Advertencia: Este fic ha sido elaborado de un fan para fans sin fines de lucro, todos los personajes de Yuri On Ice le pertenecen a su respectivo creador. Yo únicamente los utilizo con fines de entretenimiento.
¡Gracias por leer!
Capítulo basado en el doujinshi de la artista Asayo Riku, y el arte oficial de YOI.
Escena especial: Exceso de velocidad.
—Oye anciano, ¿a dónde rayos nos llevas? —de mala gana, Yuri se dejó caer contra el asiento del taxi donde viajaban, mientras expresaba por centésima ocasión la misma pregunta—. Seguro se trata de alguna estupidez, casi lo puedo apostar.
En toda respuesta, Victor comenzó a reír animado ante las ocurrencias del adolescente, pues ya estaba por demás acostumbrado a escuchar sus remilgos y groserías desde hacia bastante tiempo, motivo por el cual aprendió a tomar las cosas con calma en cuanto a Yuri respectaba. Yakov solía ponerse furioso ante la facilidad que este poseía para sacar de sus casillas a las personas, empero Victor se dio cuenta que discutir no los conduciría a ningún buen puerto, menos aun tratándose de un chico cuyo carácter tan explosivo no hacia otra cosa que ponerse peor entre más se obstinaba en seguir peleando.
Y le funcionaba bien dicha estrategia; discutir por una nimiedad resultaba ridículo. Más todavía porque estaban disfrutando unas agradables vacaciones tras tanto estrés producto de las competencias. Echarlas a perder por rencillas carentes de sentido resultaba muy tonto. Y ciertamente nadie obligó a Yuri a acompañarlos, mas el chico de ojos verdes alegó prefería mil veces hacer cualquier otra cosa que quedarse encerrado en el hotel mirando televisión, pues algo como eso bien podría hacerlo en casa.
Por cuestiones prácticas, los tres decidieron tomarse un pequeño y necesario tiempo fuera porque a esas alturas se sentían terriblemente cansados gracias a tantos entrenamientos, viajes relámpago entre países, entrevistas y competiciones. Tras invertir tanto tiempo y dedicación a sus carreras, ya les era necesario tomarse algunos días para disfrutarlos como mejor les pareciera.
Su destino final resultó ser Los Ángeles, porque el clima en aquella época del año era perfecta para hacer turismo u cualquier otra actividad interesante en las playas abiertas al público en general, permitiéndoles relajarse u pasarla bien antes que las responsabilidades les absorbieran de lleno en Rusia durante los próximos meses.
Inicialmente, Victor había extendido únicamente la invitación a Yuuri pues ansiaba pasar tiempo de calidad con él ahora que ambos comenzaban una relación verdadera como pareja, empero este último mencionó sus planes frente a Lilia, quien sugirió sin pena ni recato sería buena idea si Yuri también les acompañaba. Algo con lo cual Victor no contaba.
Según les explicó, Yurio necesitaba encontrar un poco de paz mental tras haber quedado segundo en las Nacionales rusas y ganar bronce durante la celebración del Mundial. Igualmente un chico de su edad no podía, ni tampoco debía andar solo por ahí sin supervisión adecuada, debido a lo cual fungirían como supervisores en toda regla. Como resultado, que Victor estuviera enfurruñado con Yuuri durante casi una semana cual niño chiquito porque le quitaron la fabulosa oportunidad de pasar unas fabulosas vacaciones acompañado por el amor de su vida, fue otra historia muy diferente. Victor intentó actuar distante mientras le duró el enojo, y quizá tal método hubiera funcionado mejor si Yuuri no tuviera por costumbre minimizar sus berrinches al grado de restarles total importancia. Obviamente, cabía señalar Victor no logró soportar ni dos días lejos del otro, menos aun cuando la tentación de tenerlo a escasos centímetros en un mismo espacio pudo más que su "inquebrantable" fuerza de voluntad.
Aunque aquel no era tema de discusión en ése momento.
—Necesitamos un auto —les dijo a ambos, y tal declaración propició a que Yuuri le mirara sin comprender.
—¿No podemos simplemente ir en taxi? —quiso saber.
—Eso es aburrido —Victor declaró al mover su mano de un lado a otro—. Esta mañana contacté a un amigo que se dedica precisamente a esto, además, si tenemos a disposición un vehículo personal seremos capaces de movernos más fácilmente con Makkachin —le explicó, pues la puddle había sido dejada en una estética canina donde le realizarían un corte ya bien merecido.
—¿Y de donde rayos vas a sacar un permiso que te permita circular aquí? —Yuri dijo como si fuese algo por demás evidente—. Dudo mucho la justicia norteamericana tenga indulgencia contigo por ser un anciano famoso.
—Oh, pequeño gato —se mofó de buena gana arrancándole un gruñido al recién mencionado—. ¿De verdad piensas que no tengo en orden todos mis documentos "no rusos"? —fingió llevarse una mano al pecho, casi como si le doliera el corazón—. Eso me ha ofendido…
Yurio dejó escapar una palabrota que se ahogó gracias al sonido de otro conductor, cuyo claxon se dejó escuchar sin demasiada educación ya que el taxista se atrevió a realizar una maniobra poco ortodoxa.
