Advertencia: Este fic ha sido elaborado de un fan para fans sin fines de lucro, todos los personajes de Yuri On Ice le pertenecen a su respectivo creador. Yo únicamente los utilizo con fines de entretenimiento.
Resumen: Escenas borradas de los doce capítulos de Yuri On Ice, sometidas a cambios futuros.
Capítulo especial por las mil lecturas en Wattpad. Aquí lo dedico a quienes siempre leen y comentan.
Especial parte I: "Kiss and Cry"
PerlaNegra(Administrador): Ok, en este post vamos a tratar temas relacionados con nuestra Ship más reciente: los adorables Victor Nikiforov y Yuuri Katsuki. Como moderadora, espero que se muestre el debido respeto a todos los usuarios que estarán expresando su opinión al respecto. ¡Quedan advertidos, en verdad! No quiero tener que lidiar con discusiones kilométricas por cualesquiera que venga aquí a esparcir odio e intolerancia. Entonces, una vez aclarado ése punto, les dejo abierto el topic para comenzar cuando ustedes así lo deseen. Y recuerden: We born to make history, guys!
Saidvr75(20ago): ¡Mil gracias por la bienvenida! Estaba esperando con ansias el apartado desde que pudimos ver el sorpresivo beso en China horas atrás. ¡Hay tantas cosas que me gustaría compartir con ustedes! Tengo múltiples teorías respecto a cómo pudieron ocurrir las cosas entre Yuuri y Victor, Dios santo. Y para animar la conversación que recién comienza, traeré a colación la primera de ellas. Por ejemplo: ¿quién, tal como yo, piensa que esos dos han mantenido una relación fuera de los focos mediáticos desde hace tiempo? No por nada el gran "Príncipe del hielo" Victor Nikiforov abandonaría una carrera tan lucrativa en Rusia sólo para entrenar a alguien que ni siquiera conoce, por un vídeo que accidentalmente se volvió viral? ¡He lanzado la primera piedra damas y caballeros! Espero sus respuestas.
Dailyfran(20h ago): Me quedan claras las reglas, PerlaNegra; digo, no quiero salir perjudicada en algún momento por defendernos de los trolls. Saidvr75, contestando a tu pregunta, yo la verdad también creo lo mismo. Ellos debieron conocerse en algún punto del Prix, es una competencia muy cerrada a final de cuentas. Katsuki llegó a la final el año pasado, Victor también y aunque van unos contra otros eso bajo ninguna circunstancia les impide relacionarse sin mayor problema. Aquí el punto es: ¿quién convenció a quién?
Monixa(20h ago): RAYOS! Esperaba esto desde hace horas. ADMINISTRADORES, SE VIERON LENTOS! Ahhhh, pues qué les puedo decir? Los amo a los dos. A Victor y a Yuuri por igual pese a todas las cosas malas que pululan por ahí. YO LOS APOYOOOO! Y qué importa quién convenció a quién? TENEMOS VICTUURI!
FPrada(20h ago): Hola hermanos y hermanas Victuuri, espero de todo corazón que podamos llevarnos la mar de bien porque cada uno de nosotros aquí compartimos una misma afición, ¿cierto? Con respecto al tema, me importa un bledo si se conocieron antes o después, lo verdaderamente importante ahora es que son felices y justo ahora deben estar cogiendo como unos malditos conejos en primavera. Supongo es lo único relevante, ¿no?
Mara(19h ago): ¡Te pasaste FPrada con ese comentario! jajajajajajajajajajaja...Pero sí, beso o abrazo da igual. ¿Por qué mierda no lo hacen oficial? SI SE AMAN, CON UN DEMONIO!
PerlaNegra(Administrador): ¡Hola de nuevo a todos! Gracias por cooperar en el topic y veo con gran gusto que esto se descontrolará un poco conforme sigan pasando las horas. Monixa, mis más sinceras disculpas por demorar en la creación del tema, pero quería estar segura de que había suficientes personas interesadas en comentar; afortunadamente veo es así. Ahora bien, como también voy a participar muy activamente para supervisar que nadie infrinja ninguna regla de cortesía antes impuesta, les paso a dejar mis impresiones y/o comentarios.
¿Qué si yo también creo Victor y Yuuri han mantenido una relación secreta? La verdad es que no.
Como bien dijo DailyFran, el Prix es una competencia súper cerrada dónde por lo general todos llevan años participando, si alguno de ellos dos se hubiese conocido antes o bien iniciado cualquier asunto sentimental propiamente dicho, con gran dificultad hubieran podido esconderlo. Esas cosas se notan a kilómetros, ¿saben? Además, como ya pudimos ver en distintas ocasiones ninguno conoce de sutilezas cuando de interactuar juntos se trata (el Instagram de Victor me respalda, joder) Y claro, ustedes dirán existen muchísimas formas para intentar ocultarlo, pero vamos a pensar un poco: a semejantes alturas tenemos un conocimiento bastante amplio respecto a cuán intolerantes pueden llegar a ser los Rusos con la comunidad LGTB. ¿Consideran que si Victor aceptaba frente a todo el mundo, a plena mitad de temporada que tenía una relación con Yuuri Katsuki, algunos de sus patrocinadores no se habrían sentido ofendidos? La respuesta es sí.
Recuerden: todo atleta exitoso depende casi por completo de los patrocinadores y Victor mismo no podía darse el lujo de perder tan vital apoyo económico en plena competencia. Gracias a ello, me inclinaría más a pensar que la historia entre nuestra parejita dorada comenzó a consolidarse luego que Victor ganase su quinta medalla en el mundial. Una vez libre de responsabilidades, supongo nadie podía negarle cumplir su propósito, ¿no?
