Disclaimer: Los personajes pertenecen a CLAMP.

Capítulo II: Extorción consensuada

Eriol parpadeó repetidamente cuando ella soltó su nombre con total incredulidad. La transparencia de su mirada le permitió enterarse de lo sorpresivo que había sido para ella verle de ese modo. Seguro lucía como un vagabundo. Le sorprendió aquella sensación de vergüenza que nació en sí mismo, una veta un tanto vanidosa lo visitó y odio no estar presentable. Por primera vez, en mucho tiempo, le importó su apariencia. Tocó su barba con gesto ausente, conviniendo en aquel instante que se afeitaría a la primera oportunidad.

Estaba al tanto que su aspecto era, por decirlo suavemente: descuidado. Así que no podía sentirse ofendido por la conmoción que ella mostraba.

Tomoyo pareció recuperarse bastante rápido de aquella sorpresa, y recompuso su semblante, para sonreír con calidez.

—No puedo creer que nos encontremos de este modo —comentó ella con una mueca retraída—. Siento sorprenderme de esta manera —se disculpó—. Creo que el cabello largo le sienta bastante bien —continuó hablando a borbotones, como si no pudiese detenerse. Eriol pasó las manos por su cabello que no había visto una tijera desde el momento en que su vida se tornó tan desgraciada—. Sakura me comentó que usted había dejado de comunicarse con ella de un momento a otro, ha estado tratando de contactarlo desde entonces, está muy preocupada…

Eriol reprimió la culpabilidad que lo invadió masivamente. Decidió interrumpir el monólogo de la dama frente a él.

—Sí, respecto a eso… —intentó explicar, pero realmente no quería hacerlo. Podría haberle mentido a aquella muchacha, se las arreglaba bien con las excusas, pero se negaba a hacerlo, no había razón para ello si lograba distraerla. Así que se decantó por desviar la atención de la amiga de Sakura—. ¿Qué estás haciendo en Inglaterra?

Eriol notó la forma en que Tomoyo ocultó una sonrisa, dando cuenta que estaba al tanto de la estrategia de huida de él al cambiar de tema. Luego sonrió con más intensidad. Sonrisa que logró que el muchacho sintiera un agujero extraño en la boca del estómago. Hace mucho que no percibía tanta luz provenir de un ser humano.

—Estudiaré en este país.

El chico notó que no le mentía, pero intuyó que había otras razones que la habían llevado a ese lugar. En el fondo supo que ella le había contestado con una respuesta preparada, que no faltaba a la verdad. Claro, eso no quería decir que le mostrara el cuadro completo de sus intenciones.

Eriol estiró la boca en un gesto de desesperación, pues odiaba cuando no podía leer a las personas con la profundidad que quería. Aunque lo que más aborrecía, en aquel momento, era el interés que le provocaba saber sobre las reales razones de Daidouji para ir a esas tierras tan lejanas de su pueblo.

—¿Quiere ir a otro lugar? Me gustaría que platicásemos un poco más —propuso ella, sacando a Eriol de sus análisis.

Él puso su cerebro a trabajar para rechazar su ofrecimiento de la manera más caballerosa posible.

—Realmente, señorita Daidouji…

—No acepto un no por respuesta —interrumpió con un tono amenazantemente coqueto.

El cuerpo de Eriol no se rebeló ante la posibilidad de ir con la joven nipona a alguna parte. Vaya que hace mucho que algo no lograba conectarlo con su antiguo ser de naturaleza tan entrometida y fisgona. Ir con ella y platicar tal vez podría devolverle algo de su antigua esencia. Aquella que creía extinta y sepultada bajo toneladas de indiferencia. Esa de la que quería rehuir al costo que fuera y que había conseguido dominar y adormilar según sus deseos; de forma que le sorprendía el estar tan tentado a seguir a esa muchacha y satisfacer esa montaña de husmeadora curiosidad.

