Sarada despertó al día siguiente sobresaltada.
Se sentó en la cama y tocó su pecho. Respiraba muy rápido y sus nervios se habían disparado.
Miró a su alrededor y notó que era de día.
Un rayo que había caído a escasos metros la había arrastrado del mal sueño que estaba teniendo.
Escuchó que golpearon la puerta y se levantó a abrirle.
Acomodó un poco su cabello y se colocó los lentes.
Al abrir, se topó con Chouchou. Ella tenía una expresión distinta a la que solía mostrar y eso despertó preocupación en la Uchiha.
—¿Te desperté, Sarada? —inquirió.
—No... —miró a la ventana—Ya lo había hecho.
La morena suspiró. Sarada la dejó pasar y la Akimichi se sentó en la cama. Sarada se ubicó a su lado.
—¿Qué sucedió? No es usual que vengas así y con esa expresión—expresó la Uchiha.
Chouchou juntó sus manos y cerró sus ojos.
—Se trata de Dai... —Sarada se sorprendió al percatarse del motivo que la tenía así a Chouchou.
—¿Qué pasó con él? —preguntó exaltada. Se levantó de la cama y la morena suspiró.
—Se fue junto con Shinki, pero eso no es lo que me preocupa... —Chouchou abrió los ojos y mordió su labio inferior.
—¿Volvió a su casa, verdad? —preguntó con temor. Él le había dicho que podría suceder y le pidió que lo acompañara, pero se negó.
—Sí. Tengo miedo que le hagan algo cuando esté solo... —Sarada se sentía igual.
De hecho, la culpa la torturaba, pero sería aún peor si iba con él.
—Él me pidió que lo acompañara, pero me negué... —aseguró y Chouchou se mostró asombrada.
—¿Por qué? Es decir, vos lo amás y eso sería una oportunidad para... —acotaba la Akimichi.
—¡NO PODRÍA SOPORTARLO UNA VEZ MÁS, CHOUCHOU! —el cuerpo de Sarada comenzó a temblar y las lágrimas no tardaron en salir—LO HE PERDIDO TODO UNA VEZ Y NO QUIERO QUE PASE DE NUEVO... —llevó las manos a su rostro y dejó que la angustia aflorara sin temor.
Chouchou se levantó y la abrazó con ternura. Acarició su cabeza y tarareaba esa extraña canción que sólo ella conocía.
—Shikadai es fuerte. No tengas miedo por él...
Era fácil decirlo, pero no podía ponerse en los zapatos de Sarada y, mucho menos, en los de Shikadai.
Ambos tenían miedo el uno por el otro y, al mismo tiempo, se necesitaban.
Chouchou percibía que Sarada estaba desesperada por correr a los brazos de Shikadai, pero un fuerte temor la hizo retroceder.
—¿Qué haré si le pasa algo? —exclamó entre lágrimas.
—Saldrá adelante, como todas las veces. No dejaremos que nadie lo lastime... —Sarada se aferraba a Chouchou como si de una madre se tratara.
—¿Se habrá enfadado conmigo? —preguntó con timidez —Ni siquiera se ha despedido de mí... —abrazó con fuerza a la Akimichi.
—Si no lo hizo, fue para evitar que ambos sufrieran. Dudo que esté enfadado—sonrió —. Es un tonto y tozudo, pero cuando supo el significado del amor, cambió la terquedad por la protección.
Las palabras de Chouchou lograron calmar a Sarada.
Sin embargo, la morena tenía un mal presentimiento y eso la tenía demasiado alterada.
No obstante, prefirió guardarse esa molestia que la aquejaba para contener a su amiga.
Después de pasar a firmar en la dependencia policial, Shikadai regresó a su antiguo hogar, acompañado de su fiel compañero Shinki.
La casa guardaba una infinidad de telarañas y polvo que el Nara deseaba erradicar rápidamente, pero llevaría más tiempo del que pensaba.
—¡Una fuente inagotable de alergias conviven en este lugar! —exclamó y cubrió su nariz con el pliegue del codo.
Shinki era alérgico al polvo y por eso se fijaba meticulosamente en cada rincón para evitar que se juntase.