¿Y ustedes qué opinan?
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Yuuri miró con cierta incomodidad a través del cristal de sus gafas como Victor, todo sonrisas y encanto, interactuaba con su madre conforme ambos intentaban preparar la cena ésa noche.
Tras concluir un entrenamiento bastante agotador, regresaron a Yutopia anhelando tomar un baño caliente, comer algo y después irse a dormir. Pero nada más cruzaron el portón principal, Hiroko les informó necesitarían esperar al menos una hora para cenar pues la compañía responsable de brindarles el servicio de gas doméstico les había informado presentaban ciertos problemas técnicos en algunas tuberías, razón por la cual necesitaban suspender el flujo hasta nuevo aviso. Yutopia era un establecimiento comercial, debido a ello requería mayor consumo de servicios básicos que cualquier residencia común. No hubo nada que pudieran hacer al respecto.
Entonces, cuando tuvieron a disposición el gas otra vez, Hiroko se apresuró a sacar ingredientes del refrigerador con gran prisa. En realidad, ella demasiado educada para siquiera pedirles ayuda buscando así agilizar todo el asunto, fue sorprendida por Victor que, con un gran entusiasmo y su precario japonés, le comentó estaría feliz de ofrecerle algo de asistencia pues adoraba aprender cosas nuevas; la comida típica de Hasetsu, claro, no era ninguna excepción.
Y ahí estaba él, fungiendo como traductor improvisado pues ninguno hablaba del todo bien un idioma concreto con el cual pudieran comunicarse entre sí. El onsen recibía visitas extranjeras con cierta regularidad al año, motivo por el cual sus padres se vieron en la necesidad de aprender Inglés básico, no obstante, les resultaba todavía muy complicado hablarlo con suficiente fluidez. Mari solía encargarse de los clientes de aquel tipo, es más, a Yuuri le hubiera encantado que su hermana mayor fuera quien realizara ése incómodo trabajo, pero la muy traidora había salido con unas amigas dejándole abandonado sin misericordia a su completa mala suerte.
Bueno, en honor a la verdad Mari no era ciega; estúpida mucho menos. Si bien sabía cuáles eran los motivos que motivaban la continua reticencia de Yuuri a guardar silencio respecto al tema que durante tantos días todos parecieron evitar tocar, pero igual seguía flotando entre ellos como pequeñas motas de aserrín contra los rayos de sol, ella respetaba sus espacios y guardó silencio. Le conocía lo suficiente para saber que, cuando se sintiera listo, acudiría por consejo. Cosa cierta, ¿pero cómo hacerlo si el mismo Yuuri no sabía qué rayos debería decir? Llevándose una mano al mentón, Yuuri dejó escapar un suspiro repleto de completa frustración pues, a esas alturas, la relación entre Victor y él no marchaba del todo bien.
Gracias a Yuuri, los dos llevaban poco más de una semana distanciados, pero no porque Victor se hubiera molestado con él tras haber logrado conseguir sólo una medalla de plata en su reciente competencia clasificatoria en China, no.
Antes bien, al concluir el evento, sin pena ni recato Victor se encargó de hacerle saber a todo aquel dispuesto a ver y escuchar cuán orgulloso se sentía de su patinador estrella. En las conferencias de prensa no paró de hablar sobre los logros obtenidos y cada posible sorpresa futura como siguieran trabajando a tan buen ritmo. Sin embargo, pese a ser protagonista en dicho asunto, Yuuri solamente deseó que la tierra se abriera disponiéndose luego a tragárselo entero, sobre todo por las preguntas inapropiadas fuera del ámbito profesional que en algún momento comenzaron a lanzarle cual metralla; preguntas que, desafortunadamente, no supo cómo responder.
Luego del escándalo mediático a gran escala, Victor se negó a soltarlo en toda la noche ni aun cuando regresaron al hotel para descansar. Sobraba decir Yuuri no consiguió conciliar el sueño pues notaba en exceso la presencia del otro hombre que dormía a sólo escasos veinte centímetros de distancia.
¡Pero le resultaba imposible, caray!
Aún guardaba en su memoria cómo se sentía tener aquel cuerpo cálido sobre el suyo, presionándolo con ligereza y moldeándose al propio igual que dos perfectas piezas de un rompecabezas. La manera en que los brazos ajenos le sostuvieron con fuerza, haciéndole sentir valioso, especial e irreemplazable. Y esos labios, Dios; esos labios que invitaban a ser probados una vez más pero ahora sin prisas o exigencias, sino lenta y suavemente. No, Yuuri todavía no superaba el simple hecho de que su flamante entrenador, el hombre a quien admiró durante casi la mitad de su vida lo hubiera besado frente a docenas de desconocidos.
Y no podía intentar convencerse a sí mismo que aquello sólo fue un simple sueño; Tweeter, Facebook, Tumbrl e Instagram rebosaban de comentarios, fotografías y hasta vídeos al respecto. ¡Tenían incluso un hashtag propio, cielo santo! La noticia era ya trending topic por todas partes, volviéndose viral en cuestión de días.