—¿Es buena idea? —el de ojos azules no resistió las ganas de besarle la cabeza a su novio en total consuelo.
—Tú solo confía en mí —agregó con una sonrisa de casi mil vatios que le disparó el pulso a Yuuri. Podría sonar increíble, pero Victor jamás dejaba de tener ese efecto tan maravilloso en él. Y sí, confiaba en su criterio sin importar qué; tal como siempre.
Llegar hasta la agencia que era propiedad del amigo de Victor les tomó treinta minutos pese al tráfico. Una vez abandonaron el taxi, Victor pagó la tarifa solicitada y se dirigieron al pequeño edificio de aspecto elegante. El frontis, cuya fachada lucia bien cuidada con un evidente grado de sofisticación, exponía con grandes letras el nombre de la compañía captando poderosamente la atención de quienes posaban los ojos sobre ellas. También, en lugar de paredes convencionales poseía extensos ventanales hechos con vidrio reforzado, cuyo material permitía a los clientes un primer vistazo a los vehículos que se encontraban a disposición para su venta u renta.
Bien, Victor tenía gustos bastante peculiares, motivo por el cual a ninguno de sus dos acompañantes les extrañó que optara por elegir un sitio como aquel en primer lugar.
Poco después, juntos ingresaron al sitio encontrándose con una joven recepcionista que les dio la bienvenida. Victor de inmediato preguntó si acaso se encontraba el dueño y, tras dar su nombre para mayor referencia, ella corroboró los datos y acto seguido les pidió esperar un momento. Cinco minutos después, apareció ante ellos otra mujer ya bien entrada en sus cincuenta años, pero cuya apariencia comenzaba en gran medida los años cumplidos.
Tenía el cabello rubio meticulosamente arreglado en un corte moderno, sus ojos verde agua delineados con maquillaje resaltaban gracias al ligero bronceado de su piel. Iba vestida con un traje ejecutivo sencillo, tacones y algunos aditamentos ligeros. Era atractiva, elegante y con clase. Una vez reparó en la presencia de Victor, inmediatamente sonrió exponiendo una perfecta hilera de dientes blancos cuyo contraste con el lápiz labial rojo la hizo parecer una especie de actriz famosa.
¿A dónde habían ido a parar?
—¡Me da tanto gusto verte, Victor! —saludó ella alegre tras besarle la mejilla con suma naturalidad —. Pensé que llegarías un poco más tarde.
—Siempre soy puntual cuando tengo una cita, Olivia —dijo todo sonrisas y encanto—. Pero si estás preciosa —la halagó sacando a relucir el caballero que siempre había sabido ser frente a una dama.
—¿Tú nunca cambiarás, cierto? —ella se colocó un mechón de cabello tras la oreja, encantada por sus palabras—. Sigues siendo un total adulador —Victor soltó una carcajada divertida, sin embargo la mujer en vez de hacerle caso creyó mejor idea girarse a ambos Yuri's, los cuales observaban todo sin comprender nada—. Disculpen mi descortesía; bienvenidos a Los Ángeles, chicos. Mi nombre es Olivia Wood —se presentó amable—. Espero podamos llevarnos bien.
Cada uno emitió sus respectivos "es un placer conocerla", aunque eso no les hizo sentirse menos fuera de lugar.
—¿Dónde está el cascarrabias de tu marido? —quiso saber Victor con un claro tinte a broma—. Por un momento pensé que nos recibiría...¿o tal vez creyó mejor idea enviarte a ti para alegrarnos el día —Olivia puso los ojos en blanco, mientras Yuuri carraspeó inconforme ante tal comentario.
Victor se puso rígido dándose cuenta del error. Debía ser más sutil.
—Se ha pasado toda la mañana trabajando con lo que le solicitaste hace seis meses —Victor casi se puso a brincar ahí mismo debido a tanta emoción.
—¿Ya lo terminó?
—Sí, creo que te gustará —ella sonrió de nuevo brindándole mayor énfasis a la oración, conforme les invitaba a seguirla—. En realidad ya comenzábamos a preguntarnos cuándo vendrías por él.
—He tenido demasiadas ocupaciones últimamente —se justificó.
—¡Lo sabemos! Te vimos patinar en tus últimas competencias, señor entrenador —agregó al dirigirle una mirada cómplice a Yuuri—. Nos alegra que pudieras volver al hielo sintiéndote cómodo. Mi hija menor, Dalia, tomó algunas clases hace algunos años porque según ella quería competir algún día.
—¿Lo logró? —Yuuri se atrevió a preguntar, esperando no haber sonado muy entrometido.
—¡Sí! Pero no en patinaje; mi Dalia es campeona nacional de tiro con arco —dijo como toda mamá orgullosa—. Ahora se plantea la posibilidad de competir en algo más grande.
—Mientras ella amé su disciplina, lo demás vendrá solo —Victor le aseguró a Olvia con gran convicción.