—Lo siento—Shikadai se apresuró a abrir los ventanales y corrió las cortinas para que el aire limpiara ese desastre.
—¿Estás seguro que preferís estar solo? Me parece muy peligroso...
—Por seguridad de mi tío, Chouchou y tuyo, sí—aseguró y comenzó a buscar elementos para limpiar.
—¿Y Sarada qué? —Shinki notó cómo el polvo comenzaba a disiparse y destapó su rostro. Sin embargo, el olor a humedad estaba mareándolo.
—Ella está bien en la casa del tío...—espetó con desinterés—Prefirió quedarse allí que venir conmigo.
—Por eso estás molesto y ansioso. Ahora comprendo—cruzó sus brazos y comenzó a reír a carcajadas.
Shikadai se molestó y gruñió.
—Sí que sos tozudo. Lástima que no podés contra Sarada—el tono burlón de Shinki molestaba a Shikadai, quién acabó arrojándole un trapo cubierto de polvo.
Él se cubrió y dio media vuelta para continuar riéndose de su primo.
—No te burles, idiota... —frunció el ceño.
—No la culpo, Dai. Ella prefiere verte bien y no muerto como Boruto—exclamó sin titubear.
Shikadai se detuvo un instante para reflexionar y concordaba con él.
Ella había sufrido demasiado con la muerte de Boruto y no pretendía pasar por lo mismo.
Sin embargo, Shikadai no deseaba acabar del mismo modo. Él pelearía hasta el final para saber qué fue lo que sucedió.
—Después de mucho tiempo, por fin tengo un pendiente. Un cliente solicitó mi servicio, así que haré el bien... —suspiró y caminó lentamente hacia la salida.
—Gracias, Shinki—espetó el moreno.
El joven médico se detuvo y sonrió. Pese a que Shikadai había pasado por muchas penurias y aún no lograba resolver todos los problemas, estaba contento por estar a su lado y cumplir un importante rol en su vida.
—Me lo cobraré cuando regreses triunfante a tu empresa. Ya diste un gran paso al volver a este lugar. Espero que te cuides, Dai.
Más allá de su expresión desinteresada, Shinki estaba muy preocupado por Shikadai.
Los asesinos de Boruto continuaban sueltos. Los que conspiraron contra sus padres, también.
No tenían noticias de Kawaki y no sabían de sus verdaderas intenciones.
Todo era demasiado confuso y la vida del Nara corría peligro.
—No moriré sin saber las razones que me mantienen en pie... —afirmó con seguridad.
Shinki se retiró y dejó a su primo con muchos interrogantes.
¿Por dónde empezaría?
Primero, comenzó sacudiendo el polvo de los sofás y muebles.
Tosió en varias ocasiones y terminó igual que un fantasma.
Pero era el comienzo...
Luego, barrió a fondo cada ambiente y trapeó el piso con un desodorante aroma a lavanda que tanto amaba Temari.
Limpió con paciencia cada mueble y eliminó cualquier rastro de polvo.
¡Pero había olvidado algo importante!
Al alzar la vista, notó que las telarañas estaban a medio metro de alcanzarlo.
Las quitó con una escoba y se quejaba por tener que volver a barrer.
—¡Este trabajo es más agotador que estar 10 horas fuera de casa! —exclamó y secó su frente.
Se quejaba por el olor a transpiración, así que se acercó al termotanque y lo encendió.
Al cabo de unas horas, podría bañarse.
Mientras tanto, exploró la habitación de sus padres.
Su cama estaba tendida cuidadosamente. Shikadai se sentó en la cabecera y observó la fotografía que se encontraba en la mesa de noche. Era la de su boda, mostrando un cálido beso y se notaba cómo eran envueltos por una lluvia de arroz.
Sonrió.
Abrió el cajón y sacó un pequeño alajero en el cual Temari guardaba sus accesorios: aretes, pulseras y cadenas eran lo que predominaban.
Sin embargo, al fondo de ella, encontró una llave extraña.
Jamás la había visto y le llamaba la atención.
La observó detenidamente y se percató de que se trataba de un regalo recibido de su padre.
No obstante, esa llave podría ser útil aunque no lograba descubrir su origen.
