Disclaimer: Los personajes pertenecen al grupo CLAMP.
Capítulo I: Sonido melancólico
Aquel día de abril la temperatura era agradable en las calles de Bristol, Inglaterra. Tomoyo Daidouji disfrutaba el caos que podía observarse en la ajetreada ciudad a esa hora. Ella había vivido toda su vida en un pequeño pueblo, por lo que todo aquel movimiento le provocaba una sensación de legítima admiración, porque todo aquello que lucía desordenado y azaroso parecía funcionar como un complejo sistema de engranajes en perfecta armonía. Era una locura, y aun así el sentimiento de plenitud no la abandonaba, después de todo, la locura era algo que no le molestaba.
Uno de sus pasatiempos predilectos era detenerse en una esquina y observar; simplemente mirar e imaginar el entretejido de las vidas humanas que justamente coincidían en ese instante ahogado en la inmensidad de la eternidad, en una esquina de una ciudad cualquiera, de un país cualquiera, de un planeta cualquiera, la historia debía ser muy similar. Siempre le sorprendía la cantidad exponencial de historias que convergían en aquel momento que ella miraba extasiada. Era tormentoso pensar en que la casualidad no existía, si se tenía en cuenta que para llegar a esto una serie de sucesos los había llevados a todos a encontrarse en ese preciso momento y lugar. Y observar esto era hermosamente jodido. Sonrió perezosamente, ignorando con total consciencia el escalofrío que le recorrió la espalda cuando el sentimiento de ser insignificante cruzó por sus pensamientos.
Mientras la cascada de sus ideas la azotaban y ella mantenía aquella rígida sonrisa en el rostro, esa que había aprendido a llevar siempre, percibió un sonido que la hizo sobresaltarse.
Era un piano. Uno que se oía muy lejano. Le pareció singular que, con todo el bullicio, el sonido pudiese difuminarse con tanta claridad en sus oídos. Llevada por la estela de la curiosidad, siguió el sonido como si ella fuese un ratón obnubilado por el flautista de hamelin. Por lo menos debía admitir que se sentía obligada a seguir la fuente de la música, como si no hacerlo significara perder algo realmente importante. Un presentimiento nada agradable se apostó en sus entrañas. Parecía que cierta fibra invisible tirara de ella, obligándola a dar paso tras paso.
Aquella melodía estaba consiguiendo que se sintiera triste. Era una armonía desconsolada. La persona que tocaba estaba partiéndose por dentro y no sabía por qué sólo ella parecía notarlo. Se detuvo a mirar a su alrededor y la gente parecía ignorar por completo aquel grito de genuino dolor que estaba inyectado en la canción.
Sin perder más tiempo siguió caminando, persiguiendo el sonido hasta que sus pies se plantaron delante de un bar. Un lugar que se le antojó decadente, como si una invisible aura de misterio alejara a ciertas personas y acercara a otras, a las más curiosas, a las dispuestas a sumergirse en aquella nube de embriagante melancolía, es decir, a personas como ella.
Sin muchas ceremonias se adentró en el sitio. A penas entró todas las cabezas giraron en su dirección, Tomoyo se percató que muchos rostros la interrogaron sin palabras.
Varias preguntas eran demasiado obvias, pero la más elocuente era:
¿Qué hacía ella en un lugar como ese?
Estaba claro que, con su elegantísimo traje de negocios y su peinado impecable, Tomoyo desentonaba en aquel sitio, como lo haría una mosca en una taza de leche. Entendía, entonces, los ceños fruncidos y las cejas arqueadas. Se sentía una invasora y, de la misma manera, parte de las oscuras historias que contaba el lugar.
Premeditadamente ignoró a toda esa gente y su mirada buscó el piano. Quién tocaba era la única persona que parecía desconocer el revuelvo que Tomoyo estaba causando. Era un hombre que seguía ensimismado en verter su dolor en las teclas blancas y negras.
