Advertencia: Este fic ha sido elaborado de un fan para fans sin fines de lucro, todos los personajes de Yuri On Ice le pertenecen a su respectivo creador. Yo únicamente los utilizo con fines de entretenimiento.
¡Gracias por leer!
¡Fácil como Pirozhki! La gran final de lágrimas.
Escena X: Proposiciones.
Yuuri tomó asiento en una de las bancas libres que se hallaban frente a la explanada principal del campus, mientras luchaba por evitar que el café en su mano derecha terminara derramándose, pues llevaba ambos brazos a rebozar de libros.
Aquel día fue, gracias a todos los cielos, la última asistencia oficial que debió hacer a Wayne State, todo porque le solicitaron acudir para finiquitar los trámites pertinentes y dar pie al proceso de titulación. Debía graduarse primero, sin embargo siempre era mejor hacer las cosas con antelación si sus planes de volver a Japón se concretaban.
Evidentemente no votaría de regreso a Detroit, sólo por mero papeleo que bien pudo ahorrarse cuando tuvo oportunidad.
Esa mañana, mientras iba rumbo a la biblioteca pues necesitó pedir prestados muchos libros gracias a los exámenes especiales y debía entregarlos cuanto antes, la profesora Cambell lo llamó solicitándole acudir a su oficina con extrema prontitud. Por supuesto, Yuuri debió llevárselos consigo, junto al café ahora ya tibio que poco le apetecía beber. Una vez ahí, fueron casi dos larguísimas horas en las cuales se quedó sentado, conforme la mujer hablaba sobre cuan satisfecha estaba por su rendimiento, y cómo le gustaría que fuese él quien ofreciera un discurso final durante la ceremonia de graduación. Yuuri quiso negarse, mas le resultó imposible porque era tradición que quien obtuvo las mejores calificaciones expresara dicho mensaje.
Al final abandonó el sitio sin saber cómo lograría hacer eso sin morir de vergüenza. No era bueno hablándole a grandes multitudes, pues solía ponerse nervioso. Una cosa significaba patinar frente a los espectadores, mas otra muy distinta hacerles llegar cierta información de relevancia. Bonito enredo en el cuál acabó metiéndose. Sin embargo, pese ello, se sentía muy entusiasmado ante la idea de volver a Japón tras tantos años ausente. Su madre, por supuesto, se alegró muchísimo en cuanto se lo dijo, y preguntó cuándo sería exactamente pues planeaba organizarle una fiesta de bienvenida. Yuuri le dijo no tenía fecha concreta, empero Hiroko insistió en prepararle Katsudon para cuando regresara.
Y Yuuri en verdad se sintió agradecido por ello.
¿Cuánto habría cambiado Hasetsu en esos cinco años de ausencia? ¿Acaso otros niños patinarían en el Ice Castle, tal como Yuuko y él solían hacerlo? Eran demasiadas cosas, se dijo con pesar. En Detroit aprendió a volverse fuerte y conocer otros aspectos de la vida, pero en Hasetsu sin lugar a dudas continuaba encontrándose su corazón. Consideraba su pueblo natal como un lugar seguro al cual retornar si lo necesitaba, y justo ahora sólo podía pensar en ello.
Además, también iba a extrañar muchísimo a Phichit.
Su mejor amigo se había puesto un poco sentimental tras darse cuenta la separación sería inevitable, gracias a ello procuraban pasar más tiempo en casa juntos. Luego de haber ganado su primera medalla de bronce en el Cuatro Continentes, Phichit se negó a asistir al Mundial porque no se sentía lo bastante preparado para hacerles frente a todos los gigantes que ahí participarían. Entre ellos Christophe Giacometti, JJ y el mismo Victor. Celestino respetó la decisión, pero le amenazó con hacerlo sudar sangre la siguiente temporada. Phichit, obviamente, aceptó encantado.
Dios, decirle adiós a quien terminó convirtiéndose en su mejor amigo sería terrible.