Y no pudo evitar colocarle una mano tras la espalda a Yuuri, dándole a entender que lograr todo eso y más era en gran medida por él. En cambio, Yuuri esbozó una sonrisa repleta de felicidad porque los dos se brindaban vida y amor en cada pequeño ínfimo aspecto desde incluso el momento mismo en que se conocieron frente a frente.
Yuri, observado todo, prefirió hacerse el desentendido.
Sin más dilación, Olivia los condujo hasta una parte del establecimiento inaccesible para el público en general, pues se trataba de una bodega mediante a la cual podía accederse si se cruzaba un estrecho pasillo. Dentro la temperatura era fresca, y en si el área poseía fuertes medidas de seguridad pues albergaba variados automóviles cuyas marcas oscilaban desde Isuzu y BMW. Al fondo una puerta doble de gran tamaño permitía entrada y salida. Era un sitio impresionante.
Nada más recorrieron la mitad del espacio, un hombre alto y de constitución delgada pero firme se acercó a ellos sin dilación. En gran contraste con Olivia, llevaba puesto un overol de mecánica manchado de grasa y aceite, una gorra con marcas reconocidas de patrocinadores así como también zapatos de trabajo rudo.
Sin embargo eso no impidió que les diera una cálida bienvenida tal como Olivia lo hiciera minutos atrás. Por supuesto primero interceptó a Victor, al cual apretó en un abrazo rompe huesos conforme reía por volver a encontrarse con el ruso. Victor respondió con el mismo grado de alegría.
—¡Mira nada más a quién tenemos aquí! —casi canturreó entre risas—. Déjame verte, muchacho —le examinó sin pizca de sutileza—, sin lugar a dudas los años te han tratado bien —Yuri emitió una especie de risa entre dientes, mas logró controlarse a tiempo—. ¿Cómo estás, Victor?
—Excelente, Ben. ¿Y tú? ¿Qué tal va el negocio? —dijo con la confianza obtenida de una camaradería forjada durante bastante tiempo.
—No me puedo quejar, pone el pan sobre la mesa todos los días. ¿Cierto, preciosa? —se dirigió a Olivia, quien emitió un "si señor". Luego posó su total atención en los otros dos, mirándoles con cierto aire interrogativo—. ¿Son amigos tuyos?
El rostro de Victor se iluminó cual bombilla encendida en ese justo instante y, tras pedirle a Yuuri acercarse procedió a envolver el brazo torno a la cintura ajena mostrándose orgulloso de presumir al mundo entero que ellos eran una pareja propiamente dicha. Ben arqueó la ceja en complicidad, ansioso por escuchar lo que venía a continuación.
—Ben, me gustaría presentarte a mi novio: Yuuri Katsuki —Victor apenas cabía en su propia piel cuando les reveló semejante pieza de información.
—Pues eres un maldito suertudo, Nikiforov; sin lugar a dudas se trata de un chico encantador —Ben le tendió la mano a manera de saludo cordial, y Yuuri le correspondió del mismo modo. Pero en lugar de obtener el típico apretón tradicional, recibió un beso en los nudillos—. Encantado de conocerte, Yuuri. Me alegra como no tienes una idea saber que este idiota al fin podrá sentar cabeza —agregó al señalar el anillo en su dedo anular—. ¡Caramba! ¡Jamás creí que viviría para verlo con mis propios ojos!
—Victor Nikiforov atado a alguien. ¡Es maravilloso! —Olivia colaboró encantada. Yuuri creyó que podría explotar ahí mismo por recibir tanta atención—. Oh... ¡no me digas y este niño de aquí es tu hijo adoptivo! Vitya, en verdad tenías bastantes noticias guardadas.
—¡Ah! ¡Yo no soy su hijo! —Yuri se apresuró a sacarla del error—. ¡Son mis rivales, señora! ¡Rivales! ¿Entiende?
—Claro chico —Ben le restó importancia—. Como sea, ya tengo todo listo. ¿Quieres ver?
—¡Por supuesto! —sin demora, este les llevó hasta una esquina del almacén, donde aparcado entre un Mercedes y un Audi gris se encontraba un precioso Cadillac convertible color rosa.
Sin poderlo evitar, Victor emitió un silbido de apreciación ante el intenso brillo de la pintura. Era un auto precioso, clásico y muy ostentoso.
—¿Qué te parece? —Ben le dio unas cuantas palmaditas al capo—. Yo mismo hice los cambios necesarios.
—¿Lo restauraste por completo? —dijo al examinarlo por todas partes.
—¡Claro! Costó lo suyo, pero quedó exactamente cómo solicitaste —Victor asintió encantado—. Todo es nuevo; desde la tapicería hasta los neumáticos.
—¿Te gusta, cariño? —le pidió opinión a Yuuri, el cual se acercó dispuesto a tocar usando sus dedos la parte frontal, encontrándose con esa suavidad tan característica de las cosas bien hechas.
—Me encanta —aceptó sinceramente.
—¿Que fuerza maléfica te motivó a elegir rosa? —Yurio intervino entonces—. Tantos colores a disposición para un modelo así y tú te decides por rosa. A ustedes en verdad les fascina romper estereotipos, ¿cierto?