Phichit, como todo buen mejor amigo, le brindó apoyo y consejo e insistió por teléfono que Victor jamás hubiera hecho algo así a menos que realmente lo sintiera; empero Yuuri desestimó tal teoría pues el ruso solía ser muy efusivo con la gente a la cual apreciaba. Phichit, alegando vivía en continua negación, le dijo entre carcajadas que nadie por más sociable que pudiera ser no andaba por ahí repartiendo besos a diestra y siniestra, menos aún uno igual al que le plantó a Yuuri en plena pista de hielo bajo las atentas miradas de todos los ahí presentes.
Hasta Chris aseguró nunca antes, en todos los años que lo conocía, vio a Victor actuar de manera tan imprudente; ni siquiera con sus antiguas parejas oficiales. Victor siempre solía ser bastante discreto frente a los medios en cuanto a su privacidad se refería. Sí, adoraba la atención cuando se encontraba en el hielo justo igual a cualquier competidor decente, pero fuera pasaba a convertirse en otro asunto completamente distinto.
Al menos era lo que Chris contaba.
Entonces, a juicio del tailandés, Victor Nikiforov estaba mandándole a Yuuri señales bastante obvias de que buscaba iniciar algo más allá de la ahora famosa relación maestro-pupilo que ambos tenían. Y, curiosamente, tal pensamiento era muy parecido a una de las tantas teorías que circulaban a diestra y siniestra por Internet. Porque había otras; algunas inocentes, otras no tanto.
Por ejemplo muchos decían que ellos dos mantenían una relación amorosa desde años atrás, o bien se iban a los extremos al asegurar que Yuuri prácticamente le suplicó al otro hombre ser su entrenador a cambio de favores sexuales nada decorosos. La gente podía llegar a ser muy cruel cuando se trataba de juzgar a los demás; Yuuri sabía que Rusia entera lo detestaba por hacer a su patinador favorito abandonar las pistas para dedicarse a instruirlo, pues aseguraban que no valía siquiera el intento. Empero, Yuuri les demostró en China que podía lograrlo, que como atleta Victor no tendría ninguna queja ni arrepentimiento pues daría todo de sí mismo, empujándose a ser cada vez mejor apostándose la vida entera en dicho intento de ser necesario.
No obstante, ahora con el asunto del beso no sabía cómo sentirse ni qué pensar. Bueno, no es como si jamás hubiera experimentado aquel tipo de contacto; en Detroit tuvo numerosas oportunidades para ello. Al ser Phichit alguien naturalmente sociable, muchas veces terminó arrastrándolo consigo a fiestas organizadas por algunas fraternidades que pertenecían a la Universidad dónde ambos estudiaban.
Entre borracheras que marcaban época, los dos experimentaron por cuenta propia que no era particularmente difícil encontrar a alguien dispuesto a hacer ése tipo de cosas sin compromisos adicionales e, incluso, algo más allá. Entonces, si bien algunas chicas le acorralaron dispuestas a mantener sesiones por demás sugerentes de besos y atrevidos toqueteos, Yuuri se sintió incapaz de mantener algún revolcón rápido para después olvidarse del asunto a la mañana siguiente. No, él se consideraba del tipo romántico sin remedio. Si hasta un muchacho de su misma facultad le robó un beso alguna vez, pero Yuuri le hizo saber con todo el tacto posible que se sentía inseguro respecto a iniciar cualquier cosa gracias a todos los problemas personales con que debió lidiar por aquellos entonces. Hombre o mujer, Yuuri no veía distinción pues creía firmemente podía llegar a enamorarse del alma y no sólo del cuerpo físico.
Por enésima vez Yuuri estudió a Victor preguntándose qué carajo pasaba por la mente del otro, pues parecía tan relajado que lo hacia enojar.
Si lo analizaba bien, Rusia era uno de los países más homofóbicos del planeta entero, gracias a lo cual ver a su chico dorado arrojarse contra los brazos de otro hombre dispuesto a darle un beso por demás comprometedor debió, por necesidad, herir muchísimas susceptibilidades. ¿Qué consecuencias tendría todo ése alboroto? ¿Podría irse la reputación de Victor al demonio luego de tal desastre? Eran tantos factores en contra, maldición. ¿Acaso resultaba tan difícil de entender para todos los que hablaban sin pensar? ¿Una relación secreta entre ellos? ¿Cosa inevitable, decían? ¡Por todos los cielos!, Yuuri apenas podía creerse el hecho de que Victor, entre una gran variedad de patinadores talentosos y prometedores, lo hubiera elegido precisamente a él.
Era igual a ganarse la lotería gracias a un milagroso golpe de suerte. Cierto era que por Victor, Yuuri consiguió volverse un poco más seguro no sólo en el hielo, sino también en su vida personal, sin embargo tampoco era tan masoquista para siquiera pensar que alguien como el "inalcanzable Nikiforov" pudiera mirarle de ése modo.
A Yuuri aquel beso sin duda terminó moviéndole todo su eje central de equilibro mental y psicológico. Y recordaba que, tras llegar a Hasetsu luego un vuelo interminable en el cual casi no pudo dormir, fue quizá en extremo consciente que cada miembro de su familia vio por televisión abierta dicha escena con lujo de detalle, haciéndolo sentir incapaz de encararlos durante horas. Empero, sus padres siempre comprensivos, le felicitaron llenos de palpable orgullo pues contra todo pronóstico logró ganar una medalla después de tantos meses de continuo esfuerzo y trabajo duro, dándole a Yuuri la fuerte sensación de que se perdía algo trascendental. Igual no mencionaron nada del suceso frente a Victor, antes bien le expresaron su infinita gratitud e inmediatamente después armaron una celebración improvisada por el reciente triunfo.
