Wow... este ha sido largo, pero merece la pena, de verdad.
El pulso de Rey estaba disparado. Había entrando muchas veces enfrentándose a Trilla, pero nunca había tenido un duelo real contra otro usuario de un sable láser. Por otro lado… estaba dominada por la ira. Ese hombre había atacado a Trilla… quizá la habría matado si ella no hubiera aparecido. Podía imaginarse a Trilla, tumbada en el suelo, con los ojos sin vida… y un escalofrío oscuro le recorría la columna.
Así que no aceptó la petición. Se lanzó sobre Ben, encendiendo los dos lados de su sable. Creía que tener esa característica, que el sable de Ben no parecía poseer, le daría ventaja. Pero Ben tenía diez años más de práctica que ella… y la forma en la que movía ese sable, superaba sus conocimientos.
El aire era gélido, la ropa se pegaba a su piel, que estaba enrojecida. Mientras los haces de luz continuaban chocando, Ben parecía intentar sin demasiado éxito que rey detuviera su ataque.
_ ¡Ya basta! No puedes vencerme. _ Le espetó, embistiendo en su contra. Las armas chocaron con fuerza.
Rey tenia la mirada embravecida. Ben trataba de mantenerse sereno, pero aquella muchacha no se rendía. Rey se movía como una bestia enfurecida, supliendo su falta de técnica con un entusiasmo que el Jedi no parecía compartir. Pero la experiencia era un grado…
Y Ben fue capaz de ver un momento en que Rey se despistó. Con un gesto de la mano, el sable de Rey se separó de su mano. La muchacha adelantó la mano tratando de recuperarlo. El Jedi hizo lo propio. El arma, tras apagarse, empezó a hacer cabriolas mientras se movía entre los dos. Empezó a nevar intensamente mientras ambos contendientes se concentraban con todas sus fuerzas.
Rey fue la primera en ceder… y el sable acabó en las manos de Ben. Pero la joven estaba lejos de rendirse. Se arrojó sobre él, usando las manos, golpeándolo. Ben se colocó encima de ella y la presionó con los brazos.
_ Por última vez… ríndete. _ Le espetó.
_ Trilla tenía razón sobre vosotros, los Jedi. _ Rey sonrió. _ No tenéis lo que hay que tener para dar el golpe de gracia… y siempre… jugáis limpio.
Ben notó cómo Rey le ponía las manos sobre el estómago… parecía un gesto inofensivo… hasta que lo escuchó. El sonido de un haz láser al emitirse… la quemazón atravesándole el estómago. El Jedi emitió un gruñido y se apartó, dejándose caer por la nieve.
Se quedó contemplando a la figura ante él, mientras la muchacha se ponía en pie. Se había confiado. Había pensado que sin su sable láser estaba desarmada… se equivocaba, como demostraban los dos cortes profundos que atravesaban sus intestinos. Aún le costaba comprenderlo cuando alzó la vista y lo vio. De la parte interna de los antebrazos surgían dos pequeñas hojas láser… de un intenso color rojo.
Bajo el tenue brillo de la nieve, la imagen de la joven resultaba aterradora. Aquellos dos lásers emergiendo de los brazales que cubrían sus muñecas como dos fauces ensangrentadas… sus ojos teñidos por ese mismo reflejo. Ben tragó saliva y finalmente fue él quien tuvo que retirarse, afligido por sus heridas. Rey recuperó su sable láser después de apagar las hojas de sus muñecas y se acercó a Trilla, ayudándola a ponerse en pie.
_ Nos vamos… _ Le dijo, mirándola fijamente.
_ El emperador me ha ordenado que…
_ Me importa un bledo lo que te haya ordenado. _ Le espetó Rey. _ Vas a volver a casa conmigo.
_ Rey, yo no puedo… _ Bajó la mirada.