—Me importa un bledo —reconoció—. ¿Podemos usarlo sin inconvenientes? —su amigo frunció los labios en un gesto poco alentador.
—No le veo mayor problema siempre y cuando te apegues a la ley respetando los límites de velocidad. ¡Este Cadillac ha resultado ser toda una fiera! —Yuri los miró a ambos un tanto sorprendido.
—¡Es un auto clásico! Yo dudo mucho tenga algo de eso —el hombre mayor estuvo a punto de contradecirlo, empero Victor le dio a entender sería completamente inútil, motivo por el cual guardó silencio.
—El pago fue descontado de mi cuenta hace dos días tal como acordamos —explicó, y Olivia estuvo de acuerdo pues ella misma verifico las transacciones—. También anexé otra cantidad para obtener los permisos necesarios y puedan enviármelo a Rusia el mes que viene.
—Eso corre por mi cuenta, y no aceptaré un no como respuesta —agregó Ben de buena gana—. Anda, úsalo; ya luego me dices cómo corre esta preciosidad —lo instó a marcharse tras entregarle las llaves.
—Hecho —sin más, Victor procedió a despedirse. Yuuri y Yuri hicieron lo propio y así subieron al Cadillac que emitió un suave ronroneo una vez el motor fue encendido.
Por supuesto que el automóvil se deslizaba como seda entre las calles de los Ángeles, captando algunas miradas curiosas al detenerse en algún semáforo en rojo. A Victor, tal como dijera minutos atrás, le preocupaba muy poco atraer tanta atención. Estaba acostumbrado a que la gente lo mirara; además se sentía tan contento que difícilmente prestaría atención real a ninguna otra cosa que no fuera Yuuri sentado junto a él. Era como vivir un bonito sueño hecho realidad.
La primera parada del fue para recoger a Makkachin.
La puddle ya completamente bañada y acicalada, se puso como loca una vez vio a sus dueños arribar juntos pues eso significaba podría salir de aquel sitio tan extraño. Una ves subió al Cadillac, procedió a acomodarse en la parte trasera no sin antes brindarle un cariñoso saludo a Yuri, que decidió recompensarla brindándole varias caricias tras las orejas. Yuri adoraba a los animales, y Makkachin tenía un don innato para conquistar corazones nada más conocerla. Así, después los cuatro se dirigieron –por sugerencia de Victor, claro estaba– directo hasta Rodeo Drive[1] puesto que quería comprarle a Yuuri algunas prendas extra para usarlas en las futuras entrevistas que seguro deberían ofrecer previas a competir cuando regresaran a Rusia. Bajo ninguna circunstancia Victor le permitiría volver a salir ante las cámaras u asistentes en general con aquella corbata tan espantosa tal como sucedió la última vez. Sin embargo, nada más ver los precios Yuuri se negó rotundamente a gastar tanto dinero en un traje, alejando podía conseguir uno en cualquier otro lugar menos costoso.
Como resultado mantuvieron una pequeña discusión al respecto, sin embargo a fin de cuentas Victor prometió invertir la misma cantidad equivalente a la prenda durante todo el día en lo que Yuuri deseara. Obviamente el joven Katsuki tenía bien establecidos los límites realistas en cuanto a capital monetario respectaba, debido a ello prefería elegir cosas sencillas; entonces si bien Victor acabaría saliéndose con la suya seria entre niveles permisibles.
Tras abandonar ésa zona, Victor se dirigió a Outlets Camarillo[2] que se ubicaba en Ventura Blvd. El sitio era enorme, repleto de tiendas con marcas reconocidas y excelente disposición para elegir entre varias opciones. Dejando a Makkachin en una área a resguardo del sol, entraron topándose con docenas de personas que iban de un lado a otro buscando precios acordes a sus respectivos presupuestos. Sobraba decir Victor y Yuri terminaron comprando muchas cosas; una tabla de surf a la cual decidieron colocarle algunas etiquetas, entre ellas una que rezaba "yo amo Hasetsu". Trajes de baño, ropa en diversos estilos, un salvavidas gigante e incluso Yuri se atrevió a adquirir una serie de peluches con forma de gato porque simplemente no se había podido resistir. Victor, a su vez, le obsequió a su novio un almohadón con figura de Onigiri[3] pues cayó encantado por el nada más verlo.
Después de pasarse un buen rato dando vueltas recorriendo el Oulet, creyeron prudente salir a comer algo y, a si mismo, atender a Makkachin. Poco después acabaron en un pequeño restaurante Italiano que Victor tenía grandes deseos por visitar desde hacia tiempo. Una vez terminaron sus alimentos entre charlas amenas, Yuri les hizo saber quería volver al hotel porque se sentía muy cansado.
