Quería negar que el pensamiento seguía rondando por su cabeza desde hacía días. Las palabras de Rey se le clavaban como alfileres. El emperador había usado su influencia sobre ella… la había hecho débil… y mas receptiva para Rey. Y no le importaba, porque estaba convencida de que sus sentimientos hacia la nueva emperatriz eran sinceros. Pero no dejaba de pensar en… las otras cosas. En el conflicto que había tenido con Ben Solo y cómo había sido humillantemente derrotada por él.
Eso mismo era lo que la había llevado al abandonado planeta de Dathomir, a rebuscar entre los escombros, entre los restos de mucha gente. Habían pasado muchos años, pero cuando alguien llevaba una vida solitaria, era fácil discernir sus restos de los demás. Y aquella mujer había vivido allí mucho tiempo. Cuando volvió a Exegol, la maquinaria la esperaba en silencio. Ya no quedaba nadie en aquel oscuro y abandonado planeta.
Trilla tenía algunas dudas. Normalmente usaban sangre para aquel menester. Pero el pelo, los restos de piel y la sangre seca parecieron ser suficiente. La maquinaria se puso en marcha. Y Trilla comenzó a esperar. Quizá era un poco hipócrita que ella misma alterase la memoria de la persona que estaba devolviendo a la vida. Pero no podía arriesgarse a convertirla en un enemigo.
La espera fue larga, y Trilla cayó en el sueño mientras, frente a ella, la figura envuelta en la cápsula iba ganando tamaño. Fue el sonido del cristal al hacerse pedazos, horas más tarde, el que la despertó. Trilla se incorporó rápidamente.
En el suelo, frente a ella, se encontraba una muchacha. La joven tenía la piel de color pálido, marcada por líneas propias de un zabrak. Su cabello, ceniza, caía desordenadamente por su espalda, húmedo en aquel instante. Cuando abrió los ojos, buscando desesperadamente el aire, su vista se centró en Trilla, cubriéndose.
_ No tengas miedo… _ Dijo la morena, inclinándose. _ Estás en un lugar seguro, hermana Merrin. Mi nombre es Trilla.
_ Seguro… un lugar seguro… _ Se incorporó, cubriéndose con las manos. _ Esto no es Dathomir…
Merrin miró a la mujer. De algún modo, sabía que debía confiar en ella. Formaba parte de la manipulación que Trilla había ejercido sobre ella, no se lo cuestionaba.
_ No… pero no te preocupes. Tendrás un nuevo hogar pronto. Antes necesito que hagas algo por mí.
Trilla tomó con delicadeza unas prendas que había escogido para la hermana de la noche, similares a las que solía llevar en Dathomir. Se las entregó, junto con una toalla, y le dio la espalda con delicadeza. Merrin, que estaba temblando, tomó la toalla entre sus manos y se secó rápidamente, agradeciendo la capa roja para contrarrestar el calor del oscuro planeta.
_ Bien… ya estoy lista… ¿Qué es lo que necesitas de mí?
_ Quiero mi identidad. Alguien influyó en mi mente… me cambió. Y quiero volver a ser yo misma. _ Le dijo, directa. _ Es como si alguien hubiera sacado la persona que era y… hubiese metido otra cosa.
Trilla había influido en los recuerdos y las lealtades de Merrin, pero no había alterado su personalidad.
_ Necesitaría mi cristal de icor para poder hacer eso… _ susurró ella.
_ No te preocupes… eso está resuelto.
Trilla sacó de su bolsillo una esfera, no mucho más grande que una pelota de tenis, y se lo tendió a Merrin. Ella lo observó. Era algo mas pequeño que el cristal que acostumbraba a usar… pero serviría.
_ ¿Estás segura de que quieres hacer esto? Jugar con la mente es peligroso… _ Le advirtió Merrin. _ No puedes estar segura de lo que va a ocurrir.
_ Sí, estoy segura. _ Afirmó la morena.
Tenía que volver a ser la inquisidora que fue en su día, tenía que volver a ser ella misma. Debía ser más fuerte que Ben Solo. Rey podía no ser consciente de ello, pero estaba segura de que la necesitaba.
Merrin asintió y colocó la mano sobre su sien. La esfera se tiñó de verde a la par que sus ojos, seguidos de los de Trilla. Fue un proceso doloroso. Trilla sentía como si su mente se estuviera derritiendo. Pero ella ya estaba acostumbrada al dolor…
Se desplomó, sus ojos invadidos por ese brillo verdoso, sus manos temblando… Pero todo cesó con la misma celeridad con la que había comenzado. Merrin terminó su conjuro y miró a la morena, arrodillada.
_ ¿Trilla? ¿Cómo te sien..?