Ella inspiró provocando la dosis de decisión necesaria para seguir acercándose al pianista. Ni siquiera sabía qué hacer en el momento en que llegase a esa persona, pero todas sus acciones eran irrefrenables.
¿Por qué se sentía orillada a consolar a esa persona?
No tenía idea del por qué, tan sólo era consciente de querer confortarlo, las razones parecían querer esquivarla.
Sin atreverse a hablarle todavía, se sentó en la silla más cercana. Las notas seguían confundiéndose con los rincones más tristes de su propia alma. Y ella tan sólo podía observar la espalda del pianista, que se contraía en algunas ocasiones, para lograr las notas con total experticia.
Un sentimiento de admiración emergió en su interior. Aquel hombre era un pianista con bastante talento.
«Debo hablar con él»
La idea de ir y hablar con esa persona rayaba en lo estúpido, lo sabía. Trataba de convencerse de ello con todas sus fuerzas, pues la tentación de hablarle se agigantaba a cada segundo. Seguro que si le hablaba él creería que ella estaba loca, además, quizás sólo estaba malinterpretando las cosas y estaba viendo sus propios fantasmas en la intimidad de aquellos sonidos afligidos.
—¿Qué es lo que desea beber? —una voz profunda la hizo sobresaltarse.
Abrió los ojos que ni siquiera notó que había cerrado y miró al emisor de aquella pregunta. Era un tipo de unos cincuenta años, con una barba muy larga y descuidada, su vestimenta negra era ligeramente tapada por un delantal de color gris. La mirada de fastidio era evidente en el hombre, ella tenía una notoria interrogación en todo el rostro.
—Eh… yo —balbuceó confundida, hasta que logró procesar la situación—. Cualquier cosa que no contenga alcohol.
El mesero la observó con incredulidad.
—Bien —murmuró, alejándose de ella, con una sonrisa extraña en el rostro.
Tomoyo volvió a fijar toda su atención en el hombre. Llevaba más de veinte minutos en el lugar, oyendo su martirio y él no se había detenido. Pasaba de una melodía a otra de manera fluida y armoniosa.
Ella trató de alejar sus demonios, realmente quería poder disfrutar de aquel deleite musical, sin caer en lo mortífero de sus propios pensamientos. Esos que guardaba con gran esmero. Esos que había sellado en lo más recóndito de su interior.
Intentó evitar los recuerdos que no había conseguido dominar y que escapaban de los fuertes en los cuales ella los encerraba. No lo consiguió. Imágenes vívidas se expandieron por su mente, sin poder detenerlas.
Comenzó a sentir el pánico subirle por la garganta.
«No otra vez. No aquí»
El corazón bombeaba apuradamente, golpeando su pecho.
«Respira. Respira. Tan sólo no dejes de respirar», se repetía interiormente.
No funcionaba. La sensación de no poder respirar acompañó a sus erráticos latidos. La música se volvía vertiginosa como lo hacía el temblor de sus manos.
«No te desmayarás aquí, Tomoyo. ¡Basta de tonterías!», se reprendió.
Ella era fuerte, ella tenía que poder volver a poner las cosas en orden. Se aferró a esa idea como si fuese una tabla en medio del mar.
Cuando sintió que las paredes se venían encima. Se puso de pie presurosamente, con pasos irregulares se dirigió a la salida.
Afuera del sitio, se concentró en normalizar su respiración. Odió las lágrimas que rellenaron sus ojos. Cada vez que esto ocurría, aquella sensación de inestabilidad total la acompañaba por unas horas.
Esperó apoyada en la pared hasta que estuvo segura de que todo había pasado.
Sus pasos se dirigieron vacilantes hacia su hogar. Ya no tenía fuerzas para hacer otra cosa que no fuese dormir.
A la tarde siguiente, estaba parada frente al bar que había abandonado de forma tan apresurada el día anterior. Estaba debatiéndose sobre si debía o no debía ingresar, pero la ausencia de la música que la obligó a hacerlo antes, no le permitía ponerse de acuerdo consigo misma.
