Advertencia: Este fic ha sido elaborado de un fan para fans sin fines de lucro, todos los personajes de Yuri On Ice le pertenecen a su respectivo creador. Yo únicamente los utilizo con fines de entretenimiento.
¡Gracias por leer!
¡Fácil como Pirozhki! La gran final de lágrimas.
Escena XIV: Apariencia engañosa.
—¡Muchísimas felicidades, Yuuri! —sin pena ni recato, Phichit no contuvo la emoción y prácticamente le saltó encima una vez la ceremonia de graduación concluyó, totalmente orgulloso de su mejor amigo por haber hecho un trabajo magnífico durante el discurso dirigido a padres, y ahora también ex alumnos.
El aludido, contagiándose a casi el mismo nivel de entusiasmo, se aferró al tailandés totalmente agradecido por tenerlo en ese momento para brindarle apoyo emocional sincero. A tales instancias, Yuuri casi podía sentir como si todo aquello fuera un sueño hermoso del cual no quería despertar nunca, pues los detalles relacionados con la graduación terminaron convirtiéndose en una completa locura durante esos últimos días. Yuuri prácticamente debió pelear contra una gran cantidad de presión y estrés, mientras se aseguraba que todo estuviera listo para entonces. Entre los preparativos, las cosas aún pendientes respecto a su inminente regreso a Japón y el discurso que debió practicar al menos una docena de veces frente al espejo, acabó convirtiéndose en un desastre total.
Phichit, como el buen amigo que era, hizo todo cuanto estuvo en su poder para hacerlo sentir seguro, pues sabía bastante bien hasta dónde lo llevaría el dejarse aplastar por el gran peso de las responsabilidades. Debido a ello, salían del dormitorio siempre que podían; iban al cine, al parque, a pasear por el centro de la ciudad o disfrutaban una simple charla en alguna cafetería donde sirvieran buen café. A veces, cuando Yuuri creía que terminaría por hacer el más grande ridículo de su vida, Phichit atiborraba la pequeña habitación de su mejor amigo con osos de felpa que conservaban tras las competiciones en el Grand Prix, simulando así una audiencia numerosa que lo escucharía con atención. Ahí compartían ideas, arraigaban u desechan lo necesario con tal de darle forma concreta al discurso para hacerlo sentir más seguro.
Escribir un discurso de tal índole fue complicado, sobre todo porque necesitó transmitir muchas experiencias, sentimientos y emociones a través de unos cuantos párrafos. Resumir cuatro años en una simple hoja de papel hubiera sido difícil para cualquiera. Al final, Phichit le dijo que simplemente se dejara guiar por su corazón, aunque sonara cliché, puesto que siempre solía ser buen consejero en casos así.
Y lo hizo.
Cambell se mostró encantada ante lo emotivo y profesional que resultó ser, mientras que los graduados se dedicaron a escuchar atentos y sin fomentar ninguna interrupción. Le aliviaba haber terminado con todo aquello, pero también llegaba a Yuuri cierta nostalgia difícil de evitar. Pronto necesitaría marcharse de los Estados Unidos, regresaría a casa dispuesto a comenzar desde cero y a partir de entonces iba a probarse a si mismo que todo hasta ese punto había valido completamente la pena. Tener a Phichit a su lado se convirtió en una ayuda invaluable y, sin lugar a dudas, iba a extrañarlo muchísimo cuando el momento de decir adiós llegara. Pero necesitaba someterse a otros procesos; estaba asustado, por supuesto, sabía que cambios así siempre eran para mejorarse a si mismo y demostrar que podía lograr grandes cosas, aunque los demás no esperaran demasiado.
Por ello, aunque pareciera ridículo u infantil, no quiso apartarse de Phichit entre todo el mar de gente que se aglomeraba en la entrada del auditorio. Todos estaban compartiendo momentos agradables con sus respectivos familiares o conocidos. La familia de Yuuri, por razones obvias, no había podido asistir, aunque charlaron mediante vídeo conferencia para hacerle saber cuan orgullosos estaban de su logro, puesto que sería el primer Katsuki en terminar una carrera universitaria. Hiroko, totalmente feliz tras saber que regresaría pronto a casa, prometió celebrar por todo lo alto mediante una fiesta en Yutopia. No es como si se sintiera solo. Desde un inicio comprendió que viajar a Detroit implicaría sobrellevar ese tipo de situaciones, pero sin Phichit o Celestino, se hubiera convertido en una experiencia completamente imposible de sobrellevar. Gracias a ellos logró adaptarse a una ciudad tan grande como aquella, y seguir luchando pese a tantas caídas.
Por ello, sin apenas dudarlo, le regresó a Phichit el abrazo casi con la misma intensidad, sintiéndose afortunado de tenerlo.
—Mil gracias, Phichit-kun —sonrió cálidamente, y su mejor amigo apenas era capaz de contener su burbujeante emoción.
—¿Qué te gustaría hacer ahora? —quiso saber mientras confirmaba las fotos que quería subir a Instagram. Los dos se habían tomado muchísimas juntos y quería compartirlas con sus seguidores—. ¿Podríamos ir directamente a la fiesta? ¿O preferirías comer algo antes de eso? —dijo tras propinarle un suave golpecito en las costillas, lo cual terminó haciendo reír a Yuuri.
