El silencio había dominado por completo el planeta en pleno. Trilla se vio a sí misma completamente sola mientras se desplazaba por aquellos corredores. Sólo el sonido de sus pasos y su respiración en el ambiente llenaba el aire mientras la mujer se desplazaba en absoluto silencio en aquella oscuridad total. No sin cierta reticencia, desenfundó su sable láser e iluminó el camino con el resplandor rojizo que este producía. Aún así, resultaba difícil ver entre aquellas tinieblas. Sus pasos la llevaron a la sala del trono. La sala aparecía silenciosa.
Trilla estaba asustada, tenía un terrible presentimiento. Ese presentimiento no hizo si no empeorar cuando el resplandor del sable de Rey, tras encenderse, mostró a la joven sentada en el trono. Trilla se sintió sobrecogida por su mirada, teñida de rojo por el haz de luz del sable. Nunca la había visto tan seria, con esa expresión… asustaba.
_ Rey… estaba preocupada. _ Susurró, bajando su sable láser y apagándolo, dejando que tan sólo las dos hojas del de Rey iluminasen la estancia. _ Pensaba que el emperador…
_ El emperador ha muerto. _ Respondió Rey.
Trilla se detuvo, mirándola con los ojos muy abiertos.
_ Pero… ¿Cómo?
_ Yo misma le he matado… _ Le contestó, poniéndose en pie.
_ Me lo temía… _ Susurro Trilla.
_ Pensé que estarías contenta… A ninguna de las dos nos caía bien. _ Se acercó, poniéndose a su altura.
_ Bueno… pero eso no significa que me guste que tu te hayas manchado las manos… seguramente eso era lo que él quería… _ Negó con la cabeza. _ Pero lo importante es que estás bien.
La morena sonrió, Pero Rey mantenía la expresión seria, lo que provocó que la sonrisa de Trilla disminuyera poco a poco.
_ ¿Qué es lo que sucede, Rey?
_ Él me dijo que yo no te importaba de verdad… _ La miró a los ojos. _ Que él influyó sobre ti para que cuidaras de mí… para que me protegieras.
_ Rey… sólo te dijo esas cosas para confundirte… no puedes creértelas.
Rey bajó la mirada.
_ Cuando fui a buscarte a la base StarKiller… dijiste que habías cambiado… Que te costaba mucho más concentrarte… Que antaño habías cazado a Jedi más poderosos que Ben Solo…
_ Bueno… paso mucho tiempo pensando en ti… _ Confesó, poniéndole la mano en el hombro con delicadeza. _ He descuidado mi entrenamiento en favor del tuyo…
Trilla se mordió el labio. Ella había sido la segunda hermana, una de las mejores aprendices de Vader y la mano derecha del supremo inquisidor. No podía negar que había cambiado desde entonces. No podía negar que sus fuerzas eran menores.
_ No puedo negar que paso más tiempo pensando en ti que en mi entrenamiento… o en la función que se espera que desempeñe una inquisidora, Rey. _ Le cogió la mano y notó que Rey le acariciaba los dedos. _ Llevo contigo desde hace mucho tiempo… y eres la única persona que me ha importado de verdad durante toda mi vida.
_ ¿Y acaso no te importa que eso sea a causa de Palpatine? _ La miró a los ojos. _ Que no sea… real…
_ Es muy real, Rey. Los motivos me dan igual…
La joven se volvió y se quedó observándola, apenas iluminada por aquel sable de luz, Rey parecía insegura mientras acercaba los dedos al rostro de su mentora y le acariciaba la mejilla. Trilla sonrió débilmente. Rey mantenía aquella expresión, dubitativa.
_ Rey… eres un Sith… si quieres hacer algo… no te lo preguntes… simplemente… hazlo. En eso reside tu fuerza.
Rey dudó un instante, pero finalmente tomó a la otra mujer por los hombros, la acercó y entrecerró los ojos, inclinando ligeramente la cabeza para aproximarse a ella. Trilla respondió silenciosamente, Rey notó cierta inquietud en ella, pero eso no la detuvo a la hora de rozar sus labios contra los ajenos. Rey nunca había besado a nadie, pero de algún modo tenía claro lo que tenía que hacer. Rozó los labios ajenos primero con timidez, y luego con más confianza.
