad, mientras realizaba algunas investigaciones en cuanto a fechas se refiere, vi con horror todo sucede con sólo escasos meses de diferencia. El Grand Prix termina en Diciembre, luego el Campeonato Europeo y las Nacionales de Japón se lleva a cabo en Enero, el Cuatro Continentes en Febrero y el Mundial en Marzo. ¡Cuando caí en la cuenta casi me dio un ataque! Por ende quizá les resultó un poco extraño que ahora Yuuri buscará terminar sus estudios en tan sólo tres o cuatro meses. Pero quiero llevar lo más apegado el fic al anime pues de eso van las escenas borradas.
Entonces me basé en una experiencia propia. Cuando cursaba la Universidad, me restaba sólo una materia y no estaba dispuesta a pagar otro semestre sólo para cursarla, fue así que mi asesor académico me propuso aplicar a un examen especial, para el cual debí estudiar durante un mes si deseaba aprobarlo. Afortunadamente así ocurrió y todo resuelto. Lo creí buena idea si con ello justificaba la reducción de tiempo dentro del fic. Eso da a entender Yuuri sólo tiene tres o cuatro materias pendientes para conseguir los créditos necesarios y graduarse.
De igual modo, intenté encontrar dónde se llevaron a cabo las Nacionales en Japón durante el 2016, más no encontré nada y lo inventé. Siento eso, pero si alguien sabe y puede pasarme el dato lo cambiaré a la brevedad. Entre tanto, la idea de la foto que se tomaron fue basada en una imagen que encontré durante una de mis tantas navegaciones para encontrar información. ¿Tienen alguna mínima idea sobre cuántas escenas borradas dan pie a todas las fotografías oficiales que han lanzado tras finalizar el anime? ¡Por Merlín, ya quiero llegar al momento en que Yurio, Victor, Yuuri y Makkachin van a la playa en ése precioso deportivo rosa! Sepan también que inclusive planeo integrar algunas escenas del ending :3
Lamento si las cosas van un poco lentas por ahora, pero poco a poco nos acercamos a los capítulos importantes. En el siguiente tendremos quizá a Yuuri en competencia, o puede que muestre algo más de nuestro Vitya.
Sin más, espero sigan pasado un excelente fin de semana. Gracias por el apoyo incondicional a los que leen y comentan, ya saben que ustedes los responsables de que esta historia continúe en emisión. ¡Los demás no sean tímidos! Adoro leer sus preciosas opiniones. ¡Saludos y hasta otra!