_ Si te pasara algo… no sé qué haría. Perdería el norte… No voy a permitir que mueras, Trilla. _ La miró fijamente a los ojos. _ Así que me da igual si tengo que matar al emperador en persona… O si tengo que someterme a su ira. Tú vas a vivir.
Trilla asintió en silencio, no se habría atrevido a contradecir a Rey en ese estado. Había tanta fuerza en sus palabras que dudaba que fueran muchos los que se atrevieran a hacerlo.
_ Veo que has sacado partido de todo el cristal… siempre tuve curiosidad por saber qué harías con los trozos más pequeños… _ Murmuró Trilla, mientras seguía a Rey hasta su nave. _ Debo admitir que tu genio aún me sorprende.
_ Pero no fue suficiente… _ masculló Rey. _ El emperador tiene razón. No soy lo bastante fuerte.
_ Rey, aún eres una aprendiza. _ Trilla entraba en la nave, mirándola. _ Él es un Jedi plenamente entrenado… y además…
_ La Sangre de Skywalker corre por sus venas… _ Trilla bajó la mirada. _ La fuerza es muy intensa en su familia… tanto como en la tuya, Rey. No debes enfrentarte a Ben Solo aún.
_ Pero…
_ No, Rey… escúchame. Esta vez le has pillado por sorpresa… Pero no debes enfrentarte a Ben antes de completar tu entrenamiento. Conozco ese brillo en tu mirada, sé lo que estás pensando… olvídalo.
_ Él trató de matarte… tiene que morir. _ Gruñó ella.
_ Y lo hará… a su debido tiempo. _ Trilla cerró las puertas de la nave cuando Rey las atravesó, y la rodeó con los brazos. _ Pero no pienses sólo en eso…
Pero una parte de Rey estaba emocionada. Había superado a Trilla… y ahora se colocaba ante ella un nuevo escalón que superar… un nuevo Rival a batir. Y un primitivo instinto de superación en su interior estaba contento. Mientras tuviera un rival, tendría un buen motivo para seguir practicando.
El viaje de vuelta fue silencioso. Trilla pilotaba, y Rey se encontraba en su asiento, callada. Aunque hubiera triunfado, la victoria había sido agridulce. Desconocía el resultado del asalto a la base Starkiller, o si aquel Jedi habría podido seguir combatiendo. Habían huido como ratas. Rey lo detestaba. No había entrenado durante tanto tiempo para seguir comportándose como una cobarde.
_ Oh… y gracias… _ Susurró Trilla, sacándola de sus pensamientos.
Rey le devolvió la mirada, confusa ante sus palabras.
_ Por salvarme… no creo que lo hubiese contado de no ser por ti. _ Reconoció la inquisidora. _ No estaba preparada… Esos años me han ablandado. Ya no soy tan fría como solía ser. Pienso más en las cosas que antes…
_ Lo importante es que estás a salvo. _ murmuró Rey, con una leve sonrisa.
Mientras bajaba la mirada, se decía que al menos lo importante había salido bien, que podía contar con volver a ver a su mejor amiga con vida. Palpatine no parecía particularmente conforme con sus resultados, pero a Rey no le importaba. Después de todo, como supo desde el primer día… si la quisiera muerta, la habría matado él mismo.
_ Hice lo que tenía que hacer. Salvé a Trilla. _ Se cruzó de brazos. _ Puedes ahorrarte el sermón, no me importa.
_ Has permitido que un caballero Jedi conozca tu existencia, chiquilla. _ La señaló con uno de sus carcomidos dedos. _ Ahora estamos en más peligro del que hemos estado nunca. Y es todo por tu causa.
_ ¿Y qué hay de la tapadera que creaste, de Snoke? ¿No debería él cubrirnos?
_ Subestimas la inteligencia de los Jedi… son astutos, y están preparados. Ahora tendré que precipitar tu entrenamiento. Tienes que estar preparada para cuando Solo te encuentre.
_ Empezarlo, querrás decir. _ Bufó Rey. _ ¿Qué quieres que haga?