Merry no pudo terminar la frase. Su cuerpo se elevó por los aires, y una sensación opresiva se adueñó de su cuello. Impotente, se llevó las manos al cuello en un principio. La esfera de icor se escapó de entre sus dedos, y en vano, trató de recuperarla.
_ Me estaba preguntando… _ Los ojos de Trilla se mostraban fríos. _ ¿Para qué te necesito ahora?
_ Por… favor… _ Le rogó haciendo un esfuerzo para superar la pinza sobre su cuello.. _ Puedo ser… útil… mi magia.
_ ¿Y cómo saber qué no vas a traicionarme en cuanto tengas ocasión? _ Preguntó Trilla, aflojando la pinza en cuanto tuvo ocasión.
_ No… tengo… a nadie… más que a ti…
Trilla suspiró, abotargada, y la soltó. Merrin cayó al suelo, sujetándose el cuello, y rápidamente se arrastró para recuperar la esfera. Se la metió con cuidado en el bolsillo.
_ Gracias… _Balbuceó Merrin, aunque sus ojos no parecían mostrar demasiado agradecimiento.
Rey se encontraba ultimando los preparativos para el asalto. Los soldados tenían blasters no letales y armas de aturdimiento. Sólo necesitaba a Trilla para asegurarse de que todo estuviera en su sitio. Ella tenía que liderar la ofensiva con su casco puesto, para que no la reconocieran en el futuro. Cuando su nave aterrizó en el destructor, Rey se sintió más confiada. Acudió en su dirección, corriendo con una sonrisa de oreja a oreja, ignorando a los soldados de la primera orden que se encontró en el camino.
Bajó de la nave seguida de otra mujer, de piel pálida y cabello color ceniza. Ya se había puesto el uniforme de inquisidora. Con el casco bajo el hombro, su expresión segura. Rey notaba, sin embargo, que algo había cambiado en ella.
_ Rey, te presento a Merrin. _ Le señaló a la recién llegada. _ Es una hermana de la noche. Nos será… útil de aquí en adelante.
_ Es un placer. _ Rey le estrechó la mano y miró a Trilla. _ ¿Podemos hablar, a solas?
_ Por supuesto.
Rey acompañó a Trilla a una habitación en la que pudieran hablar a solas. La más joven no había podido evitar el cambio en Trilla. Su forma de mirar, su forma de moverse, la forma en la que sonreía.
_ Estás bien, ¿Trilla? Pareces… distinta.
_ Me alegro de que lo hayas notado. _ Reconoció la morena. _ Le pedí a Merrin que deshiciera lo que el emperador me había hecho. Quería acabar con tus preocupaciones… y dejar de tener yo misma esas dudas sobre mi capacidad que me han atormentado desde que Ben me derrotó.
_ Creía que habíamos quedado en que no era necesario… _ La miró a los ojos.
_ No para nosotras… pero sí para mí, Rey. No quería seguir siendo alguien de quien tuvieras que preocuparte… alguien a quien tuvieras que proteger. _ Sus ojos la miraban fijamente. _ Yo debería ser la que cuidase de ti, y no al revés.
_ Pero… ¿Qué hay de tus sentimientos hacia mí? _ Se mordió el labio. _ El emperador dijo que...
Trilla tomó a Rey por los hombros y la empujó contra la pared, imponiéndole sus labios con rudeza. Rey primero abrió mucho los ojos, y después los cerró, sintiendo cómo una extraña electricidad parecía atravesar su anatomía con una fuerza inusitada.
_ ¿He sido suficientemente clara, emperatriz? _ Le susurró, cuando se separaron, a escasos centímetros de su rostro.
_ Sí… sí… desde luego. _ Contestó Rey, roja como un tomate. _ Más claro, imposible.
_ Bien… empecemos esto… tienes un trono que conquistar… y yo tengo ganas de sentarme a tu lado cuanto antes.
Fue un ataque sorpresa. Las tropas de la primera orden se abalanzaron sobre la población de naboo sin ningún aviso previo. Los nativos no estaban preparados y el ejército no estaba reaccionando como debiera. Se veían superados en número.
Los disparos caían como una lluvia terrible. Trilla, ataviada con su casco y su sable láser en las manos, comandaba a la armada. Casi era una suerte que llevara el casco, porque si hubiera podido ver su expresión bajo el cristal, esta les hubiera resultado incluso más temible.
La reina ordenaba la retirada, buscando refugiarse en palacio, preocupada ante la posibilidad de un estado de sitio. Fue entonces cuando llegó. Aterrizando sobre la marabunta, Rey se puso a la cabeza del ejército de Naboo. Ya la conocían. No habían sido pocas las veces en las que Rey había hablado con muchos de ellos en su niñez y su adolescencia. Ataviada con una túnica blanca, parecía un adalid de la justicia, cuando desenfundó su sable láser y los soldados vieron que emanaba una poderosa luz verde de ambos extremos, se sintieron confiados.
