Dije que iba a dejar estas historias por el momento porque ya no tenía el éxtasis creativo... también dije que volver a ver la venganza de los Sith no era ningún riesgo para ese plan... Y ME EQUIVOQUÉ.


A la tierna edad de 5 años, Rey ya había vivido muchas cosas que la habían destrozado. Había tenido que vivir de la basura de gente que rebuscaba entre la basura. Había tenido que buscarse un hogar para ella sola. Había tenido que buscar agua en el inhóspito desierto de Jakku. Pero nada la había preparado para aquello. Para que aquello que formaba parte de las historias que habían creado sus pesadillas, fuera real y estuviera ante sus ojos.

El emperador había pensado que conseguir recuperar a su nieta iba a ser la parte difícil, que una vez la tuviera entre sus dedos podría moldearla como quisiera, aprovechándose de su juventud, podría conseguir aquello que no había podido hacer con su clon, conseguir una sucesora digna del futuro renacer del imperio. Había perdido a Maul… al conde Dooku e incluso a Vader, su mejor aprendiz. No podía permitirse un cuarto fracaso.

Había vuelto desde la tumba, como último avatar de los deseos de los Sith. Y ahora el pánico que tenía una chiquilla era su mayor obstáculo para lograr cumplir sus deseos y conseguir que el camino de los Sith prosperara. Aquella chiquilla necesitaba adiestrarse desde la niñez. No podía tolerar una espera si buscaba que alcanzase todo su potencial. No quería pararse a pensar en el resultado de postergar esos entrenamientos.

Lo había intentado varias veces, pero la muchacha se retraía, apartaba la mirada, no escuchaba sus indicaciones… no deseaba colaborar. Él montaba en cólera y ella se retraía incluso más. Pero los antiguos Sith no iban a permitir que un problema tan pequeño le impidiese concretar sus planes. Las máquinas se pusieron en marcha. Esta vez no para clonar al emperador de nuevo. La muestra estaba demasiado corrompida como para funcionar.

Pero disponían de otras muestras. Las había ido recolectando sibilinamente a lo largo de los años, de aquellos que le habían servido. Pero no podía escoger a cualquiera… El poder no era lo más importante en ese caso. Toda niña necesitaba una madre, una protectora. Alguien con rostro afable… que no provocase terror.

Eso limitaba bastante las opciones. Pero tras largas deliberaciones, el emperador finalmente tomó su decisión. Las maquinas estuvieron trabajando de forma ruidosa durante largas horas. Rey se acercó en silencio moviéndose entre las máquinas de aquellas enormes salas oscuras. No era la primera vez que se escurría para observar, pero sí la primera que descubría la maquinaria en funcionamiento.

Pudo observar el enorme vial y como, poco a poco, en su interior, comenzaba a gestarse una figura que iba adquiriendo forma humana. Estuvo allí horas, simplemente observando a la figura que flotaba entre aquel líquido anaranjado. Parecía tremendamente serena, sumida en un letargo absoluto. Rey no se movió hasta que escuchó el sonido de la maquinaria que sujetaba al emperador acercarse.

No sabía qué tramaba él, pero no quería estar en medio. Detestaba al anciano y sus intentos de aleccionarla. Fantaseaba con volver a Jakku. Tener sus necesidades cubiertas estaba bien, pero no dejaba de ser una prisión, oscura, húmeda siniestra y solitaria.

La cápsula se abrió, liberando una ingente cantidad de líquido naranja que se filtró a través de unas rejillas en el suelo. La figura femenina fue colocada con suavidad en el suelo. Su piel había adoptado su natural tono oscuro en los últimos minutos. Tosió sonoramente, sacando una gran cantidad de líquido de su interior. Cuando abrió los ojos, de un vivo color verde, se encontró sin fuerzas para incorporarse.

_ Identifícate. _ La voz del emperador pareció devolverla a la realidad.

_ Soy la Segunda hermana. Inquisidora del imperio.

_ ¿Quién es tu maestro?

Ella elevó la vista, topándose con los ojos libidos del emperador.

_ Fui entrenada por Darth Vader, señor. _ Musitó.

El emperador expresó una sonrisa mientras observaba a su última creación. Todo un éxito, a diferencia del decrépito cuerpo en el que él mismo tenía que verse forzado a habitar. La mujer ante él estaba en pleno uso de sus facultades mentales y físicas. Casi alcanzaba a envidiarla.

_ Vístete. Tienes trabajo pendiente. _ Le ordenó el emperador.

