«N|A¹» Hi! Agradezco públicamente a todos quienes me han hecho llegar sus comentarios por mi cumpleaños (es hoy|22/07) en mi muro. ^^


No lo hagas si no conviene. No lo digas si no es verdad.

~Marco Aurelio.

Emperador romano.(121 – 180).


CP#9. Cautela.

Ahora sí estaba completamente desconcertado. El estoico demonio no podía creer que sin prevenirlo se había topado con un humano que dé humano claramente tenía sólo el nombre.

Ella era hermosa pero eso poco le importaba, su fuerza lo había impresionado y él no se impresionaba con nada.

Ella era inteligente. Odiaba a los demonios sin embargo no tenía problema en hacer trato con ellos.

Ella era segura de sí misma, en ningún momento vaciló al atacarlo.

Ella había hecho lo inimaginable, tomar sangre de diferentes demonios para igualar sus habilidades, sin contar con el uso que le daba a las armas demoníacas.

Ella pensaba como él, para combatir al enemigo tienes que convertirse en el enemigo.

Ahora lo entendía todo, su bestia interior no había sido cautivada por una belleza efímera, Rin era como él en más de un sentido, eso fue completamente desconcertante para él.

Entonces miró con atención al pequeño duende que venía feliz hablando con uno de los hombre, el muy traidor hasta tenía una ridícula corona de flores que hace poco un niño humano le había dado, en ese momento se preguntaba desde cuándo Jaken toleraba a los humanos, había notado con atención el trato entre Jaken y Rin, de alguna forma le molestó ver un trato tan relajado y hasta íntimo entre ellos.

Sin embargo lo que más le tenía desconcertado fue la reacción de la hermosa princesa, acaso ella también gustaba de las mujeres, porque él claramente pudo oler su nerviosismo, su emoción al verla y su excitación cuando Rin tocó su largo y hermoso cabello ni hablar cuando levantó su mentón.

—¡Demonios!... ¿Qué les pasan a las mujeres de este reino? —El demonio no dejaba de cuestionar en voz alta impregnado de reproche.

Claramente la princesa gustaba de Rin, pero ella no parecía interesada en la princesa sin embargo su expresión cambiaba cuando le nombraba a Sango, ¿qué había sucedido entre ellas?, era la pregunta que lo estaba volviendo loco.

Se mantuvo en alerta porque no había visto al hombre afeminado cerca de Rin pero en cambio notó la presencia de otro hombre parecía un cazador, al menos estaba vestido como tal.

—¿Has pensado en mi propuesta?

—Kohaku —Rin susurró con tensión—, usted sabe que no me gustan los hombres.

Ese comentario fue un golpe bajo para el estoico demonio, él no necesitaba escuchar esa ratificación de parte de ella y recordar la estupidez que hizo al marcarla.

—Es por mi hermana.

Rin no contestó.

—Sango estaba confundida —Kohaku comentó con suavidad—. Rin me gustas mucho y estoy dispuesto a pasar por alto sus gustos, incluso puedo compartirla con otras mujeres si así usted lo quiere.

Idiota... Era la única palabra en la que Sesshōmaru podía pensar, claramente no era nada de Rin y sin embargo él no permitiría algo así.

—Cásate conmigo —propuso en un tono serio—. Sólo debes darme un heredero no pido más y juró que te dejaré en paz.

—¿Te das cuenta de lo que me dices? —Rin preguntó con fastidio— ¿Tan poco te valoras Kohaku?

—Soy su mejor opción —recalcó sin pensarlo—, porque ningún terrateniente desposaría a la hija de una concubina —remarcó—, y poco importa si fue una de las favoritas del rey.

El demonio se quedó sin palabras, Rin era una princesa no reconocida de aquel reino, ese fue un descubrimiento interesante para él.

—Piénsalo… eres una bastarda. Usted al igual que su madre estaba destinada a ser concubinas… —Kohaku masculló con desdén— ¡Espera! No me des la espalda.

Rin detuvo su andar y sin mirarlo contestó en voz baja:

—Sus palabras merecen la muerte pero su vida no vale nada para mí… —suspiró con fastidio— porque cada palabra que has comentado es cierta —susurró con reproche, ella no necesitaban que le recordaran su origen—, sólo le faltó agregar que mi verdadero padre me entregó al general de sus tropas para que me críe como su hija y me convirtiera en cazadora o prefieres usar el término asesina.

—Puedo obligarte a que seas mi esposa. —Kohaku inmediatamente replicó ignorando su comentario mordaz.

Rin no se detuvo y continuó su camino.

—¡Maldita sea! Juró que conseguiré que te azote —amenazó—, entonces rogaras por convertirte en mi espos…

Kohaku no pudo completar con su amenaza porque un látigo impregnado de veneno cercenó su cabeza, su cuerpo degollado caía de lado, Sesshōmaru lo había matado.

Continuará…