Advertencia: Este fic ha sido elaborado de un fan para fans sin fines de lucro, todos los personajes de Yuri On Ice le pertenecen a su respectivo creador. Yo únicamente los utilizo con fines de entretenimiento.

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¡Fácil como Pirozhki! La gran final de lágrimas.
Escena XI: Concomitancia.

Ajustándose la chaqueta, Victor bajó del Uber que tuvo el buen tino de solicitar en el aeropuerto para regresar a su departamento aquella noche. Tras tantas horas de vuelo, sin lugar a dudas estaba exhausto y, como fue tema de dominio público que regresaría ese día, muchos fans acudieron al aeropuerto tratando de obtener un autógrafo. Victor fue amable con ellos y concedió algunas firmas, empero se marchó lo más rápido posible.

Si bien se hospedó en un hotel bastante bueno durante los días en que participó y ganó sin problemas el Campeonato Europeo, extrañaba dormir en su propia cama con Makkachin haciéndole compañía. Y mientras estuvo allá, fue muy divertido convivir una vez más con Chris, quien a través de los años supo convertirse en un querido amigo y confidente. En compañía del suizo, Victor no necesitaba fingir absolutamente nada; era una de las pocas personas con las cuales se sentía a gusto y podía ser él mismo. Le era innecesario fingir pues ambos aprendieron a descifrar la personalidad tan peculiar del otro gracias a la convivencia mutua entre temporadas, competencias y comunicación a distancia.

Por supuesto que su amigo, luego de no verlo por algunos meses, trató de forma muy sutil sonsacarle información referente a Yuuri Katsuki en cuanto lo llevó a un bar e intentó embriagarlo para aflojarle mejor la lengua. Ellos dos habían compartido borracheras épicas, mas en aquella ocasión Victor prefirió abstenerse y mantener en total secreto cualquier detalle referente al japonés. Chis no se creyó que estuviera así de tranquilo tras presenciar desde primera fila cómo el encantador muchachito le embelesó por completo durante la gala del año pasado. Y aún cuando Victor, tentado hasta rayar en lo inverosímil, tuvo unos deseos descomunales por contarle sus planes, al final se arrepintió porque sabía que le daría un sermón kilométrico alegándole cuán idiota e irresponsable sería si ponía en práctica semejante decisión. Y pudiera ser que tuviera razón en incontables sentidos, no obstante Victor necesitaba tomarse un año sabático con gran urgencia.

Cierto que una vez el mundo supiera acerca de sus verdaderas intenciones iba a armarse un escándalo de proporciones monstruosas. Primero, la Federación le exigiría respuestas, luego Yakov se pondría furioso y sus patrocinadores buscarían alguna explicación coherente del por qué su chico dorado querría cometer semejante locura, pero le importaba muy poco. ¿Qué podrían saber ellos, de todos modos? Victor siempre buscaba reinventarse, mostrar lo mejor de si mismo e intentar mantener los títulos que había ganado a través de tantos años frente a los férreos adversarios que aparecían año tras año, cuyos deseos por arrebatárselos eran demasiado grandes. En realidad, ya comenzaba a cansarse de hacer lo mismo. Y sus programas comenzaban a decaer en interpretación artística también, pues sin emoción u inspiración a la cual recurrir mientras patinaba, no serviría de nada continuar en el circuito.

Necesitaba encontrar pronto esos dos elementos primordiales en algo distinto; algo que no fuera su propia soledad y constante autocrítica. Y la simple idea de tener un pupilo le causaba gran ilusión. Alguien con quien convivir todos los días, alguien al cual podría guiar según sus propios criterios, moldearle, trabajar juntos codo a codo en la difícil carrera hasta el podio en cualquier competencia venidera. Sería maravilloso dejar huella en otra persona de semejante manera.