Cuando esa idea cruzó por su cabeza, fue su espíritu quien se opuso. Él ya no podía ser el mismo, porque ya todo carecía sentido para un alma herida. Era su deber permanecer fiel al firme deseo de perder todo rastro de agrado por seguir respirando. Todo debía darle igual, esto, lógicamente, incluía a la mujer que no dejaba de verle expectante.

Así que intentó retroceder a esa fascinación que le producía toda la claridad que mostraba esos posos azulinos de sus ojos.

—Lo siento, no puedo.

Él volteó para dejar de ser observado por los ojos intrigantes de Tomoyo, y no seguir viendo la decepción que repentinamente brotaron de ellos. Escuchó como ella suspiró.

—Bien. Le propongo un trato —Eriol volteó de nuevo y la observó con interrogación—. Deme treinta minutos, si luego de eso quiere marcharse no seguiré insistiendo y tampoco le diré a Sakura sobre su paradero…

Dejó flotando aquella advertencia en el aire, observándolo con indescifrable mirada.

—Es decir que, si no acepto este "trato", ¿usted va a decirle a Sakura dónde estoy?

No dejó que su rostro mostrara lo simpático que le parecía su tono extorsionador.

Algo muy similar a la culpa atravesó el semblante de la jovencita, cosa de la cual Eriol no estaba seguro, pues al instante siguiente ella había recompuesto su expresión en una de completa seguridad.

—Naturalmente —expuso sin quitar esa sonrisa de su blanco rostro. Su tono adquiría confianza a medida que su sonrisa se ensanchaba.

—Discúlpeme, señorita, pero eso no me parece un trato en absoluto. En estos lugares le llamamos chantaje.

—Tecnicismos —insistió ella, restándole importancia—. El punto es que aceptar mi oferta no puede hacerle daño alguno. ¿O es que acaso tiene miedo de mí? —expelió sin dejar de sonreír, con un dejo de inocencia juguetona.

Eriol correspondió la espléndida sonrisa que ella tenía, y al notar que estaba sonriéndole de vuelta, sin siquiera proponérselo, la idea de ir con ella comenzó a parecerle buena. La frescura de ella de pronto se le antojó como el empujón que necesitaba para poder salir del hoyo profundo y oscuro en el que se había sumergido su alma, pues, aunque una gran parte de él deseaba dejar de existir, había otra que se oponía con uñas y dientes. Sabía que ni siquiera debería aceptar, después de todo, podría escapar y ocultar su presencia mágica de quien quisiera, incluso de Sakura o de Shaoran, si fuera el caso. Por lo tanto, la amenaza de Tomoyo no era una que debiese preocuparle.

Y todavía así, quería seguirle el juego. Se sentía orillado a seguir aquel instinto. Ver qué podía ofrecerle aquellos treinta minutos en la compañía de la chica de cabello negro.

Era un ser de naturaleza curiosa. Al menos lo era antes. Y para ser francos, desde hace mucho que nada había logrado remover las rocas de férreo aislamiento que había puesto en torno a su propio ser.

Que aquella chica lo hubiese logrado le hacía respetarla un poco.

Ellos habían sido compañeros en la primaria y aun así sabía muy poco sobre aquella persona, la que repentinamente le parecía tan interesante. La que recordaba como la muchacha que siempre andaba junto con la nueva dueña de las cartas. Siempre le pareció curioso que ella quisiese grabarlo todo, en algunas ocasiones se preguntó que tanto haría ella con aquellas cintas. Tan sólo podía rememorar una conversación significativa, cuando le sorprendió lo observadora que podía ser esa pequeña niña.

Y por lo visto, aparte de ser muy observadora, también podía llegar a ser una manipuladora de primer nivel.

—¿Y qué pretendes con todo esto? —soltó la pregunta de sopetón.

La turbación pobló el rostro femenino por breves instantes. Aunque logró ocultarlo bastante rápido.

Eriol se resistió de aplaudir la capacidad de ella para esconder de forma tan categórica sus emociones. Estaba seguro que sería una acérrima rival en un juego de póker.