En realidad Yuuri tenía los mejores padres que jamás hubiera podido desear; lo apoyaban en todo y respetaban en gran medida las decisiones que Mari y él tomaban si estas eran para su bienestar, pues ellos sólo querían verlos felices. Además, tal vez supusieron que no deseaba responder más preguntas embarazosas pues suficientes le hicieron en días pasados como para ellos hostigarle también.
Pero a partir de ahí las cosas se fueron a pique con el ruso.
Yuuri se volvió en extremo susceptible a él, tanto que prefería evitarlo en gran medida. Durante los entrenamientos era común que tuvieran roces accidentales al moverse juntos mientras revisaban posibles fallos en las coreografías, tampoco podía controlar esas veces en las cuales Victor lo tocaba dispuesto a mostrarle cómo debería ser la posición adecuada durante un salto u pirueta de complicada ejecución, o verlo cuando iban juntos a las aguas termales y convivían sin mucha ropa puesta.
Ahora en cambio, ya no lograba hacer ninguna de estas cosas sin ponerse histérico y salir corriendo tan rápido como le fuera posible. Sí, se comportaba igual que un niño inmaduro cuando se suponía necesitaban charlar, esclarecer demasiadas cosas no dichas evitando así que interfirieran con su desempeño, pero le resultaba en extremo difícil siquiera intentarlo.
¿Lo peor? Sabía por qué.
Yuuri había besado antes a otras personas, pero daba la terrible casualidad que era la primera vez que lo hacía con alguien a quien le importaba de verdad. Durante años Victor se las arregló, aún sin saberlo, para colarse hondo en Yuuri desde inclusive antes de conocerlo adecuadamente, cuando sólo era un niño con un cúmulo tremendo de inseguridades y sueños demasiado grandes por cumplir. Siempre como fuente de inspiración, siempre como meta a alcanzar, siempre como un empuje durante momentos en los cuales no se creía capaz de seguir compitiendo. El patinaje de Victor había cambiado a través del tiempo, mostrándole tantas facetas, tantos matices que Yuuri deseó aprender a descifrar.
Hoy en cambio, al convivir día tras día con el verdadero Victor Nikiforov, ese hombre de gustos extravagantes y actitud serena; la persona que reía, se enfadaba, tenía defectos y virtudes justo igual a cualquiera irremediablemente acabó clavándose en su piel, en sus huesos, en su mente y corazón con tanta intensidad que asustaba.
Yuuri, demasiado inexperto en temas relacionados con el corazón, no sabría distinguir si era simple atracción u otra cosa más profunda lo que experimentaba, sin embargo lo llenaba de terror la velocidad con que aquellos sentimientos crecían porque tenía una idea muy clara sobre hacía dónde lo llevarían al final.
Yuuri se frotó el cuello; él nunca se había enamorado antes.
Sí, tuvo uno o dos crush no correspondidos: Yuuko por ejemplo. Cuando era más joven Yuuri se sintió irremediablemente fascinado por la chica en cuestión gracias a su característica amabilidad, igual no solía ser muy popular entre las féminas y sólo fue cuestión de tiempo y lógica. Yuuko siempre le ofreció su apoyo, su cariño y los dos compartían casi los mismos gustos e intereses, pero conforme pasó el tiempo y Yuuko cimentó una relación estable con Takeshi, le dio gusto pues él estuvo demasiado enfocado en seguir mejorándose a sí mismo y aceptó la propuesta de marcharse a Detroit. Con Victor, por otro lado, esas situaciones aisladas palidecían en comparación.
Si Yuuri tuviera que elegir una sola palabra con la cual pudiese describir todo cuanto se aglomeraba en su pecho, "intenso" sería la más apropiada, pues aunque viviera en continua negación tal como Phichit afirmaba, era un hecho irrefutable que Victor también le atraía sexualmente. ¿Pero a quién no? El ruso era un hombre demasiado atractivo para el bienestar de cualquiera, sin embargo no sólo se trataba del físico; pese a sus brutales comentarios repletos de cruel sinceridad, generalmente solía ser amable, paciente y llenaba con una cálida luz propia cualquier sitio dónde se encontrara.
Si todo fuera netamente platónico no existiría problema, aun así el chico Katsuki sintió sus mejillas arder en cuanto recordó algunos sueños que había tenido meses atrás y rivalizaban con una película porno en todo sentido, cuyo protagonista principal solía ser Victor, cuyos cabellos cual plata y despampanantes ojos azules conseguían volverlo loco.
En ellos Victor siempre lo acariciaba con íntima familiaridad, como si fueran amantes que han disfrutado del cuerpo ajeno durante mucho, mucho tiempo pues sabía dónde tocar, dónde besar o qué partes en su anatomía eran más sensibles al grado de llevarlo a un punto sin retorno en el cual sólo podía rogar por más. Claro que el Victor de esos sueños siempre atendía cada súplica con fervorosa pasión y, sólo con susurrarle las palabras correctas con aquel acento tan particular que tenía, Yuuri terminaba deshaciéndose en suspiros listo para conocer el increíble mundo del sexo. Pero justo ahí Yuuri despertaba entre jadeos, piel afiebrada y una erección de la cual necesitaba hacerse cargo por si mismo después.
Bonito autocontrol para un hombre adulto de veintitrés años, ¿verdad?
—Yuuri, cielo; ¿podrías ayudarme? —Hiroko le pidió regresándolo al mundo real.
Y fue ahí cuando se dio cuenta había pasado los últimos minutos recordando cosas nada inocentes justo frente a Victor y su propia madre.
