Aromas conocidos.

Colores e imágenes difusas.

Un universo plagado de misterios en el cual se sumergió como pez en el agua...

—¿Qué es esto...? —murmuraba y fregaba sus ojos para tratar de enfocar.

A su alrededor no veía más que oscuridad y, como música de fondo, el tan molesto ruido blanco que sólo se presentaba para torturarlo de vuelta.

—Tranquilizate, hijo— esa parsimoniosa manera de hablar, no podía ser nadie más que su padre.

—¡Papá...!— volteó a ver a todas las direcciones. No podía divisarlo, pero escuchaba su voz.

—Dai, necesito que despiertes. Ellos están esperándote y no quiero que vengas con nosotros. Es muy temprano para eso...

Shikadai recordaba las dulces palabras de su madre, quien le había dicho algo semejante y no podía evitar llorar.

—Confío en vos...

De repente, la voz de Shikadai se había esfumado.

La oscuridad se disipaba y los objetos volvían a tomar forma.

El humo de un habano que conocía lo envolvía.

Respiró pesadamente y levantó la vista.

El frío de la culata de un revólver que lo apuntaba, le daba escalofríos.

Al dirigir su mirada hacia la persona que estaba jugando con su vida, notó la crueldad de su espíritu que rebasaba y lo contagiaba sin más.

—Ha sido una buena siesta, pequeño Nara— Un hombre se encontraba frente a él.

Conocía su tono y modo de expresarse, mas no su aspecto físico.

Shikadai estaba maniatado y sentía su cuerpo más débil que de costumbre.

Recordó que comenzó a sentirse así cuando subió a la camioneta y perdió el conocimiento.

—Perdón por esta pésima maniobra —dio una calada y expulsó el humo en dirección a Shikadai.

—No necesitabas drogarme para eso... —aún sus piernas carecían de fuerza para moverse.

—A veces es mejor asegurarse antes de perder— El hombre se levantó y se colocó en cuclillas frente a Shikadai—.Me da mucho gusto conocerte, Nara.

Esbozó una extraña sonrisa. No era nada sincero y su aura oscura era claramente perceptible.

—Kawaki, calmate. Este muchacho apenas ha despertado—se levantó y le dio la espalda.

Tenía el pelo largo y lacio, atado con una coleta.

Su cuerpo era delgado y sus manos mostraban la cicatriz de una quemadura importante.

Sus ojos eran inexpresivos como los de Kawaki, pero sus palabras eran tan filosas como un bisturí.

—¿Quién sos y por qué él está aquí? —inquirió Shikadai. El hombre detuvo su paso y suspiró.

Kawaki gruñió y no quitó la vista del Nara.

—Mi nombre es Jigen—giró la cabeza—. Digamos que soy algo así como el padre de Kawaki...

¿Cómo que algo así? ¿Tan insignificante resultaba su lazo?

—Traelo, es hora del show—aclaró y el Uzumaki sujetó al moreno del cabello.

Lo fue arrastrando y Shikadai trataba de encontrar un poco de equilibrio para que no le doliera el cuerpo más de la cuenta.

Sin embargo, lo que más le dolía, no era el maltrato,sino el modo de proceder del tal Jigen y Kawaki.

El lugar parecía un laboratorio deshabitado. No había maquinarias, ni personas trabajando.

Sólo eran ellos tres y nadie más.

Jigen abrió una puerta e ingresó.

Detrás de él, Kawaki arrojó a Shikadai y cerró la puerta.

El moreno trataba de regular la respiración. Levantó la cabeza lentamente y se exaltó ante la imagen que estaba frente a sus ojos.

Podía oír claramente los fuertes latidos de su corazón y la desesperación que lo consumía a gran velocidad.

—Como te prometí, pequeño Nara. Hoy conocerás la historia de por qué tu padre está en una caja de cristal... —Jigen se ubicó al lado del mismo y golpeaba el vidrio con fuerza.

La expresión de Shikamaru mostraba la impotencia de una persona ante una catástrofe.

Aún conservaba su rostro en buen estado, como si el tiempo se hubiera detenido.

Shikadai rompió en llanto. No toleraba que se burlaran del cuerpo de su padre y jugaran con él como si se tratara de una basura.

—Cuando nos topamos en UzuNara no parecías tan débil... —espetó en tono burlón. Le dio una patada y Shikadai cayó al frente al suelo.

—¿Qué significa todo esto...? —gruñó y resopló. Levantó su rostro y miró directamente a Jigen.

Al lado de la enorme caja de cristal, había una camilla. En él, yacía Naruto Uzumaki, quien se encontraba conectado a una máquina. Estaba repleto de cables y mangueras que denotaba el mal estado de salud del Uzumaki.