—Qué podamos ser amigos, no conozco a nadie en este lugar. Ha sido una señal el que nos encontráramos —respondió con sequedad—. Tal vez, podemos acompañarnos mutuamente en nuestra soledad —inspiró con fuerza y él notó la manera en que sus manos temblaron—. Ya que no sé realmente por qué tengo la sensación que ambos estamos siendo víctimas de demonios parecidos. Si quizás atravesamos ese desierto juntos nos será menos complejo.

La sinceridad de su discurso lo golpeó. Admitía abiertamente no estar pasando por una buena racha, eso no era algo común en las personas. Menos en alguien que conocías recién. Y esto lejos de molestarle, le agradó. Podía anotar otra característica de la amiga de Sakura: la honestidad cruda.

Lentamente el mapa de Tomoyo Daidouji comenzaba a dibujarse en su cabeza; soltó otro suspiro contenido. Muchas veces, aborrecía la facilidad que poseía para definir a las personas, porque eso implicaba que se aburría fácilmente de ellas. Las personas casi siempre eran tan simples y comunes que prefería por lejos la soledad. Pero con Tomoyo, esto no ocurría; mientras lograba aclarar y saber cuestiones sobre ella, el aburrimiento se alejaba a trompicones de él.

—Bien —murmuró fingiendo desgano—. Pero si en treinta minutos me aburro no puedes obligarme a seguir viéndote.

Ella dio un saltito y aplaudió levemente, reflejando en sus facciones una felicidad que sacudió al joven inglés.

—Vamos, no quiero que sigas tocando algo que sólo yo parezco oír —insistió ella, tuteándolo por primera vez.

Caminaron largos minutos en silencio, ella guiaba aquella extraña expedición y él miraba su espalda dos pasos por detrás.

¿Qué tanto se traía entre manos esa mujer?

Intentó aguantar la pregunta que tenía en la punta de la lengua, que insistía en querer salir de su boca.

Ciertamente quería que los treinta minutos pasaran pronto, sin que él llegase a interesarse realmente en nada de lo que ella pudiese ofrecerle. Pues, contrario a lo que creía la amiga de Sakura, él no estaba convencido que enfrentar sus demonios juntos lo hiciese más sencillo, todo lo opuesto. Estaba seguro que era una idea muy estúpida.

Pero, ¿quién era él para cambiar las ideas de las personas?

Dejaría que aquella muchacha se diera cuenta por sus propios medios lo insulso que resultaría entablar una amistad por la necesidad de no estar solos. Ella tenía mucho que aprender aún. Era joven e inexperta. Probablemente tenía un alma que no había convivido con el dolor como lo había hecho él. De modo que no la culpaba por intentar cubrir su soledad con una relación amistosa basada en la compañía mutua. Con el tiempo Tomoyo comprendería que la soledad no era la enemiga acérrima que solía espantar a las personas. La soledad podía ser una aliada generosa cuando sabías cómo enfrentarla.

—¿Por qué sonríes de forma tan rara?

La pregunta de Tomoyo lo sorprendió, así como su cercanía. No la había notado, aun cuando todavía era un mago poderoso, no había notado el momento en que ella se había detenido y se había acercado tanto.

Lo mismo había pasado en el bar mientras tocaba, él no había podido sentir su presencia hasta que ella tocó su hombro. En aquel momento lo atribuyó a su ensimismamiento tan característico que lo invadía cuando se entregaba al menester de tocar el piano. Pero ahora, mientras caminaba tras ella, había estado muy al tanto de cuanto ocurría a su alrededor, ¿por qué entonces no pudo notar sus movimientos?

Eriol concentró su mirada en la chica, que todavía aguardaba una respuesta, mirándolo con profunda curiosidad, casi con inquisidora insolencia.

—¿De forma rara? —balbuceó, rememorando su pregunta.

—Sí —afirmó la chica y volteó, alejándose unos cuantos pasos, para finalmente volver su vista donde él nuevamente—. Era una sonrisa irónica. Lógicamente que no era una de felicidad, sino que parecía ser una de apatía, y quise saber a qué se debía.

Ella le sonrió, haciendo que sus ojos adquirieran un brillante matizado.