Avergonzado, Yuuri les miró a ambos percatándose sólo hasta entonces que el ruso parecía especialmente interesado en él, pues sus ojos azules no parecían querer apartarse de cada movimiento que realizaba. ¡Gracias al cielo los pensamientos eran privados!
—Dime —solicitó al rehuir todo contacto visual prolongado.
—Bueno, intentaba explicarle a Vicchan que cerraremos el Onsen este fin de semana —Yuuri se sobresaltó, como si una abeja lo hubiese picoteado—. Tu padre, Mari y yo asistiremos a una certificación que se brinda a negocios pequeños. Por supuesto ustedes no podrán acompañarnos, la copa Rostelecom se aproxima y necesitan seguir trabajando en sus rutinas.
—¿Cuándo? —quiso saber él.
—Mañana, cariño —la madre del chico soltó tan substancial información a bocajarro—. Les dejaré comida suficiente y no tendrán que preocuparse por ningún cliente o limpiar algo más allá de lo que ustedes mismos ensucien —declaró—. Confío podrán sobrevivir sin nosotros ¿verdad? —dijo como si la cosa fuera en extremo sencilla.
Por supuesto los dos mantuvieron ésa conversación en japonés y Victor no entendió ni media palabra, empero, las expresiones que Yuuri dejó entrever conforme hablaban debieron delatarlo.
—¿Qué sucede? —preguntó con curiosidad mal disimulada. Girándose hacia él, Yuuri procedió a explicarle, pero el ruso no pareció disgustado al respecto—. ¿En verdad? Bueno, supongo que será relajante para los dos, quiero decir, es bueno desligarse de tanto ruido y gente cuando pronto estarás compitiendo en una prueba de rendimiento físico tan demandante.
Pero, en realidad, para Yuuri ahí radicaba principalmente el problema.
Sobraba decir la cena al inicio estuvo llena de tensos silencios que apenas y se rompían con los tintineos de platos, palillos o vasos mientras comían. Pero luego Toshiya comenzó a charlar con Victor sobre temas triviales en un Inglés básico y el ambiente se aligeró en gran medida. De ése modo Hiroko terminó enfráscandolos en una pequeña discusión sobre si deberían cambiar el papel tapiz de la entrada principal, actuando con su padre justo igual que dos recién casados.
Yuuri no pudo evitar mirarles con gran cariño; pese a todas las altas y las bajas, ellos continuaban amándose como cuando eran apenas dos adolescentes ilusionados ante la posibilidad de un brillante futuro juntos.
Y eso era lo que Yuuri anhelaba: encontrar a alguien que hiciera latir su corazón inclusive a los cincuentas, una persona capaz de alegrarle los días pese a haber compartido cada uno de ellos antes.
Otro suspiro exasperado escapó desde los labios del muchacho, pues durante horas había divagado al respecto y todo gracias a la continua confusión que Victor despertaba en él. Pero no podía volcar la responsabilidad completa sobre su entrenador, no lo haría porque Yuuri se sentía responsable también al ser incapaz de afrontar aquella situación sin desmoronarse, todo porque creía necesitar muchísimo más de lo que nunca podría obtener. Siendo así, prefería mil veces conservar a Victor como amigo a no tenerlo de ningún modo; perderlo gracias a un estúpido enamoramiento unilateral terminaría devastándolo, entonces lo más sensato sería dejar las cosas tal cual y seguir manteniendo su imprudente boca cerrada.
No importaba si dolía.
En ése justo instante Yuuri echó un vistazo al frente tras sentir la mirada en extremo insistente que Victor le dirigía, pues encontró la oportunidad cuando Toshiya y Hiroko se preguntaban entre si cuál color sería el más apropiado para pintar los baños de chicas. El ruso tenía el ceño ligeramente fruncido en una mueca de total concentración que le dio escalofríos: si Victor ponía ése tipo de cara sólo quería decir que planeaba algo fuera de cualquier lógica posible, sin embargo, lo peor quizá radicaba en el hecho de que Yuuri mismo estaba incluido en dicho plan aun contra su voluntad. Como cuando lo arrastró a esas clases de baile con la única intención de ayudarle a mejorar sus movimientos dentro del rink[1] .
Rogándole al cielo no fuese algo muy extremo, una vez terminaron de comer, Yuuri tenía los nervios destrozados y un horrible cansancio le aquejaba.
Dios, ¿quién diría que convivir con Victor Nikiforov podría volverse tan agotador?
Disculpándose con sus padres, el chico de gafas creyó buena idea marcharse a su habitación dispuesto a descansar, pero Victor alegó lo mismo siguiéndole de cerca, causándole una sensación extraña en la boca del estómago.
Sin prisas, el ruso caminó en silencio tras Yuuri casi de manera imperceptible, casi porque si bien se mostró considerado al no imponerle su privilegiado metro ochenta, tampoco era muy discreto.
Luego, al desembocar en el pequeño pasillo, Yuuri supo que necesitaba comportarse con madurez y terminar ésa engorrosa situación pues a ninguno le haría bien a largo plazo, además, largarse sin decir nada sería muy grosero de su parte, así que, armándose de valor se giró hacia el otro hombre y esbozó su mejor sonrisa.
—Duerme bien —deseó con amabilidad.
Victor pareció sorprenderse por las palabras y de repente Yuuri perdió toda convicción al verlo dudar.
