«NA¹» #QuédateEnCasa. La pandemia a nivel mundial ocasionada por el COVID-19 es real, por tu salud, por la de tus seres amados, por tus amigos y/o conocidos, hagamos caso de lo que dicen los Gobiernos Nacional de tu país. Nuestra mejor protección es la prevención.


La guerra vuelve estúpido al vencedor y rencoroso al vencido.

Friedrich Nietzsche, filósofo alemán.


CP#17. Lid.

—¿Estás seguro de esto? —Ginta, un joven lobo cuestionó con preocupación.

—Las instrucciones fueron claras —Hakaku contestó con una sonrisa maliciosa—. El general Koga en este momento está hablando con la princesa Kikyō, nosotros aprovecharemos para tomar los «objetos sagrados²» y equiparemos esta guerra. Los Oni¹ no tendrán ninguna oportunidad contra nosotros.

—No creo que sea una buena idea —ante la mirada escéptica del joven lobo, Ginta se apresuró aclarar—, me preocupa esa mujer… Esa maldita híbrida es muy poderosa al igual que los Shichinintai, si se dan cuenta que los estamos usando —reflexiono—, vamos estar en serios problemas.

Un bufido fue la única respuesta que obtuvo de Hakaku mientras ingresaba con sigilo a un cuarto oscuro. Ambos demonios no tenían problemas en evadir los campos magnéticos que protegían los objetos sagrados, siete en total, el silencio entre ellos era su manera de comunicarse, Hakaku cerró sus ojos mientras concentraba su aura, necesitaba tomar los objetos en el menor tiempo posible para no levantar sospechas.

Ginta se quedó en la entrada vigilando que no hubieran guardias o algún intruso que se dieran cuenta de sus acciones; Se puso en alerta cuando sintió dos auras imponentes, una le era conocida.

—Gracias Kaijimbo, tu información a sido muy útil. —La aparente joven señora que mostraba un vientre voluminoso mostró una sonrisa soberbia, ella se había percatado del aura de sus subordinados.

—No veo la hora de regresar al reino de los lobos —susurró con sigilo—, me adelantaré. —El falso humano, hizo una breve reverencia y siguió su camino.

—Koga está por terminar su reunión —comentó en voz baja mientras fingía bostezar—, apresurense.

Sin esperar respuesta a su orden siguió su camino. Ella debía reunirse con su manada, ya que como compañera del lobo alfa, Ayame también debía hacer su parte y cuidar de las hembras preñadas era una de sus responsabilidades.

Los jóvenes lobos que eran mano derecha del alfa, no demoraron en completar su tarea, y tomando todas las precauciones se dirigieron adonde estaba la manada, que por ahora estaba incompleta, esperando las instrucciones de su alfa.


La primera noche había caído desde que abandonaron el territorio de los demonios perros, aún así Rin no podía evitar sentirse inquieta, experimentaba un inusual calor y la mirada insinuante de la princesa no la ayudaba en absoluto, sumado a que tenía la certeza que la vigilaban de cerca, se sentía más incómoda de lo usual.

—¿Qué te sucede? —Bankotsu preguntó con interés, y añadió con rapidez—: ¿Por qué estás roja? ¿Cansada? Eso es poco usual en…

—Detén tus cuestionamientos —La joven pelinegra susurró con malestar— hermano. El calor está haciendo estragos en mí.

—¿Segura? —Jakotsu cuestionó con malicia— Parecer estar excitada. —El comentario lo hizo con toda la mala intención, él la había observado con atención y notó su respiración entrecortada, sus mejillas sonrojadas y las gotas de sudor que corrían por su cara, hacía calor pero no tanto como para afectarla de esa manera.

—Vamos hacer un alto aquí —Rin ignoró por completo los comentarios de Jakotsu y se dirigió a la pequeña comitiva que los acompañaba—, armen las tiendas, hagan fuego y den todas las comodidades a la princesa.

Kyōkotsu dio un paso hacia adelante, era uno de los hombres más altos de la comitiva y su fuerza bruta era célebre por esas regiones. Su especialidad eran las dagas dobles.

—Iré a verificar el perímetro —miró a sus hermanos: Mukutso, Suikutso, Ginkutso y Renkutso—, ustedes vienen conmigo.

Mientras los sirvientes armaban las tiendas, Rin se alejó para escapar de los cuestionamientos de Jakotsu, cuando encontró un arroyo, no perdió el tiempo, se quitó el guante que tenía en su mano derecha y la metió al agua, sintió un gran alivio al notar que estaba fría.

—¿Por qué me estás evitando? —La molestia en la voz de la princesa era notoria.

Rin dejó de lado sus guantes, estaba de espaldas a ella y se tomó su tiempo en exhalar el aire retenido.

La princesa se puso enfrente de ella, estaba contrariada de ser ignorada por ella.