Las facciones de Eriol adoptaron una postura de completa imperturbabilidad. ¿Desde cuándo sus expresiones podían comunicar tanto?

—Pensaba en lo idiota que es seguirte el jueguito —soltó abruptamente.

Se arrepintió casi al momento tras notar que los ojos de ella se apagaron y se dirigieron al suelo.

Una ráfaga de viento los envolvió, provocando que las ondas del cabello de Tomoyo bailaran acompasadas por las rachas de brisa.

—Hay un lugar que no está muy lejos de aquí, quería mostrártelo, es todo —explicó ella, siguiendo con sus ojos pegados al piso—. Pero, si no quieres venir, no voy a obligarte —ella se dio la vuelta, levantó su mano, como si se despidiera de él—. Fue bueno volver a saber de ti, Hiragizawa. Adiós.

Tomoyo se alejó de él.

Era la oportunidad perfecta para volver al delgado equilibrio que había construido para no enloquecer.

Ella ya le llevaba más de veinte pasos, ni siquiera había volteado o alterado su ritmo. Simplemente se alejaba de él, con ese paso tan elegante y altivo, casi etéreo. Algo se alteró en el interior del joven, de algún modo el sublime andar de Tomoyo era hipnótico y rodeado de un aura vedada. Como si ella fuese portadora de un sugestivo efecto que conseguía atraerlo aun cuando quería alejarse con todas sus fuerzas. Eriol se debatió sobre su siguiente acción. Era muy sencillo dar media vuelta y olvidar su encuentro con ella. Era tan sencillo que el no poder ejecutarlo consiguió molestarlo realmente. Rodó los ojos y casi refunfuñando acortó la distancia entre ellos.

¿Qué pasaba con él? ¿Por qué no hacía lo que se le venía en gana?

—Dije que te acompañaría y aún quedan veintitrés minutos —se aferró a la idea de que sólo iba con ella por aquella promesa que ella había logrado sonsacarle.

Tomoyo se encogió de hombros, como si el no dijese nada importante. Casi con indiferencia.

—Bien.

Fue todo lo que dijo y siguió caminando con su acompasada cadencia. Eriol siguió tras de ella y se permitió verla desde un punto de vista netamente masculino. Debía reconocer que era una muchacha preciosa, con una elegancia tan arraigada en su ser, que probablemente hasta vistiendo una bolsa de basura, parecería aristocrática y distinguida. Algo que sólo pueden lograr las personas que siempre lo han tenido todo.

Ella no volvió a hablar. Eriol se preguntó si ella estaría molesta, pero no estaba dispuesto a preguntárselo.

Al cabo de diez minutos se encontraban subiendo una colina, el camino era una estela delgada de tierra, que se encontraba rodeada de hierbas y malezas, de verdes nítidos. El sonido de los pajarillos, de los grillos y la inexistencia del ruido provocado por la ciudad; eran una cosa sofocante para Eriol. El ruido de los automóviles, de la gente, de las fábricas, siempre conseguía acallar sus propios pensamientos autodestructivos y de odio. En cambio, en la naturaleza, no existía ese refugio. Sólo estaban los demonios esperándolo. Y justo cuando estaba más propenso a abrazar la oscuridad de una vez por todas, la voz de Tomoyo resonó en sus oídos, dejando tras de sí una verdadera ola de vibraciones cálidas.

—A veces es abrumador escuchar esta paz.

—Lo es —admitió él, la voz salió tan asfixiada como se sentía su ser.

—Porque cuando nuestro entorno es pacífico, podemos darnos cuenta del caos que llevamos en el interior.

¿Acaso esa mujer era capaz de leer las mentes?

Por ciertos segundos se quedó plantado en su sitio, mientras ella seguía recorriendo la pendiente. Sopesando esa hipótesis con bastante seriedad.

—¿Estás muy cansado, Hiragizawa? —preguntó ella.

Eriol notó recién en ese momento que ella se había detenido y lo estaba observando con preocupación.

—No es eso. Tan solo me preguntaba… —no supo cómo seguir esa frase.

