Advertencia: Este fic ha sido elaborado de un fan para fans sin fines de lucro, todos los personajes de Yuri On Ice le pertenecen a su respectivo creador. Yo únicamente los utilizo con fines de entretenimiento.

¡Gracias por leer!


¡Fácil como Pirozhki! La gran final de lágrimas.
Escena XV: No es un adiós, si no un hasta luego.

Yuuri sonrió a la cámara mientras Phichit tomaba emocionado las últimas fotografías que ambos podrían compartir a partir de entonces. Eso, por supuesto, lo hizo sentir muy extraño. Conforme su mejor amigo elegía con creciente entusiasmo aquellas que consideró lo bastante buenas para ser compartidas en redes sociales, Yuuri finalmente comenzó a asimilar que su inminente partida ya era un hecho consumado sin posible vuelta atrás. Cierto, durante la semana debió tener bastante claro ese punto tan importante; después de todo sería cambio permanente, pero alguna parte poco responsable dentro de su cabeza se negó a hacerlo, porque en cierto sentido iba a extrañar muchísimo lo que logró cimentar en Detroit a través tantas experiencias.

Era inevitable, pensó. Detroit también fue su hogar; ahí conoció a una de las personas más importantes en su vida, terminó la universidad con honores, y aprendió muchísimo acerca del patinaje y de si mismo gracias a Celestino. En gran medida, Yuuri logró desarrollarse como profesional en diversos sentidos, también podía decir que era muy diferente a quien abandonó Hasetsu buscando llegar todavía más lejos, trascender...hacer historia. Aunque aún sentía que no había logrado ni la mitad de esto, igualmente volver a casa lo reconfortaba en gran medida. Podría ver a sus padres; los atinados consejos de Hiroko siempre le ayudaban a mantener la calma aun en los peores momentos, saber que podía contar con Mari sin importar la circunstancia le llenaba de paz infinita, así como también ser guiado una vez más por Minako y recordar de nuevo qué lo instó a amar al patinaje artístico.

Cierto, resultaría duro marcharse, pero ya no podía cambiar de opinión a semejantes alturas. Los pendientes en la universidad estaban resueltos, empacó las pocas pertenencias que tenía en una maleta, el dormitorio que compartió con Phichit pronto sería desocupado; se despidió de todos, hizo las reservaciones del vuelo y ya le esperaban con gran entusiasmo en Hasetsu. Además, Phichit se dio a la tarea de entablar una extensa conversación con su asesor académico referente a tomar un año libre en la universidad. Por supuesto que este no le permitió abandonar, antes bien, le ofreció seguir cursando clases en línea mediante una carga mínima que pudiera permitirle sobrellevar sin mayor contrariedad los entrenamientos.

Phichit lo encontró provechoso y aceptó sin dudar. Yuuri se alegró en sobremanera, porque así no se vería forzado a elegir entre ambas cosas, dejando atrás alguna de ellas. Por ende, ambos lo tomaron como una excelente excusa para celebrar: o al menos eso dijo Phichit. Los dos acordaron tomar esa última semana como unas pequeñas vacaciones; aun sin planear nada, fueron a muchísimas partes, pasearon en diversas zonas turísticas, disfrutaron del clima, también se desvelaron viendo viejas películas de comedia romántica, e incluso patinaron algunas canciones juntos cuando les fue permitido usar la pista libremente. Una de las canciones que patinaron, "Smooth", acabó volviéndose viral pues alguien los grabó mientras se divertían de lo lindo, aunque en realidad estaban haciendo el ridículo a gran escala. Pese al excelente control que tenían dentro del hielo, se cayeron varias veces, resbalaron sin elegancia manteniendo apenas el equilibrio, y en algún momento Yuuri terminó estrellándose contra uno de los muros de contención al grado de casi salir volando del otro lado, propiciando que Phichit se riera a carcajadas durante un buen rato.

El vídeo tenía un número casi ridículo de visitas y comentarios; desde negativos hasta positivos, también exagerados, inapropiados o groseros. Pero, en gran medida, a ninguno le ofendía que hicieran suposiciones erradas acerca de su relación tan cercana. Jamás sintieron necesario aclarar o desmentir nada. ¿Para qué? Sin importar cuál explicación ofrecieran, los fans o detractores iban a seguir especulando y ellos preferían ocupar su tiempo en actividades más productivas que discutir con alguien vía internet. Sonaba hasta ridículo. Además, eran momentos así por los cuales Yuuri extrañaría a Phichit; iba a hacerle falta. Y al tenerlo ahí, sentado junto a él mientras mataban tiempo hasta que su vuelo fuera anunciado, despedirse le estaba costando demasiado trabajo.