Ya no le tenía ningún miedo al emperador. Había sido sustituido por un profundo odio y una falta total del más mínimo respeto.
_ Quiero ver cómo trabajas sobre el terreno. Esta vez sin meteduras de mata. Un pequeño pelotón de soldados ha desertado. Quiero que los encuentres y los elimines.
_ ¿Sólo eso? ¿No pueden hacerlo tus títeres de la primera orden?
_ Claro que podrían, pero quiero evaluar tu discreción. _ Masculló. _ Intenta que esta vez no te vea ningún caballero Jedi.
_ ¿Por dónde empiezo? _ Preguntó, evitando responder a su insinuación.
Aquello pareció divertirle.
_ Jakku…
Rey puso los ojos en blanco.
_ Claro… por qué no.
Se acercó a los aposentos de Trilla y la encontró sentada en la cama, leyendo, parecía muy concentrada, sumida en sus pensamientos, pero a Rey no le importó toser para interrumpirla. Ella alzó la vista y la miró a los ojos.
_ Te doy un crédito por tus pensamientos. _ Sonrió, mirándola.
_ El emperador me ha encargado una misión… dice que quiere comprobar mi… capacidad para ser discreta.
_ Eso nunca se te ha dado bien… aunque esas hojas láser que has fabricado… parecen útiles para eso. _ Trilla sonrió, mirándola. _ Seguro que te apañaras. Tu inventiva no te la he enseñado yo… mucho menos el emperador. Eso es tuyo… sácale partido.
_ Gracias… Lo intentaré. _ La miró a los ojos. _ Trilla…
_ ¿Sí?
_ Nada… no importa.
Rey bajó la mirada, dándole la espalda. Había estado a punto de hablar de más. No vio cómo la morena se levantaba y se quedaba observándola marchar. Se subió a su nave y se dirigió hacia Jakku. Aterrizó sobre la arena, junto al que fuera su hogar durante los primeros años de su vida.
Odiaba aquel lugar. Odiaba aquel destructor abandonado… odiaba la arena… odiaba recordar cómo había rebuscado en la basura para sobrevivir. Odiaba a sus padres por haberse dejado coger. Odiaba. Rey odiaba con mucha intensidad. En eso el emperador no se equivocaba.
Ataviada con una túnica del color de arena, con el rostro cubierto por una capucha, resultaba complicado divisarla. Quería acabar cuanto antes. Cada segundo que pasaba sobre aquel planeta la enfermaba. Por otro lado, precisamente por eso lo conocía tan bien.
Se sorprendió al darse cuenta de cómo distancias que a sus piernas de niña le parecían terribles, a su nueva forma le resultaban perfectamente practicables. Tuvo suerte de que no la reconocieran mientras llegaba al mercado. Allí fue donde permaneció, en silencio, buscando un cuchicheo, una palabra entre la multitud. Con los ojos cerrados, centrada en la fuerza.
Jakku no era como Naboo… escasas eran las voces que interferían en su búsqueda. Y la diferencia en su capacidad con la de aquel primer acercamiento, también era abismal. Rey pudo escuchar atentamente a dos hombres hablando.
_ Sí… te juro que he visto a tres soldados de la primera orden patrullando entre las dunas… a quinientos metros de aquí.
_ No digas tonterías… los soldados no vienen a Jakku desde la gran batalla, y de eso hace una eternidad. _ Le respondía el otro. _ Sólo lo dices porque allí hay buena chatarra y la quieres para ti.
_ Escúchame, ahí ya no queda nada. Sólo fuego de blaster de su parte.
Rey no quiso seguir escuchando. Ya tenía lo que tanto ansiaba. La preciada información. Había permanecido apoyada contra la pared, tan rígida como una estatua. Tanto, que cuando se movió, causó que alguno tuviera un espasmo. Pero no le impidieron abandonarlo y mezclarse entre las dunas. Prefirió renunciar a usar un speeder para evitar que la vieran venir.