La experiencia para Trilla era distinta. Aún estaba algo confusa y le costaba admitir que no esperaba del todo esa reacción de parte de Rey. Por ello fue sutil al principio, abrazando el cuerpo ajeno con delicadeza… hasta que la muchacha se aferró a ella y mordió ligeramente su labio inferior. Trilla gimoteó, tensándose involuntariamente ante aquel acto inesperado. Se separaron un par de centímetros para tomar aire y mirarse mutuamente a los ojos en aquella tenue estancia.
_ Llevo mucho queriendo hacer esto… _ Confesó Rey, en un susurro. _ Pero pensé que sería raro… tú me criaste…
_ Sólo es raro si nosotros queremos que lo sea, Rey… ¿Te parece raro? _ La morena le acarició la mejilla, con dulzura.
_ Un poco… pero no me importa… _ Admitió, mirándola. _ ¿Es raro para ti?
_ He visto muchas cosas extrañas en esta galaxia, Rey… Esta no es ni de lejos la más inverosímil…
_ ¿Sabes lo que sí que me parece inverosímil? Seguir aquí… _ Musitó Rey, acariciando su mentón con delicadeza. _ Has dicho que, si quiero hacer algo, lo haga… y supongo que si quiero algo… debería cogerlo.
_ Sí… eso es correcto.
_ Quiero vivir en un lugar que no me repugne… donde pueda verte el rostro sin que sea a través del brillo de mi sable láser…
_ ¿Qué te propones? _ Trilla apartó con delicadeza el cabello de Rey de delante de su rostro.
_ Quiero Naboo. _ Trilla se estremeció. _ Quiero despertar cada mañana sintiendo la vida que lo envuelve… quiero dejar de estar entre las tinieblas…
_ Si ese es tu deseo… te ayudaré en todo lo que esté en mi mano. A fin de cuentas, ese trono es tuyo, ahora… _ Trilla hizo una ligera reverencia. _ Emperatriz Palpatine.
_ No me llames así… tú no. Y no vuelvas a hacerme una reverencia. _ Le dijo, muy seria. _ Prométeme que no dejarás que esto cambie nada entre nosotras.
_ Rey… _ Trilla amplió la sonrisa. _ Puedo prometerte eso.
_ Bien… tengo un plan… para que me acepten en Naboo con los brazos abiertos.
_ ¿Qué sugieres?
_ Sugiero que sigamos manteniendo la tapadera de Snoke un poco más… Es más difícil darte cuenta de quienes son tus verdaderos enemigos cuando hay una cortina de humo que los cubre. Debo partir ya… hay un par de cosas que debo atender… tú reúnete con Snoke… me pondré en marcha.
Rey no quería que hubiera más bajas de las necesarias. Es cierto que todo aquello era una estratagema, pero seguía sin divertirle la idea de que la gente tuviera que morir por sus deseos. Incluso siendo pragmática, no podía evitar pensar en que no era necesario en absoluto.
Y por eso estaba aterrizando en Naboo en plena noche, activando un sistema de camuflaje en su pequeña nave, mientras se deslizaba entre la maleza. La pureza del aire la reafirmaba en su decisión. Ella necesitaba ser la dirigente de Naboo, a cualquier precio.
Sus enguantadas manos se deslizaron por la superficie de la piedra de aquella fortaleza. Se movía con los ojos cerrados, dejándose guiar por la fuerza. Buscando las pequeñas imperfecciones de la pared de roca… los pequeños bultos que había formado la erosión y que le permitían encajar los dedos o la planta del pie. Se deslizó sobre la muralla.
Tuvo ciertas dificultades para llegar al techo del palacio. Sus ropajes negros la cubrían en aquella espesa noche, pero aún así, estaba inquieta mientras se esforzaba por llegar a lo más alto de aquella zona. Se situó el punto más elevado, sobre la cúpula… y se detuvo un instante a observar. Naboo siempre le había parecido hermoso… pero desde ese ángulo… la vista era inmejorable.