Conforme caminaba al interior del enorme edificio departamental, se recordó a si mismo que sólo faltaban escasos meses para ser libre. Una vez eso sucediera, le importaría un bledo lo demás y reservaría el primer vuelo con destino a Detroit con la firme intención de buscar a Yuuri quien, según sabía, entrenaba bajo la tutela de Celestino Cialdini. Ahora que tenía su certificación avalada por la Federación, como entrenador pudo acceder a bases de datos referentes a otros patinadores y, según lo que pudo encontrar, aparte de los Estados Unidos, Yuuri también podría volver a su ciudad natal. Una ciudad costera llamada Hasetsu.

Si por algún motivo él decidía retornar ahí, entonces Victor ya sabía dónde encontrarlo. Yuuri Katsuki sería su objetivo y, aunque se negara –algo improbable–, encontraría la manera de hacerle recapacitar. No en vano aprendió a ser tan persuasivo para lograr salirse con la suya conforme iba creciendo. Y como era un terco insufrible, al final igual acabaría ganando. Cualquiera en su sano juicio aceptaría sin pensarlo dos veces ser entrenado por la proclamada leyenda viviente del patinaje artístico. A Victor no le gustaba ser arrogante ni pretencioso, o al menos no demasiado frente a otras personas porque le desagradaba que lo catalogaran como si fuera una "diva" insufrible, pero ganarse tamaña reputación a través de los años requirió montañas de esfuerzo y preparación, y no existía ninguna otra carta de recomendación mejor que esa. Yuuri desaprovecharía la oportunidad de toda su vida si acaso rechazaba semejante propuesta.

Y le quedaba poco tiempo libre a disposición con el cual solucionar sus asuntos personales pendientes en Rusia. Primero necesitaba determinar qué haría con su departamento. Quizá arrendarlo mientras se encontraba fuera del país sería lo más sensato, pues igual podría utilizar esos ingresos extra después. No es como si el dinero representara un gran problema, tenía suficiente para sobrevivir dignamente sin contratiempos, aún pese a perder patrocinadores cuando supieran que se tomaría un descanso sin posibilidades de volver. Si era honesto, poco le preocupaba en realidad. Igual tendría distintas opciones a elegir más adelante; era coreógrafo, su posible carrera como entrenador se dispararía si Yuuri y él hacían un buen trabajo y, además, también contaba con una licenciatura en idiomas cuya cédula profesional le otorgaba permiso para dedicarse a la docencia.

Con todo esto en mente, subió al ascensor tras saludar amigablemente al portero que hacia guardia en la entrada del complejo, sin embargo, no presionó el botón correspondiente a su piso, antes bien eligió otro dos niveles más arriba. Era tarde, pero pasaría por Makkachin para irse a descansar tranquilo. Al llegar, recorrió camino conocido hasta la puerta con el número "ochenta" adosado en un costado y, tras usar los nudillos, tocó esperando respuesta. Pocos minutos después logró escuchar movimiento sumado a dos ladridos impacientes, y una chica preciosa de largo cabello oscuro abrió un tanto sorprendida por tenerlo ahí esas horas.

—Debiste verificar primero de quién se trataba, Katya —le aconsejó de buena gana, y ella sólo puso los ojos en blanco ante tal comentario.

—Sólo dos personas vienen a verme en tiempo inapropiado: mi editor y tú —le recordó al hacerse a un lado, permitiéndole ingresar al cálido interior del departamento—. Grigori sólo lo hace cuando cree que estoy muerta porque no respondo sus llamadas, o por haberme escapado del país para no cumplir mis fechas de entrega —Victor escuchaba todo al atender a una sobre exaltado Makkachin. La puddle se le había ido encima nada más verlo—. En lo que a ti respecta...bueno, no hace falta explicar eso, ¿verdad?

—Pues no —le concedió razón—. ¿Makka se portó bien?

—A diferencia tuya, jamás me da problemas —bromeó Katya internándose en la vivienda—. ¿Qué tal el vuelo? Luces terrible, si me permites opinar.

—Gracias por el cumplido —Victor hizo un puchero infantil. Los dos se encontraban en la estancia ahora, y el patinador vió una computadora portátil encendida, junto a varios manuscritos desordenados—. ¿Te inoportuno?

