Capítulo 2: Hombre Cáncer
Un par de meses antes Snnape recibió una carta algo especial. Una lechuza como el color de la ceniza entró en su hogar por la chimenea, la carta que portaba venía al interior de un satinado sobre de color blanco y cerrada con un sello entintado en color negro.
Snape leyó el contenido de la carta, mientras la lechuza le esperaba atenta para enviar una respuesta del mago. Quien envío las cartas se dedicó a escribir cada una a mano, Snape pudo notar las letras con el leve temblor de una mano cansada; aunque la lechuza no autóctona y los materiales de imprenta de gran calidad ya le decían que eran noticias importantes.
"Queremos informarle del fallecimiento de nuestro estimado Albus Percibal Wulfric Brian Dumbledore, y le invitamos a un homenaje a realizarse…". La noticia le sentó mal a Snape, el director de Hogwarts era viejo, pero tenía gran vitalidad y él se lo imaginaba como director por muchos años más.
Rápidamente Severus tomó una pluma y escribió su respuesta, tratando de pensar en algún familiar al que pudiese enviar sus condolencias, sin embargo, no pudo recordar a ninguno e incluso ignoraba si es que Albus Dumbledore tuviese alguna familia viva; pensó que era natural que un mago tan ilustre, con su luz, oscureciese a cualquier familia a su alrededor. Tras pensarlo un momento, ignoró ese detalle y escribió para quien sea que reciba su carta, ya que el remitente se dejó como anónimo.
"Una pequeña multitud o un enorme grupo de personas", fue lo que imaginó Snape el día del homenaje, muchos alumnos estaban presentes, todos los profesores, y nadie que Severus pudiese reconocer como un familiar. El fallecimiento de Dumbledore ocurrió en vacaciones, por lo que más que seguro no sería el único homenaje que se le haría al director de Hogwarts —pensó Snape—.
—Severus… —Le llamó con una voz cansada la profesora de Transformaciones. Minerva McGonagal era la bruja más hábil y a su vez sabia que conocía.
—Una gran pérdida—Respondiò Severus, sintiéndolo realmente.
—Lo es, por supuesto… —La profesora veía al grupo de asistentes, muchos se despedían entre sí, y otros conversaban al volver a verse después de mucho tiempo. —El regreso a clases será pronto, y por el bien de los niños espero que podamos regresar con una buena dirección—.
—¿Será parte de la dirección?...—
—Eso creo, aunque sabes que la dirección no sólo depende de nosotros, hace falta la respuesta del ministerio también. —La profesora acomodó sus gafas y vio a Snape como una maestra orgullosa de su alumno, —quisiera recomendarte como director, ¿te gustaría, Severus?...—
Snape estuvo más pendiente de el fallecimiento de Dumbledore a lo que pudiese pasar después, era muy pronto —pensó—, aunque lo deseaba. Se sentía capaz de realizar las funciones de director, sabía que era un mago excepcional y los alumnos le respetaban.
—¿Usted también postulará para directora?...
—Sí, pero si me eligen a mi me gustaría que lo pusiesen de subdirector. Como sea me gustaría verlo con más responsabilidades, Severus…
Snape sabía lo respetable que era Minerva McGonagal en la comunidad mágica, y trabajar a su lado lo veía como algo de lo que enorgullecerse, más si era en Hogwarts, por lo que aceptó la recomendación que le iba a hacer la profesora.
Pasó una semana para que llegasen las nuevas asignaciones, una lechuza entregó la noticia envuelta en un sobre con el escudo del colegio. Con emoción y posterior frustración leyó la carta, en ella, anunciaban a Mineerva McGonagal como directora, y a Filius Flitwick como subdirector.