Como no recibió ninguna respuesta, se dispuso a salir corriendo a la confortable seguridad que ofrecía su dormitorio, sin embargo, cuando retrocedió casi de manera inconsciente Victor lo sujetó de la muñeca impidiéndole avanzar. Su toque era gentil, amable y no ejercía presión alguna; Yuuri bien podría liberarse en cualquier momento si así lo quisiera, pero aunque tuviera el control sobre ése simple hecho, se negó a mover un sólo músculo porque necesitaba saber qué cosa Victor iba a decirle.
La curiosidad podía más.
—Yuuri...—dijo apenas, empero volvió a guardar silencio como si no supiera exactamente por dónde comenzar.
De un momento a otro el chico Katsuki se sintió estremecer. El pasillo estaba a oscuras brindándoles cierta intimidad y los ojos de Victor se veían imposiblemente azules gracias a la precaria luz exterior que conseguía filtrarse por las pequeñas ventanas adyacentes. Aun con la simple yukata del onsen Victor lucia arrebatadoramente atractivo, como si fuera una entidad aparte difícil de alcanzar; pero en aquella inverosímil situación, lo extraño fue que logró distinguir en él una variopinta gama de sentimientos difíciles de adivinar, más aun porque su entrenador parecía tan apenado que lo confundió en gran medida. Bien, Yuuri jamás fue bueno para descifrar a otros, Phichit solía decirle ése era uno de sus principales defectos, volviéndole, sin apenas darse cuenta, en alguien muy egoísta. Por supuesto no lo hacía de forma consciente, pero igual terminaba lastimando a los demás tarde o temprano.
E intentar leer a Victor era un asunto muy complejo, en realidad. Yuuri podría compararlo a caminar en un campo repleto de minas; si no sabías dónde pisar correrías grandes riesgos de morir por una explosión repentina.
—¿Sí? —dijo a manera de prueba, demasiado nervioso para preguntarle otra cosa.
Yuuri sentía el contacto entre sus pieles igual que lava aridiente, cuyo calor subía por toda la extensión de su brazo sin parar mientras esperaba por una respuesta, pero en lugar de contestar, Victor encontró más productivo mirarle con una intensidad tan abrumadora que lo hizo sentir incómodo. El ruso entonces se acercó reduciendo la distancia entre los dos, para después levantar la mano que tenía libre y acariciar la mejilla de Yuuri con inusitada suavidad, como si fuera alguien valioso e importante. Y el pulso de Yuuri se disparó tras darse cuenta se encontraban demasiado cerca, tanto que no podía moverse, ni pensar o respirar sin notar esa deliciosa loción que Victor solía utilizar después del baño; un aroma tan agradable y masculino que lo tentaba en gran medida.
Y sólo hasta entonces lo supo.
Durante días Yuuri trabajó muy duro para mantener sus propios deseos bajo llave pero, al tener a Victor a un breve suspiro de distancia, se dio cuenta sólo se engañó a si mismo porque anhelaba convertirse en una constante en el mundo del hombre a quien admiró desde los doce años, importándole poco las habladurías del mundo entero.
Yuuri no sabía nada del amor, era un total novato en cuanto al tema, no obstante, si las furiosas emociones que revoloteaban sin descanso en su interior eran un indicativo bastante sólido, pues estaba jodido.
Y dejándose guiar por un impulso que le supo deliciosamente natural, Yuuri miró los labios de Victor casi con palpable desesperación; el ruso también pareció darse cuenta porque sus pupilas se dilataron en un evidente gesto de anhelo reprimido durante quién sabía cuánto tiempo, cosa que le agitó el alma. Y con su sentido común hecho trizas, Yuuri se cuestionó qué rayos le impedía a Victor dar otro paso u inclinarse algunos centímetros para besarle justo cómo había soñado desde la copa de China. Nada, se dijo al final. Si el hombre frente a él decidía tomarlo entre sus brazos, si lo estrechaba contra su cuerpo negándose luego a soltarlo, Yuuri no sería capaz de apartarse pues jamás creyó necesitar algo con tanta urgencia en todos sus veintitrés años de vida.
Pero, para su total decepción, Victor no hizo ninguna de estas cosas; antes bien procedió a retirarse causando en Yuuri una gigantesca ola de desilusión. Y como si no hubiese ocurrido algo importante en ése momento, le sonrió con tristeza mal disimulada.
—Descansa —susurró Victor tras dejarlo libre y, sin detenerse a nada más, entró a la habitación destinada para él meses atrás.
Avergonzado hasta límites insospechados, Yuuri vio la puerta cerrarse antes de correr hacía su propio dormitorio encerrándose a cal y canto, tan frustrado consigo mismo que apenas lograba mantenerse quieto.
¿Qué diantres ocurrió allá afuera?
Llevándose una mano al pecho, distinguió los frenéticos latidos de su propio corazón golpearle sin cesar. Dios bendito, se comportó frente a Victor como un adolescente hormonal sin autocontrol; ahora el ruso debería pensar era sin dudas patético. Podría charlar con Phichit al respecto; su mejor amigo siempre sabía qué decirle para tranquilizarlo, pero alejó tal idea al minuto siguiente porque si comenzaban a charlar del tema, no cortarían la vídeo llamada sino hasta muy tarde y pese a los incómodos problemas entre Victor y él, Yuuri seguía siendo un estudiante comprometido.
Así que, arrojándose contra las almohadas, cerró los ojos dispuesto a dormir algunas horas lidiando con una crisis existencial de proporciones épicas.
Por supuesto que, para Yuuri, ésa fue la noche más larga que pasó en vela desde su regreso a Japón.