Fue una larga caminata hasta poder divisar a los soldados de asalto. Resultaba imposible no distinguir el blanco de sus armaduras entre el color de la arena. Se sintió orgullosa de haber decidido abandonar el negro para aclimatarse mejor a los colores del desierto. Cubierta por la capucha, se acercó en silencio. El chatarrero había mentido a su amigo… sí que había restos, de una vieja nave rebelde, probablemente restos de la batalla que mencionó él mismo. Antes de que Rey hubiera nacido.
Trepó por la superficie de la forma más silenciosa que pudo. Los chisporroteos de algunas partes de la nave, cuando los rozó, provocaron que los soldados se girasen. Rey se aferró a la superficie, conteniendo la respiración. Pudo sentir el blaster apuntando muy cerca de donde se encontraba… pero no se movió ni un músculo.
Cuando finalmente se giró, la muchacha expulsó el aliento y siguió trepando hasta situarse sobre los soldados. Apenas había tres, sentados junto a una hoguera.
_ Ya hemos llegado hasta aquí… ¿Y ahora?
_ Ahora… nos queda esperar. _ Dijo uno de ellos, que estaba centrado en el fuego que compartían. _ Al siguiente paso.
Rey se deslizó desde los restos del fuselaje de la nave. Su capa produjo un sonido ondulante cuando cortó el aire. Un pequeño espasmo que rompió el silencio justo antes de que el ruido de las dos hojas láser terminara de quebrar la quietud.
Un intento de volverse… un grito, y la armadura de los dos soldados fue atravesada por los candentes filos enrojecidos. El tercer hombre se incorporó, incapaz de sostener su blaster. Cuando parecía que había conseguido sujetarlo, salió despedido con un cabeceo de su adversaria, que, tras apagar las hojas, desenfundó el sable láser, iluminando aquella estepa desértica con su brillo rojizo.
_ Por favor… _ El soldado se dejó caer sobre sus rodillas. _ Por favor, no me mates…
_ ¿Por qué tendría que tener piedad con un desertor? _ Le espetó Rey, bajándose la capucha.
_ ¿Desertor? Estoy aquí por orden del líder supremo Snoke… _ Le temblaba la voz.
_ ¿Cómo? _ Rey alzó la voz, tensa. _ Demuéstralo.
El soldado buscó con inquietud entre los bolsillos de su cinturón, y le tendió a Rey una tarjeta.
_ Está todo ahí… lo prometo. El líder supremo nos ordeno que viniésemos aquí y esperásemos nuevas órdenes.
_ ¿No te pareció extraño que os mandara a los tres solos? _ Le preguntó.
_ Sí, pero… cumplimos órdenes. Es lo que siempre hacemos.
_ Debe ser cómodo no tener que pensar por uno mismo… cómodo y terriblemente aburrido. _ Murmuró Rey, entre dientes. _ ¿Cuál es tu número de serie?
_ FN-2187_ Murmuró en voz baja.
_ Muy bien, 2187… esto es lo que vas a hacer. Vas a volver a la base y no le dirás a nadie que me has visto… Yo hablaré con Snoke.
_ De acuerdo… _ Murmuró el soldado.
Rey tuvo que llegar a su nave para confirmar sus sospechas. Pero, efectivamente, 2187 no le había mentido, las órdenes de Snoke estaban claras, y él había obedecido. No había ningún desertor en aquella cuadrilla. Rey se encaminó de nuevo hacia Excegol.
No encontró a Trilla en su camino. Y fue mejor así, porque quizá ella habría tenido que soportar parte de la ira que en ese momento Rey estaba sintiendo. Y ella deseaba enfocarla como un láser hacia su verdadero objetivo.
El emperador parecía estar esperándola, solo en aquella enorme sala del trono… todo lo solo que se podía estar con todos aquellos espíritus Sith contemplándoles. Pero Rey no le dio mayor importancia.
