Advertencia: Este fic ha sido elaborado de un fan para fans sin fines de lucro, todos los personajes de Yuri On Ice le pertenecen a su respectivo creador. Yo únicamente los utilizo con fines de entretenimiento.

[1]She's the One.


¡Fácil como Pirozhki! La gran final de lágrimas.
Escena XI: de caerse siete veces y levantarse ocho.

Yuuri contempló la enorme pista de hielo frente a él con expresión soñadora, conforme algunos de sus ex compañeros iban de aquí para allá, practicando piruetas u saltos. Muchos de ellos, según sabía por boca del mismo Celestino u redes sociales, habían clasificado sin problemas las rondas correspondientes y, ahora, necesitaban seguir entrenando duro para el Campeonato Mundial que se aproximaba. Yuuri se alegraba muchísimo por todos ellos, de primera mano sabía cuánto esfuerzo invertían como atletas de alto rendimiento con tal de llegar hasta ésa determinada época del año.

Él, por otro lado, desafortunadamente estaría varado en Detroit por al menos otro mes más.

Luego de su humillante participación en las Nacionales, Yuuri no logró siquiera obtener los puntos necesarios con los cuales abrirse paso al Cuatro Continentes. Y ni hablar tampoco del Mundial, dónde Victor Nikiforov competiría en toda la magnitud de su talento una vez más. Yuuri todavía recordaba nítidamente la única ocasión en la cual pudo verlo patinar en vivo y a todo color, maravillándose ante la grandeza de aquel hombre que guió sus pasos durante más tiempo del que lograba cuantificar.

Cierto fue que ninguno cruzó palabra alguna durante el evento, mas para Yuuri fue como volver realidad el sueño dorado de toda su vida: patinar en el mismo hielo que Victor al menos una vez. Pero tras estrellarse contra la nefasta realidad, se sintió perdido cual barco en alta mar; sacudido por olas furiosas que sólo buscaban hundirlo a cualquier precio.

Porque sí, resultaba obvio decir que Yuuri había finalizado aquella temporada con un muy mal sabor de boca.

Luego de su regreso a Detroit, Phichit le prohibió terminantemente husmear entre publicaciones deportivas online porque sólo reabriría las heridas aun frescas, unas que le estaba costando un mundo cerrar. Mas le resultó imposible no hacerlo, dándose cuenta así que los medios de comunicación hablaron durante días acerca de su pobre desempeño en Japón. Pero no era todo. Ellos, incluso, se tomaron la libertad de lanzar al aire montones de teorías que justificaran tan penosa situación.

Por ejemplo, argumentaban que todavía no lograba reponerse a nivel emocional del fracaso en el Prix. A decir verdad, no era ningún secreto que muchos patinadores necesitaran acudir cada tanto a terapia psicológica debido a los altos niveles de ansiedad y estrés a los cuales eran expuestos año tras año, entonces supusieron que Yuuri mismo debió recurrir a tal opción en algún momento. Mas con tan poco tiempo disponible entre competencias para un tratamiento efectivo, acabó estropeando sus rutinas. Otros, en cambio, especulaban que quizá se lesionó y, gracias a ello, hizo tan mal trabajo.

Tal vez la primera estuvo un poco encaminada a la verdad.

Yuuri había asistido a terapia durante casi dos años completos, algo que lo ayudó a sobrellevar sus constantes ataques de pánico durante situaciones de gran tensión. Pero, lo que sí le tomó desprevenido fue el asunto de la lesión. Por supuesto no se hallaba en la mejor forma física para volver a competir, sin embargo, algunos kilos extra nada tenían que ver con una lesión real propiamente dicha. Y fue duro leer todos esos comentarios, peor aún cuando hablaban sin conocer absolutamente nada respecto al trabajo casi toda su vida entera.

Ellos no tenían siquiera una mínima idea sobre cuánto tiempo, disciplina, esfuerzo, dedicación y constancia se necesitaba para dedicarse cualquier clase de deporte. El público, la gente relacionada y la prensa sólo les veían danzar dentro del hielo enfundados en trajes elegantes u llamativos, al son de la música que era estratégicamente seleccionada y ensayada una, otra y otra vez sin descanso.