La guardó en su bolsillo y dejó las cosas tal como las había encontrado.
Suspiró y se levantó para revisar el lugar que más le interesaba.
Dentro de la misma habitación, se encontraba la computadora personal de Shikamaru.
Le conectó el cargador y lo dejó para indagar en él más tarde.
Suspiró pesadamente y caminó con parsimonia cada ambiente. Los recuerdos llegaban como un torrente.
Mientras se bañaba, pensaba en lo que los investigadores le habían prometido aquel día.
—Apenas tengamos una novedad, lo llamaremos, señor Nara—tanto él como Inojin estaban pendientes de los gestos de los hombres.
Su profesionalismo respecto al encargo parecía darles un gran motivo para avanzar lo más pronto posible.
El caso Uzumaki-Nara había adquirido gran relevancia mediática, así que no podían dar pasos en falso o la empresa quedaría mal parada.
Además, de obtener pistas fehacientes, UzuNara se encargaría de retribuirle con una fuerte suma de dinero, que ni con tres casos juntos podrían recaudarlo.
Shikadai estaba ansioso. Necesitaba respuestas inmediatas o perdería la cordura tarde o temprano.
Mientras secaba su cuerpo, escucho que su celular sonaba.
Corrió hacia él y atendió sin mirar quién era la persona que lo llamaba.
—¿Hola?
—Realmente es un lujo contactarlo, señor Nara...
Shikadai frunció el ceño. El tono de voz del hombre que estaba al otro lado le daba muy mala espina.
—¿Quién sos? —exclamó alterado. Apretaba el celular y miraba a todos lados.
—Aún no es tiempo de saberlo, pero creo que te gustaría conocer un poco más del nuevo representante de UzuNara, es decir, nuestro gran amigo Kawaki—la turbación que Shikadai estaba teniendo en ese instante, lo atosigaba.
Kawaki formaba parte de una de sus prinpales prioridades y no permitiría pasarlo por alto.
Sin embargo, la socarronería de quien estaba al otro lado, hacía que su impetuoso espíritu se detuviera a analizar fríamente la situación.
—No estamos aquí perdiendo tiempo para tonterías sin sentido—respiró profundo—¿Qué es lo que querés?
—Bueno mi querido Nara, creo que tendrás ganas de esto por vos mismo, así que sólo te enviaré una imagen para que entiendas lo que está pasando ahora...
—¿Qué...? —la llamada fue abruptamente cortada.
De inmediato, recibió un archivo en su WhatsApp de un número que no tenía agendado.
Sacó captura del mismo y observó detenidamente la imagen recibida.
Al percatarse de los detalles, su teléfono cayó de inmediato y sintió ganas de vomitar.
Su pecho dolía y sus nervios se tornaron incontrolables.
Una vez más, el tono de llamada lo alertó y atendió nuevamente.
—¡BASURAS! ¿CÓMO PUDIERON...?
—Tranquilo. Esto puede solucionarse.
—¿CÓMO? —Shikadai había perdido los estribos. Esa imagen lo había desesperado al punto de no pensar.
Una vez más, sus actos volvían a ser impulsivos.
—Esperá mi llamada. Así y sólo así podremos negociar... —una vez finalizada la llamada, Shikadai dejó caer su cuerpo.
Estaba desesperado y perturbado. Sentía que la situación estaba escapándose de las manos.
—¿Por qué...? —rompió en llanto y gritó desde lo más profundo de su ser.
Hacía mucho tiempo que no se sentía así...
Mientras tanto, Kakashi se ocupaba de los asuntos pendientes que Kawaki había abandonado intempestivamente.
Su cabeza estaba a punto de explotar, al igual que su corazón.
Al ver el regreso triunfante de Shikadai, permitió replantearse algunos asuntos que lo perturbaba desde la desaparición de Naruto Uzumaki.
Aún conservaba aquella misteriosa llave que Kawaki poseía y eso despertaba curiosidad en el peliplata.
¿De dónde sería?
—Creo que ha llegado el momento—espetó y la guardó —. Siento tener que romper la promesa, pero no puedo ocultarlo más... —suspiró —Perdón por esto, Naruto.