Y si bien había cosas que podría decir para aligerar el ambiente, las palabras igual seguirían sobrando. Phichit era su homólogo en millones de sentidos; tenían casi los mismos gustos en todo, poseía una mente tan abierta que charlar sobre diferentes temas se volvía muy sencillo, ameno y agradable. Además, aprendieron a valorarse tal cual eran: con defectos, virtudes, con aquello que los convertía en seres perfectamente imperfectos a ojos del otro.

Y más importante aún, dentro del hielo entendían un mismo lenguaje.

Para Yuuri, quien tenía grandes problemas para crear profundos lazos interpersonales con los demás, apelar a cierto desapego emocional se convertía en un auténtico lío. Cierto: sabía demasiado bien que seguirían siendo mejores amigos, la distancia era relativa a final de cuentas. Pero quería llorar. Decirle adiós a alguien querido siempre resultaba en extremo difícil.

Y no sabía de qué manera hacerlo sin causar daños colaterales.

—¿Estás nervioso? —Yuuri abandonó sus pensamientos, y meditó la pregunta tras emitir un largo suspiro repleto de cansancio.

En realidad, más que nervios, le causaba cierto conflicto interior lidiar con el gran peso de sus fracasos derivados de malas decisiones tomadas en momentos poco acertados. Para nadie era sencillo aceptar que algunas consecuencias podían transformarse en temas complicados de sobrellevar a la larga. Traían lecciones, claro, pero igual dolía pensar en ello; los errores poseían esa detestable particularidad.

Entonces, tras carraspear despejando así el nudo que tenía atorado en la garganta desde hacía horas, se animó a responder.

—Ya nada será igual —comenzó a explicar frotándose ambas manos entre si, como si buscara encontrar valor suficiente para expresar lo que quería—. Soy diferente ahora, e ignoro si los cambios han sido buenos o malos a largo plazo -se encogió de hombros—. Mi familia y amigos esperaban algo determinado de mí, Phichit-kun. Tristemente yo también —Yuuri frunció el entrecejo inconforme consigo mismo—. Por desgracia no pude cumplir sus expectativas y ahora regresaré incluso más perdido de lo que estaba cuando me marché —luego elevó su mano en un gesto ambiguo—. ¿Qué haré a partir de ahora? No tengo la más remota idea, pero me gustaría ir a dónde todo comenzó. Si antes fue un buen punto de partida, quizá pueda volver a serlo ahora. O al menos así lo creo.

Phichit le dirigió una mirada repleta de profundo entendimiento y empatía.

—Me encantaría poder ayudarte a resolver esas dudas, sin embargo, tú eres el único capaz de encontrar las respuestas más adecuadas —Phichit sonrió amable—. ¿Sabes? Sentirte perdido no es del todo terrible -le aseguró con calma—, el peso de la situación depende del contexto que solemos brindarle aun sin saberlo. Es loable hacer un pequeño alto para comprobar aquello que sea preciso reestructurar con tal de plantear nuevos escenarios, planes o estrategias a seguir —Yuuri pareció bastante asombrado ante tales palabras—. ¿Quién tendría derecho a juzgarte? Y, a decir verdad, no existe ningún otro verdugo mayor que nosotros mismos.

El joven de gafas guardó silencio.

Tenía razón.

—¿Y cómo se descubre si has elegido bien?

—¡Eso es imposible! —agregó mientras reía animadamente—. La ruta únicamente depende de ti, Yuuri. A decir verdad, forjamos nuestro propio futuro sin tener alguna idea sobre qué rayos nos espera ahí; da miedo, claro, pero no vale la pena frustrarse por saber si algo ocurrirá o no. ¿Tiene sentido desperdiciar el ahora gracias a algo incierto?—Yuuri también esbozó una sonrisa en total comprensión—. La vida es grandiosa —dijo brindándole un ligero empujón con su hombro izquierdo, en un gesto cariñoso—. Nadie podría señalarte la dirección correcta a seguir porque esa, indudablemente, es elección tuya.