—Princesa Aome no es moment… —Rin no pudo completar el comentario porque la princesa abruptamente la sorprendió al lanzarse sobre ella y rozar sus labios.

—Hazme tuya —suplicó con vehemencia—. No soy como Sango pero… —Ante el ceño fruncido de Rin y el cambio que tuvo en su expresión inmediatamente se corrigió—: Si me das una oportunidad, te lo prometo, nunca pero nunca —enfatizó con seguridad— te voy a traicionar.

Aome no se contuvo e hizo de lado su hanfu³, un obsequio de cumpleaños recibido de una de las concubinas favoritas del príncipe Kang de China, con la que su reino tenían tratos comerciales y que sólo usaba en ocasiones especiales. Ese diseño en particular era de su agrado.

Rin quedó sin palabras, su mente se nubló ante la visión generosa de los hombros desnudos de la princesa, pero antes que ella mostrara más piel, puso sus manos sobre sus hombres y comentó en voz baja:

—Somos hermanas.

—¡¿Qué?! —Aome estaba estupefacta— ¡Mientes! —replicó con enojo, una vez superada su sorpresa que le causó aquella revelación.

Un silencio incómodo se dio entre ellas, mientras tanto cierto híbrido estaba teniendo un mal momento, no lejos de ahí.

—¡Imbécil! —Inuyasha mascullaba con rabia— ¡Deja mi cabello!

La falsa demonesa no respondió a su insulto, sino que lo tenía agarrado de su cabello con fuerza, ambos habían coincidido en seguir a la pequeña comitiva que protegía a la princesa Aome, obvio por motivos diferentes.

—¡Idiota!— La falsa demonesa susurró con desdén con su voz masculina— Aunque ya no mantengas tu forma humana, aún estás débil. No tendrías oportunidad contra ellos.

Inuyasha no sabía qué era lo que le causaba mayor sorpresa, sí saber que se transformaba en humano con la luna nueva o que su hermano le este cuidando, por así decirlo, iba replicar en un tono mordaz cuando un ruido hizo que ambos hermanos abrieron sus ojos desmesuradamente.

Ante ellos la princesa estaba en el piso con una expresión de dolor y desconcierto, Rin rompió la parte superior de su hanfu y comentó en un tono mortal, sus ojos tenían un inusual color.

—Veo que no te importa que seamos hermanas, a mí menos, pero… —La joven pelinegra comentó en un tono iracundo— no seré gentil.

—¡Maldita sea… —La falsa demonesa murmullo con desconcierto— ella está en celo!

—¡Imbécil! Haz algo… ¿Qué te pasa? —Inuyasha hizo la pregunta al ver los ojos rojo de su hermano, aún en su falsa forma sabía que algo no estaba bien. Un inusual olor le alertó.

—¡Callate! —demandó la falsa demonesa con el aliento entrecortado, había aflojado su agarre porque esa noche y por primera vez en siglos estaba haciendo estragos en él, la causa: la cercanía de la temporada de apareamiento y el tener a un ritual a media con quién se supone había marcado.

—Le está… —Inuyasha no pudo completar la frase, porque su hermano en un haz de luz desapareció, dirigiéndose hacia donde estaba las princesas.

Continuará…


Los Oni¹ son criaturas del folclore japonés que comparten muchas similitudes con los demonios y ogros occidentales. Son personajes populares en el arte, literatura y teatro japoneses.

Los objetos sagrados² son siete, incluído la perla de Shikon y la piedra celestial, poco a pocos vamos a saber de ellos, ya que tienen diversos usos y sirven para ciertos rituales.

Hanfu³ es la ropa tradicional usada por la etnia han de China (que ha sido la mayoría de la población durante toda la historia de China), hasta la Dinastía Qing. El Hanfu influyó en la ropa tradicional de otros países, como en el kimono en Japón, el hanbok en Corea o el áo tứ thân en Vietnam.


«NA²» OMG! ¿Qué pasó aquí? XD Je, je, je… Lo verán en el siguiente capítulo, solo diré que va ser algo hot... y aquí les adelanto un bosquejo del siguiente capítulo:

—¡Maldita sea! ¿Qué me hiciste? ¿Qué me pasa? ¿Por qué siento que ardo?

La falsa demonesa estaba sin palabras, cómo le iba explicar que la época de apareamiento de los daiyōkais también hacía estragos en ella y tenerla encima de él, aún en su forma falsa de hembra no le ayudaba.

—¡Responde!... —demandó en un tono imperativo.

«NA³» Gracias por agregar la historia a sus favoritos, por comentar y seguirla, estoy trabajando desde casa, espero darme el tiempo de actualizar de a poco cada una de mis historias, por interno contestó todo sus comentarios y los anónimos en mi página de Facebook. Los leo.

Saludos desde Ecuador.