—En realidad no tengo muchos ánimos de asistir —fue sincero. Estaba cansado después de tanta actividad, puesto que sus emociones acabaron convirtiéndose en una montaña rusa bastante intensa.
—Anda, no seas ermitaño —insistió—. Solo una vez en la vida terminas tus estudios universitarios. Además, solo nos queda otra semana antes de que regreses a Japón definitivamente. ¿Y sabes qué más? Deberemos esperar meses para volver a vernos —Yuuri revoleó los ojos. Phichit sí que sabía cómo tratar con él.
—Podremos hablar por teléfono. Y las vídeo llamadas también son una opción —el tailandés emitió un gruñido casi indignado.
—Pero no será lo mismo —se quejó cual niño pequeño, inconforme ante tales opciones—. Anda Yuuri, por favor—el aludido suspiró pesadamente y al final aceptó. Bueno, unas cuantas horas no matarían a nadie, ¿cierto?
—Disculpe —los dos chicos se giraron ante el llamado, encontrándose con un joven ataviado en un uniforme azul cuyo logotipo pertenecía a una florería muy popular cercana al campus. Entre las manos llevaba, por supuesto, un impresionante ramo de gardenias cuya base estaba cubierta por papel azul y blanco muy voluminoso, mientras un enorme moño mantenía todo en su respectivo lugar brindándole gran elegancia—. ¿Yuuri Katsuki? —dijo casi con antipatía. El pobre empleado se veía agobiado gracias a las entregas que seguro todavía le quedaban por efectuar.
—Soy yo —sin previo aviso, a Yuuri le fueron entregadas las flores dejándolo completamente anonadado.
—Firme aquí —obviamente no le dio tiempo a ninguna otra cosa, pues hizo literalmente algunos malabares con el ramillete mientras firmaba, disponiéndose así a finiquitar la entrega.
Luego procedió a marcharse tan rápido como llego, pues murmuró algo acerca de tener demasiado trabajo pendiente.
—¡Yuuri, son preciosas! —este parpadeó confundido, al tiempo que Phichit se acercaba dispuesto a ver mejor tan bonito regalo—. ¿Me dejas tomarte una foto? ¡Solo una! —apresurándose, sacó su teléfono y logró capturar al menos tres—. Listo. ¿Quién te las ha enviado?
—No lo sé —dijo realmente confundido. Buscó encontrar una tarjeta u remitente, pero se dio cuenta que parecía haberse caído en algún momento, pues cierta parte del papel acabó rasgándose y debido a ello jamás podría saber de dónde procedían.
Yuuri frunció el ceño. Ni sus padres, Mari o Minako mencionaron absolutamente nada al respecto, pero quizá quisieron darle una sorpresa para compensar su ausencia, aun cuando les dejó bastante claro que no estaba enfadado ni triste porque no pudieron asistir a la ceremonia. Acercándose el ramo al rostro, se maravilló ante la fragancia que las flores frescas emitían, y se preguntó por qué se habrían elegido gardenias blancas; todos en casa sabían perfectamente bien que amaba los girasoles. Sin embargo, en ese momento sintió algo parecido a un tremendo malestar en la boca del estómago, pues existía la alta posibilidad de que Patterson hubiera sido quien creyó buena idea hacerle llegar un regalo tan ostentoso.
Tras darle algunas vueltas al asunto, se preguntó qué rayos debería hacer si confirmaba tal sospecha.
Sin embargo, en ese momento sintió algo parecido a un tremendo malestar en la boca del estómago, porque existía la inmensa posibilidad de que Patterson se hubiera atrevido a hacerle llegar aquel ramo aparentemente tan costoso. Si acaso eran ciertas sus sospechas, ¿qué debería hacer? Como no quería sentirse comprometido con él bajo ninguna circunstancia, optaría por devolverle las flores en cuanto tuviera oportunidad. Quizá estaría portándose como un auténtico mal educado al rechazar tal obsequio, pero sabía que sería mejor así. Luego de su último encuentro, Yuuri procuró evitarlo a toda costa porque ya tenía demasiadas cosas en las cuales ocuparse como para también añadir al profesor a su extensa lista. Seguro todavía estaba esperando una respuesta al ofrecimiento que le hizo sobre trabajar para él, pero Yuuri quería ahorrarse las explicaciones innecesarias de los motivos por los cuales rechazaría tal oferta.
Mortificado, prefirió evitar contarle nada a Phichit, porque seguro le pediría que tirara el ramo a la basura aun cuando no supiera exactamente de dónde prevenían. Debido a ello, apelando a ser ingenuo, se obligó a creer que fue un bonito regalo de su familia.
—Bueno, vamos a pedir un Uber para ir a comer algo primero a nuestro restaurante favorito. En esta ocasión yo invito —Yuuri intentó negarse al inicio, no obstante, desairar a Phichit era algo que bajo ninguna circunstancia estaría dispuesto a hacer.