A la mañana siguiente, cada miembro de la familia Katsuki necesitó levantarse temprano para dejar listo el onsen. Mientras desayunaba, el muchacho le pidió a Mari como favor especial ir ella misma a despertar a Victor pues necesitaban comenzar el entrenamiento lo antes posible, sin embargo ella se hizo la desentendida pues alegó todavía no terminaba con sus pendientes y era importante resolverlos antes de irse por todo un fin de semana completo.
—¡Por favor, Mari-nechan! —se quejó él ya sin muchos ánimos para seguir comiendo su nutritivo desayuno.
La dieta continua, por órdenes del mismo Victor, seguía en pie.
—Nada de "Mari-nechan", pequeño embustero. Es tú entrenador, no el mío; además no me gusta meterme en líos de pareja, muchas gracias.
—Nosotros...—Yuuri casi se atragantó con el jugo que bebía.
—Sí, ya me conozco ésa excusa de memoria —le restó importancia—. Además tengo miles de cosas por hacer así que te deseo toda la suerte del mundo, hermanito.
Refunfuñando entre dientes cuán mala hermana mayor era, de todos modos a Yuuri le tocó hacerlo sólo para darse cuenta poco después Victor y Makkachin habían salido a correr juntos por la playa; ése era uno de los pasatiempos favoritos del ruso cuando gustaba compartir algunas horas con su fiel mascota. Si bien Yuuri pudo tener un poco de paz mental durante ése lapso, a media mañana los dos volvieron luciendo radiantes y con tanta energía que contagiaba. Entonces Hiroko los interceptó disponiéndose a darles instrucciones precisas sobre lo que deberían hacer o no durante aquel fin de semana, casi como si estuviera por marcharse a la guerra y no a un inofensivo evento para negocios locales.
Tras veinte minutos de charla dónde Yuuri sólo se limitó a asentir sin parar, Toshiya se despidió también pidiéndoles tener cuidado y, así, se fueron dejándolos solos durante tres días completos.
En algún momento determinado Yuuri creyó que Victor actuaría extraño dadas las circunstancias, empero su actitud siguió igual hasta que se dirigieron al Ice Castle.
El entrenamiento en la pista, por otro lado, fue cosa bien distinta. Como si se tratara de una pequeña venganza personal, Victor no tuvo ninguna consideración pues le señalaba hasta los más ínfimos detalles a mejorar cada que tenía oportunidad. "Que si no veía limpieza en su pierna libre", "que si el filo del patín era demasiado inestable al momento de aterrizar" o "cuántas veces necesitaba decirle las cosas para hacerlo entender cometía sin parar errores de novato".
Gracias a los cielos Yuuri poseía una resistencia envidiable, sino desde hacía ya bastante hubiera sucumbido a mitad del Ice Castle sin remedio. Y tampoco se quejó, sólo aceptaba las indicaciones sin atreverse a rechistar pues cuando Victor se ponía en modo "entrenador espartano" siempre era mejor obedecer, mantener la boca cerrada e intentar sobrevivir al día; a menos claro que quisiera ganarse una sesión extenuante de cardio.
Además, tampoco le apetecía discutir con su entrenador, menos aun si Minako decidía intervenir en el asunto pues ya con los Nishigori era suficiente, muchas gracias.
Horas más tarde, cuando el sol comenzaba a ocultarse y una potente luz naranja se filtraba por las ventanas del edificio, Victor abandonó primero el hielo sin dirigirle una sola palabra dedicándose sólo a observarlo, tras apoyarse contra el muro de contención lo más cerca posible.
Yuuri, ocupado como estaba, intentó ignorarle pero resultaba en extremo difícil tomando en cuenta ese gran ceño fruncido y las miradas poco amables que Victor le dirigía de tanto en tanto. SI hasta Yuuko, incómoda con tal situación, creyó buena idea dejarlos a solas llevándose a sus hijas con ella para evitar una hecatombe virtual generalizada si acaso cualquiera de las trillizas captaba uno de los tantos momentos incómodos entre los dos.
O al menos así lo creyó Yuuri, quien se dispuso a ejecutar unos cuantos saltos fáciles para distraerse, sin embargo, al tener su mente en otros temas irremediablemente los falló ganándose así varias exclamaciones disgustadas del ruso.
—Ya fue suficiente por hoy; sal de la pista, Yuuri —Victor pidió alzando su voz para hacerse escuchar, más el joven patinador negó tras ponerse de pie y sacudirse la escarcha.
—Todavía puedo seguir otro rato —alegó decidido.
Sólo segundos después Yuuri se dio cuenta del error. Victor hizo un mohín poco amigable mientras caminaba con paso decidido hasta la entrada del rink más que dispuesto a mantener una pelea de verdad.
—Si recuerdo bien, como entrenador soy yo quien decide cuándo se terminan las sesiones de práctica, no tú —dijo sin pie a replica, su tono de voz frío y carente de amabilidad sorprendió al muchacho pues bajo ninguna circunstancia le había hablado así antes. Parecía molesto; muy, muy molesto—. No volveré a repetirlo: fuera del hielo, Yuuri.
—Pero... —se quejó permitiéndole a su lado rebelde salir a flote ante la insistencia del otro.
—Ahora —espetó sin paciencia.
No le quedó más remedio que obedecer y dirigirse hasta dónde Victor esperaba, brazos en jarra y actitud en extremo desafiante, como si lo retara a cuestionar su autoridad. Yuuri en serio quiso golpearse a si mismo de ser necesario si con eso lograba entender un poco mejor al hombre de ojos azules, cuya actitud le sacaba de quicio pues recién la noche anterior parecía tan diplomático, algo vulnerable pero racional a fin de cuentas; hoy en cambio se le notaba exasperado e irritable por situaciones u cosas pequeñas que casi siempre pasaba por alto.