Victor al instante aceptó, pues necesitaba con gran urgencia pasar algunas horas junto a Yuuri a solas. Inclusive planteó la posibilidad de que Makkachin se quedara también haciéndole compañía, sin embargo Yuri le comentó ansiaba dormir porque su cuerpo, ya acostumbrado a los horarios tan estrictos de Lilia, pedía seguirlos a rajatabla aunque se encontraran fuera de temporada. Tras arribar al hotel, aprovecharon la vuelta para dejar todas las cosas que compraron, cambiarse de ropa y así dar inicio a su tan merecida cita.
Les tomó casi cuarenta minutos llegar a la playa más cercana, aparcaron el Cadillac en una zona destinada para ello, e inmediatamente bajaron. Makkachin, al verse desprovista de su correa se dispuso a correr a voluntad conforme jugaba con el vaivén de las olas que lamían la orilla entre suaves murmullos. Victor y Yuuri observaban todo al caminar tomados de las manos, sin preocuparse por absolutamente nada más.
—¿Te divertiste hoy? —Yuuri se perdió entre la inmensidad de los ojos azules ajenos, creyendo que podría volar ahí mismo en compañía del hombre a quien siempre fue su más grande anhelo y meta.
—Sí —declaró él patinador japonés—. ¿Sabes? Contigo cada día es una gran aventura; y creo que podría acostumbrarme a ello por el resto de mi vida.
Inesperadamente Victor lo tomó entre sus brazos reduciendo cualquier vestigio de espacio entre ellos, permitiéndole sentir a Yuuri una seguridad abrumadora e incomparable. Estaba tan, tan enamorado. Sin importar los altibajos que debieron superar para alcanzar ése punto en específico, volvería a hacerlo todo desde el principio sin cambiar nada porque cada pequeño detalle los convirtió en lo que eran hoy: dos hombres maduros cuyos sentimientos eran correspondidos de un modo que jamás podrían olvidar aunque lo intentaran. Porque esa clase de amores solían dejar huella y eran recordados aun a través del tiempo.
—Entonces me merezco un beso —le susurró al oído. Victor siempre había sido muy claro en cuanto a pedir respectaba, y esa ocasión no fue diferente—. ¿Sí, Yuuri?
El aludido simplemente rompió distancias para unir sus labios en una caricia suave, tierna que hizo estremecer a Victor. Al inicio fueron simples roces perezosos, sin prisas ni exigencias, pero luego se encargaron de profundizarlo hasta quedarse sin aliento. Yuuri emitió un suspiro satisfecho ante la acción, tras enredar sus dedos con infinito cariño entre las hebras plateadas del ruso en un gesto sumamente natural. Jamás iban a tener suficiente del otro.
—Te amo —Victor confesó quizá por centésima ocasión, después de apoyar su frente contra la de Yuuri. Lucia pleno y muy satisfecho.
—Yo también —le regaló otro beso; uno corto y suave—. ¿Regresamos? Comienza a refrescar —Victor estuvo de acuerdo y, con un chiflado instó a Makkachin a reunirse con ellos—. ¿Puedo hacerte una pregunta?
—¡Por supuesto, cariño! Dispara —Victor lo instó a hablar sin temor.
—¿De dónde conoces a Ben? Se nota que te tiene en gran estima.
—Bueno, cuando tienes oportunidad de asistir a ciertas reuniones sociales, puedes obtener contactos que realmente valen la pena —comenzó a explicar—. Benjamín es un hombre de negocios ahora, pero cuando coincidimos por primera vez tenía demasiados proyectos en marcha y buscaba socios. Yakov nunca se mostró del todo convencido ante mi decisión de invertir capital con él, más que nada porque yo recién ganaba mi primer Campeonato Mundial y habían muchos estafadores dispuestos a verme la cara debido a mi evidente inexperiencia.
—¿Cómo le convenciste de lo contrario? —preguntó interesado al caminar junto a él.
—En aquellos entonces Ben ya tenía cierta reputación en su haber —comenzó a reír—. Fue cuestión de hacer cierta investigación, además me dio acciones en su compañía. Se trata de un porcentaje del cinco u diez por ciento que inyecta a mi cuenta bancaria cierta cantidad todos los años.
Yuuri meditó al respecto; bastante inteligente, cabía señalar. Sin embargo, también le hizo pensar a qué se refería exactamente cuando hablaba respecto a "cierta cantidad". Evidentemente no debía tratarse de un monto bajo sin tomaban en consideración Victor se permitió costearse un Cadillac de los años cincuentas totalmente restaurado.
—Eso quiere decir que lo ayudaste cuando nadie más quiso hacerlo, ¿verdad? —concluyó.
—Exacto —reconoció alegre—. Se trató de una ayuda mutua, ciertamente, y cuando al fin logró abrir su agencia insistió en obsequiarme mi primer auto. Yakov le dijo que se había vuelto loco y se negó en redondo a dejarme aceptarlo, aunque tiempo después me enseñó algunos trucos bastante buenos tras el volante —Victor añadió encantado—. Él y Olivia, pese a la fortuna que han amasado, son un matrimonio encantador y excelentes personas.
—Tú también lo eres.
Victor le guiñó un ojo halagado ante tal cumplido.