El restaurante donde acudieron, era un pequeño local ubicado cerca del dormitorio que compartieron durante prácticamente toda su vida estudiantil, pues ahí servían una gran variedad de platillos a módico precio según el presupuesto con que contaran. A decir verdad, ir ahí los había sacado de muchísimos problemas en más de una ocasión. Ser estudiante en los Estados Unidos era caro, motivo por el cual debieron economizar lo mejor posible hasta el último centavo.
Tras llegar, eligieron un sitio desocupado, tomaron a consideración dos o tres opciones para comer, y charlaron durante horas completas a partir de entonces. Abarcaron desde temas simples, hasta anécdotas relacionadas con ellos mismos, u algunos compañeros de clases cuyos incidentes aislados durante las fiestas de fraternidad jamás podrían olvidar. Yuuri se vio inmerso en varios eventos de tal índole no fue cosa extraña, puesto que Phichit le instó a ello; el tailandés alegó una y mil veces que necesitaba salir más, relacionarse con otras personas y olvidar las responsabilidades por un rato al menos. En eventos de tal índole tuvo la oportunidad de interactuar con un montón de gente, entre ellas chicas dispuestas a llegar todo lo lejos que él hubiera querido. Pero Yuuri siempre fue demasiado respetuoso en ese sentido, porque en su propia casa le inculcaron valores determinados desde muy pequeño. Además, tenía una hermana mayor; por obvias razones no le hubiera gustado que cualquier patán se aprovechara de ella en un estado tan vulnerable como el que propiciaban las bebidas alcohólicas.
No obstante, en algunas ocasiones sí se había atrevido a besar a dos o tres jóvenes –sobrias, por supuesto–, y a un chico con quien acudía a una misma clase durante los últimos semestres. Empero, jamás quiso ir más allá, ni mucho menos consolidar una relación propiamente dicha porque prefirió invertir todo su tiempo, energía y dedicación al patinaje. Tenía veintitrés, sueños demasiado grandes por alcanzar y se preguntaba si acaso alguna vez lograría encontrar a alguien capaz de acoplarse a su ritmo ahora que se había propuesto entrenar arduamente con tal de competir otra vez en una pista de talla mundial.
Eso, definitivamente, solo lo descubriría con el tiempo.
Conforme el momento de trasladarse al baile llegó, Yuuri no pudo evitar sentirse inusualmente nervioso, aun cuando Phichit le aseguró que iban a pasarla muy bien porque iban los dos juntos. Esto no ayudó a tranquilizarlo, y por algún motivo creyó tener un auténtico festival del horror en la boca del estómago. El gran evento, tal como pudieron constatar una vez arribaron al sitio, fue organizado en un hotel lujoso cuya sala de recepciones, elegante y con muchísima clase, les permitió darse cuenta sin mucho esfuerzo que los encargados de organizar todo aquello habían echado la casa por la ventana, puesto que una graduación siempre traía consigo excelentes motivos para celebrar a lo grande.
Cuando ingresaron, algo parecido a los banquetes posteriores al Grand Prix les recibió de lleno, y Yuuri debió alejar ciertos recuerdos un tanto desagradables de su última competición profesional, reemplazándolos con una sonrisa forzada que no pudo engañar del todo a Phichit, quien le pidió con ese toque suyo tan sutil que intentra relajarse. Pero el ambiente en sí no propiciaba a ello; un montón de gente iba de un lado a otro dentro del sitio, todos ellos ataviados en trajes y vestidos elegantes haciéndole sentir fuera de lugar. Muy a diferencia de su mejor amigo, Yuuri no era sociable y cedió al impulso de buscar refugio en una mesa cercana para, de ese modo, intentar camuflarse con el mobiliario; aunque fracasó puesto que Phichit se lo impidió en gran medida y le arrastró en distintas direcciones para saludar a algunos conocidos que tenían en común. Además, ciertos profesores asistieron también a la fiesta, y muchos de ellos le abordaron con claras intenciones de felicitarle por su gran discurso y excelente promedio, que le colocó como uno de los cinco mejores de su generación.
Apenado, Yuuri les agradeció e intentó ser lo más educado aunque breve posible, ya que Patterson también rondaba cerca y no quería darle ningún motivo para unirse a sus colegas e intentar hacer algo más. Cabía señalar que el hombre ya estaba ahí cuando ellos llegaron, pudo verlo interactuar con varios estudiantes que seguramente fueron sus alumnos durante algún punto de la carrera; y sería mentira decir que no se veía fantástico. Llevaba puesto un traje azúl marino que le sentaba cual guante, camisa perfectamente planchada color blanco, zapatos negros, corbata azul cobalto y no tenía ningún cabello fuera de lugar. Yuuri evitó captar demasiado la atención del hombre, pero este parecía haber esperado que se dignara a hacer acto de presencia porque le brindó una amplia sonrisa desde dónde se encontraba, e inclinó la cabeza a manera de saludo amigable.
Pero Yuuri se hizo el desentendido, por supuesto.