Sin embargo, a Yuuri tales comentarios le comenzaron a importar muy poco. Su familia y amigos verdaderos estuvieron ahí en los peores etapas subsecuentes al fracaso, siempre presentes, siempre dispuestos en todo momento a sostenerle cuando creyó que sufriría alguna especie de caída libre directo a las garras de la cruel depresión. Incluso Phichit, pese a encontrarse ocupado casi todo el día en sus propios entrenamientos, de cualquier modo sacaba tiempo para pasarlo juntos. Veían películas en casa, comían fuera o sólo se dedicaban a pasear entre las calles de Detroit charlando de todo y nada al mismo tiempo. En verdad Yuuri agradecía al cielo por tenerlo a su lado en los buenos o malos momentos. Los dos eran incondicionales con el otro, tenían esa clase de amistad que sólo se encuentra una vez en la vida y debía atesorarse.

Le debía tanto.

Ahora en cambio, sin Phichit cerca porque ya se encontraba de camino al Cuatro Continentes que se celebraría en Taiwan, Yuuri descubrió contaba con demasiado tiempo libre y nunca le gustó ser así de inactivo. Entre tanto, como logró acreditar sin problemas sus exámenes especiales, ahora solo le restaba esperar hasta la graduación. Y la falta de actividad física sólo propició a que ganara peso adicional, mas aun con ello todavía se creía capaz de perderse en el hielo de vez en cuando. Si bien el Comité Universitario hizo gran énfasis al hacerle saber tenía terminantemente prohibido participar en el circuito hasta haber obtenido su respectivo título universitario, pues la modalidad de la beca sufrió un cambio radical precisamente para que pudiera quedarse, Yuuri tuvo ganas de desobedecer.

Muchas ganas.

Él trataba de cumplir a rajatabla su parte del trato, aun así eso no le impedía echar de menos la perfecta sensación de deslizarse con libertad por el rink, o añorar lo que este le provocaba. Porque durante aquellos días sin presiones u dilemas, Yuuri les encontró respuesta a ciertas dudas que venían torturándolo sin descanso. Mientras se preparó para rendir los exámenes especiales, de pronto llegó a la total y absoluta conclusión de que deseaba con todas sus fuerzas continuar patinando.

Al menos una última vez. No sabía cómo ni cuándo lo haría, mas el deseo seguía ahí; débil pero latente.

Por supuesto cada proceso conllevaba cierto grado de entendimiento, y Yuuri necesitaba tiempo y espacio, factores que le ayudarían a recuperarse a si mismo de los escombros de lo que antes fue, tras la continua serie ininterrumpida de errores cometidos. Y era por mucho la parte más dura. Si acaso pretendía mejorar, superarse o aspirar al menos a encontrarse en el mismo hielo que su idolo como un igual, primero necesitaba aprender a perdonarse. Yuuri se conocía lo suficiente a esas alturas y aún se culpaba por haberles fallado a todos. Ellos no le culpaban, antes al contrario, seguían totalmente incondicionales sin hacer preguntas o juzgar.

Porque eso hace la gente que te quiere: servir de apoyo incondicional pese a las malas rachas.

Sentándose cerca de las gradas para seguir mirando las inmediaciones del recinto, alcanzó a distinguir a los campeones actuales de Danza sobre Hielo[1]. Yuuri los conocía poco, sin embargo interactuó con ellos en algunas ocasiones gracias a Phichit, porque este solía ser muchísimo más sociable y lo presentaba con otras personas cada tanto. Ellos le saludaron a distancia, mientras trabajaban en ejercicios básicos de levantamiento. Yuuri les respondió el gesto tras sonreírles con amabilidad, entonces, luego de algunos minutos, ellos decidieron acercarse a charlar un poco.

Entre preguntas y respuestas, Yuuri acabó explicándoles brevemente su situación en la Universidad, además del descanso que planeaba tomarse hasta que tuviera un plan de acción mayor, antes de atreverse a pisar las competencias mundiales otra vez. La joven, cuyo nombre era Sophia, le aseguró que hacer esto no era ningún delito y si le ayudaría a despejarse y obtener mayor inspiración, entonces debía aprovecharlo al máximo. El muchacho, Richard, inclusive lo instó también a patinar un poco. Si no iba a entrenar para competir profesionalmente, entonces no quebrantaría ninguna regla.