—Supongo que el idiota de Kakashi te habrá ido con el cuentito de gran parte de nuestra historia, ¿Verdad?

Shikadai no podía ocultar la sorpresa ante la pregunta. De algún modo, descubrió que Kakashi le relataría el mayor secreto de su jefe Naruto.

—Tu expresión lo dice todo. Bien... —se apoyó contra la camilla de Naruto y carraspeó.

Kawaki se encontraba a su lado, mirándolo con desdén. Shikadai sabía que estaba en una clara desventaja.

—Lamento tanto que tu padre haya acabado de ese modo —apoyó la mano contra el cristal y comenzó a reir—. De hecho, él estaba dispuesto a todo para salvar a su amigo...

Shikadai estaba absorto. No comprendía la magnitud de las palabras de Jigen y eso lo exasperaba.

—Cuando supe que iría en ese vuelo, planeé todo para llevarme a Naruto. Los demás no me servían, así que fue fácil descartarlos...

—¡¡BASURA!! —gritaba con todas sus fuerzas. Su pecho se inflaba de angustia.

Jigen no borraba su maliciosa sonrisa. Su plan apenas acababa de comenzar.

—Como sé que pronto irás junto a tus padres, te contaré lo sucedido ese día—encendió otro habano y suspiraba.

Kawaki sostenía su revólver con la mano izquierda y bajaba la mirada.

Shikadai se percató de un gesto extraño en el Uzumaki menor y ese era que se sobaba la sien a casa momento.

—Sabía que el avión sería privado y que no podría tener oportunidad alguna de subirme en él, así que amenacé al piloto de que arribara en una zona que se encontraba bajo mi control.

No obstante, algo salió mal y el idiota acabó cayendo al océano.

Shikadai se dio cuenta de que su cuerpo recuperaba de a poco su fuerza.

—Apenas me notificaron de lo sucedido, acudí al lugar. Mi prioridad era Naruto Uzumaki. De hecho... —expulsó una bocanada— Cuando estuve a punto de llevármelo, tu padre se interpuso. Él hizo lo posible para impedir que secuestrara a este idiota. Procuró ser el escudo humano cuando aseguré que si no lograba mi cometido, lo mataría.

—¿Vos lo...? —sus labios temblaban, la voz se entrecortaba.

—El impacto de bala que recibió, provino de uno de mis guardaespaldas. Le dio directamente en la nuca y murió de inmediato—la escena comenzaba a distorsionarse para Shikadai.

Ya no escuchaba las palabras de Jigen. Sólo imaginaba la secuencia que relataba:

Shikamaru tratando de proteger a Naruto, recibiendo un impacto de bala en pos de evitar su posterior secuestro.

Hinata, Himawari y su madre, muertas. Sus cadáveres fueron abandonados cruelmente en el océano.

Y en ese momento, tenía guardado el cadáver de su padre en una caja de cristal como si se tratara de un trofeo digno de presumir.

Sentía impotencia. Quería golpearlo, romper todos los huesos de su cuerpo.

—Y bueno, el hecho de tenerlo embalsamado a Shikamaru fue para atraerte. Para poder acabar con su linaje, deberia matarte a vos también—aseguró con frialdad.

Shikadai gruñía. Se levantó de inmediato y fue detenido por Kawaki, quien lo pateó en el estómago.

—¡POR TU BIEN, QUEDATE QUIETO! —ordenó.

Shikadai comenzó a toser. La patada fue lo suficientemente potente para lastimarlo.

El gusto metálico se presentó en su boca. La sangre salía de su interior y dejaba en claro que estaba en desventaja.

—Fue tan fácil mandar a matar al hijo de este imbécil. Fue una gran sorpresa y una excelente oportunidad que estuviera la chiquilla de lentes...

La sola mención de Sarada en los sucios labios, transformó por completo a Shikadai.

Una fuerza descomunal nació de su espíritu, rompiendo el amarre de sus manos.

Kawaki estaba con el ceño fruncido y apuntó directamente al Nara.

El moreno respiraba con dificultad. Miraba con desdén a Jigen y sentía cómo ardía su rostro.

—¿TODA...? —Jadeaba —¿TODA ESTA MIERDA ES... —posó su mano en el entrecejo—¿POR SU MALDITA AMBICIÓN?

—Kawaki es su primer y único hijo. Él merece toda la fortuna Uzumaki y no esos dos bastardos que vinieron después de él... —aseguró en un tono más elevado.

Shikadai sabía que su partida estaba a punto de acabarse.

Necesitaba una jugada magistral, digna de un Nara.

Observaba la caja de cristal, lamentándose el hecho de ser alguien incapaz de protegerlo.

