Rey no podía olvidar el día en el que Trilla había sangrado su sable por ella. Se sentía avergonzada por ello. Nunca dejó de estarlo. Y quizá por eso se esforzó más que nunca a partir de entonces. Sentía que Trilla era condescendiente, que ya no le exigía tanto como antes. Así que fue ella la que empezó a marcarse límites que mejorar. Quería demostrarle a Trilla que podía ser mejor aprendiz. Estudió cada día, entrenó con el sable láser hasta el hartazgo.
Sus amigos de Naboo empezaron a distanciarse de ella. Incluso cuando estaba fuera, su mente seguía en su adiestramiento… Aún así, pasó mucho tiempo hasta que ocurrió algo que probablemente fuese un punto crítico en la vida de rey. El entrenamiento transcurrió como de costumbre. Trilla la había desafiado múltiples veces para probarla.
Rey ya había memorizado la forma en la que Trilla danzaba sobre el campo de batalla, la forma en la que embestía… la forma en la que usaba la fuerza para mover el suelo. Casi pudo verlo a cámara lenta. Adelantó su sable y golpeó a la empuñadura, provocando que Trilla aflojase su pinza. Adelantó la mano izquierda y el sable salió despedido. Antes de que Trilla reaccionara, le hizo la zancadilla y la arrojó al suelo, colocando el haz de su espada láser justo frente a su rostro.
Rey respiró con dificultad. Tardó un par de segundos en darse cuenta de lo que acababa de pasar. Su cerebro tardó en registrar que había vencido a Trilla. Habían pasado más de siete largos años desde que forjó su sable láser. Había invertido todo ese tiempo sólo en hundirse en lo más profundo de la fuerza… y aún así… aquella fue una sorpresa inesperada.
Se escuchó un aplauso, y rey sintió un escalofrío que le recorrió la espalda. Toda la concentración que había sentido durante el combate se había esfumado y ahora una estirpe de miedo había hecho que su columna se congestionase de puro temor. Hacía mucho tiempo que el emperador no se personaba en su presencia. Siempre había intuido que la estaba observando, notando sus ojos clavados en su nuca… pero no era lo mismo que estar en su presencia.
_ No podría estar mas orgulloso de mi estirpe… Querida Rey… tan joven… y ya con fuerza para derrotar a una inquisidora. _ El monarca emergió de entre las sombras. _ Han sido doce años de entrenamiento bien aprovechado… Pero Trilla ya no tiene nada que enseñarte.
Rey quiso decir algo, pero no le salieron las palabras. Quería decir que eso no era cierto, pero en su fuero interno… estaba casi segura de que lo era. El emperador le impedía mentir.
_ Acaba con ella. _ Le ordenó.
_ ¿Qué? _ Rey se estremeció.
_ Ya no tiene nada más que enseñarte… ya no nos es útil… mátala y avanza al siguiente paso de tu entrenamiento. Acepta el lado oscuro en tu corazón, mi querida nieta.
_ Yo acepto el lado oscuro en mi corazón… _ Apagó el sable láser. _ Pero no por ello voy a matarla. Es mi más leal aliada y mi mentora.
_ Esa simpatía apesta a debilidad… La compasión no es propia de un Sith. _ La reprendió su abuelo. _ Has aprendido mucho, pero aun te queda mucho más por aprender.
_ Tenía entendido que un Sith no tenía que dejarse guiar por lo que otros le dijeran. _ Le miró fijamente. _ Si no recuerdo mal, las palabras exactas que siempre me habéis inculcado… La paz es una mentira, solo hay pasión. Con la pasión, obtengo fuerza. Con la fuerza, obtengo poder. Con el poder, obtengo victoria. Con la victoria, mis cadenas se rompen. La Fuerza me liberará.
_ Que hayas memorizado esas palabras no significa que entiendas su significado, muchacha.
_ Lo que entiendo es que es mi pasión por la que he de guiarme, y mis pasiones me dicen que si vuelves a ordenarme algo parecido eres tú el que va a acabar muerto. _ Los ojos de Rey brillaban.
El emperador se rio, con una risa aguda y estridente.