Ese día se había mantenido lo suficientemente ocupada, para que su mente no cayera en la espiral de angustia que solía venir con aquellas crisis. No, señor. Ella ya tenía estrategias definidas para mantener sus fantasmas a raya. Lo sorprendente era que sus pensamientos obsesionados no habían sido protagonizados por sus tormentos, no; en esta ocasión sus ideas principales fueron sobre el pianista y su música. Intentó vagamente darle una explicación a esta suerte de locura que la había invadido desde hace veinticuatro horas, obteniendo nulos resultados.
Odiaba cuando no podía ser objetiva y racional. Porque desde la arista que observara su propio comportamiento, llegaba a la conclusión que no podía dar una explicación satisfactoria a todo lo sucedido con el hombre del piano, con las melódicas tristezas de él y la avalancha de descontrol que le trajo a sí misma.
Repentinamente la puerta del local se abrió, haciendo que Tomoyo se sobresaltara y volviese la vista hacia la puerta.
El mismo mesero que la había atendido, la taladró con una mirada inquisitiva.
—Otra vez por aquí —comentó con burlesca simpatía, sonriéndole a la joven de soslayo—. Si gusta ahora podré entregarle la copa de "cualquier cosa sin alcohol" de ayer.
Tomoyo sintió que la cara le ardía, hasta ese momento no había recordado que ella había realizado un pedido, antes de salir de allí pitando como una desquiciada.
—Lamento el haberme ido de manera tan…intempestiva. Estoy dispuesta a pagar lo de ayer, lo que menos quiero es causar problemas.
El tipo meneó la mano como si aquello fuese completamente irrelevante.
—No hay problema, muchacha. Tan sólo entra.
Tomoyo siguió al hombre barbudo, se sentó en la barra. Ella notó como menos rostros la interrogaron esta vez.
El tipo le sirvió una bebida dulce, de color rojo. Ni siquiera se atrevió a preguntar qué era, tan sólo le bastaba con saber que no contenía alcohol, cosa que supo al momento en que el sujeto le entregó el vaso, susurrando que era sin alcohol, mientras le cerraba el ojo.
Bebió en el más completo silencio. Ahora que estaba en ese lugar sin la música del piano, le pareció mucho más decadente que antes.
—No creo que venga el día de hoy.
Tomoyo se sobresaltó y fijó su atención en el mesero que le devolvió una sonrisa divertida.
—¿De qué habla?
—¡Oh vamos! ¿Acaso no volvió usted por el chico que toca el piano? —la interrogó con los ojos entrecerrados.
—Yo… no…
—Por lo menos ayer me pareció que estaba muy interesada en él —la interrumpió agregando ironía a su discurso— Y ahora no deja de mirar la puerta, por lo que supuse... ya sabe.
Tomoyo guardó silencio, tratando de poder sus ideas en orden.
—Yo no creí que fuese tan evidente —murmuró Tomoyo de forma ausente.
—No es la primera que se interesa en el muchacho —confesó el cantinero.
—Realmente yo…
—Sus visitas son irregulares, hay semanas que puede aparecer cada día, otras en que no le vemos ninguna vez, y otras en que viene ciertos días. En resumen, algunos días viene y otros simplemente no. No hay un patrón claro.
—¿Acaso él no trabaja aquí? —quiso saber ella, picada por la estela de la curiosidad.
—No. Es un cliente. Un día preguntó si podía tocar el piano, que llevaba años sin que nadie lo utilizara y desde ese día cada cierto tiempo aparece y nos deleita con sus melodías —explicó el sujeto, encogiéndose de hombros.
—Pero, ¿nadie sabe algo sobre él?
—Este es un bar un tanto distinto a los bares comunes. La gente viene aquí por diferentes razones, pese a esto, le aseguro que ninguno viene a sociabilizar.
Tomoyo asintió, sin comprender por completo la respuesta.