Gracias a todos los cielos, Phichit no le dejó solo ni un minuto, alegando que el profesor pervertido no le quitaba los ojos de encima. Yuuri emtió una risa nerviosa al seguirlo hasta la pista de baile, donde ambos compartieron varias piezas juntos u bien en compañía de otros compañeros que se mostraron muy felices por tenerlo ahí, pues casi nunca pasó tiempo con ellos ni siquiera entre clases debido al patinaje o a sus responsabilidades académicas inaplazables. Y, aunque en un inicio creyó lo contrario, sí pudo disfrutar un momento bastante ameno; aunque eso sí, evitó a toda costa beber ni una sola gota de alcohol porque si Patterson rondaba cerca, sin lugar a dudas sería muy estúpido e irresponsable siquiera considerarlo.
Así que, dentro de los estándares permitidos, estaba disfrutando su graduación.
—Chicos, si me permiten, quisiera tener un baile con mi mejor amigo antes de que me abandone para volver a casa —los aludidos comenzaron a reír, aunque igual procedieron a dispersarse con sus respectivas parejas para brindarles cierto espacio. Aquel tipo de comportamiento no era para nada extraño de ver en ellos dos, motivo por el cual ya se habían acostumbrado a la bonita interacción que tuvieron siempre—. Muy bien, Licenciado en Finanzas Katsuki Yuuri, ¿me permite esta pieza?
Yuuri sonrió antes de hacer una pequeña reverencia y tenderle la mano a manera de invitación. Phichit se acercó, permitiéndole guiarlo.
—Voy a extrañar todo esto —le confesó en un arranque de vulnerabilidad.
—Sabes que siempre podemos volver, ¿cierto? Ciao, Ciao nos recibiría con los brazos abiertos —en total sincronía, los dos efectuaron un pequeño giro tratando así de esquivar a otras parejas en la pista—. Ya lo dijiste antes: te llamaré mucho por teléfono y, por supuesto, nos veremos otra vez durante el Grand Prix.
—¿En verdad crees que llegaré tan lejos? —quiso saber dudoso—. No sé si pueda encontrar la determinación necesaria con la cual seguir hasta el final del camino.
—Lo harás —aseguró sin albergar ninguna duda—. Lo harás porque eres un cabeza dura insufrible, además tu terquedad no tiene límites y eres la persona más tenaz que he conocido en toda mi vida —dijo al regalarle una gran sonrisa—. Los dos nos encontraremos en algún evento dentro del circuito, y así cumpliré mi sueño de competir contra ti. ¡Más te vale estar preparado para entonces! Voy a patear tu trasero sin piedad.
Yuuri soltó una alegre carcajada antes de brindarle un fuerte abrazo.
—Gracias por estos cinco años, Phichit-kun —el aludido se estremeció con evidente sorpresa, pues jamás esperó que la conversación terminará de tal modo—. Desde que nos conocimos, fuiste el único que me aceptó aun con mis defectos e inseguridades, y me has apoyado durante los momentos más difíciles de mi vida en esta inmensa ciudad. Aprendí a quererte; te admiro, te respeto, soy tu fan y el inmenso lazo que nos une ni la distancia misma podrá romperlo —conmovido, Phichit se escondió contra su pecho tras fingir que una leve tos le aquejaba, pero más bien sonó casi como un sollozo.
—Tú realmente no sabes cuan profundas son las marcas que eres capaz de dejar en los demás, ¿cierto, cabeza hueca? —Yuuri negó antes de soltarlo y ofrecerle su pañuelo de bolsillo—. ¿Lo ves? ¡Ya me has hecho llorar!
—Esa no fue mi intención.
—Lo sé, bobo —le golpeó juguetonamente—. Eres como un hermano para mi, Yuuri. Siempre vas a contar conmigo cuando lo necesites; no importa si eso implica tomar un vuelo directo y sin escalas hasta Japón. ¿Entendido?
—Por supuesto —le concedió razón.
Ambos compartieron un abrazo más, y siguieron el curso de la música que todavía no terminaba, disfrutando así ese instante del cual no sabían a ciencia cierta cuándo podrían volver a disfrutar. Sin embargo, conforme la velada siguió su respectivo curso, paulatinamente Yuuri comenzó a sentirse abrumado gracias al ambiente tan sobrecargado del sitio, haciéndole sentir con la inmensa necesidad de salir a respirar aire fresco. Phichit se ofreció a ir con él, pero se negó puesto que serían unos cuantos minutos y volvería pronto.
Estuvo tentado a llevarse consigo las flores, pero al final decidió dejarlas en la mesa que les asignaron desde un inicio; solo esperaba encontrarlas ahí una vez regresara. Así, Yuuri se aventuró fuera del salón donde no había casi nada de gente circulando por el extenso pasillo que guiaba hasta el lobby. Decantándose ante la opción de abrir una de las puertas dobles que guiaba hasta un balcón simple, agradeció en sobremanera la suave brisa de viento que lo recibió junto al típico sonido del tráfico a cierta distancia.