¿Acaso pretendía preguntarle si podía leerle la mente? ¿Estaba loco?

—No falta mucho —informó Tomoyo juguetonamente, mudando sorprendentemente rápido aquella monotonía que permanecía en su rostro hace instantes atrás—. Vamos, Hiragizawa, que según yo recuerdo eras un atleta de bastante buen nivel en la primaria —desafió ella, echándose a correr cuesta arriba—. Apuesto que puedo ganarte —gritó al viento.

Eriol extendió una sonrisa.

—¡Tramposa! Me llevas varios pasos de ventaja —explicó en medio de un jadeo, tratando de alcanzar a la chica esa.

Ella reía como una maniática, de forma constante y burlona. Haciendo que Eriol se esforzara al límite de su capacidad con tal de alcanzarla y no dejar que ella le pateara el trasero.

Llegaron juntos a la cima. Cada uno respiraba entrecortadamente.

—Lo logramos —musitó la chica, acomodando unos mechones de cabello tras su oreja.

Eriol todavía intentaba respirar con normalidad. Esa chica tenía mejor estado físico que él. Debía admitir eso.

Cuando logró alzar su mirada, vio como Tomoyo se iba a la orilla donde unas piedras enormes y planas que yacían enterradas en el suelo.

—Ven —invitó la chica—. Si te sientas aquí la vista es preciosa.

Eriol se acercó con cautela, sentándose al lado de Tomoyo.

A sus pies se extendía el mar con su inmensa majestuosidad. Y podía verse cierta parte de la ciudad a la izquierda. Una sensación sobrecogedora lo abordó.

Tomoyo tenía razón, la vista era bellísima.


Notas de la autora: Hola a todos quienes llegaron a terminar el capítulo. Estoy tratando de subir esto desde la mañana, pero la inestabilidad de mi conexión lo ha hecho un verdadero problema.

De a poco se va disolviendo algunas cosas de la historia, creo que es más evidente cada vez la tónica de la misma. Esta vez tuvimos un capítulo relatado desde la arista de Eriol, se pudo entender un poco todo lo que está viviendo (o sobreviviendo) el inglés que trae muerta a varias (obvio que a mí también). Quise reflejar la pelea consigo mismo al querer, y no querer, sucumbir a la personalidad avasallante de Tomoyo. Realmente amé escribir esa vulnerabilidad en él que intenta estar tan estoico.

Realmente estoy dándome a la tarea de avanzar lo máximo que puedo en toda la historia, quiero aclarar que no pretendo que ellos se gusten de inmediato y se desfoguen de alguna manera apasionada todos sus pesares...Espera, esa idea tampoco es del todo mala xD... Ya me dirán uds qué piensan de eso. Yo me decanto más por algo lento y significativo, peeeero hay otras alternativas. O tal vez una mezcla de ambas. Ya quién sabe, sólo las musas.

Nuevamente agradezco todos los comentarios, me han hecho muy feliz, así que no dejen de hacerlo en este.

Les dejo a cada uno de los que lee (aunque no comenten) un gran abrazo.

Au revoir

P.D.: Espero volver pronto, muy pronto con el up.


Respuestas a Reviews:

Schammasch: Siempre es un agrado leer tus reviews. Para ser honesta la interpretación que le diste al capítulo es incluso mejor que la que le di yo misma cuando lo escribí, pero al leerte es obvia aquella afinidad que describes como lo de tener algo en común. Porque sí, tienen mucho, demasiado en común. El tocaba música y, al parecer, sólo ella parecía poder descifrarla. En un principio, cuando pensé en este comienzo, había imaginado que Tomoyo le hablaba en ese mismo momento…sin embargo, cuando lo puse en perspectiva me parecía poco natural, por lo que quise que de cierto modo ella se obsesionara con encontrar nuevamente al pianista, desconociendo por completo su identidad. Espero que este capítulo, desde el punto de vista de Eriol te haya gustado también. Realmente estaré esperando que percibiste de él… Gracias por comentar.