Con el pasar de los días, repitió el mismo comportamiento. Cada tarde iba a pasar un rato al bar, donde bebía el mismo trago rojo, esperando, tan sólo esperando poder escuchar al chico del piano otra vez.
Estaba casi segura que, si lo oía de nuevo, su reacción sería diferente. Había llegado a concluir que aquel día, era ella quien había interpretado su música de forma dolorosa, por su propio sufrimiento vetado. Se había reflejado en aquellas notas como si fuesen un espejo. No había misterios ocultos en ellas, ni mucho menos, pedidos de ayuda de un alma atormentada. Esas sólo fueron visiones e imaginaciones de ella. Por lo que tan sólo se conformaba con escucharlo una vez más, y comprobar, de esa forma, su hipótesis.
Llevaba cerca de un mes en Inglaterra y había logrado formar una rutina. Por las mañanas iba a la universidad, donde cursaba una carrera que a ella no le agradaba, pero que se esperaba que estudiase: Economía. Era la condición que debía cumplir para que la dejaran irse del país y ella, siendo honesta consigo misma, hubiese dado lo que fuera por abandonar el país del sol naciente.
Mientras se encaminaba a su rutinaria visita al bar, pudo escucharlo, casi a una cuadra de distancia. El corazón se le aceleró al instante. Él estaba allí, tocando otra vez.
Se detuvo por unos segundos, oyendo la melancolía otra vez presente. Contrario a lo que quería hacer, sus pasos se volvieron más lentos y con cada paso que lograba dar, el bar se alejaba de ella.
Pareció una eternidad hasta que logró llegar al lugar, se adentró fijando su mirada violeta en la espalda que tantas veces la había visitado en sueños.
La desesperación en la melodía era tan evidente, que ella sentía que podía tocarla y envolverla entre sus manos. Esa desesperación que creyó suya, pero que no era tal. Ese sentimiento provenía de él. No de ella.
Darse cuenta de esto fue como una bofetada. Había estado tan segura que había imaginado todo. Que ahora, cuando ese chico estaba a unos metros de distancia, no podía seguir ignorándolo más.
Desde la puerta caminó sin detenerse.
Al llegar a su altura, una de sus manos se posó sobre el hombro del tipo, desencadenando que una nota saliera desafinada, para acto seguido dejar de tocar aquella pieza, dando cabida a un silencio negro.
—Yo sí te escuchó —susurró muy cerca de él, diciéndolo en su idioma nativo: el japonés. Cosa de la cual no fue consciente hasta que soltó la frase.
Tomoyo no supo por qué había dicho esas palabras, era quizás su espíritu sensible hablándole al alma del hombre que aún le daba la espalda; quien de pronto se había quedado tan quieto como una estatua.
—¿Y qué es lo que escuchas? —preguntó la voz ronca y quebrada del hombre, también en el mismo idioma que ella, que aún seguía sin enfrentarla.
Tomoyo no se detuvo a preguntarse por qué ese sujeto parecía dominar el japonés tan bien como ella, lo imperante en ese momento era responder la pregunta de él.
—Tu dolor.
Con esas dos palabras pareció pasar una especie de prueba, pues él se volvió para enfrentarla.
Un pálido rostro la evaluó con los ojos entrecerrados. Tomoyo enfrentó aquello con aplomo, hasta el momento exacto que cierta luz iluminó la cara del sujeto.
—¿Señorita Daidouji? —la sorpresa se coló en su pregunta, así como en sus ojos azules.
A Tomoyo le costó toda la cuota de su suspicacia diaria, reconocer al sujeto barbudo y desaseado, como el compañero de intercambio que hace diez años había provocado tantas travesuras para que su prima Sakura consiguiera cambiar las cartas Clow.
—¿Joven Hiragizawa?
Notas de la autora: Hola a quienes se hayan atrevido a leer el comienzo de esta nueva historia.