_ Cuanto odio… un odio muy intenso… me satisface por ahora, Rey. Abrázate a ese odio… Y Trilla vivirá… por ahora. _ Extendió su sonrisa. _ Pero en cualquier caso… tu entrenamiento con la inquisidora ha terminado… y con ello… el regalo que le otorgué.
El emperador extendió las manos, y un relámpago golpeó a Trilla, arrojándola al extremo de la habitación. Rey corrió en su dirección, comprobando que aún respiraba.
_ A partir de mañana yo mismo te adiestraré… te haré comprender el verdadero alcance del lado oscuro, Rey… a partir de mañana se te prepara para ser una auténtica emperatriz.
Rey tomó a Trilla en brazos y la llevó a su habitación. Dejándola con delicadeza sobre las sábanas. La mujer tardó un buen rato en despertarse, presa de un sueño profundo. Cuando lo hizo, parecía encontrarse bien, pero eso no cambió el hecho de que Rey estaba preocupada.
_ Él habló sobre un regalo… que te ha quitado… ¿De qué se trata?
_ Bueno… es una tontería… él… me congeló en el tiempo… para que no envejeciera mientras te entrenaba. _ Se encogió de hombros. _ Tampoco es que quieras vivir para siempre…
_ Y…
_ ¿Qué edad tengo? Creía que tus amigos de Naboo te habrían dicho que no se le pregunta la edad a una señorita. _ Negó con la cabeza. _ Es de mala educación… Pero digamos que… veinte.
Rey se quedó un momento en silencio, dejando que eso calara en ella. Veinte años… apenas tres más que ella en aquel instante. De repente se sintió muy mayor. La primera vez que puso un pie en aquella estancia era una niña asustada. Trilla no había cambiado, y tampoco lo había hecho Palpatine… pero ella sí. Día a día, el tiempo había hecho mella en ella.
_ Te has convertido en toda una mujer…
_ ¿Estas leyendo mis pensamientos otra vez? _ Alzó una ceja.
_ No me hace falta… te conozco mejor que tú misma. _ Susurró Trilla. _ Y no te equivocas… parece que fue ayer cuando conseguí que me escucharas con unas cuantas chuches…
Trilla bajó la mirada y sonrió.
_ Siempre supe que tarde o temprano te pediría que me mataras… _ Suspiró.
Rey le cogió la mano y le acarició los dedos con delicadeza.
_ Yo jamás te haría daño… _ suspiró. _ Eres lo más parecido a una madre que he tenido.
_ Rey… _ Desvió la mirada a sus ojos. _ Prométeme algo, ¿Quieres?
_ Lo que sea…
_ Nunca pierdas tu compasión… _ Lo dijo en voz baja, como si le asustara que la oyeran. _ Tu abuelo te dirá que te hace débil… que no es el camino de un Sith… y no se equivoca… pero si la conservas…
Rey tragó saliva, apretando ligeramente la mano ajena.
_ Estoy segura de que serás mejor emperatriz de lo que él ha sido… La gente que te sigue por miedo… nunca te sigue de verdad…
En ese momento Trilla apartó la mirada y la perdió en el infinito, pensativa. Rey también bajó la mirada. Estaba nerviosa por su inminente clase con el emperador. Sabía que no iba a ser como las clases con Trilla. Aquel hombre quería arrancarle el alma y quedarse con lo que quedase después. Y ella seguía sintiéndose como una niña.
Pero el emperador no acudió al día siguiente como le había dicho, como si quisiera hacerse esperar. Lo que sí hizo fue enviar a Trilla a otra misión. Volvió a dejarla sola en aquella enorme pirámide. Rey no estaba sola desde sus primeros días allí. Y una intensa sensación de claustrofobia se había apoderado de ella. Hacía tiempo que había perdido el miedo a estar sola. Pero ahora volvía, clavándose en lo más profundo de su anatomía como un puñal.
Había aprendido a dar a Trilla por sentada… a contar siempre con ella, a contarle sus problemas… y ahora no estaba. Los días se iban sucediendo uno detrás de otro, y lo cierto es que empezaba a desesperarse. Incluso preferiría que el emperador abandonase su hermetismo y empezase sus lecciones para torturarla. Aunque no le extrañaba que aquello en sí mismo fuese una lección.