Yuuri no planeaba convertir aquello en algo todavía más grande, menos aun porque diría estúpideces de las cuales terminaría arrepintiéndose.
Por lo tanto respiró profundo e intentó ser razonable.
—Como usted disponga, entrenador —dijo haciéndolo sonar peor de lo que pretendía en realidad.
En consecuencia, Victor se mostró bastante ofendido y al parecer le dio motivos suficientes para tomar brio, porque lo encaró sin disimular su latente molestia.
—Yuuri, ¿por qué tú...? —comenzó, sin embargo dejó la frase al aire antes de proceder a negar unas cuantas veces, resignado—. ¿Sabes qué? Mejor olvídalo —Victor se giro dispuesto a largarse sin tomarse la molestia de explicar nada—. Tienes cinco minutos para quitarte los patines; nos vamos a casa. ¡Y no me interesa escuchar ninguna clase de queja!
El chico Katsuki cerró los ojos en clara frustración mientras dejaba escapar un "demonios" apenas audible. ¿Qué otra cosa podría salir mal?
En simples palabras, volver al onsen sin lugar a dudas fue un verdadero suplicio. Victor, montado en su inseparable bicicleta pedaleó junto a Makkachin como si sólo fueran ellos dos, motivo por el cual Yuuri se vio rezagado varias ocasiones haciéndolo sentir como si realmente no lograra ningún avance, cosa ridícula pues corría a buena velocidad gracias a todo el peso que había logrado perder.
Empero, ver la espalda de Victor alejándose cada vez más y más le hizo reconocer que todas las inseguridades tan comunes en su personalidad habían ocasionado que aquel horroroso desastre terminara saliéndose de las manos.
¿Pero cuál sería la mejor manera de ofrecerle disculpas si se sentía tan avergonzado? ¿Existiría un método sencillo para confesarle sus sentimientos? No, claro que no. Si algo había aprendido en la vida era que nunca existían atajos cuando realmente se deseaba obtener cualquier cosa con el valor suficiente para intentarlo. Pero el problema ahí recaía en Yuuri, porque si bien Victor terminó convirtiéndose en una de las personas más importantes en su mundo entero, hacerle daño no formaba parte del plan.
Tal vez lo mejor sería rendirse, concluyó con tristeza. Dejarlo volver al mundo competitivo resultaría ser la mejor opción a seguir pues Victor merecía seguir ganando medallas y retirarse con gloria cuando así lo creyera necesario. Quizá lo más sensato a hacer era tomar caminos separados una vez terminase el Grand Prix.
Ellos venían de mundos totalmente distintos, con personalidades tan opuestas que sólo acabarían enemistándose cada vez más hasta perderse el respeto y Yuuri detestaba tal idea. Mejor dejarle ir ahora cuando sólo ostentaban una relación "profesional" sin segundas intenciones. ¿Cierto?
Para cuando al fin volvieron a Yutopia, Yuuri entró apenas conteniendo las lágrimas que amenazaban con revelar cuán débil y cobarde seguía siendo. Victor, aparentemente más tranquilo al haber gastado sus últimas energías, una vez dejó la bicicleta se dispuso a mirarlo dándose cuenta no lucía del todo bien e intentó hablarle, sin embargo Yuuri supuso, fue motivado por culpabilidad más que nada. Pero no soportaría su lástima, al menos no en ése justo instante gracias a lo cual se apresuró a mover la cabeza de forma negativa dándole a entender necesitaba algunos minutos a solas.
En serio necesitaba pensar, mantenerse apartado de la influencia de Victor le ayudaría a encontrar claridad mental para poner en orden sus emociones y ver las cosas desde otra perspectiva. Al menos contar con una bañera gigante al aire libre resultaba ser en extremo conveniente a veces.
Una vez en los baños públicos, Yuuri se desnudó sumergiéndose en la agradable calidez del agua como si esta fuese una manta, entonces, por mero capricho decidió acercarse al sitio dónde Victor le confesara tiempo atrás había viajado desde Rusia sólo para entrenarlo.
Recostándose ahí, se dispuso a contemplar la grandeza del cielo salpicado de brillantes estrellas, para luego dejar escapar un suspiro resignado. ¿Por qué rayos todo cuanto giraba torno a su relación con Victor debía ser tan complicado? Si ellos hubiesen sido dos personas normales en circunstancias todavía más simples, ¿ocurriría lo mismo?
Conocerse sin presiones, interactuar para agradarse sólo a ellos mismos, sin competencias o presiones de por medio.
Hundiéndose otro poco entre las aguas, Yuuri encontró apoyo adicional contra las rocas lizas cuya función principal consistía en brindar decoración al entorno y, permitiéndole al cansancio del día caer sobre sus hombros cual plomo, cerró los ojos.
Y poco a poco fue relajándose tanto que no se dio cuenta le permitió a un agradable sopor cubrirlo.
De pronto el mundo a su alrededor pareció desvanecerse entre sombras difusas y sonidos ahogados.
Y al final, la inconsciencia se lo llevó muy, muy lejos.
[1]Escena Borrada que tengo planeada más adelante.
Les traigo la primera parte del cap, largo como fila de banco. Lamento la demora, ya casi acabo la segunda parte con smut sensualon xD.
Gracias por su paciencia.