Trilla, tras su casco, se quedó unos segundos atontada al ver ese brillo… pero luego lo pensó con detenimiento. Aquello debía ser obra de Merrin. Rey no había tardado demasiado tiempo en aprovechar las habilidades de la bruja. Adelantó a su guarnición y Rey los despachó, apoyada rápidamente por los soldados de Naboo… sólo quedaba una cosa que hacer.
Trilla se adelantó, dando la orden a sus hombres para que se apartasen, encendió el sable láser y se adelantó. No habló, pero Rey entendió el mensaje. La maestra y la aprendiza se batían una vez más. Rey se lanzó contra ella en un ataque frontal.
Algo dentro de Trilla estaba despertando. Un instinto que había olvidado durante años. La emoción del combate, sin represiones. Una sonrisa cínica adornaba su rostro, bajo el casco, mientras bloqueaba el primer ataque.
Los golpes empezaron a intercambiarse. Rey se percató rápidamente de que Trilla se movía con mucha más soltura y eficiencia que antes. Estaba mucho más concentrada. Volvía a sentirse como una padawan indefensa ante la habilidad con la que se movía. Ambos bandos habían detenido el fuego, dedicándose a observar a las dos contenientes.
Rey se sintió sobrecogida cuando las armas conectaron y pudo ver los ojos de Trilla a través de su visor, su absoluta concentración. Por suerte, ese efecto se rompió cuando le guiñó un ojo. Entendió la señal. Rey la lanzó con la fuerza, se abalanzó sobre ella y la atravesó con el sable láser… o al menos, eso fue lo que vieron sus futuros súbditos, gracias a la magia de Merrin.
El resto se sucedió con relativa facilidad. No tardaron en nombrarla general por repeler a la primera orden y otras acciones. Durante tres años, Rey se convirtió en la favorita para volver a ser nombrada Reina. Sólo quedaba… un cabo suelto.
La reina murió en silencio… en plena noche. Fue un tajo rápido y silencioso de la hoja láser. Un mes después a sus veinte años, Rey se convertía en la reina de Naboo por elección de su propio pueblo. Se sentaba en el trono con una sonrisa.
Trilla la había acompañado en su ascenso, como su amante y consejera. Y por eso estaba tan asustada de no encontrarla aquella mañana. Se encontraba perdida sin ella. Merrin acudió a su encuentro cuando Rey parecía más descentrada.
_ Majestad… _ La miró a los ojos. _ Trilla me pidió que os diera esto… Antes de marcharse.
Le dejó un pequeño disco en las manos, y Rey lo tomó con delicadeza y miedo. Se dirigió a su habitación y preparó la proyección. El holograma de Trilla apareció frente a ella. Llevaba puesto su uniforme de inquisidora. Que Rey supiera, no se lo había puesto desde que ganaron la batalla con la que empezó su ascensión al poder. Rey notó cómo se le encogía el estómago al verla.
_ Has cumplido con tu objetivo, Rey… con tu sueño. _ Murmuró, mirando hacia el infinito. _ Y durante mucho tiempo… me he esforzado por olvidar el mío… pero es algo… que no me deja dormir.
Rey se puso en pie junto con aquella proyección, que caminaba de un lado a otro, y ella no pudo evitar imitarla, acomodándose a su paso.
_ Mientras nosotros disfrutamos de la vida que nos da Naboo… la orden Jedi sigue fortaleciéndose, reestructurándose. _ Los ojos de aquella proyección conectaron con los suyos. _ Y yo… no puedo permitirlo.
_ Trilla… no… _ Susurró.
_ Te quiero, Rey… pero esto es algo que tengo que hacer… y tengo que hacerlo sola. _ La proyección le dio la espalda, visiblemente compungida. _ Volveré cuando todo haya terminado.
Rey se quedó sentada en su cama, con una expresión de terrible aceptación. En su interior, algo le decía que no volvería a ver a Trilla.
Muy lejos de allí, a varios sistemas de distancia, en un planeta extremadamente frondoso, Ben Solo interrumpía su entrenamiento. La intensidad de la lluvia en el ambiente le había facilitado sentir esa tremenda sensación, la fuerza era tremendamente intensa en la mujer que se había presentado ante él, empuñando un sable láser de un vivo color rojo.
Trilla había encontrado a su objetivo… y en aquella ocasión, no tenía intención de fracasar. Aquello lo hacía por Rey, por el imperio… pero en especial… lo hacía por ella misma. Estaba cansada de depender de nadie. Y por eso debía hacerlo sola.
_ Lo siento, Rey… _ Susurró antes de lanzar su ataque.