—En absoluto, sólo intentaba poner en orden los capítulos de mi siguiente libro —Katya se colocó un mechón de cabello tras la oreja, captando por completo la atención de Victor—. ¿Quieres café? —al recibir respuesta afirmativa, se encaminó hasta el pequeño comedor tan parecido en diseño al del hogar de Victor, pero totalmente diferente tratándose de estilo.

Siempre le gustó el departamento de Katya. Como autora publicada y reconocida en Rusia, ella se dedicaba a escribir en casa y rara vez salía a menos que fuera estrictamente necesario. Además, prefería no sobresaturar su ambiente de trabajo pues distraerse cada cinco minutos gracias a agentes externos comprometería sus fechas de entrega, causándole graves problemas con la casa editorial que le avalaba. Katya era una chica sencilla, sin gustos extravagantes y los dos se llevaban bien porque sabían diferenciar perfectamente bien ciertos puntos que para otros podrían considerarse una gran fuente de problemas generalizados. Porque sí, los dos compartían cama de vez en cuando sin perder la camaradería, ni sobrepasar límites infranqueables.

Ambos se habían conocido un año atrás, pues Katya solicitó mantener una charla con él debido a que necesitaba fuentes acerca de cómo solía vivir un atleta real, tomándolo así de referencia para su obra literaria en aquel entonces. Ser vecinos fue un extra. Así, poco a poco se hicieron amigos, Makkachin la toleraba bien y lo demás llegó por simple naturalidad. Victor era atractivo y las mujeres respondían bien a tal detalle, que terminaran acostándose no fue algo difícil de prever. ¿Lo mejor? cada uno sabía respetar la independencia, privacidad y autonomía el otro.

Era poco convencional, sin duda, pero les funcionaba bien.

—Vi tus rutinas por televisión —agregó entregándole una taza humeante, y luego se sentó sobre un sofá pequeño—. Te luciste; demasiado diría yo.

—Sabes que adoro atraer las miradas del público —Katya murmuró un "presumido" sin importarle ser escuchada.

—Ahora sólo te queda una competencia, ¿cierto? —él asintió sin mostrar mucha emoción. Ella, notándolo al instante, suspiró—. No pareces muy feliz al respecto. ¿A qué se debe? Has tenido una temporada fenomenal según comentan en todos lados, deberías enorgullecerte.

—Tal vez sólo necesito vacaciones —dijo al beber un sorbo del amargo líquido. Por supuesto, Katya no se creyó ni una sola palabra y arqueó su poblada ceja derecha, instándolo a contarle lo que realmente parecía preocuparle.

—¿Cómo se llama? —preguntó con cierta gracia. En serio adoraba molestarlo tratándose de temas así. Victor era un bobo insufrible, rara vez solía ser elocuente cuando se trataba de asuntos relacionados con el corazón, gracias a lo cual procuraba evitar a toda costa que alguien se metiera de lleno en su vida por un largo período de tiempo. Comprensible si tomaban en consideración que su carrera tan demandante volvería loco a cualquiera sin demasiado esfuerzo—. Vamos Nikiforov, no intentes negarlo; puedo verlo a leguas. Si esa personita consiguió afectar tus decisiones a tal grado, eso quiere decir que te interesa en verdad. Y es una proeza loable tratándose de ti. ¿Dónde está? Quizá pueda enviarle flores o algo —se burló.

Victor se removió incómodo porque jamás esperó semejante respuesta tan directa. Empero, quizá charlar del tema le ayudaría bastante, concluyó relajándose sobre su asiento. Katya sería imparcial emitiendo juicios, ella no pertenecía al ambiente deportivo del patinaje y las opiniones que podía brindarle al respecto no se verían transgiversadas en absoluto. No pudo hablar con Chris, Yakov se hallaba descartado y tampoco tenía más amigos confiables.

Podría intentarlo.

—Su nombre es Yuuri —se rindió al fin—, y vive en Detroit —Makkachin se recostó a su lado, brindándole mayor confianza para expresarse—. Quiero tomarle bajo mi tutela durante la siguiente competencia del Prix.

—Oh —ella pareció sorprendida—. ¿Eso no te causará problemas? Digo, mudarte a otro país implica cierto grado de cambios drásticos.