Sin detenerse a nada más, los dos acompañados por Makkachin emprendieron el rumbo hasta el hotel. Mientras Victor conducía tranquilo, Yuuri aprovechó la oportunidad para tomarle unas cuantas fotografías con su teléfono celular; quizá podría mandar ampliar algunas de ellas y convertirlas en posters como prueba fehaciente de esa maravillosa semana juntos. Además, entre su colección no figuraba ninguna donde su novio realizara una acción tan típica como esta. Sin embargo, la atmósfera se vio interrumpida abruptamente pues otro vehículo que circulaba en la misma dirección salió de quién sabía dónde y les dio alcance.
En este viajaban tres hombres y una mujer, todos ellos jóvenes cuya apariencia desalineada dejaba bastante que desear. Tenían encendida la radio a un nivel casi estridente y, al verlos, se giraron hacia ellos con evidentes malas intenciones.
—¡Hey maricas! —gritó uno de ellos sin disimular un molesto tono despectivo. Victor apartó su atención del camino, y frunció el entrecejo al escuchar tal insulto vulgar—. ¡Van muy lento! ¡Las tortugas hacen un mejor trabajo que ustedes!
—¡Oye, tipo sexy! —la muchacha le hizo segunda—. ¿Acaso ese auto es solo decorativo? ¡Obstruyen el tráfico! ¡Fuera del camino!
Anonadado, Yuuri apenas podía creer que ese tipo de gente pudiera ir por la vida causándoles problemas a los demás solo porque lo encontraban divertido. Frustrado, se removió en su lugar tratando encarecidamente de ignorarlos, no obstante ellos parecían tener como objetivo principal fastidiarlos aunque no les hubieran hecho nada en primer lugar.
—Dos idiotas en un bonito auto rosa —se burló haciéndoles gestos groseros—. ¿Esa es tu chica? —Yuuri inclinó el rostro ante los ataques llenos de odio e intolerancia—. ¡No importa por dónde lo mire, es un mocoso insignificante! ¡Eh, chino! ¡Regresa tu jodido trasero homosexual a Corea! —los demás rieron, sin darse cuenta que ambas cosas eran abismalmente distintas.
¡Menudos ignorantes!
Victor, a su vez, apretó las manos torno al volante hasta que los nudillos se le pusieron blancos. Él solía ser alguien muy tranquilo que evitaba las confrontaciones directas, no obstante comenzaban a sobrepasar los límites de su privilegiada paciencia. ¡Nadie insultaba a Yuuri de ése modo sin salir lastimado!
—Guarda la compostura, por favor…—el joven Katsuki trató de tranquilizarle al verlo y sentirlo tan tenso—. No lo vale.
Empero, cualquier negociación terminó yéndose al demonio en breve.
—¿Acaso la polla de ese sujeto se siente bien? —todos soltaron carcajadas hirientes ante el insulto tan personal—. ¿No te gustaría mejor probar la de un hombre de verdad? ¡Evita traducírselo tu novia, homo imbécil! ¡Quizá ni siquiera te entienda!
En un arranque, el otro automóvil salió disparado dejándolos atrás.
—Victor...—titubeó al intentar en vano restarle importancia, mas su expresión debió delatarlo ya que el ruso había perdido esa sonrisa amable que tanto solía caracterizarlo—. Mejor...vamos a olvidarlo, ¿si?
—Sujetate fuerte, Yuuri —advirtió empleando un tono firme, antes de tomar la palanca de cambios que se ubicaba al costado derecho del manubrio mostrándose muy decidido.
—¿Cómo?
A Yuuri le fue imposible agregar algo más, pues en cuanto Victor terminó de pronunciar la frase el Cadillac adquirió una velocidad alarmante impropia de un modelo clásico como aquel. Emitiendo un jadeo que se dividía entre sorpresa y terror, Yuuri se aferró a cualquier saliente ya que solo un simple cinturón torno a su cintura lo mantenía sujeto al asiento. Si acaso daban un giro especialmente violento, corrían el gran riesgo de salir volando a través del parabrisas. ¡Además los arrancones estaban prohibidos en todas partes! Si acaso se topaban con algún agente vial podrían ir a parar directo hasta la cárcel. Eso acabaría convirtiéndose en un escandalo de proporciones estratosféricas. ¡Debían parar semejante locura ahora mismo!
Aterrado, Yuuri le dirigió una mirada suplicante a su novio esperando recibir cualquier explicación lógica, empero Victor parecía demasiado ocupado en intentar darle alcance al otro automóvil, cosa que iba a lograr en cuestión de segundos si acaso seguían así.
—¡Dios mío! ¿Por qué vamos tan rápido? —la voz apenas le salió clara debido al pánico. El viento aumentaba de intensidad revolviéndoles los cabellos, mas esto no le impidió a Victor esbozar una terrorífica sonrisa ladina que conocía demasiado bien.
—Porque lo mandé modificar —explicó presionando aún más el acelerador. La aguja cuya función consistía en indicar el kilometraje comenzaba a rozar números alarmantes a esas alturas—. Tiene un motor que suele usarse para los autos de Formula 1 —Yuuri abrió los ojos incrédulo antes de soltar algo parecido a un histérico "debes estar bromeando"—. La razón principal por la cual Ben se ofreció personalmente a trabajar con el Cadillac, fue porque cuando era joven solía ser un corredor profesional de NASCAR[3].