En un inicio Yuuri se negó, mas la propuesta le sedujo cual dulce canto de sirena. Igual las instalaciones cerraban al público en general dentro de unas cuantas horas y tendría oportunidad de practicar. Rindiéndose, Yuuri se colocó los patines un tanto inseguro. Durante su período de exámenes acumuló bastante grasa abdominal, pero no lo podía evitar. Tendía a ganar peso fácilmente justo igual que su madre cuando mantenía una vida sedentaria.

Gracias a los cielos eligió ropa cómoda ésa tarde.

Una vez ingresó a la pista, se puso los auriculares dispuesto a elegir algo al azar, y dio algunas vueltas sencillas. Sophia y Richard, a varios metros, seguían concentrados en lo suyo.

Conforme se deslizaba sin rumbo definido, Yuuri reflexionó sobre su futuro. Por supuesto no concebía el hecho de graduarse y luego convertirse en un empleado tras algún escritorio durante ocho horas diarias. Antes bien anhelaba seguir en aquel mundo deportivo, pues había vívido y respirado ése ambiente desde muy temprana edad, motivo por el cual abandonar a semejantes alturas, cuando ni siquiera cumplió sus sueños le resultaba impensable. Por ello buscó motivos para quedarse. Regresó una vez más a la base de todo, al instante mismo en que se aferró a competir profesionalmente sólo por una persona: Victor Nikiforov. Estudió hasta el cansancio la técnica impecable del ruso y esa elegante y sutil manera que tenía de interpretar historias frente a miles de ávidos espectadores.

Porque Yuuri ansiaba lograr eso: sentirse cómodo, ser él mismo dentro y fuera del hielo sin miedos u incertidumbres, orgulloso de su propio trabajo y capacidad. Un ejemplo tangible de ello fue "Stay Close Me" cuya complejidad no lograba reproducir a la perfección. Esta rutina poseía saltos imposibles que Yuuri tendía a fallar en competencia debido a los nervios, y gustaba de intentar duplicarla cuando se encontraba totalmente solo, pues existía en ella algo especial. Sin embargo, dentro del extenso repertorio del campeón ruso, existían otras coreografías impresionantes que igual utilizó.

Y She's the one[2] era una de ellas.

Dada su situación actual, Yuuri se sintió terriblemente atraído ante la idea y no dudó en desarrollarla porque lo hacia rememorar esos días en los cuales entrenaba con Yuuko en el Ice Casle, lo que le parecía ya cien años atrás. Con dicho programa libre Victor ganó su primer Campeonato Europeo, también rompió un record mundial y se abrió camino entre tantos otros patinadores con mayor experiencia u edad. Era simbólico para Yuuri, pues lo instaba a creer podría lograr cualquier cosa que se propusiera.

Considerando que ya había calentado lo suficiente, el chico de gafas seleccionó la pista musical e inmediatamente situó la mano izquierda sobre la derecha en un gesto elegante. De un segundo a otro la canción resonó en sus oídos aislándolo del resto, y cerró los ojos dejándose llevar por el sonido del piano, conforme se imaginaba las gradas repletas de un público ansioso por verlo actuar. Entonces se movió con calma, como si tuviera todo el tiempo del mundo sin la típica presión ligada a hacer las cosas sin fallos, dejándose llevar Al poco rato un violonchelo se unió también al piano, acompañándole de manera natural y sencilla. Esa danza necesitaba ejecutarse con extrema delicadeza, sin saltos significativos pues solía ser tema de dominio común que Victor Nikiforov prefería dejarlos para la primera mitad, pues su resistencia no era muy buena en comparación al monstruosa capacidad técnica del la cual tanto hacia alarde.

Yuuri no poseía ni siquiera la tercera fracción de dicho talento, mas era famoso porque su parte artística siempre tendía a relucir captando la atención por si misma. Y dejó que las notas musicales fluyeran a través de él, guiándolo sin dudas u impedimentos porque ansiaba recuperar lo perdido: las ganas y el amor por seguir compitiendo. Tal vez era muy pronto, tal vez tomaría decisiones equivocadas, quizá el camino hasta la meta se vería interrumpido por baches u obstáculos difíciles de sortear, empero se aferraría a cualquier esperanza por ínfima que pudiera ser.