Notando cierta dificultad para mantener el equilibrio, se agachó ligeramente, extendiendo los brazos para distribuir mejor el peso. Estaba allí para divisar la armería, y, sin embargo, no pudo evitar detenerse un instante para observar lo que había a su alrededor, para apreciar la belleza y serenidad que le ofrecía aquel pequeño instante de calma.
Cerró los ojos, tomó un poco de aire, y enfocó al patio del castillo. No había muchos guardias. Naboo se encontraba en una relativa paz, y estaban confiados. Una vez localizó el polvorín en la pared norte, Rey se adelantó hacia el muro en esa dirección. Replegó las piernas… y saltó. La capucha se pegó a su piel, la capa se extendió como un oscuro manto mientras descendía. El aire golpeaba su rostro. Durante un instante, se dejó llevar por la caída libre.
Pero no, Rey no había tomado la decisión de suicidarse repentinamente. Haciendo uso de la fuerza, refrenó su caída hasta poder girar sobre sí misma y aterrizar elegantemente entre los arbustos de los jardines. Agachada, se movió entre la maleza, sorteando a los guardianes de palacio. Si uno de esos blasters era disparado, lo más probable es que el ruido alertase a los demás. Le convenía no ser escuchada.
Pero al guarda que se encontraba frente a la puerta del polvorín no podía sortearlo. Y aunque lo hiciera, no podría trabajar con él ahí. Por eso alzó la mano con delicadeza, y apretó suavemente los dedos, en un gestó de estrangulamiento. Mientras el hombre mostraba un rictus de terror, llevándose las manos al cuello, Rey estaba concentrada.
En cuanto se rindió, le soltó la mano. Su objetivo era dejarlo inconsciente, no matarlo. Cuando se acercó, pudo comprobar que aún tenía pulso. Con delicadeza lo coló dentro del polvorín y le apoyó en la pared. Su mirada se dirigió entonces a los blasters y otras armas que había allí.
Cerró los ojos, se concentró en todas aquellas armas, y giró ligeramente la mano. A simple vista, no hubo ningún cambio, pero Rey estaba satisfecha. Había alterado los reguladores de potencia de esas armas. Seguirían disparando, pero el fuego no sería capaz de atravesar una armadura de un soldado de la primera orden, por lo que no habría bajas.
Se deslizó de nuevo por la misma puerta, encaramándose esta vez al muro norte. Estaba a punto de llegar a la muralla, cuando escuchó un silbido y, finalmente, una alarma. La habían visto. Suspirando, desganada, trepó el muro y se lanzó hacia el otro lado. En cuanto sus pies tocaron el suelo, echó a correr, como si la vida le fuera en ello, de hecho, los disparos de blaster así lo presagiaban, ella no llevaba ninguna armadura, así que seguirían siendo letales si acertaban.
No se detuvo a mirar atrás mientras corría, envuelta en la negrura. Podía escuchar los disparos muy cerca… pudo nota como uno atravesó la capucha, pasando a menos de un centímetro de su oreja. Se escurrió entre la maleza y esperó, pacientemente, hasta que los disparos pararon. Fue una larga espera, en la que pudo escuchar los latidos de su propio corazón ir disminuyendo su ritmo hasta recuperar el pulso normal. Rey volvió a su nave con más preguntas que respuestas.
Se encaminó de nuevo a Exegol, esperando que aquella fuese la última visita al planeta Sith, por el que no profesaba ninguna simpatía. Al llegar encontró a Trilla, esperándola. Se aproximó y con un gesto que aún no era del todo natural, se inclinó para darle un beso. Aún era extraño… no quería que lo fuera… pero la forma en la que había iniciado la relación, y después había procedido a marchar, parecía pesar un poco.
La morena tenía dudas sobre la actitud de Rey. Había matado al emperador y había decidido, tan repentinamente, que quería adueñarse de Naboo. Parecía un acto impulsivo y nada meditado. Eso la preocupaba. Pero la conocía, y sabía que no iba a cambiar de parecer. Entrecerró los ojos y le dedicó una mirada tierna. No podía negar que aquel beso había sido agradable.
_ Los soldados están listos. Con munición no letal, como solicitaste. Atacarán mañana.
_ Entonces descansa, Trilla. Lo vas a necesitar.