Suspirando con evidente cansancio pues todavía le quedaban muchos asuntos por resolver, como empacar las pertenencias que trajo consigo, u bien adquirió durante el transcurso de su estadía en los Estados Unidos. No era una gran cantidad, empero algunas de ellas necesitaban ser propiamente embaladas y etiquetadas para evitarse problemas en el aeropuerto poco después. Así, disponiéndose a continuar su camino hasta la biblioteca, escuchó a alguien llamarlo desde un punto indeterminado a sólo escasos metros de distancia. Curioso, se giró encontrándose con el profesor Travis Patterson, quien se dirigía hasta dónde se encontraba con evidente paso seguro.
Aquello sin duda le tomó desprevenido y no supo bien cómo reaccionar. Phichit le comentó semanas atrás necesitaba ser muy cuidadoso con aquel hombre, pues no le inspiraba ninguna confianza; palabras que Yuuri no desechó pues el tailandés casi siempre solía poseer mayor intuición en tales aspectos. Pero ya le había visto, levantarse y salir corriendo le haría ver como un total maleducado, por tanto, se obligó a quedarse y esperar le diera alcance.
Sería amable dentro de los límites permisibles. Sólo eso.
Claro que, a un en medio de tanta gente, el profesor Patterson continuaba viéndose igual de intimidante. La última vez que cruzaron palabra, este creyó buena idea dejar todo en manos de la profesora Cambell, pues alegó sería lo políticamente correcto porque Yuuri pertenecía al departamento académico que ella tenía bajo su tutela. Desde entonces jamás tuvo la necesidad de mantener contacto directo. En realidad, Yuuri ignoraba cuál motivo le llevó a intentarlo ahora. Prácticamente tenía ya un pie fuera de Wayne State, tampoco quebrantó ninguna regla impuesta por ellos mismos cuando le impidieron patinar profesionalmente. ¿Qué cosa querría entonces?
Asustado, se preguntó si acaso retrasaría su egreso por alguna razón, y con tal duda rondándole la cabeza, decidió quedarse y obtener alguna respuesta lógica.
—Buenos días, Katsuki —saludó Patterson educadamente al tenerlo de frente. Yuuri respondió al cortés saludo tratando de controlar su latente nerviosismo, pues la sola presencia de aquel académico le amedrentaba. En si, Travis no era un hombre feo, aunque bien ya pisaba el umbral de los cuarenta seguía poseyendo cierto atractivo al cual las mujeres respondían favorablemente. Además, siempre iba bien vestido y alineado—. ¿Puedo sentarme?
—Claro —el joven Katsuki se movió para darle espacio, después se colocó los libros sobre las rodillas a manera de escudo.
—Vengo de hablar con la profesora Cambell; me informó que ha concluido satisfactoriamente todas sus materias pendientes —Yuuri asintió concediéndole razón—. Es un alivio, ¿cierto? Quiero decir, ahora sólo le restan simples detalles y podrá dar el último gran paso. ¿Está nervioso?
—Un poco —acotó sin atreverse a encararlo—. Es extraño terminar la escuela tras cuatro años recorriendo sus pasillos todos los días —sonrió tras rememorar sus meses iniciales en Detroit.
—Aunque no lo crea, conozco el sentimiento —Patterson también esbozó una sonrisa nostálgica—. Cuando yo era estudiante las cosas solían manejarse distinto, aún así alcanzar este punto en particular causa cierto grado de temor, porque conduce a otra etapa definitiva en nuestras vidas —Yuuri, lleno de curiosidad, le miró apenas—. Ya sabe, salir al campo laboral, enfrentarse al mundo y aplicar los conocimientos aprendidos durante nuestra formación profesional.
—¿Fue fácil para usted? —Patterson se recargó contra la banca, lucía relajado, menos atemorizante.
—Bueno, a nadie jamás le resulta sencillo —admitió—. Verá, cuando se es joven, tenemos la tonta idea de que somos capaces de conquistar al mundo entero sin problemas, pero a veces la realidad suele ser tres veces más cruel. No tener experiencia, ser inmaduro para ocupar puestos u cargos en las compañías dónde aspiramos obtener un puesto —negó—. Todo tiene pros y contras, ¿entiende? —Patterson colocó un brazo en el respaldo del asiento y Yuuri, tratando de ser lo menos brusco posible, se alejó incómodo.
—¿Siempre quiso ser profesor? —a Yuuri le interesó saber.