Yuuri emitió un profundo suspiro. Estaba cansado, había sido un día repleto de muchísimas emociones y ahora todo cuanto ansiaba era marcharse a casa, descansar lo suficiente y preparar su maleta para comenzar el viaje a Japón lo antes posible. Pero darle gusto a Phichit ahora que ya les quedaba tan poco tiempo juntos era prioridad, motivo por el cual iban a quedarse en la fiesta durante algunas horas más de ser posible. Resignado a que los pies le dolieran un poco más se dispuso a volver, pero terminó deteniéndose al instante porque Patterson lo había seguido y le sonreía con amabilidad desde la puerta abierta del balcón. Yuuri maldijo su propia estupidez conforme miraba en todas direcciones buscando alguna vía segura de escape, cosa inútil pues no existía ninguna otra que esa. Nervioso, trató de mantener la calma evitando así sabotear se a si mismo.
Si sabía cómo hacer caso omiso de las insinuaciones que aquel hombre solía enviarle cada tanto, seguro saldría bien librado. ¿Cierto?
—Buenas noches —saludó cordialmente el hombre mayor, tras acercarse a paso lento pero firme y seguro—. ¿Inoportuno?
—Para nada, profesor Patterson. Solo necesitaba despejarme un poco —mintió al imponer cierta distancia de seguridad entre ellos.
—Travis —le interrumpió con cierta gracia implícita en su tono de voz.
—¿Disculpe?
—Puedes llamarme Travis —le volvió a sonreír de modo amigable, permitiéndole saber a Yuuri que era un hombre con buen autoestima en si mismo—. Ya has dejado de ser un estudiante en Wayne State, creo que las etiquetas son innecesarias.
Yuuri guardó silencio sin saber cómo responder a un comentario de tal índole, ya que le pareció una invitación abierta para romper ciertos límites infranqueables entre ellos dos. Y no lo creía apropiado aunque se hubiera graduado con éxito de dicha universidad.
—¿Tampoco soporta las multitudes? —prefirió cambiar drásticamente el tema, sin importarle parecer un mal educado.
—No mucho —le restó importancia conforme avanzaba hasta la barandilla de seguridad, aunque sin invadir su espacio personal—, ni siquiera durante mis años como estudiante —Yuuri asintió, mientras pensaba a toda velocidad cualquier excusa lo bastante sólida con tal de retirarse, mas al escucharlo reír olvidó su tentativa—. Perdona...
—¿Por qué? —quiso saber confundido.
—Por haberte abordado así, tan repentinamente —añadió al señalar la hilarante situación—. Mi intención no ha sido causarte ningun exabrupto —le aseguró—. ¿Sabes? Durante la ceremonia de graduación intenté acercarme para felicitarte por tu magnífico discurso, sin embargo, mis obligaciones me lo impidieron en gran medida —luego prosiguió con calma—. En verdad hiciste un excelente trabajo; no solo frente a todos tus compañeros, sino también al cumplir nuestras condiciones para conservar la beca académica. Si soy sincero, nunca antes vi a Campbell tan orgullosa de ningún otro de sus estudiantes.
Yuuri creyó que enrojecía debido a la vergüenza. No estaba acostumbrado a recibir tantos elogios de tal índole. Por lo general, los demás solían decir más cosas negativas que positivas en cuanto a él respectaba; la gente podía ser muy cruel con sus comentarios disfrazados de hopiniones honestas.
—Se lo agradezco muchísimo —Patterson le obsequió un gesto amigable, y después se giró disponiéndose a encararlo sin ser demasiado invasivo.
—¿Has pensado en mi propuesta, Yuuri? —soltó de repente. Y si bien sabía demasiado bien que a esas alturas ya debería haberse acostumbrado a cuan informales podían llegar a ser los americanos, se sintió extraño al escucharle usar con tanta confianza su nombre de pila—. Esperé a que me contactaras, pero tu llamada nunca llegó.
—Estuve muy ocupado —se excusó tratando de no sonar nervioso.
—Comprendo —Patterson, en un gesto poco usual, jugó tentativamente con sus dedos pulgares—. Eso me hace suponer que no vas a darme una respuesta positiva, ¿cierto?
—Yo...—dudó. ¿De que manera debía tratar un tema de tal índole? La propuesta le causó animadversión desde el principio, pero era demasiado educado para haberle rechazado sin sentir cierto resquicio de culpabilidad. Yuuri, armándose se de valor, suspiró para recomponerse—. Me honra su ofrecimiento; pese a mi notable inexperiencia laboral, es todo una sorpresa haber sido considerado por alguien como usted para ocupar ese puesto tan importante.
—Pero vas a rechazarlo —dedujo.
—Sí —le concedió razón sin apenas mirarle—. Mis padres esperan que regrese lo más pronto posible a Japón; aún hay demasiados asuntos que atender allá y no puedo seguir aplazándolos —en el rostro de Patterson no pareció reflejarse ninguna clase de sorpresa ante su pequeña y concisa explicación. Antes bien, fue como si hubiera esperando aquella negativa desde un inicio.
—Algo así me imaginé —concluyó encogiéndose de hombros—. Volverás al patinaje, ¿no es verdad? —Yuuri asintió por segunda vez—. También lo supuse.
—Lo lamento.