Yuuri boqueó cual pez fuera del agua. ¡Ya entendía las advertencias iniciales que Ben les dio en cuanto a respetar los límites seguros de velocidad!
—¡Nos vamos a matar! —concluyó fuera de si.
—No lo creo —casi le prometió—; solo les daremos una buena lección a esos vagos —gruñó entre dientes—. ¡Makkachin! ¡Tras el asiento, bonita! —ella procedió a buscar refugio en ese espacio quedándose muy quieta. ¡Parecía acostumbrada a semejantes escenarios!
Sin embargo a Yuuri le fue imposible preocuparse por cualquier otra cosa, porque en cuestión de un simple suspiro les dieron alcance y Victor, con todo el descaro y desfachatez del universo, agitó su mano a manera de saludo arrancándoles a los otros un gesto por demás mortificado gracias a la tremenda sorpresa que les produjo darse cuenta no trataban con cualquier conductor convencional. De acuerdo, tal descabellada situación acabó convirtiéndose en algo personal; una competencia estúpida entre hombres que bajo ninguna circunstancia gustaban de perder fuese por el asunto que fuese.
—¡Ese maldito bastardo! —blasfemó el copiloto—. ¿No está adquiriendo demasiada velocidad para ser un auto retro? —alguien detrás murmuró "el nuestro también es retro, ¿se te olvida?" que fue ignorado magistralmente—. ¿Qué esperas? ¿Una jodida invitación? ¡Hazlos pedazos!
Ajeno a esto, con el corazón casi en la garganta, Yuuri constató cómo ambos transportes se enfilaban vertiginosamente rápido hasta una curva cerrada. Si Victor no tomaba control absoluto del Cadillac entonces podrían sufrir algún accidente catastrófico del cual bajo ninguna circunstancia lograrían salir ilesos. Empero el ruso –al mantener su temple firme–, hizo gala de un inigualable despliegue de habilidad porque giró el volante usando ambas manos de tal modo que derraparon en "U", la parte trasera del convertible se mantuvo estable para luego seguir adelante en línea recta como si nada hubiese ocurrido. Yuuri, asustado, pudo volver a respirar hasta varios minutos después, dándose cuenta contuvo la respiración todo ese tiempo.
¡Era espantoso! ¡Y acabaría dándole un infarto!
—¡Esto es demasiado peligroso, Victor! Detente ahora mismo —casi le rogó, mas este se negó rotundamente.
El de ojos azules prefirió reservarse sus comentarios, todo porque en ése preciso instante los cuatro desconocidos se enfilaban por el costado izquierdo en una clara señal de impactarlos obligándoles a desacelerar y detenerse. Aun así, Victor supo sortearlos varias ocasiones sin problema alguno ahorrándose golpes innecesarios, pasándole el brazo derecho a Yuuri alrededor de los hombros apegándolo a su propio cuerpo a manera preventiva. Se movían tan bruscamente que prefirió asegurarse.
Siguiendo la ruta que el camino marcaba, a Victor se le ocurrió virar hacia otra dirección intempestivamente cuyo final desembocaba en una calle de doble circulación. Pero los imprudentes busca pleitos parecieron no darse cuenta del fatal error, y se mostraron reacios a abandonar la absurda carrera.
—¡Estás muerto, infeliz! —explotó quien comenzó a proferir las ofensas desde un inicio.
—Yo que tú no me sentiría tan seguro, homofóbico inmundo —se burló Victor alegremente.
Cuando los pasajeros del deportivo comprendieron el por qué, pasaron a emitir alaridos generales repletos de horror. De frente un pesado camión se acercaba a velocidad media en sentido contrario.
Yuuri y Victor escucharon claramente los sonidos incesantes del claxon que se emitieron a manera de advertencia, el tan característico rechinido de neumáticos friccionándose contra la acera y Yuuri alcanzo a ver como apenas lograron abandonar el camino antes que se diera una colisión completa. Victor soltó una sonora carcajada pues al fin consiguió quitárselos de encima, aunque igual Yuuri se había apartado lo mejor posible quedándose totalmente en silencio.
—Yuuri —tanteó terreno—. Vamos, no te enfades conmigo.
—¿Crees que ha sido divertido? —le riñó—. ¡Alguien pudo lastimarse en serio allá atrás, cielo santo!
—¡Ellos comenzaron! —se defendió—. Osaron faltarte al respeto y eso es algo que va más allá de mi mismo —Yuuri le respondió con un "no" rotundo, y el ambiente se tornó tenso—. ¡Deberías entender!
Yuuri guardó silencio evitando mirarle. Victor, con la urgencia de parar, guió al auto en distintas direcciones hasta que creyó que se encontraban a salvo, y posteriormente aparcó al Cadillac junto a un parque donde algunos niños jugaban bajo el cuidado de sus madres.