—Algunos, sin embargo es algo que necesito hacer cuanto antes —enfatizó—. Sólo tú tienes conocimiento al respecto, ni mi entrenador o patrocinadores tienen idea y puede incluso que la Federación me imponga alguna clase de sanción pues prácticamente voy a trabajar con el "enemigo", pero me importa poco. Es mi vida la que busco poner orden, asentar mis ideas e intentar recuperar el amor hacia algo que llevo haciendo desde siempre. ¿Suena ridículo?

—No —Katya entendía el sentimiento bastante bien—. Tienes un bloqueo, como artista es natural que trates de buscar algo distinto a lo usual tras tantos años dedicándote a ganar —Victor la muró esperanzado—. Aunque tengo curiosidad: ¿Qué te motivo a direccionar tus energías hacía otra persona? Generalmente, cuando tratamos de encontrarnos a nosotros mismos, lo normal consiste en trabajar sobre aquello que creemos estar haciendo mal intentando así remediarlo. ¿Qué puedes aportarle a otro competidor si eres un desastre? ¿No afectará eso el desempeño de ambos a la larga?

—En realidad me siento bien —refutó—. Adoro patinar, pero ya resulta muy distinto...casi ajeno. Me encantaría buscar nuevos retos, saber que hay algo más fuera de Rusia capaz de presionarme con tal de superar la complejidad del reto a batir —entonces agregó—, demostrarles a todos que puedo ser alguien distinto fuera de la pista.

—Ese es tu lado narcisista el que habla —la chica puntualizó—. Vamos a ser sinceros, ¿haces esto por ti, o porque realmente quieres ayudar a Yuuri a sobresalir? Desconozco las reglas del patinaje, o cómo suelen moverse las cosas dentro del medio, no obstante, si te pones a pensarlo quien recibirá toda la atención, sea positiva o negativa, no serás precisamente tú llegados a ése punto —Victor frunció el ceño—. ¿Y si algo sale mal? ¿En verdad te sientes lo bastante cualificado para brindarle apoyo emocional y psicológico a alguien a quien ni siquiera conoces bien todavía? Victor, el noventa por ciento del tiempo eres un idiota, ¿de qué forma planeas resolver los posibles problemas cuando no cuentas con la experiencia suficiente?

—Bueno, no lo había considerado...—dijo sin ocultar su decepción.

—¿Lo ves? —se río—. Mira, te conozco y bajo ninguna circunstancia podré hacerte desistir de cometer suicidio laboral si tanto te hace feliz, pero deberás pensar bien cuál estrategia vas a utilizar o acabarás mandándolo todo por la borda —le recomendó de buena fe—. Nuestras acciones traen consigo ciertas consecuencias, si tanto deseas arriesgarte, sólo recuerda que podrías llevarte a muchas personas contigo si tomas el camino equivocado. ¿Entiendes?

—Supongo —reconoció.

—¿Qué opina Yuuri al respecto? —se interesó por saber.

—Todavía no le digo nada —Katya casi se atragantó con su bebida.

—¿Es en serio? ¿Tu estrategia se reduce a eso? —dijo incrédula—. ¿Y vas a caerle de sorpresa, acaso? ¡Se va a morir del susto! —dejó escapar una carcajada—. Por todos los cielos, a ti si que te pegó duro.

—¡Pues yo no le veo la gracia! —Victor se quejó con un puchero infantil.

—Bien, bien...lo lamento.

Un agradable minuto de silencio recayó entre los dos, el cual aligeró la atmósfera considerablemente.

—¿Entonces, después del mundial dejarás Rusia? —quiso saber la joven, dándole la fuerte impresión de que parecía estudiar sus posibilidades al respecto.

Victor agitó su cabeza en aceptación, luego de entender a cuál punto Katya planeaba llegar. Había pasado bastante desde la última vez que estuvo con una mujer sexualmente hablando y, semejante idea no le desagradaba en absoluto.

—No vine aquí sólo por Makkachin —aclaró él de pronto, dejando en paz la taza sobre una mesita cercana.