Así mismo lo racionalizó. Su abuelo quería poner a prueba su resistencia mental, ver cómo se quebraba y finalmente le rogase que la enseñara… y demostrarle que había sido débil al depender de Trilla de aquella manera. Ella también era una aspirante a Sith. No le faltaban razones para creer en esa teoría. Y por ello no se rindió. Siguió esperando, practicando sola con su sable láser, repasando sus lecciones sobre la fuerza. Rey no tenía nada más en su vida.
Acababa de terminar con su entramiento físico, y estaba meditando… cuando notó una perturbación en la fuerza. Rey abrió los ojos rápidamente, se cayó al suelo, abandonado la levitación en la que se encontraba. Notó cómo se le encogía el corazón.
_ Trilla…
Trilla estaba en peligro. No sabía dónde, ni sabía por qué, pero había sentido que lo estaba pasando mal. Un impulso se había adueñado de ella y se dirigió directamente a las naves, ignorando como era ya su costumbre a los siervos del emperador, pero estos se pusieron en su camino. El sonido de la maquinaria de respiración asistida del mismo, le indicó su propia presencia.
_ No recuerdo haberte dicho que salgas a ninguna parte. _ Habló con su voz áspera y cavernosa.
_ Trilla está en problemas. Voy a ayudarla. _ Le dijo, pragmática. _ Hace años que estoy aquí por propia voluntad. No me obligues a recordarte que puedo irme si quiero.
_ Eso has querido creerte… Rey… _ El emperador rio. _ ¿Sabes siquiera dónde está Trilla?
_ La encontraré. La fuerza me guiará. _ Colocó el sable láser ante sí, enciendo el brillante haz rojo. _ No te metas en mi camino.
El emperador sonreía ante el vivo odio que veía en los ojos de su nieta. Con un poco más de tiempo… estaría lista para cumplir su objetivo. Para reclamar el trono que le pertenecía por derecho de nacimiento.
_ Tu querida inquisidora… _ Escupió las palabras. _ Está Ilum… ayudando a la primera orden con los últimos preparativos del Star Killer.
Los esbirros se apartaron y Rey se encaminó hacia la nave, escuchando aquella risa fría mientras su abuelo se retiraba. Rey recordaba con precisión la última vez que había estado allí. Había sido el día en que había conseguido su cristal Kyber.
Había pasado muchísimo tiempo y, aun así, era uno de esos días que recordaba con completa nitidez. Pero las circunstancias eran muy distintas a como lo habían sido en su primera visita. La primera orden estaba siendo atacada. La nueva república… siempre inmiscuyéndose en sus planes, siempre estorbando. Causando que tuviera que ocultar su verdadera identidad en Naboo.
Aterrizó entre el fuego enemigo, desviando los disparos con la fuerza. El sable láser desplegado, amenazadora. Debía encontrar a Trilla, era lo más importante. Los soldados de asalto la cubrían mientras avanzaba hacia dónde le indicaban que estaba. La encontró en primera línea, con el casco puesto… estaba luchando cuerpo a cuerpo.
Se estremeció al ver que su adversario también llevaba un sable de luz… de un vivo color verde. Se trataba de un Jedi. Hubo un instante en el que Rey dudó, pero cuando vio a Trilla salir despedida en dirección opuesta a su adversario… la ira hizo presa de ella. Con el sable en mano, se lanzó contra el hombre, bloqueando su sable láser.
_ ¡Déjala en paz! _ Le gritó.
Los sables chocaron. Rey atacaba con furia, impelida por su deseo de proteger a Trilla… apenas se movía… si le había pasado algo grave… si aquel desgraciado había osado herirla de gravedad… no se lo perdonaría. La técnica del Jedi era depurada. Era mayor que ella, probablemente con más adiestramiento.
_ ¡Rey! _ Trilla se puso en pie. _ Retírate… está por encima de tus capacidades.
_ Deberías hacer caso a tu amiga… _ El jedi dio un par de pasos atrás, manteniendo la espada alzada. _ No quisiera herir a una niña.
_ ¡Yo no soy ninguna niña! ¡No sé quién te crees que eres para decirme eso!
_ Soy Ben Solo. Caballero Jedi de la república. Así que te lo diré por última vez… retírate…etírate…/span/p