—No es necesario disculparse —le tranquilizó con inusitada gentileza, y esto descolocó en gran medida a Yuuri puesto que no esperó una reacción así por parte del catedrático. Antes bien, se imaginó cualquier clase de reclamo tras rechazar una oportunidad tan buena—. Quieres volver a lo que te apasiona luego de haber tropezado y, desde mi punto de vista, no hay nada más loable en este mundo que eso pues se necesita tener mucho valor si acaso se desea comenzar desde cero.
Yuuri parpadeó sorprendido ante las palabras del otro hombre. Dentro de su cabeza ya estaba preparándose para rebatir las posibles maniobras de convencimiento que seguramente Patterson trataría de usar con tal de hacerlo recapacitar, convirtiendo aquel encuentro en algo incómodo. Empero, en lugar de ello, recibió cierta empatía haciéndole sentir bien consigo mismo porque no lo juzgaba; antes bien trató de comprender sus motivos, sin imponerse ni obligarlo a hacer algo contra su voluntad fueran cuales fueran los motivos que le llevaron a seguir ese camino.
—Pensé que estaría molesto.
—Quizá un poco decepcionado, aunque igual debo reconocer que ya lo esperaba —confesó Travis resignado—. Cuando se tienen asuntos sin resolver con ciertos temas que consideramos importantes, es enteramente normal volver justo a dónde todo comenzó. ¿O me equivoco?
—Es cierto —dijo meditabundo.
Y a partir de entonces, Yuuri observó bajo una luz muy distintita a Travis Patterson. Quizá, solo quizá se había dejado llevar demasiado rápido por sus propios prejuicios al considerarlo en gran medida peligroso, cuando no hizo ninguna otra cosa que ser amable, atento y educado con él desde aquella reunión donde terminaron retirándole su beca deportiva, con tal de ofrecerle otra académica permitiéndole concluir sus estudios. Fue Patterson quien le ofreció quedarse por sus excelentes calificaciones, también apoyó su progreso junto a Cambell por si algo se complicaba con su inminente egreso de la universidad, e incluso ahora solo trataba de mantener una conversación tranquila como dos adultos normales.
Si lo meditaba bien, seguía causándole cierta sensación extraña ese desmedido interés que Travis profesaba por él, porque simple y sencillamente no estaba acostumbrado a recibir atención en aquel sentido, aunque Phichit jurara lo contrario. Además, luego de su rotundo fracaso en el hielo, de manera irremediable aumentó unas cuantas libras alejándolo de su peso ideal por mucho, pero que eso no pareciera importarle demasiado a Patterson le sorprendió en gran medida.
—Yuuri —el aludido guardó silencio esperando que continuara, sin embargo, se dio cuenta que este parecía genuinamente nervioso ante la idea de expresarse. Luego de un minuto eterno, tomó aire y pareció decidido a continuar—. Tal vez a estas alturas es ridículo seguir ocultándolo, y tampoco existe ya ningún impedimento para mantener ciertas reservas contigo —Patterson avanzó tentativamente—. Así que, en resumidas cuentas, quiero decirte que me he sentido atraído por ti desde hace mucho tiempo; inclusive antes de que te llamaran a esa reunión luego de tus resultados en el Grand Prix Final.
El patinador creyó que enrojecía hasta la raíz misma del cabello. ¿En verdad se le acababa de confesar? ¡No lo podía creer! Moviéndose incómodo, un gran silencio recayó entre ambos, aun así, Yuuri realmente trató de ordenar sus ideas para brindarles algún orden coherente, llevándolo a fracasar durante el proceso.
Todo era un completo desastre.
—Realmente no sé qué decir —apeló a ser sincero.
—Por supuesto que no —Patterson dejó escapar una risa casual—, te doblo la edad y soy un completo desconocido para ti. Pero desde la primera vez que te vi patinar, me atrapaste con esa particular manera que tienes de sentir la música dentro del hielo. Como si fuera un mundo totalmente aparte al cual solo tú perteneces, volviéndolo algo increíble.
—¿Estaba al pendiente de las competencias? —a Yuuri le sorprendía que alguien como aquel profesor fuese fan del deporte al cual había dedicado su vida entera desde que podía recordar.
—¡Claro! —reconoció como si fuera algo totalmente natural—. Aunque solo veía los eventos donde tú participabas. Cuando Campbell me notificó acerca de que intentarían hacerte dimitir de Wayne State, busqué distintas opciones para impedirlo, porque alguien tan talentoso merecía un plan de respaldo.
Yuuri hizo una mueca ante esto, y no pudo evitar sentirse mal porque realmente creyó que le había brindado ayuda por contar con un perfil impecable tal cual se aseguró de hacerle saber en aquella ocasión.
—Oh...
—No, no me mal entiendas —se apresuró a sacarlo del error por temor a haberse expresado mal—. Sigo manteniendo firme mi opinión respecto a que suelo reconocer a un buen estudiante cuando lo veo —Yuuri giró el rostro en otra dirección, al tratar de ocultar lo mejor posible su creciente sonrojo—. Aquella ocasión Joseph fue poco parcial, e independientemente de mis sentimientos o intereses personales, merecías quedarte porque tu expediente académico hablaba por si mismo.