Preparándose para el primer salto, por primera vez Yuuri no sintió temor ni dudas al llevar su pierna izquierda atrás y plantar la serreta del patín en el hielo, elevándose así en un Lutz. Poco le interesó si por accidente cambió la inclinación tras partir del filo interno, porque simple y sencillamente se estaba divirtiendo. ¿Cuándo fue la última vez que en serio disfrutó patinar? Quizá antes de mudarse a Detroit, donde sin darse cuenta su día a día se convirtió en una maraña de impotencia mezclado con el terrible pánico al fracaso. Mas ahora Yuuri tendría oportunidad de reinventarse, haciéndolo sentir genial consigo mismo.

De pronto un cambio en el ritmo le indicó debía iniciar la secuencia de pasos, ante lo cual respondió al reto moviéndose con mayor energía, fuerza y determinación. Seguro le dolerían horrores las rodillas esa noche, mas ejecutó a cabalidad cada pirueta de nivel cuatro según así lo demandaba el programa original. Requería ciertas características físicas y mentales, sin embargo Yuuri le impregnó su propio estilo personal tras imaginar a Victor hacer lo mismo por ése entonces.

Desde siempre Victor fue un genio que jamás dejaba de sorprenderlo, a ojos de Yuuri bien podría compararse con el mismo sol, pues irradiaba energía y grandeza donde quiera que iba. Su manera de patinar encerraba un significado u mensaje claro para todos aquellos dispuestos a prestar la suficiente atención. ¿Cómo obtendría él entonces tal capacidad?

Ahí radicaba el reto: en encontrar la respuesta correcta.

Yuuri se hallaba tan ensimismado en su propio dilema existencial, que ni siquiera notó como Richard y Sophia detuvieron toda actividad posible sólo con tal de verlo patinar. Porque en a percepción de ellos, Yuuri Katsuki no era un fracasado ni tampoco alguien débil, antes bien se trataba de un joven con el valor suficiente para luchar contra viento y marea de ser preciso con tal de seguir adelante. Porque si otros encontraban cómodo y sencillo rendirse, Yuuri era de los que prefería volver a intentar a no hacerlo.

Pues si siete veces se caía, ocho se levantaba[3]. Además, tarde o temprano, dicha tenacidad traía consigo grandes recompensas.

Una vez la rutina llegó a su fin en un satisfactorio desenlace, Sophia y Richard aplaudieron fascinados para después acercarse hasta Yuuri sin pensárselo dos veces, el cual respiraba con evidente dificultad. ¡Le costaba horrores respirar! Como plan de primera acción una vez pisara suelo japonés, sería imponerse una dieta rigurosa con tal de recuperar su condición física ideal.

—¡Yuuri, eso fue increíble!—dijo la chica entusiasmada—. ¿La rutina es de Nikiforov, cierto? —este asintió—. ¡Lo sabía! Con razón me pareció tan familiar.

—¿Y dices que no sabes si regresarás o no? ¡Piénsalo bien, hombre! Aún tienes muchas oportunidades de sobresalir en el Prix del año entrante! —le animó Richard.

—Gracias —Yuuri les miró con infinita gratitud.

—Cuando quieras, Katsuki —Sophia le guiñó un ojo en toda respuesta.

Pese a que ellos dos hasta hacia poco menos de una hora le eran totalmente ajenos pese a la camaradería usual entre compañeros de pista, el japonés se alegró de saber todavía existían personas fuera de su zona de confort dispuestas a brindarle ánimos y apoyo desinteresadamente. Porque pudiera ser que Yuuri perdió sin remedio el norte gracias a su propia torpe inseguridad, empero, si bien sabía no se trataba de una tarea sencilla, al menos obtenía de a poco la determinación necesaria.

Y aunque no fuera mucho, igual significaba un comienzo; el comienzo de una travesía que lo marcaría de por vida.


[1]Otra división del patinaje Artístico, en esta categoría no realizan saltos propiamente dichos y esta más bien basado en bailes de salón.
[3]Proverbio japonés.

La canción utilizada en este cap, la imagine como el programa libre de Víctor cuando ganó, según Chris, su primer Campeonato Europeo. Así que , es de esa vez que usó ese bonito
traje azul con negro y todavía llevaba su cabello largo.

Disculpen la demora y gracias por leer y seguir brindando su apoyo a este proyecto.

¡Saludos cordiales!