—Lo supuse, sí —dijo poniéndose en pie. Y fue ahí que Victor miró sin pizca de resistencia los pechos de la chica, cuya ropa los acentuaba demasiado bien; tanto que sintió grandes ansias por ponerles las manos encima—. Ve a la ducha primero y después te daré un masaje. Tantas horas en un avión seguro terminaron dejándote hecho trizas —concluyó.

Él dejó escapar un suspiro lleno de expectación.

—Eso me encantaría.

Después de hacer lo encomendado, Victor salió del baño con una simple toalla rodeándole las caderas, mientras Katya tenía ya a disposición lo necesario para llevar a cabo el masaje prometido en la comodidad del dormitorio. A diferencia suya, ella todavía llevaba puesta ropa interior, la cual consistía en un bonito conjunto blanco que dejaba poco a la imaginación. Katya no poseía un cuerpo excesivamente esbelto, aunque tampoco estaba pasada de peso convirtiéndola en alguien muy atractiva y sensual ante sus ojos. Se trataba de una mujer real, no ese desgastado estereotipo que las revistas buscaban venderles. Y ahí radicaba su principal fuente de belleza.

—Ven aquí —le pidió suavemente. Acortando distancias, Victor impuso su altura pero le permitió hacer todo cuanto quisiera y, sin mostrarse dudosa, ella retiró la toalla dejándolo desnudo, instándole luego a recostarse sobre la cama—. Sólo relájate.

Montándose a horcajadas sobre Victor, Katya procedió a frotarse las manos con abundante aceite cuyo agradable olor a jazmín no se tornaría empalagoso u molesto conforme trabajaba en él. Una vez creyó tenerlo a temperatura adecuada, comenzó a untarlo sobre los firmes hombros, homoplatos y espalda baja de Victor, centrándose en cada músculo donde notaba tensión acumulada. Se sentía fenomenal, por supuesto. Más todavía porque ella pasó a acariciarle los muslos y glúteos, provocándole a propósito.

—¿Dónde aprendiste a hacer esto? —le preguntó Victor por mera curiosidad, conforme ella se movía de un modo muy sugerente.

—Ser escritor a veces tiene sus ventajas —bromeó—. Mi última novela romántica me obligó a tomar un cursillo de estos con tal de brindarle mayor credibilidad al relato. Supuse que te ayudaría un poco.

—Pues tuviste razón —indicándole iba a girar, Victor le demostró que dichas atenciones tuvieron resultados favorecedores, pues ahora debían lidiar con su notable erección.

Katya le regaló una sonrisa coqueta y, sin oponer resistencia, con cuidado desabrochó los ganchos frontales del sujetador, lanzándolo al piso sin importarle en cuál sitio pudiera caer, mostrándose al de ojos azules sin pena ni recato.

Excitado, Victor procedió a sujetarla de las caderas rompiendo cualquier distancia entre ambos, acomodándola sobre su regazo sin mayor dificultad. Y mientras se besaban permitiéndole al instinto hacerse cargo, se dijo a si mismo que el motivo real del por qué experimentó el doble de atracción sexual por ella nada tenía que ver con su cabello negro y ojos color chocolate.

No era así, en absoluto.

Y bueno, la negación a veces podía ser de mucha ayuda de vez en cuando. ¿Cierto?


¡Hola de nuevo!

Primero que nada una gran disculpa por tardar tanto en actualizar. Créanme cuando les digo que no lo hago a propósito, esta historia es uno de los proyectos más difíciles que tengo activos hasta la fecha, y necesito pensar muy bien qué seguirá a continuación. Quizá muchas de ustedes odiaron este capítulo porque Victor se lo pasó bien con una chica, pero en este punto de la historia, tal como mencioné en Facebook, Yuuri y Victor todavía no sienten amor el uno por el otro. Eso vendrá después con tiempo, paciencia y dedicación.

Sin más, el siguiente será de Yuuri y Phichit, junto a los deseos reprimidos del primero. ¡Estamos a sólo dos capítulos de abarcar el regreso a Hasetsu! Mil gracias por leer y seguir apoyando este proyecto.

¡Saludos cordiales!