Ha sido un largo período sin que me apareciera por estos lugares, salvo, claro, por el prólogo de esta historia que me animé a subir hace un par de días. Siendo franca, no esperaba recibir ningún comentario, pues en realidad no dice mucho de qué tratara la historia y cómo va a desarrollarse, por esto, quiero detenerme para explicarles más o menos como pretendo llevarla a cabo. En principio, he decidido conservar la magia de los personajes, y la mayoría de los hitos de la serie, cosa que me ha presentado bastantes desafíos, pues no acostumbro a escribir con estos elementos.
Luego, los personajes arrastran ciertas cargas y de cierto modo conviven con ellas como mejor pueden. Sumidos en la oscuridad se resisten a sentir y al mismo tiempo se resisten a no hacerlo (exquisita ambigüedad). La premisa es que ya no esperan nada de la vida, la esperanza es un recuerdo lejano y todavía así la vida les deparará sorpresas.
El prólogo se me ocurrió en un vuelo que tuve hace poco, ya que con mi sempiterna costumbre de imaginar lo peor, se me pasó todo aquella situación por la cabeza, pues las turbulencias fueron un tanto bruscas. Y desde ahí rondó la idea, hasta que decidí que fuese el comienzo de esta historia.
¿Qué les pareció este primer capítulo? Acepto sugerencias y críticas. Me interesan sus hipótesis.
¿Qué más puedo contarles?
Tengo que actualizar la otra historia que tengo andando y ya casi está el capítulo. Dios, he tardado casi un año en actualizar. Lo siento realmente por quienes me leen, pero me ha costado salir de aquel bloqueo, pero ya va andando bien... eso creo.
También, tengo otro proyecto avanzado con esta misma pareja (ExT), pero quisiera trabajar un poco mejor toda la idea y tal vez pronto la comparta con uds.
Nuevamente agradezco a las personas que se tomaron la molestia de comentar, son lo máximo (más abajo respondo sus reviews)
Así que eso es todo por ahora. Háganme saber su opinión, realmente me interesa tener esta retro-alimentación.
Un abrazo.
Actualizaré la próxima semana, si todo va bien.
Au revoir.
marie: Espero que este capítulo te haya agradado. La premisa es más o menos lo que dices tú. Gracias por comentar. Te dejo un gran saludo.
Sul Ad Astral:Honestamente no tengo presupuestado que haya SS, tal vez un poco, pero no de forma protagonista. Si esto repercute en tener menos lectores, pues que así sea. Considero que será un historia un poco más oscura, así que veremos que tal se dan las cosas. Gracias por los saludos, para mí también es un gusto volver. Espero que te haya gustado este comienzo. Saludos.
Nozomi: ¿En serio me lees desde "Destino"? El otro día la releí y pese a que tiene ciertos errores le tengo un cariño especial por ser la primera historia que escribí. "Cliché" también está en mi corazón, he amado esa historia, casi tanto como la sensación del viento en la cara :). Y con respecto a Eriol en esta historia, tienes razón, no será un playboy, al contrario, me encanta que lo notarás tan rápido. Estaré esperando tu comentario de este capítulo. Gracias por tus palabras.
Guest: Te confieso que con el tiempo también se han convertido en la mía, aunque sigo shippeando a Shaoran y Sakura, eso siempre. Espero que la trama esté a la altura de tus exigencias. Muchas gracias por tomarte el tiempo de comentar.
Schammasch: No he tenido la fortuna de leer el fic que mencionas, quizás me dé a la tarea de buscarlo y leerlo. Por lo pronto, espero que este primer capítulo te haya gustado. Reconozco que el número de lectores de esta pareja no es comparable con los que leen fics con Sakura y Shaoran de Protagonistas, pero he tenido una especie de flechazo con esta pareja desde que terminé "Cliché" y creo que durará un buen tiempo. Así que si tener menos lectores es un precio a pagar, lo acepto. Gracias por lo ánimos y por comentar pese a lo poco que decía aquel prólogo. Un abrazo.