—¡Por Dios, no! —comenzó a reír divertido—. Me hubiese gustado dedicarme a la investigación, mas la enseñanza se volvió una opción plausible conforme continuaba mi carrera. Aunque creo y lo ha valido porque en Wayne State hay una gran cantidad de mentes brillantes; la suya por ejemplo.
El oven de gafas creyó enrojecía hasta la raiz del cabello—. Eso no es verdad.
—Vamos Katsuki, cuando discutimos respecto a su permanencia con nosotros, creo haberle dicho que suelo reconocer a un buen estudiante sólo con verlo —Patterson se giró lo suficiente para tener una mejor perspectiva del muchacho—. Pocas veces cometo errores al respecto —el aludido murmuró un gracias amortiguado, deseando que la conversación terminara cuanto antes—. ¿Qué hará después de la graduación? —Travis lo vio de pronto con súbito interés.
Yuuri, en cambio, se removió inquieto pues poco le gustó la manera en que aquel hombre lo miraba.
—Tengo pensado volver a casa —dijo con menos convicción de la que realmente pretendía.
—¿Japón, verdad? —Yuuri volvió a asentir—. ¿Planea encontrar un empleo allá? ¿O, por el contrario, volverá al Patinaje Artístico?
—Todavía no he tomado una decisión concreta al respecto —respondió sin muchos ánimos.
—Si opta por continuar en el patinaje, sin dudas vamos a ser muchos los que disfrutaremos sus actuaciones a futuro dentro del hielo —tal comentario sacó a Yuuri de balance. ¿Patterson acaso era fanático del deporte? ¿Desde cuándo?—. No obstante, si acaso prefiere seguir otro camino tendrá mayores oportunidades aquí que en cualquier otro sitio. ¿Lo ha considerado algún a vez?
—Usted mismo lo comentó hace un momentos; los recién egresados jamás tienen fácil las cosas—la expresión del hombre mayor cambió por completo, parecía haber estado esperando esto.
—¿Por qué no se queda y trabaja para mi? —ofreció. Ahora si Yuuri se le quedó viendo sin podérselo creer.
—¿Perdón?
—Necesito a alguien competente dentro de mi equipo, Katsuki. Usted sin duda cumple con todos los requisitos —añadió sin molestarse en ser sutil—. El Consejo Técnico es una rama administrativa de Wayne State, la paga sería buena y si después le interesa cursar alguna especialidad u Maestría, los horarios le facilitarían el proceso. ¿Qué opina?
Caray, era una oferta demasiado tentadora. Dejando muy aparte sus calificaciones, muchas empresas preferían candidatos con experiencia suficiente para sacar el trabajo adelante, a un novato que poco o nada sabía fuera del marco teórico. Empero, Yuuri entendía que Patterson en algún momento –al ser jefe directo– podría solicitarle retribución de algún modo u otro, y le aterraba siquiera imaginar la posible petición. Yuuri no hacia distinción entre sexos, pero tampoco era tan estúpido.
—Yo...le agradezco sus buenas intenciones, pero dudo que sea prudente de mi parte aceptar —dijo apelando a ser sensato.
Patterson ensanchó la mueca de sus labios, dándole a Yuuri la sensación de que lo estaba lisonjeando.
—Ni siquiera se tomó un minuto para meditarlo —le hizo ver. Aun así, antes de que Yuuri pudiera comentar otra cosa, el hombre sacó una pequeña tarjeta y se la entregó—. Hagamos algo: ese de ahí es mi número personal, puede llamarme cuando tenga claras sus opciones. ¿Le parece mejor idea? —el joven de gafas la tomó cual autómata—. Luego, si desea darme una respuesta, lo invito a beber un café.
—Humm, ¿gracias? —fue lo único que se le ocurrió articular.
—Por nada —Patterson se puso en pie—. Nos veremos pronto —sin agregar algo más, se marchó casi tan rápido como llegó.
Al quedarse solo, Yuuri contempló el pequeño trozo de papel rectangular y lo metió dentro del bolsillo de su chaqueta. Él no tenía absolutamente nada qué pensar. Regresaría a Japón pues era algo decidido desde meses atrás y bajo ninguna circunstancia se retractaría.
El profesor Patterson podía quedarse con su oferta de empleo porque Yuuri, le pesara a quien le pesara, comenzaría de nuevo en Hasetsu.
Y bajo ninguna circunstancia lo harían cambiar de opinión.