_ Veo que llegas pronto, Rey… _ El emperador se sonrió. _ ¿Has cumplido ya tu misión?
_ La habría cumplido… si la misión hubiera consistido en aquello que me pediste. _ Le respondió, gritando. _ ¿Cómo espera ganar esta guerra si no hace más que enviarme a asesinar a nuestros propios aliados, Maestro?
Añadió tanta ironía a la última palabra que habría sido imposible no percatarse de ella. Rey estaba dominada por la ira… y su entrenamiento lo dejaba muy claro… debía dejarse llevar por ella, y eso era lo que estaba haciendo.
_ Sabes… Todo el mundo te temía… incluso Trilla te teme, pero yo lo único que he visto es a un viejo decrépito y amargado que me necesita para poder cumplir sus planes. _ Cada vez hablaba más alto. _ No eres nada sin mí… o sin Trilla… Todo aquello que haces viene detrás de todas esas marionetas que has creado. Pero tú sólo… ¡No eres nadie!
Rey desenfundó el sable láser y lo encendió. Palpatine había cometido demasiadas afrentas para con ella. Aquel día había matado a dos soldados sin razón… había tenido que ir a Jakku sólo por el capricho de aquel hombre… el mismo que había enviado a Trilla al Star Killer… el mismo que le había ordenado que la matara.
_ ¿Nadie? _ Emitió una risa estridente. _ Yo soy el senado… yo soy el imperio. Sin mí, ridícula chiquilla, no existirías… Si no hubiera intervenido, no quiero imaginar en la patética criatura que te habrías convertido. Y tú… Que no eres más que una mota de polvo en el vasto universo… ¿Te atreves a decirme que no soy nadie?
El sable de luz de Rey salió despedido de sus manos, cayendo al vacío. La propia Rey fue lanzada, deslizándose por el suelo. Aferrándose con las uñas hasta dejarlas en carne viva para no caer. Pero se puso en pie, sin perder sus ansias de desafío.
_ Si no fuera nadie… no te habrías molestado en traerme aquí. _ Le gritó, alzando la mano.
Rey nunca había dependido tanto de la fuerza como en aquel momento. Se concentró en toda su ira, en todo su miedo… pero en especial. En el odio… el profundo odio que sentía hacia aquel hombre… que la había convertido en una herramienta… que la había torturado durante años… Que la había engañado.
Y eso fue lo que consiguió que lo separara de la máquina de soporte vital, y lo dejase en el suelo, debatiéndose por sobrevivir.
_ Debiste pensártelo antes de dejar a Trilla en peligro y engañarme. _ Le gritó a pleno pulmón.
Aquella risa… aquella sí que la asustó. El emperador sí que parecía encontrar aquello divertido.
_ Trilla… no dejas de hablar de esa mujer… ¿Acaso crees que le importas de verdad? Ella sólo te tiene afecto porque yo la obligué a sentirlo. _ Tosió entre sus risas. _ No es real.
_ ¡No! _ Gritó Rey, aferrando aquel guiñapo y obligándole a ponerse en pie. _ Eso es imposible.
_ Puedes negártelo cuanto quieras… pero en el fondo sabes… que soy muy capaz de hacerlo… ¿Por qué iba una inquisidora imperial a preocuparse por ti? Su trabajo es matar niños sensibles a la fuerza… no asegurar su bienestar.
_ ¡Cállate!
Rey empujó la mano derecha contra su estómago y la hoja láser, sobrecargada, emergió de su espalda. Palpatine empezó a emitir un gruñido inteligible antes de caer al suelo. Rey se avalanzó sobre él, extendiendo los brazos, con ambas hojas encendidas, dispuesta a lanzar el golpe de gracia.
_ Y sólo ahora… te has convertido en una verdadera Sith… _ Concluyó el emperador antes de dejar el mundo de los vivos.