Rey había vuelto a su pequeño escondrijo. Apartada del resto de las salas de dicha construcción, se había construido un pequeño "nido" con unas mantas y las piezas que había estado robando de entre los desperdicios del hombre que la había secuestrado. Fantaseaba con la posibilidad de construir una nave y escapar.

Rara vez era molestada cuando estaba allí. Era consciente de que él y sus lacayos sabían donde estaba, pero no iban en su busca, ni tan siquiera cuando habían intentado aleccionarla. Por eso se puso tan tensa cuando escuchó aquellos pasos firmes en su dirección, tan distintos a la máquina de soporte vital del emperador y de los pasos erráticos de sus siervos.

Aún más llamó su atención que la persona en cuestión tocase en la puerta de aquella pequeña habitación en lugar de entrar sin permiso como siempre habían hecho los esbirros del emperador cuando la encontraban en otro de sus lugares predilectos.

_ No quiero ver al emperador. _ Se quejó, con su aguda voz. _ ¡No voy a salir de aquí!

Estaba hablando con más valor del que sentía. Sabía que no iban a hacerle caso, nunca se lo hacían, después de todo, ella no era nadie. Aún no sabía por qué la habían secuestrado siquiera… o por qué aquel anciano insistía en llamarla para intentar darle lecciones sobre aquel poder que para ella siempre había sido un cuento.

_ No he venido aquí a eso. _ Esa voz desconocida le llamó la atención. Era una voz femenina. _ Vengo a hablar contigo… y te he traído algo de comer. Tengo chucherías… ¿Seguro que no quieres?

Rey se quedó pensativa antes de decidirse a abrir la puerta. Cuando lo hizo, frente a ella vio un rostro que ya se le había hecho familiar. Era la mujer de la cápsula. Se había quedado con ganas de ver sus ojos. Y ahora la miraba con esos ojos verdes tan vivos. Sonreía, tenía unos dientes muy blancos. Rey llevaba meses sin ver a nadie sonreír, eso la animó más de lo que le gustaría admitir.

_ ¿Puedo pasar? _ Le preguntó. Rey asintió lentamente.

La mujer se sentó en el suelo, junto a sus cosas. Y dejó en el suelo la bandeja que llevaba consigo. Tal como le había prometido, había chucherías de toda clase. Rey no hizo preguntas, se abalanzó sobre la bandeja y cogió lo que tenía a su alcance, engullendo como una bestia ante la atenta mirada de la morena.

_ Veo que tenías hambre… _ Levantó la vista cuando la otra habló, sintiéndose repentinamente avergonzada. _ No te preocupes, come… es para ti, después de todo.

_ Soy Rey… _ Se presentó, entre bocado y bocado.

_ Y yo soy Trilla. _ Le dijo, alargando un poco la sonrisa. _ Es un placer conocerte.

_ ¿Qué haces aquí? _ Rey ya no temía preguntar. La querían viva, eso estaba claro. El resto ya empezaba a darle igual.

_ ¿Importa? _ Se apoyó en la pared, allí sentada, con una pierna extendida y la otra flexionada, elevando una ceja. _ Quiero ayudarte… Porque lo estás pasando mal.

_ La gente no hace nada sin esperar algo a cambio. _ Respondió Rey. Eso lo había aprendido a las malas.

_ Bueno, quizá quiera evitar que tu abuelo me convierta en polvo… como probablemente hará si no dejas que te enseñe un par de cosas. _ Entrecerró los ojos. _ ¿Soy egoísta por no querer morir?

_ No… _ Hablo en voz baja, con la boca llena. _ Nadie quiere morir. ¿El emperador … es mi abuelo?

_ Ha visto días mejores… _ Trilla se rio. _ Pero sí, es tu abuelo. Por eso quiere que aprendas… sobre la fuerza.

_ No me gusta lo que me quiere enseñar… es cruel. _ Susurró, bajando la mirada. _ Y sus historias me dan miedo…

Rey bajó la vista, avergonzada de su miedo. Trilla la tomó del mentón y le acarició la mejilla con delicadeza, limpiando sus lágrimas con cuidado.

_ ¿Yo te parezco cruel? _ Le preguntó, con delicadeza.

_ No… Eres la persona más agradable que he visto aquí… _ reconoció.

_ ¿Me darías una oportunidad? _ Le preguntó, acercándose para acariciarle el pelo, con delicadeza.

_ Está bien… _Respondió la niña, apartando la mirada.

_ Eres muy valiente para tu edad. _ Trilla la miró a los ojos. _ Esa es una gran cualidad.

_ Gracias…

_ Aunque algo glotona, si me lo permites. _ La morena se rio al ver la forma en la que la niña se sonrojaba.