—Te daré una sola oportunidad. Será un trato de caballeros—propuso.

Kawaki se mantenía al margen. Observaba el comportamiento del Nara ante la presión ejercida por su padre.

Estaba nervioso y su cabeza explotaba.

—Quien elijas, podrá salir entero de aquí. Podrás optar por el cadáver de tu padre, que se la enviaríamos a algún empleado de UzuNara para que lo entierre o haga lo que quiera; Naruto, para que tenga una mejor atención médica y logre sobrevivir o tu vida, ignorando completamente a Naruto y Shikamaru.

Jigen se regocijaba ante la propuesta. Su previsión se basaba en una hipótesis inquebrantable y, a partir de esa premisa, Kawaki cumpliría su papel a la perfección.

Lo analizaba a detalle. Notaba cuán ofuscado estaba Shikadai.

Él respiraba con dificultad.

A su mente, imaginaba el rostro compungido de aquellas personas que lo acompañaron a lo largo de esos años: Shinki, con sus palabras justas para guiarlo y sus aportes para sus planes. El hermano de sangre que nunca tuvo ni podrá tener.

Chouchou, una mujer que supo cumplir un rol maternal esencial para sus quiebres emocionales. La que lo aconsejó, cuidó y contuvo cuando más lo necesitó.

Sarada, la persona que jamás había imaginado conocer. La mujer con la que comparte sus desgracias y alegrías. La que despierta un sinfín de sentimientos bellos que no puede ocultar.

Ellos tres son los pilares esenciales del Nara.

—Lo siento mucho. Debí haberme despedido de ustedes... —cerró sus ojos y suspiró.

Jigen observaba a Kawaki y éste apuntó directamente a la cabeza de Shikadai.

—Jamás elegiría mi vida sobre la de ellos. Moriría con dignidad, no me importa—musitó con la cabeza gacha—. Me da mucha rabia saber cómo manipulaste la información a tu antojo. Podria suponer que vos mataste a mi padre y sangre fría.

Jigen tragó saliva. Cuando creía haber destrozado el espíritu del Nara, éste resurgió con mucha más fuerza.

Él se había convertido en un ave fénix...

—Naruto no estaba enterado de la existencia de Kawaki. Él estaría muy feliz de haberlo sabido, porque así era Naruto—espetó.

La mano con la que sostenía el arma comenzaba a temblar. Las punzadas se hacían más fuertes.

—El dinero siempre lo enviaba Kakashi. Él mantuvo la existencia de Kawaki en secreto.

Por ese motivo, cuando Naruto supo que su hijo no había muerto, explotó emocionalmente. No sabía cómo reaccionar ante ello—jadeaba.

Levantó la cabeza y observó de reojo a Kawaki. Éste se tomaba la cabeza y gruñía.

—Por ese motivo, los Uzumaki y mi familia salieron de viaje. Naruto quería prepararse para conocer a su hijo y darle el lugar que le correspondía...

—¡¡DEJÁ DE MENTIR!! TUS PALABRAS SON PURAS PATRAÑAS—exclamó Jigen.

No podía creer que el Nara tuviera tal información.

Kawaki no sabía cómo reaccionar ante la realidad.

Estaba perturbado, más de lo que podía contener.

—¡¡Yo elegiré la vida de Naruto Uzumaki para que pueda reiniciarla junto a Kawaki, su hijo!! —exclamó con seguridad y lágrimas en sus ojos.

Dirigió la vista hacia el cuerpo de su padre. Juraba que él estaba sonriendo y eso lo tranquilizaba.

—¿¿QUÉ ESTÁS DICIENDO?? ¿PREFERÍS ELEGIR LA FELICIDAD DE TU ENEMIGO A COSTA DE TU VIDA? —Jigen metió la mano en su bolsillo y sacó un revólver.

—Yo prefiero la felicidad ajena. Con eso ya me basta y sobra...—volteó a ver a Kawaki.

Tenía su mirada perdida, colmado de lágrimas que no salían. Temblaba y estaba boquiabierto.

—Bueno, sí así son las cosas... —Jigen se acercó hasta Naruto y apuntó directamente a su rostro— No creí que fueras tan idiota, Nara.

Las detonaciones fueron directamente al rostro del socio de su padre.

Shikadai observó la secuencia, absorto ante la maniobra de Jigen.

Vació su cargador, quitándole toda esperanza a Naruto de regresar a su vida.

Kawaki miraba con asombro y dolor. Estaba descontrolado, eso Shikadai podía notarlo.

Jigen comenzó a reír. Estaba conforme con el resultado.

Shikadai no tenía opciones. Estaba perdido.