Yuuri emitió un ligero "gracias" amortiguado.
A partir de ahí un agradable silencio cayó entre ellos permitiéndoles considerar bastantes cosas que, si bien antes quedaron en simples sospechas, ahora ya estaban totalmente claras Repentinamente, la música proveniente del el salón principal cambió repentinamente a un vals suave, tranquilo, sosegado; era esa clase de melodía que se bailaba a paso lento si se contaba con la pareja adecuada. Patterson, a sabiendas que ya no le quedaría ninguna oportunidad viable con Yuuri más allá de aquel instante, decidió recurrir a su última carta.
Por tanto, girándose hacía él, ofreció su mano a manera de invitación.
—No aceptaste mi oferta pero, en vez de eso, ¿al menos me concederías un baile? —Yuuri le observó guardándose aún ciertas reservas, mas al final se dijo que mínimo le debía eso.
Así que aceptó.
Con un gesto complacido, Travis se aventuró a avanzar dos pasos portándose lo más caballeroso y atento posible, ante lo cual Yuuri no pudo evitar que los nervios lo traicionaran en gran medida. No precisamente porque se desenvolverá mal en tal ámbito; sus constantes entrenamientos dentro y fuera del hielo le permitieron aprender a moverse según lo creyera conveniente para sus rutinas. Empero, una cosa era practicar durante horas en solitario una coreografía determinada, y otra muy distinta dejarse llevar ante algo todavía desconocido. Por ello, cuando el hombre mayor pasó a rodearle la cintura propiciando así que sus cuerpos entraran casi en contacto total, Yuuri debió colocarse en posición mientras terminaban de ajustarse, para luego comenzar a balancearse al ritmo que la música imponía.
Yuuri, evidentemente, lo dejó guiarle. En cierta medida hubiera sido incómodo y hasta cierto punto extraño que fuera él quien hiciera algo tan básico, pues las diferencias entre sus estaturas y complexiones eran bastante notorias. Si bien Travis no dijo nada, creyó bastante acertada su decisión porque sintió al catedrático relajarse, conduciéndolo por el espacio que conformaba el balcón. Luego, conforme la música seguía su curso, bajo las tenues luces del alumbrado público y la cercanía, el ambiente adquirió cierta atmósfera íntima, permitiéndole a Yuuri pensar a cabalidad sobre qué haría a continuación. Patterson se le había declarado en su totalidad, y necesitaba estar seguro sobre si volver a Japón resultaba ser una opción acertada.
Porque, quisiera o no, Detroit ofrecía otro incalculable número de caminos a seguir como un profesional académico.
Cortar los lazos que tenía en Detroit no era cosa sencilla; menos aun si pasó cinco largos años de su vida ahí, al punto de considerarlo una parte vital de si mismo. Debido a ello, Yuuri creyó buena idea poner a prueba sus propias convicciones, para despejar de tal modo cualquier duda y seguir firme en las decisiones ya tomadas con antelación. Sin emitir explicación alguna, Yuuri se acercó otro poco concediéndole mayor confianza a Patterson, quien evitó imponerse demasiado eliminando así cualquier posible resistencia entre ellos conforme avanzaban los minutos. Le dejó ir a su propio ritmo, acostumbrarse a su presencia y disfrutar el momento.
Ya que Travis era al menos una cabeza más alto, Yuuri encontró apoyo adicional contra su hombro, y se deleitó ante la masculina loción que usaba: olía a menta. Después cerró los ojos dejándose llevar, y mantuvo fuera todo pensamiento capaz de impedirle continuar hasta el fina; por ende, al sentirlo menos tenso, Travis se inclinó algunos centímetros y le rozó parte del cuello y mandíbula con los labios. Yuuri se estremeció, aunque en buen sentido e incluso le permitió mayor acceso. A veces la gente solía olvidar con bastante frecuencia que también era un hombre adulto, como tal, también tenía cierta necesidad de contacto físico u emocional. Además, aunque las circunstancias no fueran ideales y evitó en gran medida caer en las manos del profesor durante semanas, saberse deseado por alguien le brindaba una extraña sensación de importancia y placer.
Así que, Yuuri deslizó las manos entre los anchos hombros hasta que pudo rodearlos en su totalidad, gracias a lo cual los ojos de Travis cambiaron en tonalidad y emoción, pues sabía qué significaba aquello.
Sosteniéndolo más cerca, Patterson esperó un segundo por si acaso había mal interpretado la señal, pero al no recibir ninguna negativa ni rechazo posterior, se inclinó lo suficiente hasta que ya no quedó ningún resquicio de espacio entre ellos y pudo, de esa manera, depositarle un suave beso en los labios a Yuuri, el cual se arqueó contra él en una muda petición que no dudó en cumplir. La caricia comenzó lenta a manera de reconocimiento, conforme Travis le recorría los costados con una gentileza tal, que Yuuri olvidó sus propios temores e incertidumbres entregándose al súbito calor del encuentro. Una vez seguro, Patterson le sujetó del mentón usando apenas la yema de sus dedos, y bajó profundizando así la sutil caricia. Al poco rato sus lenguas entraron en contacto, y el profesor gimió en satisfacción pues esto era algo que había esperado desde hacía bastante tiempo atrás.