—¿Podríamos dejar el tema para después? —Yuuri trató de evadirlo—. No quiero hablarlo ahora —dijo nervioso; las manos todavía le temblaban.
—Creo que es mejor hacerlo ya —Victor sacó a relucir su insana terquedad—. Mírame por favor —al obtener una firme negación, casi debió obligarle a ello—. Escúchame bien: nunca voy a permitir que nadie te haga daño, ¿me doy a entender?
—Eso es absurdo y lo sabes —Yuuri trató de aterrizarlo en la realidad—. Victor te amo, pero no significa que debas tratarme como si fuera una damisela en peligro cada vez que alguien decida meterse conmigo. ¿En que clase de monstruo me convertiría? —lanzó tamaña pregunta al aire sin consideración—. Sí, soy inseguro y un completo desastre la mayor parte del tiempo, aun así deberías darme un poco más de crédito.
—No es falta de confianza —se apresuró a aclarar—. El problema es que sigues sin comprenderlo del todo.
—¿Qué cosa?
—¡Que eres mi novio! —levantó la voz causándole un sobresalto—. Mi trabajo ahora consiste en cuidarte; ya no necesitas librar tus batallas solo porque me tienes a tu lado para apoyarte. ¡Las parejas hacen esto! Cariño, ¿no te das cuenta? Me tienes completamente entre tus manos. ¡Yo haría cualquier cosa por ti! —Yuuri creyó que los colores se le subían al rostro gracias a la confesión tan abrupta—. ¿Ya lo puedes ver? Esos idiotas se atrevieron a insultar lo más valioso que tengo; por supuesto no les iba a permitir salirse con la suya.
Yuuri se sintió dichoso al saberse tan querido, y pudo constatar desde primera fila otra faceta del hombre a quien admiraba desde que podía recordar.
—Victor...
—Ya sé, me comporté de forma muy infantil y... —su perorata fue interrumpida al segundo siguiente, porque Yuuri le dio un beso que le hizo callar.
—Tú jamás vas a dejar de sorprenderme, ¿no es así? —susurró contra los labios ajenos empleando un tono bastante sugerente. A Victor el contraste tan abrupto le hizo comenzar a sudar.
A percepción del ruso, la gran mayoría era capaz de experimentar altos niveles de adrenalina cuando aceleraban sus vehículos hasta alcanzar velocidades extremas, él en cambio, entre los brazos de Yuuri encontraba eso y quizá muchísimo más. Yuuri Katsuki se había convertido en su delirio, un pecado hecho hombre capaz de arrastrarlo a la perdición sin mayor esfuerzo.
Y como todo mortal débil ante sus irresistibles encantos, no encontró las fuerzas suficientes para negarse.
—Pensé que estabas molesto —dijo apenas consciente de Makkachin, la cual abandonó su escondite y buscaba recibir atención.
—No —avergonzado, Yuuri se refugió contra la curvatura del cuello de Victor—. Es difícil enojarse contigo —el de ojos azules esbozó una sonrisa complacida—. ¿Ya podemos volver al hotel? —al decir esto, Yuuri lo encaró dándole a entender el motivo real de su petición—. Necesito que me lleves a la cama y...pues...ya sabes...
Victor notó que su entrepierna punzaba dolorosamente en anticipación. Encontraba adorable la reticencia de Yuuri a pedir sexo con toda la extensión de la palabra, empero los meses compartidos juntos le permitieron aprender a leer entre líneas cada mensaje, acción e intención.
—Tus deseos son mis ordenes —espetó con la voz ronca, disponiéndose a volver al tráfico vespertino con el firme rugido del motor que su auto emitió al ser encendido.
Y Victor se atrevió a conducir a exceso de velocidad otra vez, aunque ahora sí por motivos totalmente justificados.
[1]Rodeo Drive: es una de las calles comerciales y principales de Beverly Hills, dónde se puede encontrar ropa exclusiva de las marcas más lujosas. Los precios en éste lugar no son nada económicos.
[2]Oulets Camarillo: Este lugar muy frecuentado por los lugareños, es un sitio dónde se puede encontrar un montón de ofertas de grandes marcas como Diesel, Ann Taylor o Banana Republic, entre muchas otras. Además, Camarillo presta un gran número de servicios a los viajeros que les permite descansar entre compra y compra. Este oultet de Los Ángeles se encuentra en la 740E Ventura Blvd.
[3]NASCAR: hace referencia a las siglas en inglés de National Association for Stock Car Auto Racing ("Asociación Nacional de Carreras de Automóviles de Serie") y, actualmente, representa la categoría automovilística más comercial y popular de los Estados Unidos, y la competición de stock cars ("automóviles de serie") más importante del mundo.
¡Mil gracias por un año de acompañarme en esta historia! Pese a las inconsistencias, les agradezco de todo corazón seguir conmigo en este proyecto tan ambicioso. Espero que el especial les gustara, yo en lo personal disfruté muchísimo al escribirlo. Por cierto, decidí cambiar el hecho de que Makka es hembra y no macho xD
Que tengan un excelente inicio de semana.
¡Saludos cordiales!