—Gracias —Yuuri murmuró en tono bajo—. Debería darme vergüenza, ¿no te parece? —concluyó ya de mejor humor—. Soy el mayor de ambos, y eres tú quien siempre me brinda buenos consejos —Phichit soltó una carcajada alegre ante tal argumento.

—Por nada, sabes que estoy para eso y más —después de ello, comenzó a buscar algo en su chaqueta hasta que encontró una pequeña tira color blanco, cuyo contenido a esa distancia le resultó difícil de ver bien—. Tengo algo para ti —girándose, le entregó el delgado objeto cuidando bien que su contenido fuese visible hasta tenerlo cerca—. ¿Recuerdas cuando encontramos esa fantástica cabina fotográfica hace un mes?

—¡Por supuesto! —dijo tras rememorar esa ocasión. Phichit había estado muy emocionado al respecto—. Las impresiones se arruinaron cuando intentamos comprarlas.

—Fui de nuevo dos días después, y le pedí al encargado hacerle una revisión para recuperarlas —conmovido, Yuuri recibió tan bonito regalo con gran gusto—. Casi todos nuestros recuerdos están Facebook e Instagram, creí que sería buena idea tener algo físico para recordar viejos tiempos.

—Me encanta —enfatizando dichas palabras, procedió a guardarla en un compartimiento dentro de su billetera evitando así que pudiera perderse.

—Espero que cuando veas esto, te haga sentir mejor al menos un poco.

—La conservaré como si fuera un tesoro —después, por mera estrategia, procedió a cambiar el tema o se pondría sentimental—. ¿Cuándo regresas a Tailandia?

—No estoy seguro. Todavía me quedan por resolver algunos detalles imposibles de aplazar. Además, como podrás imaginarte, Celestino tampoco está feliz con mi repentina decisión tan apresurada; dijo algo sobre haber enseñado a dos cabezas huecas insufribles durante demasiado tiempo —Yuuri hizo un gesto culpable—. Pero tras presentarle mi plan para competir esta temporada, se mostró más flexible. Y creo que también será agradable volver a casa.

—Apuesto que harás un trabajo excepcional. Celestino es un buen entrenador, sabrá cómo guiarte a través de las futuras competencias, eso jamás lo dudes. Si logró hacerlo conmigo, para ti será más sencillo.

—¿Y tú? ¿Hasta cuándo te quedarás sin entrenador? —señaló ese hecho tan obvio.

Yuuri se encogió de hombros.

—Puedo recurrir a Minako-sensei mientras pienso en alguna solución —señaló—. Ella es sumamente estricta en todos los sentidos, y como planeo volver a comenzar desde cero, no tendrá piedad conmigo. Y, obviamente también necesito recuperar mi peso ideal —Phichit observó las excesivas capas de ropa que Yuuri decidió ponerse ese día, como si con ese simple hecho pudiera disimular los kilogramos extras adquiridos durante aquellas últimas semanas.

—Pese con ello sigues conservando tu encanto, amigo mío —señaló. Yuuri, por supuesto, entendió la referencia.

Cuando terminó la fiesta de graduación, fue sincero y se atrevió a contarle sobre Patterson, su repentino beso, además de la increíble oferta que pretendía tentarlo con la única intención de instarle a permanecer en Detroit de manera indefinida. Aunque igual el ramo de gardenias seguía siendo un misterio total.

—Phichit-kun —advirtió con las orejas rojas debido a la vergüenza.

—De acuerdo, lo dejo —sentenció de mala gana. No podía evitarlo: Patterson seguía pareciéndole un aprovechado en toda la extensión de la palabra—. Me alegra que no te dejaras engatusar por un tipo como ese.

—Tú mejor que nadie me conoces —Yuuri lo tranquilizó—. Jamás hubiera podido hacer algo así por más que la propuesta fuese una oportunidad única —Phichit le concedió razón; sus principios le impedirían actuar de tal modo irresponsable.

—Lo sé —y no se contuvo de molestarlo—. Aun así, bien que te gustó ese baile...

Yuuri estuvo a punto de refutar, no obstante, en ese preciso instante una voz masculina anunció a través del altoparlante cuáles vuelos serían los próximos en salir. Yuuri y Phichit se pusieron en pie, dispuestos a dirigirse hasta el área destinada donde su mejor amigo tendría que presentar sus documentos esenciales disponiéndose así a subir al avión ya sin mayor dilación. Era momento. De inmediato, con casa paso que daba, Yuuri notó como el nudo que tenía dentro de la garganta se apretaba cada vez más, por ende se sintió torpe y fuera de lugar; casi temió soltar alguna barbaridad inapropiada pese a saber que era una idea por demás absurda.