Noir: He querido volver hace tiempo, luego de "Cliché" quedé muy, pero muy pegada con esta pareja. Si supieras cuantas historias a medio andar de estos dos tengo…uff; pero como siempre las malditas responsabilidades me lo había impedido. Y con respecto a un Eriol deprimido, pues… no tengo como negarlo, sí está deprimido y también enojado, todo lo que conlleva una pérdida como la que tuvo. Hubo momentos ExT, vamos, casi todo el capítulo, fueron ellos dos, aunque más de Eriol y sus pensamientos oscuros. Gracias por leer la historia y por comentarla. Dime, ¿qué te pareció este?

Nozomi: Yo también amé eso. Confieso que en un principio iba a escribir esa parte realizando un encuentro la primera vez, pero al pensarlo mejor creí que sería poco natural y relevante, en cambio, cuando ella insistió en verlo, de cierto modo se agregó mucha más significancia en su encuentro. ¡Y qué fuera alguien que ella ya conocía! Fue el broche de oro. Y tienes razón, el pasado capítulo fue el primero, fanfiction pone de forma automática los números desde el 1, por lo que hay un desfase :). Quisiera saber qué piensas de este capítulo, gracias por comentar.

Anneyk: He de decir que se han convertido en mi ship favorito desde hace meses, cuando terminé la historia anterior. Espero que este capítulo también te haya gustado. Dime tus percepciones.

Marie: Escribir a Tomoyo obsesionada es un deleite, de cierto modo ella sabía cuán especial era el sujeto del piano. ¡Si hasta soñó con él! No sé si se pudo profundizar mucho en la relación de ellos durante este capítulo, pero creo que será paulatino y ojalá natural lo que sea que llegue a pasar entre ellos. Gracias por comentar. No dejes de decirme qué te pareció este capi.

Yektenya: Sí, esto recién comienza, espero que siga siendo de tu agrado. ¿Dijiste drama? Entonces eres de las mías xD. Espero haber estado a la altura de tus expectativas. Saludos. Y muchas gracias por darte el tiempo de comentar.

Guest: Al parecer sí. No te mentiré, esto se viene con bastante drama :). Gracias por comentar.

monologue1012: Hola, muchas gracias por comentar. Pienso que algo tiene esta pareja (no-canon) que (nos) tiene a varios con el shippeo hasta el cielo. También me gustan las historias de estos dos personajes, por todo lo que puede hacerse con ellos. Me agrada que puedas inferir que, la suerte de fijación de ella, por ir al bar hasta encontrarse al pianista es un grito de ayuda que no puede vocalizar. Realmente ambos han pasado por lo suyo, así que de a poco iremos conociendo más. Saludos.

AlexBeatlemaniaca: Hola Alex, realmente creo que en esta historia la personalidad de Eriol, me refiero a su parte más misteriosa, está en mejor armonía con el canon del personaje original. Consideró que el gesto de Tomoyo sí tiene que ver con su evolucionada percepción, aunque según yo, ella no era consciente de que su espíritu ya había reconocido al tipo del piano. Gracias por darte el tiempo de comentar. Espero que no dejes de contarme qué tal percibiste este segundo capítulo.

Sul Ad Astral: Pretendo que no sea precipitado, sino que sea natural el curso que tomen las cosas, aunque tengo que ser sincera al confesar que no tengo tan definido cómo se darán los sucesos entre ellos. Así que estoy muy emocionada con el desafío de llevar a buen fin esto. Deseo que este capítulo te haya gustado. Gracias por tu comentario.

Lin Lu Lo Li: Muchas gracias, me pone feliz estar de regreso de nuevo, aunque quería haber regresado antes, porque me había empeñado en terminar la historia antes de subirla, pero descubrí que de ese modo podían pasar semanas sin siquiera escribir una palabra. En cambio, desde que publiqué he estado escribiendo mucho, adelantando esta, y otras, historias. También amó los SxS, pero los ExT tienen tanto para desarrollar y me importa muy poco que no sean canon, para eso están los ship je je je. Gracias por comentar, realmente espero que este segundo capi te haya agradado también.

16/11/2017