Y Yuuri no le desepcionó, porque respondió de un modo tal que lo hizo tener todo tipo de pensamientos y deseos, cuya fuerza e intensidad no sabía si lograría seguir manteniendo a raya. Porque podía sentir bajo su piel los agitados latidos del patinador, quien le seguía deliciosamente el ritmo pese a ser todo relativamente sosegado hasta entonces.
El tiempo pasó indemne, y cuando al fin se separaron, respiraban agitados, con dificultad pasmosa que encendía los sentidos hasta límites insospechados. Negándose a dejarlo ir, Travis se aferró al cuerpo de Yuuri en una súplica muda, pese a saber perfectamente bien que no sería atendida; desde un inicio Yuuri jamás estuvo a su alcance. Sin importar cuanto intentó llegar a él pese a sus barreras infranqueables, apenas logró rozar la superficie.
—Quédate; no importa si solo es una noche —pidió en un susurro apenas audible, sin embargo, Yuuri negó repetidas veces antes de mirarlo.
—No puedo.
—¿Por qué? —Travis preguntó sin comprender. Hasta donde sabía, Yuuri era soltero, sin compromisos con alguna otra persona que le impidiera elegir ese camino.
—Porque a la larga me darás motivos para seguir aquí —explicó tras esbozar una tímida sonrisa conciliadora—. Y nos vamos a arrepentir si eso sucede.
Sorprendido ante tamaña aseveración, Patterson emitió una risa suave repleta de total entendimiento; esas palabras escondían un fuerte significado, y si hubiese sido un poco más valiente e inteligente, podría haber obtenido resultados muy distintos. Pero era un buen perdedor, sabía aceptar una derrota cuando la tenía justo delante y lamentando que fuera de tal modo, inmediatamente procedió a liberarlo de cualquier compromiso entre ambos.
—Gracias por el baile —dijo tras obsequiarle otro beso, pero ahora en la mejilla—. ¿Sabes? —le acarició la mejilla—, me hubiera encantado regalarte flores —tal comentario captó la total atención de Yuuri. Acababa de descartar su teoría sobre Travis y las gardenias—. Buenas noches.
—Buenas noches.
Despidiéndose, Yuuri volvió al salón principal donde seguía llevándose a cabo la fiesta dejando solo a Travis en el balcón. Nada más entrar, le pidió a Phichit marcharse porque en algún momento dado temió echarse atrás respecto a la segunda petición realizada por el catedrático. Su mejor amigo no preguntó, simplemente se apresuró a despedirse y arrendar los siempre fiables servicios de un Uber. Yuuri tomó sus flores, y juntos abandonaron la fiesta sin detenerse a hacer algo más. Gracias al cielo el automóvil acudió a las instalaciones del hotel con gran rapidez, estaba cansado y aunque Phichit insistió en saber qué había sucedido mientras estuvo fuera, se negó a responder nada concreto. Confiaba ciegamente en Phichit, empero, decirle sobre su encuentro con Patterson carecía de importancia real si jamás volvería a verlo de nuevo.
Yuuri pudo aceptar. Tuvo la opción de seguir una senda relativamente más sencilla, construir otro tipo de futuro, darse oportunidad en otro ámbito totalmente distinto al cual conocía. Pero no quiso hacerlo. No lo hizo porque sus sueños y aspiraciones eran demasiado grandes, y le quedaba poco tiempo para convertirlos en realidad. Quería patinar en el mismo hielo que Victor Nikiforov fuera como fuera; debía esforzarse si acaso pretendía lograrlo.
Media hora después, una vez regresaron al dormitorio que compartía con Phichit, cada uno se deseó buenas noches luego de charlar un poco sobre los acontecimientos del día, y procedieron a descansar. Yuuri colocó el generoso ramo de flores en un tarro de cristal con agua abundante en su habitación casi vacía, brindándole cierta vida al sitio. Reservándole un espacio junto a la cama, Yuuri se recostó mirando al techo.
El agradable perfume de gardenias lo arrulló, conforme iba cediendo sus fuerzas al cansancio.
Su vida comenzaría de nuevo a partir de esa noche. Y conforme iba quedándose dormido, se dijo que no estaba mal renunciar a ciertas cosas por un bien mayor.
Cuyas recompensas, seguro, atesoraría para siempre.
¡Hola! Tenemos un capítulo nuevo de Escenas; primero, lamento la demora y en verdad espero que el contenido no causará demasiados sentimientos encontrados. Sé que para muchos es un poco contradictorio imaginar a Yuuri con alguien más, pero en mi cabeza debió pasar muchas cosas en Detroit antes de volver a Hasetsu. Sí, Yuuri es tímido, pero eso no quiere decir que no pudiera dejarse llevar ante ciertas situaciones bastante concretas u sentirse atraído por alguien más.
Además, en esta parte de la historia el Victuuri no está consolidado y no se pertenecen todavía. Quise seguir abarcando esa idea porque necesitaba justificar a Patterson para cierto plan que tengo más adelante. ¡Espero que funcione!