Afortunadamente fue Phichit quien habló primero.

—¿Listo?

—No realmente —luego le miró con cierta súplica—. ¿Prometes que no me olvidarás?

Phichit pareció conmovido ante la pregunta, motivo por el cual se acercó un poco más hacía Yuuri, con un lenguaje corporal de total apertura, tranquilidad y sosiego.

—Somos almas gemelas, Yuuri —Phichit le aseguró con ese encanto tan característico en su personalidad, haciéndolo sentir reconfortado y sereno—. Quizá no del modo en el cual todos suelen pensar, pero creo firmemente que estábamos destinados a encontrarnos y aprender del otro —después le tomó las manos entre las propias, brindándole un suave apretón repleto de cariño—. Gracias por ser mi maestro, mi mejor amigo y mi hermano. Aunque miles de kilómetros nos separen, siempre podrás contar conmigo.

—Voy a extrañarte muchísimo —con lágrimas en los ojos, Yuuri atrajo a Phichit y lo abrazó tan fuerte como pudo, importándole muy poco que tantos desconocidos recorrieran el sitio de un lado a otro.

Y cerró los ojos mientras experimentaba una agradable sensación dentro del pecho; a veces la familia se forjaba mediante lazos, aunque estos no tuvieran ninguna relación sanguínea. A juicio de Yuuri, Phichit ya era un Katsuki más, pues logró convertirse en su ser más querido mientras vivió en Detroit y siempre sería bienvenido donde quiera que él estuviera de ahora en adelante. Se querían tanto, que la nueva distancia entre ellos solo serviría para reafirmar la profunda amistad que lograron cimentar sobre bases sólidas a través de cinco largos años.

—Tienes que visitarme en Hasetsu al menos una vez —le pidió tras mirarlo con una sensación de gratitud infinita—. Sé que mis padres te adorarán, Phichit-kun.

—Lo sé —dijo sin mostrar ninguna clase de modestia, y a ambos les pareció muy divertido-. Pero vamos un paso a la vez, ¿te parece? Primero trabaja duro en ti, ya luego tendremos la total libertad de ir a donde queramos -Phichit le sujetó por los hombros mostrándole una gran determinación mezclada con infinito afecto—. Haz aquello que te haga feliz, Yuuri —e pidió encarecidamente—. Llena tus propias expectativas, crea sueños tan grandes que nadie más además de ti pueda volverlos realidad. Vive —añadió gentil—. Siéntete orgulloso por ser quien eres: único, fabuloso y extraordinario.

Yuuri asintió. Si bien todavía le sorprendía en gran medida la inmensa capacidad que tenía Phichit de ver a las personas en toda su grandeza, eso solo hablaba sobre cuán noble era el corazón del tailandés. Siempre fue y seguiría siendo afortunado por tenerlo.

—Espero verte pronto —los dos chocaron puños, un gesto bastante intrínseco en ellos que denotaba complicidad.

—Yo también. Y por favor, no me obligues a patearte el trasero durante el Grand Prix —soltó de buena gana—. Suerte Yuuri.

—Cuídate, Phichit-kun.

Asegurándose de llevar todo consigo, abrazó por última vez a Phichit dispuesto a marcharse. Mirando atrás un momento, le dedicó al otro joven un último saludo antes de pasar por el control reglamentario, dispuesto a seguir adelante tal como le había recomendado hacer minutos atrás. Una vez pudo pasar sin problema, procedió a abordar. Poco después, tras algunos chequeos de rigor, Yuuri ya se encontraba cómodamente instalado conforme los otros pasajeros hacían lo mismo. Pese a que sería un viaje cuyas horas le parecerían eternas, afortunadamente se sentía en paz consigo mismo al menos de momento. Con la sensación de que todo saldría bien, sacó las impresiones que Phichit le había entregado minutos atrás, encontrándose con dos rostros felices y extensas sonrisas sinceras.

Ese no era un adiós, se dijo, si no un hasta luego.

Iban a volver a reunirse de nuevo.

Y una vez pudieran hacerlo, cada uno cursaría una etapa totalmente distinta de su vida; aunque eso no les impediría encontrar el momento adecuado para volver a complementarse.

Porque la aventura recién comenzaba.