Sentía culpa, ya que pudo haber avisado a alguien de lo sucedido y no fue capaz de tomar una decisión adecuada.

Kawaki bajó la cabeza. Su cabello cubrió por completo sus ojos.

Shikadai no podía ver qué pensaba el Uzumaki.

—Ser hijos de personas importantes trae desgracias. La tragedia es lo que más predomina en nuestra existencia—espetaba en un extraño tono.

—¡¡SOS LIBRE, KAWAKI!! —exclamó Jigen, extendiendo sus brazos.

Shikadai estaba atónito. Su cuerpo no respondía.

—¡¡MATÁ A LA ÚLTIMA PLAGA Y SERÁS EL REY DEL IMPERIO UZUNARA!! —gritó.

El Nara estaba resignado.

Cerró sus ojos y pidió que sus padres lo acogieran en el camino que estaba por transitar.

—¡¡HACELO, KAWAKI!! —gritó una vez más—¡¡DISPARÁ!!

Sin necesidad de volver a ordenárselo,el Uzumaki efectuó dos disparos certeros: uno en el corazón y otro en el cuello, haciendo que comenzara a desangrarse.

Shikadai abrió los ojos. No sentía dolor.

Pero el panorama era denso y perturbador.

Frente a él, la figura de Kawaki aún apuntaba contra el cuerpo de Jigen, quien no podía contener la hemorragia de su cuello.

—¿¿QUÉ RAYOS...?? —murmuraba.

—Estuviste al tanto de que mi padre jamás me conociera. Me torturaste día a día, diciéndome que debía odiarlo.

Me enseñaste a matar y a dirigir a un escuadrón de asesinos sin escrúpulos.

Rompiste en mil pedazos todo lo bueno que podía residir en mí.

Lo mataste y sangre fría, sin importarte que yo estuviera viéndolo... —jadeaba—¡¡NO MERECÉS VIVIR, JIGEN!!

Inmóvil, miraba cómo la persona que lo había criado, se retorcía de dolor y lo insultaba.

Shikadai se levantó del suelo. Temía por su vida.

Kawaki volteó y lo miró con el ceño fruncido.

—Llevate a tu padre y andate de acá... —ordenó, dejando absorto a Shikadai.

—¿Por qué...? —musitó. Aún no comprendía lo que estaba sucediendo.

—Cometí muchos errores en mi vida. Es hora de pagarlos—desvió la mirada—¡Andate antes que me arrepienta!

Shikadai asintió y corrió hacia la caja. Tomó una silla y golpeó con todas sus fuerzas.

Una y otra vez, chocó contra el cristal.

Se sentía frustrado. Necesitaba algo más contundente.

Observó a su alrededor y notó que Kawaki estaba dándole con una barreta en su mano.

—Hacete a un lado—exclamó y golpeó con todas sus fuerzas.

Logró romperlo y el cuerpo de Shikamaru se tumbó casi al punto de caer.

—No quiero volver a verte... —espetó.

Shikadai cargaba con el cadáver embalsamado de su padre. Pesaba mucho más de lo que imaginaba.

Kawaki levantó a Naruto y dejó la camilla libre. Él abrazó con añoranza lo poco que quedaba del Uzumaki.

Shikadai comprendió a medias lo que pensaba Kawaki.

Con todo el esfuerzo puesto en él, logró colocarlo en la camilla.

Salió de la habitación y dejó atrás a Kawaki.

Realmente no lo comprendía. Él actuaba extraño.

Shikadai corrió, arrastrando la camilla por los pasillos que parecían el laberinto de Dédalo.

Escuchó una gran explosión. El humo lo detuvo.

Tosió y trató de ver si podía salir.

—¿Se encuentra bien, señor? —las personas contaban con máscaras antigas, trajes negros y grandes rifles.

Shikadai dejó caer su cuerpo.

—Estoy bien...

Kawaki se aferró al cadáver de Naruto. Colocó su cuerpo contra su pecho y dejó salir toda la angustia guardada por tantos años.

Gritaba, temblaba, sollozaba.

—¡¡PERDÓN...!! —sólo repetía.

Kawaki no veía que ya estaba rodeado. No sólo de la sangre de sus padres, tanto el biológico como el de crianza; sino también por la policía.

El mundo pacífico y perfecto de Kawaki, no era más que una simple pantalla.

—Papá... —murmuraba y se aferraba a Naruto.

Nadie podía separarlo de él. Su mente se había distorsionado.

El final fue mucho más inesperado para Shikadai.

Al salir del infierno, lo esperaban su tío y primo.

Ambos vieron el cadáver de Shikamaru y taparon sus rostros.

Shikadai se desmayó.

Había sido mucha presión para una persona inestable...