Trilla se puso en pie al poco rato, con intención de marcharse, pero la joven Rey la tomó del brazo.

_ ¿Puedes quedarte? _ Le preguntó. _ No me gusta quedarme aquí sola… está oscuro.

_ Me quedaré contigo. _ Le confirmó. _ Pero antes debo informar al emperador. Es importante. ¿Qué te parece si vamos a la habitación que te han asignado? Estarás más cómoda.

Rey negó con la cabeza.

_ Allí van a buscarme los hombres del emperador… no quiero.

_ Te prometo que nadie te molestará. _ Se inclinó para quedar a su altura. _ Hazlo por mí, por favor.

_ Vale… _ Dijo Rey, aunque de mala gana.

Trilla se dirigió inmediatamente a la estancia del emperador, como dictaba la costumbre, se arrodilló y esperó que se le diese permiso para hablar.

_ Me ha aceptado, mi lord. _ Dijo, con la vista fija en el suelo.

En aquel instante, los ojos de la muchacha estaban apagados y fríos. Eran muy distintos a cómo Rey los veía. Era una mirada analítica y oscura. Se puso en posición firme ante la orden del emperador y le escuchó.

_ ¿Cuándo podré empezar a adiestrarla? _ Le preguntó él.

_ Temo que tendrá que esperar. Yo misma la introduciré a la fuerza, si me lo permite. Sé que mis conocimientos son limitados comparados con los suyos, pero… _ Mantuvo la vista baja. _ Creo que podría convencerla con tiempo para que quiera acceder a vuestro adiestramiento.

_ No es lo que planeaba. _ Masculló el emperador. _ Pero es más de lo que hemos conseguido de ella en los últimos meses. Ha hecho un gran trabajo, inquisidora. Sabré recompensarla.

_ Gracias, mi lord. _ Bajó la cabeza en señal de respeto.

Cuando Trilla acudió a la habitación de Rey, la encontró dormida en la cama, temblando. Con delicadeza, la tapó con la manta, que se le había escurrido, y se tumbó a su lado, tal como le había prometido. Rey amaneció abrazada a la inquisidora el día siguiente. Trilla llevaba un rato despierta, pero no se había movido para no despertarla. Su mente parecía estar muy lejos de allí, pues su mirada estaba perdida en el horizonte.

_ Buenos días. _ La saludó, al parecer volviendo de donde quiera que se encontrase. _ Tienes hambre.

Rey asintió con la cabeza, mirándola. Aún estaba inquieta. Se había pasado horas observándola el día anterior. Aquella mujer ocultaba un misterio que Rey aún no alcanzaba a comprender. Pensó que sería por su edad… demasiado joven para entender los pensamientos de una adulta.

Trilla trajo el desayuno. Rey no quería saber de dónde salían aquellos alimentos… quizá fuese mejor no preguntar. Después de todo, ella misma había comido gusanos que había sacado de la arena más de una vez. No era la persona apropiada para ponerse exquisita.

_ ¿Te ha hablado el emperador de la fuerza? _ Trilla interrumpió sus pensamientos, untando una tostada.

_ Sí… pero no entiendo… _ Lo cierto es que aunque las explicaciones de Darth Sidius eran muy competentes, Rey no le tenía simpatía como para querer comprenderlo.

Trilla movió ligeramente los dedos de su mano derecha… y la jarra de leche que había traído se elevó lentamente, se inclinó y llenó la taza que Rey tenía ante sí.

_ ¡Impresionante! _ Los ojos de Rey se abrieron como platos. _ ¿Cómo haces eso?

_ Con adiestramiento… y paciencia. _ Trilla sonrió. _ La fuerza escucha a aquellos a los que ha elegido.

_ El emperador dice que la fuerza es muy intensa en mí…

_ Es natural… _ Susurró Trilla. _ Está en tu sangre. Con tiempo… tú podrías hacer mucho más que elevar una jarra de leche. Si me dejas enseñarte.

_ Los viajeros cuentan historias… sobre gente que hace estas cosas… Los jedi… ¿Tú eres una de ellos?

_ No… aunque estuve a punto de serlo… _ Comentó Trilla con cierto pesar. _ Pero… fui adiestrada por alguien que fue jedi para convertirme en lo que soy ahora.

_ ¿Qué eres ahora?

_ Alguien que conoce la fuerza mejor que cualquier jedi… _ La miró fijamente, con brillo en sus ojos azules. _ Y que está dispuesta a enseñártelo todo…

_ Si sigo tus lecciones… ¿No tendré que volver a ver al emperador? _ Preguntó Rey, bajando la mirada.